A Obama le quedan dos telediarios

Bueno, más que dos telediarios, a Obama le quedan dos discursos del estado de la Unión. Esta noche el presidente se dirigirá a las cámaras y a la nación en el discurso anual en el que da cuenta del estado del país y marca las líneas de actuación de su gobierno. Y al contrario de lo que ocurre en España con el debate sobre el estado de la nación, esto es todo un evento. Político y mediático. Te voy a contar algo más por si esta noche no te vas a dormir para verlo.

Este discurso ocurre porque la constitución americana lo especifica. Bueno, en realidad lo que dice el artículo segundo de la carta magna es que el presidente dará información al Congreso del estado de la Unión. Y de hecho, muchos presidentes lo que hacían era remitir un discurso escrito, pero no iban al Congreso. Desde Wilson, los presidentes han ido por lo menos una vez al Congreso a dar ese discurso. Menos Hoover. Siempre hay una excepción. De hecho, los primeros presidentes preferían enviar el discurso a hacerlo en las cámaras porque era muy monárquico. La presidencia americana en el siglo XIX es maravillosa.

He shall from time to time give to Congress information of the State of the Union and recommend to their Consideration such measures as he shall judge necessary and expedient.
—Article II, Section 3 of the U.S. Constitution

¿Y siempre es en estas fechas? No siempre. Casi siempre es en las primeras semanas del año. Obama los ha hecho todos en enero menos uno en febrero, en 2013, porque ese año fue investido presidente por segunda vez el 21 de enero. Y no lo hizo en 2009 justo al llegar al cargo, aunque sí fue al Congreso para dirigirse a él.

Suele ser un buen discurso, importantísimo para la vida y el impulso político del presidente. Los medios de comunicación dedican programas en directo y, a diferencia del pseudo-equivalente español, es en prime time televisivo. Unos 33 millones de espectadores lo verán solo en Estados Unidos. Todo cuenta, todo es importante y los comentaristas políticos se fijan hasta en el último detalle.

Si lo ves esta noche fíjate: los aplausos cuentan. De hecho, se cuentan hasta los minutos de aplausos que recibe el presidente. Cuenta las historias que relata el presidente. Las personas a las que menciona. Los invitados que están en la Cámara de Representantes, quién se siente junto a quién… todo.

Quiero hablarte un poco más del protocolo, porque me parece fascinante. El Congreso invita al presidente a dirigirse a las cámaras. La separación de poderes, aunque formal, ante todo.

Primero llegan los miembros del Congreso. Sobre las 20:30h los miembros de la cámara baja, la Cámara de Representantes, están ya en la sala. El speaker, o sea, el presidente de la cámara, anuncia entonces la llegada del vicepresidente y de los senadores. Todo el Congreso está ya reunido. El vicepresidente es el “presidente” del Senado, por ello esta noche los verás justo detrás de Obama en la tribuna.

El speaker anuncia la llegada de otros cuerpos del Estado, como los miembros del Tribunal Supremo, los Jefes del Estado Mayor o los propios miembros del gobierno, el gabinete.

Falta lo más importante: el presidente. Pasadas las 9, la Cámara se preparar para la llegada. Verás que siempre hay un señor que grita la llegada del presidente. Ese es lo que llaman el “Sergeant at Arms” de la Cámara. La verdad es que no sé encontrar una traducción para ese cargo, pero se encarga, entre otras cosas, del protocolo.

Esta figura encabeza la comitiva del presidente, formada además por miembros del Congreso encargados de recibir al presidente. Y el propio presidente, claro. Cuando todo está listo, el speaker de la Cámara llama al orden y entonces escuchamos a auténtica voz en grito: “Mister/Madam Speaker, the President of the United States!”

El presidente es recibido por aplausos y tiene que cruzar un pasillo que se hace eterno. El presidente saluda a los congresistas que están ahí y mientras se acerca a la tribuna de oradores, al resto de cargos presentes.

Justo al llegar a la tribuna de oradores y estar preparado para empezar, el speaker lo anuncia oficialmente: “Members of Congress, I have the high privilege and the distinct honor of presenting to you the President of the United States.” Más aplausos.

Entonces, el presidente entregará dos copias, una a cada cámara, del discurso que están en dos sobres. Y a partir de ahí, empieza el mensaje.

