Los peligros de la única historia

“Una única historia crea estereotipos. Y el problema de los estereotipos no es que sean falsos, es que son incompletos.” ¡Qué razón tiene Chimamanda Adichie! Estamos rodeados de únicas historias. Son fáciles, cómodas. En un mundo complejo, la complejidad es costosa. Pero la reducción nos lleva a visiones incompletas. Y peligrosas.

Chimamanda Adichie es una escritora africana de éxito. Una mujer nigeriana que ha vivido en su piel como una única historia sobre África determina la visión que tiene la gente de ella sin apenas conocerla. “Mi compañera de habitación en la universidad norteamericana sentía pena por mi antes de conocerme”. ¿Cuántos ámbitos de nuestra vida están regidos por únicas historias que determinan la interpretación de lo que nos rodea? Demasiados.

La comunicación tiene mucho de eso. Intentar contar únicas historias, que sean fáciles de consumir y de digerir. De pasar realidades complejas, llenas de matices, de grises, por un colador chino para dejar una única historia sin impurezas. Agradable al paladar, pero sin explosión de sabores.

Adichie da en el clavo. No solo la única historia nos pone en guardia. No solo esa única historia nos predispone a entender, abrazar, denostar u odiar un concepto, un país, una idea, una persona; el orden de la historia también nos marca el camino.

Así, juntando el orden y la historia, podemos comprender la debilidad de muchos argumentos. Podemos entender porque hay sacrificios que se hacen sin chistar y otros que encienden la indignación popular. Porque aceptamos, sin más, nuevo lenguaje como “copago”. O porque los discursos xenófobos sobre la inmigración, como el que representa el Partido Popular con Albiol a la cabeza, son aceptados con un espeso silencio.

No hay nunca una única historia. Y tenerlas todas, como dice Adichie, sería el paraíso.

Arañar votos con un spot electoral

Con el inicio de la campaña electoral en Catalunya, llegan a las televisiones públicas los anuncios electorales de las distintas formaciones políticas. Atrás quedaron los largos anuncios y los bloques con cortinilla que anunciaban el sopor. Era, hace ya unos años, un momento óptimo para acercarse al baño. Ahora, camuflados entre el resto de anuncios de marcas y productos, los partidos tienen el reto de sorprender, convencer y generar confianza. ¿Cómo lo están haciendo los partidos catalanes?

CiU

En un minuto, Artur Mas busca la complicidad que nunca ha tenido de los catalanes. Ha ganado dos veces las elecciones, como él mismo comenta, es respetado, pero no amado. A ello, mucho han contribuido sus caricaturas, su imagen de pijo y de superioridad. Por eso, este anuncio es íntimo y personal. Acerca al candidato a la gente.

Mas seduce. Nos cuenta porque los años en la oposición merecían la pena. Basa su relato personal en la épica del sacrificio. Y llega al punto clave del mensaje: debe ganar porque se lo merece. Ha esperado mucho.

Tras la intimidad, Mas se rodea de gente. Mucha gente. La mayoría que él quiere para su partido. Empiezan los cánticos de “Mas president”. Eleva el tono. Le pone fuerza a su discurso y promete “Una Catalunya millor”.

Senyeres, un piano que sube la intensidad y movimientos cortos y ágiles de la cámara acompañan al candidato.

El segundo vídeo de campaña, más corto (32 segundos) recicla el vídeo de presentación de Cativistes y cambia el discurso. Pide la unidad de los nacionalistas y una gran mayoría. Busca la centralidad de CiU como fuerza vertebradora de ese espacio.

Voz en off, centenares de banderas y ausencia del candidato.

PSC

Lo presentaron hace unas semanas bajo el título de “La vida de Monti”. Ahora, substituyen la carátula y lo centran en el PSC. Adaptación de la mítica escena de la película “La vida de Bryan” donde se reivindica la acción de gobierno del PSC.

El anuncio es corto (32 segundos), divertido, ameno e informativo. Una manera de llegar a muchos ciudadanos a los que no interesa la política. Es, quizás, la apuesta más arriesgada de los grandes partidos: esa mezcla de política, humor y un cine que no es precisamente mainstream puede ser una debilidad en su eficacia. En todo caso, es diferente, innovador y arriesgado, algo que no se lleva demasiado en comunicación política.

