Al Smith Dinner, la última cita de Hillary y Trump

Esta noche Hillary Clinton y Donald Trump se verán las caras por última vez. Es más, estarán sentados en la misma mesa. Hoy es el tercer jueves de octubre y la Alfred E. Smith Memorial Foundation celebra su cena anual para conseguir fondos para su organización. Una cena que en año electoral pasa a ser una cita política más. Este año, además, es la última cita entre los candidatos.

Al Smith fue gobernador de Nueva York y el primer candidato católico a la presidencia de los Estados Unidos. Su fundación ayuda a organizaciones caritativas católicas. Desde 1945, un año después de su muerte, se celebra una cena anual para recaudar fondos para esas organizaciones. Una cena que reúne a lo más granado de la sociedad neoyorquina y que organiza el arzobispado de la ciudad.

Casi todos los presidentes de Estados Unidos de los últimos setenta años han pasado por la cena. Solo dos presidentes no han hablado nunca: Harry S. Truman y Bill Clinton. Y casi todos los candidatos a la presidencia en año electoral han pasado por la cena, salvo Clinton y Dole en 1996, George W. Bush y Kerry en 2004 y Walter Mondale en 1984. En 1996 y 2004 la organización no invitó a los candidatos por desavenencias y el candidato demócrata en 1984 decidió saltarse la cita por las fricciones con la iglesia católica a cuenta de la posición de su partido sobre el aborto. Esa tensión con el partido demócrata ha sido una constante desde los años ochenta.

En la cena, los candidatos hacen un discurso, generalmente en clave de humor. Más parecido a un roast, el tipo de discurso parecido al brindis en el que se ataca a otra persona en clave de humor. Por lo que podemos esperar ver a Trump criticar a Hillary. Y Hillary hacer lo propio con Trump. Hoy más que nunca el morbo está servido.

La cena llega justo después del debate presidencial de ayer. El último cara a cara entre los candidatos, por lo que esta es la última cita entre los dos hasta el día de las elecciones. La expectación por lo que pueda ocurrir esta noche es máxima.

Pd: nota para fans de “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. Esta es la cena en la que Santos y Vinick se encuentran y en la cocina deciden debatir el domingo siguiente.

 

Actualización

Estos son los vídeos con los discursos de los dos candidatos:

Los debates los gana ella. Clinton 3 – Trump 0.

Hay algo perturbador en la estrategia de debates de Donald Trump. Perdió el primero y tuvo oportunidad de enmendar en el segundo. Quemó la bala. Se defendió y no murió, pero no renació como necesitaba. Tenía una tercera oportunidad. Y la volvió a perder. Más tierra quemada. Más huida hacia adelante. Sólo los que compran oportunidades pueden malgastarlas tan fácilmente. Ni queriendo se pierden tres debates. De esta manera.

Chris Wallace ha conseguido que los dos candidatos debatan. Que ya es mucho en esta campaña que bate récords de infamia en el campo republicano. Cada día llega una sorpresa más. Y el tercer debate no ha sido la excepción. Trump se ha negado a afirmar que respetará el resultado electoral. 240 años de democracia americana le contemplan. Y el peso de la historia no es nada para él. Algo insólito y preocupante.

Clinton gana su tercer debate. La primera mujer en llegar a una campaña presidencial por alguno de los grandes partidos. La primera mujer en llegar a unos debates presidenciales. La primera mujer en ganar los tres debates. Clinton hace historia. Sigue haciendo historia.

Este debate solo viene a consolidar la tendencia que arrastra la campaña desde el primer debate. ¿Pueden ser los debates de esta campaña, especialmente el primer debate, los que más han influido desde 1960? El ocho de noviembre lo veremos. Porque esto es una alerta a navegantes: ¿puede haber aún sorpresa con unos debates y encuestas tan contundentes? ¿Por qué Trump decide tirarlo todo por la borda al negarse a aceptar las normas del juego, lo que han aceptado todos los candidatos presidenciales?

¿Cómo será el debate final entre Hillary y Trump?

