Huelga salvaje de controladores: comunicar y gestionar

En estos momentos, más de 250.000 personas se están viendo afectadas por la huelga salvaje que están llevando a cabo los controladores aéreos. Una serie de bajas masivas ha supuesto la paralización del espacio aéreo español. Precisamente en el inicio de un puente de cinco días. La situación es grave y el presidente debe dar la cara. Zapatero puede hacer de esta situación una victoria política. La pregunta a estas alturas es, ¿lo hará?

¿Por qué ahora?

Los controladores aéreos no han empezado hoy a protestar por su situación laboral. Llevan meses haciéndolo. Pero la privatización del 49% de Aena ha sido el detonante. Los controladores están ejecutando una huelga ilegal y lo hacen porque saben de la debilidad política de Zapatero. Y porque es una medida de presión extraordinaria.

¿Qué puede hacer Zapatero?

Esta situación puede ser una victoria política y comunicativa si la gestiona bien. En primer lugar, Zapatero debería comparecer esta misma noche ante los españoles. Debería hacerlo en rueda de prensa desde La Moncloa y debería anunciar una por una las medidas que se están tomando. Informar a la ciudadanía qué está pasando, porqué y qué se propone.

El discurso debería ser grave, solemne y duro. Pero sobretodo, cercano. Las historias que hoy se están viviendo en los aeropuertos son las de ilusiones truncadas: ir a ver a la familia, encontrarse con la pareja, conocer a la sobrina recién nacida o pasar unos días de descanso en una capital europea tras meses de estrés y trabajo. Habrán salidas de luna de miel. Y alguien que necesite llegar a la otra punta de España porque un familiar está a punto de fallecer. Eso debe estar en el discurso y en el centro de las medidas. La conexión emocional con los afectados debe ser total.

Los canales online oficiales de Moncloa deberían estar echando humo a estas horas, retwiteando los comunicados oficiales de Aena y aconsejando a los ciudadanos qué deben hacer. Y sobretodo, reforzar los mensajes del Gobierno. Si el comité de crisis del ministro Blanco está trabajando deben comunicarlo.

Y más allá de la comunicación, deben tomar medidas.

El referente

Zapatero haría bien en parar cinco minutos y ver este vídeo del anuncio de despidos masivos en los controladores aéreos que se pusieron en huelga en 1981. El discurso de Reagan es brillante. Remite a la ley y explica por qué va a tomar la drástica decisión. Es contundente, resolutivo y se pone al nivel de lo que opinan la mayoría de ciudadanos: el derecho a la huelga no puede ser contrario a la ley.

El papel de Rajoy

Mal ha empezado Rajoy situándose en la equidistancia en las primeras declaraciones sobre la huelga encubierta y salvaje de los controladores aéreos. Rajoy debería ponerse al servicio del presidente del Gobierno y darle todo el apoyo para que se tomen medidas drásticas y contundentes contra los que vulneran la ley.

La situación irá avanzando en las próximas horas. Los controladores han conseguido el máximo impacto. El Gobierno puede gestionar bien la crisis y comunicarlo a la ciudadanía o dejar que la situación de impotencia en un momento de descanso se imponga. Horas decisivas. ¿Dejará Zapatero todo el protagonismo, otra vez más, al ministro Blanco?

¿Lo mejor que le podía pasar a Obama?

Publico en La Vanguardia el análisis de la derrota Demócrata:

¿Lo mejor que le podía pasar a Obama?

Si hay algo que me gusta de Estados Unidos es su naturaleza optimista. Una tierra de oportunidad. Es precisamente la fuerza de la oportunidad lo que hace de esta debacle demócrata algo bueno para Obama. Puede serlo. Cierren los ojos y vuelvan a ese otoño de 2008 en que el cambió que defendía el entonces senador de Illinois triunfó a lo ancho del país. Cierren los ojos y pasen lista mentalmente. Piensen en aquellos que, por primera vez en su vida, acudieron a las urnas y dieron su apoyo al hoy presidente. Piensen en esos grupos de población atípicos que formaron esa gran masa de apoyos al cambio. Esa masa no votó en estas elecciones.

¿Por qué no lo hizo? La crisis, la política realizada por Obama, la comunicación que no ha sido tan efectiva como se esperaba, el tono elitista del presidente, la fuerza del Tea Party, la oposición conservadora que sólo podía crecer en un contexto así, la vuelta a la situación de facto anterior al tsunami demócrata de 2006… motivos que explican tantas realidades como votos presentes. Y ausentes. Porque esa ha sido la clave: la base electoral de Obama no ha repetido. Esencialmente, porque la naturaleza de las elecciones legislativa es muy distinta.

