Palabras que funcionan: mejor

Cuando el Partido Laborista de Tony Blair se presentó a las elecciones del cambio de 1997, lo hizo usando hasta 23 veces la palabra mejor en su Manifesto. “New Labour because Britain deserves better” fue el eslogan elegido y esa idea mostraba la intención de los Laboristas de hacer un Reino Unido mejor tras casi dos décadas de gobiernos conservadores. Un país mejor. La clave está en el adjetivo: una palabra que funciona.

¿Quién puede negarse a soñar con un país mejor? ¿Quién puede decir no a vivir mejor? Es una palabra que funciona y cuando se usa en política se obtienen resultados favorables. Es como si nuestro cerebro respondiera al estímulo que nos brinda esa palabra.

“Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”. Esta frase nos acompañará toda la vida. Un recuerdo de infancia, una frase de éxito de Manuel Luque, por aquel entonces Director General de Camp, en el anuncio de Colón. Estamos constantemente comparando y cambiando por algo mejor. Por ello, esa cualidad en la oferta debe convencernos.

¿Vale con usarla, sin más? No. Es una palabra con riesgo. Tenemos muy interiorizada la comparación que se establece cuando hablamos de algo que es “mejor”. Así, realmente esperamos que cuando apostamos por algo “mejor”, efectivamente le sea. Por ejemplo, el PSOE de Zapatero no dudó en usar la palabra en su lema electoral en las elecciones de 2004: “Merecemos una España mejor”. Pero, ¿qué ocurre cuando al cabo de los años esa promesa no es tal?

Pero no solo desde el punto de vista racional: las percepciones sobre esas cualidades son básicas. Solo atendiendo a la importancia del entorno podemos entender la etiqueta que Artur Mas ha querido dar a su Gobierno desde que lanzó su candidatura con “el govern dels millors” (el gobierno de los mejores). Sin una sensación generalizada de hastío hacia el gobierno precedente –tal y como mostraron los resultados electorales- no puede entenderse la apuesta por esa diferenciación.

De este modo, la coherencia es el gran aliado de la apuesta por resaltar que se es mejor. La coherencia por una percepción que comparta el electorado y la coherencia por la existencia de un programa político que suponga cualitativamente una mejora respecto a otro. Si no es coherente, la palabra funcionará con fecha de caducidad. Como si de un hechizo se tratara. Ya saben, buscar, comparar y comprar otro mejor…

Sexo, drogas, putas (y rock&roll)

Perdonen el soez titular de este post, pero esta es la estrategia que Damian McBride, estratega del Primer Ministro Gordon Brown, pretendía poner en marcha para contrarrestar el ascenso imparable del líder conservador David Cameron. Y no se trata de distribuir un vídeo porno de Brown, regalar drogas como si de un subsidio se tratara o incentivar la economía británica con la prostitución.

El objetivo era iniciar una campaña difamatoria dirigida a dañar la imagen pública del líder tory y de otros dirigentes del partido. Cómo si de un virus se tratara. La propagación debía venir a cuenta de internet, que se haría eco de los rumores que apuntarían a que David Cameron sufre una enfermedad de transmisión sexual o que su número dos sería consumidor habitual de drogas y cliente de prostitutas.

El descubrimiento de esta estrategia se ha vuelto en contra de los laboristas y, cómo no podía ser de otra forma, McBride ha dimitido de su cargo. Este episodio muestra como la guerra sucia, que existe (y mucho) en política es peligrosa para conseguir nuestros objetivos.

La publicidad negativa es muy usada en países como Estados Unidos, incluso en Reino Unido. Pero no es sólo por cuestiones legales que ésta no puede incurrir en elementos falsos, sino que el propio ciudadano es lo suficientemente inteligente como para discernir entre lo que puede y no puede creer.
La ciudadanía no desea tener a un primer ministro que haga actividades ilegales como consumir drogas o que apoye con su dinero la vejación del ser humano. No lo tolerará si no es cierto, pero será implacable contra quién siembre la mentira. Por no hablar del uso político del drama que viven muchas personas en el Reino Unido y en todo el mundo con enfermedades como el VIH…

Sin duda, estrategia desafortunada y contraproducente, que a estas alturas marca la incompetencia manifiesta de los equipos de Brown para levantar su popularidad. Gordon dejó de ser Flash, si es que lo fue alguna vez.

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