¿Seguirá Aznar los pasos de Take That?

Take That fue un éxito de ventas en los 90. La primera de las boybands de la década que se ganaron el corazón de millones de fans a lo largo de esa década y durante los primeros años del siglo XXI. Lo del grupo de Manchester fue una auténtica locura. Tanto, que su separación no dejó de tener tintes traumáticos para muchas adolescentes. La noticia de la vuelta a la banda, 15 años después, de Robbie Williams no ha pasado inadvertida. Tras rumores se ha consumado. ¿Podría darse algún caso similar en la política española?

Puede parecer extraño, pero la propia historia del grupo puede parecerse a la de un grupo excepcional de políticos que unió a la derecha española tras el franquismo. No es que Aznar tenga dotes de cantante, pero su liderazgo al frente del PP en los 90 puede asimilarse a los Take That. Consiguieron todo lo que se propusieron y se diluyeron sin alzar la voz. Aznar anunció que se iba como Williams lo hizo en 1995.

Tanto los Take That como el PP de Aznar dejaron a millones de huérfanos. Millones de españoles que siguen pensando que nadie volverá a dirigir el partido y el país como José María Aznar. Quizás por ello, ante las cíclicas crisis del partido, no se han dejado de sentir voces que, o bien reclamaban la vuelta del líder o abiertamente pedían que el de Valladolid volviera a la escena política.

La realidad es que las carreras en solitario de Williams y Aznar han sido exitosas. El primero, recorrió medio mundo con sus álbumes en solitario. Una de las figuras más importantes del pop británico de los últimos años. Aznar, en cambio, es un conferenciante habitual al otro lado del Atlántico, ha escrito varios libros y sigue siendo una pieza fundamental de la derecha española. El primero ya ha anunciado su vuelta a los ruedos. Aznar, no parece estar por la labor.

Pero ese espíritu de volver al grupo –los Take That se unieron de nuevo en 2006- parece que no está muerto en el PP. Viejos miembros de la banda piden turno para volver a tocar. Es el caso del ex vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que está haciendo lo imposible por ser el candidato del PP en Asturias. El partido se ha rebelado contra ello, pero las maniobras ahí están. A la espera de que el garante del grupo, Mariano Rajoy -que aguanta pese a Gürteles, espionajes o envites de la Lideresa- se manifieste.

La marcha de Aznar, vinculada a la promesa de no estar más de dos mandatos en el cargo, tuvo mucho de esa marcha de Williams justo cuando estaban saboreando las mieles del éxito. Y seguro que en más de una ocasión el ex presidente haya pensado que su decisión fue un error. Pero seguro que la nostalgia no sería el principal motivo de su vuelta.

Por el momento, el retorno no parece estar sobre la mesa o su proyecto personal. Pero, si Take That ha vuelto a unirse tras tantos años, ¿seguiría siendo algo descabellado creer que Aznar, ahora con abdominales marcadas, pudiera volver a la política?

La política chocolate

Si la política pudiera comerse, debería ser de chocolate. Y no es cuestión de imaginarse el ejercicio del poder como si de la fábrica de Charlie se tratará: la política debería ser de chocolate porque necesitamos algo que nos guste, nos excite y que nos salve de la depresión. Especialmente en un momento como este.

Las propiedades del chocolate (del cacao, vaya) son muy conocidas. De hecho, sus beneficios han sido descubiertos en numerosos estudios y nutricionistas, expertos y médicos de todo el mundo conocen lo que un poco de chocolate puede aportarnos.

Sabemos que es un antioxidante más que probado: dos cucharadas de cacao tienen una dosis de antioxidantes más grande que el encontrado en otros alimentos como el te verde o el vino. De hecho, el punto clave, es que el cacao tiene como su antioxidante principal los flavonoides que ayudan a aumentar el riego sanguíneo hacia el cerebro. Así que si queremos ayudar a comunicar nuestra opción política, ¿por qué no hacerlo con chocolate que nos ayude a pensar? Negro, por supuesto.

La política, de ser un alimento, debería ser chocolate. No sólo porque gusta a grandes y pequeños, por el placer que nos produce comerlo o por ser un alimento prohibido para los que se ponen a dieta. La política debería ser chocolate porque…

… es afrodisíaco. El cacao mejora el estado de ánimo gracias a la serotonina, que produce placer en el cerebro. Por eso se suele decir que la segregación de esta sustancia en la ingesta del chocolate lo hace afrodisíaco y placentero. La política debería producir eso también y la buena comunicación política debería ayudar a ello. Construir una sociedad mejor, ayudar a los ciudadanos, etc. debería ser una fuente de serotonina. Tanto para el político que vota una ley como para el ciudadano que introduce la papeleta en la urna.

