La pasión pudo con la corazonada

El carro de Platón se quedó ayer en la cuneta. Para el filósofo nuestra mente es como un carruaje tirado por dos caballos –la emoción- y guiado por la razón. Si los dos caballos no se ponen de acuerdo, la razón es la responsable de sacar el látigo y devolver el carruaje a su senda. Pero ayer –de hecho, como siempre- la razón no pudo controlarlo y se quedó en el camino.

La sesión del CIO mostró, una vez más, que el aspecto emocional ocupa un lugar preeminente en la toma de decisiones. Sólo así puede entenderse el hecho que la mejor candidatura, Madrid, no se llevará los Juegos. En frío, la capital española presentaba la mejor apuesta: el 70% de las instalaciones construidas, un sólido apoyo gubernamental y popular, una apuesta segura para el movimiento olímpico. Pero fue el fondo emocional de Río de Janeiro lo que se llevó el gato al agua.

La corazonada de Madrid funcionó: hoy Madrid es una ciudad más cohesionada que nunca, con un mayor orgullo de ser madrileños y con un proyecto que ha unido durante los últimos 8 años a la ciudad por un objetivo común. Pero al parecer, esa corazonada no logró penetrar en los corazones del centenar de miembros del CIO que debían tomar la decisión.

No sólo la apuesta de Madrid era perfecta, su presentación fue impecable. Y el apoyo de Samaranch impagable. Pero nadie pudo hacer frente a un relato ganador como el que presentó Lula, un hombre enamorado de su tierra, emocionado con su proyecto y comprometido con reparar injusticias.

Precisamente por su relato personal, un presidente de éxito que ha obrado un auténtico milagro en Brasil, podía apelar y defender como nadie la reparación de una injusticia histórica: llevar los Juegos allí donde nunca se habían celebrado. Sólo él, por su historia personal, podía pedir a los miembros del organismo olímpico que enmendaran su omisión.

Lula habló desde el corazón como nadie. Todo él fue emoción. Sus ojos vidriosos, su voz quebrada. Emanaba pasión, deseo y compromiso como nadie. Da igual si no tienen la mejor candidatura técnica. Da igual si no tienen tantas instalaciones, hoteles o infraestructuras: el corazón de Lula dejó en el banquillo a la razón que lleva las riendas del carro.

El presidente brasileño dio lo mejor de sí, pero Río no ganó sólo por él: se lo merecía. El presidente supo transmitir los deseos y la voluntad de todo un pueblo y supo poner valor a la apuesta del comité organizador. Una candidatura así no la ganan los políticos, la ganan las emociones, la sensaciones y lo que comunican sus deseos. “Somos un pueblo apasionado por el deporte, apasionado por la vida”, no sólo él: todo un pueblo.

¿Alguien duda aún que la emoción debe ser denostada?