¿Qué hacer?

El ecuador de la legislatura parece aún lejano, pese a que el agotamiento se percibe. No sabemos si es un agotamiento real o no, pero la percepción (que es lo que cuenta en comunicación) es que el gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero llega muy tocado a la celebración del primer aniversario de su victoria electoral.

Veamos por qué.

El pecado original
El propio resultado fue una señal de alarma que no se supo interpretar. Su victoria estuvo marcada por la confianza depositada en su proyecto en dos zonas muy concretas del territorio: Euskadi y Catalunya. Una falsa euforia por los resultados marcó las negociaciones post-electorales, y por primera vez en la historia de la democracia, el presidente fue elegido por mayoría simple en la segunda vuelta.

He aquí los dos grandes escollos de este primer año tras la victoria: la dependencia de lo que ocurre en los territorios y la soledad parlamentaria de un gobierno en minoría.

Un falso optimismo
Zapatero ha sido afortunado durante los primeros 6 meses tras su victoria. Mientras las señales de alarma por la crisis económica se sentían en todo el mundo, el clima social y económico español no las percibía. Y además, el adalid de ese mensaje, la oposición popular, se sumía en un caos interno de batallas por el liderazgo.

Una reacción tardía
Los últimos 6 meses han sido menos dichosos. La crisis económica ha golpeado seriamente al país y los indicadores macroeconómicos se mezclan con los relatos personales de tantos españoles que sufren en sus carnes lo que el Gobierno atribuyó sólo a los desajustes del sistema internacional y de la corrupción en Estados Unidos.

La reacción del Gobierno, con la aprobación del Plan E ha llegado tarde y no ha sido lo suficientemente clara para muchos, tal y como se vio en el programa de TVE “Tengo una pregunta para usted”. Ha faltado un discurso convincente contra la crisis, no se ha articulado un mensaje que sume apoyos y esta debilidad la acabará pagando Zapatero.

Este discurso integrador o de frente común ante un gran problema tampoco se ha visto en las Cortes. Hoy el Gobierno está más solo que nunca y el desenlace en Euskadi prevé una mayor debilidad para sacar adelante las grandes reformas necesarias. Como la de la Justicia, que tras los momentos vividos con Fernández Bermejo, han llevado los aires de cambio al cajón bajo llave.

El problema de la lenta reacción del Gobierno es que los logros del Gobierno han pasado a un segundo plano. Hoy Francisco Polo cita el espaldarazo de Obama a la Alianza de Civilizaciones promovida por Zapatero, pero las cifras del paro son, a día de hoy, el gran foco de atención.

¿Qué hacer?
Son muchas las alarmas encendidas en los últimos meses: el suspenso de Zapatero en la valoración del CIS, la aparición en medios de un líder cada vez más crispado –como marca su lenguaje no verbal- y más alejado de los ciudadanos de a pie, la victoria del PP en Galicia, las muestras públicas de miembros de su gabinete sobre su deseo de ser ex ministros… ¿Qué hacer para contener esta deriva?

Volvemos a las percepciones. No pueden estar en un momento peor: la crisis de confianza en la economía afecta a la ya mermada confianza en la política y en el Gobierno. Pese a que Zapatero se resiste a adelantar la reforma del Ejecutivo prevista para 2010 tras la presidencia española de la UE, debe enviar un mensaje de fortaleza que hoy no puede hacer. Y debe pasar por reforzar el ejecutivo.

Con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, la presión de los populares se antoja elevada. Si mantiene esta debilidad y el PSOE pierde las europeas, las campanas a muerto podrían empezar a sonar.
Fortaleza, claridad en el mensaje y la vuelta a un forzoso talante deben ser las claves que mantengan en vida a un gobierno que a día de hoy no ofrece garantías de agotar la legislatura. Y la clave volverá a estar en los territorios, donde los partidos bisagra tradicionales han dejado de tener interés en arrimarse a quien les puede quemar.

Fijar el mensaje

A río Revuelto, ganancia de pescadores. O lo que es mismo como conseguir desviar la atención de la opinión pública sobre los temas que debilitan a tu adversario protagonizando absurdas polémicas. Así se podría definir la última semana del PP si atendemos a los dos hitos comunicativas que han protagonizado en sólo 7 días: la fotografía y entrevista de la portavoz popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría en El Mundo  y el escándalo de la red de espionaje ilegal que, presuntamente, la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha.