… es antidepresivo. El chocolate tiene varias sustancias que producen sustancias en el cerebro que son un potente antidepresivo, como la serotonina –que ya hemos visto sus efectos- o la dopamina. Neurotransmisores que tienen mucha implicación en los estados de ánimo. La política debería actuar en el mismo sentido, más en un momento de crisis y desafección como el actual. Curarnos esta depresión e ilusionarnos. Para ello, necesitamos líderes que nos produzcan estas sustancias con la ilusión y la esperanza, y una buena comunicación política que ponga en valor esas cualidades.

… protege. Los antioxidantes del cacao y otros nutrientes y propiedades protegen nuestra salud. Pese a haber sido condenado por dentistas y nutricionistas durante épocas, sus beneficios son cada vez más conocidos. Más o menos como la política. Pese a ser denostada, criticada y considerada un mal para nuestra sociedad, la verdad es que el ejercicio de la política y la democracia nos protegen. Son la vía para resolver pacíficamente los conflictos y por ello la comunicación debe poner en valor ese servicio a la sociedad.

La política debería saber a chocolate. Deberíamos sentir placer en cada una de las intervenciones de nuestros líderes. Nos debería ayudar a reponernos del bache y a proteger nuestro sistema democrático como si fuera nuestro sistema inmunológico. Sí, la política debería ser chocolate. Pero seguro que, a día de hoy, os recuerda a otro alimento. ¿A cuál?

Foto de eisenrah

Twitter puede arruinarte la vida

Twitter puede arruinarte la vida. Al menos la online. Y depende de cómo lo hagas, también tu vida pública o profesional. Que se lo pregunten al político británico Stuart MacLennan del partido Laborista. Este dirigente político no dudó en usar la plataforma de microblogging para lanzar improperios, insultos y hacer de lo políticamente incorrecto su principal fuente de inspiración.

No es necesario llegar a su extremo. Estamos demasiado en pañales como para ver si realmente un desliz ante 600 seguidores es tan grave como un micrófono abierto, pero lo que está claro es que el hecho que lo que hacemos, decimos y manifestamos en la Red permanece, nos obliga a entender los límites. Los riesgos y por supuesto las oportunidades, pero los límites que debemos aplicarnos.

El límite no debe entenderse como una censura –o una autocensura, mejor dicho-, al contrario, el límite debe ser ese punto de entender lo qué ocurre en la Red cuando Diego dice digo.

Así que si no quieres que Twitter arruine tu prometedora vida política (ya sea porque pases de concejal a diputado o de ministra a presidenta del Gobierno), no pierdas de vista estas cinco pistas para evitar el hundimiento de tu reputación online:

  1. La honestidad como bandera: no es ya citar el caso de Rosa Díez, que mientras actualizaba su Twitter respondía preguntas en TVE, entendemos que ese estadio lo hemos superado. No sólo debemos dejar claro si nuestro Twitter lo actualizo yo o mi equipo (como hace Esperanza Aguirre), sino que debemos ser honestos con nuestros principios, nuestras ideas y nuestra personalidad. No tiene sentido vender una idea equivocada de nosotros o que esté a años luz de la que mostramos ante los medios. Como dice el anuncio de una conocida tienda, “yo no soy tonto”. Y las personas que te siguen, tampoco.
  2. Esto es una conversación, ¡aporta!: en Twitter, como en otros espacios de la red participativa, la gente comparte, discute, conversa, aporta. Tu deberías hacer lo mismo. Durán i Lleida, el político más reputado en España, es el ejemplo de un mal uso de la herramienta cuando pega enlaces sin texto, no responde a las preguntas o martillea con esos enlaces sin ancla. Por tanto, si no quieres ser ninguneado por el resto de usuarios, entiende qué puede interesar a tus seguidores y construye la conversación con ellos. Aquí los argumentarios de partido no mandan, sólo ayudan. Los medios pueden querer una cosa, pero los seguidores otra. Entiende el cambio de óptica.
  3. Si preguntas, tenlo en cuenta: quizás oyendo a algún asesor, habrás planteado en más de una ocasión preguntas al aire. Sí, es un sano ejercicio. Pero si actúas como si fuera una pregunta retórica vas por el mal camino. Preguntar a los usuarios puede ser un buen ejercicio para tomarle el pulso a lo que opina la gente de a pie, pero para que el proceso sea completo, los que estamos al otro lado de la barrera debemos ver que el tiempo que te hemos dedicado sirve para algo. Agradece las participaciones y cuenta qué haces con ellas. Si tienes un blog, puede ser una buena idea hacer un post. Si no, no dudes en comentarlo con, por ejemplo, “acabo de citar algunos de vuestros ejemplos en el Pleno. ¡Gracias!”.
  4. Una cuestión de formas: como sabes, en comunicación no sólo hablan tus ideas. Hablar de corrupción cuando en tu partido hasta el apuntador está bajo lupa o hablar de respeto institucional cuando la lías en el Senado son incoherencias que el ciudadano percibe. En la Red, más de lo mismo. Incluso más. El uso personal de las redes significa que muchos usuarios te invitan a participar de su entorno más propio. Por ello, el tono, el respeto, las formas… son importantes. No queremos ver como te desahogas en insultos con alguien que no piensa como tu. Tampoco te queremos ver replicando consignas tribuneras. No estás ni en los toros ni en el fútbol. Dice más el cómo lo dices que lo que dices. La credibilidad no te la da ni el cargo ni el partido: se la ganan tus tweets.
  5. Por los siglos de los siglos: el contenido permanece. Lo que digas va a estar ahí por los siglos de los siglos… más si la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se encarga de ello. Aunque lo borres, un tweet puede ser copiado y ver la luz. Por ello, piensa bien qué escribes. Cada vez que lo haces, pones negro sobre blanco de tus ideas, tus opiniones. Tenlo en cuenta.

