Los discursos del poder

Finalmente, el libro que quería estas Navidades no cayó. No es un best-seller. Ni lo ha escrito Dan Brown, Larsson o Ana Rosa Quintana. “Los discursos del poder” es una selección de los mejores discursos pronunciados que está prologado por el ya difunto ex Jefe de la Casa de Su Majestad, Sabino Fernández Campo. Más de 600 páginas de palabras que movieron consciencias y cambiaron el rumbo de la historia. De Hernán Cortés a Charles de Gaulle.

El libro en cuestión no llegó ni en el trineo de Santa Claus, ni lo cagó el Tió de Nadal ni formaba parte de la comitiva de los magos de Oriente. Mi hermana no lo encontró en ninguna librería. Sin duda, no era materia demasiado vendible (aunque creo que la edición está agotada y sin proyecto de volver a las imprentas). Pero en el fondo, creo que subyace ese desinterés del ciudadano medio hacia los discursos.

De hecho, si alguien pide que hagas un discurso en la boda de tu hermano, en la cena de la empresa o en el homenaje a unos amigos, intentarás escaquearte. O buscarás en Internet. Incluso, podrás llegar a comprar un discurso, por ejemplo, para la boda. Estamos poco acostumbrados a hablar en público (de hecho, es uno de los diez grandes miedos de los humanos), por lo que denostamos todo lo que tenga que ver con ello.

Quizás en ello haya jugado un papel muy importante la propia historia de España. El dichoso retraso del Franquismo. El régimen fascista creó a auténticas generaciones de españoles que no debían aprender ninguna habilidad para hablar en público: era algo reservado a los que ya estaban elegidos para ello. Tampoco tenían, los españoles, la oportunidad de aprender a base de escuchar: en un régimen dictatorial, gris y mediocre como fue el de Franco, pocas habilidades comunicativas podían esperarse.

Tras más de 30 años de democracia, hemos visto un salto en el modo de comunicar las ideas, convencer y articular los argumentos a través de los discursos. Y recordamos algunos de ellos como parte de nuestro ADN. El “Puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez o el “ja sóc aquí de Tarradellas”. Hemos tenido grandes oradores en nuestra democracia, desde el presidente González al president Pujol, pasando por Miquel Roca. Pero muchos siguen viviendo de espaldas a los discursos.

Por ejemplo, es bastante difícil encontrar los discursos de nuestros políticos. Existen pocos libros o webs que den cuenta de ellos y que permitan conocer sus recursos y enriquecer nuestro conocimiento. Encontrar las palabras que han forjado la historia reciente de España, de Aznar o González, es harto difícil. En la web de Moncloa están los de Rodríguez Zapatero pero, ¿qué pasará el día que entre un nuevo presidente o presidenta? La poca tradición en el culto a la oratoria y al arte discursivo quizás los lleve al olvido. Como ha llevado los de sus predecesores.

Quizás si los speechwriter salieran del armario o éstos dieran más poesía a las palabras de nuestros líderes, hoy ya tendríamos varios libros en el mercado. Pero también si todos valoráramos más la tarea de escribir e interpretar un discurso, seríamos los primeros en querer leerlos, comprarlos y aprender. Larga vida al discurso.

Discursos a lo Mariah Carey

Mariah Carey fue víctima de unas copas de más en la entrega de los premios del Festival de Cine de Palm Springs. Tanto, que la actriz y cantante norteamericana protagonizó este momento que pasará a la historia cuando agradecía el galardón.

Hace unas semanas os hablaba de los brindis con agua del presidente Obama y de algunos escarceos de líderes políticos con el alcohol. Valga el vídeo y un recuerdo de áquel post para volver a incidir en una cuestión prioritaria cuando nos ponemos ante las cámaras: ojo con pasarse de la ralla.

Mañana, seguimos hablando de discursos…

Que los speechwriter salgan del armario

Difícilmente podemos imaginar lo que William Safire debió sentir el 9 de agosto de 1974. No fue el encargado de escribir el discurso de dimisión del presidente Nixon, pero fue uno de los speechwriters más celebres de la presidencia del republicano, que contó con varios profesionales como Ray Price –el escritor de facto del discurso-. William Safire, personaje muy conocido en Estados Unidos, que contó con una columna en el New Tork Times murió este domingo.

