Nombre propio #4: Francisco Camps y la corrupción

La corrupción se ha personificado este año en seis letras que evocan a una salchicha alemana: Gürtel. Pero no debemos olvidar a Faisán, a Félix Millet, al caso Pretoria, al Palma Arena, a las imputaciones de la presidenta del Parlamento balear, los dudosos pagos del palacete del ex-ministro Matas… Pero ha sido la trama que ha salpicado al PP, y especialmente a Francisco Camps, la que más opiniones ha desatado en las Redes y en los medios.

Todos los casos de corrupción son un ataque al corazón de la democracia. Algo irreparable que se paga con el descontento y el descrédito de los ciudadanos. Pero también pone de manifiesto las extrañas reacciones del cerebro humano: el apoyo a quienes tienen una enorme tela de juicio en su gestión. Así, tanto por ello como por la necesidad política, Rajoy no pudo separarse de Camps cuando la tormenta caía a cuenta de los trajes. Y sobretodo por la debilidad del presidente popular, Rajoy tuvo que presenciar atónito el espectáculo del secretario general del PPCV, Ricardo Costa, cuando dimitió pero no dimitió. Reacciones que los ciudadanos no entienden. Como el hecho que el exalcalde de Santa Coloma de Gramenet consiga que los vecinos paguen en pocas horas su fianza (de medio millón de euros). O que los señores Millet y Montull no hayan pasado ni un día en la cárcel pese haber confesado su crimen. Y seguramente no lo hagan. Mientras, esperan el juicio jugando a tenis. Y en Valencia, los ciudadanos esperan saber algo del futuro de Camps y Gürtel mientras todo sigue igual…

Esta es hoy una de las grandes preocupaciones de la sociedad en su conjunto y uno de los grandes motivos por los que los ciudadanos están cada vez más descontentos con la política. Cada vez nos cuesta más indignarnos y sorprendernos porque nos estamos instalando en una extraña situación en la que parece que todo está podrido.

Esa es la gran asignatura pendiente de la política. Superarlo, evitarlo y luchar contra ello.

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¡Me ha tocado el Gordo!

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Es una sensación extraña. Una mezcla de excitación y un abismo bajo tus pies. Emociones contrariadas. La necesidad de exteriorizarlo, pero también mantenerlo en secreto por el que dirán. Pero no, no hablo de la lotería, sino de todos aquellos que durante el año han tenido que soportar algún premio gordo de difícil solución. Especialmente en el mundo de la política. ¿Echamos un vistazo a los diez premios gordos de este 2009?

  1. Montilla, Saura y los Mossos: al president de la Generalitat le cayó el Gordo el día que los Mossos d’Esquadra cargaron contra los estudiantes que habían ocupado durante semanas el rectorado de la Universitat de Barcelona. El caos vivido en Barcelona, con periodistas y ciudadanos agredidos, genero una enorme crisis política y de comunicación que sólo la división en áreas por partidos pudo remediar.
  2. Ibarretxe: quizás es uno de los grandes premios del año. El lehendakari ganó las elecciones en Euskadi con casi 7 puntos de margen y 5 diputados más que el PSE-PSOE. Sin embargo, no pudo formar mayoría y el PNV se vio en la oposición. Sin premio de consolación.
  3. Rajoy y su Gürtel: más que el Gordo, ha sido como ir ganando la primitivia y la quiniela, más alguna euromillones, a lo largo del año. El goteo incansable de noticias relacionadas con la trama Gürtel, con sórdidas revelaciones como la oferta a Camps para ser fotografiado con Obama, fue (y es) un auténtico reto para Rajoy y su liderazgo. La cosa incluso se tornó más rara cuando a Cospedal le dio por denunciar el complot del Estado y del Gobierno contra el PP, con espías y todo…
  4. Aminatu Haidar: la lucha de la activista saharaui no ha sido el único premio gordo para el ministro Moratinos este año, pero las consecuencias de la crisis internacional abierta con Marruecos y la incapacidad de España de resolverla por sí misma merecen estar en esta clasificación.
  5. Un caso llamado Trias Fargas: cuando se descubrió el pastel que Félix Millet había robado del Palau de la Música Catalana, ya de por sí los premios gordos de años y años de lotería; se conocieron los detalles de la financiación de la fundación del Palau a la fundación de Convergència Democràtica. La aparición del caso Pretorio acalló las voces que cayeron sobre CDC: ¿es lícito que una fundación financiada con dinero público financie a su vez a una organización política?
  6. Alakrana: el secuestro del pesquero fue un premio redondo para el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero. Tan grande fue, que no sabían si repartirlo entre ministerios o centralizar la gestión en el presidente. Tras semanas de cautiverio y el pago de un rescate, los pescadores volvieron a casa y el pequero volvió a faenar.
  7. Un blog de 300.000 euros: cuando el coste del blog de Jordi Hereu llegó a la prensa, el Gordo cayó en el departamento de comunicación del Ajuntament de Barcelona. ¿Cómo explicar el gasto estratosférico en un año de crisis?
  8. Bono y la Ley del Aborto: la tramitación de la Ley del Aborto (en realidad, tiene un título más largo e inclusivo) fue un premio para aquellos diputados y diputadas socialistas más creyentes que tuvieron que ver como los obispos les amenazaban con excomulgarlos si votaban a favor. Una de esas presiones políticas que es casi tan fuerte como la de los bancos que llaman a tu puerta el 23 de diciembre…
  9. Un fantasma llamado abstención: el premio gordo que ganó el Parlamento Europeo y las instituciones europeas es de los más grandes; ya que las elecciones del pasado 7 de junio se cerraron con un manto de abstención tan grande que muchos aún no saben qué más se puede hacer. Para ello están Ashton y Van Rompuy, ¿no?
  10. La omnipresente Rosa Díez: sin duda, uno de los premios gordos más estrafalarios para un departamento de comunicación. ¿Cómo explicar que la cabeza visible de tu partido puede estar actualizando su Twitter y respondiendo una entrevista en televisión al mismo tiempo?

Seguiremos atentos a los premios gordos del 2010… y también a ver si tenemos más suerte en el sorteo del año próximo. Aunque jugando 10 euros, tampoco se puede llegar muy lejos, ¿no?