Cuento de Navidad (de financiación, felicitaciones y 65 horas)

El cine y la televisión se han encargado de poner en evidencia que Navidad es una época sumamente propicia para la felicidad, el amor, el perdón y la fraternidad. Una época dada al optimismo y en que todo es posible, donde reina la magia y la ilusión para que todo lo que deseamos se haga realidad.

Una época también para la reflexión sobre la necesidad de ser más bondadosos, más comprensivos y más generosos durante estos días. Curiosa la incidencia de pedirlo durante unas semanas y no durante todo el año, pero vaya, es lo que nos ha tocado vivir.
La negociación de la financiación que, por cierto, fija a unos parámetros de un Estatuto de autonomía que es ley orgánica y que el propio gobierno central se niega a aplicar; me recuerda mucho al sempiterno “Cuento de Navidad” de Dickens, donde el binomio Zapatero -Solbes interpreta a la perfección el papel de Scroogge.
Con otras referencias navideñas, Montilla es más que nunca el protagonista de “¡Qué bello es vivir!” (It’s a wonderful life en inglés para los más puristas), donde él y el PSC se están repensando su relación con el PSOE si no hay un acuerdo sobre financiación antes del 31 de diciembre. De momento, los presupuestos ya pasaron el último trámite parlamentario tras el veto en el Senado protagonizado por la extraña alianza ERC-PP, con el voto afirmativo de los diputados socialistas catalanes.

Claro que no sé yo si en la versión moderna de la película de Capra, Montilla y el PSC entenderán que su posición es tan delicada que pueden estar generando la última de las más grandes desilusiones y esperanzas de todo un país: no tenemos demasiado margen de maniobra más.

Tengo la sensación de que en CiU están esperando que el tió y los reyes magos les traigan una rotura del Gobierno. En la Plaça Sant Jaume (bien, más bien en la sede nacional de ERC) saben que si el 31 de diciembre no hay acuerdo y este tema se prolonga demasiado, será difícil sostener su Gobierno.  Además, el pacto de gobierno empezará a no tener sentido y podría generar un desencanto aún mayor entre el ya crítico electorado de los republicanos.
Serán unas semanas duras que habrá que tomar con toda la calma y la prudencia posible. Y yo añadiría, con el espíritu navideño que las postales de Navidad que estos días se están enviando. Sí, es cierto, este año las administraciones públicas repartirán menos ilusiómn que otros años: la crisis ha obligado a reducir el número total de felicitaciones enviadas y a promover el envío  de versiones digitales.

Las casas reales también han recortado su gasto, como la británica. En España, los nietos de los reyes felicitan las fiestas a todas las personas que recibirán una postal real. Aunque para postal original, mejor la de los diputados socialistas que han hecho de las caricaturas al presidente del Congreso, José Bono, el leitmotiv de este año.
Las fiestas seguirán con Scroogge o sin. Con personajes de Capra o sin. Con la lotería por la televisión o con huelga de RTVE. Con cena de empresa (o de la Asociación de Periodistas Parlamentarios) o sin. Pero esto seguirá adelante. Incluso, con belenes en los juzgados o belenes sin niño Jesús en el centro de la ciudad. Con abetos a pedales o con lámparas de bajo consumo.
Eso sí: el primer regalo nos ha llegado con la votación del miércoles al Parlamento Europeo que cortar las alas a la propuesta de aumentar a 65 las horas laborales semanales en Europa. Un triunfo por derechos sociales.

