Un PSOE en la poltrona

Si te digo “político”, ¿en qué piensas? Dime lo primero que aparece en tu mente. ¿Dinero? ¿Interés? ¿Corrupción? ¿Cargo? Si te digo “poltrona”, ¿piensas en un político? Seguro que haces la asociación de forma casi directa. Parece que en el PSOE no lo tienen tan claro y el diseño del escenario de su convención autonómica es la muestra.

Forma parte de esos pequeños detalles que tanto cuentan. De esos elementos del fondo, del escenario, que pueden llevarnos a una interferencia en el mensaje. Casi imperceptible. Pero que se instala en la mente del receptor. Y el PSOE lo hizo a cuenta de unos sillones.

“La fuerza de un gran país”, rezaba el lema del cónclave socialista. Y para reforzar esa idea de fortaleza, los barones regionales del partido acompañaban en el escenario al presidente del Gobierno. Sentados en unos aparatosos sillones blancos, haciendo contraste con el rojo dominante. Los líderes socialistas parecían enviar un mensaje muy claro: nos aferramos a la poltrona.

“Primero está España y luego está el PSOE”, afirmaba el vicesecretario general José Blanco. Idea repetida por el presidente Zapatero en su alocución… aunque el fondo no dijera lo mismo.

El saludo de Tomás Gómez a Zapatero, sentado en la poltrona, las posturas de algunos candidatos buscando la comodidad del sillón, las diferentes alturas de los sillones… han impreso una imagen casi medieval, de vasallos y señores feudales.

No son buenos tiempos para la política y los políticos. Percibidos como un gran problema para el país. Desacreditados. Con una desafección creciente. Un contexto que exige ver a los políticos arremangados y cercanos a la ciudadanía. Justo lo contrario de lo que se observó en el escenario de la Convención. No es lo que dices, es lo que la gente ve. Lo último que quiere ver la gente es un PSOE en la poltrona.

Nombre propio #2: Alfredo Pérez Rubalcaba

2010 ha sido el año en que ha el histórico líder del PSOE ha alcanzado el mayor poder en su carrera política y el mayor protagonismo en el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero. El vicepresidente, que empezó como portavoz parlamentario en la primera legislatura del presidente, llega a ser un presidente bis en los meses finales del año.

A lo largo de los últimos 12 meses hemos visto como su popularidad aumentaba y se establecía como una seria alternativa al presidente. Los españoles confían en el ministro del Interior y la decisión de Zapatero en su última crisis de gobierno de elevarlo a la vicepresidencia tiene varias lecturas, pero sobretodo se observa la intención del presidente de salir del pozo como sea.

Pero el efecto no ha cuajado de momento. El PSOE tuvo su momentum pero la cruda crisis económica y los recortes sociales del Gobierno hacen mella en su liderazgo. Pese a ello, Rubalcaba tiene todos los números para ser una pieza clave en el fin de la legislatura. Pase lo que pase.

Quizás lo más relevante en relación a la definición de la figura política del cántabro este año sea su capacidad para erigirse como un presidente en la sombra. Así lo ha demostrado en el momento político más importante del año, la declaración del estado de alarma. Por primera vez en democracia se ha puesto en marcha esta figura recogida en la Constitución y ha sido Rubalcaba, y no Zapatero, el que ha aparecido ante la ciudadanía. Además, ha presidido varios Consejos de Ministros desde que es vicepresidente primero del Gobierno.

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Nombre propio #6: Tomás Gómez

El año no empezó demasiado bien para el secretario general del PSM. Y las urnas dirán, el próximo mayo, si lo termina mejor que lo empezó. Si bien pasó gran parte del año siendo un desconocido para gran parte del electorado madrileño, la celebración de las primarias en el partido para decidir el candidato para los comicios autonómicos del año que viene aumentaron su conocimiento. Aunque no queda claro qué efecto tendrá en la intención de voto.

