Yes we did!

Publicado hoy en La Vanguardia:

La política a veces, muy pocas veces, nos lleva a las lágrimas. La política a veces, muy pocas veces, significa algo más que presupuestos, políticas públicas y trámites legislativos. La noche que vivió ayer Estados Unidos fue uno de esos pocos momentos.

El recuento de estados (recuerden que lo que importa en este país es tener 270 votos del colegio electoral) empezó tímidamente, dibujando una leve ventaja del senador de Arizona. Pero en poco tiempo Obama empezó a estar en cabeza y se fue adjudicando estados a un ritmo imparable. Virginia no acababa de decantarse por uno o por otro, pero tras las encuestas y el inicio del recuento de la mayoría de estados de la costa oeste, como California, algunas cadenas como CNN se atrevieron a titular lo que todo el mundo en esta tierra ya sabía: Obama es el nuevo presidente electo.

Lo que ocurrió tras este anuncio es algo que no se puede describir. La esperanza del cambio se contagiaba en una sala de Massachussets Avenue, donde los asistentes se abrazaban, reían, cantaban y saltaban a ritmo de cánticos como “Yes we can!” o “Where is Joe?”, por el famoso fontanero de la campaña de McCain.

El discurso del senador republicano se escuchó en medio de un gran silencio y admiración: ayer McCain gustó a más de uno. Y tras él, la espera del discurso de Obama se hizo larga. Un país entero necesitaba su ración de éxtasis y optimismo.

Obama se lanzó al atril (reforzado con grandes medidas de seguridad) acompañado de su esposa Michelle y las dos hijas del matrimonio. Los asistentes rompieron en ensordecedores aplausos que dieron paso a un ejercicio de religión laica, que es lo que despierta Barack Obama.

Obama se dirigió por primera vez como presidente electo del país más poderoso del mundo. Su rostro ya había cambiado: es el Presidente y se siente como tal. Tomó la palabra y cortó la respiración del país entero, incluidos muchos republicanos. Con una cadencia y un tono increíbles, con las palabras justas y con su “Yes we can!” acabando los versos, como si de plegarias al cielo se tratara, enarboló la bandera del cambio y la esperanza. Y a muchos de los que estábamos allí se nos quebró la voz y nos embargó la emoción. Llevándonos a la observación de imágenes imborrables, como las dos parejas de afro americanos que escucharon el discurso abrazados, las dos camareras que rompieron en llantos al escuchar a su presidente o la mujer del cabello rizado que no podía evitar ver como sus mejillas eran una cascada.

Lo posterior fue la búsqueda infructuosa de un taxi para acercarnos a la Casa Blanca. Allí se habían congregado centenares de personas que querían despedir a Bush mientras celebraban el resultado del cambio. Mejor que no pudiéramos coger un taxi: el cambio hacia allí nos permitió ver como ciudadanos de todas las razas celebraban en Chinatown el resultado. Como los coches no paraban de pitar, los policías sonreían francamente o como la noche de la tranquila Washington se rompía con el famoso grito de guerra.

Lo que nos esperaba en la Casa Blanca era algo único e histórico. Hombres, mujeres, niños y niñas. Negros, blancos, latinos y asiáticos. Todos, todos junto con un mismo deseo, con una misma esperanza y con una misma alegría: el presidente más mal valorado de la historia dará paso a una ola de cambio.

Las calles se cortaron espontáneamente, la gente caminaba abrazada, chocando los cinco con todo el que se prestara. Yes we can, sí podemos. En esa celebración inacabable estaba el resultado de la semilla diseminada 21 meses antes por Barack Obama, y era la manifestación más clara de esa América que no quiere a Bush, que no lo a querido nunca. Pero en América, país grande y rico en contrastes donde los haya, ayer no todo el mundo sentía la misma ilusión.

Pero para aquellos que tras 8 años y dos elecciones frustradas, por fin podían sentir que su bandera volvía a ondear con orgullo, la noche de ayer será inolvidable. Y para las personas que lo pudimos compartir, también. Porque si algo tiene esta elección es que ha traspasado fronteras, y ayer en la noche, madrugada en Europa, el mundo se hizo más pequeño, el mundo fue un pañuelo deseando una única cosa: el cambio.

Tendremos resultado?