La cuenta atrás de Montilla

El Gobierno de la Generalitat hace frente a un problema comunicativo desde el otoño de 2003: explicar la acción de gobierno de una coalición. Después de 23 años de gobierno de Jordi Pujol, y algunos más de gobiernos de un solo partido en La Moncloa, nos enfrentábamos con un escenario nuevo para la mayoría de ciudadanos, un gobierno en coalición que nacía de una mayoría parlamentaria que no hacía presidente del país al partido con más escaños. Cataluña perdía la virginidad en el mundo de las coaliciones.
Un aspecto esencial en todo gobierno de coalición es saber quién será la cara y la voz de éste. La política de comunicación es un caballo de batalla entre los partidos y Cataluña no fue una excepción de esta norma: está en juego saber quién capitalitzará la acción de gobierno. Y más allá de la historia de la primera y la segunda etapa de los gobiernos tripartitos, con todos sus altibajos y episodios más o menos conocidos; la tensión por saber quién debía capitalizar los activos del mismo es la propia historia del tripartito.
Sólo así puede entenderse la ausencia de un portavoz del Gobierno con más protagonismo del que Aurora Massip tiene. Sólo así se pueden llegar a comprender las diferencias de velocidad entre los tres partidos y su desigual acción ante los medios. Sólo así se puede entender que escuchemos un mensaje en Barcelona y uno muy diferente en Madrid.
De hecho, la ausencia de una mejor política de comunicación tiene su parte de responsabilidad en los resultados de la encuesta que La Vanguardia publicaba este domingo. Es cierto: una política de comunicación no sustituye la política en sí misma. Pero una buena política de comunicación sí que sirve para neutralizar los elementos que amenazan el gobierno, maximizar los puntos fuertes y aprovechar todas las oportunidades que se presenten. Y esto no es responsabilidad de Massip o de Ribas, sinó del difícil equilibrio de una situación política.
Leo en el blog de Saüll Gordillo que nos recomienda el artículo de Miquel Martín en El Singular Digital. Martín fue director de comunicación del grupo parlamentario de ERC en Madrid y apunta a la ausencia de una política de comunicación más fuerte y proactiva como origen de muchos males del gobierno tripartito.
Pero volvamos a la encuesta. Es destacable que con un año de diferencia veamos un cambio de tendencia tan importante: el tripartito no sumaría. Montilla tiene más confianza de los ciudadanos que el jefe de la oposición, pero los propios ciudadanos prefieren a Mas como presidente de la Generalitat. Lo que hay que hacer notar es que entre los electores de Esquerra, la mayoría preferirían a Montilla sobre Mas, por si alguien empieza a pensar en escenarios post-electorales o si después del vídeo de los dos años de gobierno que presentó CiU, aún tiene ganas de hacer otros Confidencial.cat …
Pero no todo son malas noticias para el presidente Montilla: recibe más aprobación que desaprobación; son algunos más los que piensan que la tarea del presidente es buena o muy buena. Pero si observamos la foto de conjunto, el presidente ha perdido 6 puntos de aprobación durante el último año. Si preguntamos por la acción del Gobierno, los resultados son aún peores: hay más rechazo que apoyos.
Esta encuesta marca, no un cambio de tendencia, sino la profundización de esta: el Gobierno tiene un problema grave para ser aprobado por los ciudadanos y ciudadanas. Tiene un problema grave para justificar una reelección y el contexto económico no ayuda. Con ausencia de crisis económica el debate puede ser claramente de valores (un gobierno de izquierda contra un gobierno de derechas, un gobierno catalanista o la Cas Gran del catalanisme, por ejemplo), pero con los graves problemas que afronta el país no sería extraño que las opciones que reclaman un gobierno más fuerte sean cada vez más plausibles.
Para Montilla empieza una cuenta atrás; le quedan dos años para demostrar que se ha ganado la confianza del país. Tiene dificultades más que observables y la falta de elementos como el carisma, un discurso emocional y una política de comunicación adecuada. Pero claro, en un gobierno de coalición el margen de maniobra ya se ha visto que es más limitado.
La experiencia la sabremos valorar con el tiempo, estoy seguro. Las coaliciones fortalecen nuestra salud democrática, por mucho que nos haya parecido que la creciente desafección haya dañado nuestro sistema. No es fácil gobernar en coalición. Nada. Pero a diferencia de otros países o territorios, conocer la experiencia ha abierto las mentes de muchos ciudadanos y nos ha empujado a un ejercicio importante para el sistema: tener conciencia de que el nuestro es un sistema parlamentario, y que por mucho que al final hablamos de dos candidatos, la pluralidad se expresa a los escaños de nuestro Parlamento.

