Lo llaman política 2.0 y no lo es

¿De dónde salieron? Las miles de personas que llenaron las plazas, ¿quiénes son? ¿Por qué están y estaban ahí? ¿En qué momento decidieron salir a la calle y consiguieron captar toda la atención? Los partidos y los líderes políticos buscan respuestas y no logran encontrarlas. O quizás no quieran hacerlo. Pero en realidad, las tienen delante de sus narices.

A medida que el movimiento 15M avanza, podemos tomar distancia para destilar el fondo y la forma. Los objetivos, los éxitos y los fracasos. En ello, la respuesta del origen es casi tan importante como lo que pueda conseguir. Y el origen no está solo en una situación concreta, llamémosle crisis, ley electoral o el sistema financiero. El origen quizás debamos buscarlo en la relación de los ciudadanos con sus representantes, siempre en tensión. Y en la aparición de un medio de comunicación que ha cambiado ya demasiadas cosas. Y no va a dejar de hacerlo.

Las listas cerradas y bloqueadas, el papel de los partidos políticos y las barreras de entrada al espacio político, la imposibilidad durante años de contactar con los representados, la personalización de la política… son elementos importantes para entender como la llegada de un medio de comunicación como internet, puede tener efectos de calado en una relación que había caído en la rutina.

Reconozcámoslo: la política no gusta. Se puede entender su valor, pero no es algo que guste o despierte pasiones. Para la mayoría de la población, la participación cada cuatro años es más que suficiente y tampoco tienen pasión por introducir cambios. Pero el entorno de aquellos ciudadanos que sienten la política, la viven y, lo más importante, ven en ella la vía para cambiar las cosas; tienen en la red un aliado.

Organizaciones, asociaciones, grupos de interés y ciudadanos de a pie han entendido mejor que los políticos lo que se puede conseguir con internet. Son conscientes de la capacidad de propagación y organización. De cómo una buena idea, puede sumar seguidores. Conscientes de la posibilidad de terminar con las rémoras más pesadas de organizaciones y rutinas.

Acciones como estas desconciertan al poder tradicional. Actores más pequeños, más volátiles y menos reconocibles tienen capacidad para modificar la agenda.

Mientras muchos políticos se quedaron en la dimensión más básica de la política 2.0 –abrir un Twitter o un Facebook, participar lo justo o dejarlo en manos del becario-, muchos ciudadanos han entendido que se puede hacer política. Y vaya si lo han hecho.

La sorpresa llega a los centros de poder. Más cuando consiguen algo tan notorio como conseguir llenar las plazas de varias ciudades españolas antes de las elecciones. Acciones como estas desconciertan al poder tradicional. Actores más pequeños, más volátiles y menos reconocibles tienen capacidad para modificar la agenda.

Ahí viene el reto de los políticos y la política. ¿Cómo hacer frente a ello? Escuchar debe ser el primer paso. Escuchar las demandas y observar tanto el fondo como la forma. Escuchar para conocer si, aunque no se venga de la forma tradicional de participar en política, la política puede dar respuestas a tantas preguntas.

El movimiento 15M debió atragantar el desayuno de más de un líder político. ¿De dónde vienen? ¿Por qué protestan? ¿Qué quieren? Seguramente, se sintieron como cuando el profesor pone en un examen el tema que no te preparaste. No les falta razón cuando hablan de las formas tradicionales de hacer política y citan las reglas del juego existentes. Pero se quedan en la superficie.

La política 2.0 no puede quedarse en la mera apertura de canales. ¿De qué sirve que Mariano Rajoy tenga una página en Facebook si no escucha lo que proponen los ciudadanos?

Quizás esa superficie sea la que evita que las cosas cambien. La que hace que nuestros políticos ni escuchen ni vean los movimientos que nacen de la red como algo relevante. Sin ir más lejos, a las puertas de las elecciones municipales y autonómicas, Actuable y Avaaz recogieron más de 100.000 firmas para exigir a los partidos listas limpias de imputados por corrupción. Ningún dirigente de PP o PSOE se dignó a recogerlas y escuchar los motivos de los promotores.

No todos son así. En el Reino Unido, el viceprimer ministro Nick Clegg recibió y escuchó los argumentos de la gente que había apoyado la petición de 38 Degrees en defensa de la sanidad pública. Y se llevó, con sus propias manos, las cajas con las peticiones firmadas. Maneras distintas de entender que las cosas están cambiando.

Las cosas están cambiando. La política 2.0 no puede quedarse en la mera apertura de canales. ¿De qué sirve que Mariano Rajoy tenga una página en Facebook si no escucha lo que proponen los ciudadanos? La ciudadanía ha entendido el valor de las herramientas. Ha movilizado a miles de personas. Quizás de forma anárquica. Quizás con números pequeños.

