Magnicidios en Madrid: asesinatos de Prim, Canalejas, Dato y Carrero Blanco

Los que vivimos o visitamos Madrid pasamos muy a menudo por lugares que, hace ya varias décadas, marcaron la historia del país. Lo hacemos casi sin darnos cuenta. Quedar con alguien en la Puerta del Sol sin ser conscientes que en ese mismo lugar un presidente del Gobierno fue asesinado. O pararnos en un semáforo en la Plaza de la Independencia, lugar donde el coche de otro presidente fue tiroteado. ¿Quieres saber más de los magnicidios que tuvieron lugar en Madrid?

A lo largo de los siglos XIX y XX, Madrid fue el escenario de los asesinatos de cuatro presidentes del Gobierno. Prim, Canalejas, Dato y Carrero Blanco perecieron en sendos atentados en varios puntos de la capital no demasiado lejos los unos de los otros. La Puerta del Sol, la Puerta de Alcalá, el barrio de Salamanca y Cortes son los escenarios.

Calle Marqués de Cubas: el atentado contra el General Prim

El General Prim, tras ocupar varios cargos políticos, fue presidente del Consejo de Ministros desde junio de 1869 hasta su muerte el 30 de diciembre de 1870. Su llegada a la presidencia del Gabinete se da tras la Gloriosa Revolución de 1868 y fue uno de los máximos valedores de Amadeo de Saboya como Rey de España. De hecho, murió horas antes de la llegada del breve monarca.

El 27 de diciembre de 1870 se terminaron de decidir en las Cortes algunos aspectos relacionados con la Casa Real. Un mes antes, las Cortes habían elegido por mayoría dar la corona de España al duque de Aosta, Amadeo de Saboya, que reinaría bajo el nombre de Amadeo I. Prim abandonó el Palacio de las Cortes, el actual edificio del Congreso de los Diputados, para preparar su viaje a Cartagena para recibir al nuevo rey.

Sobre las 19:30 horas, el General subió a su carruaje y siguió el camino habitual, girando a la izquierda en la calle del Turco, hoy conocida como calle del Marqués de Cubas. En la esquina de esta calle con la Calle Alcalá, en una de las puertas actuales del Banco de España y a escasos metros del Palacio de Buenavista –residencia, por aquel entonces, del presidente-, dos carruajes impedían el paso de la berlina presidencial.

Aprovechando la confusión, tres individuos se acercaron al carruaje y abrieron fuego, hiriendo de gravedad al presidente. Tras el ataque, el carro del presidente pudo seguir por la calle hasta llegar a Alcalá y se dirigió al Palacio. Prim entró por su propio pie y fue atendido por sus heridas. Moriría tres días más tarde a consecuencia de la infección de las mismas.

Puerta del Sol: Canalejas cae abatido

Canalejas ocupó cuatro carteras ministeriales, la presidencia del Congreso de los Diputados y la presidencia del Consejo de Ministros hasta su muerte en 1912. Destacado miembro del Partido Liberal, vivió años políticamente convulsos. Inició una serie de reformas, como el impuesto de consumos, creó el servicio militar obligatorio e intentó dar respuesta a las aspiraciones catalanas con el proyecto de Mancomunidad catalana con Enric Prat de la Riba. Presidió tres gobiernos distintos y tuvo que hacer frente a una sublevación republicana.

Pese a ello, las reformas no pudieron continuar, ya que el 12 de noviembre de 1912, mientras miraba el escaparate de la librería San Martín, fue tiroteado por el anarquista Manuel Pardiñas Serrano. La librería estaba en el número 6 de la Puerta del Sol, donde hoy encontramos una joyería y una efigie del presidente asesinado recuerda el trágico suceso. A las 11:25 horas, el anarquista disparó dos tiros certeros a la cabeza del presidente, acabando con su vida.

Se cree que en realidad el objetivo del asesinato era el rey Alfonso XIII, que debía estar en la Puerta del Sol a esa hora. El asesino de Canalejas trató de huir pero fue perseguido por un policía que le abatió, muriendo también ese día.

Canalejas fue enterrado el 13 de noviembre en el Panteón de los Hombres Ilustres. Con su muerte, el Partido Liberal perdió a su líder, siendo el origen de su fin como partido tras una larga pugna por el liderazgo.

