Marketing político: ¿Cómo cambia mi vida si confío en ti?

El vídeo que acabáis de ver es el anuncio de Google que se emitió durante la Superbowl, el gran momento televisivo de la sociedad americana. Y parece que ha sorprendido, y mucho. Especialmente al otro lado del charco.

La verdad es que motivos no le faltan: cuenta una pequeña gran historia sin grandes alardes, sin querer ensombrecer a lo que realmente importa en ese spot, la historia de amor. Y en esa maravillosa historia, el producto –Google- es el gran aliado. Una manera perfecta de vender un producto sin venderlo; lo que importa es el beneficio en sí mismo. “¿Cómo cambia mi vida si confío en ti?” parece ser la pregunta. Y eso le da valor. No te hablo de lo bueno que soy, sino de lo buena que puede ser tu vida conmigo.

Eso mismo hizo Obama en su campaña. Cambió el foco del mensaje. Ese era el poder del we. “Estas elecciones no son sobre mi, sino sobre vosotros”. O lo que es lo mismo, no se trata de lo que yo te puedo ofrecer, sino de lo que tu vida puede mejorar si confías en mí.

El riesgo es evidente. Si el producto no satisface las expectativas, abonaremos el campo a la competencia. Quizás por ello ni Google ni Obama dejan de comunicar pese a ser líderes de sus mercados.

La comparación entre el marketing y la comunicación convencional con la política siempre es odiosa. No es lo mismo vender galletas o detergente que promocionar y comunicar una propuesta política. Pero precisamente porque el marketing de producto se enfrenta al escrutinio continuo de los consumidores, de la decisión de compra y la experiencia directa en casa, algo nos puede enseñar. No debemos desdeñarla tan rápidamente.

Un partido, un candidato, un modelo para una sociedad no es lo mismo que hablar de un buscador como Google. Pero si hiciéramos como ellos y pusiéramos al ciudadano en el centro de la comunicación y no al candidato, quizás otro gallo cantaría.

El Gobierno de la marcha atrás

Creo que muchos de los lectores de este blog tienen una vocación secreta que no quieren siempre aceptar… les gustaría ser C.J. Cregg. Bueno, nos gustaría. Saber qué se siente al estar ante la prensa más importante de Estados Unidos día a día como secretario o secretaria de prensa en la Casa Blanca. Tratar diariamente con esa élite del periodismo y hacer frente a la difícil tarea de entregar el mensaje adecuado ante las afiladas preguntas e investigaciones de un selecto grupo de profesionales.

Pero sobretodo, creo que nos gustaría por la interesante parte de jugar con el tiempo, de saber lo que importa en el largo plazo pero defenderlo en el día a día. Tratar con el presidente. Centralizar el mensaje. Proteger al Gobierno sin caer en la manipulación o la mentira. Quién no ha soñado con estar tras ese podio…

En muchas ocasiones, ya sea aquí o en charlas con buenos amigos, nos hemos cuestionado por qué en Moncloa no hay una C.J. Sí, está la vicepresidenta que hace una tremenda labor, pero De la Vega no es C.J. Tampoco Nieves Goicoechea. Tampoco Moncloa es el Ala Oeste.

Siempre he creído que eran múltiples factores los que evitaban tener un/a secretario/a de prensa en el Gobierno. Por un lado, la imposibilidad de una persona con ese rango de asistir al Consejo de Ministros. Por otro, la relación bastante diferente con los medios a ambas orillas del charco, seguido de una tradición democrática muy distinta… y así, todas la variables que podamos llegar a imaginar. Aunque en su tiempo, Aznar tuvo algo parecido a C.J, aunque con barba: Miguel Ángel Rodríguez.

