Rajoy marca el paso

Unir imagen, palabra y mensaje en una misma pieza, no es fácil. Aún menos si el protagonista de la pieza no da excesivamente bien en cámara o tiene problemas en el tono del mensaje. Por ello, cuando el resultado es bueno, su efecto se multiplica. Mariano Rajoy protagonizó una de estas piezas en la convención de su partido.

El vídeo de presentación que rompió el hielo para su discurso de clausura es buena muestra de ello. El concepto es sencillo: Rajoy diserta sobre la importancia de caminar, del paso, del camino… Camina en el vídeo y aparece en el escenario caminando. Idea de movimiento, de partido en marcha, de proyecto que se mueve hacia algún sitio.

Quizás por aquello que “el movimiento se demuestra andando”, el equipo de Rajoy ideó el modo de contar en menos de 100 palabras esa idea de estar en marcha. Analicemos el texto que narra Rajoy.

  • Cada día me levanto temprano para caminar. Hacer algo de ejercicio. Es mi momento de reflexión. Rompe con la imagen de Rajoy como un hombre perezoso y viejo. Hace ejercicio, sencillo, habla de los beneficios del deporte para la mente y cita la meditación, la reflexión. Nos movemos, pero con cabeza, parece decir.
  • Vivimos tiempos difíciles y sé cual es mi responsabilidad. Sé donde estamos y sé a donde hemos de llegar. Marca el contexto de crisis y se reivindica como líder. Tiene algo en mente.
  • Tengo claro que el camino es duro, es difícil. Pero no hay camino largo si la meta merece la pena. Reivindica el valor del objetivo y lo hace con realismo.
  • Porque en España, la gente normal puede hacer cosas extraordinarias. Mensaje al español medio, al ciudadano normal que cada día abre su negocio o acude a su puesto de trabajo.
  • Estamos unidos, preparados. Y con mucha ilusión. Mensaje interno, de partido. Lucha contra la imagen de desunión o de oposición perezosa.
  • Sabemos como hacerlo, y somos capaces. Reivindica un proyecto y la capacidad de acción demostrada en un pasado.
  • Voy a reunirme con mi equipo de confianza. Con mi gente. Explicación del porqué de la Convención de Sevilla.
  • Lo sé. En ellos, puedes confiar. Mensaje al elector, si Rajoy confía, el ciudadano puede hacerlo.

El vídeo juega con imágenes muy interesantes. Rápidas, atractivas, reforzando esa idea de movimiento. Juega con un Rajoy de paisano que pasa a vestirse con el mono de trabajo, en este caso el traje de presidente. Pisa fuerte, tanto a primera hora de la mañana como cuando se dirige al atril. Y ahí entra la imagen más interesante y más subliminal: la luz al final del túnel, como ya hizo Convergència i Unió en las pasadas elecciones catalanas. Un túnel que da paso a la entrada de Rajoy en el escenario, uniendo el vídeo con lo que ocurre en el auditorio.

Un gran trabajo del equipo de comunicación de Rajoy. No será el último. Rajoy afirma estar preparado en el vídeo, y a juzgar por el resultado de la Convención, el equipo de comunicación del candidato también lo está.

La vuelta a la política de Aznar

El bigote de Aznar es una metáfora sobre su personaje político: parece que no está, pero ahí sigue, como comentaba alguien en Twitter este fin de semana. Por ello, deberíamos preguntarnos si realmente Aznar se fue alguna vez de la política. Ha sido, sin duda, el ex presidente más incómodo de la democracia española. Es más, cada vez que entra en escena, no deja a nadie indiferente. No deja de ser relevante preguntarse hasta qué punto le beneficia al Partido Popular que el ex presidente se cuele en la foto. Como tampoco deja de ser un juego político preguntarse qué pasaría si volviera a presentarse ¿El Aznar de 2010 ganaría como en 1996?

Es más lo que se puede perder (o no ganar) el Partido Popular que lo que puede aportar el presidente de la FAES. El discurso de Aznar no es, en absoluto, moderado. Es un discurso profundamente ideológico, duro, conservador y nacionalista. Justo aquello de lo que se desprendió para conquistar el poder. El Aznar de los noventa consiguió doblar los votos del partido (de los cinco millones en 1989 a casi diez en 1996) gracias a la unión del voto conservador y un viaje al centro.

La unión del electorado de derechas, fragmentado durante los ochenta, es lo que le ha permitido al Partido Popular mantener el nivel alcanzado por Aznar. Por ello, a ese electorado, que Aznar hable o calle ya le importa poco. Sus valores se identifican totalmente con los del partido. Pero… ¿qué pasa con aquellos que llegaron por el viaje al centro?