Plaza de la Independencia y el atentado a Eduardo Dato

Nueve años después del asesinato de Canalejas, el presidente Eduardo Dato sufrió otro mortal atentado. Dato, al igual que Canalejas, también fue ministro en varios gobiernos de Su Majestad y presidió el Congreso de los Diputados.

Gobierna desde octubre de 1913 y lo hará hasta su muerte, con un paréntesis de algo más de dos años y medio. Fijó la política de neutralidad de España durante la I Guerra Mundial, accedió a la formación de la Mancomunidad Catalana y aprobó las Juntas Militares. Vivió años socialmente convulsos, con la tensión social como pauta. La recesión posterior a la Gran Guerra y el auge de la lucha del movimiento obrero –el pistolerismo catalán– son el telón de fondo de su asesinato.

El 8 de marzo de 1921, los anarquistas Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch atentaron contra el presidente. Salió, bien entrada la tarde, del Senado que está en la Plaza de la Marina Española, y se dirigió en el coche presidencial hasta su casa en la zona del inicio de la calle Serrano.

Desde las 19 horas, los anarquistas daban vueltas en Cibeles. Esperaban la llegada del coche presidencial. Justo en Cibeles, el coche de Dato siguió su camino hacia la Plaza de la Independencia, mientras el Ministro de Guerra, que iba en el coche trasero, cambiaba de dirección. El coche subía por Alcalá y al llegar a la Puerta de Alcalá debía girar a la izquierda hacia Serrano. Era el recorrido habitual. Los anarquistas identificaron ese momento como el más vulnerable.

Así, a las 19:14 el “Hudson” de color negro con matrícula ARM-121 frenaba y el sidecar de los asaltantes se acercó para disparar al vehículo durante más de dos minutos. Agotaron la munición a gritos de “¡Viva la anarquía!” y escaparon por Serrano hasta Ciudad Lineal con un sidecar Indian de color gris con un motor de 7 cv. El presidente murió en el acto: 18 balas impactaron en el coche. Los tres asesinos se beneficiaron de una amnistía durante la II República.

La operación Ogro: Luis Carrero Blanco y el atentado en Claudio Coello

El del almirante Luis Carrero Blanco es el último magnicidio de la historia de España. Participó en el bando fascista durante la Guerra Civil y fue uno de los hombres de confianza del dictador. Por ello, ocupó varios cargos gubernamentales hasta llegar a la presidencia del Gobierno en 1973, llamado a ser el responsable de continuar la obra del Caudillo tras su inminente muerte.

La “Operación Ogro” de la banda terrorista ETA acabó con su vida en diciembre de 1973, dando lugar a uno de los momentos clave del tardofranquismo, por la trascendencia política del asesinato, así como la espectacularidad del atentado.

Los terroristas alquilaron un semisótano en el 104 de la calle Claudio Coello, en el corazón del barrio de Salamanca. Excavaron un túnel por debajo de la calzada de la calle. Esa operación les permitió colocar los explosivos (unos 100 kg de Goma-2) que estallaron al paso de su coche oficial.

Ese 20 de diciembre, el almirante hizo su recorrido habitual. Salió de su domicilio en el número 6 de la calle Hermanos Bécquer y fue a misa en la iglesia de San Francisco de Borja en el 104 de la calle Serrano, en frente de la embajada americana. A las 9:25 horas, subía al coche tras salir de misa. Minutos más tarde, el coche presidencial saltaba por los aires y se elevaba más de 30 metros hasta llegar a la terraza interior del convento adyacente a la iglesia.

Carrero moría en ese atentado a pocos días de las fiestas navideñas y el mismo día que se iniciaba el proceso 1.001 contra el sindicato clandestino Comisiones Obreras.

Hoy puede encontrarse una placa en memoria del presidente. En el blog de David Martos podéis escuchar un reportaje sobre el asesinato.

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Magnicidios en Madrid en un mapa más grande

Turismo político: asesinatos políticos en Estocolmo

El consejo de Juan Rivera no podía llegar en mejor momento. “¿Vas a Estocolmo? Léete la saga Millenium. Te encantará.” Y siguiendo la propuesta del director de comunicación financiera de LLORENTE & CUENCA me planté en la capital sueca buscando conspiradores y asesinatos por doquier. Y cafeterías Java, como las que salen en el libro. Pero servidor peca de buscar siempre la parte política en sus viajes y, como no podía ser de otra forma, la parte de turismo política cobra vida en este post. En este caso… asesinatos.

