Así serían las elecciones de 1977 si se celebrasen en 2017

Hoy se celebra el 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas tras el fin de la dictadura franquista. España perdió ese día la virginidad con las técnicas de comunicación y marketing político y vivió con entusiasmo la primera campaña electoral de la democracia. Pero… ¿cómo hubiese sido la campaña de 1977 si se celebrara en 2017?

 

1. Los partidos usarían los hashtag sin piedad

Y estarían en los carteles electorales, en la búsqueda perpetua de ser trending topic.

 

2. Los candidatos retransmitirían la campaña en tiempo real

Y hubiésemos tenido tweets de Felipe González contándonos que estaba en la noche electoral informativa de El País. Por ejemplo.

 

3. Los himnos serían a ritmo de reguetón

Los partidos habrían abandonado el estilo Jarcha y hubiesen abrazado la ya tradición española del reguetón y Henry Mendez hubiese apoyado a UCD con su versión del himno.

 

4. Carrillo no podría fumar en su spot

Con la aplicación de la Ley 42/2010, se puso coto finalmente al tabaco en espacios públicos España, aunque la prohibición de fumar en el lugar de trabajo es anterior. Con todos antecedentes, más la regulación publicitaria, Santiago Carrillo no podría haber salido fumando en televisión.

 

5. Haríamos memes

No sería campaña si los usuarios no nos diera por hacer memes…

 

6. Los candidatos usarían Instagram Stories

Y Fraga nos contaría lo bien que se lo pasa con Arias Navarro en un mitin.

 

7. Estas fotos hubiesen sido trending topic

Estas fotos de Alberto Schommer a las principales candidaturas, hubiesen sido trending topic. Y carne de meme.

 

8. La campaña la veríamos en Facebook Live

Y así podríamos seguir a Fraga, vaya dónde vaya.

 

9. El debate lo moderaría Campo Vidal

El cara a cara entre Suárez y González lo hubiese moderado Campo Vidal.

 

10. Y se seguirían haciendo fotos de monjas votando

Que es una tradición electoral bien bonita.

Colega, ¿dónde está mi Twitter?

Si algo podemos afirmar con rotundidad en esto de Internet, es que cambia a la velocidad del rayo. Está en constante evolución y cada día puede ser, en sí mismo, un nuevo reto. Es, de hecho, la rapidez en su evolución la que nos pone de frente a nuevas situaciones a las que dar una salida. Y el último ejemplo nos llega de la identidad digital del gobierno británico.

Lo vimos con Obama: ¿cómo debía mostrarse el cambio de administración en la Red? ¿Cómo debía materializarse ese cambio en la identidad digital de la Casa Blanca? Su modo de hacerlo fue, en sí mismo, noticia. Mientras juraba el cargo, la web de la Casa Blanca se renovó completamente y se añadieron nuevas secciones, como el blog de la mansión más famosa del mundo. Desde el minuto uno de la presidencia, Obama contaba con todas sus herramientas 2.0 en perfecto estado de revista.

En ello, el tiempo jugó un papel esencial. No es lo mismo tener casi tres meses para preparar la transición a cambiar el inquilino del 10 de Downing Street en menos de una semana. Así, la administración Brown siguió actualizando algunos de sus canales, como Twitter, hasta el mismo día 11 de mayo. Ya con Cameron como Primer Ministro, se empezaron a producir cambios, aunque se produjo un silencio (permítanme la broma, administrativo) hasta el 19 de mayo en algunos espacios como el mismo Twitter.

La web del Número 10 cambió entre el día 11 y 12 de mayo, así como los perfiles en YouTube y Flickr –que han pasado a tener el mismo nombre para facilitarle las cosas al usuario-. Decisiones que han desconcertado a algunos usuarios –el propio Twitter ha mantenido usuarios pero también ha cambiado el nombre-, pero que parecen necesarias para mostrar una nueva era.

En esa nueva era también habrá espacio para los vídeos que han hecho famoso a David Cameron. Webcameron, como es conocido, está determinado a mantener el contacto con los ciudadanos a través de los vídeos online. Un pequeño gran cambio como el introducido por Obama con sus discrusos semanales, que pasaron de ser radiados a aparecer también en la Red.

Estos ejemplos no son frivolidades: en Reino Unido tienen suerte de contar con un equipo online formado por cinco funcionarios que no cambian pese al nuevo gobierno. Y es una suerte porque, a estas alturas del partido, no son pocas las administraciones que han abierto sus espacios en la Red y están configurando su identidad digital. Espacios que, por su facilidad de uso, nacen como setas… pero que no siempre cuentan con un procedimiento claro para el día que llegué otro al despacho a conversar.

¿Están preparadas las administraciones para ello? ¿Qué pasará con @desdelamoncloa tras las elecciones? ¿Los canales de la Generalitat de Catalunya en Twitter, serán cedidos amablemente al nuevo gobierno? ¿Están previstos estos cambios en nuestras normas? Quizás, en los próximos meses oiremos mucho eso de “Colega, ¿dónde está mi Twitter?”