Esos son los electores clave. Llegaron en 1996 y muchos lo hicieron llegando del PSOE. Y se fueron en 2004. La moderación de la primera legislatura de Aznar y la crisis en el PSOE se tradujo en un aumento de la abstención y en los mejores resultados hasta la fecha del Partido Popular. Aznar gobernó con una mayoría absoluta que le fue alejando de esa mágica combinación.

El Aznar que hemos visto esta semana poco tiene de moderado. Y la historia electoral en España ha mostrado como es necesaria la conquista del centro para ganar unas elecciones. Carles Castro lo muestra con maestría en su “Relato Electoral de España 1977-2007”, un análisis en profundidad de la historia electoral española que muestra como la conquista de ese centro político, de esa moderación es la clave de la victoria en España.

Aznar dejó la presidencia con un elevado grado de desconfianza por parte de los españoles. Según el CIS, en enero de 2004, meses antes de las elecciones que llevaron al PSOE al gobierno y antes de los trágicos sucesos del 11M, el 60% de los españoles tenía poca o ninguna confianza en él. Apunte a pie de página, en el barómetro de octubre de 2010, el 81% de los españoles desconfiaba del presidente Rodríguez Zapatero. Rajoy le superaba por medio punto.

Ante ese contexto, Aznar refuerza los votos conservadores. Compacta un voto ya fiel y movilizado –no debemos olvidar que Rajoy obtuvo más votos en 2008 que en 2004, superando los diez millones de electores- Pero no atrae a nuevos votos. No atrae el centro. De hecho, los atrae la propia situación económica del país y el desatino en las políticas del gobierno. No Aznar.

Lo que sí puede hacer Aznar es despertar a un electorado en shock: el socialista. Las duras reformas emprendidas por Zapatero, en contra de lo dicho y lo esperado por los suyos, ve en Aznar el enemigo común que despierta a mucho votante atolondrado.

Rajoy lo tiene todo de cara. Tiene el partido más o menos controlado y no parece que los escándalos de corrupción hagan mella en el electorado. Si las encuestas no mienten, el 22 de mayo será un contundente rechazo al PSOE y el PP encarará la recta final de las elecciones de 2012 más reforzado que nunca. Solo queda esa metáfora de Aznar sobre el aire. Ese bigote que está y no está… pero que cuando aparece despierta los temores de desandar lo andado.

Lo que Rajoy puede aprender de Lady Gaga

En realidad, el artículo podría hacerse extensivo a los políticos en general. Pero nos vamos a centrar en el líder de la oposición. ¿El detonante? La crisis de los controladores. La misma que le pillo en el aeropuerto de Lanzarote. ¿Por qué no aprovechó el momento para conquistar el corazón de los españoles? Rajoy tiene un problema para acercarse a la gente, para promocionarse. Y Lady Gaga puede ayudarle.

Nos puede gustar más o menos su música, pero no podemos negar que Lady Gaga sabe a la perfección cómo promocionarse. Entiende el modo de llegar a todo tipo de audiencias, como gestionar a su fans como si se tratara de un auténtico CRM y siempre tiene un as guardado en la manga para captar la atención de medios y público. Justo lo que le falta a Rajoy.

¿Cómo ha conseguido Stefani Joanne Angelina Germanotta convertirse en Lady Gaga? ¿Cómo ha pasado de ser una neoyorquina corriente a mover masas –online y offline- y vender millones de discos? ¿Cómo puede Rajoy incrementar sus seguidores?

1. Define tu carácter, visión y modelo

Los fans de Lady Gaga la admiran porque saben que no se trata solo de música. Es un todo. Un continuo coherente que responde a la visión que Stefani Germanotta tenía: quería ser una estrella conocida en todo el mundo. De Rajoy sabemos que quiere ser presidente… ¿pero a costa de qué? ¿Qué visión y modelo tiene para España? Ponerlo en evidencia le ayudaría. Como a cualquier político en campaña: los ciudadanos debemos saber qué visión tienen para el país/comunidad autónoma/ municipio.

2. Creatividad al poder

Gaga no es otra estrella musical, es ella. Rajoy ahora mismo es otro político más. Por ello, la creatividad en todo lo que se hace es muy importante. Lady Gaga desborda creatividad y eso es un activo. Rajoy, como cualquier otro candidato, debe perder el miedo por introducir tintes creativos en su modo de comunicar su propuesta a la ciudadanía.

Lady Gaga es famosa por sus excentricidades. Rajoy no debe vestirse con carne cruda, pero quizás sí pensar en cómo sorprender. ¿No sería una excentricidad que el líder de la oposición apoyara al presidente?

