El juramento presidencial

Son 35 palabras. Quizás, una de las fórmulas más conocidas. La tradición, el cine y la televisión han hecho de esas 35 palabras todo un símbolo de la presidencia. A mediodía del 20 de enero, el presidente electo de los Estados Unidos debe jurar o prometer el cargo para poder acceder a él. Eso es así por dos artículos de la constitución de Estados Unidos. La fecha, por la vigésima enmienda. El juramento, por el artículo dos.

Antes del discurso inaugural, el presidente electo jura o promete el cargo. Lo hace con esta fórmula recogida en la constitución: “I do solemnly swear that I will faithfully execute the Office of President of the United States, and will to the best of my Ability, preserve, protect and defend the Constitution of the United States.”

Generalmente lo hace cuando el presidente del Tribunal Supremo le pregunta si está preparado para hacerlo. Tras ello, el presidente electo pone la mano izquierda encima de la Biblia que sostiene su esposa y levanta la mano derecha. El presidente del Tribunal Supremo empezará a recitar el juramento, que será repetido por el candidato electo. Tras ello, lo rematará con un “So help me God”. El presidente electo ya es presidente en ese momento.

Veamos algunas curiosidades del momento que acabamos de describir:

La presencia del presidente del Tribunal Supremo
La constitución no habla de quién debe administrar el juramento. Así, a lo largo de la historia varios cargos han tenido ese honor. Washington fue investido en presencia del canciller de Nueva York en 1789. Collidge, por ejemplo, fue investido por su padre, notario del estado de Vermont. Desde John Adams ningún presidente del Tribunal Supremo se ha perdido una toma de posesión.

Hay más juramentos que tomas de posesión
Se considera que la toma de posesión solo es aquella que se produce según marca la constitución y el ininterrumpido calendario electoral estadounidense. Mientras que con la del próximo día 21 se habrán celebrado 57 tomas de posesión, en total se contarán ese día 73 juramentos. ¿La razón? Las ocasiones en que el vicepresidente ha jurado el cargo tras la muerte del presidente o las veces en las que un presidente ha jurado el cargo en domingo antes de la toma de posesión, donde repite el juramento. Hayes (1877), Arthur (1881), Wilson (1917), Coolidge (1923), Eisenhower (1957), Reagan (1985), Obama (2009 y 2013) han tenido que repetir sus juramentos.

Un juramento en el Air Force One
Tras el asesinato del presidente Kennedy en Dallas en 1963, el vicepresidente Lyndon B. Johnson juró el cargo de presidente a bordo del Air Force One. Una mujer, Sarah T. Hughes, administró el juramento a Johnson. Hasta la fecha, ha sido la única mujer en hacerlo. El juramento tuvo lugar en el aeropuerto Love Field de Dallas, dos horas y ocho minutos después del asesinato de Kennedy. Johnson no usó una Biblia -no había en el Air Force One- y lo hizo sobre un libro de oraciones que el presidente tenía en su despacho.

Jurar o prometer
Solo un presidente, Franklin Pierce, prometió el cargo. El resto, lo ha jurado.

“So help me God”
Esta frase no está escrita en la Constitución. George Washington añadió esta frase al terminar su juramento en 1789 y desde entonces se ha repetido en el resto de ocasiones.

…and repeat after me
Desde 1929, el juramento se plantea de forma afirmativa, no se pregunta. Es decir, el presidente electo repite lo que le dice el presidente del Tribunal Supremo. O sea, Obama dirá lo siguiente los próximos días 20 y 21: “I Barack Obama do solemny swear…”. No siempre se añade el nombre del presidente electo -Franklin D. Roosevelt fue el primero-.

Pero no ha sido siempre así. Desde el primer juramento, se preguntaba al presidente electo: “Do you George Washington solemnly swear…” y al terminar, el presidente electo se limitaba a decir “I do” o “I swear”.

El juramento de los presidentes reelectos
Técnicamente no sería necesario que el presidente electo volviera a jurar el cargo, sin embargo, todos los presidentes lo han hecho.

Hail to the Chief: el himno del presidente

El presidente de Estados Unidos tiene un himno propio: el “Hail to the Chief”. Saludos al jefe, aclamemos al jefe. El protocolo marca que cuando el presidente llegue a un acto, suene este himno. Una melodía conocida fuera y dentro de los Estados Unidos que muestra como pocas la esencia de la presidencia. Como no, este himno tiene su protagonismo en la toma de posesión.

Fíjate bien: el próximo 21 de enero, cuando se anuncie la llegada del presidente Obama a las escalinatas del Capitolio para ocupar su sitio, sonará este himno. Y lo hará porque el presidente ya es presidente. En enero de 2008, cuando Obama fue anunciado como último invitado en llegar a la toma de posesión no sonó. Aún no era presidente. Pero justo en cuanto terminó de jurar su cargo, cuando apenas había pronunciado “So help me God”, sonó el Hail to the Chief. Obama ya era presidente.

En muchas ocasiones, este himno está interpretado por “su” propia banda de música. La United States Marine Band que acompaña al presidente en los actos oficiales. De hecho, hubo cierta polémica al inicio del mandato de Obama porque el presidente decidió relajar el protocolo y usar la banda y el himno lo menos posible.