Pero en el fondo, más allá de estas cuestiones estructurales, la realidad es que Zapatero no tiene una C.J. porque le hubiese durado dos días. Este es el gobierno de los gafes comunicativos. El ejecutivo de la marcha atrás. No creo que una profesional como C.J. pudiese aguantar mucho tiempo unos vaivenes que muestran la descoordinación en el mensaje. La pérdida del norte en la acción política. Cuando no se sabe ni lo que se quiere hacer, ¿cómo se puede comunicar algo? El último caso ha sido el de la base de cotización de las pensiones, pero han sido tantos otros…

C.J. hubiese dimitido a las primeras de cambio, no tengo duda. Pero lo que empieza a ser preocupante es que el Gobierno no atine a hacer nada a derecha (comunicativamente hablando) y nadie plantee una necesidad obvia: el país necesita una nueva dirección para no caer en el desastre. Pero sobretodo, confianza en aquello que le cuentan. Y con globos sonda en las pensiones, no se consigue. Ni se conseguirá. Aunque hoy Zapatero pida por ello en su Desayuno de la Oración.

Este gobierno de la marcha atrás tiene serios problemas comunicativos que se añaden a la ya maltrecha situación política y económica. El gobierno de la marcha atrás se levanta pensando una cosa, a mediodía cree otra y por la noche dice una distinta. Inconsistencia en las ideas e inconsistencia en el mensaje. Y por si fuera poco, contradicciones abiertas entre sus ministros… No, definitivamente no, C.J. Cregg nunca podría ser portavoz en Moncloa.

Hacer campaña sin bajar del autobús

John Kerry no despertaba demasiadas pasiones. Europa tenía fe en él –bueno, quizás desesperación sería la palabra justa- pero para muchos norteamericanos, a ese hombre le faltaba espíritu cuando se dirigía a las masas. Lo tenía todo a favor: un presidente impopular que comandaba una guerra ilegal. Un presidente que, cuando los jóvenes americanos luchaban en Vietnam, usó sus influencias para servir en su Texas natal. Él era un héroe de guerra, había arriesgado su vida por los compañeros en el frente. Lo tenía todo de frente para ser presidente.

Pero de golpe apareció un spot de campaña que no lo firmaba el cuartel de Bush. Una asociación de veteranos de Vietnam (Swift Boat Veterans for Truth) ponía en duda su heroísmo. Una serie de anuncios que ponían en tela de juicio la honestidad de alguien que parecía moralmente superior al presidente Bush.

Aunque en este caso la dirección del anuncio era clara y no era preciso tener muchas luces para entender de dónde venía el ataque; el mensaje caló. Y el daño fue tan grande que Kerry no pudo despegar en las encuestas…

Este ejemplo nos sirve para ilustrar como a veces, asociaciones pueden tener una gran influencia en una campaña o en modelar una percepción. Pero sobretodo, como cada país sabe buscar su propio modo de colarse en la campaña oficial. La práctica de financiar spots de asociaciones que defienden los mismos objetivos que los candidatos es muy común en Estados Unidos. En España no tanto en televisión –principalmente por el coste y porque el tejido asociativo y de lobbys no es el mismo- sino en otros formatos. Y parece que el formato estrella son los autobuses urbanos.

Asociaciones tan variopintas como los defensores de la supresión del impuesto de sucesiones, los defensores del bilingüismo o los ateos y los creyentes, han protagonizado campañas en autobuses que, más por las decisiones de los entes que por los mensajes, han generado polémica. Pero en cierta manera, consiguieron sus objetivos: poner el tema sobre la mesa. Quizás no con la misma concreción o efectividad de los norteamericanos, pero hacer política y comunicarla ya no es dominio exclusivo de los partidos.

Aunque en el caso de los autobuses lo que lo convierte en una potente herramienta de comunicación política es la reacción que generan. Y el último caso es un buen ejemplo. Tarragona y Girona, capitales gobernadas por el PSC han prohibido que en sus autobuses aparezca la campaña contra la ley de sucesiones y eso es lo que ha encendido la polémica, multiplicando los impactos, los comentarios y el estado de opinión sobre el tema. Más que si hubiesen permitido que el anuncio se paseara por estas dos ciudades. A veces no es necesario poner las siglas y el logo de un partido para hacer ruido. Seas un veterano del Vietnam o el dedo de un cadáver en un mortuorio.