3. Fija el camino. Y hazlo tú

La norteamericana tiene una capacidad muy clara para fijar la agenda musical. Sus cambios de estilo, sus excentricidades, sus acciones… son recogidas por los medios, admiradas por sus seguidores y copiadas por otros artistas, programas de televisión, etc.

A Rajoy le marcan el paso muy a menudo. Incluso cuando quiere llevar la iniciativa, pierde luego en el cuerpo a cuerpo. Un candidato debe intentar fijar siempre el camino, llevar la iniciativa y hacerlo con seguridad. Hasta las últimas consecuencias. Para ello, va a necesitar la visión y la creatividad de la que hemos hablado, pero sobretodo ganas e ilusión por hacerlo. Sin ello, poco puede hacer un candidato.

4. Reinvéntate

Gaga pasó de ser una post-adolescente con apenas 12 personas en el auditorio a llenar estadios. Barcelona y Madrid esta semana, sin ir más lejos. ¿Cómo? Reinventándose. Rajoy ha perdido dos elecciones y quiere asaltar la Moncloa a la tercera. Si lo hace, lo hará por el desgaste de un gobierno que no ha sabido gestionar la crisis y con un liderazgo en horas muy bajas. Pero no por haberse reinventado.

Rajoy debería seguir el ejemplo de Artur Mas, quien a la tercera ha conseguido ganar las elecciones con posibilidad de gobernar gracias a una concienzuda tarea en cambiar su mensaje, su liderazgo y su manera de llegar a la ciudadanía.

Ahí entra también el estilo, la imagen y la marca propia. Algo en lo que Rajoy parece no tener muy claro. Le hemos visto con un iPad para reforzar su parte más moderna, pero su oratoria en el Congreso es decimonónica. Reinventarse también pasa por parecer diferente a los ojos de los que no le han otorgado su confianza en dos ocasiones.

5. Habla a tus seguidores. Ámalos.

Gaga lo tiene muy claro. Sus little monsters y el código que comparte con ellos son la clave de la confianza que le han brindado. Para ello, no solo se ha dotado de ese lenguaje común, ha hecho de la Red el modo de acercarse a ellos. Por ello, su página de Facebook tiene ya más de 24 millones y medio de seguidores. Rajoy, en un mensaje impersonal, pedía perdón a los que aún aguardamos que nos acepte en Facebook. En su perfil.

Entender que debes hablar a tus seguidores siempre es la clave. Gaga no deja de hacerlo. Rajoy solo lo hace en campaña. En el caso de Rajoy (y cualquier político), lo que a Gaga serían seguidores, para él serían ciudadanos. Son el centro de todo. Y nada tiene sentido sin ellos.

Las redes brindan una oportunidad única para acercarse a los ciudadanos. Pero también poner sus preocupaciones en el centro de la agenda. Tener valentía para desechar lo que no gusta (como la corrupción) y dar voz a los ciudadanos anónimos que sostienen el país. O lo que es lo mismo, ser capaz de ilusionar por sentirse parte de un todo. Como los fans de Gaga.

Lady Gaga ha demostrado que pensar bien lo que quieres comunicar y poner esfuerzo para cambiar el modo de hacerlo es valioso. Sin dejar a un lado lo aprendido en el pasado, los referentes que te han nutrido y sabiendo adaptarlo a los nuevos tiempos. Los políticos anclados en el pasado no tienen futuro… a no ser que aprendan el valor del cambio. 

Foto de NokiaConnectZA

Rajoy se quita la careta en Halloween

Parece que a Mariano Rajoy le gusta ir al revés del mundo. El día que muchas calles de España se llenaban de personas disfrazadas imitando la tradición estadounidense de Halloween, Rajoy se quita la careta. Se despoja de la máscara y presenta su versión al parecer más sincera. ¿Será que le gusta ir al revés del mundo y por eso quiere reflejarse en el líder de los conservadores británicos?

Rajoy se sinceró en El País. Aunque quizás ese no sea el mejor espacio para reformular sus mensajes y hacer de su discurso una propuesta más conservadora, más tosca y más ideológica. Justo en el momento en que, según las encuestas, puede aumentar sus apoyos y no sólo entre sus votantes.

Quitarse la careta supone dar argumentos a un PSOE que, tras la crisis de gobierno, parece estar algo más fuerte. Eso es un error estratégico. Tanto como el excesivo marcaje que están haciendo al nuevo hombre fuerte del ejecutivo, Rubalcaba. La situación para el PP es óptima, pero estos excesos pueden salirle al partido tan caros como lo hecho por Aznar en la segunda parte de su mandato.