Aquí tienes todo lo que necesitas saber para seguir el último debate presidencial de esta campaña. Te cuento cómo va a ser el debate final entre Hillary Clinton y Donald Trump.

¿A qué hora empieza?

El debate empezará a las 21h (ET). O sea, la hora de la costa este en Estados Unidos. En España serán las 3 de la madrugada. Terminará a las 4:30 hora peninsular española. No tendrá pausas publicitarias.

¿Dónde se puede ver?

La mayoría de las cadenas de televisión de Estados Unidos conectarán en directo con el debate. Si tienes televisión por satélite o plataformas como Movistar TV o Vodafone TV podrás verlo en canales como CNN, Fox News o CNBC.

Además, habrá streaming en directo en Youtube.

¿Dónde se celebra?

El último debate se celebra en la universidad de Nevada, en Las Vegas.

¿Cómo será el debate?

El último debate tiene el mismo formato que el primero y tendrá seis partes, de 15 minutos cada una. Los temas han sido elegidos por el moderador y se han anunciado ya.

No tienen por qué ser en este orden, pero serán estos temas:

  • Immigración
  • Derechos y deuda
  • El Tribunal Supremo
  • Economía
  • Política exterior
  • Capacidades para ocupar el cargo de presidente

 

El moderador abre cada parte con una pregunta, tras la que cada candidato tendrá dos minutos para responder. Los candidatos luego debatirán entre ellos.

¿Quién modera el debate?

El moderador del último debate es Chris Wallace, de Fox News. Es conocido por su estilo bastante agresivo al entrevistar a políticos de ambos partidos.

¿Cómo será el escenario?

Los candidatos estarán situados en dos atriles. De pie.

Así vota América: el sistema electoral

Pobre Victor d’Hondt. Nadie se acordará de él la noche del 8 de noviembre. No será el culpable de nada. Estados Unidos tiene un sistema mayoritario. Es decir, el que gana la mitad más uno de los votos, se lo queda todo. Lo gana todo. ¿En todos los estados? No, dos resisten y usan un sistema proporcional. Pero ojo: el reparto se hace por estados. Con lo que puede ganar un candidato en voto popular y otro en votos del Colegio Electoral. Que no es el edificio en el que se vota, como en España. Vamos a poner orden. Así se vota en Estados Unidos.

La figura clave de estas elecciones es el Colegio Electoral de los Estados Unidos. Son los compromisarios que eligen con su voto al presidente y al vicepresidente del país. ¿Y cómo se elige a esa gente? ¿Cómo deciden el voto en esa votación? Con los resultados de las elecciones presidenciales.

Cada estado tiene un número de electores en ese colegio electoral según su población. Se suman el número de representantes y el número de senadores. El Distrito de Columbia -la capital del país-, que no es un estado, tiene tantos electores como el estado con menos electores. O sea, el menos habitado. Y no, los territorios estadounidenses, como Puerto Rico, no tienen electores. De hecho, los portorriqueños solo pueden votar si residen en un estado.

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El Colegio Electoral tiene 538 votos. Y el candidato que obtenga 270 o más de esos votos, se convierte en presidente de los Estados Unidos.

¿Y cómo se decide a quién vota cada elector? Se decide con los votos del 8 de noviembre. Y esos votos se asignan siguiendo un sistema mayoritario. Es decir, en todos los estados, menos en dos, el ganador por voto popular en todo el estado se lleva todos los electores en ese Colegio Electoral. The winner takes it all. Que en este caso es algo más que una canción de ABBA. Es cómo se conoce esta fórmula.

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En Maine y en Nebraska las cosas son algo distintas. Ahí no tienen este sistema mayoritario. Tienen un sistema llamado método de distrito congresual. Los estados tienen dos distritos. Cada distrito asigna un elector del Colegio Electoral. Y el que gane en voto popular en todo el estado, se lleva los dos electores restantes. Maine aplica este sistema desde 1972. Nebraska desde 1996.

La clave es conseguir los 270 votos que dan mayoría en el Colegio Electoral. Y esos votos se consiguen ganando estado a estado. A veces por unas decenas de miles de votos. Algunos estados son tradicionalmente de un color políticos. Así, de entrada, un candidato puede contar ya con algunos votos. Es improbable que el resultado cambie. Pero hay otros que sí cambian y que son claves para ganar una elección. Son los llamados “swing states”. Estados competitivos.