Otros presidentes como Reagan o Clinton en años recientes, pero también otros como Taft hace justo un siglo, vieron su presidencia marcada por los cambios en las cámaras. Algo deseado por los padres fundadores, que diseñaron un complejo sistema de checks & balances. Tanto Reagan como Clinton hicieron frente a la nueva situación con recetas distintas y pudieron ser reelegidos. A pesar de la pérdida de las cámaras. Ahí radica la clave: la receta que pueda tener Obama para sobrellevar un Congreso adverso y encarar su reelección.

Esa receta deberá pasar por la movilización de esa amalgama electoral. Para algunos, algo irrepetible. Una masa poco cohesionada, pero que en 2008 compartía la ilusión por el cambio. ¿Y si esa ilusión se torna en un voto de defensa por la amenaza del cambio que ha supuesto este revés? ¿Y si la victoria republicana es el favor más grande que puedan haberle hecho a su adversario?

Ese electorado tenía en mente un modelo y unos resultados de ese modelo que querían superar. Cambiar. Si la personificación del modelo caduco vuelve a escena, ¿no podría tener Obama la clave para volver a energizarlo en 2012?

Para ello, Obama va a necesitar confianza en su proyecto… y volver a tejer esa enorme red que consiguió en 2008. Aportar elementos para que pueda volver a darse –o ampliarse- ¿Qué pasaría si Palin fuese finalmente candidata del Partido Republicano a las elecciones presidenciales? En realidad, depende de sí mismo para hacerlo y de marcar al nuevo liderazgo republicano que va a ejercer su derecho al beneficio de la duda.

¿Y que pasa si Obama no hace de la necesidad, virtud? El presidente depende de sí mismo y solo él puede interpretar del mejor modo que pueda las cicatrices del resultado. La recuperación de la Cámara de Representantes, en manos demócratas desde 2006, da oxígeno y espacio a los del elefante. Leer bien el resultado y dar con los gestos y las acciones oportunas son el gran test al que se enfrenta Obama antes de las urnas. Y puede fallar.

Esa tierra de oportunidad marca esa bala en la recamara del presidente. Reagan y Clinton la usaron y dieron en la diana. Taft perdió la presidencia y su debacle empezó con esas elecciones de 1910. Cien años más tarde, la situación, la sociedad y la presidencia misma son muy distintas. En política es el único lugar en dónde los muertos vuelven.

Foto del Flickr de la Casa Blanca, Obama truca al nou líder republicà al Congrés per a felicitar-lo per la seva victòria.

Blanco, el ministro brujo que sabía de comunicación

Muchas personas en este país, especialmente aquellos que se sientan diariamente en una tertulia de las que no escasean en radio y televisión, no acabaron de digerir eso de ver a un ministro sin estudios universitarios al frente de una cartera tan importante como la de Fomento. Las infraestructuras del país en manos de un bachiller al que, para más inri, apodaban brujo, o bruxo de Palas de Rei. No lo acababan de ver. Aunque al cabo de muy poco tiempo, su opinión cambió. ¿Fue cosa de la magia?

En realidad, la única magia que ha aplicado el gallego ha sido entender lo que supone ser ministro. Y actuar como tal. Desde el primer día, se puso el traje de miembro del Consejo de Ministros y no ha cesado en su empeño por ser lo más parecido a la imagen que los españoles esperan de un ministro. Como bien apuntaba Pau Canaleta a las pocas semanas de su nombramiento, Blanco cambió su manera de vestir. Pero también desde ese momento empezó a tejer su propia historia personal.

Pero quizás la parte que algunos podrían considerar magia negra –aunque sólo es entender el valor estratégico de la comunicación- es su dominio del relato. Un relato con un protagonista –el ministro- y un antagonista –los controladores aéreos-. Un relato con episodios –en enero ya tuvo su gran enfrentamiento, cuando les acusó de ser una casta laboral-, una historia que avanza y que ahora llega a su momento clave: la supuesta huelga encubierta en plenas vacaciones.

Y justo en esa situación aparece la magia de la comunicación en estado puro. El farol –o no, ya veremos si llega a cumplirse- de la movilización del ejército para cubrir los puestos de esos controladores que están faltando a su puesto de trabajo y están fastidiando los pocos días de descanso de muchos españoles en un año especialmente gris por la situación económica. Ahí, justo ahí, la gran metáfora del sacrificio del ministro en aras del bien de los ciudadanos que sólo quieren llegar a su destino.

Así se forja un mito. Quizás el gallego se haya inspirado en el presidente Reagan, que en agosto del año 1981 llegó a despedir de forma fulminante a los casi 11.400 controladores aéreos que habían declarado una huelga ilegal.

