Huelga salvaje de controladores: comunicar y gestionar

En estos momentos, más de 250.000 personas se están viendo afectadas por la huelga salvaje que están llevando a cabo los controladores aéreos. Una serie de bajas masivas ha supuesto la paralización del espacio aéreo español. Precisamente en el inicio de un puente de cinco días. La situación es grave y el presidente debe dar la cara. Zapatero puede hacer de esta situación una victoria política. La pregunta a estas alturas es, ¿lo hará?

¿Por qué ahora?

Los controladores aéreos no han empezado hoy a protestar por su situación laboral. Llevan meses haciéndolo. Pero la privatización del 49% de Aena ha sido el detonante. Los controladores están ejecutando una huelga ilegal y lo hacen porque saben de la debilidad política de Zapatero. Y porque es una medida de presión extraordinaria.

¿Qué puede hacer Zapatero?

Esta situación puede ser una victoria política y comunicativa si la gestiona bien. En primer lugar, Zapatero debería comparecer esta misma noche ante los españoles. Debería hacerlo en rueda de prensa desde La Moncloa y debería anunciar una por una las medidas que se están tomando. Informar a la ciudadanía qué está pasando, porqué y qué se propone.

El discurso debería ser grave, solemne y duro. Pero sobretodo, cercano. Las historias que hoy se están viviendo en los aeropuertos son las de ilusiones truncadas: ir a ver a la familia, encontrarse con la pareja, conocer a la sobrina recién nacida o pasar unos días de descanso en una capital europea tras meses de estrés y trabajo. Habrán salidas de luna de miel. Y alguien que necesite llegar a la otra punta de España porque un familiar está a punto de fallecer. Eso debe estar en el discurso y en el centro de las medidas. La conexión emocional con los afectados debe ser total.

Los canales online oficiales de Moncloa deberían estar echando humo a estas horas, retwiteando los comunicados oficiales de Aena y aconsejando a los ciudadanos qué deben hacer. Y sobretodo, reforzar los mensajes del Gobierno. Si el comité de crisis del ministro Blanco está trabajando deben comunicarlo.

Y más allá de la comunicación, deben tomar medidas.

El referente

Zapatero haría bien en parar cinco minutos y ver este vídeo del anuncio de despidos masivos en los controladores aéreos que se pusieron en huelga en 1981. El discurso de Reagan es brillante. Remite a la ley y explica por qué va a tomar la drástica decisión. Es contundente, resolutivo y se pone al nivel de lo que opinan la mayoría de ciudadanos: el derecho a la huelga no puede ser contrario a la ley.

El papel de Rajoy

Mal ha empezado Rajoy situándose en la equidistancia en las primeras declaraciones sobre la huelga encubierta y salvaje de los controladores aéreos. Rajoy debería ponerse al servicio del presidente del Gobierno y darle todo el apoyo para que se tomen medidas drásticas y contundentes contra los que vulneran la ley.

La situación irá avanzando en las próximas horas. Los controladores han conseguido el máximo impacto. El Gobierno puede gestionar bien la crisis y comunicarlo a la ciudadanía o dejar que la situación de impotencia en un momento de descanso se imponga. Horas decisivas. ¿Dejará Zapatero todo el protagonismo, otra vez más, al ministro Blanco?

¿Cómo se gana una huelga general? Comunicación y percepciones

Holgar. Soplar, respirar. Estar ocioso; no trabajar. La palabra huelga deriva de esa palabra y mañana tomará forma en el cese del trabajo de millones de españoles (para los sindicatos) y muchos menos miles para el Gobierno. Estar ocioso, no trabajar. ¿Realmente va a ser eso la huelga general que tendrá lugar mañana en España? Para nada. Bajo la forma del paro se esconde una energizante actividad… especialmente comunicativa.

Gobierno, oposición y sindicatos tienen mañana un duro y largo día por delante. Los primeros, deben desmovilizar a los trabajadores para que no secunden la huelga. Los segundos, aguardan que el paro sea un éxito para poder responsabilizar al gobierno de la situación. Y los últimos, convocantes del paro, esperan que la contestación a la política del ejecutivo sea un éxito. ¿Cómo lo harán?

La lucha por las percepciones

¿Cómo se gana una huelga general? Las huelgas se ganan si, con ellas, se consigue hacer algún cambio en lo que ha motivado el paro. Un ejemplo claro de ello es el llamado “giro social” que el gobierno de Felipe González acabó aplicando tras el masivo paro de 1988. Pero ese giro no suele ser inmediato. Zapatero no saldrá mañana en primer time a anunciar que da marcha atrás en sus reformas. Pero ese resultado se demora en el tiempo… y eso en una sociedad del tiempo real como la nuestra tiene un precio. Ese precio es la gestión de las percepciones durante la jornada de huelga.

El ejemplo paradigmático lo tenemos en la huelga general del 20 de junio de 2002. Esa jornada de huelga tuvo un escenario clave: los medios de comunicación y la opinión pública. A ello se dedicó el gobierno desde las primeras horas de la jornada, desacreditando a los huelguistas y afirmando que la incidencia era mínima. Sin ir más lejos, RTVE fue condenada por la Audiencia Nacional por manipular la información de esa jornada de huelga para favorecer al gobierno.

Los tres actores, apoyados en los medios, deben hacer lo posible para que la percepción general de los ciudadanos se aproxime a su objetivo. El gobierno minimizará la huelga, los sindicatos la amplificarán y la oposición responsabilizará al gobierno.

La imagen del día

Como cada jornada de huelga, las imágenes serán las que digan más de la situación. Aunque en esta ocasión, la primera huelga general 2.0, las conversaciones de la Red jugarán un papel importante. La importancia de esa imagen del día es la prueba que debe confirmar o refutar lo que nos dicen nuestros políticos y sindicatos… apoya o refuta la lucha por las percepciones.