Estos estados son clave. Necesarios. Vitales. Un puñado de votos deciden el color de ese estado. En estas elecciones, Colorado, Florida, Iowa, Michigan, Nevada, New Hampshire, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Virginia y Wisconsin tienen mucho que decir. Las campañas dedican más recursos a estos estados, ponen en marcha grandes operaciones en el terreno, los bombardean con publicidad y con presencia de los líderes de los partidos.

Trump pasó el día de ayer en Colorado. Michelle Obama hizo su memorable discurso en New Hampshire. Jennifer López pedirá el voto para Hillary en un concierto en Miami… acciones de cirugía electoral para conseguir más votos. Y cuando las encuestas empiezan a marcar que ese estado no va a ser competitivo, las campañas se repliegan y envían esos recursos a otros en los que es más necesario.

Así que si todo sale según lo previsto, un candidato alcanzará los 270 votos en el Colegio Electoral y podrá ser elegido presidente o presidenta de los Estados Unidos. Pero no todo siempre sale como se espera. Y para muestra el lío constitucional de los más de 300 días de gobierno en funciones en España.

Porque ahí llegan los “y sí…”. En principio los electores de ese colegio electoral son libres para emitir su voto. No están obligados. Pero en la práctica sí. Es raro, pero es así. Se comprometen a votar por ello.

¿Y si Trump se hubiese retirado? Su nombre aparecería en la papeleta y los votantes del partido Republicano estarían votando por… ¿Trump o el candidato del GOP? ¿Y si hay un tercer candidato y nadie alcanza los 270 votos? En este caso la solución es más clara que la anterior: la Cámara de Representates elegiría al presidente. Y el Senado, al vicepresidente.

La noche del 8 de noviembre Victor d’Hondt descansará tranquilo en su tumba. Nadie se acordará de él. Quizás todas las críticas irán hacia un sistema mayoritario que puede hacer que el presidente le sea por votos electorales y no por voto popular. Es una de las asignaturas pendientes en la democracia de Estados Unidos que nunca ha conseguido cambias. Porque quizás, tampoco lo quieran cambiar.

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Así se vota en América: el voto anticipado

No todo el mundo puede ir a las urnas el día de las elecciones. En España pasa lo mismo. Puede que ese día estés de viaje, te vayan a operar, trabajes o no puedas moverte de la cama. En Estados Unidos también se prevén casos como estos y tienen dos modos de votar si no se puede hacer de forma presencial el día de las elecciones: el voto por correo y el voto anticipado. La primera opción no tiene mucho misterio, es común verla en nuestro país. La segunda, es algo más curiosa.

A día de hoy, ya hay miles de estadounidenses que han ejercido su derecho al voto. Y uno de ellos ha sido el presidente Obama. El voto anticipado, o early voting en inglés, te permite votar durante los días previos a la elección presidencial. De hecho, en 33 estados se puede votar desde un colegio electoral antes de la jornada electoral.

Cada estado tiene sus propias normas, requisitos y plazos pero la idea es muy sencilla: tras registrarte, si quieres, puedes ejercer tu derecho antes de las elecciones y acercarte al colegio electoral para depositar ya tu voto.

Las estrategias de los partidos puede ser especialmente intensa en aquellos estados clave y promueven el uso de esta forma de voto para asegurar que movilizar al mayor número de electores posible. Es algo importante porque permite a los partidos, a nivel local, reasignar mejor los recursos. Por ejemplo, los primeros datos del voto anticipado en estados clave muestran que Clinton está consiguiendo movilizar más este voto que Obama en 2012. Y mucho más que Trump en estas elecciones.

Quiero que veas este vídeo. Es la apertura de un colegio electoral habilitado para el voto anticipado en un estado clave como Ohio. Este colegio electoral de Cleveland se convirtió en una fiesta el primer día del período de voto:

El hecho de que en varios estados se esté votando ya es uno de los motivos por los que una virtual renuncia de Donald Trump es complicada: su nombre ya está en la papeleta. Y en algunos estados, los representantes en el Colegio Electoral -el órgano que elige al presidente con los votos emitidos por los ciudadanos- deben votar por el candidato -que no partido- que aparece en la papeleta.