Empezó el año siendo un desconocido y sin apoyos evidentes en las encuestas. Pese a Gürtel, Esperanza Aguirre seguía -y sigue- liderando la intención de voto. Eso encendió las alarmas en Ferraz. Zapatero movió ficha y apostó por la entonces ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, como candidata del PSM. Gómez se opuso y se puso en marcha el proceso de primarias.

Esas primarias, que tuvieron una lectura en clave nacional sobre el liderazgo de Zapatero, supuso la consolidación del liderazgo de Gómez en el PSM y la derrota de la ministra. Semanas más tarde sería recompensada con la cartera de Exteriores.

Desde entonces, Gómez ha seguido con su campaña de proximidad, pero alejado del foco que supuso las primarias. Para muchos, el hecho de ser ya conocido podría traducirse automáticamente en mayor fuerza del PSM en un contexto difícil como la política en la Comunidad de Madrid. Pero lo tendrá difícil. Su discurso sigue alejado del marco del imaginario político madrileño. Y unas elecciones que tendrán una lectura más nacional que nunca, por la crisis y el liderazgo de Zapatero; serán piedras en el camino de Gómez hacia la Puerta del Sol.

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El mensaje está en el fondo

Hazlo. Comunícalo. Escenifícalo. Escríbelo. Compártelo. Esa debería ser la secuencia de la comunicación. Pensar en un proceso global. No vale solo con hacerlo. Ni con decirlo pero no escenificarlo. Debemos hacer lo posible por no dejar que el mensaje se pierda. Estas reflexiones vienen al hilo de la inauguración del AVE Madrid-Valencia y al atril usado para los discursos del rey y del presidente del Gobierno.

En la estación de Valencia se dispuso un atril con una escueta leyenda bajo el escudo de España: “ALTA VELOCIDAD. MADRID-VALENCIA”. A las espaldas de los oradores, una cristalera con vistas a los andenes y la misma leyenda en relieve, casi ininteligible por el translúcido de los cristales. El equipo de comunicación entendió la necesidad de dotar al hecho de un escenario. De escribirlo para que quedara en la mente de los ciudadanos… pero erraron en la forma.

Una tipografía demasiado pequeña, un fondo en el atril poco atractivo y los cristales dejaron sin efecto ese esfuerzo por subrayar lo que se estaba realizando en ese acto. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es más clave de lo que pensamos.

Es bueno recalcar lo que se dice y el cómo se dice. El mensaje escrito queda. Por ello, escribir en un panel la idea central de tu discurso es una buena idea. En eso, el equipo de George W. Bush demostró una gran pericia. El ejemplo paradigmático es el anuncio del fin de la guerra de Irak, en un portaviones, con el sello presidencial en el atril y un cartel a su espalda con un claro “Mission acomplished”. Misión cumplida.

Por ello, el equipo encargado de la inauguración no puede decir lo mismo que Bush. Se desaprovechó el atril y el panel de fondo para hacer llegar el mensaje. No vale una descripción, se necesita un mensaje. “Conectando España”, “España, a alta velocidad para el futuro”, “El progreso llega a alta velocidad”… mensajes de ejemplo que tienen calado. Un buen mensaje, con un mayor tamaño y con un fondo adecuado permiten recordar esa estampa, entender qué se está diciendo ahí y llegar a la mente del ciudadano por todos los flancos posibles: por lo que efectivamente dice el presidente en el acto y por el fondo que, de manera sigilosa, te cuenta lo que pasa.

Hace años de este acto sobre el sistema sanitario, durante la presidencia de Bush. Sin ese fondo, hoy no sabríamos de qué se hablo y qué se hizo. Pero no solo encontramos buenos ejemplos del uso del fondo y del escenario para encuadrar un mensaje. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, es uno de los líderes politicos españoles que no duda en recurrir a estos elementos con asiduidad. Un análisis de las fotos de su galería nos da una visión de conjunto de su capacidad para personalizar el atril según el acto o encontrar elementos escénicos para reforzar su imagen. Lo hizo en la recepción a Alberto Contador, el acto de retiro de barracones en un colegio público, la recepción al Atlético de Madrid tras su victoria en la Europa League o en la presentación de los abonos de transporte. Aunque quizás sea la foto que aparece bajo estas líneas, en un acto sobre seguridad, el que une mensaje y fondo como pocos.

