#UnfollowRajoy

He decidido dejar de seguir a Mariano Rajoy en Twitter. No suelo anunciar los unfollows pero este me parece de especial significado. ¿Tiene sentido seguir a un presidente que va a tardar 40 días en comparecer en la sede de la soberanía nacional? ¿Tiene sentido seguir a alguien en un espacio natural de conversación cuando se niega a dar explicaciones? No creo que lo tenga.

Hace poco escribí sobre lo que le espera a Rajoy. Le espera la ingente tarea de recuperar la confianza. No solo en la economía: en la política. Especialmente en la política. Y tiene ante él un contexto único. Un escenario al que nunca un presidente español se ha enfrentado. Un escenario en el que los ciudadanos y ciudadanas reclaman más participación. Y más transparencia. Y más información. Y más proximidad.

Rajoy se esconde. Rajoy no responde. El presidente muestra un desdén inusitado hacia las personas que le han elegido para ese cargo. ¿Tiene sentido mantener el seguimiento a alguien que no tiene ningún interés en explicar, en conversar, en crear confianza? Por ello, desde hoy, #UnfollowRajoy

El 20% de los candidatos no participa en Twitter tras las elecciones

 

Era la gran duda. ¿Seguirían participando en las redes sociales los políticos tras las elecciones? En Twitter parece que sí. De hecho, 8 de cada 10 candidatos autonómicos sigue conversando en Twitter. El resto, se plantó incluso antes del veredicto de las urnas.

Tal y como observábamos en el informe “Twitter en las elecciones autonómicas del 22 de mayo”, publicado semanas antes del inicio de la campaña, en estos comicios el 57% de los candidatos a la presidencia de las diferentes comunidades, participaba en Twitter. Tras las elecciones, la gran mayoría siguen en el canal.

 

Los derrotados, en silencio

Todos los candidatos que han dejado de conversar en Twitter han perdido sus elecciones. Gregorio Gordo, candidato de IU a la Comunidad de Madrid, no actualiza desde el 11 de mayo. José María Barreda (Castilla-La Mancha), Francisco Martínez-Aldama (La Rioja), Óscar López Águeda (Castilla y León) y Eva Almunia (Aragón) son los cuatro candidatos del PSOE que han abandonado el canal.

A excepción de Óscar López Águeda, que abrió su cuenta el 26 de febrero de 2011, el resto de candidatos participa en Twitter desde hace tiempo. Dos candidatos (Gordo y Barreda) lo hacen desde 2009. Martínez-Aldama y Almunia desde 2010. ¿Significa este recorrido en Twitter que el parón es solo temporal?

 

La jornada de reflexión, el momento clave

De entre los candidatos que ya han abandonado Twitter, la mayoría participaron por última vez horas antes del inicio de la jornada de reflexión. Óscar López Águeda y Eva Almunia actualizaron por última vez la noche de las elecciones y el día posterior a los comicios, respectivamente, agradeciendo el apoyo en ambos casos.

 

La participación sigue

El punto positivo es observar como la mayoría de los candidatos que ha usado Twitter durante esta campaña, sigue participando. De hecho, nueve candidatos actualizaron durante el día de ayer su perfil de Twitter.

El reto ahora está en manos de Mª Dolores de Cospedal, José Antonio Monago –o Guillermo Fernández Vara si consigue mantenerse en el cargo-, Ignacio Diego, Soria o Rivero, Luisa Fernanda Rudi, Esperanza Aguirre, Francisco Álvarez Cascos y José Ramón Bauzà. Los ganadores de las elecciones. Las personas que, aunque no lo recogieran sus programas electorales, pueden traspasar el umbral de la participación en las redes para hacer de la Red un espacio para abrir las instituciones.

Twitter en las elecciones autonómicas del 22 de mayo

En dos meses, 13 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas elegirán a sus diputados. Y entre ellos, a los presidentes o presidentas de esas comunidades. Con una campaña en ciernes, es momento de observar cómo están usando Twitter los líderes autonómicos.