Washington, como muchas otras ciudades de Estados Unidos, ha votado bajo la lluvia. Mejor deberíamos de decir que esta votando bajo la lluvia, porque los colegios electorales aún no han cerrado en buena parte del país y todavía nos quedan unas cuantas horas para saber quién tendrá la responsabilidad de gobernar este país durante los próximos cuatro años.

El día transcurre entre la emoción de ser testigos de un momento histórico y la responsabilidad de no perder ningún detalle, no tanto de lo que ahora dicen las encuestas a pie de urna, sino para captar los matices que la gente de este país nos deja entrever en cada contacto que tenemos con ellos. Porque en la gente reside el voto, la soberanía de su decisión.

Esta mañana la George Washington University nos servía de marco para reflexionar sobre la campaña con gente que la ha hecho desde dentro. Justo después de tragar una hamburguesa de Wendy’s (donde fueren haz lo que vier) hemos enfilat hacia un colegio electoral donde, milagrosamente, no había cola. Alla hemos podido captar la dificultad del sistema electoral. La visita al Departamento de Estado nos ha hecho ver una cosa: pase lo que pase hoy, George Bush será Presidente hasta el día 20 de enero.

Y el taxista que nos ha llevado al Centro Internacional de Prensa nos lo ha dejado claro sin mucho entusiasmo: hoy había que votar. Y se ha votado.

Pero aún sin fechas claras sobre las elecciones (por eso puede estar mucho más informados en cualquier periódico digital) dejadme anotar algunas claves de esta jornada electoral:

Recuerdo de participacio, se inscribe en un proceso que hace un par de elecciones presidenciales que se registra, pero los datos apuntan que estamos ante un momento histórico. Lo que dara aún más legitimidad al resultado, sea cual sea.

Economía. La mayoría de los electores están afirmando que el factor determinante es el económico.

Nuevos votantes. Aumento espectacular de las personas que se registran para votar por primera vez.

Estos elementos apuntan a creer que Obama está subiendo su camino a la Casa Blanca. Pero recordemos que estas son unas elecciones donde quien vota el presidente es el Colegio Electoral, y no el voto popular. Por este motivo todavía nos queda mucho por ver cuál Estado dio la victoria a un … y la derrota en el otro.

Election Day

Election Day. En menos de 10 horas los primeros colegios electorales cerrarán sus puertas y comenzarán el recuento de votos. Si no hay sorpresas, pasadas las 4 de la madrugada ya tendremos un ganador. Si no hay sorpresas, claro.

Se respira el ambiente de las grandes ocasiones, aunque las señoras del servicio del hotel no muestran un especial interés por la cita electoral. Hoy será un día histórico, se nota en la emoción de los compañeros que desayunamos juntos en la Situation Room en la que se ha convertido el comedor. El café, eso sí, sigue igual de aguado (de hecho, me voy directo al Starbucks).

La Fox hace todas las previsiones posibles para dar la victoria a McCain. Un poco en sintonía con Dick Morris o las opiniones que sostienen en Pau y Ferran. Claro que quien se ha comprado una camiseta de McCain por si las moscas soy yo.

Las cadenas demócratas hablan de la victoria de Obama, pero sin dar demasiado espacio a la victoria asegurada que pueda desmobilitzar el voto demócrata. Las colas en las estaciones de voto ya son omnipresentes y Obama ya ha tenido las primeras victorias en Dixville Nocht y Hart’s Location.

Pero como dicen algunos todavía hay partido. La gran duda es: los ataques a Obama de ser socialista, habrán hecho olvidar los ataques de Obama a McCain por la crisis?

Esto es como el día del examen más importante de tu carrera: ya no puedes hacer más; ALEA IACTA EST.

La agenda del día y otras crónicas pueden seguir en el blog de la expedición.

El valor de McCain: 2$

Washington es un paraíso demócrata, o para ser más exactos, un entorno idílico para Barack Obama. Las primarias así lo pusieron en evidencia: el 75% de los votos fueron para el senador de Illinois. Pero la tradición de voto demócrata se extiende en el tiempo, sólo ejemplo George Bush sacó el 9.4% de los votos en 2004. La novedad es que por primera vez en la historia más del 50% de la población de la capital, que es afroamericana, tiene un candidato de su misma raza.