¿Me he dejado algún consejo? ¡No dudes en participar en los comentarios!

Colega, ¿dónde está mi Twitter?

Si algo podemos afirmar con rotundidad en esto de Internet, es que cambia a la velocidad del rayo. Está en constante evolución y cada día puede ser, en sí mismo, un nuevo reto. Es, de hecho, la rapidez en su evolución la que nos pone de frente a nuevas situaciones a las que dar una salida. Y el último ejemplo nos llega de la identidad digital del gobierno británico.

Lo vimos con Obama: ¿cómo debía mostrarse el cambio de administración en la Red? ¿Cómo debía materializarse ese cambio en la identidad digital de la Casa Blanca? Su modo de hacerlo fue, en sí mismo, noticia. Mientras juraba el cargo, la web de la Casa Blanca se renovó completamente y se añadieron nuevas secciones, como el blog de la mansión más famosa del mundo. Desde el minuto uno de la presidencia, Obama contaba con todas sus herramientas 2.0 en perfecto estado de revista.

En ello, el tiempo jugó un papel esencial. No es lo mismo tener casi tres meses para preparar la transición a cambiar el inquilino del 10 de Downing Street en menos de una semana. Así, la administración Brown siguió actualizando algunos de sus canales, como Twitter, hasta el mismo día 11 de mayo. Ya con Cameron como Primer Ministro, se empezaron a producir cambios, aunque se produjo un silencio (permítanme la broma, administrativo) hasta el 19 de mayo en algunos espacios como el mismo Twitter.

La web del Número 10 cambió entre el día 11 y 12 de mayo, así como los perfiles en YouTube y Flickr –que han pasado a tener el mismo nombre para facilitarle las cosas al usuario-. Decisiones que han desconcertado a algunos usuarios –el propio Twitter ha mantenido usuarios pero también ha cambiado el nombre-, pero que parecen necesarias para mostrar una nueva era.

En esa nueva era también habrá espacio para los vídeos que han hecho famoso a David Cameron. Webcameron, como es conocido, está determinado a mantener el contacto con los ciudadanos a través de los vídeos online. Un pequeño gran cambio como el introducido por Obama con sus discrusos semanales, que pasaron de ser radiados a aparecer también en la Red.

Estos ejemplos no son frivolidades: en Reino Unido tienen suerte de contar con un equipo online formado por cinco funcionarios que no cambian pese al nuevo gobierno. Y es una suerte porque, a estas alturas del partido, no son pocas las administraciones que han abierto sus espacios en la Red y están configurando su identidad digital. Espacios que, por su facilidad de uso, nacen como setas… pero que no siempre cuentan con un procedimiento claro para el día que llegué otro al despacho a conversar.

¿Están preparadas las administraciones para ello? ¿Qué pasará con @desdelamoncloa tras las elecciones? ¿Los canales de la Generalitat de Catalunya en Twitter, serán cedidos amablemente al nuevo gobierno? ¿Están previstos estos cambios en nuestras normas? Quizás, en los próximos meses oiremos mucho eso de “Colega, ¿dónde está mi Twitter?”

Las 20 mejores películas políticas

A mí me gusta el cine político. Creo que no os descubro un mundo, pero es evidente que disfruto con una buena película de este género, ya sea ficción o recreación de la realidad. De hecho, prefiero las primeras. La razón es muy sencilla: cuando un guionista o un director plasma la realidad política en un film de ficción política, nos da mucha información del modo en qué escenificamos la política, el poder y la comunicación política en el día a día.

