El PP no quiere que veas estas fotos

La exposición «Fragments d’un any – 2009», organizada por la Unió de Periodistes Valencians en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM) ha sido retirada. Según indican desde la Unió, se han sentido censurados por la Diputació de València, gobernada por el Partido Popular. La exposición muestra varias instantáneas políticas del 2009, entre ellas, algunas relacionadas con la trama Gürtel

Pero estas son las fotografías retiradas. Aunque muchas ya las habrás visto, el PP no quiere que las veas:

Anchoas en una biblioteca presidencial

Las declaraciones de Rita Barberá han dado lugar a todo tipo de comentarios y han alimentado decenas de tertulias: ¿está aceptando que Camps recibió regalos al equipararlo con las anchoas que recibió Zapatero de manos del presidente de Cantabria? ¿O la comparación no llega a tanto?

En todo caso, la comparación es muy desafortunada, independientemente de lo que quisiera decir. En el debate ya se ha introducido el primer análisis: la aceptación tácita de una ilegalidad y la defensa del presidente de la Generalitat con un débil argumento. En todo caso, las anchoas cántabras, en tanto que regalo institucional, me dan pie a introducir una costumbre americana.

Al finalizar el mandato de un presidente, la Oficina de Bibliotecas Presidenciales (Office of Presidential Libraries), órgano de los Archivos Nacionales, recopila y sistematiza la documentación y los regalos que un presidente ha recibido para ser archivados y expuestos en las llamadas Presidential Libraries.

No son bibliotecas strictu senso, pero si un espacio donde toda la documentación asociada a un presidente es conservada y puede ser consultada. En la actualidad existen 13 bibliotecas (generalmente en los estados natales de los presidentes) repartidas por todo el país y George W. Bush tendrá la suya construida hacia 2013, con un presupuesto de 200 millones de dólares, en el campus de la Universidad Metodista de Dallas. En ella, por cierto, se contendrá también la pistola de Sadam Hussein, uno de los 40.000 regalos recibidos durante su mandato.

Unas anchoas cántabras no pueden compararse a la pistola de Hussein, como tampoco a unos trajes recibidos por un particular con intereses en la actividad del gobierno de la Generalitat Valenciana. Por mucho que Barberá pretenda hacer pasar ese regalo por institucional.

No sé qué ocurre cuando un cargo público recibe un regalo institucional –más allá de unas perecederas anchoas que bien merecerán ser catadas con un poco de pa amb tomàquet- pero lo que seguro que no conllevan son contrapartidas. Aunque tampoco merezcan un archivo al estilo americano.

No sé hasta qué punto convendría adoptar un sistema como el americano para un problema –el de los regalos institucionales- que nunca hemos tenido. Lo que sí es conveniente es conservar la memoria y la actividad de los presidentes, más tras el fallecimiento de Calvo Sotelo o la enfermedad de Suárez. En Catalunya nuestros expresidentes cuentan con sendos centros de estudios, que mantienen la actividad institucional de estos servidores públicos. Aunque, claro está, nosotros no tendríamos nunca un Air Force One dentro de uno de estos centros.

Unidad

Rita Barberá ha sido la artífice de una fotografía y una puesta en escena que ha conseguido captar hoy la atención de todos los medios: una atípica comparecencia en miércoles de Mariano Rajoy rodeado de la plana mayor del partido como respuesta a las dos tramas de delitos presuntamente cometidos por miembros del partido conservador.

Poco podía imaginar, cuando he pasado por la puerta de Génova 13 esta mañana, que el PP conseguiría marcar la agenda mediática del día. Es justo reconocer que la imagen acompaña a las acusaciones más o menos encubiertas de Rajoy sobre la jornada de caza del ministro Bermejo y el juez instructor de una de las dos tramas, Baltasar Garzón. También es justo reconocer que Rajoy refuerza el ritmo que Esperanza Aguirre había marcado: ante los ataques, contraataque.

Como imagen y como momentum comunicativo, es impecable. Ahora bien, no estoy convencido de los efectos a largo plazo de esta acción. Si las investigaciones judiciales son certeras y los encausados acaban con una condena sobre sus hombros, la defensa a ultranza de la honorabilidad que la plana mayor del PP está haciendo podría verse tocada. Y lo que es más importante pondrá de manifiesto que una puesta en escena impresionante no esconde lo que dicen unas investigaciones en curso: más de 30 personas acusadas de delitos graves, más un caso de supuestos espionajes que atenta contra las libertades fundamentales.

La acción del PP hay que entenderla como una salida hacia para reflotar un barco que amenaza con hundirse justo cuando hay dos elecciones en ciernes: por mucho que se puedan hacer elucubraciones sobre el momento en que la causa se hace pública, los supuestos delitos no dejan de ser delitos graves. El culpable no podrá ser nunca un juez instructor: lo será quien ha cometido delitos.

Esta es una variable que me falta, no obstante, de la impecable acción comunicativa de la plana mayor del partido. Los ciudadanos tienen criterio y saben ver cuando un partido es amenazado injustamente y cuando no. En un contexto de crisis, la corrupción se vuelve más criticable que nunca. Y la sensibilidad social es más acuciante que nunca.