¿Por qué la entrevista en El País es un error? ¿Por qué el discurso no ayudará al PP? Porque se muestra más radical e ideológico en el momento en que debe ampliar sus apoyos y no sólo en la base, ya de por sí movilizada y con ganas de echar a Zapatero a patadas de Moncloa, sino también más allá de ese espacio. Es un error porque la brecha que muestran las encuestas sólo puede ganarse con votantes del centro e incluso de la izquierda. Así ganó Aznar en el 96.

Pero sobretodo es un error la argumentación usada. En primer lugar, Rajoy se mete en un jardín de proporciones bíblicas al ser tajante en la respuesta sobre el matrimonio homosexual. Si el Tribunal Constitucional avala este derecho, el PP estaría dispuesto a eliminarlo de un plumazo. De ese modo, da pie a que el argumento de ataque socialista sobre el PP como un partido contrario a los derechos, se corrobore y se acentúe. De hecho, mostrarse así de tajante ante un avance social que no ha supuesto una fractura social y que ha servido para visualizar una realidad social, es retrógrado y muestra lo peor de un partido que dice ser abanderado de la libertad.

Lo que sorprende es la voluntad de identificarse con David Cameron. En primer lugar, es un error porque Cameron no es Obama… en términos de conocimiento general. Como referente, es potente para aquellos que siguen la actualidad, pero no para la mayoría de ciudadanos que buscan liderazgos fuertes sustentados en su propia realidad. Cameron suena a lejano. Pero, por si fuera poco, ponerse al nivel de Cameron es aceptar como propio todo lo que está haciendo el primer ministro británico. ¿Debe el líder de la oposición fijar su programa en España en base a lo que ocurre en el Reino Unido? ¿No tiene programa propio?, podrían preguntarse algunos.

Rajoy se quita la careta. Aunque quizás podría haberlo hecho de un modo mejor. Dejar lo más polémico en manos de un medio que no se caracteriza por ser afín no es la mejor vía para asegurarse un buen trato. Y así ha sido. Los titulares de la entrevista han ido hacia estos dos temas, obviando cualquier atisbo de propuesta, cambio o mejora para la situación del país. Ha dejado la percepción sobre el programa del PP para ganar en manos de un potente filtro. Quizás por ello, los dirigentes populares no han tardado en matizar a su líder. Pero aún así parece clara la propuesta del Partido Popular: recortar derechos. Y no lo digo yo ni lo dirá el PSOE, IU o ERC. Lo ha dicho Rajoy.

Foto de Marisa Flórez en El País

Los daños colaterales del desfile

Abucheos, broncas y ausencias. Esas parecen ser las tres tradiciones del desfile militar que se celebra cada 12 de octubre en el Paseo de la Castellana de Madrid. Tres tradiciones políticas que son los daños colaterales de la principal celebración del día nacional: lo que ocurre en las aceras del paseo, allí donde no llega el asfalto ni el paso de los ejércitos, tiene sus efectos políticos.

¡Zapatero dimisión!

Un año más, y ya van seis, el presidente Zapatero ha sido abucheado en el desfile militar del 12 de Octubre. Es ya una tradición más, como la de ver a la cabra o carnero de la Legión desfilando, la llegada de la bandera desde el cielo o ver las nubes madrileñas teñidas de rojo y gualda. Una tradición que se ha impuesto. O como el presidente afirma, “forma parte del guión”.

No le falta razón al presidente: los abucheos son algo por lo que los políticos, de todos los colores políticos, pasan tarde o temprano. A lo largo de la vida política son muchas las situaciones en las que un dirigente se ve rodeado por una tosca banda sonora de desaprobación. Y además, acaba copando los titulares de la prensa.
Una sonora bronca a un dirigente, y más si este es jefe de Estado o de Gobierno, lleva implícita otro sonoro impacto en los medios. Le ha pasado a todo hijo de vecino, bueno, a todo presidente, ministro, consejero, concejal… Y todos se han visto en la tesitura de dar respuesta a esa pitada. Esa segunda oleada es más imprevisible, la primera arrecia; la segunda puede no hacerlo.

El presidente del Gobierno cuenta con dos aspectos a su favor para encarar lo que pueda venir ahora en los medios y la opinión pública tras lo sucedido ayer en la Plaza de Lima. El primero, el descontento del Rey y el Príncipe por lo ocurrido. Lo ocurrido tiene trascendencia política, pero la oposición ser va a ver limitada en su capacidad de explotar el caso por ese disgusto personal del Jefe del Estado.

El segundo, la tradición. Las pitadas en el 12 de Octubre son ya habituales. La opinión pública está ya algo anestesiada ante un hecho predecible y habitual. Precisamente la sorpresa es algo necesario en la guerra de guerrillas en la que puede convertirse un acto de oposición y protesta. Lo de ayer era todo menos una sorpresa.