En el informe que podéis leer a continuación observamos como Twitter es un espacio que tienen en cuenta 6 de cada 10 candidatos. Casi el 57% tiene una cuenta personal y el 78% de ellos, la actualiza personalmente.

Para conocer más datos sobre el uso de Twitter, consulta el informe:

Twitter en las elecciones autonómicas del 22 de mayo

Un tweet que no cambia la Unión

Vamos a hacer la prueba. Vamos a ver cuantas visita genera esta entrada que va a hablar sobre Europa. ¿Sigue alguien ahí? Si eres de los que siguen leyendo, te cuento: el presidente del Consejo anunció ayer vía Twitter, antes que a los medios, la reforma del Tratado de Lisboa. En si mismo, es una novedad. ¿Nos quedamos con la anécdota o vamos más allá?

Sin tener las respuestas ni las soluciones, me gustaría dar un paso más. Sí, es una novedad lo que ha hecho Van Rompuy. Especialmente en el contexto de jefes de Estado y de gobierno que viven a espaldas a la Red. O lo más importante, de gobiernos que la criminalizan, la atacan o legislan para acabar con ella. Por ello, la anécdota tiene el valor que tiene, pero lo gordo está escondido: ¿hasta qué punto la Unión Europea es un entorno 2.0?

Seguramente, si lo analizáramos en profundidad, descubriríamos que es de las instituciones más 2.0 que existen. No porque tengan más o menos presencia, sino porque muchas de sus rutinas, formas de funcionar y relaciones entre instituciones tienen ese carácter de conversación y de transparencia –mucho más, por cierto, que gobiernos y parlamentos nacionales.

Ya tenemos la anécdota. Y es relevante. No deja de tener su morbo el hecho de ver que ante una decisión de calado, el presidente del Consejo recurre a comunicarlo directamente a los usuarios –periodistas o no, pero en el fondo ciudadanos- sin pasar por el filtro tradicional de los medios. Sin embargo, y aunque la Unión sea, seguramente, mejor que muchos gobiernos, sigue chirriando eso del ejercicio del poder. El 2.0 es algo más.

Porque sí, la Unión puede ser mejor que otros, pero es un experimento de una complejidad tal que, seguramente, en lo último que recabe sea en la necesidad de abrir las instituciones a la ciudadanía. Sobre este tema reflexionaron el fin de semana pasada en Córdoba en un foro organizado por el Parlamento Europeo (podéis leer las crónicas de Dídac Gutiérrez-Peris, Francisco Polo, Álvaro Millán o David Martos). Y hay avances, pruebas y experiencias más que exitosas… pero el poder sigue siendo de otro calibre. Distinto, pero de otro tipo.

Un experimento, el europeo, que no ha tenido, por cierto, miedo a inventar nuevas formas de poder. En pensar en grande y crear no sólo una unión económica sino también una unión política y monetaria. Con creatividad se han abordado nuevos retos y con la misma creatividad se enfrenta el futuro. Y la eterna sombra de unos estados anclados en la Historia.

Estamos ante el proyecto político más complejo de nuestro tiempo. Me refiero a la Unión. Pero podría hacerlo también de lo online. Nadie cuestiona ya la presencia, pero entender que el cambio es de la propia organización, de la propia institución es más difícil de entender. Y sobre todo, de ejecutar. ¿Sigue alguien ahí?

¡Vótame, GILIPOLLAS!

“Pobre imbécil” fue el modo en que el presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, se dirigió a un asistente al Salón de la Agricultura, una de las citas más importantes del sector y que tradicionalmente es inaugurado por el jefe del Estado galo. Ese insulto ponía en evidencia las pasiones de Sarkozy. Uno de sus puntos fuertes que, a veces, se le vuelve en contra. Fue esa imagen de duro y directo la que le llevó a la presidencia, pero también es fuente de animadversiones. Pero lo de Sarkozy no es lo habitual. Los políticos no suelen insultar en vivo y en directo a sus votantes. Saben lo mucho que se juegan. Entonces, ¿por qué se atreven a hacerlo en el mundo online?