Cuando el Hail to the Chief suena para el presidente, suena un motivo introductorio tipo fanfarria, cuatro “ruffles and flourishes”. Son cuatro porque esta fanfarria se usa en otras ceremonias y dependiendo del grado de la persona en honor a la que suena, aumenta o disminuye su número. Así, suena la fanfarria, se anuncia al presidente y suenan las notas del Hail to the Chief.

Algunas fuentes indican que empezó a usarse de forma oficial para anunciar la presencia del presidente desde la presidencia de James K. Polk, tal y como indica el historiador William Seale: “Polk was not an impressive figure, so some announcement was necessary to avoid the embarrassment of his entering a crowded room unnoticed. At large affairs the band…rolled the drums as they played the march…and a way was cleared for the President.” En todo caso, no fue hasta el mandato de Truman en el que el Departamento de Defensa oficializó este homenaje al presidente.

“Polk was not an impressive figure, so some announcement was necessary to avoid the embarrassment of his entering a crowded room unnoticed. At large affairs the band…rolled the drums as they played the march…and a way was cleared for the President.”

El origen de la melodía se encuentra en la obra “The Lady of the Lake” de Sir Walter Scott, de gran éxito en el Reino Unido. Cuando la obra llegó a Nueva York en mayo de 1812, ya existían variaciones en el texto con “Hail to the Chief” como parte. Nuevas versiones que se popularizaron. Ese mismo año, el himno sonó en honor a George Washington y al fin de la guerra de 1812. En 1829 el presidente Jackson fue el primero en usarlo en su honor. Martin Van Buren y John Tyler lo usaron en sus tomas de posesión y sonó en la inauguración del canal de Chesapeake y Ohio a la que asisitó John Quincy Adams.

El himno tiene letra, aunque raramente se usa. Te recomiendo la versión de The Mormon Tabernacle Choir. La letra dice así:

Hail to the Chief we have chosen for the nation,
Hail to the Chief! We salute him, one and all.
Hail to the Chief, as we pledge cooperation
In proud fulfillment of a great, noble call.
Yours is the aim to make this grand country grander,
This you will do, that’s our strong, firm belief.
Hail to the one we selected as commander,
Hail to the President! Hail to the Chief!

Pero no creas que el presidente es el único en tener un himno. El vicepresidente de Estados Unidos también lo tiene: el “Hail, Columbia”. De hecho, es una canción patriótica que fue considerada uno de los himnos no oficiales del país, hasta que en 1931 se adoptó el “The Star-Spangled Banner” como himno.

También conocido como “The President’s March”, se usó en la primera toma de posesión de George Washington en Nueva York en 1789. El himno fue compuesto por Philip Phile y actualmente sirve con el mismo propósito que el Hail to the Chief para el vicepresidente. También va precedido por cuatro “ruffles and flourishes” y podrás ver como suena en cuanto el vicepresidente jura el cargo.

Mariano Rajoy no es presidente electo

¿Podemos llamar a Mariano Rajoy presidente electo de España Por mucho que las fórmulas norteamericanas nos parezcan más o menos atractivas, lo cierto es que, por el momento, Mariano Rajoy será uno de los 350 miembros del Congreso de los Diputados cuando tome posesión de su escaño.

Futuro presidente, presidente electo… pequeñas diferencias, casi imperceptibles en su significado para el ciudadano de a pie pero que, como toda palabra, no puede despegarse de sus importantes matices. Mariano Rajoy, como cualquiera de los presidentes de comunidades autónomas solo son elegidos presidentes por sus respectivas cámaras. La sesión de investidura les convierte el presidentes y lo son oficialmente desde el momento en que el BOE y los diarios oficiales de cada comunidad publican su nombramiento.

Eso es así porque, a diferencia de regimenes presidenciales como el de Estados Unidos, la ciudadanía no elige directamente a su presidente. Aunque en ese mismo país los ciudadanos eligen a un colegio electoral que nombrará al presidente, es una elección de un candidato u otro. Así, Barack Obama fue designado presidente electo desde la noche del 4 de noviembre hasta que juró el cargo en la escalinata del Capitolio en Washington D.C.

El término president-elect se usa de este modo, aunque no siempre ha sido así. Se solía designar al presidente de ese modo cuando el colegio electoral lo había elegido formalmente y hasta su toma de posesión, pero la práctica se impuso. En sistemas parlamentarios como el británico, por ejemplo, tampoco existe la denominación de primer ministro electo. Resulta forzado, ya que es el jefe del Estado quien lo designa. Así, Prime Minister-designate, Prime Minister-in-waiting o incoming Prime Minister son términos usados similares al lacónico “futuro presidente”.

Hasta su investidura, seguiremos escuchando ese efectivo apelativo.  Es, precisamente, la naturaleza de nuestro sistema político la que nos lleva a tener cuidado con las etiquetas. Los trámites parlamentarios están para las duras y para las maduras.

 

Adaptación del post “Artur Mas no es presidente electo” publicado en 2010.

Crónica de una noche electoral

Hoy se celebra el tercer aniversario de la segunda victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero. El presidente, revalidó la confianza de los españoles la noche del 9 de marzo de 2008, tras una primera legislatura marcada por los cambios y la crispación.