Al conocer esta noticia, y pese a no tener la celebridad de Sorensen –la pluma de JFK-, las reacciones de duelo en la sociedad americana no se han hecho esperar. Pero, ¿pasaría algo similar aquí? En un país donde hablar en público es una práctica denostada y que atemoriza a casi todos, los escritores de discursos no alcanzarán la gloria

La pregunta de fondo es, ¿quién escribe los discursos a nuestros políticos? Generalmente, los miembros de sus gabinetes. Zapatero no tiene, al parecer, a un escritor asignado para ello –aunque según este artículo siempre apostilla a través del móvil el sentido de sus intervenciones. La pluma de Felipe González tiene voz propia ahora en el Parlamento Europeo, aunque durante muchos años restó en la sombra mientras daba forma y palabras a las ideas del presidente.

Quizás los speechwriters nunca se ganen la gloria en España. Quizás aún no hemos conocido del paso “a la vida civil” de ninguno de ellos al estilo de Safire, con una columna en un prestigioso diario durante más de 30 años. Y seguramente ese no deba ser el motivo que impulse a una nueva generación de escritores a hacer que lo que dicen nuestros políticos sea menos tosco para ser más musical.

Sí, necesitamos speechwriters para que no escuchemos en boca de un presidenciable que lo más grave de la subida de impuestos del Gobierno es que “subirá el precio de los chuches”. Que salgan del armario. En definitiva, necesitamos escritores que puedan inspirar a una generación entera como llegan al alma las palabras que Favreau pone en boca de Obama. Me ofrezco voluntario.

Hace un año… Obama en la Convención

Tal día como hoy, hace un año, Obama llenaba el estadio INVESCO de Denver con miles de seguidores que querían escuchar su discurso de aceptación de la candidatura demócrata. Eso fue durante la Convención Demócrata.

Obama, como en tantos discursos, hace gala de una buena oratoria. Os propongo echar un vistazo al vídeo e identificaréis algunos de los recursos típicos (tríadas, repeticiones…) pero además de disfrutar de su oratoria, su interpretación y el gusto por el espectáculo de los americanos, os propongo que pongáis atención al fondo, a las ideas, a lo que dice.

Espero vuestras opiniones…

¿Por qué somos tan diferentes?

Lo hemos dicho muchas veces en este blog. Lo hemos comparado demasiadas veces. Pero hoy quiero recomendarles un artículo de El País de  Pablo Ximénez de Sandoval titulat “Yo quiero un Obama para mi telediario” donde habla de retórica, de comunicación y de actuación ante cualquier tipo de públicos. De como lo hacen políticos a ambos lados del oceano. Muy recomendable.

Y para ilustrarlo, que los americanos le dan mucha importancia a la oratoria es evidente. Y si no, que se lo digan a Michelle Obama…

Pujando por Obama

Hoy publico en “In votes we trust” de La Vanguardia este artículo sobre la cena de gala de los Democrats Abroad en Barcelona. Podéis consultar en artículo en su entrada original aquí.

La noche del martes fue el día elegido para que los demócratas barceloneses organizaran un evento de campaña que prometía ya desde el mismo momento de la inscripción: una cena de gala con subasta de recaudación de fondos a favor de Barack Obama, su candidato a la presidencia. Un restaurante del Eixample, con su toque chic y un menú de inspiración mediterránea, fue el escenario para el evento de catarsis colectiva de los americanos residentes en Barcelona que creen en un cambio posible en la dirección de su país. Y por ende, del mundo.

Barack Obama no apareció, por más que medio centenar de personas disfrutaran de una agradable cena con chapas del candidato demócrata en las solapas de sus camisas y americanas. Hubiera sido el broche perfecto para la cena de gala de la sección en el extranjero del Partido Demócrata, ese brazo asociativo llamado Democrats Abroad que tiene voz y voto en la Convención, como se pudo comprobar el pasado mes de agosto en Denver.

Pero, ¿en qué consiste una cena-subasta de campaña? ¿Por qué unas personas a miles de kilómetros de los Estados Unidos siguen tan de cerca y tan intensamente esta recta final de la campaña? La respuesta la encontramos en el discurso de bienvenida: están embarcados en la última de las etapas de un largo viaje de recuperación de la Casa Blanca.