Esta situación se deja notar de manera muy especial y visible en la ciudad. Pegatinas y carteles de apoyo se multiplican por tiendas y paradas de hot dogs. Las camisetas y chapas a favor del tándem demócrata tintas de azul el distrito federal. Y las ventanas o el césped de muchas casas, así como los coches, son señal inequívoca de la adscripción a Obama y Biden.

De hecho, una señal más que claro de esta situación lo encontramos en el precio de algunos productos de merchandising político. Comprar hoy una camiseta de Barack Obama a menos de 50 metros de la Casa Blanca vale 5 $. La de John McCain, 2 $. Los stocks de los productos también son una evidencia de esta situación: en una tienda cercana al edificio del FBI sólo quedaba un cartón a tamaño real de John McCain. El de Obama, hace semanas que está agotado. Porque quien vende más es Obama, aparte de recaudar más.

La pasión por Obama es grande, muy grande. Aunque no es compartida por muchos otros estados de la unión. Las encuestas siguen estables, y las opiniones de la gente de esta ciudad no tienen nada que ver con la concepción que se tiene en otras ciudades americanas, aunque desde California vean la victoria de Obama como un hecho inevitable. O que desde Florida vean una victoria de McCain en este estado. Encuestas y percepciones, al fin y al cabo.

Seguiremos observando mañana este ejercicio de exhibicionismo partidista: porque como indica Ferran, en Estados Unidos no hay que ocultar las intenciones políticas. Y eso se nota.

Ya estamos aquí!

Washington D.C 23:57 ET

La capital de los Estados Unidos nos han recibido con los braços abiertos: ya estamos en uno de los centros que captaran la atención mundial durante los próximos días. Y la emoción que hemos transportado desde El Prat hasta Dulles nos desborda.

Mañana por la mañana empezaremos nuestro contacto con la capital del país de las barras y estrellas, escucharemos lo que nos cuentan las calles, lo que piensan en las cafeterías y que dicen las ofertas de 7 Eleven. Mañana empezamos el contacto con un entorno que no dará sorpresas: más del 70% de los votantes son demócratas y los 3 votos electorales del Distrito de Columbia no seran, seguramente, decisivos para el senador de Illinois.

Esi sí, respiramos ya el momento trascendente que viviremos. Con algunas dudas sobre la victoria de uno u otro. Penando hacía dónde iran los votos de cerca del 16% de votantes que se declaran indecisos. Pensando aún en la existencia o no del efecto Bradley o si las apelaciones de McCain a un Obama socialista serán suficientes para frenar lo que nos muestra el voto anticipado. Pensandi si, como dicen algunos, esto ya está bendecido o si aún queda partido.

Nos quedamos con un dato nada científico: la abuela que nos ha acompañado en el vuelo de Barcelona a Londres. Esta simpática mujer viajaba a Florida para votar. Demócrata, como todas sus amistades. Este será un aliciente de la noche electoral del martes, ver hacia dónde va el conservador voto de los latinos, aún que según las encuestas Obama podria permetirse no ganar en este Estado.

El countdown ya esté en marcha y esto ahora ya va en serio.

Welcome to the United States.

Hacia la Casa Blanca

Pasaporte, a punto.

Dólares, a punto.

Lista de cosas, a punto. La maleta, por hacer.

¿Libros? The Audacity of Hope, Leviatán de Auster, alguno de los libros para la memoria y un cómic que hoy me han hecho llegar (recibido! Eagle la forja de un Presidente) tendrán su lugar en la maleta.

El viaje a Washington se acerca y les informaré puntualmente. De hecho, la acumulación de trabajo antes de partir a la cita con la historia hacen que estos días los posts hayan sido más bien escasos. Esto cambiará una vez estemos asentados en la capital de los Estados Unidos.

Los 16 de Washington estamos preparados. Tenemos blog y grupo de Facebook. Tenemos las chapas preparadas, visitas concertadas y las maletas cargadas de ilusión. Porque viviremos un momento histórico.

Y mientras Obama paraliza la televisión americana con un largo anuncio de 30 minutos, las hamburguesas McCain y Obama se venden en los mercados. Y el humor da en el clavo en este vídeo:


Obama Undertakes Presidential Internship To Ease Concerns About His Lack Of Experience

No haremos gestiones para que Zapatero esté presente en la cumbre. Lo prometemos.