Votar por correo es como el cibersexo: frío pero placentero. Con el early voting, votar sigue siendo igual de sexy que hacerlo el día electoral. Y, seguramente, sea más cómodo. Aunque se pierda ese momento de pertenencia colectiva a un día único e histórico. Pero es una buena medida que, quién sabe, quizás debamos importar.

 

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Así se vota en América: el registro del voto

Se calcula que 51 millones de estadounidenses no pueden votar en las elecciones presidenciales en Estados Unidos. No, no hay ninguna ley que se lo prohíba de forma explícita. No votan porque no están registrados para votar. Porque en Estados Unidos, votar es toda una aventura. Así funciona el registro del voto en Estados Unidos.

A diferencia de países como España, en Estados Unidos los ciudadanos y las ciudadanas deben registrarse para poder ejercer el derecho al voto. Es decir, los estadounidenses mayores de 18 años tienen derecho a sufragio activo -excepto cuando la ley dice lo contrario, por ejemplo, con los presos- pero tienen que pedir ejercer ese derecho. El día a día electoral en nuestro país es la mar se sencillo comparado con lo que ocurre en Estados Unidos.

En una jornada electoral española solo tienes que coger tu DNI, pasaporte o carné de conducir y acercarte al colegio electoral. Si no ha habido cambios en tu empadronamiento, es bastante probable que sea la misma mesa de siempre. Cogerás una papeleta. O la llevarás puesta de casa. Harás una cola y votarás. Y dependiendo de la hora en la que lo hagas, después irás a misa, a tomar un vermú, a comer, a merendar, al cine, a ver el fútbol o a lo que te de la real gana. Que por algo se vota en domingo.

En Estados Unidos el proceso es radicalmente distinto. Antes de acercarte a votar el martes de las elecciones presidenciales, debes registrarte para votar. Es decir, debes hacer un trámite para que puedas votar. Y ese trámite no es igual ni igual de fácil en todos los estados. De hecho, ese trámite y sus condicionantes es lo que permitió en muchos estados que los afroamericanos no votaran en el pasado.

Ese trámite es un problema. Una barrera a la participación. De hecho, es uno de los motivos por los que la participación en las elecciones presidenciales es tan baja. Sí, lo que oyes. Las elecciones más importantes del planeta, en una democracia como la norteamericana y con una participación baja.

Quiero que veas este gráfico:

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En él te comparo la participación en las elecciones generales españolas y en las presidenciales en Estados Unidos. Hemos llegado a ver elecciones con un 30 puntos más de participación en España. Y sí, cada elección y cada país tiene su contexto, pero barreras como el registro previo al voto hace que, en general, en España la participación no baje de un 68% y en Estados Unidos llegue máximo a un 58%.

Y eso que hablamos de años buenos: en 1993 se aprobó la National Voter Registration Act para mejorar la situación. Mucho, no lo ha hecho. Quiero contarte algunas cosas curiosas sobre el registro del voto que en nuestro país no vemos. O mejor, no sufrimos.