España se acababa de declarar campeona del mundo. Habían pasado pocos minutos y el líder de Ciutadans, Albert Rivera, interpeló directamente a un usuario catalán por su apoyo a la selección holandesa; como queriendo decir “jódete”. Y ha tenido más de una conversación insultante con otros usarios –nota para el lector: conmigo Rivera siempre ha tenido un trato muy correcto, que conste-. El PNV de Gasteiz también salió con una lindeza llamando “puto” e “hijo de puta” a un usuario y alertando que ese “puto usuario” quería torpedearlos. Y el PP de Madrid tampoco estuvo ajeno al enfrentamiento durante la huelga del metro de Madrid, acusando a un usuario de sinvergüenza. Ejemplos de cómo partidos y políticos se enfrentan a ciudadanos de a pie sin pensar en las consecuencias de ello. Aunque bueno, no es algo exclusivo de la política: en su día el Twitter oficial de Pepsi dedicó un #FF a los afectados del famoso fantongo para hacer ataque y burla directa de su competidor…

Vayamos al centro de la cuestión: ¿por qué en Internet los políticos no rinden cuentas de los insultos y en los medios tradicionales sí? Cuando Esperanza Aguirre llamó “hijoputa” a Ruiz-Gallardón –aunque la presidenta aseguró que el insulto iba dirigido a un ex consejero de Caja Madrid- lo hizo sin saber que su conversación estaba siendo recogida por un micrófono. Tampoco se dio cuenta Gordon Brown en las pasadas elecciones británicas cuando ofendió a una pensionista. Esa suele ser la tónica: cuando un insulto de los líderes llega a portada, suele serlo por un descuido, un calentón del momento. O al menos a esa tabla se acogen los afectados. En Internet, ni piden perdón.

Lo curioso del caso es que, en Internet, los insultos aparecen de forma concienzuda y tras pasar el filtro imprescindible de escribirlo con nuestras propias manos. Lo hemos pensado. No es un calentón. Será, quizás, ¿que seguimos creyendo que esto de Internet no llega a nadie? Pues seguramente será: mientras se invierten millones en estrategias online, la imagen y la credibilidad de un político puede desvanecerse en un segundo por un calentón que se deja por escrito.

Ahora los “pobres imbéciles”, como diría Sarkozy, son precisamente los que emiten el insulto, no los que los reciben. Usuarios que entienden mejor que sus interlocutores lo que supone participar de las conversaciones de la Red. En realidad, la cuestión no es si entienden o no el medio. La cuestión es el necesario respeto de nuestros políticos a los ciudadanos de a pie. Aunque sean pesados. O no piensen como nosotros. El insulto 2.0 les sale gratis… y no piden ni perdón. No entienden el medio… ni el servicio a la comunidad.

¿De la pancarta al hashtag?

Con ellos, los usuarios han llegado a crear hilarantes títulos de películas. Han atribuido a políticos como Esperanza Aguirre poderes sobrenaturales o inverosímiles responsabilidades de hechos históricos. Han repasado las tres palabras que se repiten en muchas camas tras hacer el amor. O las tres últimas palabras antes de la muerte. Son los hashtag de Twitter, las etiquetas que, por activa o por pasiva, hemos acabado introduciendo en nuestra manera de participar. Pero, ¿qué pasa cuando la etiqueta pasa a ser una herramienta más de campaña?

Este campo de pruebas para la comunicación política online que son las elecciones catalanas del próximo otoño, están poniendo de manifiesto como los partidos y sus activistas no dudan en usar todos los resquicios y espacios a su alcance para promover sus mensajes. Hashtags incluidos. ¿Cómo los estan usando?

Vayamos por partes. Para los profanos en la plataforma de microblogging, el hashtag es una etiqueta que escribe el usuario cuando va a emitir un mensaje. Se escribe tras este símbolo # y suele resumir el contenido del mismo. Por ejemplo, si estamos comentando sobre un debate, usaríamos #debate. Esa es su principal función. Pero no la única.