Esa noche la pasé en Ferraz, la sede del PSOE, junto a Pau Canaleta. Nuestro amigo Ferran Fernandez-Pintó, seguía la noche electoral desde el cuartel general del PP. Aquella noche, actualicé este blog desde allí, con las impresiones, sensaciones e informaciones que iban llegando. Recupero en este post esas entradas.

No deja de sorprender lo rápido que pasa el tiempo –más, si cabe, en política- y cómo releer hoy, con lo que hemos visto en estos tres años; lo que se dijo y se escuchó en esa sede ese día. Ahí va la crónica de una noche electoral.

18:56. El poder de los trackings

Esta semana ha estado protagonizada por los trackings que El Peròdic d’Andorra ha publicado diariamente, aunque su capacidad de influencia se preveía limitada.

Durante el día de hoy diversas fuentes han informado de nuevos trackings a lo largo de la jornada electoral que dibujan escenarios bastante divergentes entre ellos.

Han circulado algunas encuestas que indican la posibilidad de que el PSOE obtenga la mayoría absoluta, pero otras han sido más precavidas y muestran una victoria más ajustada del partido de Zapatero, en todo caso son rumores que sólo el resultado de las urnas podrá confirmar.

Es posible que el escrutinio empiece por feudos socialistas y acabe en los populares.

Zapatero ya está en Ferraz, recluido en la quinta planta del edificio acompañado de José Blanco. El ambiente en la sede del PSOE es de una cierta confianza y poco a poco algunos simpatizantes se van acercando a la sede, donde los periodistas ya han ocupado sus puestos y empiezan a informar. En menos de una hora, los resultados de los exit-poll.

20:30. El ambiente.

El ambiente es un gran indicador para prever un resultado electoral, las sensaciones, los ánimos cuentan más que cualquier otro indicador. Y por el momento en la sede del PSOE los ánimos están altos. Son varias las personalidades, candidatos y cargos públicos socialistas que muestran su satisfacción y su confianza en los resultados de esta noche.

El portavoz parlamentario Diego López Garrido está en este momento paseando por la planta baja de la sede, conversando con simpatizantes y, aunque su expresión no explique nada, si los resultados no fueran buenos un portavoz no se pasearía por la sede y en medio de periodistas ávidos de información.

Ferran nos informa de las caras de Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón. Según el amigo Fernández, eran un poema. Nosotros tenemos un margen de maniobra bastante grande, en estos momentos podemos ir a los sets de TV de la entrada de la sede y acercarnos a diversas zonas. La sede del PP tiene los periodistas en la sala de prensa y no les permiten moverse. Rajoy está en la séptima planta con su staff.

En Ferraz, se han abierto las puertas a los simpatizantes a las 19:30 y esperan el cierre de los colegios y la comparecencia de José Blanco.

Las 8. Las encuestas aparecen y Blanco comparece en una sala de prensa llena a rebosar. Primeros pensamientos para la familia de Carrasco y congratulación por la elevada participación, así como valoración positiva de las encuestas que dan al PSOE como ganador de las elecciones generales. Y la sede del PSOE rompe en aplausos.

A las 21:15, nueva comparecencia de Blanco.

21:02. Preguntas sin respuesta.

La espera de los primeros resultados oficiales hace que no podamos dejar de pensar en varias cuestiones que nos rondan por la cabeza. Las encuestas dan una mayoría absoluta al PSOE, o casi mayoría absoluta.

Pero la participación en tradicionales feudos socialistas ha bajado hoy, y en cambio en lugares como Valencia o Madrid, donde el PP tiene un auténtico bastión de votos -esta mañana en el barrio de Salamanca hemos conocido de primera mano que es una marea de votantes azul, con perlas en las orejas y cabellos oxigenados-. ¿Cómo podemos explicar esto? ¿Cómo puede bajar la participación y mejorar resultados si la participación es la clave?

Ferran ha podido hablar con Aleix Vidal-Quadras y le comenta que hay que esperar. Que los resultados se ajustarán a medida que avance la noche y muestra su estupefacción por la cuestión que le planteaba.

Mientras, en la sede socialista se sigue de manera intermitente el recuento en TVE1. Simancas, Trinidad Jiménez y otros dirigentes se mezclan entre los simpatizantes, la calle Ferraz ya está cortado al tráfico y los gritos de “Presidente, presidente” ya se multiplican.

En breves momentos, comparecencia de Blanco.

21:39. En el balcón de Ferraz.

La calle Ferraz ya está cortada al tráfico rodado y cientos de seguidores del PSOE se han acercado a la sede del PSOE para dar ánimos y celebrar la victoria.

“Con talante, España va pa’lante” y “se nota, se Siente, Zapatero presidente” o “donde está la niña de Rajoy” esperan que de aquí a un rato aparezca el presidente a saludar.

El lugar está preparado, justo encima de donde estamos situados. He salido al balcón de Ferraz y la sensación es brutal, aunque haga frío.

Sin embargo, habrá que recordar a los socialistas que falta la mitad de votos por escrutar y que la distancia entre PSOE y PP se va reduciendo…

22:23. Comparecencia.

En esta ocasión vamos un poco perdidos, eso de no poder ver qué pasa en las otras sedes, que dicen los demás líderes… pero tiraremos de manual: es importante hacer las comparecencias en el momento justo, y si puedes, atribuir la victoria a tu candidato.