El gobierno de la Generalitat de Catalunya, tanto bajo la presidencia de Maragall como de Montilla, ha recurrido con asiduidad a entender el valor del fondo. Sin ir más lejos, la propia firma del Pacto del Tinell que suponía la formación del gobierno de izquierdas, contó con un fondo propio. El mensaje, sin duda, está en el fondo.

Huelga salvaje de controladores: comunicar y gestionar

En estos momentos, más de 250.000 personas se están viendo afectadas por la huelga salvaje que están llevando a cabo los controladores aéreos. Una serie de bajas masivas ha supuesto la paralización del espacio aéreo español. Precisamente en el inicio de un puente de cinco días. La situación es grave y el presidente debe dar la cara. Zapatero puede hacer de esta situación una victoria política. La pregunta a estas alturas es, ¿lo hará?

¿Por qué ahora?

Los controladores aéreos no han empezado hoy a protestar por su situación laboral. Llevan meses haciéndolo. Pero la privatización del 49% de Aena ha sido el detonante. Los controladores están ejecutando una huelga ilegal y lo hacen porque saben de la debilidad política de Zapatero. Y porque es una medida de presión extraordinaria.

¿Qué puede hacer Zapatero?

Esta situación puede ser una victoria política y comunicativa si la gestiona bien. En primer lugar, Zapatero debería comparecer esta misma noche ante los españoles. Debería hacerlo en rueda de prensa desde La Moncloa y debería anunciar una por una las medidas que se están tomando. Informar a la ciudadanía qué está pasando, porqué y qué se propone.

El discurso debería ser grave, solemne y duro. Pero sobretodo, cercano. Las historias que hoy se están viviendo en los aeropuertos son las de ilusiones truncadas: ir a ver a la familia, encontrarse con la pareja, conocer a la sobrina recién nacida o pasar unos días de descanso en una capital europea tras meses de estrés y trabajo. Habrán salidas de luna de miel. Y alguien que necesite llegar a la otra punta de España porque un familiar está a punto de fallecer. Eso debe estar en el discurso y en el centro de las medidas. La conexión emocional con los afectados debe ser total.

Los canales online oficiales de Moncloa deberían estar echando humo a estas horas, retwiteando los comunicados oficiales de Aena y aconsejando a los ciudadanos qué deben hacer. Y sobretodo, reforzar los mensajes del Gobierno. Si el comité de crisis del ministro Blanco está trabajando deben comunicarlo.

Y más allá de la comunicación, deben tomar medidas.

El referente

Zapatero haría bien en parar cinco minutos y ver este vídeo del anuncio de despidos masivos en los controladores aéreos que se pusieron en huelga en 1981. El discurso de Reagan es brillante. Remite a la ley y explica por qué va a tomar la drástica decisión. Es contundente, resolutivo y se pone al nivel de lo que opinan la mayoría de ciudadanos: el derecho a la huelga no puede ser contrario a la ley.

El papel de Rajoy

Mal ha empezado Rajoy situándose en la equidistancia en las primeras declaraciones sobre la huelga encubierta y salvaje de los controladores aéreos. Rajoy debería ponerse al servicio del presidente del Gobierno y darle todo el apoyo para que se tomen medidas drásticas y contundentes contra los que vulneran la ley.

La situación irá avanzando en las próximas horas. Los controladores han conseguido el máximo impacto. El Gobierno puede gestionar bien la crisis y comunicarlo a la ciudadanía o dejar que la situación de impotencia en un momento de descanso se imponga. Horas decisivas. ¿Dejará Zapatero todo el protagonismo, otra vez más, al ministro Blanco?