De hecho, quizás ese sentido de ordenación de una conversación sea el que se vea con menos asiduidad: aparece en momentos puntuales, como en los actos de partido. Mítines, conferencias, etc. suelen tener asociada una etiqueta y los asistentes al mismo lo usan. Es especialmente útil para seguir en tiempo real y por lo que comentan los usuarios un acto en un momento determinado. El gran ejemplo de ello en la política del día a día la encontramos en el uso del hashtag #parlament durante las sesiones de la cámara catalana.

Otro de los usos, cada vez más extendidos y que pueden generar cierta extenuación en los usuarios, es la utilización del hashtag como un eslógan político más. Cada frase, cada reflexión, se acompaña de la etiqueta. Ésta, puede ser igual que el lema de la propia campaña. Así, la etiqueta pasa de ser un complemento a ser una parte esencial del mensaje. Ejemplos de ese uso lo tenemos en #segueixocreient #elcanvireal o #elcanvi

Llegados a este punto, la reflexión es sobre la efectividad de este tipo de prácticas. Sin duda, los seguidores de un usuario pueden conocer de primera mano el lema… pero si, como suele ser lo habitual, un usuario comparte a más de un seguidor de entre estos activistas, la saturación a la que se le expone puede llegar a expulsarle del objetivo primordial: que conozca nuestra oferta y le podamos convencer.

Sin duda, el hashtag es algo más que una etiqueta cuando se mezcla con política. De hecho, puede ser un punto de lucha entre partidos. Socialistas y convergentes se han visto imbuidos en más de una ocasión en la lucha por llenar el hilo de comentarios de un hashtag con mensajes contrarios al partido en cuestión.

¿Y cuál de estos usos es mejor? ¿Cuál es peor? La respuesta la tendremos en el auténtico objetivo, no ya del hashtag, sino de la presencia online. Puesto que estas etiquetas suelen aparecer porque alguno de los líderes en la Red de los partidos o incluso de los propios perfiles de los partidos; saber si con ello estamos respondiendo al objetivo de la participación es esencial. Si lo que buscamos es más seguidores, afines o no, a quienes convencer; seguramente no sea el camino. Si lo que queremos, en el fondo, es mantener a una tropa con el orgullo bien alto, seguramente sí. Pero si lo que buscamos es convertir todo ello en votos, quizás necesitemos reflexionar sobre ello. De lo que no cabe duda es de que, en Twitter, el propio hashtag es política.

Brasil lleva el debate electoral a la Red

No es país para debates. Por mucho que se empeñen algunos, España no es un país dado a los debates. Nuestra historia democrática nos muestra los cuatro debates en las elecciones generales como una anécdota más que una norma. Así, no es de extrañar que en algo que sí se han puesto de acuerdo los dos grandes partidos es, precisamente, en no regular este punto. Seguiremos a merced de la voluntad de los candidatos. Mejor, de las necesidades de la estrategia de cada partido.

Así, mientras España sigue sin dotarse de un consejo que los organice, de un acuerdo mayoritario para promoverlos; observamos con atención –y por qué no, cierta envidia- de experiencias en otros países que hacen del debate electoral una oportunidad de oro para conocer cómo razonan, cómo reaccionan, qué piensan y qué proponen los líderes políticos.

Y en ese nuevo mapa de los debates electorales, Internet es ya una parte destacada del nuevo escenario. Si los debates son básicos en una democracia, que éstos recurran a la Red para hacerlos más abiertos es una excelente noticia. Lo vimos en Estados Unidos durante la campaña presidencial, pero la última experiencia en Brasil es, sencillamente, impresionante.

Si durante la campaña en Estados Unidos YouTube facilitó a muchos ciudadanos poner preguntas sobre la mesa, el reciente debate en la Red entre los candidatos a suceder a Lula da Silva llegó a registrar más de un millón de conexiones, sin tener en cuenta el ruido generado en otros espacios. Y la cosa tiene su miga, porque el mercado potencial de seguidores en Brasil alcanza los 66 millones de usuarios.