  • Si un candidato quiere ganar, primero debe asegurarse de que la gente podrá votar. Para luego votarles a ellos. Por ello, las candidaturas hacen campaña de información para conseguir que más gente se registre. Eso forma parte del calendario y de las estrategias de campaña. Movilizar y registrar a nuevas capas del electorado puede darte la victoria en un estado.
  • Cuando te registres, te asignarán a un partido: en la mayoría de los estados, cuando te registras para votar te preguntan a qué partido quieres que te asignen. Si quieres, puedes responder. Si no quieres, pues nada. O siempre puedes declararte independiente. Esta afiliación a un partido no supone ni pago de cuota ni que debas ser del partido. Ni te obliga a votar por ellos. Faltaría más. Pero en algunos estados para participar en las primarias de ese partido, debes haber cumplimentado esa parte. Y también hay estados que pasan completamente de preguntarte esto. Imagina lo que pasaría si esto estuviera en España…
  • Puedes registrarte en muchos sitios: desde la ley aprobada en 1993, se forzó a todos los estados a ofrecer servicios de registro uniformes a través de varios espacios, como la oficina en la que te sacas el carné de conducir, colegios, bibliotecas u oficinas de correos.
  • En once estados puedes registrarte el día de las elecciones: es una de las opciones para luchar, en parte, contra la abstención. Antes de sufrir porque se haya pasado el plazo, puedes registrarte justo antes de votar. Es mejor que no tener la opción, pero piensa que es un día laboral y es otro trámite más… Pero sus efectos son muy buenos. En los estados en los que esta opción existe, la participación se acerca al 70%.
  • El registro online: cada vez es más común que puedas registrarte online. Sin duda, ayuda a acabar con la barrera del tiempo dedicado a ello. Pero ya sabes que no todos los grupos de edad usan internet del mismo modo y con la misma intensidad. Sin duda, es un avance. Echa un vistazo a lo que hace Vote.org.

 

Hillary y Trump te quieren registrar. Si eres ciudadano de Estados Unidos, claro. Y quieren hacerlo porque sin registro, no hay voto. Y sin voto, no hay Despacho Oval.

Clinton gana. Trump sigue vivo.

Los líderes republicanos que han intentando distanciarse de Trump en las últimas horas, han apuntalado la campaña de Trump. En un debate presidencial las expectativas lo son son todo. Esa imagen de campaña a la deriva, de soledad de Trump y de vacío a su alrededor era una oportunidad que Trump ha aprovechado. Si se esperaba ver a un hombre muerto, en el debate hemos visto a un hombre herido, pero vivo.

El debate ha sido un auténtico horror. Sin paliativos. Ha empezado sin saludo de los dos candidatos. Algo extremadamente inusual en la política americana. Y Trump ha marcado el paso de este debate con ataques muy duros contra Clinton. Trump ha llegado a amenazar a Clinton con llevarla a la cárcel. Algo inaudito en una campaña presidencial.

Trump ha usado el debate como una plataforma tremenda para defenderse del vídeo que dio en exclusiva el Washington Post que ha dejado la campaña patas arriba. Su línea de defensa es que su lenguaje es “charla de vestuario”. Y el concepto va a calar. Además, Trump ha dado una rueda de prensa justo antes del debate con mujeres que denuncian haber sido abusadas por Bill Clinton. Su defensa, un ataque masivo.

Clinton, por su parte, ha preferido dejar que Trump hable y se retrate. Seguramente le vaya bien para convencer a parte de los indecisos. Especialmente cuando el propio Trump ha incurrido en graves incoherencias y ha llegado a aceptar que no ha pagado impuestos federales tal y como publicó el New York Times. Pero a Clinton se le ha escapado vivo. Hay campaña. Hay partido. Pero Clinton ha conseguido no entrar al barro con la cuestión sobre su marido. Batalla que es impredecible. Lo sabe y se entiende su contención.

El debate ha sido muy duro y Trump se ha encargado de llenarlo de argumentos populistas. Ni a la pregunta de una mujer musulmana ha sido capaz de dar argumentos o defender con sentido su posición. Trump se ha saltado de forma sistemática las normas del debate. Desde interrumpir constantemente a Clinton a acusar a los moderadores de estar perjudicándole. Se hablará de esto en las próximas horas.

Clinton ha ganado en las policies. Ha ganado en las respuestas sobre lo que va a hacer y sobre conocimiento de cuestiones como la política exterior. Las respuestas de Trump han sido dantescas. Pero Trump ha sido más fuerte en el temperamento. Sus modos vulgares le han dado fortaleza. Y eso habla mucho del momento político global que vivimos. El populismo ha ganado el debate.

El formato ha ayudado a una victoria del populismo. Un formato que le ha permitido a Trump lanzar ataques y mantener mentiras probadas por decenas de fact-checks. Un formato que no permite la re-pregunta de la persona del público o el debate cara a cara de los candidatos. Era el mejor formato para Trump y lo ha aprovechado. De forma incomprensible, Trump ha perseguido a Clinton por el escenario. Clinton se ha mostrado mucho más empática y eso, sin duda, hace que se vaya de este debate seguramente sin rasguños.