Una chapuza con nombres y apellidos

Olga saca el tema. Estamos celebrando el cumpleaños de dos amigas y comenta con cierta estupefacción que el gobierno quiera cambiar el orden de los apellidos. No le parece mal que se termine con la prioridad del apellido del padre, pero no le gusta que sea por orden alfabético. Cristina responde que no acaba de entender porqué surge ahora. Tampoco ve la necesidad de terminar con una tradición aunque coincide con Olga en el fin de la medida. Entré en el debate y les cuento los supuestos en los que se aplicaría… y se abre la caja de Pandora.

Les cuento que la medida es solo una propuesta. Y que se limita a los casos en que, al registrar a los hijos, exista una disconformidad entre los dos progenitores. Solo en ese caso, el apellido se fijará por orden alfabético. “Ah, pues eso no lo contaron así en el informativo”, exclamó una de ellas. El gobierno, como en otras ocasiones, había lanzado un globo sonda al que los medios y los opinadores habían dado ya la vuelta.

La conversación se extinguió y llegaron las homenajeadas. El tema volvió a salir y la respuesta fue idéntica: el gobierno iba a cambiar el orden en todos los casos. No en los de tensión, en todos. Y salieron los argumentos de la tradición, la extinción de los apellidos con letras zeta, ye o uve… El gobierno no controlaba el mensaje.

Volví a casa tarde. Pero con mucha curiosidad por ver si realmente era yo quién estaba equivocado y el gobierno había optado finalmente por una reforma total… pero no era así. Mis amigas no son precisamente ese tipo de personas que no siguen la actualidad. Licenciadas universitarias, jóvenes, trabajadoras… y habían recibido el mensaje en términos completamente contrarios a los fijados por el gobierno. Un gran error de comunicación.

Sigo sin entender el gusto del gobierno de Zapatero por los globos sonda. Especialmente en un contexto mediático como el actual, con una auténtica trinchera digital terrestre (TDT) con voces cavernícolas en la televisión, en la radio y en la prensa. Opinadores que desprecian todo lo que les huela a cambio social –¿no es, a caso, un cambio sin paliativos el fin de la primacía por género, aunque sea solo en caso de tensión?-. Y opinadores que creen que sólo debería existir un ministerio –el de economía- y que el gobierno debería dejar de hacer todo lo que no esté relacionado con la crisis. Ante ese panorama, un globo sonda es la crónica de una muerte (comunicativa) anunciada.

Al final, las percepciones ganan. Y aunque la medida entre en vigor y finalmente se observe como no terminaremos todos con Abad como apellido, la mayoría de la población seguirá creyendo que así será. Creyendo que la reforma es innecesaria –cuando lo es, ¿qué pasa con los hijos de parejas homosexuales?- y que el gobierno no se ocupa de lo que realmente importa.

Cuando votemos en 2012 pensaremos en todas estas conversaciones de amigos. En todas estas ocasiones en qué lo hecho o lo propuesto murió de raíz por culpa de una estrategia de comunicación inadecuada. Plantear el debate en sus términos, liderar el mensaje y convencer es la otra batalla que debe librarse más allá de las puertas del parlamento. Conversaciones que, como las gotas de agua en una estalactita, van formando una afilada aguja que puede abrir una fuga de votos en cualquier momento. Olga y Cristina pueden estar tranquilas. No les preocupa el tema. En Moncloa deberían estar inquietos. No por esto. Por tanto…

Foto de Moultriecreek

Las pulseras del poder

En 2004 la fundación de lucha contra el cáncer del ciclista Lance Armstrong lanzó la pulsera amarilla Livestrong, un pequeño brazalete de silicona que tuvo un enorme impacto en todo el mundo. Celebridades de varios campos no dudaron en lucir la pulsera que apoyaba la causa del ciclista, un apoyo que también llegó de los candidatos a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004, como John Edwards o John Kerry. Lucir un determinado brazalete también es una forma de enviar un mensaje a los votantes. Las pulseras del poder dicen mucho –a veces de forma involuntaria- de quien las lleva.