Hace unos días vi en el Twitter de Caja Mediterráneo que estaban organizando en el Aula CAM de Alicante el “Ciclo Color Obama”, con proyecciones de varias películas políticas y charlas con personajes tan interesantes como Enric González o John Carlin. Por un lado, sentí una profunda envidia por no asistir al ciclo… y por el otro, la necesidad de compartir con vosotros mis veinte películas políticas favoritas (sin ningún orden en particular).

  1. El Presidente y Miss Wade: creación de Aaron Sorkin que es el embrión de The West Wing. Un presidente demócrata viudo se enamora de una activista ecologista en el ecuador del mandato. Turbulencias políticas en Washington y un fiel reflejo de la presidencia americana. Y ver al presidente Bartlett ser jefe de gabinete no tiene precio.
  2. In the loop: las vicisitudes del aparato de comunicación del gobierno británico. Un ministro bocazas y unos aliados norteamericanos deseosos de buscar el mejor adjetivo para una guerra en Irak. Ironía fina. Divertida y sorprendente.
  3. Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb: un clásico del cine y una visión un tanto característica de la Guerra Fría. Una película tan imprescindible, que hasta se muestra en la Universidad… ¡mítico teléfono rojo!
  4. JFK: la recreación de Oliver Stone del asesinato del presidente Kennedy y el juicio tras el magnicidio. Kevin Costner se sale en este clásico de los noventa.
  5. La vida de los otros: el principio del fin del régimen comunista en la Alemania del Este se refleja en esta película. Los creadores y los artistas, la libertad y la fidelidad al partido: la tensión que te mantiene alerta y sorprendido en toda la película. La Stasi en estado puro.
  6. Ciudadano Kane: suele aparecer en los rankings. No ya los de películas políticas, sino en el de mejores películas de la historia. Welles nos muestra a un hombre poderoso. Con todo lo que eso conlleva.
  7. Todos los hombres del presidente: la historia de la investigación que llevó a Nixon a dimitir, con cuatro Oscar a sus espaldas.
  8. Nixon: Oliver Stone siguió reflejando las biografías de los presidentes americanos con este film dedicado al primer y único presidente dimisionario de Estados Unidos. Anthony Hopkins se sale.
  9. Primary Colors: John Travolta y la historia de unas elecciones primarias. El voto hasta el último minuto. Inspirado en el matrimonio Clinton, con esa mezcla de política y faldas.
  10. Kamchatka: la dictadura argentina y una infancia que se trunca, desvanece, desaparece. La ansiedad del escondite, de huir. De empezar de nuevo por un mundo que ya no existe.
  11. 28 semanas después: secuela de “28 días después”. Un virus ha devastado el Reino Unido y empieza la repoblación del centro de Londres bajo mandato de la OTAN. Decisiones difíciles. El ser humano, la organización de la sociedad en estado puro.
  12. Invictus: ya tuvo su protagonismo en este blog en su momento. El libro de John Carlin llevado al cine, el relato del esfuerzo de Nelson Mandela por hacer del rugby el instrumento para unificar un país.
  13. Wag the dog: cartel de lujo, con Dustin Hoffman, Robert de Niro y Anne Heche. Una película rápida, muy rápida. Pero buena. Muy buena.
  14. L’Auberge Espagnol: uno de los programas de la Unión Europea –de la Comisión, para ser exactos- más exitosos, el Erasmus, tiene su película. Europeos en Barcelona comparten experiencias, orgasmus, preocupaciones… y una manera de entender Europa que compartimos todos los Erasmus.
  15. Good bye Lenin: ¿y si despertaras de un coma y tu país hubiese cambiado de régimen? Divertida, sensible e interesante película.
  16. The Queen: impresionante Helen Mirren y excelente narración de la semana que cambió el reinado de Isabel II. Interesante papel para Blair en la película, con recreaciones de momentos clave de la política británica del fin de siglo.
  17. Aprile: Nanni Moretti cuenta pedazos de su vida que coinciden con el ascenso de la izquierda al poder en los 90 tras décadas de democracia cristiana.
  18. La pelota vasca: el documental de Julio Medem no dejó a nadie indiferente. Trató un tema tabú y dio voz a un variopinto espectro político e ideológico. Una realización magnífica y una visión de Euskadi imperdible.
  19. Salvador: la historia de Salvador Puig Antich, uno de los últimos ejecutados del franquismo, llevada a la gran pantalla.
  20. La Ola: ¿y si un experimento para explicar qué es el fascismo deriva en una ola fanática peligrosa?

¿Y las vuestras? ¿Qué películas políticas marcaríais como imprescindibles?

No les pagamos para esto

Podemos diseñar estrategias de comunicación eficientes. Dar con mensajes. Explicar bien las cosas. O podemos hacer justo lo contrario y convertir el hemiciclo en un ruedo y dejar que los ciudadanos sigan creyendo que la política no sirve para nada.