La bronca en la final de la Copa del Rey de 2009, las caceroladas en España por su participación en la guerra de Irak, las protestas en Oviedo contra Aznar… fueron actos que no sólo se colaron en los medios por el hecho de la protesta, sino que tuvieron más efecto por la sorpresa que generaron. Las del 12 de Octubre son de todo menos novedosas.

Aunque el efecto pueda ser limitado, nadie duda del enorme espacio que han conseguido hoy… como en otros años. Son una forma de expresión más y como tal, tiene su peso político.

Conversaciones poco privadas

La espera a la llegada de los Reyes, los corrillos que se forman a su partida o los que acaban creándose en la recepción del Palacio Real son espacios perfectos para generar hechos relevantes para la opinión pública en forma de confesiones, conversaciones pilladas al vuelo o retos poco difíciles para ávidos lectores de labios. Este año los protagonistas han sido el presidente Zapatero y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.

El dirigente popular recriminó al jefe del ejecutivo la situación “asfixiante” en financiación local. Adjetivo que ya usó hace unos años Esperanza Aguirre en el desfile, cuando recriminó a Pasqual Maragall, por aquel entonces president de la Generalitat, el “intervencionismo” del Estatut que el Parlament de Catalunya había aprobado días antes, el 30 de septiembre de 2005.

La jornada de ayer también dejó uno de esos momentos de micrófono abierto, cuando la ministra Chacón comentó con los Duques de Palma que el tiempo había respetado la celebración del desfile. Sin más trascendencia. Sí la tendrá la de Gallardón… ¿O es casual que el día en qué más cámaras se fijan en estos detalles sea Gallardón y no Rajoy o Aguirre los que pongan el presidente en entredicho?

Banderas y ausencias

Si las banderas de estados invitados al desfile ya fueron noticia en 2003, cuando un Zapatero líder de la oposición no se levantó al paso del estandarte norteamericano por su rechazo a la guerra de Irak, ayer lo volvieron a ser. Como lo fueron también en 2006, cuando con Zapatero como presidente, la bandera de Estados Unidos volvió a desfilar por la Castellana.

Ayer el protagonista fue el abanderado de Venezuela, cuya indisposición supuso no contar con la bandera de este país entre el resto de estandartes de repúblicas latinoamericanas que celebran este año el bicentenario de su independencia, como México o Colombia. La ausencia de Venezuela, tras la tensión de estas últimas semanas a propósito de la cobertura a terroristas de ETA en el país bolivariano, es un plantón en toda regla de Chávez.

Aunque en cada desfile hay otro tipo de ausencias –y por ende, presencias- que hacen correr ríos de tinta. El president de la Generalitat era un ausente a este tipo de desfiles hasta la llegada a la presidencia de Pasqual Maragall. José Montilla, ahora en el cargo y ex ministro del Gobierno, ha seguido asistiendo -con algunas ausencias durante el mandato- y ayer no fue una excepción. Esta presencia ha disgustado a sus socios de gobierno y ha marcado aún más el perfil españolista que está adoptando el PSC en esta pre campaña, en contraposición a CiU.

El lehendakari vasco también es un habitual ausente. Lo era con el PNV en el gobierno y también lo es con el PSE. Patxi López no asistió en 2009 ni lo hizo ayer… aunque eso no tengo el mismo peso en los medios nacionales que las ausencias de Ibarretxe. Faltaron también los presidentes de Murcia, Andalucía, Baleares, La Rioja y Canarias. Una ausencia y una presencia dicen, políticamente, tanto con un solo gesto…

Tal y como un general suele despedir al Rey, todo transcurrió “sin novedad, Señor”.

No me gusta que a los toros te pongas el cinturón

La decisión del Parlament de Catalunya de prohibir las corridas de toros en el territorio catalán ha iniciado un debate con múltiples aristas. Algunos razonamientos, fundados en el interés de promover un sosegado debate. Otras –las más- salpicadas por la demagogia más rancia. Y en medio, algunas ingeniosas estampas que no han pasado desapercibidas. Como el último vídeo de Rajoy. ¿Se pueden mezclar toros y la seguridad vial sin salir corneado?

Resulta curioso. Más allá de los gestos del nacionalismo español que encarna el PP, con el anuncio de llevar al Congreso una resolución para proteger la fiesta nacional, el debate a raíz de la decisión del Parlament ha discurrido en el ámbito del binomio libertad-prohibición. La libertad de elegir ir o no ir a los toros contra la prohibición de la muerte y tortura de un animal para regocijo de los asistentes. Rajoy nos recuerda su postura, sin decir nada, en su vídeo prevacacional: los toros de Osborne que decoran centenares de carreteras en España son el símbolo de esa defensa de la fiesta.