Tampoco haremos campaña, como observadores internacionales no haremos decantar la balanza en una circunscripción donde, por otra parte, siempre ganan-y de calle-los demócratas.

Se huele. Esto ya está aquí …

En menos de 35 horas empieza el viaje.

La lucha por el último de los votos

Hoy publico en La Vanguardia online:

La lucha por el último de los votos
La semana que viene a estas alturas, sabremos ya quién será el 44º Presidente de los Estados Unidos. Se habrá decidido, pues el inquilino del Despacho Oval. El centro de poder más importante del mundo tendrá un nuevo huésped y se encontrará encima de la histórica mesa Resolute (que por cierto, está en pie en el despacho desde 1880 y está hecha con la madera de un navío británico) una difícil crisis financiera y económica a resolver.

Esto se dará con permiso de las máquinas emisoras de voto, los problemas legales y el sentido del voto en algunos estados clave, como Florida, Ohio y Pensilvania. Y será con su permiso porque ya tenemos experiencia de ver como las elecciones presidenciales han tenido como resultado un limbo político que mantuvo el mundo sumido en la más absoluta incertidumbre. ¿Recuerdan el otoño del año 2000? ¿Les suena de algo las papeletas mariposa, los escrutadores dejándose las dioptrías y una presidencia ganada en los tribunales?

Las elecciones dependerán de estos estados clave. Estados que tienen un número importante de votos en el Colegio Electoral y que el sistema mayoritario del país del Tío Sam hace que se pelee por cada voto. Existen dos fases de lucha por el voto: antes y después del escrutinio.

La primera fase la estamos viendo a estas alturas con una lucha acérrima entre la maquinaria de los dos partidos. Cada voto cuenta. Hay que perseguir cada voto. Esta es la consigna. Esto ha llevado a los candidatos a diseñar un fin de campaña muy parecido, concentrado en las mismas zonas y apelando al mismo tipo de votantes. Por ejemplo, en Ohio (estado que dio la victoria a Bush en 2004) la llave del despacho la tendrán los llamados joe sixpack, los hombres de clase media industrial, blancos, la mayoría sin estudios secundarios y que reciben este apelativo por su afición a los paquetes de seis latas de cerveza barata. No es un votante esencialmente demócrata, pero ante las dificultades económicas existe una gran posibilidad que el voto pueda decantarse hacia el senador de Illinois. Precisamente en este tipo de votantes es donde deberemos calibrar muy bien el impacto de la cuestión racial.

En todo caso, la dirección del mensaje de los dos candidatos está clara: a los indecisos. De ellos va a depender el resultado de las elecciones en los estados a los que nos referimos. Las bases ya están convencidas, ahora deben mantener la tensión y asegurarse de que los que les deben votar lo hagan. ¿Les suena esto a aquello que dijo el presidente Zapatero sobre la conveniencia de la tensión para asegurar una elevada participación? Resumiendo, lanzar mensajes a los que no saben qué votar pero que irán a votar, y asegurar que los que saben qué votar, lo hagan.

La segunda fase la veremos a partir de la noche del día 4, cuando legiones de abogados estarán dispuestos a reclamar cada uno de los votos para uno de los dos candidatos. Y es que una presidencia puede depender de un buen puñado de votos. Pero también puede depender de la reacción de los candidatos ante una situación de incertidumbre como la del año 2000. En ese sentido, si llegamos a tal extremo, otra variable que entrará en juego será el tono de los discursos de uno y otro candidato. Si parece que tiramos la toalla, quizá ya la habremos tirado antes de tiempo. Sin olvidar el papel de los medios: hace ocho años la cadena Fox News influyó decididamente en muchos americanos al otorgar la victoria electoral a Bush y no a Gore; aunque en pleno año 2008 donde deberemos concentrar la atención será en Internet, en lo que diga la blogosfera. Un terreno que, por cierto, Obama ha abonado mucho mejor que McCain; anticipándose estratégicamente a un medio que ha sido clave en esta campaña y donde el demócrata se ha manejado como pez en el agua.