En la historia de Suecia ha habido tres asesinatos significativos. Sucesos de esos que quedan en la memoria y a los que el turista puede acceder con facilidad. De hecho, la ciudad se lo recuerda sin cesar. Olof Palme, Anna Lindh y el rey Gustavo III son los protagonistas de esta singular ruta.

Empecemos con el primero. La casualidad quiso que mi hotel se situará en la misma calle en la que en 1986 fue asesinado el Primer Ministro sueco Olof Palme. Como si mi viaje por la capital del país de ABBA e Ikea debiera tener relación, desde el primer momento, con los sucesos más tristes de la reciente historia sueca.

Olof Palme fue Primer Ministro de 1969 a 1976 y volvió a acceder al cargo en 1982. Cuatro años más tarde, el 28 de febrero de 1986, moría asesinado en la calle que hoy lleva su nombre a modo de homenaje. Justo en el centro de Estocolmo. Fue en la calle Sveavägen. Palme y su mujer volvían de ver una película en el céntrico cine Grand, sin guardaespaldas. Sobre las 11 de la noche, un hombre disparó al Primer Ministro e hirió a su esposa. Huyó por Tunnelgatan y nunca más se supo de él.

A los pocos meses, un hombre fue detenido y juzgado, pero el Supremo levantó esa condena. Hasta hoy, no se ha encontrado al autor del asesinato y a lo largo de los últimos 24 años se han alimentado varias teorías conspirativas: desde los servicios secretos británicos o americanos, a los surafricanos y chilenos. Pasando por el cuñado de Franco, Fernando Polo. Este misterioso asesinato, que conmocionó a Suecia y al mundo, prescribirá el próximo año.

Se puede recorrer el trayecto que hicieron el Primer Ministro y su esposa desde la parada de metro de Gamla Stan hasta Rådmansgatan, de la línea verde. Desde ésta última, puede llegarse al cine y de allí llegar al lugar dónde fue abatido, que hoy tiene una placa conmemorativa.

La historia política sueca siguió su negro relato años más tarde en unos conocidos grandes almacenes que son de visita obligada en Estocolmo. NK, las siglas de Nordiska Kompaniet o la Compañía Nórdica; están situados en el centro de la ciudad. No demasiado lejos de la escena del crimen de Palme. En 2003, la ministra de Asuntos Exteriores Anna Lindh fue brutalmente apuñalada por Mijailo Mijailović, un joven sueco de ascendencia serbia. La ministra, especialmente activa en movimientos sociales, fue ministra de Medio Ambiente y lideró cambios importantes en esta materia a nivel comunitario.

El asesinato en los grandes almacenes NK se produjo el 10 de septiembre de 2003, durante la campaña del referéndum sobre la adopción del euro en Suecia. Ella hacía campaña por el sí. Esa campaña se suspendió tras su muerte, horas más tarde del fatal suceso y tras una larga intervención quirúrgica.

La última parada de esta macabra ruta histórica nos lleva al Palacio Real y a la Ópera… y a los últimos años del siglo XVIII. El convulso siglo XVIII del cambio del absolutismo por las luces y la libertad. Y el protagonista, Gustavo III. Un rey absolutista que concentró el poder y quiso devolver a Suecia su papel de potencia en la zona. Tras la guerra con Rusia a finales de siglo y ante la escasez de las finanzas, convocó al Parlamento… y en ese contexto se urdió la trama para cambiar el régimen. A costa de la vida del monarca.

Y la ruta ahí se centra en el Palacio Real, aunque el asesinato no se produjo ahí. Pero es importante porque el palacio real en uso con más habitaciones del mundo abre sus puertas a los visitantes. Podremos ver los aposentos reales y la huella que han dejado los ocupantes del trono sueco. Pero sobretodo, esa imagen de potencia que Gustavo III quería reclamar. Sobre ese tema, es muy aconsejable visitar el Vasamuseet, el museo con el barco Vasa que se hundió a los 15 minutos de iniciar el viaje en el siglo XVII… por el ímpetu de potencia del país. Muy recomendable.

