Las mejores series de televisión

El género político no es, sin lugar a dudas, el más recurrido en el mundo de la ficción televisiva. Abogados, asesinos, forenses, médicos, incluso gente perdida en una isla; son los auténticos líderes en los guiones de las series que, ya sean producidas en la meca norteamericana o en suelo europeo, tienen más que fieles seguidores.

Pero sí, la política también genera buenos guiones. La tramitación de una ley puede dar para una trama que quite el sentido. Y unas elecciones pueden dejar a millones de espectadores con el cuerpo en tensión. De hecho, incluso podemos ver con otros ojos la política si lo hacemos a través de las series. Lo que no queda tan claro es si, en este caso, la televisión es lo bastante potente como para cambiar las pautas de los que ven este tipo de series.

Me explico. Soy fruto de la generación “Periodistas”. De los que al ver la serie de Telecino deseaban ser periodistas y la demanda en las facultades subió de forma inesperada. ¿Pasa lo mismo con los que ven series políticas? ¿Llenan las oficinas de los partidos para afiliarse? Creo que no.

En todo caso, para los que quieran ver algo más que policías y médicos en televisión, ¿qué os parece dar un repaso a las cinco mejores series de televisión políticas de todos los tiempos?

1. El Ala Oeste de la Casa Blanca.

Casi no necesita presentación, es un clásico entre la mayoría de lectores y lectoras de este blog y en más de una ocasión ha sido protagonista de algunos posts. Para los que se acercan de nuevo a esto de las series políticas, El Ala Oeste de la Casa Blanca o The West Wing es la mejor serie política de todos los tiempos. Como su nombre indica, la serie se sitúa en la mansión presidencial y muestra los pormenores de una administración demócrata.

El presidente Bartlett (Martin Sheen) dirige el país con su particular modo de ver y hacer. En la serie se observan los entresijos del mayor centro de poder con unos detalles nunca vistos y con una trama más que interesante. Su creador, Aaron Sorkin, recrea como pocos la realidad política americana y llega a hacer de la serie una delicia y una pieza didactica para entender la política del país. No se pierdan a CJ Cregg, la secretaria de prensa del presidente ni a los papeles de Josh Lyman y Leo McGarry.

La serie, que es la mayor ganadora de Emmys de la historia –empatada con Hill Street Blues- tiene siete temporada y puede comprarse entera en un cofre.

2. Sí, señor ministro.

Esta serie es la gran predecesora de El Ala Oeste, aunque no tiene nada que ver. Tal y como comenta Toni Aira en el prólogo del libro homónimo que acaba de traducir al catalán, los ochenta fueron los años de las series británicas y ésta es la muestra que política, ironía y humor son perfectamente compatibles.

Sí, señor ministro nos muestra el día a día del ministro de asuntos administrativos del gobierno de Su Majestad, James Hacker. Una rutina ciertamente especial: debe luchar cada día con Sir Humphrey Appleby, el secretario permanente del Ministerio que hará todo lo posible para que nada cambie. La serie muestra como pocas la tensión entre el poder político y la administración pública. La lucha entre gobernantes y funcionarios. Por algo esta serie protagonizó algunas clases de la carrera…

La serie cuenta con 38 episodios y una secuela televisiva, “Sí, primer ministro”. Puede comprarse en sitios como Fnac y está traducida al castellano, al catalán y al euskara. La serie de la BBC era la favorita de la primera ministra Thatcher. Para completar el pack, el libro homónimo de los creadores de la serie, Jonathan Lynn y Antony Jay es una excelente elección. Ha sido traducido al catalán por Aira y contiene los mejores argumentos de la serie, disponible para quien quiera tener las lecciones de Appleby bien palpables.
3. 24h.

A diferencia de las anteriores la trama no es estrictamente política, pero las aventuras de Jack Bauer, un agente federal de la unidad contraterrorista, tienen mucho que ver con la política americana. De hecho, existe en la serie el rol del presidente del país que, mucho antes del efecto Obama, estaba protagonizado por un actor afroamericano. La propia trama de Bauer en la lucha contra los terroristas se mezcla en demasiadas ocasiones con el juego de poder y con la propia Casa Blanca.

También está disponible en packs.

4. Commander in Chief.

Esta es la historia de una mujer presidente de Estados Unidos y fue el gran fiasco de la cadena ABC para intentar quitarle algo de protagonismo a la presidencia televisiva de Bartlet. Lo más atractivo de la serie es la situación: un presidente republicano que eligió a una mujer independiente como compañera de ticket muere. De repente, una administración republicana se encuentra con una mujer al frente que no comparte al 100% sus visiones.

Aunque la serie peca de lugares comunes y el primer capítulo está bastante mal realizado, muestra situaciones realmente morbosas, como encontrarse con un Primer Caballero que no quiere ser Primera Dama, un Congreso que no tiene un aliado en la Casa Blanca o una presidenta que no tiene partido para presentarse a la reelección. Tema interesante pero mal ejecutado y la calidad interpretativa de algunos actores es bastante dudosa. Como la de los decorados. Por cierto, para los mitómanos de los 90, el actor que daba vida a Zack Morris en “Salvados por la campana” es un apuesto consultor político en la serie.

No puede comprarse en tiendas Ciro comenta que sí puede comprarse en tiendas y también por Internet.

5. Moncloa, ¿Dígame?

La España de la mayoría absoluta de Aznar empezó con una apuesta televisiva que duró dos telediarios. Aunque ahora parezca mentira, Telecinco era en ese momento uno de los azotes al gobierno popular desde programas de éxito como Caiga Quien Caiga o esta serie.

El show, que tuvo sólo 13 capítulos, fue obra de El Terrat y la versión oficial es que cayó de la parrilla por la poca audiencia, aunque era más plausible que lo hiciera por presiones gubernamentales.