La Fox lo hizo en las presidenciales de 2000 y hoy José Blanco, con casi media hora de retraso, ha comparecido en la sala de prensa del PSOE para anunciar que, con los datos de las que dispone el partido, el PSOE ha ganado las elecciones. Ha prometido 4 años más de cambio y políticas sociales y que España estará mejor en 2012 que en 2008. También ha anunciado la comparecencia de Zapatero, que ahora esperamos todos.

La sede hierve de actividad, entrevistas, dirigentes que se pasean. Incluso me han entrevistado para Hora Hache y hemos empezado a hacer networking con periodistas italianos.

Sin embargo, el resultado se va ajustando cada vez más, a un 30% a escrutar y el 50% de los votos en Madrid. Rosa Díez entra en el parlamento y se intuye la derrota de ERC, así como la de ICV-IU. Habrá que hacer un análisis con calma los resultados, porque el wifi de la sede del PSOE no nos permite ser tan cuidadosos como quisiéramos.

Hay canapés nuevos…

23:06. Discurso de victoria.

Baja el vicepresidente Solbes a la sala de prensa y comienza una valoración off-the-record de los resultados electorales, se extiende el rumor como la pólvora: Zapatero saldrá a la calle.

Carreras por los pasillos para llegar a la sala de prensa donde, desde las ventanas, sentimos el himno del PSOE. Zapatero se hace de rogar y aparece, como seguramente has visto, con Blanco, López-Garrido, Zerolo, Caldera, Sonsoles…

El Presidente hace un recordatorio a las víctimas del terrorismo de esta legislatura y de todas las víctimas, mientras el público rompe en aplausos.

La jornada, constata, ha tenido una elevada participación. Agradece de “corazón” a los ciudadanos y ciudadanas que han dado una victoria clara al PSOE, a nivel estatal y en Andalucía. Zapatero afirma que no ha fallado a los electores, estos responden diciendo que no está solo.

Zapatero hace referencia a Rajoy y al resto de candidatos, expresando su reconocimiento. Según Zapatero, los españoles han decidido abrir una nueva etapa sin crispación y acuerdo en los asuntos de Estado.

Zapatero quiere profundizar las cosas bien hechas y corregir errores, diálogo social y político, así como el apoyo más amplio posible. Afirma que gobernará para todos pero pensando, ante todo, en los que no lo tienen todo (referencia al primer debate). Gobernará por las aspiraciones de las mujeres, los jóvenes, para las personas mayores, para asegurar el compromiso de España con Europa, la paz y la cooperación al desarrollo.
Gobernará firmemente con la mano extendida.

Hace referencias a la diversidad y la unidad, así como la colaboración.

23:07. Zapatero, presidente

Nombre propio #2: Alfredo Pérez Rubalcaba

2010 ha sido el año en que ha el histórico líder del PSOE ha alcanzado el mayor poder en su carrera política y el mayor protagonismo en el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero. El vicepresidente, que empezó como portavoz parlamentario en la primera legislatura del presidente, llega a ser un presidente bis en los meses finales del año.

A lo largo de los últimos 12 meses hemos visto como su popularidad aumentaba y se establecía como una seria alternativa al presidente. Los españoles confían en el ministro del Interior y la decisión de Zapatero en su última crisis de gobierno de elevarlo a la vicepresidencia tiene varias lecturas, pero sobretodo se observa la intención del presidente de salir del pozo como sea.

Pero el efecto no ha cuajado de momento. El PSOE tuvo su momentum pero la cruda crisis económica y los recortes sociales del Gobierno hacen mella en su liderazgo. Pese a ello, Rubalcaba tiene todos los números para ser una pieza clave en el fin de la legislatura. Pase lo que pase.

Quizás lo más relevante en relación a la definición de la figura política del cántabro este año sea su capacidad para erigirse como un presidente en la sombra. Así lo ha demostrado en el momento político más importante del año, la declaración del estado de alarma. Por primera vez en democracia se ha puesto en marcha esta figura recogida en la Constitución y ha sido Rubalcaba, y no Zapatero, el que ha aparecido ante la ciudadanía. Además, ha presidido varios Consejos de Ministros desde que es vicepresidente primero del Gobierno.

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Artur Mas no es presidente electo

¿Podemos llamar a Artur Mas presidente electo de Catalunya? Esta reflexión surgía ya la propia noche electoral en espacios como Twitter. Pero por mucho que las fórmulas norteamericanas nos parezcan más o menos atractivas, lo cierto es que, por el momento, Artur Mas será uno de los 135 miembros de la cámara catalana cuando tome posesión de su escaño.

“Mas president, Mas president”. Los asistentes agolpados en el Hotel Majestic repetían a una sola voz este cántico. No ya proyectando, como habían hecho a lo largo de la campaña, sino afirmando lo que será una realidad a finales de mes. Artur Mas será, seguramente, el 129º presidente de la Generalitat de Catalunya. Así, en condicional. Para ello, aún se precisa de un trámite. Y por ello, solo podemos aventurarnos a llamarlo futuro presidente de la Generalitat.