La polémica sobre la Power Balance de la ministra de Sanidad, Leire Pajín, motiva este artículo sobre estos complementos que a veces pasan completamente desapercibidos, pero que en otras ocasiones puede llevar mensajes implícitos. El caso de Pajín mostró cómo las redes pueden llegar a ejercer presión y convertir una anécdota en tema de portada. Tanto, que incluso el Twitter del PSOE hizo referencia a la ausencia de la pulsera holográfica en su toma de posesión. La historia de la Power Balance de la ministra es muy sencilla. Pese a saber que se trataba de un producto que ha sido denunciado por fraude y que el propio Ministerio ha alertado de su inutilidad, la ministra la llevaba por ser un regalo personal de alguien allegado. Algo que muchos usuarios hacen: saben que no sirve para nada pero no deja de ser un regalo. Pero sin duda, que la ministra de Sanidad la llevara ejerciendo el cargo tendría un mensaje incoherente con lo recomendado por su propio departamento, por lo que la Power Balance dejó de tener su poder… político.

Pese a la polémica, Pajín no ha sido la única política española en usar este tipo de pulseras. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y el lehendakari López también las han lucido en público. Aunque en su caso, dejaron de hacerlo en cuanto se conoció que los beneficios para la salud no eran tales.

John McCain y el presidente Obama apoyaron sus mensajes sobre la situación en Irak y sus propuestas respecto a la guerra en dos pulseras. El senador de Arizona llevaba la pulsera que la madre del soldado Matthew Stanley le dio en Wolfeboro, New Hampshire, durante un mitin. La madre del soldado le pidió que llevara el Hero bracelet con el nombre del fallecido soldado, que cayó en las afueras de Bagdad. McCain contaba que al hacerlo, le pidió que hiciera lo posible para asegurar que la muerte de su hijo no fue en vano.

La historia de Obama, en cambio, tenía en la necesidad de evitar otra muerte más la justificación de la entrega de la pulsera. En el caso del presidente, la madre del sargento Ryan David Jopek le pidió que llevará la pulsera con su nombre y que evitara que otra madre pasara por lo que había sufrido ella. Aunque hubo cierta polémica sobre el uso del nombre del soldado en campaña, Obama habló de ello durante uno de los debates presidenciales. En todo caso, los dos candidatos usaban una imagen muy visual y muy emocional –el compromiso con una víctima- para construir su mensaje sobre Irak. Un complemento en la muñeca para explicar un modelo de acción política y militar en la zona más caliente del planeta.

Las pulseras también tienen el poder de ser un elemento de campaña. Hace unos meses veíamos en este post las formas alternativas de la oposición al gobierno de Zapatero con productos de merchandising político distintos a los habituales. Desde la reproducción de un feto para protestar contra la nueva ley del aborto como las pulseras que proclamaban que el portador no había votado a Zapatero. Aunque este no era el único ejemplo de pulseras usadas por la oposición. Sin ir más lejos, en 2007 las Nuevas Generaciones del PP repartieron pulseras para protestar por la dictadura cubana, con un mensaje claro “Cuba Libre, ya”.

Las pulseras del poder son pulseras con mensaje, una forma muy real de llevar el mensaje en el propio vestuario y compartirlo con votantes, simpatizantes y compañeros de aventura política.

¿Funcionará Rubalcaba?

¿Funcionará la nueva máquina de comunicación del Gobierno? Es lo que se pregunta la periodista de La Información Creu Ibáñez en su artículo. Para ello, entrevistó a algunos consultores de comunicación como Antoni Gutiérrez-Rubí, Yuri Morejón, Rafa Rubio y un servidor.

Os dejo a continuación mi aportación. Podéis seguir leyendo el artículo aquí.

“Para Albert Medrán, consultor de comunicación online y política, el problema viene todavía de más lejos. La marcha de Miguel Barroso como secretario de Estado de Comunicación en la mitad de la primera legislatura de Zapatero marcó un antes y un después.