Blanco aplica además lo que tan bien resume Luntz: no es lo que dices, es lo que la gente oye. O en este caso, no es lo que haces, es lo que la gente ve que haces. Y ante una huelga encubierta cuando todos deseamos ir de viaje durante nuestras vacaciones, nos es muy fácil ponernos en la piel del ministro y apoyarle. Aunque los controladores digan que su propuesta no es viable.

Es curioso porque Blanco comparte ese don por el relato personal con otra de las personalidades que mejor dominan la escena política y de la comunicación, Esperanza Aguirre. La presidenta también sufrió una huelga, aunque su reacción no está en la misma división que la del ministro. Aguirre tiene la suerte de tener una oposición débil y el dominio de la opinión pública que tapó algunos de los aspectos más polémicos de la huelga del Metro de Madrid, como la falta de previsión ante el parón general o la triste realidad que la huelga ha costado más dinero que el recorte que la presidenta proponía.

Quizás el relato tenga un final feliz para Blanco. Como en los cuentos, quizás consiga ser el inquilino de Moncloa –o al menos eso creen muchos-. Pero más allá del resultado, la realidad es que Blanco demuestra tener algo que no todos los ministros y políticos con carreras universitarias tienen: olfato político e inteligencia emocional. El ex ministro Boyer decía hace unas semanas que a este ritmo sólo llegarían al poder ministros analfabetos. Blanco no será universitario pero demuestra estar más que alfabetizado en la gestión de situaciones tensas y difíciles. Algo que no se aprende en muchas aulas. Quizás por ello, hoy ya nadie cuestiona al héroe de la historia.

Chistes para ganar una guerra

A principios de la década de los ochenta, la Guerra Fría estaba a punto de llegar a su fin. Muchos piensan que fue el colapso de la economía soviética o la insostenible carrera armamentística a la que se vio empujada la Unión Soviética por iniciativas como la Guerra de las Galaxias. Lo piensan y tienen razón. Pero desde el mundo de la comunicación, se dio una estocada mortal. Un golpe que vino en forma de chiste.

Seguramente, para estrategas como Clausewitz no entraría en su abanico de posibilidades la opción de ganar una guerra a través del humor. Si la mejor defensa, para Clausewitz, es la propia defensa, el humor más que defensivo puede ser una afilada herramienta. Como se suele decir, la mejor defensa, el ataque.

Ronald Reagan se aplicó la lección. Mientras ordenaba aumentar el gasto militar y acercaba posiciones con los aires de reforma de la Perestroika de Gorbachov, no dudaba en usar chistes sobre las condiciones de vida al este del Telón de Acero. Con ironía y sarcasmo desarmaba al que, años atrás, generaba miedo en una generación entera de norteamericanos que temían terminar sus días bajo una mesa de colegio mientras esperaban la explosión de la bomba nuclear.

El humor es una potente herramienta de comunicación. Pero debemos saber cuando usarlo. Para ello, Reagan supo tomarle el pulso al momento histórico que estaba viviendo. O sea, no es lo mismo recurrir al sarcasmo cuando se cree estar en superioridad con el enemigo y entendiendo que la opinión pública puede entender el recurso al humor, a hacerlo en momentos más débiles. Por ejemplo, con los #AguirreFacts o si ahora, con la que está cayendo, a Rajoy le diera por contar chistes del tipo “Un español, un griego y un alemán se van de cañas. ¿Quién paga?”

Los últimos años del comunismo recibieron del bando opuesto la burla y la carcajada. Los chistes de su comandante en jefe se hicieron famosos y su enorme carisma generó una idea imbatible en la mente de los americanos: el enemigo ya no era tal. Los años posteriores a la caída del Muro hicieron lo suyo para ello pero, ¿cuanta responsabilidad tienen los chistes de Reagan en hacer que el miedo se disolviera como un azucarillo en un café?

Homer Simpson será presidente de Estados Unidos

president-simpsonEn Estados Unidos la política se lleva en el ADN. Gusta, se vive desde la infancia. Si a ello le sumamos ese gusto por el espectáculo, llegamos al propio espectáculo de la democracia, el showbusiness de la política. Las campañas a lo grande, los grandes anuncios electorales, el dominio de la imagen, una política para todos los sentidos. Y casi, para todos los públicos.

Quizás por ello, el mundo del entretenimiento no es ajeno a la política. Desde una gran cantidad de títulos cinematográficos dedicados a los inquilinos de la Casa Blanca a la mítica serie ambientada en la zona de trabajo, el Ala Oeste de la Casa Blanca. Presidentes más o menos convincentes ante las cámaras, pero también de amarillo y en animación.