Futuro presidente, presidente electo… pequeñas diferencias, casi imperceptibles en su significado para el ciudadano de a pie pero que, como toda palabra, no puede despegarse de sus importantes matices. Artur Mas, pero también José Luis Rodríguez Zapatero o cualquiera de los presidentes de comunidades autónomas solo son elegidos presidentes por sus respectivas cámaras. La sesión de investidura les convierte el presidentes y lo son oficialmente desde el momento en que el BOE y los diarios oficiales de cada comunidad publican su nombramiento.

Eso es así porque, a diferencia de regimenes presidenciales como el de Estados Unidos, la ciudadanía no elige directamente a su presidente. Aunque en ese mismo país los ciudadanos eligen a un colegio electoral que nombrará al presidente, es una elección de un candidato u otro. Así, Barack Obama fue designado presidente electo desde la noche del 4 de noviembre hasta que juró el cargo en la escalinata del Capitolio en Washington D.C.

El término president-elect se usa de este modo, aunque no siempre ha sido así. Se solía designar al presidente de ese modo cuando el colegio electoral lo había elegido formalmente y hasta su toma de posesión, pero la práctica se impuso. En sistemas parlamentarios como el británico, por ejemplo, tampoco existe la denominación de primer ministro electo. Resulta forzado, ya que es el jefe del Estado quien lo designa. Así, Prime Minister-designate, Prime Minister-in-waiting o incoming Prime Minister son términos usados similares al lacónico “futuro presidente”.

Hasta su investidura, seguiremos escuchando ese efectivo apelativo. Ni en 2003 ni en 2006 la etiqueta tomó tanto sentido. Pero es, precisamente, la naturaleza de nuestro sistema político la que nos lleva a tener cuidado con las etiquetas. Los trámites parlamentarios están para las duras y para las maduras. Mas tiene la lección aprendida.

Gracias, Molt Honorables

Foto: Parlament de Catalunya (Xavier Prat)

En pocas horas hemos sabido que las dos autoridades principales de Catalunya no seguirán en la primera línea de la política. Ni Montilla ni Benach tomarán posesión de su escaño. Dejarán paso a una nueva generación de líderes en sus partidos. Y tengo la sensación que los catalanes no hemos sabido entender lo que han aportado al país.

Es una visión personal, soy plenamente consciente de ello. De hecho, me alejo hoy del análisis habitual en este post. Pero creo que la importancia del momento lo merece. Las apuestas políticas que representaban Montilla y Benach han sido severamente castigadas en estas elecciones y su decisión es coherente con lo que han dicho las urnas. Como ellos mismos han expresado, su momento ha pasado. Optan por retirarse a tiempo. Dicen haber entendido el mensaje.

Catalunya deja atrás una etapa y empieza una nueva. Los protagonistas de esa etapa, cada uno en su ámbito, se van y dejan una gran herencia. Más allá de las conjeturas del momento nos han hecho algo mejores. Sé que esto es discutible, que los indicadores económicos pueden no parecer coherentes con ello. Pero creo, sinceramente, que Montilla y Benach han hecho un servicio a nuestra sociedad y es necesario agradecerlo.

Me gustaría empezar por Ernest Benach. Con él he compartido momentos muy interesantes. Momentos inolvidables para un joven que apenas empieza su carrera. Ha sido un orgullo compartir ideas y reflexiones sobre el poder de Internet en la política con la segunda autoridad del país. Ha hecho mucho por abrir una institución como el Parlament a la ciudadanía y aunque eso no llegue a la mayoría de la población, en unos años veremos lo acertado de su apuesta estratégica.

De Benach muchos recordarán una polémica absurda sobre su coche oficial. Algo que no hubiesen criticado de otros políticos o de otras autoridades. Siempre ha existido una doble moral. Para muchos, Benach será el presidente del Audi. Para tantos otros, el artífice de algo estratégico: acercar la política a los ciudadanos gracias a Internet. No es necesario ser un gurú para hacerlo. Solo se necesitan ganas, voluntad y decisión. Él las ha tenido.

De hecho, esta es la propia metáfora del abismo entre el modo tradicional de ver la política y la política 2.0. Mientras en la Red somos muchos los que agradecemos su liderazgo, en la calle son otros tantos los que se quedan con la anécdota. No saben nada más de él. No han querido acercarse a alguien que sí ha hecho el esfuerzo.

Por todo ello, gracias Ernest. Gracias por tener esa sensibilidad hacia los ciudadanos a los que has representado. Podemos sentirnos honrados de haber tenido tu juicio en la presidencia de la casa de todos.

Nunca seremos justos con Montilla. No quiero tomar el todo por la parte, como alguien me recriminó en la Red este domingo, pero los comentarios sobre el president que he oído tantas veces muestran un racismo latente por el hecho de que la principal autoridad del país ni naciera en Catalunya ni hablara perfectamente el catalán. No quiero ser polémico, pero es así.

Sin embargo, para mi es un motivo de orgullo poder decir que ese país al que tanta gente critica, es capaz de tener a un inmigrante andaluz como presidente. Montilla representa como nadie a una sociedad abierta, integradora y plural como es la catalana. Por mucho que tantos se nieguen en verlo.

No seremos justos con su hazaña. No seremos justos con su contribución. Y no sabremos valorar el techo de cristal que rompió Montilla al convertirse en el 128º president de la Generalitat.