La cuenta atrás está en marcha, y el consumo de los días y las horas se siente con más violencia que nunca. El peso de la historia se acerca con apresurado paso hacia los dos candidatos. Y esa sensación de ser testigos de un momento histórico se extiende por muchas partes del globo. No se pierdan la noche electoral del próximo martes, aunque lleguen con ojeras a sus puestos de trabajo el próximo miércoles. No se pierdan un momento como este… siempre y cuando no se tarde más de un mes en llamar alguno de estos estados para uno de los dos candidatos.

B&B: Bradley & Barack

Se habla mucho estos días del efecto Bradley. No, no es el título de una película de Jim Carrey, ni un best seller de management a la venta en los grandes almacenes culturales. El efecto Bradley es uno de esos efectos que se toman de casos concretos y que nos sirven para explicar qué ocurre en la contienda electoral y porqué, en definitiva, aspectos del comportamiento electoral.

El efecto Bradley ha cobrado especial importancia en las últimas semanas, a medida que las encuestas han ido mostrando una distancia cada vez mayor de Barack Obama. Tom Bradley fue alcalde de Los Angeles, y en 1982 optó a gobernador del estado que hoy preside Arnold Schwarzzeneger. Bradley fue por delante en las encuestas durante la campaña, pero el día de las elecciones no ganó porque muchos electores votaron en contra de lo que habían dicho en las encuestas, poniendo de relieve la cuestión racial en la decisión del voto.

¿Puede el efecto Bradley darse en estas elecciones? ¿Obama podría perder las elecciones porque las encuestas no reflejen este engaño al encuestador? Esto sólo lo sabremos el próximo 4 de noviembre, y será especialmente importante observarlo en los dos estados clave de estas elecciones: Ohio y Florida.

Algunos estudios señalan que la importancia del efecto Bradley ha venido a menos en los últimos años, disminuyendo así el factor racial en la decisión. En todo caso, Obama no da el perfil de típico candidato afroamericano. Es decir, a diferencia del último tramo de la campaña de Hillary -en la que busco poner sobre la mesa la carta de su condición de mujer-, Obama no ha jugado la carta racial de manera directa.

Aunque muchos apoyos del senador han ido precisamente a apuntalar este área. No es casual que Oprah Winfrey sea su gran apoyo mediático. O que Collin Powell haya sido hasta la fecha el apoyo que más daño ha hecho a la candidatura republicana. Aunque a Pau no le falta razón cuando afirma que no sabe si el lector medio americano acogerá con buenos ojos el endorsement del ex-secretario de Estado.

Lo que quizás parece más observable es el efecto bola de nieve: sólo así (además del enorme gasto en publicidad electoral) puede explicarse el contínuo aumento de Obama en las intenciones de voto directas qe hemos podido ver estas ultimas semanas. Este efecto, también conocido como el del caballo ganador, supone un aumento en la intención de voto del candidato mejor situado. Algo así como responder que se votará al candidato de moda.

Así que el juego aún está abierto. Pese a los endorsements del Washington Post, Los Angeles Times o el Chicago Tribune, aún quedan demasiados flecos pendientes de resolver. Y la cuestión real será ver si Obama crea su propio efecto o si acaba siendo prisionero de la rica y abundante historia electoral y demoscopica de los Estados Unidos.

¿Prevaldrán los prejuicios raciales en esta carrera presidencial?

Revista de prensa (5/10)

Tras el debate entre los candidatos a vicepresidente, Sarah Palin vuelve a la carga acusando a Barack Obama de mantener contactos con terroristas que atacarían a su propio país. La Vanguardia y El País se hacen eco de este artículo del New York Times.

Sin abandonar aún la campaña americana, es interesante este artículo de ABC sobre la figura de Joe Biden. La última recomendación es este gráfico de USA Today para ver cuanto dinero han recaudado los candidatos y de dónde provienen estos fondos.

En casam encontramos este artículo del Avui que informa que 650.000 catalanes han fijado su residencia en segundas residencias. También encontramos una entrevista a Raimon Obiols dónde reflexiona sobre la capacidad negociadora del PSC.  La Vanguardia recoje también una nota sobre el cambio de tendencia en los ciudadanos, de llevar la fiambrera con comida de casa y no ir al restaurante, síntoma de la crisis económica.

Leyendo el debate Palin-Biden

Me preguntáis, ¿quién ganó? ¿Palin o Biden? Mi respuesta es, ¿tan importante es saber esto?
En el post posterior al debate entre los dos candidatos a presidente ya os comentaba que el debate en sí no es lo que realmente importa, sino la concepción que tienen los votantes. Que los debates se ganan, normalmente, cuando terminan.

