Los políticos psicópatas

Artículo publicado en la edición en español de la revista Campaigns & Elections:

Son incapaces de ponerse en la piel de otros. No pueden llegar a sentir lo mismo que otras personas. Incapaces de ponerse, por un momento, en la piel del otro. Sin remordimientos, manipuladores, astutos. Capaces de engañar a otros en búsqueda de su propio interés. Vanidosos, megalómanos… Podría ser una definición de algunos de nuestros líderes. Pero no lo es. Así son los psicópatas, y algunos políticos, del modo en que actúan, parecen hacerlo como ellos.

Los tiempos de crisis que nos han tocado vivir son el escenario perfecto para mostrar la incapacidad de muchos líderes para ponerse en la piel de los que más sufren. Recortes, situaciones duras, decisiones inaplazables. Este ha sido y es el terreno de juego para muchos de los líderes que gobiernan países a lo largo y ancho del planeta. ¿Habían olvidado que gobernar era tomar decisiones que no siempre son las más agradecidas?

Líderes nacidos bajo el influjo de los años de vacas gordas. Políticos herederos de una era en expansión. Trabajo y resultados en medio de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas. Es en ese momento en el que un líder debe serlo también en el mensaje.

¿Y todos han estado a la altura? Hemos visto como se han exigido esfuerzos y sacrificios, incluso apelando, sin pudor alguno, al célebre «Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» de Winston Churchill. Ni recurrir a los que nos precedieron ha servido para salvar el obstáculo. Les han olvidado en el mensaje, han obviado lo más importante: las personas esperan de sus políticos algo más que frases para la historia.

«¿Puede pedir apoyos alguien que no comprende lo que suponen sus palabras para la mujer que no encuentra trabajo, el joven que dejó los estudios en la cresta de la ola y ahora no tiene futuro o para el funcionario al que le recortan sueldo y beneficios?»

Un trastorno… de comunicación

Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill o incluso Kennedy han sido referentes para presidentes, primeros ministros y, por ende, sus escritores de discursos. El problema es cuando las llamadas al esfuerzo y al sacrificio, los anuncios de drásticas decisiones y la explicación de la política se han hecho de espaldas a los ciudadanos.

Así, muchos líderes políticos han caído en un trastorno… de comunicación. Como si sufrieran una psicopatía que les llevara a actuar como las personas que sufren un grave trastorno de la personalidad. Como si se volvieran antisociales, incapaces de sentir lo que siente un ciudadano de a pie. ¿Puede pedir apoyos alguien que no comprende lo que suponen sus palabras para la mujer que no encuentra trabajo, el joven que dejó los estudios en la cresta de la ola y ahora no tiene futuro o para el funcionario al que le recortan sueldo y beneficios?

En España, las encuestas y sondeos no han dejado de mostrar un desencanto creciente de la ciudadanía hacia la política. La confianza de la ciudadanía hacia los líderes políticos, tanto en el Gobierno como en la oposición, es escasa. Son varias las causas que nos han llevado hasta esa situación, desde el resultado de las políticas públicas emprendidas hasta la percepción de la gestión realizada por parte de la ciudadanía. En la base, sin embargo, está la que quizás es la piedra angular de toda relación: la constatación de que algo falla en el proceso de explicar las cosas.

Los sofistas nos dirían, seguramente, que la existencia de los políticos psicópatas no es posible. Si la verdad tiene su fundamento en la experiencia, ni el mejor de los discursos podría hacer cambiar esa verdad. Pero la realidad es que no hablamos solo de un trastorno de comunicación puntual. No es una piedra en el camino. El político psicópata lo es porque ha perdido ya la noción de a quién se debe: a los ciudadanos a los que representa.

El lema original de los Estados Unidos rezaba “E Pluribus Unum”, de muchos, uno. Refiriéndose a la formación del país, no ha dejado de ser un lema usado en infinidad de contextos y alocuciones presidenciales. Permítanme que me aventure a apuntar que ese trastorno de comunicación –y político a la vez- precisa de comprender que un líder es uno de muchos… que debe sentir y pensar como muchos y menos como uno. Entender el liderazgo político como un camino en una sola dirección hacia un destino, aleja a los políticos de la auténtica base de la comunicación y de la política: la empatía.