El gobierno está contra las cuerdas (o poco le queda para resistir con el chaparrón que cae): cada día aparecen nuevos datos que señalan lo que todos sabemos respecto a la delicada -por usar un lenguaje soft- situación de la economía. Es una lluvia constante de malas noticias, con previsiones de crecimiento contestadas por la propia Comisión Europea, con una amenaza de sanción a España por su endeudamiento excesivo y con la intención de S & P de rebajar la valoración del país en su escala. Los inputs negativos al debate son de suficiente entidad como para entender que, por sí sola, la crisis podría hacer caer el gobierno.

Esta premisa aún toma más fuerza si atendemos al mal funcionamiento de la comunicación del gobierno: cada portavoz dice una cosa diferente. El optimismo del presidente Zapatero choca con Solbes, que afirma no tener más instrumentos para acabar con la crisis. Mientras, Leire Pajín le da otro ángulo al asunto, Miguel Sebastián se atreve a parafrasear a Kennedy y pedir a los españoles consumir productos del país. Rocambolesco todo ello: cuando más unión necesita en el mensaje, más se disgrega.

Pero no. El gobierno no cae ni siente, de momento, el aliento del segundo clasificado en su nuca más allá de las periódicas encuestas que anuncian una posible victoria del PP pero que también señalan la debilidad de la ex vicepresidente de Aznar. Para evitar que el aliento les ponga nerviosos, el propio PP sabe jugar sus cartas … erróneamente.

Empezamos con la famosa foto de Soraya Sáenz de Santamaría (SSS). Algunos afirman que es el retorno de SSS a la primera línea de la política, tras ver como no podía hacerse un hueco informativo. Pero esta premisa se olvida de un aspecto: aunque la resurrección en política es una máxima, no se puede hacer de cualquier manera. Sobre todo si esta acción se interpreta como desesperada e inadecuada. Desesperada porque manifiesta muy poco análisis del contexto y de las consecuencias e inadecuada porque atenta de lleno contra el mensaje del PP. Para entendernos, la foto hace el mismo favor a la estrategia y al mensaje de los populares que si apareciera el tendero de confianza de Rajoy manifestando que cada día de la semana el cabeza de cartel popular se come dos latas de caviar iraní para cenar. Qué contradicción se generaría con el mensaje de austeridad, ¿no creen?

¿Por qué la foto de SSS es una contradicción? Porque la imagen sofisticada y pseudo erótica que transmite se aleja de la que ella misma ha querido generar siempre: la de la mujer JASP (Joven, aunque sobradamente preparada) que trabaja sin descanso por los españoles. ¿Significa que ya no lo es? No, pero resulta frívola. Más cuando desde las bancadas populares se hace todo lo posible para afirmar que se trabaja sin descanso mientras el gobierno no lo hace. ¿Significa que SSS no tiene un lado erótico, que no tiene intimidad para hacerse fotos así? En absoluto, puede hacer y posar cuando quiera. Pero debe entender que cuando aparecen en la portada del segundo diario más leído de España, tienen un efecto directo en muchos ciudadanos que se preguntan muchas cosas.

Hay, también, una cuestión de discriminación de género en todo este asunto y que sólo el tiempo sabrá valorar. Por una mujer política se espera, tradicionalmente, que responda a un patrón masculino de autoridad. Antoni Gutiérrez-Rubí nos mostraba en “Políticas” que no ha sido así en muchas de ellas, líderes que han sabido imprimir su propia estela de liderazgo. Quizás SSS cree que esta es la vía, pero sin duda no tiene nada que ver con otras mujeres que han sido el centro de la crítica de los sectores más conservadores como Carme Chacón.

En definitiva, estas interferencias en el mensaje se pueden ahorrar. Sobre todo si se ponen en el mismo campo que tanto criticó el PP en pleno. ¿Recuerdan unas fotos de las ministras socialistas del primer gobierno de Zapatero para la revista Vogue?

El espionaje en la Comunidad de Madrid es otro tema. Nos muestra como una filtración sobre un tema tan delicado como éste se pone en primera página sí o sí. Es un caso de corrupción política grave y aunque el liderazgo de Aguirre no está en peligro, supondrá algún que otro problema a la Presidenta. Más que nada porque las personas que han sido objeto de las investigaciones de ex-policías y ex-guardias civiles son cargos de otras facciones populares contrarias a la de Esperanza Aguirre.