Escenarios presidenciales

Dicen que la política tiene mucho que ver con el teatro. Algunos lo dicen porque les parece que la clase política tienen más de actores que de gobernantes. Otros, porque creen que todo ello no deja de ser la representación de un rol. Y otros, los más críticos, porque piensan que esto de la política no es más que una ficción. Cada cual con sus ideas …

Pero tomo la idea del teatro para hablar del escenario. Y no en el estricto significado político que evoca aquella situación que se puede dar. Me refiero al escenario de los latinos, el scaenarium, el lugar donde se desarrolla la acción dramática. Donde se colocan las decoraciones, ya sabéis. Por cierto, que deriva del latín pero en nuestra lengua lo tomamos del italiano.

Pongamos por caso dos personas que ocupan un cargo muy importante. De hecho, son las personas que ostentan los cargos de responsabilidad más elevados de sus respectivos países. Ambos son de partidos políticos que tienen sus raíces en el progresismo, por mucho que sean de países y tradiciones políticas muy diferentes. Pongamos que los dos han roto la misma barrera: ser el primer presidente que rompe la hegemonía existente en las características que habían tenido sus predecesores. Y pongamos también, por supuesto, que los momentum de sus presidencias no son exactamente iguales: uno lleva ya dos años en el cargo y el otro aún no lo ha jurado.

Ahora retomemos el escenario como el lugar donde pasan cosas y representamos algo. Ambos presidentes están representando su propio relato, su propia historia. Utilizan el escenario para proyectar la imagen que quieren que se tenga de su presidencia, la verdad, lo hacen de manera muy diferente. Vean estas dos fotos:


Son del mismo día. Obama, presentaba su equipo económico. Montilla, hacía balance de los dos primeros años de su gobierno. Sé que la comparación puede ser odiosa, que hay mil cosas que los separan, pero no deja de ser curiosa la concepción tan distinta que tienen del uso del escenario el uno y el otro.

Analicémoslo. Obama aparece en cada comparecencia desde que es presidente-electo en un cuidado entorno azul (color presidencial por excelencia, el color de su estandarte personal y, además, el color que identifica al Partido Demócrata) que, como dicen los entendidos, da muy bien en televisión. Banderas americanas llenan el fondo y en primer término encontramos un atril que evoca al usado por el Presidente, con el logotipo de la oficina del presidente-electo Obama. Obama aparece siempre de pie. Es la manera que tiene su cuerpo de comunicarnos que es el presidente. Aunque sea electo. Comparecer de pie permite que pueda comunicarse mejor verbalmente, además de dominar la situación-cosa que no siempre se puede hacer sentado.

Montilla, apareció en la esperada conferencia sentado, en un ambiente excesivamente oscuro y con una simple proyección donde se leía el título de la conferencia “Enfortir Catalunya“. La prensa podía tomar imágenes desde muy cerca, cosa siempre molesta y que acaba saliendo en algún modo de televisión. En la pantalla, nos da una sensación angosta, lugar pequeño -todo lo contrario del caso Obama-y los colores oscuros no captan la atención del espectador.

Realmente, ambos escenarios hablan por sí solos. Hablan mucho de la persona que se dispone a hablar.

Abro paréntesis: mire aquí el vídeo que ha preparado CiU para contraatacar el discurso del Presidente. Miradlo. Y ahora tiro algunas preguntas al aire que espero que alguien pueda responder. ¿Quien aguantará los 3 minutos de vídeo con este “ritmo trepidante”? ¿Dónde está la alternativa en la última parte del vídeo? ¿Dónde está la parte propositiva? Si en CiU quieren hacer anuncios negativos, que aprendan de vídeos como éste. Cierro paréntesis.

Los americanos son expertos en tener en cuenta este tipo de elementos y los efectos que tienen en la comunicación de los líderes. El presidente Reagan es recordado por haber hecho un uso excelente de los escenarios, saber dar imágenes que en televisión daban una imagen de conjunto muy positiva. Obama, como los Bush o Clinton, ha seguido practicando con el ejemplo. De hecho, una de las primeras cosas que Obama y Axelrod hicieron juntos fue contratar un escenógrafo. La diferencia con nuestro presidente, más que evidente.