Empatía en la base de la comunicación

Según Drew Westen, el psicólogo norteamericano que ha reflexionado sobre la importancia de las emociones y el cerebro en la toma de decisiones políticas, la mayor parte del peso en las decisiones que tomamos, la tienen precisamente las emociones. De hecho, la capacidad de empatía hacia un líder, un partido o el caso particular que reine en la agenda política del momento, puede ser más determinante para justificar nuestra posición que elementos más racionales.

En el interior de lo que sufre. Del sufrimiento. El origen griego de la palabra nos pone en la pista de la base de lo que más necesita la comunicación política en estos difíciles momentos. Necesitamos más que nunca comprender los sentimientos de quiénes interpretarán nuestro mensaje. Ponernos en los zapatos de los que caminan, aunque nos queden pequeños.

La política contemporánea, tan acostumbrada al valor de la demoscopia centrada en la intención de voto, pierde el foco del valor de las personas. De las emociones que son las que, en muchas ocasiones, acaban afectando al apoyo a un líder. Emociones que se manifiestan en esa necesidad de entender que la empatía debe estar en la base del discurso, del mensaje y de la propia política.

Algo que pasa desapercibido en los tediosos cuestionarios telefónicos. “¿Cómo se siente…?” Nunca aparecerá en el mismo nivel de los índices de popularidad. Pero nos dice tanto la respuesta a esa pregunta. Quizás porque en esto las neuronas espejo sean más potentes que una proyección. Al fin y al cabo precisamos ponernos en la piel del otro antes de dirigirnos a él.

No es que los políticos se vuelvan, de golpe, unos psicópatas en el mensaje. Berlusconi no incurrió en un error de forma fortuito cuando, tras los terribles temblores en L’Aquila, afirmó que los ciudadanos que habían perdido sus casas y estaban siendo atendidos en tiendas de campaña, debían tomarse la experiencia como si fuera “Un día en el camping”. Una expresión que dio la vuelta al mundo y puede pasar por fortuita. Pero cuando no hemos considerado nunca lo que provoca en los corazones de los ciudadanos nuestro mensaje, no podemos esperar comprender lo que sienten en situaciones extremas. Los políticos que nunca tuvieron a los ciudadanos en el centro de su acción, no pueden comprenderlos.

¿Líderes empáticos?

Beethoven recomendaba no romper el silencio si no era para mejorarlo. Muchas veces lo rompemos para anunciar medias, políticas o acciones que pueden mejorar, no el silencio, sino la vida de los ciudadanos. Pese a ello, al romper el silencio con un discurso anclado en el yo, nos enfrentamos no ya a un riesgo, sino a la constatación de esa brecha entre quién habla y quién siente.

«Los líderes políticos, por su exposición en los medios y por la importancia de la política en la gestión de los temas públicos, son incitadores sociales.»

Por ello, es más importante que nunca preguntarnos si estas épocas difíciles precisan de líderes empáticos. Líderes que comprendan lo que sienten la mayoría de los ciudadanos. Sentir, emocionarse… sin prejuicio de las capacidades para gobernar, dirigir y crear.

Los líderes políticos, por su exposición en los medios y por la importancia de la política en la gestión de los temas públicos, son incitadores sociales. Modelos a seguir para muchos ciudadanos, quizás no para imitar sus vidas, pero sí para seguir lo que dicen, lo que piensan. Esta condición de incitar emociones en muchos ciudadanos nos describe también la importancia de contar con alguien que pueda encender esa chispa en grandes sectores de la sociedad.