No. No les pagamos para esto.

El peligro para la convivencia es el Papa

Miles de años de sociedades teocraticas dejan huella. El papel de la Iglesia, con su gran implicación social, se nota pese a que la razón y la ilustración acabaran imponiéndose en muchas sociedades occidentales. Aunque el nuestro sea, formalmente, un estado sin confesión oficial, la relación con la religión es muy estrecha. Desde los días festivos a la posibilidad de dar parte de nuestros impuestos a ciertas confesiones, como la católica; a otros puntos de contacto más sutiles.

No es de extrañar que algunos de los grandes líderes y oradores políticos de la España contemporánea provengan o bien de la Iglesia o de entornos muy próximos, como el ex líder del PNV Xabier Arzalluz. Algunos, más que hacer política, sermonean. E incluso los partidos más ateos, hacen actos electorales sólo para su parroquia. Y en todos, se sirven extremaunciones políticas, se dan la paz cuando conviene y si es menester, la excomunión. Pero eso sí, siempre para la parroquia. Incluso con ovejas descarriadas.

Lo que ocurre es que a veces, a los partidos, la parroquia se les muere. Cuando los cuadros no se regeneran o los mensajes no evolucionan, al final los votantes menguan por el propio ciclo vital. Por ello, la política suele cambiar. Aunque no lo parezca, pero cambia. El PSOE de Zapatero no es el de González. El PP no es la AP de Fraga. IU no tiene nada que ver con el PCE de Carrillo y, lógicamente, la Esquerra de Puigcercós se aleja de la de Macià. Por no hablar de una CiU que, lejos de Pujol, está a las puertas de la Generalitat.

Gracias a esos cambios, acorde a los tiempos y a la sociedad que les rodea, siguen teniendo una parroquia. Volátil y exigente, pero viva. Tan viva, que no aceptará una sociedad teocrática en Irán, pero tampoco en Nigeria, Índia y, ni mucho menos, en Europa, en España.

Quizás por ello, han decidido abandonar la parroquia de la misa de domingo. Aquella que tiene como Jefe a una persona que si llevara turbante sería considerada un radical. Al sucesor de Pedro, tras intentar esconder casos de abuso sexual a menores y que no duda en cerrar los ojos ante el problema del sida en África o a afirmar, sin rubor alguno, que el matrimonio entre personas del mismo sexo es una insidia y un peligro para la convivencia y el bien común.

La parroquia en Fátima ha respondido con éxtasis a las palabras del sumo Pontífice. Pero con más contundencia hablan las estadísticas que indican que el 60% de los católicos españoles no acuden nunca a misa. Algo así como si el 60% de los afiliados al PSOE decidieran no ir a votar el día de las elecciones. Y en eso están, viendo como la parroquia mengua, la fe decae y los seminarios se vacían. Pero no. Eso no hay consultor de comunicación que lo arregle ni mensaje que se precie. Cuando el odio se antepone al amor que se predica, las Iglesias se vacían. Cuando el pastor parece la oveja descarriada, las ovejas se van a otra parte.

#Política2.0

El pasado 8 de abril, el president del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, presentó en Madrid su libro #Política2.0. Como sabéis, tuve el honor de intervenir durante el acto que se celebró en el Centre Cultural Blanquerna en pleno centro de la capital.

A continuación, os dejo con un vídeo del Centre con fragmentos de las intervenciones del president y la mía. Bajo el vídeo, la transcripción de la intervención.

Esto de Internet de vender galletas.

¿Por qué digo esto? Porque me parece que el ejemplo de una niña Scout de Carolina del Norte, en Estados Unidos es perfecto para entender de qué va esto de Internet.

Imaginad ver a una niña de 8 años. Con su piel bien blanca, rubia y con unos grandes ojos brillantes mirando a la cámara doméstica.

Con unos ojos como platos, tan brillantes como sus insignias.

Y con su sonrisa carente de dientes,  nos pide ayuda porque quiere vender más galletas que nadie. Quiere vender 12.000 cajas.

El video se sube a Internet y un año después de esta acción de una niña de 8 años, se venden 700 millones de dólares en galletas de las Girl Scout. ¡Por Internet!

Una niña entendió de qué iba esto de Internet: de poner en contacto a la gente.

Internet, no va de saber demasiado. No se trata de ser un gran gurú.

Lo que importa es entender de qué va esto.

Internet tiene mucho de sentido aventurero. De prueba, de riesgo. De sensación de que todo está por hacer, que todo es posible.

Un espíritu de Scout que el presidente Benach comparte con esta niña. No olvidemos que fue creador de una agrupación de escuchas a finales del 70.

