Trump va al Congreso esta noche. Y así la puede liar parda.

Esta noche, Trump va al Congreso. El presidente se dirigirá a las dos cámaras en una sesión conjunta. ¿Es el tradicional discurso del estado de la Unión? No. ¿Es una sesión de control parlamentario? No. ¿Es un acto de reconciliación nacional? Ni de coña. Esto es lo que debes saber del discurso de esta noche.

“He shall, from time to time”

Rajoy puede envidiar a Trump en algo. Trump no tiene que verle las caras al Rufián de turno cada dos por tres y dar explicaciones parlamentarias. Su sistema es distinto, no es un sistema parlamentario en el que el Congreso marca el ritmo. Es un sistema presidencial. Así, la constitución americana establece en su artículo II que el presidente debe ir, de vez en cuando, al Congreso a contar cómo está el país:

He shall from time to time give to Congress information of the State of the Union and recommend to their Consideration such measures as he shall judge necessary and expedient.

 

George Washington fue el primero en hacerlo el 8 de enero de 1790. Desde entonces, esa práctica se ha ido repitiendo. Algunas veces en persona, otras enviando un texto. Pero el discurso de esta noche no es el discurso sobre el estado de la Unión.

Discurso de segunda

Siguiendo con las tradiciones, también es habitual que el presidente recién inaugurado, vaya al Congreso a dirigirse a las cámaras durante su primer año de mandato. Así, el discurso no tiene el rango vital que el discurso del estado de la Unión tiene en la política norteamericana. Pero va más allá del trámite. Trump dará su primer discurso del estado de la Unión en 2018. Hoy podrá calibrar cómo están los ánimos entre poderes.

En otras presidencias, este discurso no ha sido más que la constatación de una luna de miel presidencial. No será el caso de Trump, que está en guerra con todos y contra todos.

Máxima expectación

Trump no es un presidente tradicional. Para los presidentes anteriores, momentos como estos han sido oportunidades para reconciliar las dos almas del país, proyectar su liderazgo y actuar como estadistas. Trump no sigue esa estela. Su discurso inaugural fue duro, oscuro y tenebroso. Más parecido a un mitin electoral que a un discurso para empezar una presidencia.

No se puede esperar que Trump cambie de la noche a la mañana. No, la moderación no llegará esta noche. Hablará de todas las acciones que ya ha llevado a cabo y de la visión de “America First” que ya anunció el 20 de enero. Veremos si el tono cambia o por el contrario se recrudece, teniendo en cuenta que necesita que el Congreso apoye sus medidas.

Hoy veremos qué camino sigue Trump. Y no parece que vaya a ir por lo convencional.

Pompa y circunstancia

Sí, en Estados Unidos la pompa y circunstancia republicana llega también al Congreso. Aunque no sea un discurso sobre el estado de la Unión, el protocolo rige. Será algo así:

Primero llegan los miembros del Congreso. Sobre las 20:30h los miembros de la cámara baja, la Cámara de Representantes, están ya en la sala. El speaker, o sea, el presidente de la cámara, anuncia entonces la llegada del vicepresidente y de los senadores. Todo el Congreso está ya reunido. El vicepresidente es el “presidente” del Senado, por ello esta noche los verás justo detrás de Trump en la tribuna.

El speaker anuncia la llegada de otros cuerpos del Estado, como los miembros del Tribunal Supremo, los Jefes del Estado Mayor o los propios miembros del gobierno, el gabinete.

Falta lo más importante: el presidente. Pasadas las 9, la Cámara se preparar para la llegada. Verás que siempre hay un señor que grita la llegada del presidente. Ese es lo que llaman el “Sergeant at Arms” de la Cámara. La verdad es que no sé encontrar una traducción para ese cargo, pero se encarga, entre otras cosas, del protocolo.

Esta figura encabeza la comitiva del presidente, formada además por miembros del Congreso encargados de recibir al presidente. Y el propio presidente, claro. Cuando todo está listo, el speaker de la Cámara llama al orden y entonces escuchamos a auténtica voz en grito: “Mister/Madam Speaker, the President of the United States!”

El presidente es recibido por aplausos y tiene que cruzar un pasillo que se hace eterno. El presidente saluda a los congresistas que están ahí y mientras se acerca a la tribuna de oradores, al resto de cargos presentes.