Algunos políticos siguen diciendo que lo ocurrido con el 15M debe interpretarse. Debe estudiarse. En futuro. Sin ganas de atajarlo. Como si fueran animalitos que emiten sonidos extraños. Pero el tiempo apremia y no pueden demorarse más. Cuando las plazas se llenan, cuando más de 200.000 personas se unen en la red con una de las mayores peticiones online de la historia española; es que algo está cambiando.

Mientras los ciudadanos se movilizan, muchos políticos se escandalizan. La oportunidad de mejorar nuestra democracia está sobre el tapete. Está en la agenda de la calle. Tienen un Twitter, un Facebook y un blog. Hablan de ellos. Solo de ellos. Lo llaman política 2.0 y no lo es.

 

Entrada relacionada: «Manifiesto: Los límites del 2.0 en los procesos políticos»

 

Fotografía de Olmovich en Flickr.

Nombre propio #3: Nick Clegg

Se coló en el primer debate televisivo de la historia del Reino Unido. Casi sin avisar. Se coló, pero ahí estaba él, a la derecha del favorito en todas las encuestas. Joven, buen orador y con ideas diferentes. Ahí estaba Nick Clegg, la sorpresa de las elecciones británicas.

Y con su llegada, se dispararon las apuestas. Se infló la burbuja. ¿El Obama británico? ¿Arrasaría en las elecciones? Se impuso el sentido común y no venció a quién llevaba años preparando su asalto al 10 de Downing Street… pero se volvió a colar. Clegg fue necesario para formar gobierno y hoy es el viceprimer ministro del Reino Unido.

Clegg es la muestra de cómo una buena preparación y una buena comunicación pueden llevar a un partido de la periferia, al centro del poder. Otra cosa será ver como meterse en el ajo puede comunicarse de forma correcta y le permite no ser engullido por un partido mucho más grande y un sistema electoral adverso. Precisamente, ese ha sido el precio que deberá pagar Cameron, explorar una reforma de la ley.

Aire fresco en la política británica y en el bipartidista mundo de la campaña en Reino Unido. Personaje del año y figura, por el momento, ascendente. El tiempo dirá. Por lo pronto, dejó huella en 2010.

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Esperando el cambio en el 10 de Downing Street

A la vista de los resultados, todo parecen ser incógnitas. Cameron ha ganado. Los Laboristas han vivido una de las derrotas más duras de su historia. Y el efecto Clegg parece que no ha sido tal efecto. Eso sí, los partidos minoritarios tendrán la clave.

Y a esta hora, la pregunta es si Cameron, ganador de las elecciones, formará gobierno o no. O si Brown, siguiendo con lo que estipula la tradición en casos como el que vivimos, intentará formar gobierno por ser el Primer Ministro en el cargo. Eso sí, sin perder la vista la opción de, si no se alcanza una mayoría, convocar unas nuevas elecciones.

Con este contexto… ¿repetiremos la imagen de este vídeo en las próximas horas?

El discurso de Nick Clegg

Nick Clegg es el líder de los liberaldemócratas británicos y este jueves, cuando caiga la noche, verá si al despertar, el sueño se ha convertido en una realidad o sólo ha sido eso, un sueño. Y es que si estas elecciones británicas tienen un nombre propio es el suyo. De hecho, el presumible vencedor de las elecciones, David Cameron, ha tenido en este candidato un serio competidor. No ya por la aritmética parlamentaria, sino un serio competidor en términos de comunicación y popularidad.

A ello ha contribuido su rol en los tres debates celebrados. Por primera vez, el Reino Unido ha asistido a un debate entre sus líderes y el número clave ha sido el tres. Tres debates, tres candidatos. Tres ocasiones para confrontar ideas, pero sobretodo, tres ocasiones bien aprovechadas por Clegg para mostrar a los británicos que hay otra vía.

Y ha funcionado. El invitado que sólo podía ganar, ganó en la batalla de los medios. En la guerra de las percepciones. Ahora sólo queda esperar a ver si también consigue la batalla de los votos. Porque el sistema británico es bastante peculiar. Y ahí la gran pregunta es si Clegg puede arrastrar votos en circunscripciones en qué los candidatos de su partido son o desconocidos o amateur. En definitiva, ver si el discurso de Clegg sirve para romper con la cultura política tradicional del Reino Unido.

¿Y por qué Clegg? ¿Cuál es la clave de su secreto? ¿Por qué es el nombre propio de estas elecciones? La respuesta, en este vídeo.