Esta vez había, sin embargo, algunos aspectos a tener en cuenta. El hecho de que sea un debate vicepresidencial: no es lo mismo un debate entre los candidatos a comandante en jefe que entre las personas que completan el ticket. El poder de los vicepresidentes en campaña debe interpretarse con prudencia. Ayuda, pero no es decisivo. Y para muestra, el pinchazo de Palin y el poco efecto de los errores y la lengua floja de Biden. Y eso tiene efectos en las expectativas, los resultados y los efectos.

No pude ver el debate en directo, así que he decidido hacer un tipo de análisis diferente al enfrentamiento entre los dos políticos; he decidido leer el debate. Podéis consultar la transcripción del debate en la web de la CNN.

Porque, como sabemos, lo que importa son las percepciones. JFK fue el ganador del debate electoral para aquellos que lo vieron por televisión. Los que lo escucharon, afirmaban que lo había ganado Nixon. Entre ayer y hoy los medios nos muestran como las encuestas nos dan a Biden como ganador, mientras algunos expertos afirman que quien sacará más réditos será Palin. Pero si lo leemos, ¿quién es el vencedor?

Esta pregunta es especialmente importante, en tanto que estamos limitando mucho el poder comunicativo: nos centramos sólo en la palabra. La palabra hablada y recogida en una transcripción. Sin voz, sin entonación, sin imagen. O sea, fijándonos en la parte que tiene un peso menor en la comunicación. Por tanto, la percepción debería ser por fuerza diferente.

Tras la pesada lectura del debate, podemos afirmar que Biden ganó por goleada el debate. En cuanto a mensajes, orden de las respuestas, llevar la respuesta al campo propio, argumentos, ejemplos, vocabulario, etc. Biden fue mucho más superior que Palin. Fue especialmente interesante el cambio de opiniones en economía, hablando del famoso rescate de Wall Street (que ha sido finalmente aprobado), la Guerra de Irak (que, por cierto, Biden también ha despedido a su hijo que está destinado allí) , y la igual respuesta en referencia a los matrimonios homosexuales. También reseñable el reproche de Biden a Palin sobre la negativa de McCain de querer reunirse con Zapatero; curioso el protagonismo del presidente de gobierno en esta campaña. La lectura nos muestra como Biden fue decisivo en varios momentos del debate, pero especialmente en el inicio y el final del debate.

Es especialmente curiosa la diferencia de estilo en el alegato final. Como sabéis, Palin fue Miss, reina de la belleza, durante su juventud. La alegría de la Gobernadora mostró un alud de lugares comunes, sin conclusiones claras y casi pidiendo el voto a John McCain porque es más guapo.

No estoy de acuerdo con las afirmaciones que el lenguaje llano de Palin la acerca a muchos sectores del electorado. No, ya que el electorado percibe estas elecciones como la elección del liderazgo del país. Y este liderazgo es la elección del mejor, del más capacitado … no de un vecino de Main Street. Y quizás hablarán el mismo idioma (la alusión directa a las hockey mums en la primera intervención es casi un insulto a la inteligencia) pero en política no se busca lo mismo que en el presidente o presidenta de la comunidad de vecinos .

A nivel de palabra hablada la superioridad de Biden se manifiesta en esto, en la contraposición de una gran experiencia, de un gran recuerdo de voto, de una figura que podemos saber qué piensa y qué ha hecho, contra una visión simplista de las cosas, con argumentos débiles.

Otra cosa es el marco simbólico que los republicanos han conseguido crear alrededor de Palin. Su relato personal y la protección de su figura. Y como pueden ser contradictorios: presentar una política cercana que no quiere hablar con la prensa (y por tanto, con la gente). Porque este análisis de la letra pura y dura cambia cuando se inserta la idea de Sarah Palin, lo que la gente esperaba de ella.

Pero incluso así, la imagen se deshincha. ¿Donde estaba la Pitbull en el debate del jueves? Si la elección de Palin es crear una mujer preparada y agresiva, si sus primeras declaraciones se basan en declarar la guerra a Rusia, ¿donde estaba esta figura el jueves?

Crónicas del debate

El Mundo

New York Time

Lo dudo mucho