La familia más famosa de América, The Simpsons, cumple 20 años. Y como buena familia americana, también lleva la política en su ADN, aunque Homer sea el típico ciudadano alejado de ella. Esta serie de éxito, que cuenta con un humor inteligente y unos guiones muy trabajados, llega en buena forma a su aniversario y echando la vista atrás podemos darnos cuenta hasta que punto la política ha sido una parte central del show.

Tras miles de episodios, 12 presidentes han “actuado” para los Simpson. Desde el padre fundador, George Washington, a George W. Bush. Pero además, escenas, frases y discursos célebres de la política norteamericana se han colado casi sin avisar en muchas escenas de la familia amarilla: el bebé Maggie imitó a la niña del famoso spot de L.B. Johnson, Daisy. Y Bart jugó con el spot “Rats” de George W. Bush. O Homer proncundiado la palabra “nuclear” como Eisenhower.

Estas son las 10 mejores escenas presidenciales en The Simpsons:

George Washington
En el marco del bicentenario de la ciudad de Springfield (con fuertes connotaciones al propio aniversario de la nación celebrado años antes), Lisa descubre el terrible secreto de su fundador. En la recreación del mismo, el primer presidente americano forcejea con el hombre que da nombre a la ciudad. Y descubrimos porque a su retrato oficial le falta un pedazo.

George H.W. Bush
El primer presidente Bush se muda a Springfield tras dejar la presidencia. La razón es simple, es la ciudad de América con menos interés por la política. La pareja presidencial se instala delante de la casa de los Simpson e inicia una tensa relación vecinal con Homer. Con guiños a “Daniel el Travieso”, Bart juega también un gran papel.

John Fritzgerald Kennedy
El abuelo Simpson descubre durante la Segunda Guerra Mundial que JFK es, en realidad, un nazi. ¿Por qué? En un bote de guerra recita las famosas palabras “ich bin ein berliner” y Abe Simpson ordena la carga contra él.

Richard Nixon
Durante un capítulo de Halloween, Homer vende su alma al diablo por una rosquilla. La familia exige un juicio justo, formado por un terrorífico jurado de asesinos y seres diabólicos. Incluido Richard Nixon.

Thomas Jefferson
Airado por ser un segundo plato en los memorials de Washington, el presidente Jefferson se niega a dar consejo a Lisa cuando sufre una falta de fe en la democracia al descubrir un caso de soborno a un congresista.

Abraham Lincoln
Aunque aparece alguna escena, la más famosa es un gran homenaje. Cuando Lisa llega a presidenta de los Estados Unidos en un salto al futuro, Homer y Marge se instalan en la Casa Blanca. Homer se pasará todo el capítulo buscando el oro de Lincoln que acabará siendo un verso.

Jimmy Carter
Los Simpson ayudan al expresidente en su fundación construyendo casas para los más desfavorecidos.

Gerald Ford
En el mismo capítulo de la tensión vecinal con Bush, Ford acaba instalándose en la misma casa y congenia rápidamente con Homer: futbol y cervezas son la clave.

Ronald Reagan
El actor tuvo su momento en los Simpsons al ser invitado a la fiesta de cumpleaños del pérfido republicano local: el señor Burns.

Bill Clinton
Quizás uno de los presidentes que más veces ha visitado a los Simpson. Homer contestó la llamada que hizo a los vencedores de la Superbowl, intentó seducir a Marge en varias ocasiones y visitó a la pequeña Lisa.

Y queda reseñar la aparición de dos presidentes más (Franklin D. Roosevelt y Andrew Jackson) y la mención expresa a Obama: Homer intentó votar por él pero lo hizo por McCain.

Así que quizás por ello, los productores de los Simpsons no dejan de hacer gestiones para conseguir que Obama sea el primer presidente que presta su voz para un capítulo. A ver si lo consiguen. Y que lo podamos ver durante muchos años más con esta excéntrica familia. Y si no es posible, quién sabe, quizás Homer llegue a Presidente…

Política y música: algo más que una conexión emocional

“La música despierta en nosotros diversas emociones, pero no las más terribles, sino más bien los sentimientos dulces de ternura y amor.”
Charles Darwin

El arte de las musas, la música, nos acompaña a lo largo de la vida. Una melodía puede activar nuestra memoria para recordar un momento feliz, un episodio memorable de nuestra vida. La canción del primer amor, la nana que nos cantaba nuestra madre o la solemnidad del “Gaudeamus Igitur” el día de la graduación. Como rezaba una campaña publicitaria de los 90, es imposible vivir sin música.

Pero sobretodo la música es un enorme generador de emociones. La melodía, la letra, la armonía o el ritmo saben arañar en nuestra fibra sentimientos que guían nuestras acciones. Nos predisponen a estados emocionales que tienen mucha importancia en nuestra conducta. La música amansa las fieras, se suele decir.