Pero vayamos por partes. La cena se inscribe dentro de los actos de campaña que tienen por objetivo recaudar fondos, ya que el sistema americano basa la financiación de las campañas en lo que los partidos puedan recaudar. No existe ayuda pública (a no ser que el candidato decida optar por ella y no acuda al sector privado) y el elevado coste logístico y publicitario apremia a los candidatos a buscar financiación. De hecho, los que estamos inscritos a las listas de distribución de los candidatos observamos como a medida que la campaña avanza, cada vez nos sugieren contribuir con más asiduidad.

Las formas de fundraising, como se suele llamar en el sector, son innumerables: desde las donaciones directas (con un tope legal por persona), a la venta de infinitos elementos de merchandising electoral (chapas, tazas, camiseta, pegatinas, carteles para el jardín, pósters…), pasando por las cenas con el candidato o actores que se prestan a buscar fondos para él. O las actividades como la organizada en Barcelona, donde por cuestiones legales solo los ciudadanos norteamericanos pudieron pujar por los objetos donados: desde un libro de Al Gore autografiado a un fin de semana en una masia ampurdanesa, pasando por una baldosa modernista restaurada y un iPod tan sencillo de usar que hasta John McCain lo pondría en marcha (con la ayuda de su esposa y su staff, según los demócratas).

El formato de la cena también nos dejó entrever las grandes diferencias entre nuestro modo de ser y el de los americanos. No solo en cuanto a cultura política, sino de su modo de crear relaciones y comunidad. Antes de atacar la ensalada de pollo con pesto y tomate, cinco voces femeninas fueron el aliento del candidato ausente. Las voces por Obama demostraron la enorme capacidad comunicativa de los americanos, con cinco historias personales que pusieron emoción a la velada. Desde la seguidora de Hillary que siente la necesidad de instalar a Obama en la Avenida Pensilvania, a la republicana conversa que llegó a votar por Bush, pasando por una representante catalana y una joven de Illinois que conoció a Obama en varias ocasiones. Porque más allá del uso indiscriminado de mensajes enlatados de campaña, supieron llegar con su mensaje a los asistentes, aunque en la mayoría ya fueran convencidos.

Las referencias despectivas a McCain y (sobre todo) a Palin, el uso de buenos discursos, humor y un ambiente agradable fueron el broche de la fiesta. Aunque no apareciera Obama. A Biden nadie lo esperaba, sabemos que está preparando el debate con la hockey mum de Alaska. Pero repito, no apareció Obama. Y es que esa es otra de las grandes diferencias con nuestras elecciones, si no tenemos un candidato a quien tocar es como si no lo creyéramos. En cambio en Barcelona, pese a no contar con el senador, su presencia y su mensaje estaban con nosotros más de lo que imaginábamos.

El poder de la oratoria

Aunque la nuestra no sea una sociedad demasiado dada a los discursos, el hecho de dirigirse al público puede tener efectos insospechados. Digo que no somos una sociedad demasiado dada a los discursos porque en nuestra vida cotidiana no tienen espacio: cuesta encontrar alguien que diga unas palabras en una cena de cumpleaños. No pensemos encontrarlo en una boda, en una inauguración y mucho menos en un funeral. Nos cuesta hacer discursos, no estamos acostumbrados.

No es extraño, pues, que hoy el país no se haya paralizado por el debate de Política General que comienza este 30 de septiembre en el Parlament de Catalunya, el segundo de José Montilla como 128º Presidente de la Generalitat. Tampoco nos debe extrañar que el comentario más escuchado en los hogares españoles cada verano, cuando el Debate sobre el estado de la Nación toma el Congreso, sea “¿y ahora ponen esto?”. No hablamos tampoco de los debates de investidura. O las sesiones semanales en las cámaras.

No nos gustan los discursos. O al menos, no nos gustan estos discursos.

Nuestra historia nos ha dado grandes oradores. Precisamente, tres de los mejores oradores de la historia reciente estaban ayer en el Bages: Jordi Pujol, Miquel Roca y Felipe González. Pero parece que hoy la oratoria no está de moda.

Estoy de acuerdo con Manuel Campo Vidal cuando en su libro afirma que los españoles no saben comunicar: desde pequeños nos han desalentado a mejorar. La escuela y la universidad no son espacios para desarrollar algo tan esencial como la oratoria, las herramientas para expresarse bien en público. Y eso a la larga el país lo nota.

Hago esta reflexión porque ayer algunos analistas atribuían al discurso de Nancy Pelosi, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes norteamericana, la causa de la pérdida de 700 puntos en el Dow Jones y el del crack de 2008.