Seguramente esto ha marcado el carácter del presidente y, por qué no, también de este libro. Porque #Política2.0 relata las ganas de conseguir que la política entienda de qué carajos va esto de Internet. Y lo ha conseguido.

#Política2.0 es un buen libro para entender muchas cosas que pasan a nuestro alrededor. Para entender, en esencia, de qué va esto de Internet.

Y en concreto, una reflexión sobre lo que pasa cuando Internet y política se encuentran por el camino.

El president no duda en definir este cambio como una auténtica revolución. La estamos viviendo.

Hemos cambiado la manera de hacer muchas cosas de nuestra vida diaria. Y dentro de este proceso, también debe empujar la política a un cambio.

No es para menos. La política vive unos momento delicados. Algo no funciona cuando quien debe decidir el futuro de nuestra sociedad se percibe como un problema. Así lo muestra el CIS en barómetros recientes.

Otros datos tampoco son optimistas:

7 de cada 10 catalanes creen que lo que hacen los políticos, lo hacen en beneficio propio.

Casi 8 de cada 10 catalanes piensan que los políticos no tienen en cuenta lo que piensa la gente.

Pero cuando descubrimos lo que realmente hacen y dicen los políticos, todo esto debería cambiar.

Por ello, la #Política2.0 que Benach relata en las páginas de su libro son necesarias para entender lo que podemos hacer para acabar con esta situación.

El libro es también un toque de alerta: la solución a estos problemas no vendrá desde la manera tradicional de hacer las cosas.

La política está en medio de una revolución que no acaba de entender, pero que comenzará a ver la luz gracias a reflexiones como la del president.

Aceptemos esto: esta revolución no pasa en las calles. No hay barricadas. Pero sus efectos se notan día a día. Y eso es apasionante.

Especialmente por los ciudadanos, que estamos descubriendo cómo podemos hacer llegar nuestra opinión a aquellos que nos representan.

Casi 6 de cada 10 catalanes creen que no pueden influir en lo que hacen los políticos. Con Internet lo podemos cambiar.

Tenemos en las redes, en Twitter, en Facebook, en los bloques, en los foros, y en todo lo que vendrá una oportunidad para dignificar nuestra democracia.

Y esto os lo digo convencido, con los ojos brillantes como la niña Scout. Y, de hecho, así nos lo dice el president a lo largo del libro.

Este es un libro valiente, porque apostar por este cambio no siempre es bien recibido. No siempre se entiende. El miedo es el gran enemigo de esta revolución.

Hay políticos que tienen miedo al poder de las redes.

Quizá es el mismo miedo que tenía mi padre, un botiguer como tantos hay en nuestro país, cuando se negaba a abrir su tienda en Internet. Hoy ya se ha hecho con una blackberry para no perder de vista ningún pedido.

#Política2.0 debe servir para hacer ver a aquellos que todavía tienen miedo y pesar sobre el uso de Internet en la política, que los beneficios para la sociedad.

Especialmente en un momento como el que vivimos.

En #Política2.0 encontramos muchas pistas sobre cuáles son los beneficios de esta nueva manera de entender y vivir la política.

La política 2.0 acerca a los ciudadanos y a los políticos. Nos pone en contacto.

Hacemos de la conversación el principal valor. Nos aportamos valor. Por ejemplo, el president Benach no ha dudado en dar voz a muchas de las personas con las que conversa en su libro.

Y lo hace con el lenguaje típico de la red. Con las formas propias de la red: el enlace.

Porque esta es la idea que debemos retener de la política 2.0: el contacto.

Nos ponemos en contacto, nos acercamos. Y gracias a ello, los ciudadanos y los políticos conseguimos más información.

Llegamos a saber qué hacen nuestros representantes y por qué lo hacen. El Parlamento, el Congreso de los Diputados, el Senado o nuestro ayuntamiento no nos quedan tan lejos como antes.

Y nuestros representantes saben de nuestras preocupaciones.
De nuestras opiniones.
Pueden hacer pedagogía de aquellos temas, grandes y pequeños, que a veces se escapan de los medios.

Pero es sobre todo la transparencia que este contacto y esta mayor información consiguen la que tenemos que alimentar.

La transparencia es necesaria en un sistema democrático y las herramientas que Internet nos pone al alcance deben cubrir una de las carencias más claras de nuestro sistema.

Nuestros políticos, en definitiva, rinden cuentas de una manera más directa ante los ciudadanos.

Porque son precisamente estos tres puntos los que nos permitirán conseguir de la nuestra, una sociedad más virtuosa y más pendiente de lo que realmente importa.

Creemos que los catalanes no nos interesa la política, pero en realidad, a la mitad de la población sí que nos interesa. La política 2.0 ha de conseguir que la virtud cívica de los ciudadanos, de todos nosotros, se ponga en valor.