Mr. Obama goes to Washington

Hoy publico el siguiente artículo en La Vanguardia:

 

Quizás alguna edición de periódico en algún lugar del mundo tituló a inicios de esta semana con “Mr. Smith goes to Washington”, el título de la famosa película de Frank Capra, la llegada del presidente-electo de los Estados Unidos a su capital federal. Podríamos relatar ese momento con un tono épico, como el que sabía utilizar Federico Trillo al hablar de la reconquista del islote Perejil, pero pese a llegar en un avión de la Air Force igual que los que utiliza el presidente, no se trataba de ninguna operación de rescate para darle ese tono.

Lo que sí supone la llegada de Obama a Washington es un momento histórico, como todos los pequeños hitos que estamos viviendo desde el pasado 4 de noviembre. La toma de posesión se acerca y poco a poco se intensifica esta carga simbólica-histórica que rodea al presidente-electo. Hablemos un poco de este período. Soy consciente de la dificultad en comprender un proceso de transición de poder tan largo: en nuestro sistema político vemos como, en cuanto hay una mayoría parlamentaria que sustente al presidente (ya sea del gobierno español o de cualquier comunidad autónoma) éste se somete a una votación de investidura que lo convertirá en jefe del ejecutivo. Jurará o prometerá su cargo y formará su gobierno. Hay casos y casos, pero no nos situamos en los casi dos meses y medio de período entre administraciones que se da en el país del Tío Sam.

¿Por qué se produce este período tan extenso? Hay razones históricas y políticas. El sistema diseñado por los padres fundadores tenía poco espacio a la improvisación y todas las decisiones tenían una razón de ser. La más imperiosa, sin duda, se refiere a la necesidad de cambiar completamente la Administración, o sea, del nombramiento de más de 2.000 cargos durante este tiempo. Algunos cargos son de aprobación directa del presidente, pero otros deben ser ratificados por el Senado. Esta es otra muestra de la voluntad de tener poderes separados y que se controlen entre sí por parte de los fundadores. Es una cuestión operativa: no es fácil borrar del día a la mañana a 2.000 cargos gubernamentales.

Más allá de las razones políticas también existen razones históricas. Hasta 1937, la investidura tenía lugar el 4 de marzo siguiente a las elecciones. Este excepcional período de tiempo respondía a lo que podían tardar los miembros del colegio electoral en emitir sus votos presidenciales y desplazarse por el país. Afortunadamente, la revolución en los medios de transporte ha dejado ya en una mera consideración de operativa política el extenso período.

Durante estos dos meses y medio, el papel del presidente-electo no es fácil, como tampoco lo es el del presidente saliente. Estos meses sirven para que el primero forme su ejecutivo, presente a sus miembros y dé pistas sobre sus acciones futuras, tal y como hemos visto hacer a Obama desde su victoria electoral. El segundo, suele usar este tiempo para pasar leyes más impopulares o incómodas. Seguramente Bush, como otros presidentes, haga uso de su poder de indulto antes de abandonar el Despacho Oval y utilice las últimas bocanadas de aire de su presidencia para pensar en aprobar otras medidas impopulares: ahora ya no necesita una reelección.

La política y la economía mundial se resienten de esta situación. El hecho que la persona al mando de la mayor potencia del mundo tenga ya una fecha de caducidad, merma su poder e influencia, tal y como estamos viendo en la crisis de Gaza. Tampoco hay muchas esperanzas que Estados Unidos ejerza una presión tal contra Israel para que considere sus ataques. Tampoco ocurriría con Obama en el Despacho Oval, pero sin duda la indefinición del momento es más palpable que nunca.

La Transición también tiene efectos en la confianza de los inversores y consumidores. Aunque el contexto está más enrarecido que nunca, es probable que reciban a Obama con un aumento en la confianza del sistema, pues se espera de él -y no porque sea mejor que otros, sino porque será la persona al mando- que dé los primeros pasos hacia la recuperación.

Para bien o para mal, la toma de posesión se acerca de manera imperiosa. Los preparativos que ya estaban en marcha en noviembre, con una vista del Capitolio llena de andamios y maderas, así como el ala norte de la Casa Blanca, están llegando a su fin. Las entradas para el juramento de Obama están agotadas y los bailes presidenciales se ultiman. The Blair House, la casa de invitados de la Casa Blanca, aún no ha sido cedida a los Obama por parte del presidente Bush, un retraso que tiene mucho de político. Así que los Obama vivirán en el famoso hotel Hay Adams como residencia. Este hotel está situado en la calle 16 y sólo un parque lo separa de la residencia presidencial. El edificio que, dicen, alberga un fantasma, es el lugar usado por la prensa internacional para dar sus crónicas desde la capital americana. Seguramente se habrán fijado en muchas ocasiones que tras el periodista aparece la Casa Blanca y el monumento a Washington en una perspectiva impresionante. Pues bien, está tomada desde el hotel que hoy aloja a Obama.

En Estados Unidos todo lo relacionado con la presidencia tiene un aire a ritual que maravilla. Estamos a pocas semanas de experimentar uno de sus momentos clímax, la toma de posesión. La semana que viene les daré más detalles de esta ceremonia que guarda el espíritu de la tradición, la solemnidad y el poder político de la carga que tiene un discurso inaugural.