No creo en absoluto que la presidenta Pelosi haya tenido tal privilegio: el tono duro de su intervención no tiene la culpa de que ayer muchos congresistas (la mayoría republicanos) decidieran poner su escaño por delante de la crisis. Como tampoco se puede atribuir al discurso que el Presidente Bush ha hecho esta mañana el hecho de que el Dow Jones ha abierto con ligeras subidas.

Pero el hecho de que alguien les otorgue tal importancia ya es síntoma de que la oratoria y el poder de un buen discurso son algo a tener en cuenta, y sobre todo, una habilidad que el buen líder debería tener.

Y tú, ¿sabes hablar en público?

El debate con empate

Las expectativas de este debate han sido su principal enemigo. La situación no era para menos: el contexto de crisis financiera es realmente importante, y el movimiento de McCain había aportado al primer acto de esta obra un tono demasiado trascendente.

De esta manera, las 9 personas que esperábamos con impaciencia el cara a cara en un piso del Eixample barcelonés vimos como las primeras respuestas fueron una jarra de agua fría directa a la tensión que las últimas horas habían acumulado.

El debate de política exterior empezó rodando en términos económicos y financieros: los dos candidatos intentaron exponer sus teorías sobre lo que necesita el país para superar la peor crisis desde la Gran Depresión, tal y como Obama mencionó. Pero desgraciadamente ninguno de los dos candidatos supo aprovechar el momento para enviar un mensaje claro, conciso, directo y creíble a los ciudadanos. Al contrario, mostraron su visión tan dispar del problema.

Obama intentó hacer el enlace a la relación existente entre el presidente Bush y el senador de Arizona, mientras que McCain intentó buscar el elemento patriótico que pide el momento para superar la crisis. En fin, la crisis financiera seguramente necesita menos patria y más hechos.

La segunda parte del debate se centró al fin en política exterior, pero el marco de interpretación ya estaba fijado. De hecho, el primer bloque es el más importante del debate, los 20 primeros minutos son los importante. Retengamos esto porque así podremos entender quién ha ganado o quién no ha perdido. Y la primera parte fue en general una rebaja de expectativas con ninguna visión concreta de solución de la crisis. Por lo tanto, ante un empate, suma cero, saca ventaja quien la traía de casa. O sea, Obama.

El bloque de política exterior, en cambio, supuso la aparición de un McCain muy superior, esencialmente porque tiene una experiencia que Obama no puede reclamar (aunque cite a Joe Biden), pudimos ver dos visiones en política exterior, algunos reproches cruzados sin demasiado fundamento y algún error, como cuando McCain se equivocó en el nombre del nuevo presidente de Pakistán llamándolo Qadari.

Obama resistió, pero no ganó esta parte. Fue hábil al poner los mensajes claves al final del debate, cosa que también hizo McCain. Los líderes hostiles con quienes se quiere reunir Obama aparecieron en el debate, y remató el bloque cuestionando al republicano porque no se reuniría con Zapatero. Podemos imaginar el gozo del presidente al saber de su aparición al debate.

La palabra del bloque fue Petraeus. McCain lo citó hasta la exhasperación para ponerle cara y ojos a su política en Irak. Muy hábil, bajarla a una imagen familiar y heroica para millones de americanos. Y esto fue un gran acierto, porque supo personificar su visión, ante una mesiánica propuesta de Obama. Aún así, el resultado hubiera podido ser peor para el senador de Illinois, que supo aguantar el tipo y articuló un discurso creíble entre el electorado, su electorado. Y los independientes/indecisos.

O sea, que no hubo novedad, continuación de la campaña que hace meses que está en marcha.

Si me preguntan por un resultado les diré: un empate, con ligera ventaja de McCain. Primera parte un Obama con ventaja y segunda parte McCain vencedor. Que es lo que imaginábamos y sabíamos, demócratas más fuertes en economía y republicanos más fuertes en política exterior.

Esperaremos al siguiente, con un break entre ellos con el debate entre Palin y Biden. Respecto a este debate, existe la percepción que Palin acabará con Biden y si este es ágil, sabrá rebajar el efecto de la governadora de Alaska. Pero esto, será la semana que viene.

Pero, para vosotros, ¿quien ganó el debate de ayer?

Crónicas del debate:

La Vanguardia

El País

New York Times

Washington Post

ABC

El Mundo

El Periódico de Catalunya

Le Monde

La Razón

Libertad Digital

Pau Canaleta

Lluís Bassets