El tamaño importa

Parece que el tamaño importa. En las nubes de tags, sin ir más lejos, donde la repetición de un concepto hace crecer su cuerpo. Si una idea tiene más o menos peso según su tamaño, las prioridades del Partido Popular quedan claras: mucho empleo y poca educación.

La realidad es tan compleja que necesitamos representarla para entenderla. Por eso las infografías son tan útiles. Representan temas complejos de manera que podamos entenderlo observando, por ejemplo, un gráfico. La representación nos ayuda a comprender. Y no es un arte fácil. Para muestra, el vídeo de la reciente convención del Partido Popular en Málaga.

En apenas un minuto, 15 personas -5 hombres y 10 mujeres- sostienen 13 mensajes en unas cartulinas. Los 13 mensajes del Partido Popular en esta precampaña. Empleo, pensiones, educación, administración, vivienda, la clase política… los temas se suceden mientras esas 15 personas levantan sus carteles.

Un vídeo de estas características es lo más parecido a una infografía en movimiento. A querer poner carne y hueso a los grupos target a los que se dirige una campaña. Y a querer poner por escrito las propuestas que deben hacer la diferencia con los competidores.

Y ahí es donde volvemos al tamaño. Esa infografía en movimiento no da a todos los mensajes la misma importancia según el tamaño. Si identificamos lo grande como lo más importante, la prioridad del Partido Popular es el empleo -que tiene tres mensajes con carteles muy grandes- y lo menos importante, la educación o que los políticos no engañen, ambos con carteles pequeños. Si el tamaño importa, quedan claros los temas que importan -y los que no- para el Partido Popular.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú?

Mi amigo Pau Canaleta suele usar una de las frases más famosas de la política peruana para referirse a ese momento en que una situación parece haber perdido el norte. “¿En qué momento se jodió el Perú?” es la frase que Mario Vargas Llosa puso en boca de los personajes de Conversación en la Catedral y que podría aplicar perfectamente para la situación política en España.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú? ¿Cuándo se hizo de la insubordinación la manera de hacer y comunicar la política en este país? Esa parece ser la pregunta que deberíamos hacernos a estas alturas a cuenta de la oposición que ejerce el Partido Popular, instalada en la inaplicación constante de varias leyes. Pero quizás antes deberíamos cuestionarnos en qué momento dejamos de creer que cumplir las reglas del juego era importante.

Desconozco cuál fue ese momento. Sólo sé que salió rentable. Al menos políticamente. Quizás la bronca en la que estamos instalados, la polarización de la política y la dificultad de tender puentes, pero sobretodo de entender que en democracia la mayoría gana; nos han llevado a caer en la tentación de creer que conductas antidemocráticas se pueden aceptar si se hace daño al adversario.

Los estrategas del Partido Popular podrán creer que instalarse en el torpedeo casi automático a todo lo que aprueban las Cortes –donde no tienen mayoría-, es la mejor manera de llevar a Rajoy a Moncloa. Las encuestas, más por otras cosas que por esta, les dan la razón. Pero llegarán habiendo jodido el Perú. Nuestro Perú.

Y este Perú nuestro particular lo jodimos cuando ante la insubordinación, no apareció una desaprobación mayoritaria. Cuando la gente decidió no censurar algo que no puede permitirse en democracia: pasar de las reglas del juego.

Los presidentes autonómicos insumisos, ya sea con la interrupción voluntaria del embarazo, los ordenadores en las aulas u otros ejemplos, hacen un flaco favor a la democracia mientras apuntalan sus liderazgos. Como estrategia de comunicación no tiene parangón: nuestro Perú está tan jodido que sólo vemos fortaleza donde en realidad está la cobardía de no aceptar la regla de la mayoría.

Ni rumanos. Ni negros. Ni moros. Ni vergüenza.

Baldessari, el artista conceptual que hasta hace unos días exponía en el Macba, afirmaba que no existe jerarquía entre el lenguaje y la imagen. Parece que el Partido Popular ha tomado buena nota de ello y ha entendido el poder de texto e imagen en un folleto que ha repartido por las calles de Badalona.

Las imágenes y el texto venían a decir eso del “yo no soy racista, pero”: “Yo no soy racista, pero no me gusta que haya rumanos en las calles de Badalona. Yo no soy xenófobo, pero los rumanos son todos unos ladrones. Yo no soy ni racista ni xenófobo, pero las calles de Badalona están sucias por culpa de los inmigrantes.” Esta parece ser la forma más efectiva de conseguir votos para el Partido Popular.

Podríamos creer que se trata de una estocada más del polémico García Albiol. Que es un caso extremo dentro del moderado partido conservador que siempre intenta dárselas de moderno en Catalunya. Que es algo ajeno a su líder, la siempre amable Alícia Sánchez Camacho. Pero cuando la candidata del partido a la presidencia de la Generalitat los reparte junto al radical, algo ocurre.

Sánchez Camacho está presentando una campaña que pretende llamar la atención. Recurriendo al arte, aunque no al conceptual de Baldessari sino a su efigie al estilo Warhol. Una cara amable de un partido que tiene una difícil papeleta: defender ser centralidad en Catalunya mientras recurre el Estatut al Constitucional y se niega a retirarlo.

Pero parece que la cara real no es ni artística ni amable. La cara real es la que criminaliza a rumanos como si de Berlusconi se tratara. La cara real del PP en Catalunya es la que mezcla inmigración con delincuencia. La que hace del racismo su baza para sumarse al carro de Plataforma per Catalunya.

Génova se ha desvinculado de esta acción y, mientras escribo este post, la dirección del partido en Catalunya no lo ha hecho. Supongo que si la candidata reparte ella misma los panfletos será por algo. Eso sí, el Twitter del partido en Catalunya respondió a mi pregunta sobre si apoyan a García Albiol y a las declaraciones que ha dado en varios medios en las últimas horas. La respuesta no puede ser más clara: “las imágenes del panfleto han sido usadas en otros medios”. Salir por la tangente para no condenar públicamente la deriva xenófoba del partido en Catalunya.

La inmigración será un tema central en la campaña catalana. El asunto de Vic lo mostró de forma clara. Tan clara como la forma de hablar de personajes como Anglada. Tan clara como la forma de decir no a rumanos, no a los inmigrantes, no a la delicuencia. Porque son lo mismo, ¿no?

Despreciable.

Actualización:

Según informa El Periódico, y tal y como enlaza el Twitter del PP de Catalunya, la candidata a la presidencia de la Generalitat pide perdón por lo ocurrido a los gitanos rumanos. ¿No era más fácil asegurarse de qué panfletos repartía? ¿Sabía que estaba alentando el racismo pero aún así decidió repartirlos? ¿Basta con una disculpa? ¿Seguirá García Albiol al frente del PP en Badalona? ¿Alguna de estas preguntas tendrá respuesta?