¡Me ha tocado el Gordo!

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Es una sensación extraña. Una mezcla de excitación y un abismo bajo tus pies. Emociones contrariadas. La necesidad de exteriorizarlo, pero también mantenerlo en secreto por el que dirán. Pero no, no hablo de la lotería, sino de todos aquellos que durante el año han tenido que soportar algún premio gordo de difícil solución. Especialmente en el mundo de la política. ¿Echamos un vistazo a los diez premios gordos de este 2009?

  1. Montilla, Saura y los Mossos: al president de la Generalitat le cayó el Gordo el día que los Mossos d’Esquadra cargaron contra los estudiantes que habían ocupado durante semanas el rectorado de la Universitat de Barcelona. El caos vivido en Barcelona, con periodistas y ciudadanos agredidos, genero una enorme crisis política y de comunicación que sólo la división en áreas por partidos pudo remediar.
  2. Ibarretxe: quizás es uno de los grandes premios del año. El lehendakari ganó las elecciones en Euskadi con casi 7 puntos de margen y 5 diputados más que el PSE-PSOE. Sin embargo, no pudo formar mayoría y el PNV se vio en la oposición. Sin premio de consolación.
  3. Rajoy y su Gürtel: más que el Gordo, ha sido como ir ganando la primitivia y la quiniela, más alguna euromillones, a lo largo del año. El goteo incansable de noticias relacionadas con la trama Gürtel, con sórdidas revelaciones como la oferta a Camps para ser fotografiado con Obama, fue (y es) un auténtico reto para Rajoy y su liderazgo. La cosa incluso se tornó más rara cuando a Cospedal le dio por denunciar el complot del Estado y del Gobierno contra el PP, con espías y todo…
  4. Aminatu Haidar: la lucha de la activista saharaui no ha sido el único premio gordo para el ministro Moratinos este año, pero las consecuencias de la crisis internacional abierta con Marruecos y la incapacidad de España de resolverla por sí misma merecen estar en esta clasificación.
  5. Un caso llamado Trias Fargas: cuando se descubrió el pastel que Félix Millet había robado del Palau de la Música Catalana, ya de por sí los premios gordos de años y años de lotería; se conocieron los detalles de la financiación de la fundación del Palau a la fundación de Convergència Democràtica. La aparición del caso Pretorio acalló las voces que cayeron sobre CDC: ¿es lícito que una fundación financiada con dinero público financie a su vez a una organización política?
  6. Alakrana: el secuestro del pesquero fue un premio redondo para el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero. Tan grande fue, que no sabían si repartirlo entre ministerios o centralizar la gestión en el presidente. Tras semanas de cautiverio y el pago de un rescate, los pescadores volvieron a casa y el pequero volvió a faenar.
  7. Un blog de 300.000 euros: cuando el coste del blog de Jordi Hereu llegó a la prensa, el Gordo cayó en el departamento de comunicación del Ajuntament de Barcelona. ¿Cómo explicar el gasto estratosférico en un año de crisis?
  8. Bono y la Ley del Aborto: la tramitación de la Ley del Aborto (en realidad, tiene un título más largo e inclusivo) fue un premio para aquellos diputados y diputadas socialistas más creyentes que tuvieron que ver como los obispos les amenazaban con excomulgarlos si votaban a favor. Una de esas presiones políticas que es casi tan fuerte como la de los bancos que llaman a tu puerta el 23 de diciembre…
  9. Un fantasma llamado abstención: el premio gordo que ganó el Parlamento Europeo y las instituciones europeas es de los más grandes; ya que las elecciones del pasado 7 de junio se cerraron con un manto de abstención tan grande que muchos aún no saben qué más se puede hacer. Para ello están Ashton y Van Rompuy, ¿no?
  10. La omnipresente Rosa Díez: sin duda, uno de los premios gordos más estrafalarios para un departamento de comunicación. ¿Cómo explicar que la cabeza visible de tu partido puede estar actualizando su Twitter y respondiendo una entrevista en televisión al mismo tiempo?

Seguiremos atentos a los premios gordos del 2010… y también a ver si tenemos más suerte en el sorteo del año próximo. Aunque jugando 10 euros, tampoco se puede llegar muy lejos, ¿no?

¿Qué hacen los ministros?

Un ministro es, en esencia, un relaciones públicas. Una figura que debe mantener un equilibrio en varias esferas, cosa que no es siempre fácil. Pero básicamente, un responsable ministerial tiene tres funciones:

1. Ser el relaciones públicas del ministerio, dar credibilidad y plausabilidad a lo que hacen los funcionarios.
2. Es el hombre en el parlamento, el que sabe lo que se dice y lo que se va a hacer en la cámara.
3. El encargado de luchar por el presupuesto de su ministerio en el consejo de ministros.