La ausencia del candidato es notoria. Ni aparece ni pide el voto. El PSC sigue la estrategia de sorprender y centrar el discurso en logros, antes que personalizar la campaña.

ERC

Esquerra sigue probando con el poder del relato, la emoción y dar el protagonismo de su campaña a la gente. Bajo el mensaje de “Gent Valenta”, los independentistas encarnar su propuesta en la historia de Núria, una catalana a punto de votar. Antes de emitir su voto, la voz en off –femenina- nos cuenta su historia. Una historia normal, como la de tanta gente valiente que cada día trabaja, se esfuerza y asume retos.

Se repasan momentos de cualquier persona: el crecimiento personal y profesional. Se reivindica también, de forma sutil, las grandes obras colectivas de país –Juegos Olímpicos de Barcelona- y la propia democracia, al centrar el spot en una mesa electoral el día de las elecciones.

Imágenes seleccionadas que dan ritmo al anuncio. Un ritmo cambiante, no es empalagoso. Solo al final aparece Joan Puigcercós haciendo una defensa del voto por su partido.

PPC

El spot del PP de Catalunya es el ejemplo paradigmático de política de las emociones. En este caso, del miedo. Tonos oscuros, música lenta, grave. Genera tensión, nervios. La empatía con el protagonista es total: se comparte su rabia.

Los conservadores rescatan otra técnica habitual en los spots electorales: dibujar situaciones hipotéticas. El anuncio muestra el 28 de noviembre de 2011, con Mas como president apoyado en Esquerra. Anuncian la celebración de un referéndum de independencia. Las reflexiones del protagonista sueltan algunos de los argumentos típicos que pueden sentirse en tertulias y espacios de la TDT –la trinchera- como la contraposición de nación a los problemas económicos, etc.

Tras el negro panorama, llega el color y la música optimista y el alegato final de Sánchez-Camacho, de blanco y rodeada de otros candidatos de su partido.

La versión corta del anuncio prescinde de la música y acorta el relato, con menor efecto emocional.

ICV

Iniciativa juega con las imágenes, que ejemplifican de lo que habla la voz en off, y la música. Una elección musical distinta y hasta cierto punto sorprendente ya que juega con el cerebro del votante. Por un lado, recibe una carga de mensajes negativos… por el otro, una música esperanzadora, alegre.

Al final del spot aparece el candidato Joan Herrera que recuerda que “El futur no està escrit”, cerrando el anuncio y ligando toda la idea del mismo: las utopías pueden ser realidades que cambien la situación negativa del día a día.

Ciutadans-Ciudadanos

Lo presentaron hace semanas. Música pegadiza y bailable. Dibuja varias de las situaciones que el partido critica y lo contrapone con las propuestas/ideas del partido contra ello. A medida que se van presentando, los protagonistas se desnudan.

La idea central es la llamada a “rebelarse” a medida que el anuncio sube de intensidad y cada vez más personas acompañan a Rivera, desnudas, tras el candidato.

Blanco, el ministro brujo que sabía de comunicación

Muchas personas en este país, especialmente aquellos que se sientan diariamente en una tertulia de las que no escasean en radio y televisión, no acabaron de digerir eso de ver a un ministro sin estudios universitarios al frente de una cartera tan importante como la de Fomento. Las infraestructuras del país en manos de un bachiller al que, para más inri, apodaban brujo, o bruxo de Palas de Rei. No lo acababan de ver. Aunque al cabo de muy poco tiempo, su opinión cambió. ¿Fue cosa de la magia?

En realidad, la única magia que ha aplicado el gallego ha sido entender lo que supone ser ministro. Y actuar como tal. Desde el primer día, se puso el traje de miembro del Consejo de Ministros y no ha cesado en su empeño por ser lo más parecido a la imagen que los españoles esperan de un ministro. Como bien apuntaba Pau Canaleta a las pocas semanas de su nombramiento, Blanco cambió su manera de vestir. Pero también desde ese momento empezó a tejer su propia historia personal.

Pero quizás la parte que algunos podrían considerar magia negra –aunque sólo es entender el valor estratégico de la comunicación- es su dominio del relato. Un relato con un protagonista –el ministro- y un antagonista –los controladores aéreos-. Un relato con episodios –en enero ya tuvo su gran enfrentamiento, cuando les acusó de ser una casta laboral-, una historia que avanza y que ahora llega a su momento clave: la supuesta huelga encubierta en plenas vacaciones.

