¿Interesa a alguién este debate?

El sector de los frutos secos (con las palomitas a la cabeza) y refrescos, cervezas y derivados se está frotando las manos y en su retina aparece el símbolo del euro, cual Tío Gilito. Esta semana se prevé apasionante, de salón, sofá y televisión. Por la Champions, evidentemente, porque por la cita de esta noche en TVE1 no creo que sea…

Si llegados a este punto aún no sabes de qué hablo, tranquilo, es normal. Formas parte de la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas de este país que, ya sea por su fatiga europea, por su descontento político o porque no entienden de qué va la cosa, pasan olímpicamente de las elecciones europeas.

Esta noche presenciaremos el primer debate electoral de esta campaña electoral entre los candidatos de los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP. Juan Fernando López Aguilar y Jaime Mayor Oreja se verán las caras a partir de las 10 de la noche. En unos días se las volverán a ver con los otros candidatos y, seguramente, lo harán una tercera vez en Antena 3.

¿De qué debatirán? Esperemos que de sus proyectos para Europa. De su visión sobre la Unión, de cómo sus voces y sus votos pueden influir en el proceso de toma de decisión que más nos afecta. Pero a vistas de la estrategia electoral de unos y otros, dudo mucho que veamos eso.

La realidad de los debates, de hecho, aconsejaría hablar de todo menos de Europa. Si pocos son ya los interesados por esta carrera electoral, debatir sobre conceptos demasiado alejados parecería ser la peor manera posible de arañar votos. Aunque ese sea precisamente uno de los males que más acucia la idea de Europa. Pero es más: si poco se convence en un debate, si poco voto se mueve en un debate, ¿para qué aventurarse a perderlo en debates inteligibles?

Al sector de los frutos secos, los refrescos y las cervezas más les vale esperar que el miércoles sean muchos los hogares que pongan la televisión para seguir un evento que dejará las calles desiertas, porque hoy quizás lo que quede desierto sean los comedores de medio país.

Aunque me da a mí que si el debate fuera con personajes como este, otro gallo cantaría, cual audiencia de Rodolfo Chiquilicuatre…

Se busca experto en preguntas difíciles

La pregunta que nos asalta hoy es saber si tras 10 ediciones del popular programa “Tengo una pregunta para usted”, los partidos políticos españoles disponen ya de alguien especialmente formado para adiestrar a los líderes que se aventuran a las interpelaciones ciudadanas.

Y hablo de alguien formado especialmente porque éste programa tiene ya su propia dinámica a la vista de todos: diferentes tipos de preguntas (desde el “que hay de lo mío” a los ataques sin saber de lo que se pregunta; pasando por las preguntas soft), diferentes personalidades entre el público (el que no sabe de lo que habla, el informado, el peleón…) e incluso diferentes modos de pasar de puntillas sobre todo.

Prepararse para afrontar este programa con éxito debería ir siendo una prioridad, no tanto por el efecto de este show televisivo, sino por las lecciones que pueden aprenderse para posibilitar nuevas formas de interacción con los ciudadanos.

En otros países, los políticos suelen someterse a este tipo de intervenciones en actos de campaña, muchas veces sin los focos delante. Es un ejercicio rico, ya que pide al político en cuestión una capacidad de síntesis y concreción que no tienen en los mítines. Pero vaya, esto es sólo una idea: si algún político –me consta que algunos lo han hecho ya- quiere cambiar las plazas de toros por este tipo de formatos, hará un gran favor a su campaña.

Ayer, no obstante, pudimos observar en el espacio de algo más de dos horas las grandes diferencias entre los tres líderes. No me refiero a una diferencia ideológica, como es evidente, sino al modo de encarar las intervenciones de cada uno de ellos. Los tres iban suficientemente preparados: sabían qué tenían que decir y cuales eran los mensajes clave que debían llevar a puerto tras cada pregunta. Pero la diferencia en presentarse a la sociedad fue abismal.

En esto, la experiencia vital de cada uno de ellos tiene mucho que ver. Pudimos ver el político profesional (Duran i Lleida), el amateur (Cayo Lara) y el académico (Joan Ridao). Diferentes tonos y diferentes respuestas. Quizás Cayo Lara fue el que sonó más convincente, tanto por un discurso cómodo (hablar de ricos y pobres, simplificar la crisis financiera a blanco o negro es una baza para decantar al gran público que la sufre) como por la ausencia de titubeos o ejercicios forzados de marketing. Creía en lo que decía y así lo demostró.

Duran i Lleida hizo acopio de su experiencia, tanto para explicar su argumentario político como para ganarse un aplauso tras explicar su experiencia con el cáncer. Ridao, por su parte, pecó de falta de carisma (o al menos pecó de no ser la persona más odiada del país) y tuvo que hacer frente sin demasiado éxito a las preguntas de varios ciudadanos sobre Catalunya, España, naciones y federaciones.

En el fondo, y como en todo, la cuestión no es lo que decimos sino cómo lo decimos, y para muestra, el programa de ayer.

Más información:

La Vanguardia

ABC

El País

Diario Crítico

El Periódico de Aragón