Pero también en el mismo vídeo vemos a Rajoy, que fue ministro del Interior, sin el perceptivo cinturón de seguridad. Muchos nos hemos quedado con eso que el líder de la oposición haga caso omiso de las normas y ponga en riesgo su vida y la de sus acompañantes, pero pocos parecen haber recabado en un debate existente en varios países, especialmente en Estados Unidos. ¿Atenta contra la libertad individual el uso obligatorio del cinturón?

Y ahí es donde llega el detalle sublime de ese vídeo que, seguramente, no tenía intención de llegar a las cotas de popularidad y polémica que ha alcanzado, con disculpas públicas del propio Rajoy por infringir de forma manifiesta. La defensa velada de ese derecho a la libertad en el caso de los toros pero el sometimiento en lo que respecta al cinturón. En un caso la libertad está por encima del espectáculo de la muerte pero en el otro no.

El tema del cinturón de seguridad no es un issue en España como sí lo es en Estados Unidos o Argentina. Ahí existen movimientos que afirman que llevar el cinturón de seguridad atenta contra la libertad del individuo, aunque el riesgo más inminente pueda ser la muerte. De hecho, en 2008 se salvaron 13.000 vidas en la UE gracias a este mecanismo. ¿En qué momento, para las personas, prevalece el derecho a la seguridad a la propia libertad para el PP y no para los animales en la fiesta nacional?

Estas pueden ser algunas de las perversiones en el debate cuando dejamos al azar algunos detalles importantes al elaborar una pieza de comunicación, como esa ausencia del cinturón en Rajoy. Pero no nos alarmemos. El aspirante a suceder a Zapatero en la Moncloa no es el único político español que no usa el cinturón. De hecho, estoy convencido que muchos de los que le han saltado a la yugular tampoco lo usan. En estos vídeos podemos ver a Saura en un spot de campaña de 2003 sin él. Y en este otro corte, a Pujol en su coche oficial también haciendo caso omiso de este elemento de seguridad.

Rajoy ni ganará ni perderá las elecciones por esta anécdota. Tampoco las ganará o las perderá Montilla por llevar a sus hijos a un colegio privado y defender políticamente a la escuela pública. Muchas se han rasgado las vestiduras estos días a cuenta de esto sin ver lo que hacen ello o lo que hacen los suyos. Pero quizás en el fondo lo que más se ha echado de menos es una voz como la de Mas que cree que los políticos deben dar ejemplo, tal y como se desprende del libro de Pilar Rahola. Dar ejemplo.

Quizás Rajoy debería empezar usando el cinturón, sin duda. Pero sería más importante que empezará por dar ejemplo de debates sosegados y fundamentados en el sí de su partido. ¿Por qué debe prevalecer la libertad en ir a ver los toros y no en llevar o no el cinturón sin miedo a ser sancionados? Dar ejemplo, sin duda.

¿Seguirá Aznar los pasos de Take That?

Take That fue un éxito de ventas en los 90. La primera de las boybands de la década que se ganaron el corazón de millones de fans a lo largo de esa década y durante los primeros años del siglo XXI. Lo del grupo de Manchester fue una auténtica locura. Tanto, que su separación no dejó de tener tintes traumáticos para muchas adolescentes. La noticia de la vuelta a la banda, 15 años después, de Robbie Williams no ha pasado inadvertida. Tras rumores se ha consumado. ¿Podría darse algún caso similar en la política española?

Puede parecer extraño, pero la propia historia del grupo puede parecerse a la de un grupo excepcional de políticos que unió a la derecha española tras el franquismo. No es que Aznar tenga dotes de cantante, pero su liderazgo al frente del PP en los 90 puede asimilarse a los Take That. Consiguieron todo lo que se propusieron y se diluyeron sin alzar la voz. Aznar anunció que se iba como Williams lo hizo en 1995.

Tanto los Take That como el PP de Aznar dejaron a millones de huérfanos. Millones de españoles que siguen pensando que nadie volverá a dirigir el partido y el país como José María Aznar. Quizás por ello, ante las cíclicas crisis del partido, no se han dejado de sentir voces que, o bien reclamaban la vuelta del líder o abiertamente pedían que el de Valladolid volviera a la escena política.

La realidad es que las carreras en solitario de Williams y Aznar han sido exitosas. El primero, recorrió medio mundo con sus álbumes en solitario. Una de las figuras más importantes del pop británico de los últimos años. Aznar, en cambio, es un conferenciante habitual al otro lado del Atlántico, ha escrito varios libros y sigue siendo una pieza fundamental de la derecha española. El primero ya ha anunciado su vuelta a los ruedos. Aznar, no parece estar por la labor.