Justo al llegar a la tribuna de oradores y estar preparado para empezar, el speaker lo anuncia oficialmente: “Members of Congress, I have the high privilege and the distinct honor of presenting to you the President of the United States.” Más aplausos.

Prepárate para contar

Todo cuenta, todo es importante y los comentaristas políticos se fijan hasta en el último detalle.
Si lo ves esta noche fíjate: los aplausos cuentan. De hecho, se cuentan hasta los minutos de aplausos que recibe el presidente. Cuenta las historias que relata el presidente. Las personas a las que menciona. Los invitados que están en la Cámara de Representantes, quién se siente junto a quién… todo.

El superviviente designado

Esta noche en el Capitolio estará en pleno la línea de sucesión a la presidencia. En el hemiciclo coincidirán Trump, Pence y Ryan. Si esta noche pasa una desgracia, la línea de sucesión a la presidencia se habría terminado en cuestión de segundos.

Aunque sea ficción, este tipo de situaciones no se prestan al azar. Como en casi todos los regímenes políticos, la sucesión de un cargo está perfectamente definida en la Constitución americana. No sólo por la vía que antes ya hemos intuído (Presidente, Vicepresidente y speaker de la Cámara de Representantes), sino por la designación de un superviviente. El llamado designated survivor o designated successor.

Esta noche, uno de los miembros del gabinete presidencial (nuestro consejo de ministros) se mantendrá a una distancia física, segura y prudencial del Congreso. Un miembro del ejecutivo que cumpla las mismas condiciones que debe cumplir un candidato a la presidencia (haber nacido en Estados Unidos y haber cumplido 35 años) es designado como la persona que, en caso de desastre fatal y de destrucción de la línea natural de sucesión, aseguraría la continuidad del gobierno.

En Netflix podemos ver ya esa ficción en una serie que empieza tras el ataque al Congreso durante un discurso sobre el estado de la Unión.

La respuesta demócrata

Los analistas no sólo se fijarán en los aplausos. No sólo contarán momentos. No sólo hablarán del discurso del presidente. También contarán la respuesta de la oposición. Pero no es como en España. Tras el presidente no saldrá alguien de la oposición demócrata a rebatir el discurso de Trump. Se hace después, en una alocución a la nación que no se hace desde la tribuna de oradores.

Los responsables de responder a Trump serán el ex gobernador de Kentucky Steve Beshear. Habrá una versión en español. Irá a cargo de la activista sobre inmigración Astrid Silva. Silva nació en México y es una “Dreamer”. Llegó a Estados Unidos siendo niña con sus padres con cuatro años y se hizo activista al saber que estaba indocumentada. Todo un mensaje de la oposición demócrata.

¿Cómo ver el discurso?

El discurso es a las 21h en la costa este, o sea, las 3 de la mañana en España (las 2 en Canarias). Se podrá ver en las grandes cadenas como CNN o FOX News y seguramente lo podrás ver en streaming por Youtube, como en la C-Span. La web de la Casa Blanca lo dará también en streaming.

Hijo de puta, hay que decirlo más

Lo decían en “La hora chanante”: hijo de puta, hay que decirlo más. Y es que al ver la primera temporada de la serie de Netflix “House of Cards”, no he podido evitar pensar en ellos. Porque esa es la historia de esta serie, la de un gran hijo de puta.

Con todas sus connotaciones. Con todas sus dimensiones. El personaje de Frank Underwood es uno de esos políticos que se mueven a sus anchas entre las cloacas de la política. De esos políticos que manejan como pocos los hilos del poder. Que saben maximizar los contextos y que crean oportunidades de las crisis.

“House of Cards” engancha. Y mucho. Quizás está a medio camino entre la visión interna de la política que hace “The West Wing” y la tensión dramática de “Homeland”. Eso sí, no hay buenismo alguno. Cinismo, hijoputismo y tensión por doquier.

Si te gusta la política, es la serie de la temporada. Si no te gusta la política, puede que también. Porque, política a parte, Kevin Spacey se sale interpretando a Underwood y la realización es impecable.

La serie de David Fincher, ofrecida en Netflix, acaba de terminar su primera temporada. La segunda, se empezará a rodar en primavera. Para mitigar la espera, encontrarás alternativas en la miniserie original de la BBC en la que está inspirada esta joya de la temporada.