“La situación para la ex vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega no era cómoda por todas las contradicciones que existían entre los miembros del Gobierno” y está falta de coordinación se intenta remediar con la presencia de un hombre fuerte dentro del PSOE como es Rubalcaba.

Hasta ahora el Ejecutivo “no ha explicado bien ni sus medidas ni sus decisiones, dejando mucho espacio a los comentarios” y provocando que cunda “la idea de improvisación”, subraya Medrán.”

Foto del Gobierno de Aragón.

Las claves del nuevo Gobierno de Zapatero

¿Por qué nueve cambios y no uno? ¿Qué ha llevado a Zapatero a abordar una remodelación en profundidad de su Gobierno? ¿Dónde ha quedado su intención, expresada de forma pública, de acometer sólo un cambio? Esas son las cuestiones que planean tras la toma de posesión de Alfredo Pérez-Rubalcaba, Manuel Chaves, Valeriano Gómez, Leire Pajín, Rosa Aguilar, Ramón Jáuregui y Trinidad Jiménez en sus nuevas funciones ministeriales.

Estos cambios deben leerse en una marcada lógica de lucha política: Zapatero no tira la toalla. La debacle electoral de 2012, que parece omnipresente, encuesta tras encuesta; y la profunda crisis económica –y política- que vive España exigen medidas drásticas. Y la remodelación responde a ello.

No pueden esperarse resultados distintas con las mismas herramientas, procedimientos… con la misma gente. Y aunque el equipo económico del presidente no sufre modificación alguna, la parte más política –si cabe- se ve modificada de forma profunda. Pero hay más lecturas y explicaciones a esta crisis de gobierno.

La geometría variable en el Ejecutivo

El presidente Zapatero ha hecho de la geometría variable, su forma de sacar adelante la presente legislatura. Fue investido en segunda vuelta con los votos de su partido, sin pactos estables de legislatura. Un modo de hacer política que ha exigido negociación continua y que, con el pacto alcanzado con los nacionalistas vascos y canarios, ha llegado a su fin.

En el Ejecutivo, en cambio, se impone un modelo de geometría variable en su formación. Zapatero acontenta a varias familias socialistas con la elección de sus ministros, desde los felipistas a los zapateristas; pasando por el guiño al mundo sindical y el intento de cerrar el flanco verde con la designación de Aguilar. La formación del nuevo Gobierno responde a ese intento de abortar cualquier revuelta interna en el tramo final de la legislatura. No han faltado amagos en las últimas semanas.

Todopoderoso Rubalcaba

Ha sido uno de los ministros mejor valorados desde su nombramiento. Así lo han mostrados las encuestas. También lo era De la Vega. Por ello, un peso pesado como la primera vicepresidenta de la historia de España, sólo podía ser substituida por otra pieza clave, de calado.

Rubalcaba es el ministro que acumula más poder en democracia y debemos entender ese movimiento como una señal claro de fortalecimiento del núcleo del presidente. Lo que queda de legislatura va a ser una carrera de obstáculos y el presidente necesita al mejor corredor. Rubalcaba lo es. Estabilidad, peso, entidad, dinamismo y acción; es lo que debe ayudar a construir Rubalcaba en este tramo final.

Un movimiento en clave de comunicación

“Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis explicado bien”, así se expresaba Felipe González en el mitin de cierre de campaña del PSC el 6 de marzo de 2008. Lo hizo ante Zapatero y ante Chacón. Y expresaba algo que se sentía ya durante la campaña por la reelección: con la salida de Barroso del equipo de comunicación, el Gobierno se había visto en dificultades para hacer llegar su mensaje.

La vicepresidenta De la Vega ha sido una excelente portavoz del Gobierno a lo largo de los últimos seis años. Mucho le debe Zapatero y su presidencia a su labor. Pero el problema ha persistido hasta hoy día. Incluso se ha agravado.