No es una cuestión menor: el marco donde hacemos las cosas dice mucho de las cosas. El marco desde donde hablamos, habla por nosotros. No prestarle toda la atención (es injusto decir que no se han hecho las cosas bien a la Generalitat, pero sí que se podrían hacer mejor) a este tipo de detalles forma parte de esta lluvia fina que nos ayuda a proyectar una imagen que ayude a dar solidez a nuestro liderazgo. Y de eso, Obama, sabe.

Secretos de familia

La política y el amor tienen tantos puntos en común que sólo así podemos entender porque la pasión política deja una huella tan profunda en nuestras vidas. La política, como el amor, está llena de promesas que se hacen con el corazón y no con la cabeza, llena de pasión que a veces es más irracional que no otra cosa. Como en el amor, la seducción juega un papel central para sumar voluntades. Y como en el amor, también nos enfrentamos a toda clase de engaños, de ataques de cuernos, infidelidades

Estas pasiones muchas veces se intuyen, y en otras no son observables a los ojos del ciudadano medio. De hecho, la política está tan intrínsecamente ligada al comportamiento de las personas, que muchas veces podemos detectar los instintos más primigenios de nuestros líderes políticos. Pero, como digo, no son muchas las veces que podemos diseccionar estos comportamientos. El viernes vimos uno: Montilla, De Madre e Iceta hicieron una visita a Duran i Lleida que no será olvidada rápidamente.

La reunión entre las direcciones del PSC y Unió el pasado viernes en la sede de estos últimos es uno de esos momentos que marcan un antes y un después. Hemos asistido como auténticos espectadores de lujo a un movimiento desestabilizador de la propia Unió a su coalición con Convergència, y es difícil permanecer impasible ante un ejercicio de cálculo político tan dudoso. Sí, es un momento Ducruet: todos hemos sido testigos de un indicio de infidelidad manifiesto. Aunque se quiera decir lo contrario.

Los convergentes, ¿han picado el anzuelo socialista? ¿Unió ha marcado perfil? ¿El PSC conseguirá réditos? Preguntas que el tiempo responderá. Pero una cosa está clara: éste es lo que los americanos dirían “a defining moment”. No hará tambalear ni el gobierno ni la oposición, pero es una herida más que debilita una relación difícil. Y lo más importante, cambia las percepciones entre las bases de los dos partidos y dificulta la situación de la oposición.

De la reunión se dibujan muchos escenarios, que sería especular sobre ellos ampliarlos. Pero no los perdamos de vista. Esta reunión, aunque normal entre partidos, aparece en un momento muy concreto y, sobre todo, de una forma muy concreta. Así se entiende la reacción de Convergència y el “resultado” del no-encuentro de ayer entre los dos líderes de la coalición.

Los socialistas han puesto en práctica aquello del “divide et impera”. Y les ha salido bien: la crisis está en casa del otro partido. No sabemos cómo se traducirá en votos, que es lo que importa, pero es claro que no ayuda a que CiU despega, no ayuda a devolver la idea de que, como diría McCain, están preparados para liderar.

Es importante, a la hora de presentar una opción de gobierno, presentó un programa, un equipo y unidad. Faltan cosas. Y sin una tan básica como la unidad ganar elecciones es difícil. Y hacer coaliciones, más.

La palabra en el ADN de la política

La contraposición de la palabra a la guerra es una de las máximas en nuestra cultura. Si la guerra, según Clausewitz, es la continuación de la política por otros medios; la palabra sustituye las bombas.

Por tanto, la palabra reside en el ADN de la política, pero en realidad, forma parte de casi todo. Encuentro muy curiosa esta noticia que me hace llegar Carlos: mediante el análisis de las palabras de las portadas de los principales medios de comunicación, podemos ver con nubes de tags cómo se ha cubierto la crisis financiera en el mundo.

No obstante, lo más curioso es ver como los propios medios han intentado autocensurar el lenguaje usado para describir la crisis financiera, el objetivo era evitar que con una cobertura informativa demasiado negativa se arrastran los mercados a pérdidas aún peores de las registradas.