Este issue tendrá dos efectos: uno interno, en las relaciones de poder entre las facciones y otro externo, cuando se depuren responsabilidades a medida que las investigaciones vayan adelante. Siempre y cuando los jueces y las huelgas lo permitan.

En todo caso SSS y la red de espionaje de Esperanza hacen un favor de los grandes al gobierno de Zapatero. Las maniobras de distracción las lleva el PP de casa, como si invitas a alguien a cenar y no sólo trae el vino, sino toda la comida. Si el gobierno usara esta ventaja competitiva ya sería de escándalo, pero son conscientes de que para enriquecer el debate hay que poner una nota disonante de vez en cuando.

Quizás la marca Loctite debería pensar en una nueva campaña de marketing para este 2009. Loctite: lo fijamos todo. Incluso el mensaje del gobierno. Y el mensaje del PP.

La cuenta atrás de Montilla

El Gobierno de la Generalitat hace frente a un problema comunicativo desde el otoño de 2003: explicar la acción de gobierno de una coalición. Después de 23 años de gobierno de Jordi Pujol, y algunos más de gobiernos de un solo partido en La Moncloa, nos enfrentábamos con un escenario nuevo para la mayoría de ciudadanos, un gobierno en coalición que nacía de una mayoría parlamentaria que no hacía presidente del país al partido con más escaños. Cataluña perdía la virginidad en el mundo de las coaliciones.
Un aspecto esencial en todo gobierno de coalición es saber quién será la cara y la voz de éste. La política de comunicación es un caballo de batalla entre los partidos y Cataluña no fue una excepción de esta norma: está en juego saber quién capitalitzará la acción de gobierno. Y más allá de la historia de la primera y la segunda etapa de los gobiernos tripartitos, con todos sus altibajos y episodios más o menos conocidos; la tensión por saber quién debía capitalizar los activos del mismo es la propia historia del tripartito.
Sólo así puede entenderse la ausencia de un portavoz del Gobierno con más protagonismo del que Aurora Massip tiene. Sólo así se pueden llegar a comprender las diferencias de velocidad entre los tres partidos y su desigual acción ante los medios. Sólo así se puede entender que escuchemos un mensaje en Barcelona y uno muy diferente en Madrid.
De hecho, la ausencia de una mejor política de comunicación tiene su parte de responsabilidad en los resultados de la encuesta que La Vanguardia publicaba este domingo. Es cierto: una política de comunicación no sustituye la política en sí misma. Pero una buena política de comunicación sí que sirve para neutralizar los elementos que amenazan el gobierno, maximizar los puntos fuertes y aprovechar todas las oportunidades que se presenten. Y esto no es responsabilidad de Massip o de Ribas, sinó del difícil equilibrio de una situación política.
Leo en el blog de Saüll Gordillo que nos recomienda el artículo de Miquel Martín en El Singular Digital. Martín fue director de comunicación del grupo parlamentario de ERC en Madrid y apunta a la ausencia de una política de comunicación más fuerte y proactiva como origen de muchos males del gobierno tripartito.
Pero volvamos a la encuesta. Es destacable que con un año de diferencia veamos un cambio de tendencia tan importante: el tripartito no sumaría. Montilla tiene más confianza de los ciudadanos que el jefe de la oposición, pero los propios ciudadanos prefieren a Mas como presidente de la Generalitat. Lo que hay que hacer notar es que entre los electores de Esquerra, la mayoría preferirían a Montilla sobre Mas, por si alguien empieza a pensar en escenarios post-electorales o si después del vídeo de los dos años de gobierno que presentó CiU, aún tiene ganas de hacer otros Confidencial.cat …
Pero no todo son malas noticias para el presidente Montilla: recibe más aprobación que desaprobación; son algunos más los que piensan que la tarea del presidente es buena o muy buena. Pero si observamos la foto de conjunto, el presidente ha perdido 6 puntos de aprobación durante el último año. Si preguntamos por la acción del Gobierno, los resultados son aún peores: hay más rechazo que apoyos.
Esta encuesta marca, no un cambio de tendencia, sino la profundización de esta: el Gobierno tiene un problema grave para ser aprobado por los ciudadanos y ciudadanas. Tiene un problema grave para justificar una reelección y el contexto económico no ayuda. Con ausencia de crisis económica el debate puede ser claramente de valores (un gobierno de izquierda contra un gobierno de derechas, un gobierno catalanista o la Cas Gran del catalanisme, por ejemplo), pero con los graves problemas que afronta el país no sería extraño que las opciones que reclaman un gobierno más fuerte sean cada vez más plausibles.
Para Montilla empieza una cuenta atrás; le quedan dos años para demostrar que se ha ganado la confianza del país. Tiene dificultades más que observables y la falta de elementos como el carisma, un discurso emocional y una política de comunicación adecuada. Pero claro, en un gobierno de coalición el margen de maniobra ya se ha visto que es más limitado.
La experiencia la sabremos valorar con el tiempo, estoy seguro. Las coaliciones fortalecen nuestra salud democrática, por mucho que nos haya parecido que la creciente desafección haya dañado nuestro sistema. No es fácil gobernar en coalición. Nada. Pero a diferencia de otros países o territorios, conocer la experiencia ha abierto las mentes de muchos ciudadanos y nos ha empujado a un ejercicio importante para el sistema: tener conciencia de que el nuestro es un sistema parlamentario, y que por mucho que al final hablamos de dos candidatos, la pluralidad se expresa a los escaños de nuestro Parlamento.