¿Quién manda en el PP?

Ricardo Costa ha puesto en evidencia a Mariano Rajoy cómo pocas personas han hecho en los últimos años. Ayer el castellonense fue el director de una extraña puesta en escena que mantiene ha mantenido en vilo a gran parte del país.

Costa jugó muy bien sus papeles y demostró eso que la venganza es un plato que se sirve frío. Su retiro por el Camino de Santiago le ha permitido ser el contador de una gran historia que tendrá efectos graves en el Partido Popular.

Por lo pronto, muchos ciudadanos, especialmente los que serán decisivos para ganar las elecciones, se preguntaron “¿Quién manda en el PP?”, porque la cantidad de mensajes contradictorios que estan recibiendo les ha llevado sin duda alguna a esa reflexión. Y Costa fue el máximo instigador de esos mensajes, con un Francisco Camps que no sabe muy bien qué hacer.

A nivel comunicativo, el órdago de Costa rozó la perfección. Hizo valer como pocas veces se han visto la máxima de Clausewitz: la mejor defensa, es la defensa misma. Y urdió la trama que todos más o menos conocemos.

Pero me parecen especialmente interesantes algunos elementos del relato que nos presentó el ya ex-secretario general del PPCV:

El tempo

Ricardo Costa manejó a su antojo el tiempo informativo de los medios y la opinión online. El comunicado que leyó antes de la reunión que debía certificar su defunción política aumentó la temperatura política. Uno de esos giros inesperados cuando todo el mundo daba por sentado que su marcha era ya un mero trámite. Pero no, alimentó la tensión y revalorizó su propia persona en vistas a la reunión. Él no se marchaba, sino que le echaban. Y no estaba dispuesto a hacerlo sin llevarse a alguien por delante.

Tras la reunión, mantuvo el tempo. No sólo hizo una gran maniobra de distracción para evitar que la prensa acosara al president Camps, sino que tras la reunión compareció para informar que él no se marchaba. Y si lo hacía, era con varias condiciones.

La pelota en el tejado de Camps y Rajoy. Camps no ha hecho los deberes y Génova tiene que confirmar que Costa ya no es secretario general de los populares valencianos

El lenguaje no verbal

Costa comunicó perfectamente lo que quería hacer sin necesidad de decir nada. Su entrada a la sede del PP era toda una declaración de intenciones. Paso firme, sonrisa de oreja a oreja. Aparece sin corbata, relajado. Algo hace presagiar que no va a ser una presa fácil.

Su pose, ya con corbata, mientras lee el comunicado es otro libro abierto. De frente, con firmeza, en la primera línea de fuego. Y tras ello, las fotos que trascienden del cónclave popular, con francas sonrisas, rostro relajado y otra vez sin corbata. Una contradicción enorme entre la historia oficial y lo que comunicaba su persona.

El mensaje

El mensaje de Costa ha sido muy claro. No se va, le echan. Y no sólo eso, sino que amenaza de facto con tirar de la manta. La comisión de investigación que ha propuesto va por ese camino, y el vericueto relatado tras la reunión sobre tal comisión y su suspensión sólo si ésta se forma, es una forma única de enviar un mensaje claro: él tiene la sartén por el mango.

Pero también es un mensaje de la propia situación del PP, en que Camps anuncia su destitución a Génova, pero Costa niega que esto haya ocurrido. Un mensaje en toda regla de qué la nave popular no sabe quien la gobierna. Aunque el PPCV se esfuerce en mostrar en la home de su web un mensaje como “El PPCV sale más unido y reforzado tras la celebración del CER”, con una foto de Camps y Costa sonrientes.

