Presentación de “Explica’t amb una història. Onze claus per construïr un relat guanyador”

El pasado martes pudimos debatir con Pau Canaleta la importancia del relato en la comunicación política en la presentación de su libro “Explica’t amb una història. Onze claus per construïr un relat guanyador”. Una ocasión de lujo para ver hasta qué punto el relato nos ayuda a comunicar mejor.

Para los que no pudieron asistir, os adjunto en el post el vídeo que ha editado el Centre Cultural Blanquerna de la presentación. También podéis encontrar algunos posts como el de Josep Maria Rochera sobre el evento.

Gracias a todos y a todas por acercaros a Blanquerna y al Centre por su apoyo en la celebración de la presentación.

Las citas de comunicación política de este enero

El año no podía empezar con una nota más marcada en comunicación política. Este mes de enero participo en dos eventos que os cuento en este post.

El próximo 18 de enero Pau Canaleta presenta su libro en Madrid. Será en el Centre Cultural Blanquerna de la calle Alcalá, en pleno centro de Madrid. A escasos metros del Cervantes o del Círculo de Bellas Artes, presentaré la última obra de Pau, una interesante manera de acercarse al storytelling con “Explica’t amb una història. Onze claus per construïr un relat guanyador“. La entrada es libre y tras mi introducción, Canaleta nos dará algunas claves para construir relatos ganadores para políticos y para cualquier persona, empresa o institución que necesite comunicar mejor. Más detalles, en el evento en Facebook.

A finales de mes, Barcelona acoge el primer Congrés de Comunicació Política de Catalunya (CCPC). Será en la Facultad de Comunicación de Blanquerna (Universitat Ramon Llull), y durante dos días pasarán algunos de los mejores profesionales del país. En las dos jornadas veremos aspectos como el candidato, la oratoria, estrategias, lobbies, comunicación política online o la propia figura del consultor. Antoni Gutiérrez-Rubí, Joan Navarro, Toni Aira, Xavier Peytibí, Juan Víctor Izquierdo, Àstrid Alemany, Daniel Ureña, Yago de Marta, Àlex Terés, Saül Gordillo, Yuri Morejon, entre otros, son los ponentes del Congreso.

Moderaré la mesa “Estrategias de campaña” en la que participan Àlex Terés, Àstrid Alemany y Mikel Cabello. El Congreso se celebra los días 27 y 28 de enero y podéis consultar más detalles en su web. Os esperamos.

Blanco, el ministro brujo que sabía de comunicación

Muchas personas en este país, especialmente aquellos que se sientan diariamente en una tertulia de las que no escasean en radio y televisión, no acabaron de digerir eso de ver a un ministro sin estudios universitarios al frente de una cartera tan importante como la de Fomento. Las infraestructuras del país en manos de un bachiller al que, para más inri, apodaban brujo, o bruxo de Palas de Rei. No lo acababan de ver. Aunque al cabo de muy poco tiempo, su opinión cambió. ¿Fue cosa de la magia?

En realidad, la única magia que ha aplicado el gallego ha sido entender lo que supone ser ministro. Y actuar como tal. Desde el primer día, se puso el traje de miembro del Consejo de Ministros y no ha cesado en su empeño por ser lo más parecido a la imagen que los españoles esperan de un ministro. Como bien apuntaba Pau Canaleta a las pocas semanas de su nombramiento, Blanco cambió su manera de vestir. Pero también desde ese momento empezó a tejer su propia historia personal.

Pero quizás la parte que algunos podrían considerar magia negra –aunque sólo es entender el valor estratégico de la comunicación- es su dominio del relato. Un relato con un protagonista –el ministro- y un antagonista –los controladores aéreos-. Un relato con episodios –en enero ya tuvo su gran enfrentamiento, cuando les acusó de ser una casta laboral-, una historia que avanza y que ahora llega a su momento clave: la supuesta huelga encubierta en plenas vacaciones.

Y justo en esa situación aparece la magia de la comunicación en estado puro. El farol –o no, ya veremos si llega a cumplirse- de la movilización del ejército para cubrir los puestos de esos controladores que están faltando a su puesto de trabajo y están fastidiando los pocos días de descanso de muchos españoles en un año especialmente gris por la situación económica. Ahí, justo ahí, la gran metáfora del sacrificio del ministro en aras del bien de los ciudadanos que sólo quieren llegar a su destino.

Así se forja un mito. Quizás el gallego se haya inspirado en el presidente Reagan, que en agosto del año 1981 llegó a despedir de forma fulminante a los casi 11.400 controladores aéreos que habían declarado una huelga ilegal.

Blanco aplica además lo que tan bien resume Luntz: no es lo que dices, es lo que la gente oye. O en este caso, no es lo que haces, es lo que la gente ve que haces. Y ante una huelga encubierta cuando todos deseamos ir de viaje durante nuestras vacaciones, nos es muy fácil ponernos en la piel del ministro y apoyarle. Aunque los controladores digan que su propuesta no es viable.