2008: la campaña de transición

Si alguien tenía alguna duda sobre la importancia de internet a la hora de diseñar una campaña electoral, que mire el resultado de las elecciones norteamericanas. Si alguien creía que esto de internet era una cosa pasajera, poco útil para plantear campañas en que se pide el voto, que mire quién será el presidente de los Estados Unidos a partir del día 20 de enero. Si alguien creía que en internet sólo hay porno, votantes demasiado jóvenes y que es un riesgo para candidatos y partido, que mire lo que ha pasado en Estados Unidos.

Empiezan a existir voces que afirman que la importancia del medio es comparable a la que tuvo la televisión en las elecciones de 1960, especialmente en el debate entre Nixon y Kennedy de esa elección. Aquí lo hemos defendido ampliamente en el último año de existencia de este blog. Pero ya no es una locura sostener esto, al contrario, esto no ha hecho más que empezar. Internet ha venido para cambiar las campañas electorales. Lo ha hecho para quedarse una temporada, por mucho que algunos políticos y asesores no se lo crean (y no hay que tener 60 años para no creer en ello).

Los números en Estados Unidos son ya una conclusión en sí misma: Obama ha tenido más de 20.000 grupos de apoyo, 2.300.000 voluntarios on-line, miles de blogs, contenido realizado por los usuarios que han enriquecido su campaña … En palabras de uno de los responsables del Partido Republicano, 2008 es la campaña de transición.

Obama ha sido el auténtico vencedor de esta campaña. Se calcula que sólo el 36% de los usuarios votó por McCain, dejando un margen muy grande entre los dos senadores. Si atendemos a la financiación de la campaña, las magnitudes son impresionantes: Obama ha encontrado en la red la manera de financiar una campaña a la que le ha costado muchos ingresos. ¿El secreto? Centrarse en donaciones pequeñas, 10, 20 o 30 dólares de personas que tradicionalmente no han participado en política y lo ha hecho a través del uso de correos electrónicos.

Los números de esta campaña servirán para esta campaña, sólo el futuro nos dirá si elección tras elección se irán batiendo récords como éste. No obstante, hay una cosa que ha cambiado y que atender a esta cuestión será central para el futuro de las campañas: las campañas ya no las dirige el candidato (o el partido, en nuestro caso), a partir de ahora lo hará la gente. Habrá que ver qué efectos tendrá esto sobre la agenda política, y lo más importante, cuál será la reacción de los medios.

Otra cuestión que no tardaremos en resolver será el papel que jugará el capital que Obama ha conseguido durante el mandato. La red creada, el movimiento que ha hecho de Internet su medio de combate… ¿qué hará durante los próximos cuatro años? De momento, las decisiones tomadas nos hacen creer que jugará un papel importante. La web creada por el período de transición es el buque insignia. Change.gov incluye los temas principales, noticias … y un espacio de participación para que todo el mundo explique cómo ha sentido el cambio. Todo un cambio, es evidente. El segundo, a partir de ahora Obama hará un video semanal que se suman al discurso radio de los sábados.