Y justo en esa situación aparece la magia de la comunicación en estado puro. El farol –o no, ya veremos si llega a cumplirse- de la movilización del ejército para cubrir los puestos de esos controladores que están faltando a su puesto de trabajo y están fastidiando los pocos días de descanso de muchos españoles en un año especialmente gris por la situación económica. Ahí, justo ahí, la gran metáfora del sacrificio del ministro en aras del bien de los ciudadanos que sólo quieren llegar a su destino.

Así se forja un mito. Quizás el gallego se haya inspirado en el presidente Reagan, que en agosto del año 1981 llegó a despedir de forma fulminante a los casi 11.400 controladores aéreos que habían declarado una huelga ilegal.

Blanco aplica además lo que tan bien resume Luntz: no es lo que dices, es lo que la gente oye. O en este caso, no es lo que haces, es lo que la gente ve que haces. Y ante una huelga encubierta cuando todos deseamos ir de viaje durante nuestras vacaciones, nos es muy fácil ponernos en la piel del ministro y apoyarle. Aunque los controladores digan que su propuesta no es viable.

Es curioso porque Blanco comparte ese don por el relato personal con otra de las personalidades que mejor dominan la escena política y de la comunicación, Esperanza Aguirre. La presidenta también sufrió una huelga, aunque su reacción no está en la misma división que la del ministro. Aguirre tiene la suerte de tener una oposición débil y el dominio de la opinión pública que tapó algunos de los aspectos más polémicos de la huelga del Metro de Madrid, como la falta de previsión ante el parón general o la triste realidad que la huelga ha costado más dinero que el recorte que la presidenta proponía.

Quizás el relato tenga un final feliz para Blanco. Como en los cuentos, quizás consiga ser el inquilino de Moncloa –o al menos eso creen muchos-. Pero más allá del resultado, la realidad es que Blanco demuestra tener algo que no todos los ministros y políticos con carreras universitarias tienen: olfato político e inteligencia emocional. El ex ministro Boyer decía hace unas semanas que a este ritmo sólo llegarían al poder ministros analfabetos. Blanco no será universitario pero demuestra estar más que alfabetizado en la gestión de situaciones tensas y difíciles. Algo que no se aprende en muchas aulas. Quizás por ello, hoy ya nadie cuestiona al héroe de la historia.

El discurso de Charles de Gaulle el 18 de junio de 1940

El 18 de junio de 1940, el joven y recién ascendido a general, Charles de Gaulle, se dirigió a Francia desde su exilio en Londres. Había llegado un día antes y gracias a la intervención de Churchill, primer ministro británico, pudo decir al pueblo francés que Francia no estaba aún derrotada, pese al armisticio del gobierno colaboracionista de Pétain. Las palabras que cambiaron la historia tomaron cuerpo en un breve pero intenso discurso:

Los líderes que, desde hace muchos años, están a la cabeza de los ejércitos franceses, han formado un gobierno. Este gobierno alegando la derrota de nuestros ejércitos, se ha puesto en contacto con el enemigo para el cese de las hostilidades.

Es cierto que hemos sido y seguimos estando sumergidos por la fuerza mecánica terrestre y aérea al enemigo. Infinitamente más que su número, son los carros, los aviones y la táctica de los alemanes, los que nos hacen retroceder. Son los carros, los aviones y la táctica de los alemanes, los que han sorprendido a nuestros líderes hasta el punto de llevarle a donde ahora se encuentran.

Pero ¿se ha dicho la última palabra? ¿Debe perderse la esperanza? ¿Es definitiva la derrota? ¡No!

Creedme a mí que os hablo con conocimiento de causa y os digo que nada está perdido para Francia. Los mismos medios que nos han vencido pueden traer un día la victoria.

¡Porque Francia no está sola! ¡No está sola! ¡No está sola! Tiene un vasto imperio tras ella. Puede formar un bloque con el Imperio británico que domina los mares y continua la lucha. Puede, como Inglaterra, utilizar ilimitadamente la inmensa industria de Estados Unidos.