El debate se retransmitió en directo por la Red –algo parecido a lo que el viceprimer ministro británico hizo esta semana- durante una hora y media, y pudo seguirse en la página de Folha –el medio organizador-, Twitter y Facebook. Tuvo seis bloques diferenciados. Al final del acto, varios usuarios pudieron poner sus preguntas en el centro del debate. Y los comentarios de periodistas enriquecieron el análisis.

La experiencia no es simple y tiene un punto interesante. No ya por lo novedoso que resulta que, algo tan importante como un debate electoral en unas elecciones trascendentales, se dé en un medio que no es el tradicional; sino también por la posibilidad que ese debate se haga más rico, más plural y más prolongado en el tiempo gracias a la propia conversación.

Cada vez son más este tipo de experiencias, la capacidad de agolpar nuevas audiencias en la Red y hacer que esas mismas personas puedan participar, no ya con las preguntas a los candidatos, sino en los debates paralelos que aumentan el impacto deseado. Pero sobretodo, aumentan la participación ciudadana en los asuntos públicos.

¿Llegaremos a debates similares en las próximas contiendas electorales en casa?

Tú puedes curarte, maricón

Duran i Lleida es un hombre exquisito. Inteligente, educado, cortés y responsable. Cultiva su imagen y conoce a la perfección qué comunica cuando no dice nada. Sabe que es el hijo que todas las madres pensionistas querrían tener. Viste bien. De hecho, es uno de los políticos que mejor viste. Algo que gusta mucho al elector: esperamos ver en nuestros políticos pulcritud. Tanto en el vestido como en las formas. Y el líder de Unió las cuida. Aunque parece que en algunos temas, el portavoz de CiU en el Congreso las pierde. Como si no hubiese entendido nada.

Las pierde en Twitter cada vez que participa. Cuando di una clase en el máster del ICPS-UAB clasifiqué a Duran i Lleida como esos políticos que aún no han entendido nada. Sólo así puede entenderse como el político mejor valorado de España considera que la Red es un espacio secundario, sin importancia. Sólo así puede entenderse su manera de usar Twitter –sin menciones, sin palabras, enlaces, en batería…-. Sólo así puede entenderse que se atreva con su ataque homófobo en un post y no ante un micrófono.

Porque por mucho que Duran i Lleida sea un hombre exquisito, guarde las formas y sea admirado y respetado, lo de su post no deja de ser sorprendente. No se entiende como un animal político, forjado en mil batallas, baje a la arena de la Red para quitarse la careta. Alguien que conoce de sobras el valor de abstenerse en una votación clave, de ofrecer apoyo al Gobierno o de mantenerse en la ambigüedad cuando se requiere no comete errores de principiante así como así.

Lo de Duran suena a mucho a eso de “yo no soy racista, pero”. “Yo no soy homófobo, pero creo que si alguien se quiere curar, debe poder curarse”. Alguien que defiende, aunque sea por la puerta de atrás, que la homosexualidad sea una enfermedad muestra su auténtica postura sobre el tema. Ni moderada ni medida.

Y ahí precisamente radica el problema. Los líderes políticos deben liderar. Son modelos de conducta, y cuando alguien tan exquisito como Duran i Lleida asume que lo que hacían los psiquiatras de Barcelona es normal, pide que alguien pueda curarse de la homosexualidad o defiende que no es necesario profundizar en la igualdad de derechos, su efecto no es positivo. En estos momentos de la historia en que la lucha por la igualdad ha conseguido tanto, opiniones como estas están fuera de onda. Como sus tweets. Porque no ha entendido nada.

La responsabilidad política se mide en los momentos en que una abstención salva a un país. Pero también cuando una opinión no arma de argumentos falaces al odio. Duran ni se retracta ni corrige. Sigue creyendo en eso, que los maricas se curan como quien se cura un resfriado. Lo dicho. No ha entendido nada.