Calles desiertas, medios de transporte colapsados, calles comerciales con persianas como protagonistas. Piquetes. Manifestaciones y concentraciones. Una de esas imágenes reinará y conquistará a los ciudadanos. Será la prueba del éxito o del fracaso del paro general.

Y habrá otro tipo de pruebas, otro tipo de imágenes. Serán las fotos de los usuarios en redes como Facebook o espacios como Twitter. Serán los comentarios, las vivencias personales de los que acudan a las manifestaciones o sorteen le gincana de llegar al trabajo con la incidencia de la huelga en los medios de transporte públicos y privados. Punto interesante éste último: la influencia de tu propia Red sobre tu experiencia personal. Aunque estés en el trabajo, si tu Red secunda la huelga tu visión sobre ella será muy diferente… Sin medios, ni sentencias ni ce ce o o de por medio.

Salir con ventaja

Esta es una huelga extraña. Zapatero ha intentado sortearla de mil maneras posibles, pero finalmente los sindicatos no han tenido más remedio que convocarla. Y ese es, en cierta forma, el pecado original del paro. Convocar una huelga a desgana no es el mejor modo para conseguir más apoyos.

Ahora bien, desde la convocatoria hasta el día de mañana los sindicatos han escenificado una escalada en intensidad muy notable y han conseguido crear un ambiente de expectación que seguramente ayude a la convocatoria del paro general.

Los vídeos de UGT con las “Mentiras de la crisis”, declaraciones más o menos afortunadas, movilización a pie de calle, etc. Esos son los mecanismos elegidos por los sindicatos para llegar a mañana con un entorno preparado para la huelga. Salen con ventaja.

Lo hacen porque la tesitura les ha sido especialmente favorable: el gobierno socialista no puede ser especialmente beligerante con los sindicatos. Su ministro de Trabajo está a punto de ser exministro y, por si fuera poco, el ejecutivo sabe que tampoco tiene mucho margen de maniobra en las políticas a aplicar. En el bando contrario, el Partido Popular tampoco puede ponerse a pies juntillas con los sindicatos. Sería un acto de triangulación espectacular, pero sus dirigentes no tienen credibilidad para hacerlo. Por lo que, entre gobierno y oposición, el protagonismo de la fase previa ha estado en los sindicatos. Sólo tienen que rematar el gol.

La huelga se juega en la opinión pública y los actores lo saben. Ellos no estarán en huelga. No tendrán un día ocioso: al contrario, saben lo que se juegan en las calles… y en las mentes de los ciudadanos. La comunicación mañana no hará huelga.

Millet sigue el ejemplo de Pinochet

Pinochet no sólo no expió sus crímenes antes de morir, sino que creó una macabra tendencia que parece que Fèlix Millet está aprendiendo con rapidez. Cuando el juez Baltasar Garzón ordenó el arresto del ex presidente chileno en 1998, desde el círculo cercano al dictador se empezaron a enviar mensajes que buscaban la empatía de la comunidad internacional hacia un enfermo y senil militar que había acudido a Londres a operarse.

Desde el otoño de ese 1998 hasta marzo de 2000, los mensajes incesantes sobre el deterioro de la salud del dictador se hicieron imparables. Tras más de 500 días de detención, Pinochet volvía a Chile y aparecía en la pista del aeropuerto ilusionado y caminando por su propio pie. Para muchos, esa demostración de fuerza fue un auténtico chasco por la imposibilidad de la justicia de rendir cuentas con el líder de un régimen opresor.

Fèlix Millet está ofreciendo una lección de la vía Pinochet. Son muchos los detalles sobre la vida que lleva el ex dirigente del Palau de la Música que buscan esa empatía que también reclamaba el dictador. La persona que ha confesado uno de los fraudes más grandes en la historia de Catalunya, ha aparecido sistemáticamente ante los medios con la misma americana de cuadros. Los buenos trajes de sastre se han quedado en el armario. También está a resguardo el lujoso Mercedes que protagonizó las imágenes de su salida del Palau tras los registros de los Mossos d’Esquadra. Desde entonces, a Millet se le puede ver paseando cerca de su casa y algunas grabaciones han recogido esos momentos. Pero sin duda, el último elemento de esa curiosa estrategia de comunicación es la barba.

Millet y su mano derecha, Montull, comparecieron esta semana en el juzgado. Lo harán cada primer día laborable de mes para demostrar que no hay riesgo de fuga. Una de las medidas adoptadas por el juez que no ha estimado oportuno encarcelar a ambos criminales confesos. En esta primera comparecencia del año, Millet lucía una barba que busca dulcificar su rostro, aportarle calor y romper con la imagen tradicional del ex director del Palau. Parecer entrañable.

Observamos esta sorprendente manera de querer reescribir con las percepciones una triste historia que ha manchado a una de las instituciones más importantes de Catalunya. Porque es precisamente ahí, en las percepciones que generamos, en las emociones que despertamos, donde se gana la auténtica batalla de la comunicación. Parece que Millet está bien asesorado. Quizás mejor que Montull, que no duda en pasar este retiro de oro a la espera de un juicio que, quien sabe, quizás no llegue en el corto plazo, jugando al tenis.

Pero por lo que Millet contó en esta carta y por lo que han descubierto jueces, fiscales y policía, tras la barba, los trajes de cuadros y el Mercedes en el garaje se esconde un criminal confeso. Como tras las súplicas humanitarias se escondía un cruel dictador que no dudó en levantarse de la silla de ruedas hace casi una década.