Y es que el poder de la palabra es muy grande. Si no, lea las reflexiones de Paul Auster cuando ayer presentaba su último libro en Barcelona: los norteamericanos viven una nueva guerra civil basada en las ideas y las palabras.

Siguiendo con análisis lingüísticos, he encontrado muy interesante este artículo que La Vanguardia publica hoy. Si tiene la versión impresa, haga un vistazo porque se acompaña de una de las fotos más ilustrativas del carácter del President Montilla (imagen que ya analizó en su día Xavier). El artículo analiza las intervenciones del debate de política general y extrae que Montilla ha marcado dos palabras en su relato: trabajo y valores.

No deja de ser curioso que a día de hoy el gobierno de la Generalitat esté más basado en palabras que hechos, aunque su marca era “Fets i no paraules” (Hechos y no palabras). Y para muestra, el anuncio que las ayudas a la dependencia están paradas porque no hay fondos, o sea, tenemos la palabra política y la de la ley pero no el hecho. O la imagen histórica de los expresidentes con el President Montilla. Una foto con un valor único, pero que no deja de ser más palabra que hecho.

Pero como ya hemos comentado más de una vez, si la política se basa sólo en la palabra no comunicaremos nuestro objetivo, ya que la comunicación tiene en la palabra su base, pero no el punto más importante. Comunicar también involucra la imagen, los gestos, el lenguaje no verbal, el tono… y los sentimientos, las emociones.

La política no puede basarse sólo en palabras y por eso la fotografía de los expresidentes con Montilla comunica más por el gesto, que por la palabra. Y por eso los mercados colapsan, a pesar de la palabra censurada.

El poder de la oratoria

Aunque la nuestra no sea una sociedad demasiado dada a los discursos, el hecho de dirigirse al público puede tener efectos insospechados. Digo que no somos una sociedad demasiado dada a los discursos porque en nuestra vida cotidiana no tienen espacio: cuesta encontrar alguien que diga unas palabras en una cena de cumpleaños. No pensemos encontrarlo en una boda, en una inauguración y mucho menos en un funeral. Nos cuesta hacer discursos, no estamos acostumbrados.

No es extraño, pues, que hoy el país no se haya paralizado por el debate de Política General que comienza este 30 de septiembre en el Parlament de Catalunya, el segundo de José Montilla como 128º Presidente de la Generalitat. Tampoco nos debe extrañar que el comentario más escuchado en los hogares españoles cada verano, cuando el Debate sobre el estado de la Nación toma el Congreso, sea “¿y ahora ponen esto?”. No hablamos tampoco de los debates de investidura. O las sesiones semanales en las cámaras.

No nos gustan los discursos. O al menos, no nos gustan estos discursos.

Nuestra historia nos ha dado grandes oradores. Precisamente, tres de los mejores oradores de la historia reciente estaban ayer en el Bages: Jordi Pujol, Miquel Roca y Felipe González. Pero parece que hoy la oratoria no está de moda.

Estoy de acuerdo con Manuel Campo Vidal cuando en su libro afirma que los españoles no saben comunicar: desde pequeños nos han desalentado a mejorar. La escuela y la universidad no son espacios para desarrollar algo tan esencial como la oratoria, las herramientas para expresarse bien en público. Y eso a la larga el país lo nota.

Hago esta reflexión porque ayer algunos analistas atribuían al discurso de Nancy Pelosi, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes norteamericana, la causa de la pérdida de 700 puntos en el Dow Jones y el del crack de 2008.

No creo en absoluto que la presidenta Pelosi haya tenido tal privilegio: el tono duro de su intervención no tiene la culpa de que ayer muchos congresistas (la mayoría republicanos) decidieran poner su escaño por delante de la crisis. Como tampoco se puede atribuir al discurso que el Presidente Bush ha hecho esta mañana el hecho de que el Dow Jones ha abierto con ligeras subidas.

Pero el hecho de que alguien les otorgue tal importancia ya es síntoma de que la oratoria y el poder de un buen discurso son algo a tener en cuenta, y sobre todo, una habilidad que el buen líder debería tener.

Y tú, ¿sabes hablar en público?