A Montilla le ha faltado carisma. El que de golpe le surge en el cuerpo a cuerpo. Le faltó abrirse a la sociedad… aunque le tocó vivir un mal momento. Una desafección tan grande, que los catalanes no querían líderes sino soluciones. Puede parecer contradictorio, pero creo que los siete años de tripartito, y especialmente el mandato de Montilla, ha sido vivido por muchos como la emancipación del hijo: quiere vivir sin padres, aunque más temprano que tarde, entiende el valor de tenerlos.

Montilla ha dado estabilidad al gobierno de la Generalitat. Ha servido dignamente al país. Y ha sabido dejarlo con la misma dignidad. Algún día seremos justos con él y olvidaremos las absurdas polémicas sobre su capacidad como orador, su dominio de la lengua o su origen. Ha servido dignamente al país. No es algo menor.

Encaramos una nueva etapa política: nuevos líderes, nuevas metas. Agradeciendo el servicio de estos dos grandes patriotas, cada uno a su manera, solo espero de los nuevos líderes del país que asuman y ejerzan sus cargos con la misma dignidad. Gràcies, Molt Honorables.

Las claves del nuevo Gobierno de Zapatero

¿Por qué nueve cambios y no uno? ¿Qué ha llevado a Zapatero a abordar una remodelación en profundidad de su Gobierno? ¿Dónde ha quedado su intención, expresada de forma pública, de acometer sólo un cambio? Esas son las cuestiones que planean tras la toma de posesión de Alfredo Pérez-Rubalcaba, Manuel Chaves, Valeriano Gómez, Leire Pajín, Rosa Aguilar, Ramón Jáuregui y Trinidad Jiménez en sus nuevas funciones ministeriales.

Estos cambios deben leerse en una marcada lógica de lucha política: Zapatero no tira la toalla. La debacle electoral de 2012, que parece omnipresente, encuesta tras encuesta; y la profunda crisis económica –y política- que vive España exigen medidas drásticas. Y la remodelación responde a ello.

No pueden esperarse resultados distintas con las mismas herramientas, procedimientos… con la misma gente. Y aunque el equipo económico del presidente no sufre modificación alguna, la parte más política –si cabe- se ve modificada de forma profunda. Pero hay más lecturas y explicaciones a esta crisis de gobierno.

La geometría variable en el Ejecutivo

El presidente Zapatero ha hecho de la geometría variable, su forma de sacar adelante la presente legislatura. Fue investido en segunda vuelta con los votos de su partido, sin pactos estables de legislatura. Un modo de hacer política que ha exigido negociación continua y que, con el pacto alcanzado con los nacionalistas vascos y canarios, ha llegado a su fin.

En el Ejecutivo, en cambio, se impone un modelo de geometría variable en su formación. Zapatero acontenta a varias familias socialistas con la elección de sus ministros, desde los felipistas a los zapateristas; pasando por el guiño al mundo sindical y el intento de cerrar el flanco verde con la designación de Aguilar. La formación del nuevo Gobierno responde a ese intento de abortar cualquier revuelta interna en el tramo final de la legislatura. No han faltado amagos en las últimas semanas.

Todopoderoso Rubalcaba

Ha sido uno de los ministros mejor valorados desde su nombramiento. Así lo han mostrados las encuestas. También lo era De la Vega. Por ello, un peso pesado como la primera vicepresidenta de la historia de España, sólo podía ser substituida por otra pieza clave, de calado.

Rubalcaba es el ministro que acumula más poder en democracia y debemos entender ese movimiento como una señal claro de fortalecimiento del núcleo del presidente. Lo que queda de legislatura va a ser una carrera de obstáculos y el presidente necesita al mejor corredor. Rubalcaba lo es. Estabilidad, peso, entidad, dinamismo y acción; es lo que debe ayudar a construir Rubalcaba en este tramo final.

Un movimiento en clave de comunicación

“Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis explicado bien”, así se expresaba Felipe González en el mitin de cierre de campaña del PSC el 6 de marzo de 2008. Lo hizo ante Zapatero y ante Chacón. Y expresaba algo que se sentía ya durante la campaña por la reelección: con la salida de Barroso del equipo de comunicación, el Gobierno se había visto en dificultades para hacer llegar su mensaje.

La vicepresidenta De la Vega ha sido una excelente portavoz del Gobierno a lo largo de los últimos seis años. Mucho le debe Zapatero y su presidencia a su labor. Pero el problema ha persistido hasta hoy día. Incluso se ha agravado.

La crisis dio más protagonismo a lo económico, con lo que De la Vega ha ido perdiendo capacidad de acción a lo largo de los últimos meses. De hecho, en más de una ocasión las tensiones con otros ministros han llevado a la voz más creíble del Gobierno a verse cuestionada. Por ello, un relevo en la voz del Ejecutivo se planteaba necesaria en esa lógica de preparación del asalto de 2012.

Rubalcaba, que ya fue portavoz de un gobierno con Felipe González, es uno de los comunicadores políticos más eficientes. Que la voz del Gobierno esté en su tejado es una buena noticia para Zapatero.

