La Bastilla se tomó sin Twitter

Si en 1789 hubiese existido Twitter, quizás tras el inestable inicio de julio de ese año, uno de los primeros indicios de qué algo se estaba cociendo en París tendría la forma del twitt ficticio que abre este post.

Hoy se celebran 220 años desde la toma de la cárcel parisina que simbolizaba el poder real que poco tardaría en resquebrajarse. 14 de julio, Fiesta nacional de Francia, una jornada que se celebra con la solemnidad que sólo la grandeur francesa sabe crear.

Pero, ¿cómo hubiese sido esa revolución con los medios de comunicación de los que disponemos hoy? ¿Qué mundo habría resultado de las grandes revoluciones de la época (británica, americana, francesa) con los potentes medios de los que disponemos hoy?

Seguramente, muy diferente. Porque tal y como hemos visto en Irán en las últimas semanas, los canales de los que disponemos hoy cambian en gran manera la participación de los ciudadanos respecto a la política.

El 14 de julio de 1789 los protagonistas fueron los 600 vainqueurs de la Bastille. Hoy, el protagonismo parece estar más en la acción que han hecho en la Red los que han salido a las calles en Teherán, además de los amplificadores de lo que allí estaba sucediendo: la opinión pública mundial.

Porque lo que parece claro es que la revolución en 1789 la hacían los hombres, no los fusiles que empuñaban. Hoy la revolución no sólo la hacen los iraníes que salen a las calles, sino también el propio medio. No debemos olvidar el papel que jugó Twitter al decidir retrasar su mantenimiento por sugerencia de la Secretaría de Estado norteamericana (¿estamos ante un nuevo tipo de diplomacia?), o el de Google al decidir rebajar el criterio de vídeos violentos para permitir a los usuarios iraníes subir sus documentos gráficos de los episodios que se estaban viviendo.

La revolución hoy no se hace con bayonetas, cañones o espadas. Hoy la hacen –o la intentan- personas de carne y hueso cargadas con un teléfono, una cámara o desde la pantalla de un ordenador. Pero además, hoy esos medios, por sí solos, pueden ayudar o defenestrar una revuelta.

Pero la revolución de hoy, o mejor dicho, que hoy tengamos los medios que tenemos sí lo debemos a esa revolución de bayonetas y hombres que querían ser libres. La inspiración que cambió el mundo en esa época de las grandes revoluciones trajo consigo la libertad que cristalizaría más tarde en la libertad de opinión, la libertad de prensa… los marcos de referencia de nuestros actuales medios de comunicación.

Sí, hoy la Bastilla se hubiese tomado de un modo muy distinto…

La revolución no fue televisada

El verde es uno de los colores que mejor percibe el ojo humano. Es de los que más resaltan y la sensibilidad del ojo permite que su visión prolongada no nos moleste. Quizás por ello, desde varias partes del mundo se ha seguido con mucha atención y de forma prolongada la revolución que ha tomado las calles en Irán.

Pero esta revolución está presentando unos tintes muy distintos. Si hay una frase que se ha leído mucho en las últimas horas en la Red es la archifamosa “The revolution will not be televised”, o sea, que la revolución no será televisada. Y así está siendo: gracias a la Red, el mundo entero ha seguido minuto a minuto los acontecimientos que nos han dejado con el paso cambiado.

Edgar Rovira, que nos estuvo informando durante toda la tarde de ayer, lo proclamaba en Twitter: sin internet, no nos hubieramos enterado de la mitad de las cosas que han pasado en Teheran en las últimas horas. Facebook, Twitter, YouTube y Flickr han sido los agentes de información que han proclamado al mundo lo que estaba ocurriendo en Irán tras el recuento de las elecciones que se celebraron el pasado viernes.

Las autoridades iraníes no tardaron en cortar las comunicaciones. Pero ya era demasiado tarde: con una fuerza inusitada, el mundo era testigo, a tiempo real, de lo que estaba ocurriendo. Y por primera vez, no ha sido gracias a la CNN. César Calderón nos daba algunas herramientas para seguir en directo el fervor que recorría la capital del país y Francisco Polo nos alertaba a temprana hora de lo que ocurría.

No sólo la CNN no estaba, sino que muchas personas a millares de kilómetros a distancia se han convertido en portavoces, activistas y propulsores. La cortinilla de “Breaking News” ha dado paso a hechos como el siguiente: ver a términos como IranElection, Irán, Teherán o Ajmadineyad en el trending topic mundial de Twitter.

La preocupación del régimen iraní por silenciar todas estas vías de difusión suponen un antes y un después: ya no vale sólo con dominar, censurar y cortar los canales de comunicación tradicionales, lo decisivo se juega en la Red. Ha sido gracias a la Red –además de los servicios de inteligencia, claro está- que las cancillerías de medio mundo se han puesto en alerta y se han sumido en un estado se incredulidad por lo ocurrido en el régimen de los ayatolás.

Es curioso observar como la esperanza de los que se han sentido engañados por el régimen haya sido vertida en una enorme Red de redes. Debe abrirnos un espacio a la reflexión observar como cada vídeo subido a YouTube o las fotos que segundo a segundo mostraban el desarrollo de los hechos, eran como mensajes en una botella lanzados desde un convulso país.

La revolución de este verde de la esperanza, pero también del tradicional Islam, no ha sido televisada. Se ha exportado con la contribución individual de tantos a través de un ordenador o un móvil. La revolución verde se ha comunicado en la Red.

Nos quedan preguntas en el tintero: ¿llevará esta revolución a un recuento de las urnas de acuerdo a lo elegido? ¿Puede suponer algún cambio la elección de alguien bendecido por el propio régimen? Y tantas otras preguntas que no hacen más que poner de manifiesto el relevante papel de Irán en la escena internacional.

Foto de Mousavi1388