Eso sí, no todo el gobierno está en el Congreso. Si ocurriera una desgracia, podrían desaparecer de un plumazo el presidente, el vicepresidente y el speaker de la Cámara. Estas tres figuras son los tres primeros puestos de la línea de sucesión. Por ello, en otro lugar hay un miembro del gobierno que tomaría el mando del país si eso ocurriera. Seguro que recordáis esta escena de The West Wing:

Como véis, todo es espectáculo. Y desde luego, algo más interesante que nuestros debates parlamentarios. Si os animáis, esta madrugada os espera el presidente.

Las cuatro veces de Obama

Cuando George Washington renunció a un tercer mandato, sentó precedente. Algunas fuentes afirman que lo hizo por el empeño de los padres fundadores de evitar a toda costa que el nuevo país se convirtiera en una monarquía. Otras, que estaba ya mayor para el cargo. El hecho fue que sus inmediatos predecesores siguieron la práctica.

Así, todos los presidentes, menos Franklin D. Roosevelt, han servido un máximo de dos mandatos. O lo que es lo mismo, un máximo de dos tomas de posesión. Tres si alguna de las dos del mandato caía en domingo. Pero Obama, habiendo servido solo dos mandatos, igualará este lunes las cuatro tomas de posesión de Roosevelt.

¿Por qué? ¿Sus dos tomas de posesión han caído en domingo? No, para nada. Obama juró el cargo como manda la vigésima enmienda el 20 de enero de 2009. Pero el juramento no fue del todo bien. John Roberts, el presidente del Tribunal Supremo inició el acto. Pero se equivocó. Cambio de orden la palabra “faithfully” del juramento. Obama hizo ademán, con la cara, para que se diera cuenta… pero no pasó. El error siguió y cambió una preposición, donde debería haber dicho “president of”, el juez dijo “president to”. Y Obama repitió lo que le dijo el magistrado. Aunque estaba mal.

El artículo segundo de la Constitución establece el juramento. Así que el presidente Obama no había jurado como es debido. Aunque no era el primer error en la historia, la Casa Blanca decidió repetir el juramento. El consejo legal de la Casa Blanca pidió al juez que volviera a administrar el juramento. Así, en la tarde del 21 de enero de 2009, Roberts fue a la Casa Blanca y tomó juramento a Obama en la Sala de Mapas (Map Room). Fue una ceremonia con pocos asistentes, el fotógrafo oficial de la Casa Blanca tomó unas instantáneas y se grabó el audio del juramento. El error del primero suscitó cierto debate entre expertos de derecho constitucional.


Aunque en un primer momento la Casa Blanca negó que ese segundo juramento iba a tomar lugar, los asesores del presidente decidieron ser muy cautos ante la gran cantidad de rumores que siempre han rodeado al presidente.

Hoy Obama jurará el cargo en una ceremonia privada en el Salón Azul de la Casa Blanca. Será un acto con su familia y pocos asistentes más durante el servicio religioso del domingo. El mismo juez que se equivocó en 2009 le tomará juramento para cumplir con lo que dice la Constitución en su vigésima enmienda.

El lunes 21 se volverán a ver las caras. Desde que en 1947 entró en vigor la vigesimosegunda enmienda -la que prohíbe que los presidentes estén más de dos mandatos en el cargo- Obama es el único presidente en jurar el cargo en cuatro ocasiones. Esta vez Roberts tiene dos oportunidades más para no equivocarse. Y con esta nota termino: cuando Obama era senador y el presidente Bush propuso a Roberts para presidir el Supremo, el hoy presidente votó en contra del nombramiento. Pero no haremos sangre: un mal día lo puede tener cualquiera.

La vigésima enmienda

El 21 de enero, a mediodía, Obama jurará su cargo como presidente de Estados Unidos. Será su segunda y última vez. Y yo estaré ahí para verlo. ¿Por qué en enero? ¿Por qué dos meses y medio después de ganar las elecciones? La respuesta está en la vigésima enmienda de la constitución de Estados Unidos. La vigésima enmienda me lleva a Washington D.C.

Roosevelt (el segundo, FDR) fue el último presidente en tomar posesión de su cargo un 4 de marzo. Fue en 1933. La última toma de posesión que no se vió afectada por la vigésima enmienda. Esta planteaba reducir el tiempo entre la toma de posesión del presidente y los congresistas y las elecciones que les habían elegido. El 23 de enero de 1933 se ratificaba esta enmienda… y así hemos llegado hasta hoy.

La enmienda marca el inicio y el final de los mandatos. De hecho, su sección primera establece que el mandato del presidente expira a mediodía del 20 de enero. Justo en ese momento, el nuevo presidente -o el presidente elegido para un segundo mandato- inician el mandato tras tomar juramento.