En todo caso, volvamos a Gustavo III y a esa conspiración en ciernes. Una conspiración fraguada por hombres como Carl Fredrik Pechlin y Jacob Johan Anckarström y que tuvo lugar la noche del 29 de marzo de 1792 en la Ópera de Estocolmo durante un baile de máscaras. En ese momento, cinco hombres de negro y enmascarados rodearon al rey y Anckarström le disparó por la espalda. Días más tarde el rey moría.

¿Les suena a algo esta historia? En efecto, la ópera de Giuseppe Verdi “Un ballo in maschera”está inspirada en este suceso. Así que no es una mala idea cargar la obra en tu iPod o iPhone y pasear por Gamla Stan escuchándola. Y disfrutando de la parte más noble y más monárquica de la capital sueca.

Estocolmo tiene mil rincones más por descubrir. Pero quizás esta ruta no sea la más habitual… pero pueda despertar la curiosidad justa para que merezca la pena empaparse un poco de historia. Sin tanto suspense como Millenium. Sin Lisbeth Salander ni Mikael Blomkvist.

Más fotos de Estocolmo en mi álbum de Flickr.

Turismo político: Obama

Obama Japan

No, no es cuestión de ir a Washington a visitar directamente al presidente de los Estados Unidos. Es una opción, pero dudo mucho que el Servicio Secreto os permita llegar hasta él. Tampoco me refiero a la típica visita a las dependencias de la Casa Blanca, también en la capital americana. Ni a Oslo para ver como le dan el Nobel a Obama o a protestar por este hecho. En esta ocasión, os propongo una visita un poco más exótica.

Este destino requiero de un avión y de unas cuantas-muchas horas de avión, porque Obama, además de ser el presidente de los Estados Unidos, es el nombre de una ciudad portuaria japonesa que tiene unos 32.000 habitantes.

Puede ser un pintoresco complemento a las típicas visitas a Tokio, el monte Fuji u Osaka, por lo curioso del nombre y por el hecho de poner los pies en una típica localidad de costa japonesa.

Esta ciudad supo aprovechar el tirón el presidente. De hecho, si no fuera por él no estarías leyendo estas líneas y yo no las hubiese escrito. Eso lo supo muy bien Seiji Fukiwara, un vecino de la localidad que no dudo en organizar un grupo local de apoyo al, por entonces, candidato demócrata en las primarias.

Puede ser interesante contactar con Fukiwara y tomarse unos makis o unos fideos en algún local típico mientras os cuenta cómo logró organizar a sus vecinos e intentar averiguar si recibieron respuesta a la invitación que le hicieron llegar a Obama para que visitar su ciudad homónima, con folletos turísticos y palillos de comer incluidos. Decidle que vais de mi parte…

Turismo político: el Panteón de los Hombres Ilustres

Si Twitter vuelve a ser atacado y no sabes qué hacer durante tres horas, acércate al Panteón de los Hombres Ilustres de Madrid. Si estás de turismo por la capital y no quieres mezclarte con las hordas de japoneses, franceses e italianos bajo el sol infernal de agosto, acércate a uno de los lugares más tranquilos de la ciudad.

Es uno de los lugares más tranquilos porque poca gente conoce de su existencia. No está en las grandes rutas monumentales. De hecho, no muchos madrileños saben que muy cerca de Atocha se esconde un pedazo interesante de nuestra historia.

Empecemos por el principio: los panteones ya no son lo que eran. Al menos, no lo que eran en la época clásica. Del templo a todos los Dioses a una construcción funeraria, ese es el cambio. Pues bien, a finales del siglo XIX culminaba la construcción de este monumento destinado al reposo de los cuerpos de aquellos hombres ilustres de la historia de España.

Te recomiendo esta entrada de Wikipedia para ver el desarrollo de su construcción, pero sobretodo la historia asociada a la memoria de los próceres de la patria. Verás que ni para ello fue fácil en este país.

En todo caso, volvamos a lo que encontrarás si te acercas al Paseo Reina Cristina. En primer lugar, te sorprenderá encontrarte con un edificio neobizantino en medio de Madrid, con una forma no demasiado habitual y con su mármol gastado por el tiempo.