La relación entre música y política ha tenido numerosos episodios y tiene varias dimensiones a tener en cuenta. Esa relación incluso está caricaturizada en la famosa frase del cineasta Woody Allen “cuando oigo a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia”, cuando se refería a los gustos musicales de Adolf Hitler y del Tercer Reich. Tal y como indica Antoni Gutiérrez-Rubí “La utilización de la música en la política (sobre todo en campaña electoral), ayuda a la conexión emocional con el ciudadano, a la identificación de un partido, de un candidato…de manera muy efectiva.”. Desde los sentimientos que un himno nacional puede generar (junto a la bandera, símbolos que promueven una gran cantidad de sentimientos y con una carga emotiva muy importante), al uso político de la música, hay un gran espacio para estas relaciones.

Desde la comunicación política existen numerosos ejemplos del uso de la música para conseguir convencer y movilizar al electorado. Tal y como indica Ted Brader, la música “ni completa o substituye el mensaje verbal, pero afila su efectividad alterando como se recibe el mensaje” (Brader, T. Campaigning for hearts and minds. How emotional appeals in political ads work. The University of Chicago Press, Chicago 2006.).

Los anuncios electorales han sido uno de los campos en que la música ha desplegado toda su efectividad. Los anuncios que han apelado al miedo, han usado notas discordantes, sintonías que han subido en intensidad buscando la tensión en el receptor y no han dudado en utilizar sirenas, llantos o gritos. En la campaña electoral de las elecciones generales de 1996, el PSOE emitió el que a día de hoy es el spot electoral más famoso de la democracia española: el anuncio del dóberman. En un típico anuncio de contraposición, la España en positivo, colorida y positiva del presidente González se oponía al proyecto conservador del PP. Las imágenes asociadas a este último, además de mostrar a hombres en gabardina como si fueran policías de la antigua brigada político-social del franquismo, también mostraban un dóberman bordando, a punto de atacar. Pero sobretodo, era el uso de esos sonidos lúgubres los que conseguían una sensación de miedo y tensión en el receptor.

La música también tiene importancia para generar las emociones adversas. Optimismo, alegría o ilusión le deben mucho al uso de las melodías. En Estados Unidos, spots como los de Ronald Reagan en su campaña de reelección en 1984, titulados “It’s morning again in America”, combinaban a la perfección lenguaje verbal, el uso de imágenes y colores y, sobretodo, el recurso musical. Las fanfarrias, con toques militares, son un modo muy eficiente de dar solemnidad e importancia a un mensaje, especialmente cuando el que lo hace es el comandante en jefe. Pero no sólo existe esta relación en los spots, las campañas electorales norteamericanas suelen tener una canción de campaña que va más allá de crear una relación emocional, sino que adquiere un auténtico significado.

Barack Obama recurrió a los irlandeses U2 para hacer de su “City of blinding lights” su tema de campaña. La canción, compuesta en homenaje a la ciudad de Nueva York tras los atentados del 11 de septiembre, era una auténtica declaración de intenciones del ahora presidente al elegir una canción que quería marcar la reconstrucción, el rearme del país de optimismo para encarar el futuro tras un negro pasado. Lo mismo que él defendió para el país entero tras los 8 años de presidencia republicana. Clinton echó mano en 1992 del tema “Don’t stop” de Fletwood Mac, una declaración de intenciones para dejar atrás 12 años de gobiernos republicanos. Ronald Reagan no dudó en hacer del hit de 1984 “Born in the USA” de Bruce Springsteen su himno, aunque el mítico artista quizás no hubiese querido tener ese honor, ya que ha sido uno de los artistas más beligerantes con el establishment republicano a lo largo de los años. Obama y Kerry también echaron mano del Boss durante sus campañas, tanto en los conciertos para el cambio como en el uso de una de las canciones más políticas de Springsteen: The Rising.

Atendiendo a lo que nos dice una canción cuando la enmarcamos en un contexto político, ¿qué mensaje mandaban en Ferraz al elegir las canciones del costoso –200.000 euros– acto político del pasado domingo? La big band que estuvo presente tocó varios temas que sirvieron de marco para las apariciones de los ministros. Entre ellas sorprenden especialmente dos: Waterloo de ABBA para la vicepresidente económica Salgado y Mack the knife para un buen nutrido grupo de ministros.