Desde 1937 todas las tomas de posesión han sido así. Todas menos las que han caído en domingo. Como en esta ocasión, que será el lunes 21. Será la tercera vez que esto pase desde la aprobación de la vigésima enmienda. Los presidentes Eisenhower y Reagan, en 1957 y 1985 respectivamente, también tomaron posesión de sus segundos mandatos en lunes.

Así que por virtud de esta enmienda, durante las próximas semanas hablaremos mucho de la ceremonia más simbólica de la política estadounidense. La coronación republicana del hombre más poderoso del mundo. O lo que es lo mismo, por la enmienda, pasaremos frío. Mucho frío.

In Grindr we trust

“¿Qué buscas? Tu voto. Y lo que surja”. Esta conversación, algo rara, podría pasar en Grindr. La aplicación da un paso más y no se queda en ser el espacio de contacto para gays: quiere jugar un rol muy activo en las elecciones estadounidenses. Más de 1,5 millones de usuarios en Estados Unidos serán tentados a actuar y votar en consecuencia el próximo noviembre.

El matrimonio igualitario está en la agenda de estas elecciones. Obama anunció un cambio en su visión sobre este tema y los Republicanos, con Romney a la cabeza, siguen luchando para evitarlo. Una buena muestra, el intercambio de opiniones entre el candidato a presidente y un veterano de la Guerra de Vietnam:

Con “Grindr for Equality”, la aplicación quiere movilizar a sus usuarios para defender los derechos LGTB y cambiar la realidad a través de la acción de miles de personas. Para su CEO, Joel Simkhai, “todas las elecciones se ganan o se pierden a nivel local. No hay elección o pueblo demasiado pequeño para tener una voz gay. Usaremos Grindr para unir a los gays de todo el país, hacer que esta voz crezca y tener un impacto nacional.”

¿Qué hará Grindr? Usará la aplicación para generar visibilidad y conocimiento sobre la igualdad LGTB en los temas que se voten en noviembre. Además, promoverá el registro electoral con información sobre los lugares en los que registrarse -para algo es una aplicación con geolocalización- y les avisará de los plazos. Además, y ahí está la clave, informará de los candidatos (a nivel presidencial, estatal o local) que apoyen iniciativas LGTB.

In Grindr we trust.

Cambio, esperanza y los conceptos clásicos de la campaña en positivo

“Empieza el cambio”. Así inicia el Partido Popular la campaña electoral para asaltar la Moncloa el próximo 20 de noviembre. El eslogan de precampaña, copiado del usado por Convergència i Unió en las pasadas elecciones catalanas, busca un clásico en las campañas electorales: construir y proyectar elementos positivos. Mover el marco y fijarlo en una idea esencial: algo va a cambiar. No son los primeros. Ni serán los últimos.

Clausewitz, el estratega militar prusiano que es uno de los autores más citados y estudiados desde el mundo castrense a Wall Street, defendía que en la guerra es más difícil construir que destruir. Defender que atacar. El mejor ataque es, para el prusiano, la propia defensa. Por ello, aunque la política del miedo sea quizás más fácil de enarbolar –una cosa bien distinta es valorar su efectividad según los casos- la política en positivo precisa de más elementos para su éxito: el entorno, el mensaje y el candidato.

Antes de plantear una campaña electoral en tono positivo es necesario atender al contexto político, social y económico en el que se va a desarrollar la campaña. En momentos de crisis, con una corriente de pesimismo, se deben calibrar muy bien los pasos a dar para no ser percibido como un proyecto frívolo o alejado de la realidad. Las encuestas nos aportan información sobre el sentir de la sociedad: ¿son optimistas sobre su futuro? ¿Creen que el país necesita un cambio? ¿Creen que alguien puede solucionar sus problemas? La campaña del PP o antes la de CiU muestran esa reflexión.

Atendiendo a este contexto, el mensaje debe ser lo suficientemente alentador como para sintonizar con él. En general, la política en positivo suele construirse alrededor de conceptos como el cambio, el progreso, la prosperidad o la esperanza. Las apelaciones al futuro también tienen un espacio muy considerable.