El presidente cita a Bruce Springsteen cuando introduce esta nueva manera de hacer y entender la política. Le viene a la mente la canción Livin’ in the future. Y sí, presidente, estamos viviendo en un futuro que muchos creían que no llegaría pero que ya es una realidad.

Un Rising, para seguir citando al Boss, de la gente que queremos estar más cerca de nuestros representantes y de aquellos representantes que no perdieron de vista su voluntad de servicio.

Este libro marca como pocos un camino que debemos seguir. Y lo hace con un carácter propio porque este libro no viene de la Academia, ni del mundo de la comunicación. Ni del derecho o de la filosofía: es un libro escrito desde la política.

Y escribir estas ideas desde la política tiene riesgos evidentes. Cualquier lector podría preguntar: ¿y qué has hecho tú? ¿Cómo has cambiado eso? La respuesta es evidente, hoy tenemos un Parlamento más abierto que nunca a la ciudadanía.

No soy un scout. Pero puedo imaginar la sensación de que debería tener al presidente a medida que iba haciendo camino en hacer de nuestro, un Parlamento abierto y participativo.

Siempre he tenido curiosidad por saber cómo era aquel primer parlamento, aquellas Corts Catalanes medievales que eran un modelo para las Cortes de Europa. Incluidas las inglesas y las francesas.

Hoy, no necesito viajar con mi imaginación para saber que el Parlament de Catalunya es un modelo.

Hace pocos días en el Parlament se conmemoraba el 30 aniversario de su restauración. Y por primera vez en nuestra historia, los ciudadanos pudimos participar a través de la web del Parlament.

Hoy, gracias a Internet, a las redes, nos podemos sentir la política más nuestra que nunca.

Hoy, el riesgo y la aventura nos han llevado hasta aquí. A presentar un libro que contiene reflexiones necesarias pero, sobre todo una historia de éxito detrás poniendola en práctica.

Gracias, President Benach, por haber liderado este cambio. Un agradecimiento que debe hacerse extensivo a todos los diputados y diputadas que no han tenido miedo y han seguido el mismo carácter emprendedor de su presidente. De hecho, permítanme la licencia deportiva: estos diputados son un poco como Messi, el primer jugador 2.0, que comparte, que aporta. De hecho, muchos contrarios marchan contentos por haber sido marcados por Leo. Como los diputados, que aunque difieran, es de agradecer que puedan debatir y compartir.

Pero no nos detengamos. Garanticemos el acceso de todos a las nuevas tecnologías. Hagamospedagogía ante aquellos que sólo denuncian su mal uso. Luchemos por una red para todos. Luchemos contra el miedo y hagamos vencer la libertad.

Continuemos el camino. Este libro es un faro de este camino. Tengamos el espíritu emprendedor, aventurero y ambicioso para recorrerlo.

Las mejores series de televisión

El género político no es, sin lugar a dudas, el más recurrido en el mundo de la ficción televisiva. Abogados, asesinos, forenses, médicos, incluso gente perdida en una isla; son los auténticos líderes en los guiones de las series que, ya sean producidas en la meca norteamericana o en suelo europeo, tienen más que fieles seguidores.

Pero sí, la política también genera buenos guiones. La tramitación de una ley puede dar para una trama que quite el sentido. Y unas elecciones pueden dejar a millones de espectadores con el cuerpo en tensión. De hecho, incluso podemos ver con otros ojos la política si lo hacemos a través de las series. Lo que no queda tan claro es si, en este caso, la televisión es lo bastante potente como para cambiar las pautas de los que ven este tipo de series.

Me explico. Soy fruto de la generación “Periodistas”. De los que al ver la serie de Telecino deseaban ser periodistas y la demanda en las facultades subió de forma inesperada. ¿Pasa lo mismo con los que ven series políticas? ¿Llenan las oficinas de los partidos para afiliarse? Creo que no.

En todo caso, para los que quieran ver algo más que policías y médicos en televisión, ¿qué os parece dar un repaso a las cinco mejores series de televisión políticas de todos los tiempos?

1. El Ala Oeste de la Casa Blanca.

Casi no necesita presentación, es un clásico entre la mayoría de lectores y lectoras de este blog y en más de una ocasión ha sido protagonista de algunos posts. Para los que se acercan de nuevo a esto de las series políticas, El Ala Oeste de la Casa Blanca o The West Wing es la mejor serie política de todos los tiempos. Como su nombre indica, la serie se sitúa en la mansión presidencial y muestra los pormenores de una administración demócrata.

