¿En qué momento se jodió nuestro Perú?

Mi amigo Pau Canaleta suele usar una de las frases más famosas de la política peruana para referirse a ese momento en que una situación parece haber perdido el norte. “¿En qué momento se jodió el Perú?” es la frase que Mario Vargas Llosa puso en boca de los personajes de Conversación en la Catedral y que podría aplicar perfectamente para la situación política en España.

¿En qué momento se jodió nuestro Perú? ¿Cuándo se hizo de la insubordinación la manera de hacer y comunicar la política en este país? Esa parece ser la pregunta que deberíamos hacernos a estas alturas a cuenta de la oposición que ejerce el Partido Popular, instalada en la inaplicación constante de varias leyes. Pero quizás antes deberíamos cuestionarnos en qué momento dejamos de creer que cumplir las reglas del juego era importante.

Desconozco cuál fue ese momento. Sólo sé que salió rentable. Al menos políticamente. Quizás la bronca en la que estamos instalados, la polarización de la política y la dificultad de tender puentes, pero sobretodo de entender que en democracia la mayoría gana; nos han llevado a caer en la tentación de creer que conductas antidemocráticas se pueden aceptar si se hace daño al adversario.

Los estrategas del Partido Popular podrán creer que instalarse en el torpedeo casi automático a todo lo que aprueban las Cortes –donde no tienen mayoría-, es la mejor manera de llevar a Rajoy a Moncloa. Las encuestas, más por otras cosas que por esta, les dan la razón. Pero llegarán habiendo jodido el Perú. Nuestro Perú.

Y este Perú nuestro particular lo jodimos cuando ante la insubordinación, no apareció una desaprobación mayoritaria. Cuando la gente decidió no censurar algo que no puede permitirse en democracia: pasar de las reglas del juego.

Los presidentes autonómicos insumisos, ya sea con la interrupción voluntaria del embarazo, los ordenadores en las aulas u otros ejemplos, hacen un flaco favor a la democracia mientras apuntalan sus liderazgos. Como estrategia de comunicación no tiene parangón: nuestro Perú está tan jodido que sólo vemos fortaleza donde en realidad está la cobardía de no aceptar la regla de la mayoría.

Fetos y pulseras contra Zapatero: el nuevo merchandising político

Nadie se libra de haber tenido alguna vez entre sus manos un objeto de merchandising político. Desde unos dulces caramelos con el logotipo del partido de turno en el envoltorio a globos o bolígrafos. Las chapas volvieron con fuerza desde mediados de esta década y con el reciclaje de carteles de vinilo, llegaron las bolsas con la cara de Chacón. No, nadie se libra de haber tenido algo de esto entre sus manos.

Pero una cosa es tener algo que te regalan cuando los partidos se echan a conquistar la calle en campaña y otra cosa es rascarse el bolsillo para conseguir un producto relacionado con la política. Si los partidos nos regalan algo, estamos dispuestos hasta ir a la playa con una gorra de “Felipe 82” o una bufanda de “Aznar 96”… pero si tenemos que pagar, la cosa cambia.

Quizás por ello, cuando visitamos ciudades como Washington DC nos sorprendemos al ver la cantidad de productos de merchandising en tiendas de souvenirs, hoteles, aeropuertos, etc. Cualquier producto relacionado con la política está a la venta. Su precio puede incluso variar según la condición de favorito de uno u otro candidato. La política se vive de otra manera, sin duda, y el hecho que los candidatos lo usen como forma de financiación alimenta a una extensa industria.

Por ello, que en España se haga oposición a Zapatero con este tipo de productos de pago no deja de tener un punto de sorpresa. Primero fueron los Bebé-Aído, unas reproducciones en plástico de un feto de 12 semanas que podía comprarse por Internet. Por 20€, los usuarios pueden comprar cuatro fetos para protestar por los cambios legislativos introducidos respecto a la interrupción voluntaria del embarazo.

Gracias a estos muñecos, el grupo de profesionales de la medicina, la enfermería, la psicología, la economía y el derecho que está en contra de las medidas tomadas con Beatriz Molina a la cabeza, ha conseguido su espacio en los medios para hacer llegar su mensaje. Del mismo modo, han hecho llegar el muñeco a la ministra de Igualdad, al Ministerio de Justicia, a Moncloa, al Palacio de Miravent…

Pero la oposición no se queda ahí. En la Red se comercializa una pulsera que emula el boom que tuvo la Lifestrong, aquel brazalete amarillo que Nike y Lance Armstrong pusieron a la venta para conseguir fondos para la lucha contra el cáncer. En esta ocasión, el trozo de plástico es de color rojo y es un símbolo para eximir de responsabilidades a los que no votaron a Zapatero. “Yo no voté a ZP” puede comprarse por 2 euros a la empresa de eventos Impak Comunicación.

En ambos casos no queda claro quién está realmente detrás de las dos propuestas ni dónde terminan los fondos recaudados. De hecho, al no ser de titularidad política se escapa del control fiscal -en la óptica de si se está financiando a algún partido-. Pero no queda duda que son dos acciones visibles para mostrar la oposición al Gobierno y, por tanto, hacer política de un modo distinto. Parece que llegamos a ese punto en que nos empezamos a atrever, no ya con la compra, sino en idear productos vendibles con un carácter intrínsecamente político.

PSOE-Prisa: el lenguaje de una guerra

Mucho se ha hablado en los últimos días de la crisis abierta entre el Grupo Prisa y el PSOE. Análisis para todos los gustos y colores que están dejando algunas imágenes curiosas, como observar a los tertulianos de García Campoy defendiendo lo mismo pese a estar a izquierda y a derecha. Pero poco se ha hablado de los conceptos que se están moviendo.

El lenguaje, como suele ocurrir en estos casos, es tremendamente bélico y masculino. Parece como si al artífice de los gobiernos paritarios haya que combatirle con un brote de testosterona política. O mediática, en este caso. Analicemos lo que han titulado los medios y la Red a propósito de este episodio que marcará de manera significativa las relaciones de ambas partes.

El País caracterizó a Zapatero como el Gran Timonel que tiene problemas para dirigir, que se enfrasca en estrategia que no tienen éxito y que improvisa como un militar que sólo ve lo que le alcanza la vista en el campo de batalla.

Se ha hablado de guerra abierta, algunos bloggers no han dudado en titular sus posts como “parte de guerra”. Y como tal guerra, las partes se han movilizado. Aunque, según indican algunos, todo empezó por el disparo de una de las partes como si del asesinato del archiduque Francisco Fernando se tratara…

La “escalation” del fragor de la guerra, como dirían los anglosajones, ha llevado a las partes al rearme: unos, ideológico y los otros de intensificación de los ataques, maniobrando para conseguir el objetivo. A degüello, si es preciso. Hasta acorralar al adversario.

Clausewitz estaría contento al ver como el léxico de la guerra está más en vigor que nunca. Y la guerra, como todas, dejará víctimas a su paso. Algunos esperarían que estas fueran políticas, pero la realidad financiera de Prisa es la que es y quizás esas víctimas sean trabajadores y trabajadoras que no son los que empuñan los titulares.

Pero el mismo Clausewitz se preguntaría que, si el mejor ataque es la defensa, porque una parte ha emprendido ese ataque sin resguardar sus posiciones. Porque como el prusiano indica, siempre es más fácil destruir que construir, como si en Prisa ya hubieran desistido de seguir construyendo. Complicado, sanguinario y bélico todo esto…