Tras analizar estos elementos, el lío Gürtel se enreda más de lo que se podía esperar. No sólo se evita una acción contundente que dé aire a Rajoy y Camps, sino que la acción tiene los efectos contrarios: sembrar más dudas. ¿Por qué Camps sigue apoyando a Costa mientras anuncia a Rajoy que todo terminó?

El efecto más inmediato es la demostración pública de la fortaleza de Costa. Ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha demostrado una sangre fría que asusta. Si alguien es capaz de escenificar así su muerte política ¿de qué no será capaz?

Elecciones alemanas: Yes, Angela Can!

Angela Merkel ha conseguido en 4 años ser un referente para los conservadores europeos. Respetada y admirada más allá de sus fronteras, hoy despejará algunas incógnitas básicas para entender su futuro político. Si no hay sorpresas –y nada las presagia- la cancillera alemana repetirá en el cargo aunque seguramente lo hará con nuevos compañeros de viaje.

Tras las dificultades de la CDU y el SPD para formar gobierno por separado en 2005, se formo la gran coalición con estos dos partidos. Un movimiento político necesario para asegurar la gobernabilidad del país, pero tremendamente incómodo para los dos equipos. Así, como suele pasar en el mundo de las coaliciones, saber repartir los éxitos y fracasos no siempre es fácil.

Todo apunta a que esta gran coalición no será necesaria. Su rival, y hasta ahora vicecanciller federal, el socialdemócrata Frank Walter Steinmeier, no ha conseguido sobreponerse a la ola de apoyos que Merkel ha cosechado, tal y como indicaba Gutiérrez-Rubí esta semana en Público. Steinmeier no sólo organizó un gobierno en la sombra al propio gobierno en el que estaba, antes del verano, sino que ha tenido que hacer frente a la oposición de sectores tradicionalmente afines, como los sindicatos.

Ante este contexto, los liberales pueden ser el sustento de Merkel en la etapa que empezará el próximo lunes.

Merkel es la dirigente político más influyente del mundo, pese a tener un perfil comunicativo bajo y reservado y hacer gala de una timidez poco habitual en un mundo político tan centrado en los impactos mediáticos. Pese a ello, seguramente los alemanes y alemanas vean con buen ojos su resolución, determinación y eficiencia. Pese a que, tal y como corresponde con su ideología, eso signifique poner en duda las coberturas sociales de un país como Alemania.

Otra de las cuestiones interesantes de lo que ocurra hoy será observar la participación electoral en un contexto de crisis económica y con dos candidatos que no son, precisamente, un ejemplo de conexión con el electorado. Berlín vivió un momento histórico con el discurso de Obama que difícilmente podrían protagonizar Merkel o Steinmeier.

Europa observa atenta a lo que ocurra en Alemania, no es para menos.

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Los políticos tienen mucho cuento

Uno de los recuerdos más vivos de mi infancia son los cuentos que mi madre nos contaba cada noche. La mayoría de las veces no era la lectura de alguno de los cuentos más famosos de nuestra cultura, sino que se los inventaba ella misma para darnos alguna moralina sobre, seguramente, la enésima pelea del día con mi hermana.

Cuando me tocaba dormir en casa de mis abuelos, un tío de mi madre solía contarme cuentos también, casi siempre los grandes clásicos: los tres cerditos, caperucita… Clásicos que hemos compartido generación tras generación y que son unos grandes trasmisores de valores.

Lo que en ellos se cuenta,  ha ayudado a forjar nuestro sistema de valores. Sabemos que debemos decir siempre la verdad y ser creíbles, para que no nos dejen solos con el lobo cuando finalmente aparezca. Tenemos consciencia de la necesidad de trabajar duro durante el verano, como la hormiga o ser incansables trabajadores como el cerdito de la casa robusta. Los cuentos han hecho mucho por nosotros, aunque no seamos conscientes.