De hecho, 7 de los 24 eslóganes usados por los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de ambos partidos han apelado a estos valores desde 1952 (como muestra Luntz en “Words that work: It ‘s not what you say, it’ s what people hear”). Del “A Leader, for a Change” de Jimmy Carter al “America needs a Change” de Mondale. Sin olvidar el famoso “Hope for the change we need” de Barack Obama. Obama supo dar significado a la palabra “Change” y la conjugó con un aliado inseparable “Hope”. Estos conceptos parecen ser talismanes, catalizadores de la voluntad existente, por ello es tan necesario saber leer bien el sentir general de la ciudadanía.

En España, ha sido tradicionalmente el PSOE quién ha hecho uso de este tipo de conceptos, incluso al plantear campañas de reelección. Si en 1982 González llegó a la presidencia con un escueto, pero lleno de significado “Por el cambio”, en 1989 llegó a defender “El cambio del cambio”. “La España en positivo” de 1996 o “Por el buen camino” de 1986 son otros ejemplos del uso de eslóganes en positivo que marcan esa concepción del modo de hacer campañas de los socialistas españoles.

La personalidad del candidato y las percepciones que genere son también esenciales para entender una política en positivo. Hay líderes que, bien por su experiencia personal y política o por su propia personalidad, tienden a evocar emociones negativas. Rajoy, con sus datos de baja valoración es ejemplo de ello. En cambio, algunos parecen dotados para desplegar al máximo esa política en positivo. No es extraño que a la vista de esto, los presidentes norteamericanos más recordados y admirados del siglo XX sean líderes que supieron inspirar a su generación y a las venideras con una mezcla casi perfecta de firmeza y esperanza. Teddy Roosevelt, Franklin Delano Roosevelt, John Fritzgerald Kennedy, Ronald Reagan o Bill Clinton supieron dar con un mensaje de cambio y esperanza en momentos difíciles, emocionando al electorado y con discursos positivos.

La idea de futuro, progreso y prosperidad es encarnada por estos líderes es el revulsivo de su mensaje. Franklin D. Roosevelt consiguió superar la peor crisis financiera del siglo XX con su New Deal cargado de esperanza –tal y cómo hemos visto, acuñó la famosa frase de “a lo único que debemos temer es al miedo”-. JFK puso una nueva frontera hacia el futuro. Reagan y Clinton supieron dar un empuje a la rica sociedad civil para renacer tras años de crisis en el liderazgo americano a nivel político y económico. Pero todos ellos supieron tender un puente al futuro. La política en positivo piensa en el futuro, no en el pasado, y supera los miedos y reticencias del presente. Felipe González fue uno de estos líderes, encarnando el cambio durante su presidencia y con constantes apelaciones al futuro. Así, durante la campaña de 1982 no dudó en cerrarla de este modo:

“Si hay un pasado que fue de ellos, el futuro es nuestro, de nuestra libertad consciente. El futuro es de la mayoría que quiere el cambio. Adelante. Conquistaremos el futuro en paz. Conquistaremos en libertad. Dejemos a nuestros hijos una España mejor, con el esfuerzo solidario de todos. Adelante y a ganar. España y el futuro es nuestro”.

En Génova saben que tienen el camino allanado para ese asalto a la presidencia del Gobierno. Precisamente por ello, el back to the basics es una apuesta segura. Poco arriesgada. No innova en los conceptos ni mucho menos en el eslogan, pero esa apuesta segura muestra el deseo de no querer hacer de la campaña un elemento de riesgo. La niña de Rajoy costó disgustos en su momento. El cambio empieza por no caer en errores pasados.

 

Muy recomendable el post de Xavier Peytibí “Empieza el cambio, el eslogan”

Sadam Husein y Bin Laden: dos modos de comunicar su captura

Osama bin Laden y Sadam Husein. Sadam y Bin Laden. Dos figuras clave para entender la primera década del siglo XXI. Dos enemigos de los Estados Unidos sobre los que cayó toda la fuerza del país más poderoso del mundo.

La guerra contra el terrorismo tiene en ellos dos momentos clave. La detención de Sadam en diciembre de 2003 y el asesinato de Osama bin Laden esta misma semana. Con estos dos momentos clave, surge la necesidad de comunicar a los norteamericanos y al mundo lo sucedido.

George W. Bush se dirigió al mundo desde el Cabinet Room (la sala donde se reúne el Gabinete o gobierno de los Estados Unidos), en un discurso corto de casi cuatro minutos. En él, anuncia la detención de Sadam Husein, vivo, y enmarca su detención como un paso más en la lucha contra el terror y en las operaciones en la guerra de Irak. Centra el discurso en la contribución de este hecho para el futuro de la guerra y la seguridad de los Estados Unidos.