Cuando te acerques a la entrada verás que este monumento no está entre las prioridades de Patrimonio Nacional –a quien pertenece-, pues el pequeño jardín de la entrada está bastante descuidado.

Pasarás por una pequeña cámara en la puerta de entrada con mosaicos dedicados a la heroicidad y el compromiso con la patria. Tras ella, nadie te impedirá la entrada, ya que no hay nadie. En cuanto pases la puerta, el silencio y la paz que se respiran te conducirá a otra época, a aquella en que los presidentes de gobierno eran asesinados por los contrarios en las calles.

Así, de sopetón, te encontrarás con monumentos funerarios de extrema belleza. Esculturas realizadas por, básicamente, escultores catalanes. Tiene su qué ver como los monumentos dedicados a presidentes de gobierno y políticos españoles los hayan realizado catalanes. Mateo Sagasta, Dato, Cánovas del Castillo, Canalejas… tienen sus monumentos (aunque sólo este último repose ahí).

En el claustro del Panteón hay un monumento funerario conjunto a la memoria de, entre otros, De la Rosa y Mendizábal, el de la desamortización. Coronado por una estatua de la libertad, no sólo las tienen en Nueva York o Madrid. Aunque le falta una punta de la corona y el jardín está muy seco, no deja de ser un espacio de paz en el corazón de la bulliciosa Madrid.

Creo que si la trama Gürtel hubiera ido al Panteón de los Hombres Ilustres a intercambiar trajes por maletines de billetes nadie los hubiera pillado. Ni las supuestas escuchas ilegales hubiesen llegado. Parece ser el último rincón perdido de Madrid y ahí está la gracia. ¿Recordáis ese capítulo de los Simpson en qué Lisa descubre un caso de corrupción en un Memorial al que nadie va nunca? Pues la sensación es parecida.

El Panteón de los Hombres Ilustres os espera. Tenéis algunas fotos en mi Flickr y dejo una reflexión sobre la memoria que ocupan los grandes hombres de la patria en nuestro imaginario para otro día, así te doy tiempo a que lo visites…

¡Ah! La visita es gratuita.

Turismo político: Washington D.C.

¿Pensando en visitar Washington DC? ¿Vas a estar unos días en NYC y no tienes claro si vale la pena acercarse? Si me preguntas a mi la respuesta va a ser muy obvia: no lo dejes pasar. Porque Washington es una ciudad que merece ser visitada, aunque sólo sea para decir que has estado delante de la Casa Blanca.

Precisamente la residencia del presidente es, quizás, el lugar más emblemático. No te voy a dar muchos detalles del edificio (para ello tienes muchos recursos en la Red) pero sólo te comentaré que no vas a ver el Despacho Oval desde las verjas ya que se encuentra en el Ala Oeste, el lugar donde trabajan los asesores senior del presidente. También te diré que es más pequeña de lo que parece y que tiene un agradable parque en su parte posterior, el parque de Laffayette, que será lo primero que veas si vienes por la 16.

El tema de visitarla… infórmate bien. Los ciudadanos americanos deben contactar con su senador, pero creo que nosotros podemos gestionarlo a través de la embajada. Con tiempo, claro está.

Desde la Casa Blanca debes ir a uno de los lugares más mágicos de la ciudad: desde la fachada principal, baja hasta el monumento a George Washington, el enorme obelisco rodeado de bandera americanas. Desde allí verás uno de los lugares más simbólicos: girando un poco sobre ti verás la Casa Blanca, el Capitolio y el Lincoln Memorial; el primer presidente los observa, los vigila…

Estás en el Mall: el regio paseo que te llevará al Capitolio o a la zona de los Memorial. No puedes perderte detalle de ese paseo. Si vas hacia el Capitolio, veras su imponente silueta y podrás pedir los tickets gratuitos para visitarlo por dentro. La visita no es espectacular, pero podrás estar en la Rotunda donde se velan a los próceres de la patria y donde Reagan dio el discurso de investidura de su segundo mandato. También puedes hacer como yo, jurar el cargo de presidente al estilo Obama. Puedes comprar un ejemplar de la constitución en los Archivos Nacionales… ideas que te doy.