Esta guerra no está limitada al desdichado territorio de nuestro país. Esta guerra no ha quedado decidida por la batalla de Francia. Esta guerra es una guerra mundial. Todas las faltas, todos los retrasos, todos los padecimientos no impiden que existan, en el universo, todos los medios para aplastar un día a nuestros enemigos. Fulminados hoy por la fuerza mecánica, podemos vencer en el futuro por una fuerza mecánica superior: va en ello el destino del mundo.

Yo, general De Gaulle, actualmente en Londres, invito a los oficiales y soldados franceses que se encuentren o pasen a encontrase en territorio británico, con sus armas o sin ellas, invito a los ingenieros y a los obreros especialistas de las industrias de armamento que se encuentren o pasen a encontrarse en territorio británico, a poner se en contacto conmigo. Ocurra lo que ocurra la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará.

Ni Zapatero es Roosevelt ni Sarkozy, De Gaulle. No obstante, en el Elíseo han sabido encontrar en la conmemoración del 70º aniversario del famoso discurso del general De Gaulle una oportunidad para hacer frente a la crisis económica… al menos a nivel discursivo.

Si el “Appel du 18 juin” del presidente fue un momento cumbre en la política francesa, si ese discurso dio entidad al que posteriormente sería presidente de la República y dio cuerpo al propio relato de Francia; no es inteligente prescindir de lo que, 70 años más tarde, puede aportar el General –su discurso- al ánimo general del país.

Ante ello, la pregunta parece clara: ¿a quién puede desempolvar Zapatero? ¿A qué líder podemos remitirnos? ¿A qué punto de resistencia y unidad puede referirse el Gobierno? Ahí nuestra historia nos vuelve a poner en nuestro sitio. Aunque sea una exageración y no represente a lo que opinan realmente los españoles, no es extraño escuchar en airadas conversaciones eso de “esto con Franco no pasaba”. O “todos los políticos son unos chorizos, necesitamos un dictador”. Calentones del momento, sin duda. Pero ahí están.

Y la historia nos devuelve a nuestro lugar por la ausencia de esas figuras que encarnen la lucha democrática. Corrijo, no es ausencia: porque las tenemos. Es olvido, indiferencia. Que recordemos antes las frases lapidarias de Roosevelt –sólo debemos tener miedo del propio miedo-, Kennedy –no preguntes lo que tu país puede hacer por ti: pregúntate qué puedes hacer tú por tu país– o al propio De Gaulle –la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará-.

Los grandes líderes trascienden a su tiempo. Siguen inspirando a generaciones futuras. El discurso inaugural de Obama era un reconocimiento a Lincoln, Roosevelt, Kennedy y Clinton. ¿A quién reconocía Aznar? ¿A quién lo hacía Zapatero? No lo harán de Companys, que tiene en una de sus citas más famosas el canto a la resistencia que esta crisis exige: «Volveremos a luchar, volveremos a sufrir y volveremos a vencer».

Zapatero se quedó sin palabras

Los banqueros han huido de sus altos puestos en el templo de nuestra civilización. Ahora podemos restaurar ese templo con las verdades que conocíamos antes de la crisis.

La medida de la restauración está en la medida en que aplicamos los valores sociales más nobles que el simple beneficio monetario.

La felicidad no radica en la mera posesión de dinero, se encuentra en la alegría del logro, en la emoción del esfuerzo creativo.

La recuperación pide, sin embargo, no solo cambios en la ética. Esta nación pide acción, y la pide ahora.

Nuestra tarea principal es poner a la gente a trabajar. Esto no es un problema insoluble si lo enfrentamos con sabiduría y valentía.

La recuperación puede acompañarse, en parte, mediante la contratación directa por el propio gobierno, el tratamiento de esto como si fuera una emergencia de guerra, pero al mismo tiempo, a través de este empleo, el cumplimiento de proyectos muy necesarios para estimular y reorganizar el uso de nuestros recursos.

Puede acompañarse con la actuación sin demora de todos los gobiernos; el nacional, los autonómicos y los locales. La exigencia que recortemos sus costes considerablemente.

Puede acompañarse con la unidad de acción en las medidas de recuperación, a menudo dispersas, antieconómicas y desiguales.

Hay muchas maneras en las que se puede ayudar, pero nunca se puede terminar con la crisis sólo hablando de ello.