Pero ese espíritu de volver al grupo –los Take That se unieron de nuevo en 2006- parece que no está muerto en el PP. Viejos miembros de la banda piden turno para volver a tocar. Es el caso del ex vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que está haciendo lo imposible por ser el candidato del PP en Asturias. El partido se ha rebelado contra ello, pero las maniobras ahí están. A la espera de que el garante del grupo, Mariano Rajoy -que aguanta pese a Gürteles, espionajes o envites de la Lideresa- se manifieste.

La marcha de Aznar, vinculada a la promesa de no estar más de dos mandatos en el cargo, tuvo mucho de esa marcha de Williams justo cuando estaban saboreando las mieles del éxito. Y seguro que en más de una ocasión el ex presidente haya pensado que su decisión fue un error. Pero seguro que la nostalgia no sería el principal motivo de su vuelta.

Por el momento, el retorno no parece estar sobre la mesa o su proyecto personal. Pero, si Take That ha vuelto a unirse tras tantos años, ¿seguiría siendo algo descabellado creer que Aznar, ahora con abdominales marcadas, pudiera volver a la política?

Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas

La vida tiene estas cosas: un día estás arriba y otro abajo. Es una montaña rusa, y tantas otras imágenes que constituyen lugares comunes cuando hablamos de esa inestabilidad de las cosas. De esa velocidad del cambio. Del éxito al fracaso en cuestión de segundos. De la euforia a la triste realidad en menos de lo que canta un gallo. España no es distinta. La celebración por el éxito de la Roja ha dado paso a la constatación del liderazgo ausente del país.

Ni Zapatero convenció ni Rajoy arrasó. Ambos desaprovecharon sus oportunidades. El presidente podría haber hecho de su intervención un acto de sinceridad, de desgranar el porqué de tantas decisiones, devaneos e improvisaciones. No lo hizo. Al contrario, su discurso no terminó de entusiasmar aunque lo estructuró, preparó e incluso se permitió el lujo de darse a la poesía y a la motivación. Pero no convenció (¿será que el problema es el mensajero?)

Rajoy calculó mal el discurso. No supo gestionar las expectativas y se hundió con su errónea estrategia. Su discurso fue durísimo. Incluso convincente, especialmente entre todas aquellas personas que creen que Zapatero es un lastre para el país. Pero no goleó como hoy titula La Razón. Pecó de ingenuo. Quizás en Génova creían que Zapatero sería el líder gris y abatido que ha aparecido en la tribuna del Congreso en los últimos y trascendentales debates. Y seguramente se fueron a comer con esa idea tras ver al presidente. Pero el cara a cara entre Rajoy y Zapatero, de una extrema dureza, mostró que el envite -que no el debate- lo ganó el presidente. No se pueden pedir elecciones sin postularse como alternativa. Rajoy no la presentó y Zapatero le puso contra las cuerdas.

Pero eso no cuenta. A estas alturas del partido la sociedad española no está por la enésima pelea infantil entre el presidente y el líder de la oposición. La sociedad demanda liderazgo y ninguno de ellos está en condiciones de ofrecerlo. Ayer sólo se excitaron las bancadas. Y por ello, perdió España. Se constató una vez más que ni PSOE ni PP tienen una visión clara de qué hacer. El presidente se comprometió a tomar todas las decisiones que sean necesarias, aunque sean difíciles. Y el líder de la oposición a no apoyarlas, aunque sean las que teóricamente defiende. Todo en manos de una convocatoria de elecciones anticipada o una moción de censura que no llegará. Esa es la triste realidad del debate.

Pero como esto es una montaña rusa, la realidad es que tampoco es para tanto. La situación política evidenciada en el Congreso deja paso a una sociedad española que aún está de resaca –Forges lo borda con la viñeta que ilustra este post-, de vacaciones… e incluso de festival de música –curioso que El País dé más relevancia al FIB que al debate-. Y por ello, las consecuencias de esta no victoria de ninguno de ellos tampoco es tan relevante. Porque este debate es lo más parecido a un debate electoral al uso: muchos lo ven –tomaremos el muchos por un sensible aumento de audiencia respecto a los debates ordinarios-, pero muchos son ya convencidos. Los populares vieron muy bien a Rajoy y los socialistas, la resurrección de su líder. Pero pocas percepciones se habrán movido entre los indecisos.

Ayer se cumplió con un trámite. Esa es la sensación. Ni se ganó ni se goleó. Rajoy no es Iniesta. Ni Zapatero, Casillas. La furia de la Roja dejó paso a la triste realidad de una política española sin rumbo, por mucho que los dos capitanes digan ser excelentes al timón. Si no supieron llevar su propio discurso a su orilla, ¿cómo pretenden llevar al país a buen puerto?