El candidato o candidata debe tener, además de esa capacidad de gestionar emociones, la empatía suficiente para comprender, no sólo a los miembros de su equipo –un presidente de gobierno que comprenda a sus ministros siempre pondrá más de su parte para la coordinación de la acción política que uno que no lo haga- sino para con los ciudadanos. Sólo con una gran capacidad de empatía puede aparecer cercana una persona que vivirá recluida durante años en un cubículo de trabajo y seguridad y que hará campaña movido de un lado a otro con una apretada agenda.

La empatía debe ser la base del nuevo carisma del liderazgo emocional. Un carisma basado no en la dureza, la resolución o la fortaleza de quién aspira a gobernar un país, sino en aquella persona que comprende a los ciudadanos de ese país. El carisma de personas próximas y sinceras, que no tienen miedo a conversar con la gente –en persona o a través de la Red-, que no tienen miedo a preguntar la opinión y que dejan en sus manos también la creatividad de sus apoyos.

Para el líder emocional la mentira no existe, ya que la verdad es su salvaguarda política. Sólo puede establecerse una relación de confianza con el electorado si se acepta esta premisa, con todos los efectos que tienen en varios aspectos comunicativos, como en la comunicación ante una crisis y en la propia asunción de responsabilidades.

Precisamos, en definitiva, una concepción emocional y empática de la política. Necesarios para recobrar la confianza en la política y la participación de la ciudadanía en los asuntos que le incumben. Necesitamos entender que nuestros líderes sienten tanto como nosotros. Y nuestros políticos deben entender qué sentimos para dirigirse mejor, de forma más eficiente, a la ciudadanía.

Estos liderazgos deberán ser la norma en el siglo XXI. Sólo así podrá superarse la desafección creciente que pone en riesgo al propio sistema democrático. Sólo así podrá devolverse a la política su auténtico significado de gestión de los temas públicos, en beneficio de todos y para asegurar la convivencia.

La comunicación política emocional está llamada a suplir las limitaciones de la concepción clásica de las campañas. Alimentar los vínculos emocionales que la propia política crea es la base para la fidelización pero también la base para entablar una relación más responsable. A suplir la relación poco sostenible con políticos psicópatas que ni sienten ni dejan sentir.

Ser un político psicópata sale caro a largo plazo. No tener a la ciudadanía en el centro de la acción y del mensaje acaba saliendo muy caro. No ponerse en la piel del otro acaba siendo una temeridad. Lo saben bien todos aquellos líderes que acabaron viendo como lo que antes fue apoyo, se tornó el más rotundo de los rechazos. Los que no saben sentir, los que no quieren sentir… los que no quieren sentir lo que otros sienten; lo pagan en las urnas.

Los políticos psicópatas

Políticos con iPad

Para bien o para mal, el iPad se ha convertido en un habitual en muchas conversaciones. Ya sea para romper el hielo antes de una reunión o con el café en una comida familiar: defensores y detractores del aparato de Apple salen por doquier. ¿Es para tanto? ¿Vale la pena hacerse con uno? ¿No hace lo mismo que un ordenador?

Seguro que estas preguntas han estado encima de la mesa de muchos políticos. ¿Comprar uno? Y por qué no, habrán pensado. ¿O dará una imagen elitista y pija del político que lo exhiba? Aunque también puede entenderse como un signo de modernidad, a la altura de los tiempos, integrando en el trabajo diario una nueva herramienta de gestión. Políticos como Esperanza Aguirre, David Cameron, Leire Pajín o el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, ya lo han probado. Y les gusta… vaya si les gusta.

David Martos recogió un testimonio único en la última visita de Esperanza Aguirre a los estudios de la Cadena SER. En un vídeo pudimos ver cómo se maneja la presidenta de la Comunidad de Madrid con la tableta de Apple, que ha hecho del iPad una herramienta más de trabajo que incluso ha sacado a relucir en algunas ruedas de prensa.

Pero el uso de los políticos no se queda ahí. Jens Stoltenberg dirigió Noruega desde su tablet durante el cierre del espacio aéreo europeo la primavera pasada por culpa de la erupción del volcán islandés.