Debemos actuar, y actuar con rapidez.

Zapatero no ha anunciado la reforma laboral con palabras parecidas a estas. Tampoco lo hizo cuando anunció las medidas: sus palabras fueron frías. Su discurso pareció el de un médico que anuncia un funesto diagnóstico. Guardando las distancias, como si la cosa no fuera con él.

Esas palabras son del discurso de investidura de Franklin D. Roosevelt, cuando debía enfrentar la durísima crisis económica tras el crack del 29, adaptadas –muy adaptadas, permítanme el juego- y recortadas. Pero muestran la importancia de un líder de elegir bien las palabras.

George Lakoff, que asiste al encuentro internacional de ACOP que empieza hoy en Bilbao, afirmaba ayer en un acto de la Fundación Ideas que “el relato, la narrativa, tiene enlaces directos con la emoción. La emoción se construye con ella”. Y ese es el punto clave. Porque sin entender el poder de las palabras, del discurso y del relato en una situación política, económica y comunicacionalmente difícil como esta, no se puede plantear un escenario de mejora.

Porque la realidad es, ¿para quién habla Zapatero? ¿Lo hace para los ciudadanos? ¿Para sus votantes? ¿Sólo para los mercados financieros? Esa es la pregunta clave, a nivel de comunicación. Con toda la incertidumbre que rodea la situación económica actual es necesario que los líderes hablen claro. Por eso, ¿para quién habla Zapatero?

Esa respuesta, no la tengo. Lo que es, si cabe, más preocupante. Si el lenguaje, las palabras, activan circuitos y emociones en nuestro cerebro –que conducen al voto, pero también nos pueden conducir a la quiebra del sistema-, elegirlas debe ser una prioridad. Tanto como saber a quién y para qué les hablamos.

No es de extrañar que el propio Zapatero aceptara ayer en el Congreso que su propio Gobierno es el que menos ha ayudado a la credibilidad del país. ¿Recuerdan cuando, deliberadamente se optaba por no decir la palabra crisis?

Las palabras no cambian la realidad. Pero si la percepción de lo que ocurre. Sí afectan a la confianza en el líder, en la recuperación y en el país. Y esa batalla, Zapatero la ha perdido. No ha sido consciente de lo que despierta el lenguaje. Lo que generan las palabras. Y se quedó sin ellas.

La historia de un esquiador de Kenia

En Kenia hay un esquiador que tiene obama, o sea, esperanza. Quizás pueda parecer extraño unir en la misma frase dos conceptos antagónicos como nieve y Kenia, pero en ese país, un soñador quería ser feliz sobre la nieve. Ese soñador se llama Philip Boit y se hizo un hueco en la historia al participar en los Juegos Olímpicos de Nagano en 1998.

Boit puso esfuerzo y empeño y no tiró la toalla cuando Nike le ofreció un puesto en su programa de deportes de invierno en 1996 y aprendió a esquiar en Finlandia junto a otro compatriota. La persecución de su sueño le llevó a la clasificación para los Juegos que se celebraron en la ciudad japonesa y terminó la prueba. Último.

Pese a ello, sus contrincantes le felicitaron. El campeón olímpico también lo hizo y el keniano puso el nombre de éste, su héroe, al hijo que tuvo. Y siguió entrenando y practicando, incluso cuando Nike le abandonó a su suerte.

En unas semanas, Boilt volverá a participar en unos Juegos Olímpicos. De hecho, no ha dejado de hacerlo desde Nagano. Se entrena en Kenia, corriendo mucho durante las horas más frías de un país con una media de 28 grados, y espera mejorar su marca.

El liderazgo político debería ser algo parecido a la historia de este inusual esquiador. El esfuerzo debería primar sobre escalar cargos en un partido. El obstáculo de Boit es la falta de nieve, pero para la política quizás el gran obstáculo es el propio poder de los partidos. Y quizás en el fondo de ello está la respuesta a la creciente preocupación de los ciudadanos hacia la política y de la grave desafección. Quizás los políticos han dejado de perseguir sueños de cambio por perseguir cargos que ocupar.