Si Waterloo, la canción con la que los suecos ganaron Eurovisión y se lanzaron al estrellato mundial, evoca a la mítica derrota de Napoleón que supuso el inicio de su final, Mack the knife nos habla de las vicisitudes de un asesino. La derrota, el colapso y la violencia como elementos referenciales. No sé si es fruto del azar o del descuido –que viene a ser lo mismo en política-, pero las casualidades han dado pie a una cierta ironía. Al menos, a más de uno se le debió atragantar el aperitivo al ver a Salgado entrar con una referencia a un emperador que lo tuvo todo y lo perdió todo.

La política del miedo en 30 segundos

Uno de los estados emocionales que una estrategia política puede generar de forma consciente es el miedo, ya que las reacciones que genera son tremendamente poderosas a la hora de mover al electorado a la acción.

No podemos buscar racionalidad en ello, es una estrategia dirigida a las emociones y como tal, si funciona, no nos permitirá discernir entre la objetividad o no de los datos. Cuando algo se analiza desde la emoción, difícilmente podremos apelar a esa capacidad de raciocinio que, en frío, se tornará una revelación.

La sensación de miedo nos predispone a buscar la solución más contundente a los problemas planteados en pro de nuestro propia supervivencia o de mantener nuestro status quo. Plantear disyuntivas bajo el prisma del miedo nos llevará a tomar decisiones que, en otras situaciones, consideraríamos drásticas.

No hay modo de expresar mejor esa intencionalidad de hacer del miedo una baza política que los spots electorales. Generar una emoción en menos de 30 segundos, como un ataque fulminante a nuestra amígdala que nos pondrá en tensión. Anuncios que harán uso de la música –in crescendo, gritos, alarmas, graves…-, el color –tonos oscuros, poca luz-, el movimiento de la imagen y la metáfora como gran expresión.

Estos son algunos ejemplos de los mejores anuncios de la política del miedo.

Daisy

Un clásico de la campaña electoral de Johnson en 1964. Sólo se emitió una vez, pero las cadenas de noticias se encargaron de repetirlo una y otra vez. En él, una niña inocente deshoja una margarita tras lo cual empieza una cuenta atrás que lleva a una explosión nuclear. La frase final del presidente es demoledora: “These are the stakes! To make a world in which all of God’s children can live, or to go into the dark. We must either love each other, or we must die.” La amenaza nuclear, pero sobretodo la amenaza extremista de un candidato republicano que se enorgullecía de ello… Tras la crisis de los mísiles de Cuba el contexto no estaba para andarse con chiquitas…

The Bear

Los últimos años de la Guerra Fría estuvieron marcados por la llamada “Guerra de las Galaxias”. En ella, el delirio norteamericano de un rearme soviético –completamente infundando para llevar a la URSS a la bancarrota- es el contexto para este anuncio de Reagan. Si hay un oso ahí fuera, ¿es mejor estar preparado para batirlo si ataca, o no? Sencillo, fácilmente comprensible, sin decir ni una palabra sobre política exterior o defensa. Una obra maestra.

Los lobos de Bush

Muy inspirado en el anuncio del oso, el presidente George W. Bush planteó así la cuestión de la seguridad nacional tras Irak y los ataques del 11S. Vivimos en un mundo de lobos y debemos estar preparados.

Las 3 de la mañana

Hillary, pese a no tener experiencia en ningún cargo político, atacó a Obama de este modo durante las primarias. Si suena el teléfono de la Casa Blanca a las 3 de la mañana, ¿quién prefieres que maneje la situación? El uso de una imagen familiar, una cama con niños, es el elemento que decanta la balanza.

El dóberman del PSOE

Aunque es más largo y quizás menos sofisticado que los americanos, es nuestro gran anuncio de la política del miedo. La campaña de las generales de 1996 llevó al PSOE a poner toda la carne en el asador para contrarrestar el desgaste político tras años de crisis económica, paro y corrupción. El mensaje era contraponer la visión de dos Españas, la positiva del PSOE y la negativa del PP. El anuncio causó un revuelo enorme en la España de 1996 y se llegó a acusar al PSOE de usar publicidad subliminal… aunque en realidad de subliminal no tiene nada…

El teleprompter de Esperanza Aguirre

“El teleprompter ha hecho que la televisión gane en precisión, pero que pierda en emoción”

Con estas palabras resumía uno de los grandes cambios en el mundo de la televisión el veterano periodista Joaquín Arozamena. La verdad es que aunque durante mi infancia el espejo mágico se usara muy poco, sólo tengo consciencia de haber visto siempre un informativo con el/la periodista mirándome directamente a mí. Y quizás porque todos estamos ya muy acostumbrados a las rutinas del medio rey, conviene alertar a nuestros líderes políticos de la necesidad de aparecer en ellos como se merece el lugar.