La reforma deseada

Zapatero pudo sacarse ayer la espina que tenía clavada desde la anterior crisis de Gobierno, en abril de 2009. En esa ocasión, la pésima coordinación y el papel de la prensa le aguaron su momento estelar con Obama y evitaron aprovechar todo el impulso y la corriente positiva que una crisis de Gobierno puede tener. En aquella ocasión, todo sonó a precipitado. En esta, hasta la oposición ha comentado las virtudes.

El presidente mintió al referirse que sólo haría un cambio. Por ello, sorprendió a todos con la profunda remodelación. Las filtraciones aparecieron sólo pocas horas antes del anuncio oficial, dominando así la agenda política y dejando en un segundo plano el apoyo de los nacionalistas a sus presupuestos.

En clave sucesoria

La reforma del Gobierno tiene una clara clave sucesoria, ya sea en la óptica de que Zapatero sea su propio sucesor o la de contar con Rubalcaba para ello. Aunque tampoco debe menospreciarse el papel de Carme Chacón en todo el entuerto: alejada del núcleo que puede sufrir más desgaste, la ministra de Defensa sigue estando en su sitio y puede estar esperando su turno. Tanto si es el propio Zapatero, Rubalcaba, Chacón o cualquier otro candidato, se encontrarán con un Gobierno más completo que el anterior. Si saben aprovechar el impulso, claro.

El sello del Presidente de los Estados Unidos

“Bueno, todos sabéis quién soy, ¿no?”. El presidente Obama bromeaba la semana pasada con la audiencia tras la caída del sello presidencial del atril desde el que dirigía un discurso en el Fortune Most Powerful Women Summit. Con esa frase que pretendía quitar hierro al asunto, el mandatario ponía de manifiesto el cambio de la presidencia norteamericana a lo largo del siglo XX. El ejecutivo dejó de ser algo casi secundario a ser el gran poder del Estado. Y en eso, la comunicación tuvo algo que ver.

La tesis que desarrolla Stephen Graubard en su obra titulada “The Presidents: The Transformation of the American Presidency from Theodore Roosevelt to Barack Obama” es sumamente interesante. ¿Por qué el presidente deja de tener un perfil bajo desde Teddy Roosevelt? ¿Por qué la Casa Blanca deja de ser una mansión con apenas soldados a ser la gran fortificación actual? ¿Por qué la representación del poder deja la austeridad del siglo XIX para convertirse en una monarquía republicana? El siglo XX es la clave.

Y en ese proceso está la construcción de todo el imaginario relacionado con la presidencia, la profunda asunción de símbolos y ritos como el sello presidencial, el “Hail to the Chief” –el himno que anuncia la llegada del presidente-, el Air Force One, el Marine One, el America One… Camp David o ciertos aspectos de la ceremonia inaugural. Las dos primeras del siglo XIX, pero su uso se reafirma en el XX.

El siglo XX fue el siglo de la presidencia norteamericana. El auge de Estados Unidos como superpotencia, pero también el creciente interés por el presidente de los medios de comunicación y la cultura popular tienen mucho que ver. Y poco a poco, el miedo a replicar en Estados Unidos estructuras, ritos y símbolos de poder parecidos a las viejas monarquías europeas; se superó. A fuerza de aceptar la realidad. El ejecutivo dejó de ser algo de segunda fila en el siglo XX y los reparos de los Padres Fundadores y sus inmediatos sucesores fue desapareciendo.

Este tema da para mucho. Múltiples aristas. Centenares de ejemplos. Pero aprovechemos esa constatación de conocimiento general del presidente que hacía Obama para hablar de ese sello presidencial.

En un mundo sin televisión, con apenas fotografías, el inicio del uso del sello presidencial que empezó a usarse con más o menos asiduidad en 1850 tenía la función de identificar al Presidente. El presidente Hayes fue el primero en usarlo en invitaciones en 1877 y desde esos orígenes, se va ampliando su uso. Pese a ello, fue la presidencia de Truman la que reguló su uso con la orden ejecutiva 9646.

El sello, que es un sello como tal usado en correspondencia con el Congreso, tiene su base en el sello o escudo oficial de los Estados Unidos, aunque presenta varios cambios que lo hacen único. Veamos cómo es el sello presidencial:

El escudo tiene trece bandas verticales en plata y gules –rojo- que simbolizan las trece colonias originales, unidas bajo un único mando: el presidente.

Un águila americano lo sostiene y tiene en sus patas dos elementos: en su derecha –nuestra izquierda- una rama de olivo simbolizando la paz. En su izquierda –nuestra derecha- trece flechas que simbolizan la disposición a la lucha, a la guerra. Los poderes de la paz y la guerra. Existe cierto misticismo sobre la leyenda que sostiene que el águila mira a las flechas en tiempos de guerra y al olivo en tiempos de paz. Esa confusión se debe a que los cambios en del diseño se han producido tras las dos guerras mundiales, pero parece ser que cuando el águila miraba a las flechas, se cambió por una cuestión de tradición heráldica de no señalar a la izquierda lo que es considerado un hecho irrespectuoso.

Y sigamos con el trece. Tras la cabeza del águila, trece rayos de sol en oro, trece nubes en plata y una constelación de trece estrellas. Vuelta a la idea de constelación que ya vimos en este post.