Según el psicólogo Drew Westen, apelar a los mismos valores que hemos heredado de nuestros padres a través de los cuentos, debe ser una prioridad en el discurso político. En primer lugar, porque al tenerlos interiorizados nos es más fácil apelar al centro de esos valores. En segundo lugar, porque facilita la comprensión, al ser algo ya aprendido y familiar y, en tercer lugar, por las virtudes narrativas que tienen este tipo de historias.

No es que los políticos deban contar cuentos como si fuéramos niños a punto de acostarnos, sino que debemos adaptarlos siempre que sea posible.

No sé si conocéis la narrativa americana, pero uno de los grandes cuentos infantiles es una bonita historia llamada “The little engine that could”. Este verano pude echarle un vistazo en una librería americana en Amsterdam que me quitó el sentido, y estuve a punto de comprarlo. El cuento, con muchos dibujos y poca letra, viene a contar la historia de un pequeño tren de mercancías que transporta juguetes, muñecos, caramelos, etc. para hacer felices a los niños y niñas de un valle próximo. El tren, cargado de sueños e ilusión se dispone a llegar a allí, pero mientras sube la montaña, la máquina se rompe.

Esa carga tan especial ve pasar a un gran tren de pasajeros (el equivalente a un AVE, para entendernos) y le piden que les lleven, que los niños están esperando recibir todas esas cosas. El tren les dice que no, que es demasiado importante para llevarles. Tras él, pasa un enorme y fuerte tren de mercancías, que al ser requerido a hacer lo mismo, les rechaza apelando a que es una máquina demasiado buena para ello, y que además, está ya cansada. Finalmente, aparece una maquinucha azul, pequeña, insignificante… La carga es demasiado grande para ella, pero acepta llevarles al valle.

La pequeña locomotora azul se repite todo el camino “I think I can” –creo que puedo- y lo va diciendo todo el tiempo, haciendo gala de confianza y fe en lo que está haciendo. “I think I can, I think I can, I think I can, I think I can, I think I can…” repite sin cesar, hasta que cruza el monte y llega al valle donde los niños esperan la recompensa.

En pocas páginas, toda una historia de superación de dificultades, de creer en uno mismo, de hacer el bien, de ayudar al prójimo, de orgullo, de superar las divisiones, de combatir a los que miran por encima del hombro… Un gran conjunto de mensajes a transmitir.

Y esta historia del pequeño tren azul que podía, ¿no os recuerda mucho a una campaña que decía “Yes, we can” todo el tiempo? ¿No os recuerda a un candidato que era el peor posicionado para ganar unas elecciones presidenciales? ¿No os recuerda a un mensaje político que decía que era preciso arrimar el hombro por un bien común? ¿La pequeña locomotora no es Barack Obama?

¿Y nuestros políticos, representan a alguno de nuestros personajes de los cuentos?

¿El PP comparte asesor con Belén Esteban?

Rajoy comparte asesor con Belén Esteban. Estoy convencido. Sólo así puede entenderse que tanto el PP como la Esteban hayan iniciado este verano una estrategia de lo más esperpéntica para captar la atención de los medios: y lo han conseguido. Poco importa a costa de qué, pero lo han conseguido.

No es ni casual ni fortuito que la rocambolesca teoría de la inquisición al principal partido de la oposición aparezca en verano, en pleno agosto. No es fruto de un descuido que María Dolores de Cospedal haga unas de las declaraciones más graves de la democracia en la playa y en agosto. No es un error. Sabían muy bien lo que hacían: asegurarse el dominio mediático en el momento del año en que la política tiene menor actividad.

No fue casual, tampoco, que el tema Watergate estallara en el verano de 1973 y no durante las elecciones: hacer según que cosas en verano te asegura mantener viva la llama de tu historia. Y así ha sido. Pero, ¿a costa de qué?

El Partido Popular se ha propuesto dinamitar los puentes con todos. Saben muy bien lo que hacen, ser un mártir en política vende, y mucho. Poco importa que hayan deslegitimado a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado –sí, los mismos a los que felicitan por desmantelar zulos de ETA-, a jueces y fiscales –que raro que no los deslegitimaran con tanta fuerza ante tantos errores o polémicas judiciales, como el magistrado homófobo y alguno de los machistas, por decir algo- y a todo el que se atreva a apuntarles con el dedo.