Seguramente este debate no llegó de la manera que Trump esperaba. Seguramente Trump quería ganar el primero. Y quería llegar a este liderando. La realidad ha sido otra. Creo que Trump no ha ganado este debate. Pero deja el contador de los debates con una sensación de empate por no haberse hundido aún más. Clinton se va habiendo dejado que Trump se retrate y el impulso de este debate dudo que sea tan grande como el conseguido por Clinton. Queda una carta y, volviendo a las expectativas, a día de hoy esta victoria de Trump puede beneficiar más a Clinton que al magnate. Pero, como digo… hay partido.

Nota editorial: hablar de una victoria de Trump, como se está viendo en algunos lugares, en este debate es un fracaso del modelo político. Un fracaso del modelo que envuelve la política. Un fracaso de la comunicación política. Prima el espectáculo y líneas de Trump como las de “porque estarías en la cárcel”. Y eso es grave. Un candidato a la presidencia ha hecho lo que hacen los dictadores. Y eso es grave. Si hablamos de argumentos puros y duros, Clinton ha ganado por goleada. Pero las decisiones de los debates no se hacen en base a ello. En situaciones normales, esta nota a pie de página sería innecesaria. Es más, sería molesta. Pero cuando el candidato de un partido al cargo más importante del planeta hace lo que ha hecho hoy, los que sentimos pasión por esta profesión tenemos que hacer algo más que describir lo que ocurre.

¿Cómo será el segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump?

Aprende una nueva palabra del léxico electoral americano: el debate town-hall. Y como no tenemos traducción para este concepto, lo más aproximado es el formato que tanto triunfó en España en los años de Zapatero. El debate es lo más parecido al “Tengo una pregunta para usted”. Y con esto, entramos en materia. Te cuento cómo será el debate presidencial.

¿A qué hora empieza?

El debate empezará a las 21h (ET). O sea, la hora de la costa este en Estados Unidos. En España serán las 3 de la madrugada. Terminará a las 4:30 hora peninsular española. 90 minutos sin anuncios.

¿Dónde se puede ver?

La mayoría de las cadenas de televisión de Estados Unidos conectarán en directo con el debate. Si tienes televisión por satélite o plataformas como Movistar TV o Vodafone TV podrás verlo en canales como CNN, Fox News o CNBC.

Además, habrá streaming en directo en Youtube.

¿Dónde se celebra?

El debate se celebra en la universidad de St. Luis, en el estado de Misuri. Es la universidad que más debates ha celebrado en la historia de los Estados Unidos.

¿Cómo será el debate?

Como decía al inicio, el formato de este debate es el llamado town-hall. En él, los que hacen las preguntas son los espectadores en la sala. No hay atril, los candidatos estarán sentados en sillas y se levantarán cada vez que alguien pregunte algo y responderán a la pregunta por turnos.

Es un formato incómodo para los candidatos porque son muy vulnerables a todo lo que se suele comentar de un debate. No tienen el anclaje de una mesa, no pueden tener apenas notas o papeles y se muestran totalmente ante el espectador. Solo van armados de un micrófono.

De hecho, este formato ha puesto a más de un candidato en apuros. Como cuando el presidente Bush se fijó en su reloj tres veces durante un town-hall presidencial para consultar la hora mientras los ciudadanos hacían preguntas sobre la situación económica y sus vidas.

Esta noche en la sala encontraremos a 40 ciudadanos que aún no han decidido su voto. Han sido seleccionados por Gallup y cada uno de ellos puede hacer una pregunta. Sin embargo, son los moderadores los que eligen las preguntas de los ciudadanos y también hacen sus propias preguntas. Con lo que se calcula que solo ocho de los cuarenta ciudadanos presentes podrá hacer una pregunta.

El formato será el siguiente: un ciudadano o ciudadana o los moderadores hará una pregunta y los candidatos tendrán dos minutos para responder, tras lo que habrá un minuto adicional para debatir.