La promesa de un iPhone 3 G S

Es curioso observar como Movistar está llevando a cabo una estrategia comercial muy parecida a la de muchos políticos en campaña: prometer algo que desea el electorado aunque no sepas muy bien cuándo y cómo podrás cumplir con ello. Y las claves comunes entre esta compañía y los vicios de la política son muy claras, el relato, la promesa y la espera. El resultado, pues ya se verá…

Como si de una campaña electoral se tratara, Movistar ha sabido trabajar un relato que la ha llevado a ser la compañía de telefonía móvil más novedosa, gracias a su acuerdo de distribución con Apple para el iPhone. Si durante 2008 vivimos una campaña de expectativa de casi 6 meses, copando miles de artículos en prensa y en la Red, este año ha sido el turno al nuevo modelo de este aparato tan adorable de los de Cupertino, el iPhone 3 G S. Innovación, modernidad, exclusividad, lujo… son los valores de ese relato que han enamorado a tantos.

Tras el relato vino la promesa: ven a Movistar o canjea tus puntos para conseguir el mejor teléfono del momento. Un teléfono que no es sólo para llamar y recibir llamadas, también es un modo de trabajar y divertirte allá donde estés. Y a ello se pusieron los comerciales de la compañía, a conseguir nuevos clientes o a canjear los puntos de los ya clientes en nuevos terminales que les aseguraran un consumo mensual fijo en datos, por ejemplo. Hasta aquí la promesa está bien: si te pasas a esto, tendrás esto. Pero, ¿qué ocurre cuando la promesa entra en dificultades?

Lo que ocurre es la llegada de un largo proceso de espera que pone en riesgo la reputación de la compañía. Movistar no tiene los iPhone que promete, su distribución falla y han conseguido crear una masa de clientes descontentos por la peregrinación tienda por tienda, viendo la cara de superioridad de los dependientes de esos puntos que piensan “mira, otro pringado que busca un iPhone”. La espera por un objeto tan deseado hace que los niveles de dopamina se disparen en nuestro cerebro en búsqueda de una recompensa que no llega. Cada visita a una tienda Movistar es una explosión del neurotransmisor que se torna en decepción al saber que, en la mayoría de las tiendas, no han visto un iPhone 3 G S desde que se pusieron a la venta.

Y aquí es donde entra el centro de la cuestión: se genera un auténtico movimiento entre clientes por un bien escaso. Las leyes de oferta y demanda funcionarán a la perfección, existirá deseo… pero también se abren las puertas de forma muy significativa a la decepción con la marca. Yo lo tengo muy claro, cuando me vuelvan a llamar para valorar sus servicios no van a aprobar…

Movistar ha seguido a pies juntillas lo que muchos ciudadanos sienten cuando su candidato se instala en el poder, la promesa fallida. La comunicación, ya sea de una reforma sanitaria o de un terminal táctil con música y conexión a Internet, es una gestión de expectativas y debemos tener mucho cuidado en no defraudar. En el fondo, tanto Movistar como cualquier partido político saben que son, hasta cierto punto, insubstituibles. Si quieres un iPhone, sólo lo puedes tener con ellos. Si eres liberal, no podrás votar a muchas otras opciones. Pero aunque compartan esta cualidad, cuando la relación es con un cliente y no con un votante, deberían tomarse más en serio qué prometen y cómo lo hacen.

Por el momento, seguiremos con explosiones continuas de dopamina, saboreando luego la decepción en el paladar, para volver a tontear con el neurotransmisor en la siguiente tienda azul. Eso sí, con la llamada semanal de un par o tres de euros para prorrogar un vale de canje que tardará semanas (sino meses) en hacerse efectivo.

El liderazgo emocional de Pep Guardiola


Muchos eran los escépticos que hace poco menos de un año no le auguraban a Pep Guardiola una tarea fácil en el F.C. Barcelona. El ex jugador, una figura mítica para el barcelonismo, tenía el difícil objetivo de devolver la ilusión a una desencantada afición y cosechar triunfos deportivos para el que presume ser más que un club.

No entiendo de futbol, pero se dice y se comenta -incluso entre las filas de los eternos rivales- que el desempeño de este equipo en el campo es algo extraordinario: la calidad de sus jugadores ha sabido encontrar el justo equilibrio para que las estrellas brillen con un juego de equipo sublime.