Es curioso porque Blanco comparte ese don por el relato personal con otra de las personalidades que mejor dominan la escena política y de la comunicación, Esperanza Aguirre. La presidenta también sufrió una huelga, aunque su reacción no está en la misma división que la del ministro. Aguirre tiene la suerte de tener una oposición débil y el dominio de la opinión pública que tapó algunos de los aspectos más polémicos de la huelga del Metro de Madrid, como la falta de previsión ante el parón general o la triste realidad que la huelga ha costado más dinero que el recorte que la presidenta proponía.

Quizás el relato tenga un final feliz para Blanco. Como en los cuentos, quizás consiga ser el inquilino de Moncloa –o al menos eso creen muchos-. Pero más allá del resultado, la realidad es que Blanco demuestra tener algo que no todos los ministros y políticos con carreras universitarias tienen: olfato político e inteligencia emocional. El ex ministro Boyer decía hace unas semanas que a este ritmo sólo llegarían al poder ministros analfabetos. Blanco no será universitario pero demuestra estar más que alfabetizado en la gestión de situaciones tensas y difíciles. Algo que no se aprende en muchas aulas. Quizás por ello, hoy ya nadie cuestiona al héroe de la historia.

Los políticos tienen mucho cuento

Uno de los recuerdos más vivos de mi infancia son los cuentos que mi madre nos contaba cada noche. La mayoría de las veces no era la lectura de alguno de los cuentos más famosos de nuestra cultura, sino que se los inventaba ella misma para darnos alguna moralina sobre, seguramente, la enésima pelea del día con mi hermana.

Cuando me tocaba dormir en casa de mis abuelos, un tío de mi madre solía contarme cuentos también, casi siempre los grandes clásicos: los tres cerditos, caperucita… Clásicos que hemos compartido generación tras generación y que son unos grandes trasmisores de valores.

Lo que en ellos se cuenta,  ha ayudado a forjar nuestro sistema de valores. Sabemos que debemos decir siempre la verdad y ser creíbles, para que no nos dejen solos con el lobo cuando finalmente aparezca. Tenemos consciencia de la necesidad de trabajar duro durante el verano, como la hormiga o ser incansables trabajadores como el cerdito de la casa robusta. Los cuentos han hecho mucho por nosotros, aunque no seamos conscientes.

Según el psicólogo Drew Westen, apelar a los mismos valores que hemos heredado de nuestros padres a través de los cuentos, debe ser una prioridad en el discurso político. En primer lugar, porque al tenerlos interiorizados nos es más fácil apelar al centro de esos valores. En segundo lugar, porque facilita la comprensión, al ser algo ya aprendido y familiar y, en tercer lugar, por las virtudes narrativas que tienen este tipo de historias.

No es que los políticos deban contar cuentos como si fuéramos niños a punto de acostarnos, sino que debemos adaptarlos siempre que sea posible.

No sé si conocéis la narrativa americana, pero uno de los grandes cuentos infantiles es una bonita historia llamada “The little engine that could”. Este verano pude echarle un vistazo en una librería americana en Amsterdam que me quitó el sentido, y estuve a punto de comprarlo. El cuento, con muchos dibujos y poca letra, viene a contar la historia de un pequeño tren de mercancías que transporta juguetes, muñecos, caramelos, etc. para hacer felices a los niños y niñas de un valle próximo. El tren, cargado de sueños e ilusión se dispone a llegar a allí, pero mientras sube la montaña, la máquina se rompe.

Esa carga tan especial ve pasar a un gran tren de pasajeros (el equivalente a un AVE, para entendernos) y le piden que les lleven, que los niños están esperando recibir todas esas cosas. El tren les dice que no, que es demasiado importante para llevarles. Tras él, pasa un enorme y fuerte tren de mercancías, que al ser requerido a hacer lo mismo, les rechaza apelando a que es una máquina demasiado buena para ello, y que además, está ya cansada. Finalmente, aparece una maquinucha azul, pequeña, insignificante… La carga es demasiado grande para ella, pero acepta llevarles al valle.

La pequeña locomotora azul se repite todo el camino “I think I can” –creo que puedo- y lo va diciendo todo el tiempo, haciendo gala de confianza y fe en lo que está haciendo. “I think I can, I think I can, I think I can, I think I can, I think I can…” repite sin cesar, hasta que cruza el monte y llega al valle donde los niños esperan la recompensa.

En pocas páginas, toda una historia de superación de dificultades, de creer en uno mismo, de hacer el bien, de ayudar al prójimo, de orgullo, de superar las divisiones, de combatir a los que miran por encima del hombro… Un gran conjunto de mensajes a transmitir.

Y esta historia del pequeño tren azul que podía, ¿no os recuerda mucho a una campaña que decía “Yes, we can” todo el tiempo? ¿No os recuerda a un candidato que era el peor posicionado para ganar unas elecciones presidenciales? ¿No os recuerda a un mensaje político que decía que era preciso arrimar el hombro por un bien común? ¿La pequeña locomotora no es Barack Obama?

¿Y nuestros políticos, representan a alguno de nuestros personajes de los cuentos?