Entrevista a Nadal

“Desmiento cada día la ampulosidad de mi doble de Polònia con mensajes ajustados de 140 caracteres”

No tiene pelos en la lengua. Es directo, claro y conciso. Franco. E incluso, puede llegar a parecer que intenta educar a los casi 500 seguidores que tiene ya en Twitter. Así es Joaquim Nadal, el conseller de Política Territorial y Obras Públicas del gobierno de la Generalitat de Catalunya. O al menos, eso comunica su participación en esta gran conversación de 140 caracteres. Quería saber más. De él y de la decisión que le empujó a hacer de Twitter una manera de comunicarse. Y este post es el resultado de la entrevista con el consejero que, no podía ser de otra manera, hicimos a través de la plataforma de microblogging.

Nadal comenzó su aventura hace ya un mes. Pero en realidad llegaba después de una reflexión larga. Tal y como afirma el consejero, la idea le venía de parte del campeón Lance ArmstrongHace algún tiempo me convenció y no le hice caso“. Confiesa que veía Twitter desde la barrera, con “un punto de pasividad y desconocimiento“.

En realidad, Nadal no es una persona ajena a las herramientas 2.0 y a la fuerza comunicativa de Internet. Mantiene desde hace tiempo un blog-archivo y el Departamento que encabeza ha iniciado también desde hace algunos meses una presencia activa en la Red. Pero ha sido la facilidad de uso de Twitter uno de los factores decisivos para bajar a la arena “alguien me dijo” es sólo un click “y como usas el móvil lo harás muy bien“.

Del primer hola, a las aportaciones sobre la tarea diaria. Licitaciones, visitas a obras, informaciones sobre el avance de proyectos. Datos. Información para el ciudadano. Y este es uno de los otros atributos que valora el consejero de la herramienta “me permite sintetizar y es muy ágil para garantizar inmediatez“. Lo aplica a su trabajo aunque “trato de mantener un tono personal y que no domine el trabajo“.

Así, los seguidores de Joaquim Nadal descubrimos una gran facilidad para jugar con las palabras y extraer todo el jugo posible. Tweets con humor inteligente, apreciaciones poéticas y sensibles. Y alguna confesión con el Celler de Can Roca como protagonista.

La “pasividad y desconocimiento” se ha convertido a lo largo del último mes en una conversación creciente con otros usuarios. Si la agenda lo permite, el consejero responde a las menciones. E incluso, inicia él preguntas y debates. Quizás una de las cosas que más ha sorprendido de Nadal ha sido su capacidad de síntesis. Él no es consciente del todo, pero observa que “Me doy cuenta de que hay interacción y la gente me sigue con un punto de sorpresa y encuriosiment. Desmiento cada día la ampulosidad de mi doble de Polònia con mensajes ajustados de 140 caracteres

El conseller cree que Twitter es un espacio de oportunidad para “multiplicar en red mensajes hechos de claridad, simplicidad, espontaneidad y oportunidad“. Quizá por eso cree que es bueno que una política participe en Twitter. Seguramente, los que creen que estar en Twitter pierden el tiempo “no lo conocen y no pueden ni intuir la fuerza que tendrá en el futuro. Y no saben la capacidad de comunicar que ya ha tenido“.

Nadal ha recibido consejos sobre el uso de esta herramienta antes de aterrizar. Aunque confiesa que “la verdad es que muy pocos“. Aunque corrige “o tal vez sólo uno: hazlo. Haz un cambio de esquema en la información del Departamento, supera las notas de prensa

Con el temor de “caer en la pequeñez de la querella política o ser mal interpretado y entrar en una espiral de replys“, el consejero toma cada día más experiencia y poco a poco, crece su lista seguidores y seguidos -aunque todavía sigue a pocos usuarios, 70 de los 500 que le siguen-.

Nadal es el único usuario activo de Twitter del Gobierno de la Generalitat que se atreve con los 140 caracteres. De hecho, Catalunya ve como buena parte de su clase política no duda en hacer de Twitter una vía de comunicación efectiva con los usuarios. Desde el Presidente del Parlamento, Ernest Benach a decenas de diputados y diputadas del Parlament de Catalunya, pasando por alcaldes y concejales de muchos pueblos y ciudades e incluso consejerías del Gobierno de la Generalitat, que ya tienen una guía para esta participación. Parece un cambio imparable que ahora llega, también, los Consejos de Gobierno del Palau de la Generalitat.