¿Cómo se llega a esta unanimidad en el criterio y a un triplete sin precedentes? En ello, el liderazgo de Pep Guardiola ha tenido mucho que ver. Un vestidor, al igual que una empresa, un gobierno o un país están ávidos de liderazgo. De alguien que sepa marcar las metas y sepa aprovechar el talento y la personalidad de los individuos que forman las unidades mencionadas para el bien del colectivo.

Guardiola ha echado mano de su propio relato personal (el joven de Santpedor que subió poco a poco de categoría en el equipo de sus amores hasta formar parte del famoso Dream Team y salir de él por la puerta grande) para asentar las bases del vestidor. El valor del esfuerzo que encarna para poner freno al frenesí de la anterior etapa. El trabajo, el respeto y la humildad contra el despilfarro, la fiesta y el bajo rendimiento.

Pero sin duda, Pep ha sabido crear lo que siempre ha sido y debe ser un equipo de fútbol: una unidad. Guardiola ha luchado para que el valor del colectivo sepa maximizar las virtudes de los mejores y hacer a todos partícipes de las mismas metas. Guardiola, como Obama, ha sabido entender que las cosas se consiguen sumando.

Su liderazgo ha traspasado el vestidor, como no puede ser de otro modo en una sociedad organizada, en cierta manera, alrededor del futbol. Su trato exquisito con los medios vapuleó toda oposición inicial y su discurso esperanzador a la par que comedido convenció a los culés. Y llegaron los resultados…

El estilo de Pep es una prueba más de esta emocionalidad cada vez más importante para forjar grandes líderes. Relatos personales potentes, proximidad, humildad, creencia en las personas, la fuerza del colectivo… Pep nos ha dado una lección, y tres títulos a los culés. No es baladí que algunos vean en Guardiola la traslación de Obama al once contra once. Quizás exagerado, pero que por mi no quede: Yes, we Pep!

9 de mayo: Yo soy un ciudadano europeo

Había una vez un viejo espacio del planeta que siempre estaba sumido en guerras. Dos de ellas fueron tan potentes, que empujaron al mundo a la destrucción. Hasta que unos hombres (y digo hombres por que en esos tiempos las mujeres aún no tenían el lugar que hoy les corresponde en política) a la altura de los tiempos decidieron poner fin a esa situación. Buscaron la cooperación de sus naciones en lo necesario para construir las armas que servían para matarse entre ellos. Si compartían el material, no podrían batallar entre sí… La cooperación fue a más hasta llegar a crear algo parecido a un país conjunto, sin fronteras. Un espacio de paz y prosperidad.

Por si no lo sabes, este es el relato de nuestra Unión Europea. Esto es lo que enciende una chispa de orgullo en todas las personas que trabajan en las instituciones comunitarias y te explican qué es Europa. A mi, personalmente, me emociona y me hace ver la vida de otra manera; me hace sentir orgulloso de ser europeo.

Pero… ¿todos lo conocen? ¿A todos les emociona igual? ¿El 60% de los europeos que se abstendrán el próximo 7 de junio conocen la historia de la UE?

Hoy es 9 de mayo y en la UE celebramos el día de Europa. Celebramos la declaración Schuman, la primera piedra para la creación de todo este monstruo (en el sentido de enorme, no de malo) comunitario. Por si no lo sabías…

Y es que el desconocimiento es el gran enemigo de la Unión. Tenemos un relato potente, aunque mejorable en el modo de explicarlo. Por ejemplo, yo ya formo parte de una generación que fue educada en la escuela con estos valores. Que conoce y vive esta realidad. La tarea de las representaciones de la Unión en los países miembros va en esa vía y se hace bien… hasta terminar la escuela.

Hace unos días escuchaba la conversación de dos chicas en el metro. Una de ellas, acababa de cumplir los 18 y afirmaba con orgullo que ya podía votar. Pero que quizás no lo haría porque no sabe para qué sirven las elecciones europeas. Algo ha fallado, pues, en el paso de la escuela a la vida adulta. O quizás es que para alguien que no ha vivido una guerra, el relato tradicional no le funciona.