En España no es habitual el uso de teleprompters en actos o discursos y, mucho menos, en sede parlamentaria. Ayer se desató la polémica en Twitter entre varios parlamentarios madrileños y algunos usuarios sobre el uso de esta herramienta de la presidenta madrileña Esperanza Aguirre en su discurso del estado de la región. Pero pese a las críticas, creo que Aguirre ha sido bien aconsejada.

Es evidente que la audiencia de su discurso (un martes a mediodía) está a años luz de un discurso del estado de la Unión en el país del Tío Sam, pero no por ello está menos justificado el uso del prompter para aparecer siempre mirando a cámara y no mirando a los papeles. Algo a lo que el espectador ya no está acostumbrado.

Orlando Jorge Mera reflexionaba hace un año en su blog sobre los recursos que los políticos tienen para dirigirse a una audiencia, ya sea grande o pequeña. Citaba el caso del presidente Reagan, que usaba unas tarjetas con todos los datos de una intervención y le servían para memorizar su discurso. Las llamadas “cue cards” dejaron paso al teleprompter y a su versión más extendida en Estados Unidos, el llamado “presidential glass”.

Creo en las ventajas de esta máquina para ser más efectivos en un discurso y así lo aconsejaría a cualquier político:
1. Permite aparecer más natural en la cámara, sin forzar gestos o movimientos bruscos al levantar la mirada.
2. Entregaremos el mensaje verbal que queríamos enviar, sin fisuras, errores o lapsus.
3. Podremos concentrarnos en mejorar otros aspectos de la comunicación no verbal, como el tono, la voz, el gesto, la sonrisa…

Aunque para atreverse con el teleprompter hay que ensayar antes. Aparecer natural no es fácil y hacer una buena interpretación de un discurso requiere esfuerzo y dedicación. Para ser un Obama, debemos trabajar.

Por cierto, a Obama también se le criticó mucho una cierta adicción al aparato durante su campaña presidencial. Sus adversarios le atacaban señalando que más allá del prometer, no había nada. No sólo se equivocaban, sino que con sus críticas ponían de relieve sus habilidades comunicativas con y sin el espejo.

En realidad creo que el debate de ayer en Twitter es fruto de un gran desconocimiento de las virtudes del teleprompter en política. ¿Es mejor o peor política Aguirre por usarlo? ¿Es mejor o peor político Zapatero por no usarlo? Los dos pueden ser buenos o malos, lo importante es el discurso y las ideas que haya en él. Y si además de ser buenos discursos los puedes interpretar de un modo mejor, todos nos veremos beneficiados por una comunicación más efectiva. Que no se use en España no significa que sea malo, al contrario, me gustaría ver en la política y fuera de ella más uso de una herramienta como esta.

Sobre su precio –entiendo que mucha gente pueda preguntarse si Aguirre lo compró, lo alquiló o lo cogió prestado- haciendo unas consultas en la Red podemos ver webs en que por 3.000 dólares podemos tener uno de los que usa Obama. O alquilar uno por unos 110€ durante un día. Y para los más atrevidos, montarte tu propio prompter con un portátil e Internet para una presentación en la universidad, en el trabajo o, porque no, en política con esta sencilla aplicación.

Debemos perderle el miedo al teleprompter, sin duda, aunque no olvidemos que lo importante es la base, la sustancia. El discurso de Aguirre no fue mejor por esto, pero seguramente se vio mejor gracias a esto.

Turismo político: Berlín

Berlín seguramente sea el destino turístico en que la historia y la política juguetean más con el visitante. En la capital alemana todo huele a historia. En cada paso resuenan los vestigios de un pasado con luces y sombras. En cada esquina se respira el inevitable peso de lo vivido y la enorme responsabilidad de seguir marcando la pauta política para, al menos, sus vecinos del continente.

Si estás pensando en visitar Berlín este verano, espero que en este post puedas tomar ideas para diseñar tu ruta, aunque ya te aviso de una cosa: vayas donde vayas, estarás en algún lugar histórico. Y seguramente, en cuanto pongas los pies en la capital federal, sentirás lo que se ha acuñado como Ostalgie, la nostalgia de la RDA, algo que en una ciudad tantos años dividida es imposible evitar.

Vayamos por partes: para recomendar los mejores sitios que visitar, seguro que habrás leído mil guías de viajes, así que no esperes algo pormenorizado en este post. Eso sí, voy a darte algunas claves que harán más placentera tu visita.

En primer lugar, te recomiendo un juego que hicimos con mi hermana cuando estuvimos en la ciudad: intentar adivinar en qué parte de Berlín estamos. Para ello, te servirá fijarte en los famosos semáforos de Berlín Oriental. El Ampelmännchen, o hombrecillo del semáforo, es el símbolo de las luces de tráfico de la antigua RDA. Con la caída del Muro, se intentó homogeneizar los semáforos en toda Alemania, pero la oposición de los alemanes del Este fue tan fuerte que se mantuvo. De hecho, algunos distritos de Berlín Occidental lo han tomado prestado… ahí radica la dificultad del juego.