Leire Pajín ha visto en el aparato de la factoría Jobs el soporte perfecto para no llevar encima centenares de papeles. Así, leyó su discurso en la toma de posesión como nueva ministra de Sanidad desde su iPad. No sabemos si usó alguna aplicación especial, pero el Twitter del PSOE lo comentó para sus seguidores.

Un gran fan de los productos de Apple es el primer ministro británico, David Cameron. Desde que ha llegado al 10 de Downing Street usa su Macbook Pro, su iMac e incluso ha instalado un reproductor sin cables para su colección de música que almacena en este último ordenador. No debemos olvidar que este fan de los gadgets fue uno de los primeros políticos en abrirse su espacio de videoblog y entender la potencia de las redes para llegar a los votantes.

¿Y Zapatero? ¿Montilla o Mas tienen un iPad en su cartera? Estos dos últimos han entendido el valor de las aplicaciones en dispositivos móviles como los iPad, pero también los iPhone. Así, y como ya vimos en otros posts, tanto el PSC como CiU cuentan con sus aplicaciones de campaña disponibles para cualquier usuario de forma gratuita.

De hecho, algunos estudios ya muestran como el iPad es un formato especialmente bueno para el sector de las aplicaciones. Es más, en el iPad se compran más apps de pago que en el iPhone, lo que está llevando a un desarrollo creciente de nuevas aplicaciones para varias necesidades. También políticas.

Sin ir más lejos, el Partido Demócrata entiende que el sector más joven debe ser clave en las midterm que se celebraran el próximo 2 de noviembre. Bajo la etiqueta de Gen44 –Obama es el 44º presidente de los Estados Unidos- se está intentando movilizar ese voto a través de aplicaciones para iPad y iPhone. ¿Cómo? Promoviendo el registro para el voto a través de estos soportes y aportando información y mensajes.

Y Obama ¿usa el iPad? Parece que el universo geek del presidente termina en la Blackberry por la que tanto luchó al llegar al Despacho Oval. Hace unos meses, en el commencement speech en la universidad de Hampton se mostró algo crítico con estos dispositivos y confesó no saber usarlos:

«You’re coming of age in a 24/7 media environment that bombards us with all kinds of content and exposes us to all kinds of arguments, some of which don’t always rank that high on the truth meter. And with iPods and iPads; and Xboxes and PlayStations – none of which I know how to work – (laughter) – information becomes a distraction, a diversion, a form of entertainment, rather than a tool of empowerment, rather than the means of emancipation. So all of this is not only putting pressure on you; it’s putting new pressure on our country and on our democracy.

Class of 2010, this is a period of breathtaking change, like few others in our history. We can’t stop these changes, but we can channel them, we can shape them, we can adapt to them.»

Aunque por no saber usarlos, demostró cierta pericia cuando un asistente al mitin de Seattle le pidió que le firmara el iPad. Lo hizo con la aplicación Ideas de Adobe y le marcó al presidente dónde debía estampar su foto con el dedo.

Ya sea por imagen, por su usabilidad o sencillamente por el placer de deslizar la yema de los dedos por esos aparatos, lo cierto es que cada vez son más los políticos que se suben al carro del iPad… quizás lo hagan pensado que aquí iPad, y después gloria.

¿Cómo detectar si un político miente?

Si en alguna ocasión tu pareja te suelta un “Cariño, te juro que entre nosotros no ha pasado nada”, quizás sea el momento de pedirle a nuestros sentidos que presten más atención de la habitual a escudriñar toda la información no verbal que podamos para detectar si debemos empezar a desconfiar de la palabra dada. Quizás en eso, las relaciones de pareja y la política se parezcan más de lo que podamos creer.

En ambos casos se establece una relación de un enorme vínculo emocional que puede llevarnos a cambios muy importantes en nuestra percepción. Como ya comentábamos en este post, cuando una persona es simpatizante de un partido político, tiende a buscar el modo de justificar cualquier cosa, incluida la mentira. Algo muy parecido al síndrome de Estocolmo que podemos sentir cuando imaginamos que nos han sido infieles pero no queremos creerlo.