Obama, en cambio, lo hace desde el East Room, la sala más grande de la Casa Blanca, reservada a grandes eventos comunicativos. Con un discurso mucho más largo –casi diez minutos- el presidente eleva el tono. No solo anuncia la muerte de Bin Laden, utiliza el discurso para hablar de valores, justificar la ejecución del líder terrorista e intentar cerrar el ciclo de guerra contra el terror iniciado diez años antes. El tono es distinto y la intencionalidad, en cierto modo, también.

No deja de ser necesario constatar los momentos en los que llegan los discursos: ambos durante el año anterior a la reelección presidencial. Diciembre de 2003 en el caso de Bush y mayo de 2011 en caso de Obama. Dos maneras muy parecidas de marcar el tempo de la campaña con un, a ojos de los ciudadanos, gran éxito.

El discurso de Obama en el Jefferson-Jackson Dinner en Iowa

Obama vuelve a estar en campaña. Las elecciones presidenciales de noviembre de 2012 se acercan y con ellas, volverán los rituales de campaña. Los mítines, las chapas, los carteles, las canciones… y sobretodo, la búsqueda de fondos. De hecho, la campaña de Obama se relanza con ese objetivo: recaudar los fondos para la campaña de reelección.

La recaudación de fondos tiene innumerables facetas. No es el objetivo de este post observarlas, pero sí recuperar un discurso de Barack Obama en un acto de estas características al que David Plouffe, su director de campaña, le da mucha importancia en su libro “The audacity to win”: la cena Jefferson-Jackson.

En noviembre de 2007 el objetivo de la campaña de Obama era muy claro: ganar Iowa, las primeras primarias, para conseguir tener eco para aumentar la recaudación de fondos y poder seguir trabajando en la campaña. El trabajo en ese estado fue largo y concienzudo. Y esa cena era crucial.

La cena Jefferson-Jackson es un acto de fundraising del partido Demócrata. Se celebra cada año y es la gran fiesta demócrata. Los republicanos también tienen su propio día para ello. En 2007, esa cena cobraba una especial relevancia. Los candidatos a la nominación demócrata se dieron cita en Des Moins. En el mismo recinto, los candidatos hablaron durante 20 minutos al público, formado a su vez por partidarios de cada uno de los candidatos. Un momento clave para poder convencer a los otros.

Obama lo preparó a conciencia. Y con otra particularidad: no podía usar teleprompter. David Axelrod y Plouff prepararon la puesta en escena. Pidieron al speaker de los Chicago Bulls, Ray Clay, que grabara la introducción al senador Obama. Copiando la canción y la presentación que le hacían a Michael Jordan, la voz de Clay complementó los aplausos: “From our neighboring state of Illinois, a six-foot-two-inch force for change, Senator Barack Obama!”. Y Obama empezó su discurso pasadas las once de la noche.

Y dio el discurso de su vida, según Plouffe. Hoy lo recordamos.

 

Leer más…El discurso de Obama en el Jefferson-Jackson Dinner en Iowa

Obama podría poner en marcha hoy su reelección

Podría ser hoy. El presidente Obama podría dar el pistoletazo de salida a su campaña este lunes y todo apunta a que lo hará a través de la Red. Su comunidad online, que no desapareció tras las elecciones del 4 de noviembre de 2008, recibiría un mensaje antes que nadie anunciando que el presidente vuelve a estar en la carretera.

Según informa Politico, la campaña podría cumplimentar las formalidades con la Comisión Electoral Federal e iniciar así su andadura en el segundo trimestre del año, con el objetivo de empezar cuanto antes la recaudación de fondos para la campaña. Internet volverá a jugar un papel clave en ello.

No. Obama no ganó las elecciones gracias a Internet. Pero no las hubiera ganado sin el dinero que consiguió a través de él. Ni las hubiera ganado sin una estrategia que entendía todo lo que se podía conseguir a través de la Red. Por ello, no es extraño que la reelección se inicie también en la Red.

La llamada a la acción a una robusta red de usuarios que no ha perdido contacto con su presidente desde su victoria, tiene sentido y calado. Si Obama vuelve a la carga, su Red debe seguirle. Lógico. Pero no por lógico, habitual. Y si no, atentos al abandono de blogs y redes creados para las elecciones municipales del 22 de mayo en España.

A riesgo de dejar este post en papel –electrónico- mojado, estaremos atentos al lanzamiento de la campaña del presidente. Back to basics.