El presidente Bartlett (Martin Sheen) dirige el país con su particular modo de ver y hacer. En la serie se observan los entresijos del mayor centro de poder con unos detalles nunca vistos y con una trama más que interesante. Su creador, Aaron Sorkin, recrea como pocos la realidad política americana y llega a hacer de la serie una delicia y una pieza didactica para entender la política del país. No se pierdan a CJ Cregg, la secretaria de prensa del presidente ni a los papeles de Josh Lyman y Leo McGarry.

La serie, que es la mayor ganadora de Emmys de la historia –empatada con Hill Street Blues- tiene siete temporada y puede comprarse entera en un cofre.

2. Sí, señor ministro.

Esta serie es la gran predecesora de El Ala Oeste, aunque no tiene nada que ver. Tal y como comenta Toni Aira en el prólogo del libro homónimo que acaba de traducir al catalán, los ochenta fueron los años de las series británicas y ésta es la muestra que política, ironía y humor son perfectamente compatibles.

Sí, señor ministro nos muestra el día a día del ministro de asuntos administrativos del gobierno de Su Majestad, James Hacker. Una rutina ciertamente especial: debe luchar cada día con Sir Humphrey Appleby, el secretario permanente del Ministerio que hará todo lo posible para que nada cambie. La serie muestra como pocas la tensión entre el poder político y la administración pública. La lucha entre gobernantes y funcionarios. Por algo esta serie protagonizó algunas clases de la carrera…

La serie cuenta con 38 episodios y una secuela televisiva, “Sí, primer ministro”. Puede comprarse en sitios como Fnac y está traducida al castellano, al catalán y al euskara. La serie de la BBC era la favorita de la primera ministra Thatcher. Para completar el pack, el libro homónimo de los creadores de la serie, Jonathan Lynn y Antony Jay es una excelente elección. Ha sido traducido al catalán por Aira y contiene los mejores argumentos de la serie, disponible para quien quiera tener las lecciones de Appleby bien palpables.
3. 24h.

A diferencia de las anteriores la trama no es estrictamente política, pero las aventuras de Jack Bauer, un agente federal de la unidad contraterrorista, tienen mucho que ver con la política americana. De hecho, existe en la serie el rol del presidente del país que, mucho antes del efecto Obama, estaba protagonizado por un actor afroamericano. La propia trama de Bauer en la lucha contra los terroristas se mezcla en demasiadas ocasiones con el juego de poder y con la propia Casa Blanca.

También está disponible en packs.

4. Commander in Chief.

Esta es la historia de una mujer presidente de Estados Unidos y fue el gran fiasco de la cadena ABC para intentar quitarle algo de protagonismo a la presidencia televisiva de Bartlet. Lo más atractivo de la serie es la situación: un presidente republicano que eligió a una mujer independiente como compañera de ticket muere. De repente, una administración republicana se encuentra con una mujer al frente que no comparte al 100% sus visiones.

Aunque la serie peca de lugares comunes y el primer capítulo está bastante mal realizado, muestra situaciones realmente morbosas, como encontrarse con un Primer Caballero que no quiere ser Primera Dama, un Congreso que no tiene un aliado en la Casa Blanca o una presidenta que no tiene partido para presentarse a la reelección. Tema interesante pero mal ejecutado y la calidad interpretativa de algunos actores es bastante dudosa. Como la de los decorados. Por cierto, para los mitómanos de los 90, el actor que daba vida a Zack Morris en “Salvados por la campana” es un apuesto consultor político en la serie.

No puede comprarse en tiendas Ciro comenta que sí puede comprarse en tiendas y también por Internet.

5. Moncloa, ¿Dígame?

La España de la mayoría absoluta de Aznar empezó con una apuesta televisiva que duró dos telediarios. Aunque ahora parezca mentira, Telecinco era en ese momento uno de los azotes al gobierno popular desde programas de éxito como Caiga Quien Caiga o esta serie.

El show, que tuvo sólo 13 capítulos, fue obra de El Terrat y la versión oficial es que cayó de la parrilla por la poca audiencia, aunque era más plausible que lo hiciera por presiones gubernamentales.

Esta fue la primera y única serie política en España y mostraba el día a día del departamento de prensa de Moncloa. Anna Maria Barbany, Manuel Manquiña y Javier Veiga estaban espléndidos interpretando a los protagonistas y dando vida a un guión divertido y esperpéntico.

La serie no puede encontrarse.

¿Pondrías alguna otra serie en el Top5?

El papel de la televisión en la política

La niña de Rajoy, Artur Mas haciendo la gallina, González y Aznar. De los reporteros de CQC a Salvados. El Ala Oeste de la Casa Blanca y la televisión en la cultura política americana. Nixon y Kennedy… la figura del debate. Y en todo ello, el papel de la televisión. Interesante programa de TV3 sobre el papel de la televisión en la política. Os lo recomiendo.

Y tras ver el reportaje… ¿cuál es vuestro programa relacionado con la política favorito?