Estamos, como decía Sebastià Serrano, sin lugar a dudas, en uno de los grandes momentos de la comunicación: el arte de la mentira, el engaño, el disimulo… para algunos la política es el arte de estas malas prácticas. Quizás porque es tan antiguo como el ser humano, mentir sea pecado en varias religiones y la honestidad una virtud en tantas otras culturas. Y quizás por ello también, tal y como señala Eduard Punset, estamos más preparados para descubrir a un mentiroso que para encontrar la verdad.

De hecho, esa virtud que, según Punset, tenemos los humanos, no es una especie de radar o sexto sentido, sino la capacidad de detectar cambios en los estados emotivos en el discurso verbal de la persona que miente. Algo así como lo que hacen los detectores de mentiras tan explotados en televisión: observar los cambios fisiológicos que nuestras emociones generan.

Aunque la distancia física con nuestros políticos suela ser insalvable y solo la televisión o internet nos abran una ventana a estos líderes, muchas veces sus reacciones nos dan una información muy valiosa. Aunque por si alguna vez –especialmente en campaña electoral- algún político te da la mano y conversa contigo, te sugiero que prestes atención a estos cambios fisiológicos:

  • Cuando una persona miente, su tono de voz cambia. Algunos expertos señalan que la subimos una octava, más o menos.
  • El ritmo de respiración se acelera.
  • En algunas ocasiones, el color de la cara puede cambiar. Es muestra de embarazo por la posibilidad de ser descubierto, así como reacción al mayor ritmo de respiración.
  • La mirada suele delatarnos, ya que se suele dar un cambio en ella, en el movimiento de los ojos.
  • Disminuyen los gestos, ya que nuestro cerebro está más ocupado en dar consistencia al mensaje verbal y dedica menos atención a nuestra gesticulación.

Además de estas señales de alerta, la cara suele ser un reflejo muy claro de lo que estamos haciendo. Quizás por miedo, vergüenza o culpa, nuestro rostro suele cambiar y estas emociones pueden generar una contradicción aparente entre lo que decimos y lo que creemos.

Hablando del poder de esos gestos, para muchos el que hizo Richard Nixon durante las entrevistas con el periodista británico Frost en 1977 fue tan revelador como un proceso de impeachment. En el minuto 1:27 del siguiente vídeo se muestra el poder de un gesto:

Quizás, la próxima vez que escuchemos a un político afirmar que “yo sólo dije la verdad” debamos atender a estas pistas. O a las hemerotecas, que nunca fallan –quizás por ello, el régimen del Gran Hermano de Orwell tenía tanto interés en corregir las noticias para que nunca se mostraran los errores. Y así finalmente, no saber qué era cierto y que no. Por si las moscas, estos consejos.

Donaire deja el Parlament

No podía ser de otra manera: hemos sabido que José Antonio Donaire deja el Parlament a través de su Twitter. Esta mañana lo anunciaba -aunque el pasado viernes ya comentó que esa sería su última votación- y seguidamente muchos usuarios se hacían eco, mostrando la tristeza porque perdemos a uno de los referentes del uso de Internet en la política catalana.

Seguramente muchos de nosotros echaremos de menos sus comentarios en las sesiones de control al Gobierno en el Parlament de Catalunya, el debate con la oposición desde el respeto (él y Carles Puigdemont han sido de los primeros políticos en demostrar que en la Red los antagonismos ideológicos no son tan estancos como nos hacen creer) y, como no, cuando nos preguntaba nuestra opinión y dirijía preguntas al presidente de la Generalitat que, en alguna ocasión, habían nacido de la Red.

En una época de indefinición, de miedo generalizado y al mismo tiempo incredulidad hacia el medio, Donaire, como pocos políticos, no ha tenido miedo para usar las herramientas de las que disponemos para mejorar la comunicación de la política y la relación con la política.

Desde este blog, el agradecimiento de un ciudadano por su labor y el agradecimiento de un blogger por su compromiso (que esperamos no decaiga) con el medio.