La segunda clave es recorrer el antiguo Muro. Será una constante en tu visita, así que no te costará encontrarlo. Pero presta especial atención al pasar por Postdamer Platz: un lugar que durante la Guerra Fría no existía. También es especialmente emotivo pasar por la Puerta de Brandenburgo e imaginar el lugar exacto en que el Muro se erigía imponente. Para seguir con este recorrido, tienes el museo del Checkpoint Charlie, con una completa historia de la separación y los intentos de cruzarlo, así como la galeria de arte al aire libre que tiene en el Muro su soporte; precisamente en el lugar en que se ha conservado un mayor tramo de la barrera.

La visita al Berlín político no es tal sin una vista atrás a los oscuros años del nazismo. Para ello, te propongo que empieces la visita en el Bundestag; el mismo que sufrió el incendio que llevó a Hitler al poder. De allí, tras observar las vistas de la capital y ver la Cancillería, puedes visitar los solares donde estuvo la Gestapo o caminar hasta la Puerta de Brandenburgo, el corazón del Berlín más histórico. Cerca de la puerta está el impresionante monumento erigido en memoria de las víctimas del holocausto. De allí, puedes coger un tren hasta el campo de concentración de Sachsenhausen. Al pasar por el tren, fíjate en la gran cantidad de casitas que tienen la bandera alemana en el jardín, al más puro estilo americano.

Otra parte esencial de tu viaje debería ser la Ostalgie. Y en Berlín no te vas a quedar corto. En primer lugar, es interesante ver las grandes diferencias entre los dos Berlines, pero dentro de la parte oriental, entre la más cercana a Alexanderplatz y los distritos más alejados: veréis como más al este el paisaje es más gris y más pobre. En el distrito oriental no os podéis perder la zona de Alexanderplatz, la torre de la televisión y la zona del ayuntamiento Rojo y el monumento a Karl Marx y Engels. De allí, podéis optar por pasear por Karl Mark Alee y observar los edificios de un marcado realismo socialista hasta acercaros al parque de Treptower. Ahí se esconde el impresionante y vasto monumento soviético a la victoria en la Segunda Guerra Mundial y cementerio de combatientes. No pierdas oportunidad de compararlo con el erigido en la zona occidental. Para seguir con la visita al Este alemán, podéis visitar tanto el Kulturbrauerei y su barrio, el museo de la Stasi o el búnker nuclear de Honecker a unas horas de Berlín.

Y por lo demás, disfruta de una maravillosa ciudad. No te pierdas su gastronomía y sus cervezas, el paseo por sus parques y, si ya eres mitómano al máximo, el lugar desde donde Barack Obama dio su discurso a Europa hace poco menos de un año.

¡Ah! Otro pequeño consejo: llévate impresos o en tu iPod los discursos de Kennedy y Reagan ante la Puerta de Brandenburgo. Escuchálos allí mismo y siente como se te encoge el alma…

Fotos de todo lo hablado: en mi Flickr!

Born in the USA: un himno

Este es uno de los posts de los que le gustan a Adolfo, lo sé. Porque más de una vez hemos hablado de Bruce en nuestros viajes, generalmente (no sé por qué) en la T4 siempre acabamos hablando de él. Y hoy no es para menos: el histórico álbum de Bruce Springsteen “Born in the USA” cumple 25 años.

La canción de Springsteen tenía todos los elementos para convertirse en lo que fue: un himno. Una crítica a ese Estados Unidos de la guerra del Vietnam, la dura y tosca historia de los veteranos que habían luchado contra los “hombres amarillos” que aparecía en la próspera América de la era de Reagan.

De hecho, Reagan hizo lo que mejor se le daba hacer con esta canción: triangular. Traer la crítica a su campo y convertirla en su canción de campaña. 20 años más tarde, otra canción de Springsteen sería el himno de un candidato demócrata, John Kerry hizo suyo el “No Surrender“.

Más allá del poder comunicativo del Boss, que ya traté en este post tras el monumental concierto del verano pasado en Barcelona, podríamos llegar a decir que Springsteen es una herramienta más de marketing político: en Estados Unidos siempre ha sido relevante su acción política, especialmente contra la Guerra de Irak y contra George Bush.

El Jefe ya nos deleitó con su “Working on a Dream” para Obama y seguramente seguirá siendo una pieza activa en la política del país del Tio Sam.

En homenaje a esa gran canción, a ese himno que pone el vello de punta, este post.