Reflexionemos sobre ello más a menudo, no sólo los 9 de mayo. Es más, disfrutemos hoy de nuestra condición de miembros de la Unión y clamemos bien alto “Yo soy un ciudadano europeo”.

pd: si el día de Europa fuese festivo… ¿nos sentiríamos más europeos? Espero vuestros comentarios…

Silence and respect

La vuelta del viaje de Washington y los últimos acontecimientos en Afganistán me han hecho reflexionar sobre un tema que a menudo nos pasa desapercibido y que tiene un poder de interpretación muy grande: el papel del ejército en nuestra sociedad. ¿Por qué el cementerio de Arlington es la demostración de un pueblo agradecido a un ejército y la muerte de los soldados españoles en Afganistán no provoca la misma sensación entre los españoles?

Una de las razones que puede explicar la diferencia es histórica. El ejército de Estados Unidos es una celula madre del Estado que se creó a partir de la Declaración de Independencia de 1776. Un ejército de milicianos que consiguió derrotar al poderoso ejército colonial dirigido por uno de los padres fundadores de la patria y primer presidente, George Washington, uniendo así para siempre el destino de la patria al destino de su brazo armado. Su comandante en jefe, el Presidente, es elegido por las urnas y pesa sobre él la legitimidad del voto en sus decisiones. De hecho, en pocos países pesa tanto esta cuestión a la hora de decidir el voto.

Si bien hay esta unión desde el inicio de la vida del país, es la participación en las dos Guerras Mundiales y su papel de salvador de la libertad lo que ha dotado al ejército de un relato complementario al fundacional. Durante muchas generaciones, el US Army ha sido un garante de la paz y la libertad para sus aliados, aunque este relato es dañar con la Guerra de Vietnam, continúa su paso hacia la grieta con las intervenciones en América Central y Asia-Afganistán, Irán-a los 80 y, finalmente, la injustificada e injustificable invasión de Irak. Allí se produjo la rotura de este relato en el resto del mundo, pero no a Estados Unidos.

De hecho, el papel de la armada es omnipresente en la vida social del país: si un mal comandante en jefe lleva a nuestros hijos a morir, cuestionaran a quien toma la decisión y en las próximas elecciones no lo votaran. Pero no cuestionaran al ejército. Nunca. Y el respeto por él se ve tomando una copa en Georgetown, donde al entrar al establecimiento serán atendidos antes que cualquier otra persona. O como vió Guillem, un veterano de Irak lo harán pasar a primera clase en un vuelo doméstico. Podríamos seguir ejemplificando este profundo respeto a los que se encargan de la defensa del país.

Y podríamos hablar de la conmoción nacional que han generado los muertos en Irak, conmoción que no se nota en España cuando tenemos noticias de los caídos en una misión de paz en Afganistán o cuando luchaban en Irak por una mala decisión de un presidente del ejecutivo que hoy ya no gobierna. Que conste, este post se hace desde la más pura admiración por las personas caídas al ataque, por su labor en Afganistán y desde el más sentido respeto por ellos y sus familias que están rotas por el dolor. Pero en España no existe una forma de reconocer el papel como ocurre en Estados Unidos.

La razón, otra vez la historia: el ejército español es aquel que se levantó en armas contra un régimen democrático como la República, es el causante del enfrentamiento fraticida que supuso la Guerra Civil, fue durante 40 años un régimen fascista y el ejecutor de la política represiva del General Franco. Todo ello queda en el subconsciente de no pocas generaciones y no pocos millones de personas en España.

A pesar de la regeneración del cuerpo, después del intento del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, la institución fue antipática para muy jóvenes que tenían que hacer la mili. Aunque las encuestas de los últimos 15 años han ido mostrando como es una institución más valorada que la propia clase política. Pero en todo caso, el pasado deshonroso del ejército ha ayudado poco a que los ciudadanos valoren el servicio de las misiones que desde hace años se realizan.

Es en esta línea que hay que entender la labor que realiza la ministra Chacón. Es en esta línea que hay que entender el video del 12 de octubre de este año … y es, otra vez, por el pasado que España no tiene un cementerio como Arlington, no procesa el mismo servicio a los que marchan a lugares como Afganistán cuando entran a un bar o no sienten con la misma intensidad emocional de un atentado de ETA que un atentado en un país asiático.

Porque en el fondo, el relato es más importante de lo que parece, y tener una historia que conecta con la emotividad de la sociedad es esencial. El relato americano explica muchas cosas, y lo que tradicionalmente representaba el español también.