Cerca del Capitolio tienes museos gratuitos que te dejaran sin habla, entre ellos la National Gallery y los Smithsonian, en especial el del Aire y el Espacio. También tienes el de historia americana y el de los nativos americanos. Ojo a su fachada.

Y justo al otro lado del Mall, los Memorial. El de la Segunda Guerra Mundial, el de la Guerra de Corea, el de la Guerra del Vietnam… pero para mi, el mejor, sin duda, el de Lincoln. Es como entrar en una iglesia laica: el silencio y el respeto envuelve tu ser. Me conmovió la presencia del presidente tantas veces citado. Y desde allí, la vista del lago y pisar el lugar desde el que Martin Luther King se dirigió al mundo con su sueño.

Voy terminando con los lugares políticos, si en Washington es posible. No puedes dejar pasar la visita al cementerio nacional de Arlington, el lugar donde están enterrados los hermanos Kennedy y soldados y veteranos de guerra. La tumba de JFK impresiona, aunque a mi me pareció preciosa la de Bobby Kennedy. Interesante ver el cambio de guardia con vistas a la ciudad. Desde allí podréis apreciar también el Pentágono.

Y aplícate esta norma: en Washington podrás ver todo lo que quieras ver. Si te molan los lobbies o los think tanks, veras las sedes de decenas. Si te molan las organizaciones internacionales, ahí te esperan la OEA y el Banco Mundial. También tendrás las oficinas del FBI, el Pentágono, el Departamento de Estado (que tuve el honor de visitar)… pero también el Watergate, el hospital al que llevaron a Reagan tras el atentado, la Blair House, los edificios del ejecutivo americano, el hotel de la prensa, el Hay Adams. Mil lugares que algo tienen que ver con la política.

Y como no, sus tiendas. Tiendas de souvenirs políticos, Political Americana en la 14 con Pennsylvania Avenue es muy recomendable, cerca del Club Nacional de Prensa. En el aeropuerto y en los hoteles también encontrarás merchandising político, así como en puestos ambulantes cerca de la Casa Blanca y de la Galeria Corcoran.

Pero Washington también tiene otros espacios. Los Archivos Nacionales son un ejemplo: gente haciendo cola para ver el primer ejemplar de la constitución. Creo que eso no podría pasar aquí… También tiene el punto de saber que cuando veas dos helicópteros pasar volando bajo cerca de la Casa Blanca, es el presidente de los Estados Unidos quien te sobrevuela en el Marine One yendo hacia la base de Andrews. O de golpe ver el tráfico cortado y observar como pasa una caravana con un par de limusinas: puede ser el presidente o el vicepresidente. Estas cosas en DC pasan.

No todo es política. Restaurantes, tiendas y marcha en Georgetown, el mejor barrio de la ciudad. Un lugar en el que no me importaría vivir. Pasea por la M y verás lo más delicioso de Washington, casitas de ladrillo, pequeñas y perfectas. Creo que Kerry vive por ahí. Y sobretodo, diviértete (hasta que cierren, bien temprano) en sus locales. También hay algunos bares interesantes en la zona de Dupont Circle.

Para restaurantes, vuelvo un poco a la política. Cerca de la Reserva Federal y la Casa Blanca está el Old Ebbitt Grill: muy recomendables las ostras, la crema de cangrejo y, como no, los sándwiches y hamburguesas. Digo que es un lugar político porque no es extraño ver a congresistas, senadores y staff de la Casa Blanca dejándose querer por medios y lobbistas.

A partir de aquí, vive la ciudad como más te plazca. Con visitas o paseos. Con compras o conciertos. Con cenas o con comidas. Pero te sorprenderá, estoy convencido. ¿Te pasó lo mismo cuando lo visitaste?

Dejo para otro día la lista de lugares que salen en West Wing… y aquí os dejo un enlace a fotos de mi Flickr.

Turismo político: Berlín

Berlín seguramente sea el destino turístico en que la historia y la política juguetean más con el visitante. En la capital alemana todo huele a historia. En cada paso resuenan los vestigios de un pasado con luces y sombras. En cada esquina se respira el inevitable peso de lo vivido y la enorme responsabilidad de seguir marcando la pauta política para, al menos, sus vecinos del continente.