La crisis dio más protagonismo a lo económico, con lo que De la Vega ha ido perdiendo capacidad de acción a lo largo de los últimos meses. De hecho, en más de una ocasión las tensiones con otros ministros han llevado a la voz más creíble del Gobierno a verse cuestionada. Por ello, un relevo en la voz del Ejecutivo se planteaba necesaria en esa lógica de preparación del asalto de 2012.

Rubalcaba, que ya fue portavoz de un gobierno con Felipe González, es uno de los comunicadores políticos más eficientes. Que la voz del Gobierno esté en su tejado es una buena noticia para Zapatero.

La reforma deseada

Zapatero pudo sacarse ayer la espina que tenía clavada desde la anterior crisis de Gobierno, en abril de 2009. En esa ocasión, la pésima coordinación y el papel de la prensa le aguaron su momento estelar con Obama y evitaron aprovechar todo el impulso y la corriente positiva que una crisis de Gobierno puede tener. En aquella ocasión, todo sonó a precipitado. En esta, hasta la oposición ha comentado las virtudes.

El presidente mintió al referirse que sólo haría un cambio. Por ello, sorprendió a todos con la profunda remodelación. Las filtraciones aparecieron sólo pocas horas antes del anuncio oficial, dominando así la agenda política y dejando en un segundo plano el apoyo de los nacionalistas a sus presupuestos.

En clave sucesoria

La reforma del Gobierno tiene una clara clave sucesoria, ya sea en la óptica de que Zapatero sea su propio sucesor o la de contar con Rubalcaba para ello. Aunque tampoco debe menospreciarse el papel de Carme Chacón en todo el entuerto: alejada del núcleo que puede sufrir más desgaste, la ministra de Defensa sigue estando en su sitio y puede estar esperando su turno. Tanto si es el propio Zapatero, Rubalcaba, Chacón o cualquier otro candidato, se encontrarán con un Gobierno más completo que el anterior. Si saben aprovechar el impulso, claro.

Los daños colaterales del desfile

Abucheos, broncas y ausencias. Esas parecen ser las tres tradiciones del desfile militar que se celebra cada 12 de octubre en el Paseo de la Castellana de Madrid. Tres tradiciones políticas que son los daños colaterales de la principal celebración del día nacional: lo que ocurre en las aceras del paseo, allí donde no llega el asfalto ni el paso de los ejércitos, tiene sus efectos políticos.

¡Zapatero dimisión!

Un año más, y ya van seis, el presidente Zapatero ha sido abucheado en el desfile militar del 12 de Octubre. Es ya una tradición más, como la de ver a la cabra o carnero de la Legión desfilando, la llegada de la bandera desde el cielo o ver las nubes madrileñas teñidas de rojo y gualda. Una tradición que se ha impuesto. O como el presidente afirma, “forma parte del guión”.

No le falta razón al presidente: los abucheos son algo por lo que los políticos, de todos los colores políticos, pasan tarde o temprano. A lo largo de la vida política son muchas las situaciones en las que un dirigente se ve rodeado por una tosca banda sonora de desaprobación. Y además, acaba copando los titulares de la prensa.
Una sonora bronca a un dirigente, y más si este es jefe de Estado o de Gobierno, lleva implícita otro sonoro impacto en los medios. Le ha pasado a todo hijo de vecino, bueno, a todo presidente, ministro, consejero, concejal… Y todos se han visto en la tesitura de dar respuesta a esa pitada. Esa segunda oleada es más imprevisible, la primera arrecia; la segunda puede no hacerlo.

El presidente del Gobierno cuenta con dos aspectos a su favor para encarar lo que pueda venir ahora en los medios y la opinión pública tras lo sucedido ayer en la Plaza de Lima. El primero, el descontento del Rey y el Príncipe por lo ocurrido. Lo ocurrido tiene trascendencia política, pero la oposición ser va a ver limitada en su capacidad de explotar el caso por ese disgusto personal del Jefe del Estado.