No lo digo yo, es una de las lecciones de Sir Humphrey, el eficaz secretario permanente del ministerio de Administraciones Públicas del Gobierno de Su Majestad en la popular serie de televisión de los ochenta “Yes, Minister!”. Una fina comedia –la favorita de la Dama de Hierro-, exponente del puro humor británico que hace gala de una ironía deliciosa, donde se narra el día a día del ministro y sus asesores que, de hecho, son funcionarios.

Aunque esta imagen sea simplificada y llevada al extremo, la serie da en el clavo: la necesidad de responder a varias audiencias desde un cargo político. Desde la gestión de los equipos a rendir cuentas directamente con los ciudadanos. Varias audiencias que, siempre, buscan el propio interés. Sir Humphrey muestra en la definición de lo que es un ministro aquello que más desea: tener libertad para poder fijar él mismo los temas del día a día y su ejecución. Pero eso no es lo mismo que espera un ciudadano. Ni mucho menos lo que quiere un periodista.

E Internet, ¿qué papel puede jugar en conciliar esas necesidades? Un papel muy importante. Desde la contribución que puede hacerse a la comunicación interna en ministerios y departamentos con herramientas útiles como wikis, blogs internos o la aplicación de cualquier instrumento que ataque las debilidades. Pero también es evidente que puede hacerse más visible la acción que se realice. Blogs, Twitter o Facebook pueden mostrarlo. Actualmente, tres ministros del Gobierno –Bibiana Aído, Moratinos y José Blanco– tienen y actualizan con cierta regularidad sus blogs.

Pero incluso tomando la descripción del secretario permanente, podríamos entender que desde una óptica ciudadana Internet permitiría a los ciudadanos considerar al ministro su propio relaciones públicas. La persona que encarna sus intereses porque el mismo ministro los conoce –gracias a la participación-, ser el hombre o la mujer en el parlamento –porque cuenta lo que pasa, lo que se hace o lo que se va a hacer- y, ya que es el encargado de luchar por el presupuesto; explicar a qué se va a destinar. También con su participación.

Quizás sólo de este modo podríamos empezar a ver como más gente conoce a ministros y ministras que parecen invisibles y ser testigos de una mayor puntuación en los ránking que las mismas encuestas muestran.

¡Gibraltar español!

Hubo un tiempo en el que quise ser diplomático. Supongo que me pasó como a muchos estudiantes de derecho y ciencias políticas. Y como a muchos de ellos, se me pasó el deseo y me concentré en el mundo de la comunicación, pero siempre le he dado a este episodio vital una importancia notoria.

Recuerdo especialmente una optativa de 3º de Ciencias Políticas, Política Exterior Española, en qué nos organizamos en varios grupos que debían negociar el contencioso de Gibraltar. A mi grupo le tocó representar al ministro Moratinos, otros fueron representantes del Reino Unido (Jack Straw, por aquel entonces), representantes gibraltareños, Unión Europea…

De esa simulación me fascinó una de las cosas por las que me dedico a la comunicación: la necesidad de dar con el mensaje adecuado en el momento adecuado para no entorpecer la negociación.

La simulación fue bien y con grandes éxitos para mi grupo. Por mucho que mi amiga Laura, que representaba al ministro británico, lo niegue. Conseguimos la cosoberanía del Peñón bajo un régimen de autonomía de Gibraltar, el uso conjunto de la base militar bajo mando de la OTAN, resolvimos el contencioso del aeropuerto, las líneas telefónicas… cosas que no se podrían conseguir en la vida real. Pero es que a diferencia de la vida real, el profesor nos exigía un acuerdo.

La visita de Moratinos a Gibraltar ha sido histórica. Y la Red también se ha hecho eco de ella: en las últimas horas la opinión sobre la visita se ha movido, sobre todo, en Twitter. Los medios, por su parte, han dado más su opinión que información. Para muestra, la portada de El Mundo.

Sobre la foto en portada, que podéis ver en este post, me sorprende la elección del diario de Pedro Jota: el ministro de exteriores británico aparece cortado y sorprende el poco cuidado de los responsables –desconozco si gibraltareños o británicos- en la elección del fondo de la foto. Más allá de los políticos, los turistas comparten protagonismo en la mencionada imagen.

Como al final no me decanté por mi frustrada carrera de miembro del cuerpo diplomático, no puedo analizar el fondo, el por qué, las causas, las consecuencias, etc. de esta visita. Lo único que sé es que, si hay debate electoral en 2012, no me extrañaría que esta foto se blandiera.

Más:

El País

ABC

Libertad Digital

Guerra Eterna