Un fotógrafo para Zapatero

Urgentemente. La presidencia del Gobierno necesita los servicios de un fotógrafo que vaya más allá de las típicas fotografías que encontramos en el sitio web de La Moncloa. Lo necesita, porque del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, quedará en el recuerdo su foto de la cumbre de Bucarest. Aquella en la que estaba absolutamente solo mientras sus colegas charlaban al fondo. Lo necesita porque una imagen vale más que mil palabras y una foto puede ser el legado de una presidencia.

De hecho, tras preguntar a casi cien personas qué foto les viene a la mente cuando piensan en Zapatero, el 45% piensa en la foto de Bucarest. El 55% restante se fragmenta, siendo esa la fotografía recordada por más gente en una pregunta abierta. De hecho, las personas que piensan en la foto de sus hijas, o la de Mr. Bean, representan un 10% en ambos casos.

Para el 35%, la foto que asocian con Aznar es la de las Azores, seguido por un 24% que lo hace con la foto del presidente con los pies en la mesa en presencia de George Bush. En el caso de Rajoy, la respuesta más repetida, con más de un 40% de respuestas es que no tienen una imagen clara, seguida de su foto con un puro o la del helicóptero, ambas con un 14% de respuestas. Rajoy también lo necesita.

Esta pequeña investigación nos permite observar la importancia de facilitar las imágenes de nuestros líderes a los medios y al público en general. Las fotografías resultantes de Zapatero, Aznar o Rajoy no son las que desearían sus equipos. Son las que consiguieron colocar los medios. Dejamos en manos de terceros la difusión y los resultados no siempre son los esperados.

¿Fotos? ¿Para qué?

Elegir las fotos que llegarán al público es de suma importancia. Incluir el cuidado por este aspecto en la comunicación de un candidato o un líder es importante porque nos aseguramos que controlaremos lo que comunique esa foto. De hecho, tal y como comenta Xavier Peytibí, si lo hacemos, las fotografías serán “escogidas por el propio gabinete del político. Por supuesto el político siempre sale perfecto”. O lo que es lo mismo, podemos dar coherencia al mensaje con la imagen elegida.

La Moncloa, como tantos centros de poder, tiene fotógrafos entre su personal. Reflejan la actividad del presidente a nivel institucional e inmortalizan los momentos de ciudadanos y ciudadanas con el presidente. Fotografías que después llenan despachos y salas de estar. Pero La Moncloa, como tantos gobiernos autonómicos o centros de poder de otros países, olvida el poder de la fotografía en vistas al gran público.

Zapatero no puede estar constantemente ante una cámara de televisión. De hecho, hay gestiones de un presidente que no pueden ser grabadas por una cámara. Pero sí inmortalizadas por una foto. La Casa Blanca lo sabe bien. Cuando Obama llama por teléfono a cualquier líder extranjero durante una crisis o gestiona un desastre, tenemos la foto de Souza que muestra el modo de trabajar del presidente. ¿Tenemos alguna foto de Zapatero gestionando la crisis de los controladores?

Belleza, poder y vida cotidiana. Los frutos del full-access

Los casos paradigmáticos del uso de la fotografía para reforzar el mensaje y contribuir a la imagen de liderazgo de los líderes políticos, los encontramos en Estados Unidos y Reino Unido. Peter Souza y Andrew Parsons son, respectivamente, los fotógrafos que cubren el día a día de Barack Obama y David Cameron. Consiguen, mediante el acceso total a sus mandatarios, reflejar la importancia de las tareas que lleva a cabo un líder en esa posición.

Souza y Parsons consiguen reflejar con gran belleza y con un talento por captar los detalles, lo que supone el trabajo de un líder. Consiguen que miles de personas entren en la intimidad del poder, al mismo tiempo que reflejan la dignidad del cargo. Tarea nada fácil.

Internet es, en esto, un gran aliado. Tanto la Casa Blanca como el 10 de Downing Street suben a sus perfiles en Flickr esas fotos, permitiendo que sean esas y no otras las que puedan elegir, propagar y consumir los usuarios. Hacen de Internet una poderosa herramienta para ganar la batalla de la imagen en un mundo saturado de información.

Los detalles cuentan. Las imágenes cuentan. Las fotografías hablan sin necesidad de palabras. Entender eso es de vital importancia para los que velan por el mensaje, por los atributos y por lo que comunicamos cuando no decimos nada. ¿Seguirá la imagen del presidente en manos de terceros?