¿Quién modera el debate?

Este debate tiene dos moderadores, Martha Raddatz, de la ABC y Anderson Cooper, de la CNN. No solo eligen las preguntas de los espectadores, también podrán hacer sus preguntas a los candidatos.

¿Cómo será el escenario?

Los candidatos estarán sentados en sillas altas o taburetes. Y a su alrededor estarán los 40 ciudadanos seleccionados. En frente, los moderadores.

Los 8 días de oro de Hillary Clinton

En realidad no son ocho días. Son doce. Pero si El Corte Inglés se permite el lujo de alargar sus ocho días a semanas, yo también puedo hacerlo para hablarte del momentum que le dio a Hillary Clinton el primer debate presidencial.

Los debate electorales, en esencia, mueven pocos votos. Pero uno de los efectos que tienen es cambiar estados de ánimo y percepciones sobre los candidatos. Y aunque el debate en sí no tiene porqué arrastrar muchos votos, el clima posterior sí. Por eso, escribí esto cuando el primer debate había acabado. Hoy quiero analizar lo que ha ocurrido en estos últimos doce días para entender la ventaja con la que llega Clinton al debate de mañana domingo.

Si no sigues a Nate Silver, debes hacerlo ya. Silver es un estadístico americano que en 2012 predijo el resultado electoral en los 50 estados y en la capital federal. Lo clavó. Desde su web, está analizando también esta campaña y te ofrece en tiempo real su predicción por estado y a nivel nacional. Y es un buen indicativo para ver el estado de la campaña.

El 26 de septiembre, Clinton y Trump debatían por primera vez. Y las cosas no pintaban demasiado bien para Clinton. Según Silver, sus opciones de ganar estaban en un 52% contra un 47% para Trump. Pensarás “ah bueno, pero seguía pudiendo ganar”. Y eso en realidad no es así. Si Clinton no paraba esa sangría en ese momento, podía contagiar a otros estados clave y hundirse. Un Trump vencedor de ese debate cambiaba las tornas.

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¿Por qué Hillary llegaba tan mal a ese debate? El 11 de septiembre, Clinton no solo sufre un desmayo, provoca su desplome en las encuestas. Especialmente por la gestión de la comunicación de la neumonía, los debates sobre su estado de salud y las teorías de la conspiración. Pasa del 74% de probabilidades al 52%.

Pero el debate lo cambia todo. Hillary gana por goleada. Encuentra su espacio y su tono. Rebate a Trump. Y Trump va a un debate sin preparación. La derrota es sin paliativos. En ese debate Hillary consigue insertar algo en el marco mental de la opinión pública: habla del por qué Trump no presenta su declaración de impuestos e insinúa que no los paga. Trump saca pecho y lo reconoce implícitamente. En ese momento, en varios focus groups, muchos electores muestran una gran desaprobación.

30 de septiembre. Tras una semana hablando de la declaración fiscal de Trump, se hunde en las encuestas y empieza a mostrar debilidad en varios estados clave. 2 de octubre. El New York Times publica en exclusiva una declaración fiscal de Trump del año 95 por la que podría haber estado hasta hoy sin pagar impuestos. Lidera todas las conversaciones.

4 de octubre. Hillary supera el 81% en probabilidades de ganar y el efecto se empieza a notar en estados como Ohio. Y se muestra más fuerte en swing states que estaban siendo más proclives a los demócratas.
Así llegamos a hoy, 8 de octubre, con una ventaja clara de Hillary y la imposibilidad de Trump de liderar la agenda mediática. Ni el debate entre candidatos a vicepresidente, que ganó su compañero de ticket electoral, le sirvió para recuperar algo de aliento. De hecho, ha llegado a tal punto que la discusión ahora mismo está en que Pence es el favorito republicano para la nominación en… ¡2020!

Pero si algo nos enseña Silver en su página es que un gran apoyo también se puede perder rápido. Por eso, Clinton debe elegir bien su estrategia de debate mañana. Las expectativas hacia su victoria son más grandes que el 26 de septiembre… y deberá mantenerse fiel a ellas si quiere mantener esta ventaja. Queda partido.