Saben muy bien lo que hacen al crear una enorme cortina de humo para tapar quien sabe qué a costa de mucho. Eso sí, cuando se habla de la previsible sentencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso que ellos mismos presentaron contra el Estatut, entonces habrá que acatar a pies juntillas la sentencia. Cuando va contra nosotros, son malos. Cuando van con nosotros, son buenos.

Y digo que el PP me recuerda a la Esteban porque se ha pasado el verano hablando de lo suyo, de lo de siempre (su ex-novio, la mujer de su ex-novio, su hija), con un baile de acusaciones sin pruebas, sin presentarse en un juzgado. Y es que parece ser que acusar a todos de contra todo es gratis en este país.

Parece como si, como sociedad, nos hubieran puesto algún anestésico en el agua de las playas y piscinas para que nadie se levante y diga basta. No se puede ser una alternativa seria de gobierno en este país tras haber deslegitimado sin una sola prueba a la médula espinal de nuestra convivencia. Ya no es una cuestión de ideología política, es una cuestión de decencia: si lo que ha denunciado el PP es cierto, pruébenlo de una vez y yo seré el primero en pedir que dimita en bloque el gobierno.

Pero el PP tendrá suerte. Nuestra memoria colectiva es débil y cuando lleguen las elecciones ya no pensaremos en eso. Cospedal no habrá dimitido. Tampoco lo habrá hecho Camps (los tribunales le han absuelto, de momento, pero como ciudadano me preocupa eso de ver como nuestros políticos reciben regalos a cambio de Dios sabe qué), y ni siquiera lo habrá hecho Rajoy.

Tampoco habrá desaparecido la Esteban de la televisión. Como tantos otros personajes de la televisión que también contribuyen al descrédito de la justicia con demandas arriba y abajo. Pero bueno, quizás el anestésico social lo estará aplicando la Esteban, que aconsejada por el mismo asesor popular, sabe que el pan y circo minimiza la irresponsabilidad popular… y si la Esteban por Andreíta ma-ta, ¿que no estará dispuesto a hacer Rajoy por ser presidente?

(Atención a lo que dice la Esteban en el minuto 4:15…)

Montilla no es Obama

Montilla no es Obama, de eso estamos seguros. Y tampoco hace falta que lo sea. Mucho se ha escrito sobre el liderazgo del presidente de la Generalitat, sobre su manera de hacer. Mucho se ha hablado también de sus puntos débiles y de sus puntos fuertes, que encarna a la perfección el lema de su campaña: Hechos, no palabras.

Y estoy de acuerdo con el presidente, en comunicación a veces son más importantes los hechos que las palabras. O lo que es lo mismo, a veces es más importante el hecho en sí mismo que lo que se dice. Por eso me gustaría analizar la mise en scène del acuerdo de la financiación de ayer.

Según la escuela de comunicación de Palo Alto, Claifòrnia, en comunicación el mensaje, lo que se dice, sólo tiene una importancia del 20%. El 80% restante es como lo decimos. Y creo que ayer el Gobierno de la Generalitat perdió una oportunidad para reforzar uno de sus puntos más débiles.

Con un retraso de 11 meses las cosas se podrían haberse hecho mejor. Si la intención del Gobierno era reforzar la imagen de Montilla, la comparecencia debería haber sido inmediatamente posterior a la de Salgado o en horario de máxima audiencia. Dejarlo para un domingo de verano a media tarde no parece la mejor opción.

La primera opción hubiera dado un cierto toque de bilateralidad oficiosa, y la segunda opción, hubiera conseguido la entrada en directo en los informativos. Pero no ha sido así.