Esta fue la primera y única serie política en España y mostraba el día a día del departamento de prensa de Moncloa. Anna Maria Barbany, Manuel Manquiña y Javier Veiga estaban espléndidos interpretando a los protagonistas y dando vida a un guión divertido y esperpéntico.

La serie no puede encontrarse.

¿Pondrías alguna otra serie en el Top5?

Internet y política 2.0

En los últimos meses he tenido oportunidad de hablar con mucha gente, de edades, sectores, profesiones y partidos muy distintos; sobre el uso de las nuevas tecnologías y la comunicación. Las reacciones pasan desde los convencidos, a los ignorantes, los incrédulos y, por qué no decirlo, los reticentes a ver cómo las cosas cambian.

Desde septiembre de 2007, cuando terminé mi estudio sobre el uso de internet en la política española y catalana (que os podéis descargar aquí) hasta hoy, las cosas han cambiado. Sobre todo en el uso por parte de partidos y políticos de estas herramientas, aunque las reacciones hayan cambiado muy poco. No obstante, poco a poco, las percepciones se van modulando.

La campaña electoral estadounidense ha tenido mucho que ver con el movimiento, muchas veces táctico, de la clase política en nuestro país. Y seguirá jugando un papel esencial. Tal y como señalaba Ravi Singh, uno de sus asesores, en el Seminario de MAS Consulting el pasado mes de noviembre, el uso de Internet en la política no tiene marcha atrás.

Es evidente que a los más convencidos en sus capacidades, entre los que me incluyo, nos gustaría ver una mayor actividad de nuestros líderes en la red. Nos gustaría ver como el presidente Zapatero nos habla y nos escucha desde internet. Lo mismo con el presidente Montilla. Nos gusta la presencia de Benach, o compartir debates parlamentarios con Carles Puigdemont, José Antonio Donaire o Montserrat Capdevila.

Nos gusta ver cómo los militantes son activos en sus congresos. Nos gusta poder participar en sus actos como invitados. Nos gustan los vínculos políticos que se establecen y nos gusta tener una comunicación directa.

Por ello, la política sólo puede hacer una cosa: abrazar este mundo comunicativo.

Pero por la misma regla, no nos gusta que nos tomen el pelo. Nos faltan al respeto cuando se utilizan bloques sólo durante los quince días de campaña. O cuando un político que se abre la esfera, no responde. No, no nos gusta.

No obstante, la situación es la que es. En la vieja Europa, y en especial en la piel de toro, nos hemos dado cuenta que la acción política en Internet funciona, sirve para algo. Tenemos dos oportunidades de oro para verlo en las elecciones gallegas y vascas del próximo mes de marzo. También veremos qué pasa con las elecciones europeas de junio.

La situación hoy tiene dos ejemplos claves. Jueves 15 de enero. El Mundo da la portada a una noticia que tiene la comunicación política en su punto de mira. Bueno, en realidad tiene en punto de mira a Rajoy y su vulnerabilidad, pero lo que más importa es que el segundo diario en difusión en España y uno de los más visitados en la red, abre con un rotundo «Rajoy reúne un grupo asesor para mejorar su imagen pública «. El candidato popular ha decidido, al margen de los canales oficiales del partido y con una reunión informal sin su principal asesor de comunicación, pedir ayuda para hacer una comunicación más directa con las nuevas tecnologías.

De hecho, ya han presentado la web «Queremos«, que busca la participación de los jóvenes usuarios de internet. Y los próximos 24 y 25 de enero, están moviendo una quedada a través de Facebook, en el marco del primer Foro Abierto del partido.

Estos aires de cambio también llegan a Moncloa. Encuentro muy interesante la web del Plan E que ha presentado el ejecutivo. Interesante sobre todo por las carencias que tiene, es decir, va vestida con un vídeo del presidente, pero no deja de ser una web estática donde el ciudadano no puede ser escuchado.

Todo lo contrario de la última iniciativa del equipo Obama. Si el presidente-electo ya rompió moldes al afirmar que haría un video semanal en YouTube, cambiando la tradición del discurso radiado del Presidente, el equipo de transición informó esta semana de la creación de un nuevo mecanismo de comunicación entre la ciudadanía y el presidente.

Con un claro mail titulado «Give your ideas directly to the President», han creado el llamado «Citizen’s Briefing Book«, un espacio donde los usuarios, registrados, pueden aportar ideas, comentarlas y votarlas. Las más votadas, serán presentadas al Presidente. Toda una novedad, mucho más directa que -me viene a la cabeza- las iniciativas legislativas populares -aunque con menos protección jurídica-, más fácil, más interactiva y más comprensible.

Tendremos que prestar especial atención a la experiencia Obama, porque tiene todos los números de convertirse en el primer presidente que tendrá internet como una herramienta de trabajo real y no como un compromiso; traspasando el propio eje de campaña electoral con el medio. Sarkozy puso un espía en la red, pero Obama pone la red a trabajar. 

Se reconoce la resistencia al cambio a simple vista. El pasado martes tuvo lugar un acto muy interesante en Convergència. Una mesa redonda sobre política y las herramientas 2.0, con tres ponentes de excepción: Antoni Gutiérrez-Rubí, Toni Aira y Jordi Segarra. El acto, organizado por la sectorial de nuevas tecnologías, apuntó a todas estas cuestiones. Las personas que organizaron el acto, como Roc Fernàndez o Marc Pallarès saben muy bien de qué se trata … pero entre el público aún existían preguntas que ponían el freno o quitaban importancia al medio. Normal, pasa en cada casa. Pero estoy convencido de que en un período más corto que largo, estas reacciones habrán dejado paso a otras: ¿cómo profundizar en el medio?. Tiempo al tiempo.