Si estás pensando en visitar Berlín este verano, espero que en este post puedas tomar ideas para diseñar tu ruta, aunque ya te aviso de una cosa: vayas donde vayas, estarás en algún lugar histórico. Y seguramente, en cuanto pongas los pies en la capital federal, sentirás lo que se ha acuñado como Ostalgie, la nostalgia de la RDA, algo que en una ciudad tantos años dividida es imposible evitar.

Vayamos por partes: para recomendar los mejores sitios que visitar, seguro que habrás leído mil guías de viajes, así que no esperes algo pormenorizado en este post. Eso sí, voy a darte algunas claves que harán más placentera tu visita.

En primer lugar, te recomiendo un juego que hicimos con mi hermana cuando estuvimos en la ciudad: intentar adivinar en qué parte de Berlín estamos. Para ello, te servirá fijarte en los famosos semáforos de Berlín Oriental. El Ampelmännchen, o hombrecillo del semáforo, es el símbolo de las luces de tráfico de la antigua RDA. Con la caída del Muro, se intentó homogeneizar los semáforos en toda Alemania, pero la oposición de los alemanes del Este fue tan fuerte que se mantuvo. De hecho, algunos distritos de Berlín Occidental lo han tomado prestado… ahí radica la dificultad del juego.

La segunda clave es recorrer el antiguo Muro. Será una constante en tu visita, así que no te costará encontrarlo. Pero presta especial atención al pasar por Postdamer Platz: un lugar que durante la Guerra Fría no existía. También es especialmente emotivo pasar por la Puerta de Brandenburgo e imaginar el lugar exacto en que el Muro se erigía imponente. Para seguir con este recorrido, tienes el museo del Checkpoint Charlie, con una completa historia de la separación y los intentos de cruzarlo, así como la galeria de arte al aire libre que tiene en el Muro su soporte; precisamente en el lugar en que se ha conservado un mayor tramo de la barrera.

La visita al Berlín político no es tal sin una vista atrás a los oscuros años del nazismo. Para ello, te propongo que empieces la visita en el Bundestag; el mismo que sufrió el incendio que llevó a Hitler al poder. De allí, tras observar las vistas de la capital y ver la Cancillería, puedes visitar los solares donde estuvo la Gestapo o caminar hasta la Puerta de Brandenburgo, el corazón del Berlín más histórico. Cerca de la puerta está el impresionante monumento erigido en memoria de las víctimas del holocausto. De allí, puedes coger un tren hasta el campo de concentración de Sachsenhausen. Al pasar por el tren, fíjate en la gran cantidad de casitas que tienen la bandera alemana en el jardín, al más puro estilo americano.

Otra parte esencial de tu viaje debería ser la Ostalgie. Y en Berlín no te vas a quedar corto. En primer lugar, es interesante ver las grandes diferencias entre los dos Berlines, pero dentro de la parte oriental, entre la más cercana a Alexanderplatz y los distritos más alejados: veréis como más al este el paisaje es más gris y más pobre. En el distrito oriental no os podéis perder la zona de Alexanderplatz, la torre de la televisión y la zona del ayuntamiento Rojo y el monumento a Karl Marx y Engels. De allí, podéis optar por pasear por Karl Mark Alee y observar los edificios de un marcado realismo socialista hasta acercaros al parque de Treptower. Ahí se esconde el impresionante y vasto monumento soviético a la victoria en la Segunda Guerra Mundial y cementerio de combatientes. No pierdas oportunidad de compararlo con el erigido en la zona occidental. Para seguir con la visita al Este alemán, podéis visitar tanto el Kulturbrauerei y su barrio, el museo de la Stasi o el búnker nuclear de Honecker a unas horas de Berlín.

Y por lo demás, disfruta de una maravillosa ciudad. No te pierdas su gastronomía y sus cervezas, el paseo por sus parques y, si ya eres mitómano al máximo, el lugar desde donde Barack Obama dio su discurso a Europa hace poco menos de un año.

¡Ah! Otro pequeño consejo: llévate impresos o en tu iPod los discursos de Kennedy y Reagan ante la Puerta de Brandenburgo. Escuchálos allí mismo y siente como se te encoge el alma…

Fotos de todo lo hablado: en mi Flickr!