Además, la Generalitat tardó en dar material a la Red. Hasta bien entrada la noche no se colgó la declaración institucional del presidente y ni la home de la web ni el perfil de Twitter dieron ninguna información, relevancia o importancia al hecho. Los vídeos de Montilla, imposibles de encontrar.

Y esta es la clave: no haber permitido que en las horas inmediatamente posteriores a su anuncio, se pudiera liderar el tempo. No ya desde los medios tradicionales, sino en la conversación. Esta tarea la hicieron los diputados del PSC a través de sus twitter y Facebook.

Pero vamos al 20% restante, el discurso. No es un mal discurso, pero ayer el Gobierno tenía la oportunidad de centrar el tema en los beneficios del nuevo modelo por los 7 millones de catalanes. El análisis del discurso nos permite observar:

  • ciertos elementos presidencialistas (que buscan reforzar la imagen del presidente como “Hoy he hablado con los líderes de todas las fuerzas políticas” o “Como Presidente, quiero deciros que tengo la esperanza…”)
  • ciertos elementos patrióticos, sin levantar demasiado el vuelo ( “Este será un gran acuerdo … que hará grande a Catalunya”)
  • y la parte de agradecimientos.

¿Qué sería de este mismo discurso si se hubiera personalizado? ¿Qué hubiera pasado si lo hubiera empezado con una historia? ¿Y si hubiera ligado pasado, presente y futuro? ¿Y si hubiera conectado con la gente en horario de máxima audiencia? ¿Y si hubiera sorprendido con su mejor discurso?

Creo, sin embargo, que estas carencias se explican por el protagonismo cedido a Esquerra para que pudiera aceptar el acuerdo. ERC lideró el proceso toda la tarde. Por cierto, en una comparecencia que tampoco tuvo en cuenta algunos detalles elementales.

Por eso citaba a Obama, como podría citar a cualquier otro líder americano. Conocedores de la importancia de un buen discurso o de una buena foto, hubieran tenido en cuenta todos estos detalles. Seguramente, si Montilla hubiera sido Obama, hubiera comparecido con algún Mosso d’Esquadra o alguna doctora apoyando al presidente, para mostrar el hecho que se destinará en un 80% a servicios sociales.

Pero Artur Mas tampoco es Obama. Y la primera negativa al acuerdo de financiación no debía hacerse saliendo de la piscina. En aquel momento debía hablar de la actividad solidaria, pero las declaraciones sobre un tema tan central deberían haberse hecho detrás de un atril y ofreciendo toda la imagen presidencial que se pueda.

Os recomiendo mucho este post del siempre atento Toni Aira.

El control del lenguaje, clave en política

Que el uso de los términos correctos es importante para una óptima comunicación, es algo de sentido común. No descubrimos la panacea al ponerlo en el foco. Pero a veces se nos olvida o, en el peor de los casos, no podemos colocar aquellos conceptos clave en la opinión pública.

La guerra de las palabras es una constante entre los departamentos de comunicación de partidos e instituciones y los medios. Lo que cobraba un especial sentido cuando había relativamente pocos medios, pero que hoy muestra una dificultad cada vez mayor.

Esta semana la Comisión Europea a través de su comisaria de Sanidad, Androulla Vassiliou, ponía sobre la mesa la denominación que debería tener la gripe que está asolando al mundo entero. La famosa gripe porcina debe llamarse “nueva gripe”. El motivo es bien conocido: no afectar a un sector económico. Pero la pregunta que debemos hacernos es, ¿habrán conseguido revertir la denominación que se había acuñado?

Si observamos lo que ocurre en la red, el resultado es claro: según Google Trends, en las búsquedas y apariciones en noticias en España el término “gripe porcina” vence de forma aplastante a la “nueva gripe”.

La línea azul es la gripe procina y la roja, la nueva gripe.