El juramento presidencial

Son 35 palabras. Quizás, una de las fórmulas más conocidas. La tradición, el cine y la televisión han hecho de esas 35 palabras todo un símbolo de la presidencia. A mediodía del 20 de enero, el presidente electo de los Estados Unidos debe jurar o prometer el cargo para poder acceder a él. Eso es así por dos artículos de la constitución de Estados Unidos. La fecha, por la vigésima enmienda. El juramento, por el artículo dos.

Antes del discurso inaugural, el presidente electo jura o promete el cargo. Lo hace con esta fórmula recogida en la constitución: “I do solemnly swear that I will faithfully execute the Office of President of the United States, and will to the best of my Ability, preserve, protect and defend the Constitution of the United States.”

Generalmente lo hace cuando el presidente del Tribunal Supremo le pregunta si está preparado para hacerlo. Tras ello, el presidente electo pone la mano izquierda encima de la Biblia que sostiene su esposa y levanta la mano derecha. El presidente del Tribunal Supremo empezará a recitar el juramento, que será repetido por el candidato electo. Tras ello, lo rematará con un “So help me God”. El presidente electo ya es presidente en ese momento.

Veamos algunas curiosidades del momento que acabamos de describir:

La presencia del presidente del Tribunal Supremo
La constitución no habla de quién debe administrar el juramento. Así, a lo largo de la historia varios cargos han tenido ese honor. Washington fue investido en presencia del canciller de Nueva York en 1789. Collidge, por ejemplo, fue investido por su padre, notario del estado de Vermont. Desde John Adams ningún presidente del Tribunal Supremo se ha perdido una toma de posesión.

Hay más juramentos que tomas de posesión
Se considera que la toma de posesión solo es aquella que se produce según marca la constitución y el ininterrumpido calendario electoral estadounidense. Mientras que con la del próximo día 21 se habrán celebrado 57 tomas de posesión, en total se contarán ese día 73 juramentos. ¿La razón? Las ocasiones en que el vicepresidente ha jurado el cargo tras la muerte del presidente o las veces en las que un presidente ha jurado el cargo en domingo antes de la toma de posesión, donde repite el juramento. Hayes (1877), Arthur (1881), Wilson (1917), Coolidge (1923), Eisenhower (1957), Reagan (1985), Obama (2009 y 2013) han tenido que repetir sus juramentos.

Un juramento en el Air Force One
Tras el asesinato del presidente Kennedy en Dallas en 1963, el vicepresidente Lyndon B. Johnson juró el cargo de presidente a bordo del Air Force One. Una mujer, Sarah T. Hughes, administró el juramento a Johnson. Hasta la fecha, ha sido la única mujer en hacerlo. El juramento tuvo lugar en el aeropuerto Love Field de Dallas, dos horas y ocho minutos después del asesinato de Kennedy. Johnson no usó una Biblia -no había en el Air Force One- y lo hizo sobre un libro de oraciones que el presidente tenía en su despacho.

Jurar o prometer
Solo un presidente, Franklin Pierce, prometió el cargo. El resto, lo ha jurado.

“So help me God”
Esta frase no está escrita en la Constitución. George Washington añadió esta frase al terminar su juramento en 1789 y desde entonces se ha repetido en el resto de ocasiones.

…and repeat after me
Desde 1929, el juramento se plantea de forma afirmativa, no se pregunta. Es decir, el presidente electo repite lo que le dice el presidente del Tribunal Supremo. O sea, Obama dirá lo siguiente los próximos días 20 y 21: “I Barack Obama do solemny swear…”. No siempre se añade el nombre del presidente electo -Franklin D. Roosevelt fue el primero-.

Pero no ha sido siempre así. Desde el primer juramento, se preguntaba al presidente electo: “Do you George Washington solemnly swear…” y al terminar, el presidente electo se limitaba a decir “I do” o “I swear”.

El juramento de los presidentes reelectos
Técnicamente no sería necesario que el presidente electo volviera a jurar el cargo, sin embargo, todos los presidentes lo han hecho.