Habrá que estar atentos, porque la ola de cambio se prevé fuerte. Memorable. No hablo de políticas, sino del uso de un medio que más que nunca, es el mensaje.

Más información:

César Calderón

El mensaje del cambio

Barack Obama ha dirigido una campaña con un solo mensaje. Una sola idea que ha sido la guía, el motor que ha impulsado su campaña hasta llegar al objetivo que se había marcado: la presidencia de Estados Unidos. Este mensaje al que nunca ha renunciado ha sido el cambio. La idea de un cambio en el que creer ha vencido porque el propio candidato se lo cree, porque tal y como nos comenta uno de sus asesores, Anita Dunn, Obama no es de ese tipo de candidato al que se le debe recordar el motivo de su candidatura.

Pero no es sólo la existencia de este mensaje lo que le ha situado durante la larga campaña por encima de sus adversarios (McCain y Hillary), el presidente electo cumple con algunas características únicas que lo hacen especialmente fuerte. Una de estas características es su inteligencia. En Washington se comenta constantemente su gran capacidad para escuchar, resumir, tomar decisiones, saber convencer y, sobre todo, saber rodearse de los mejores asesores. Esta última es una condición que no pocos políticos no saben cumplir.

El mensaje del cambio tiene múltiples lecturas. Para muchas personas, el cambio serán las políticas que la administración Obama pondrá en marcha durante los próximos 4 años. Estas políticas son, en gran medida, una incógnita. Esto se debe esencialmente a que Obama no responde al tradicional esquema de campaña política donde el candidato promete hacer cierta cosa a cambio de un voto, o como la misma Dunn cree, Obama no es un candidato transaccional. Y aquí es donde viene el centro de su mensaje: Obama es un candidato trascendental, una persona que defiende un intangible con un elevado poder simbólico y un incuestionable fundamento emocional.

Por este motivo, el cambio ya ha llegado, ya se ha materializado. El cambio de verdad en un país como Estados Unidos es que un representante de una minoría que ha protagonizado uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de los Estados Unidos, debido al racismo blanco durante décadas, sea hoy el presidente electo del país.

¿Cómo se ha producido el cambio? ¿Cómo se ha hecho fuerte este mensaje? Con una campaña de cambio, con una estrategia de cambio. Con una concepción real del cambio. Obama es un candidato atípico: joven, atractivo, excelente orador. Con un nombre curioso, con una historia curiosa. Pero no es una marca vacía, no es un producto light. Al contrario, es una persona dotada y con un mensaje convincente.

Sólo así se entiende que la campaña de Barack Obama haya batido todos los récords y haya cruzado todas las barreras. La campaña de Barack Obama, apoyada con un uso masivo de Internet, ha introducido una nueva filosofía de campaña en lo que importa es la colectividad, el grupo. Las redes sociales han ayudado a crear una auténtica red de seguidores, colaboradores, activistas, donantes y votantes. Obama ha sabido llegar a un grupo de votantes que no los podía encontrar ni llamando a todas las puertas, ni haciendo todas las llamadas ni consiguiendo todos los spots electorales que se necesitan para llegar a la marea obtenida. Obama ha obtenido el 66% del voto joven, Clinton obtenía el 52% hace 12 años.

Obama ha hecho, además, grandes esfuerzos para llegar a otros sectores que no han votado nunca y que tampoco son usuarios de grandes redes: ha hecho llegar a sectores de la población que no se han sentido representados nunca por la política con su mensaje del cambio. Generalmente sectores pobres y negros (que es una variable que desgraciadamente está muy conectada en los Estados Unidos), ofreciendo una esperanza de cambio y abriendo la puerta de entrada a su representación. La pregunta es si en 2012 esta puerta seguirá abierta, porque eso supondría un cambio sustancial en la manera en que se han diseñado, ejecutado y ganado las campañas hasta hoy.

Tanto entre los jóvenes como en estos sectores poblacionales, la filosofía de campaña ha sido la fuerza del colectivo, la opción de participar en una campaña y no ser un observador. Esto sólo se puede hacer si el objetivo no es cambiar votos por leyes, sino cambiar votos por esperanza, por un futuro mejor. Esto sólo se hace si hay un intangible suficientemente poderoso para movilizar el adolescente que estrena derecho a voto y que preferiría estar en casa chateando o hacer que el matrimonio de mediana edad con hijos a su cargo y un trabajo busquen tiempo para hacer llamadas pidiendo el voto por Obama. Sólo con un valor que emociona y ataca el corazón se puede conseguir agitar las bases de un país y hacer que la campaña sea más bottom-up que nunca.