¿En qué momento se jodió nuestro Perú?

Mi amigo Pau Canaleta suele usar una de las frases más famosas de la política peruana para referirse a ese momento en que una situación parece haber perdido el norte. “¿En qué momento se jodió el Perú?” es la frase que Mario Vargas Llosa puso en boca de los personajes de Conversación en la Catedral y que podría aplicar perfectamente para la situación política en España.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú? ¿Cuándo se hizo de la insubordinación la manera de hacer y comunicar la política en este país? Esa parece ser la pregunta que deberíamos hacernos a estas alturas a cuenta de la oposición que ejerce el Partido Popular, instalada en la inaplicación constante de varias leyes. Pero quizás antes deberíamos cuestionarnos en qué momento dejamos de creer que cumplir las reglas del juego era importante.

Desconozco cuál fue ese momento. Sólo sé que salió rentable. Al menos políticamente. Quizás la bronca en la que estamos instalados, la polarización de la política y la dificultad de tender puentes, pero sobretodo de entender que en democracia la mayoría gana; nos han llevado a caer en la tentación de creer que conductas antidemocráticas se pueden aceptar si se hace daño al adversario.

Los estrategas del Partido Popular podrán creer que instalarse en el torpedeo casi automático a todo lo que aprueban las Cortes –donde no tienen mayoría-, es la mejor manera de llevar a Rajoy a Moncloa. Las encuestas, más por otras cosas que por esta, les dan la razón. Pero llegarán habiendo jodido el Perú. Nuestro Perú.

Y este Perú nuestro particular lo jodimos cuando ante la insubordinación, no apareció una desaprobación mayoritaria. Cuando la gente decidió no censurar algo que no puede permitirse en democracia: pasar de las reglas del juego.

Los presidentes autonómicos insumisos, ya sea con la interrupción voluntaria del embarazo, los ordenadores en las aulas u otros ejemplos, hacen un flaco favor a la democracia mientras apuntalan sus liderazgos. Como estrategia de comunicación no tiene parangón: nuestro Perú está tan jodido que sólo vemos fortaleza donde en realidad está la cobardía de no aceptar la regla de la mayoría.

YouTube: cinco años de videopolítica

Han pasado sólo cinco años. Sólo cinco. Ese es el tiempo desde el lanzamiento de YouTube hasta el día de hoy en que difícilmente podemos entender Internet sin el mayor archivo de vídeos de la historia. Sin este espacio global de vídeos que ha hecho del nuestro un mundo más pequeño. En YouTube lo han expresado de esta forma con el vídeo conmemorativo:

YouTube ha hecho más pequeño el mundo de la política. Ha aproximado a políticos y ciudadanos, para bien y para mal. En cinco años hemos visto como este espacio podía servir para introducir temas en la agenda política, como en las preguntas que llegaron a los candidatos a las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos.

Dirigentes de hoy que ayer abrieron las puertas de su casa para darse a conocer, como David Cameron, que desde hace sólo unos años, ha establecido contacto con los británicos a través de sus vídeos.

Mas y Rajoy no han dudado en subirse al carro a esa tendencia.

Las cámaras digitales y la posibilidad de acceso a todos nos han convertido en autores en potencia, aunque los creadores sean sólo una parte muy pequeña de todos los usuarios en YouTube. Así, nos llegaron las imágenes de un Aznar enfadado cuando es sorprendido en un avión.

YouTube ha sido el aliado de la viralidad y del fin del control de muchos equipos de comunicación de gafes, como “el coñazo del desfile” de Rajoy o las supuestas copas de más de Sarkozy tras una reunión con una delegación rusa en una cumbre. O el president Montilla firmando un libro de honor con una chuleta. Incluso ha servido para dar a conocer la tarea de los diputados que vienen en pack en una lista y valorar su idoneidad para el cargo, como el caso de la diputada aragonesa más famosa en la Red.

El vídeo del “Yes, we can!” de Obama batió todos los récords y pulverizó el poder de los circuitos comerciales convencionales en televisión. Y la campaña americana fue, en esencia, una campaña de vídeos.

La burla a Mayor Oreja a través de una serie en YouTube fue un éxito, aunque no consiguió batirle en las elecciones europeas del pasado año. Y el efecto del “Confidencial.cat” de CiU en las elecciones de 2006 se amplificó en la Red cuando esto casi iba en pañales.

Gracias a YouTube, los vídeos de los mítines llegan a cualquier usuario. Si el mitin muere, YouTube le da bocanadas de aire.

Cinco años que, en definitiva, han servido para dar más visibilidad a la política, hacerla más próxima y, por qué no, más transparente.