El segundo, la tradición. Las pitadas en el 12 de Octubre son ya habituales. La opinión pública está ya algo anestesiada ante un hecho predecible y habitual. Precisamente la sorpresa es algo necesario en la guerra de guerrillas en la que puede convertirse un acto de oposición y protesta. Lo de ayer era todo menos una sorpresa.

La bronca en la final de la Copa del Rey de 2009, las caceroladas en España por su participación en la guerra de Irak, las protestas en Oviedo contra Aznar… fueron actos que no sólo se colaron en los medios por el hecho de la protesta, sino que tuvieron más efecto por la sorpresa que generaron. Las del 12 de Octubre son de todo menos novedosas.

Aunque el efecto pueda ser limitado, nadie duda del enorme espacio que han conseguido hoy… como en otros años. Son una forma de expresión más y como tal, tiene su peso político.

Conversaciones poco privadas

La espera a la llegada de los Reyes, los corrillos que se forman a su partida o los que acaban creándose en la recepción del Palacio Real son espacios perfectos para generar hechos relevantes para la opinión pública en forma de confesiones, conversaciones pilladas al vuelo o retos poco difíciles para ávidos lectores de labios. Este año los protagonistas han sido el presidente Zapatero y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.

El dirigente popular recriminó al jefe del ejecutivo la situación “asfixiante” en financiación local. Adjetivo que ya usó hace unos años Esperanza Aguirre en el desfile, cuando recriminó a Pasqual Maragall, por aquel entonces president de la Generalitat, el “intervencionismo” del Estatut que el Parlament de Catalunya había aprobado días antes, el 30 de septiembre de 2005.

La jornada de ayer también dejó uno de esos momentos de micrófono abierto, cuando la ministra Chacón comentó con los Duques de Palma que el tiempo había respetado la celebración del desfile. Sin más trascendencia. Sí la tendrá la de Gallardón… ¿O es casual que el día en qué más cámaras se fijan en estos detalles sea Gallardón y no Rajoy o Aguirre los que pongan el presidente en entredicho?

Banderas y ausencias

Si las banderas de estados invitados al desfile ya fueron noticia en 2003, cuando un Zapatero líder de la oposición no se levantó al paso del estandarte norteamericano por su rechazo a la guerra de Irak, ayer lo volvieron a ser. Como lo fueron también en 2006, cuando con Zapatero como presidente, la bandera de Estados Unidos volvió a desfilar por la Castellana.

Ayer el protagonista fue el abanderado de Venezuela, cuya indisposición supuso no contar con la bandera de este país entre el resto de estandartes de repúblicas latinoamericanas que celebran este año el bicentenario de su independencia, como México o Colombia. La ausencia de Venezuela, tras la tensión de estas últimas semanas a propósito de la cobertura a terroristas de ETA en el país bolivariano, es un plantón en toda regla de Chávez.

Aunque en cada desfile hay otro tipo de ausencias –y por ende, presencias- que hacen correr ríos de tinta. El president de la Generalitat era un ausente a este tipo de desfiles hasta la llegada a la presidencia de Pasqual Maragall. José Montilla, ahora en el cargo y ex ministro del Gobierno, ha seguido asistiendo -con algunas ausencias durante el mandato- y ayer no fue una excepción. Esta presencia ha disgustado a sus socios de gobierno y ha marcado aún más el perfil españolista que está adoptando el PSC en esta pre campaña, en contraposición a CiU.

El lehendakari vasco también es un habitual ausente. Lo era con el PNV en el gobierno y también lo es con el PSE. Patxi López no asistió en 2009 ni lo hizo ayer… aunque eso no tengo el mismo peso en los medios nacionales que las ausencias de Ibarretxe. Faltaron también los presidentes de Murcia, Andalucía, Baleares, La Rioja y Canarias. Una ausencia y una presencia dicen, políticamente, tanto con un solo gesto…

Tal y como un general suele despedir al Rey, todo transcurrió “sin novedad, Señor”.