Por este motivo el lema de la campaña ha sido un plural: Yes we can, enfrentado a poner el país por delante de las personas. El cambio de concepción es total, la fuerza de movilización se consigue con el primero, no con el segundo: sólo teniendo en cuenta las motivaciones de las personas se puede entender una victoria tan histórica como la de Obama. Ohio, Florida, Virginia … y todos los cambios que hemos presenciado estupefactos tienen en esta motivación de esperanza su razón de ser. El cambio ya ha llegado.

La búsqueda del relato perdido

Los sindicatos auguraron un otoño caliente, refiriéndose a movilizaciones por el aumento del paro y el clima de recesión económica, que se ve agravado por los anuncios de cierres de empresas. Los indicadores macroeconómicos dejan entrever que nada será fácil y la crisis financiera de Estados Unidos amenaza con salpicar más allá de la campaña presidencial.

Ni la bajada (en décimas) de la inflación ni el discurso optimista de Zapatero ante la Asamblea General de Naciones Unidas han podido hacer bajar la temperatura de este otoño que apenas estrenamos pero que ya nos muestra que la cosa está difícil.

Difícil y caliente también lo está, a nivel político, este otoño. Hoy Público, el diario más joven de la prensa española, pública una encuesta que ya muestra lo que veníamos anunciando: el PP ya supera al PSOE en intención de voto directo.

No hace falta ser vidente, ni tarotista … ni maoísta para imaginar que la oposición conservadora, centrada en la economía, nos acabaría llevando a este desenlace.

Pero, ¿como se ha llegado a esta situación? ¿Cómo se han dilapidado los 3% de ventaja socialista en poco más de 6 meses?

En primer lugar, las crisis económicas siempre pasan factura a quien gobierna. Es una realidad, el ciudadano tiende a responsabilizar al gobierno de la situación económica. Si partimos de esta base, las soluciones desde el punto de vista comunicativo se pueden organizar. Aceptar una situación nos permite trabajar para mejorarla y si miramos atrás, podremos captar cuáles han sido los mensajes enviados a la sociedad:

  • La crisis no existe
  • La crisis está pero no es crisis
  • Sí que es crisis, pero durará poco
  • Es la peor crisis de la historia
  • El sistema financiero español es envidiable
  • Nos tenemos que apretar el cinturón pero seguiremos haciendo políticas sociales

Ante este caos, el ciudadano que ve como la vida se le complica no recibe respuestas. Se ha perdido el liderazgo comunicativo.

En segundo lugar, el gobierno no ha transmitido la sensación de estar dirigiendo la situación. Con un presidente que ha desautorizado a ministros, ministros que han desautorizado a otros ministros … un presidente que ha amonestado a los constructores, que ha hecho frente a una huelga de transportistas que ha paralizado el país, que no ha sido invitado a reuniones internacionales importantes. En definitiva, un gobierno que no ha sabido actuar con diligencia. Y si lo ha hecho, que lo desconozco, no nos lo ha explicado.

Y como no nos lo ha explicado, ha permitido que un partido político (el PP) capitalice el rechazo a este supuesto desgobierno.

En definitiva, la crisis está generando una auténtica devaluación del capital político de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero no tanto por la crisis en sí, sino por la gestión tan desafortunada que está haciendo.

El presidente no ha encontrado el relato para explicar la crisis. Y el ciudadano que ha visto reducido su consumo y su hipoteca crecer y crecer, no tiene suficiente con la respuesta de “esto es culpa de una crisis internacional”. No tiene relato para explicarlo, porque de hecho, este gobierno no tiene relato.

La supervivencia de Zapatero pasará por buscar, (y seguramente lo encontrará) la humildad de la que hacía gala antes de llegar al poder en 2004. En tiempos de crisis, más que nunca, el liderazgo tiene que buscar la emoción, debe ponerse a la altura del ciudadano que pasa problemas. Y debe tener una respuesta clara: que mañana todo será mejor.

Y si el PP ofrece un futuro mejor antes que lo haga el PSOE, la tendencia será irreversible.

¿Por qué, creéis que a este ritmo el PSOE acabará la legislatura?

otras reacciones a la noticia: César Calderón