Del pico del águila sale el texto “E Pluribus Unum”, de entre todos, uno. Se refiere tanto al país –de entre todos los estados, una nación-, pero también al propio presidente –de entre todos los ciudadanos, uno-.

Toda la composición es rodeada por 50 estrellas que representan la totalidad de los estados de la Unión, constelación que a su vez está rodeada por un borde en el que se puede leer “Seal of the President of the United States”.

Hoy el uso del sello es casi exclusivo en comunicación y en representación del Presidente. Así, lo vemos en atriles como del que cayó la semana pasada, en el Air Force One y en el Marine One, en la alfombra del Despacho Oval –en este caso, sólo las armas del Presidente, como en su bandera-, y en algunos espacios y usos más.

Los últimos cambios en el sello se produjeron por la inclusión de nuevas estrellas para nuevos estados, pero el diseño se ha mantenido como el actual desde 1960. La reproducción del sello o su venta es algo ilegal. Por ello, en el cine o la televisión o en los productos de merchandising, se modifica su diseño. Si tenéis un pack de dvd de El ala oeste de la Casa Blanca o alguien os ha traído algún souvenir de Washington DC, podréis observar que el diseño difiere en algún punto del original.

Caiga, o no, todos sabemos quién es el presidente de los Estados Unidos. Pero aunque lo hagamos, no está de más simbolizar ese poder con un sello codiciado. La presidencia americana cambió, y con ella el sello: el sello del Presidente de los Estados Unidos.

Un presidente con salud de hierro

Publicado hoy en La Vanguardia.

Un presidente con salud de hierro.


Obama ha hecho historia. Aunque la reacción en sectores importantes de la sociedad americana es que Obama debería ser ya historia. La suya ha sido siempre una decisión arriesgada y durante todo el proceso ha demostrado que los líderes de verdad están hechos de una pasta especial. No se achantan. No se repliegan ante la primera adversidad. Por ello, aunque muchos deseen que éste sea otro presidente de un solo mandato, lo cierto es que el comandante en jefe no cesa en su empeño de superar barreras, batir marcas y seguir su senda para cumplir con lo prometido.

No lo olvidemos: la reforma sanitaria fue uno de los mensajes clave en campaña. Fue, entre otros temas y propuestas, los que llevaron a millones de personas a las urnas por primera vez. Sólo un movimiento, y no una candidatura al uso, podía incorporar a tantos nuevos votantes. Y sólo los movimientos, con un liderazgo fuerte, pueden acometer reformas de calado. Parece como si a muchos, especialmente durante la tramitación de la ley, les hubiese molestado que el presidente quisiera cumplir con la palabra dada. Quizás otros políticos hacen del caso omiso su bandera, pero no es así en esta Casa Blanca.

“No rehuimos nuestras responsabilidades, las abrazamos. No nos acobardamos ante el futuro, le hemos dado forma”, dijo Obama en su comparecencia tras la aprobación de la ley en la Cámara de Representantes. Responsabilidades para con su país, con la gente. Con los 32 millones de americanos que tendrán a partir de ahora cobertura sanitaria. Aunque para algunos, la opción de Obama es suicida para con su partido: este noviembre las cámaras se renovarán parcialmente y los efectos de esta reforma podrían dañar a la presidencia. Quizás la opción fácil hubiese sido desistir y hacer caso a los cálculos electorales, pero este domingo se respiró en el Capitolio y en el Ala Oeste lo que hace distinto a esta ley: es una decisión histórica.

Por ello, el tono del presidente no escondió triunfalismo, alegría y ambición. Un acontecimiento histórico merece ser tratado como tal. No se escapó ni un detalle: Obama siguió la votación desde la sala que lleva el nombre de quién inició la cobertura social en Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. Y así lo hizo constar el secretario de prensa de Obama mediante un tweet: “POTUS watched vote in room aptly named for president who started this – cheers and clapping at 216 – high five for Rahm, hugs all around”.

No olvidemos que no es sólo una decisión histórica, de calado y con fuertes implicaciones para la ciudadanía e importantes sectores económicos del país. La decisión muestra una vez más el triunfo de un estilo muy alejado de Washington. Algo así como cambiar el sistema desde el sistema. Esta reforma sería inconcebible con otros presidentes. Tal y como desgranó el líder de la mayoría, la promesa de una reforma sanitaria ha venido del brazo de casi todos los presidentes de los últimos años, pero sólo aquel que basó su posicionamiento como outsider al modo de hacer política en la capital, ha conseguido realmente su cometido. El cambio, ya decía el presidente, no viene de Washington: va a Washington.

Esa parte conceptual, que rebosa retórica, tendrá que ser explicada a muchos congresistas. Porque quizás Obama vea como su mayoría en las cámaras se pierde en noviembre, pero con esta ley en su haber tendrá la fuerza necesaria para poder batallar por esos distritos. Para volver a contar eso de la necesidad de hacer sentir las voces de la gente en una democracia. Seguramente, esa cobertura del presidente sea una de las contrapartidas arrancadas a la Casa Blanca por parte de muchos congresistas demócratas. Esta ley hace más bien que mal al presidente y, según la filiación de cada uno, más mal que bien al país: deberán hacer un gran esfuerzo en el Ala Oeste para rentabilizar esa victoria y convencer a los que aún creen que ayer Estados Unidos dio un paso hacia el comunismo.