Tenemos otros ejemplos: durante la crisis abierta por las filtraciones en relación a los cambios en el ejecutivo, se intentó (sin suerte) plantear la situación como un cambio, una reestructuración o un fortalecimiento del Gobierno para afrontar la crisis. Sin embargo, los medios optaron por llamarlo lo que era, una crisis de Gobierno en sí misma.

Otra reflexión que ilustra la importancia de manejar bien los términos y ser capaces de difundirlos lo veremos cuando nuestra economía de síntomas de recuperación. Y ese día no será cuando los indicadores lo empiecen a mostrar, sino cuándo los medios (tradicionales, online y la propia red con sus blogs, redes sociales…) empiecen a hablar y titular abiertamente con “recuperación económica” en vez de “crisis económica”. Parece lógico, y lo es.

Porque la comunicación tiene ese punto de manejo de percepciones que, fundadas o infundadas, son las que mueven a los individuos a la acción. Ya sea a comprar un producto, a viajar o a votar en un determinado sentido.

El control del lenguaje será una de las claves para la batalla política que se nos plantea. El control de la agenda, como siempre, será importante… pero quién domine el lenguaje tendrá la llave de la victoria. Os dejo este fragmento:

A long time ago in China, a philosopher was asked the first thing he would do if he became ruler. The philosopher thought for a while, and then said: well, if something had to be put first, I would rectify the names for things.

His companion was baffled: what did this have to do with good government? The philosopher lamented his companion’s foolishness, and explained. When the names for things are incorrect, speech does not sound reasonable; when speech does not sound reasonable, things are not done properly; when things are not done properly, the structure of society is harmed; when the structure of society is harmed, punishments do not fit the crimes; and when punishments do not fit the crime, the people don’t know what to do.

“The thing about the gentleman” he warned, “is that he is anyhting but casual where speech is concerned”. The philosopher’s name was Confucius, and he was referring to a phenomenon that is all around us today. He was talking about Unspeak.

Una historia de ruido

Mucho, mucho ruído. Sabina lo cantaba en Ruido, y es lo que me viene a la mente cuando intento analizar los hechos en qué derivó la protesta contra el Plan Bolonia que tenía secuestrado al edificio del rectorado de la Universitat de Barcelona.

Ruido, porque a día de hoy ese rumor de fondo no nos permite discernir de qué estábamos hablando. ¿Era una protesta contra Bolonia? ¿O era una protesta contra el rector? ¿La noticia era Bolonia… o una carga policial? ¿Tenían el mismo grado de protagonismo los créditos ECTS que el conseller Saura?

No voy a hablar del Plan Bolonia. De hecho, no voy ni a hablar del movimiento contrario a la reforma universitaria ni de la confluencia con otros movimientos, llamados sociales, en las protestas de estos días. Tampoco voy a hablar de Saura o Huguet, de cómo ERC e ICV tienen que hacer frente a una difícil papeleta. No voy a hablar de Mossos d’Esquadra sin identificación visible. Ni tan siquiera del atropello a la libre actuación de los profesionales de la información.

Voy a hablar de ruido. Del ruido emitido por estudiantes, universidad, consejerías, policía y medios de comunicación. De cómo este ruido llega a la opinión pública en forma de una gran nebulosa y todo parece más difícil de comprender de lo que es. El ruido que, tras ser agitado en la coctelera de los medios, nos deja aún más indefensos ante la incomprensión de lo ocurrido.

Los movimientos sociales han elegido, a mi entender el peor momento y el peor modo de hacerse visibles. Es lógico que tras el desalojo busquen el protagonismo y la presión necesaria para no dejar morir su protesta. Pero el resultado ha sido el contrario al deseado: su protesta no está en el centro del debate social y político.

El ruido ha derivado la cuestión del Plan Bolonia a otra muy distinta: la actuación de los Mossos. Hoy lo que se cuestiona la gente y los medios es si la policia catalana actuó en los márgenes de lo aceptable o no. El debate hoy es la gestión de Joan Saura como conseller de Interior, con estos hechos como la gota que colma un vaso lleno de maltratos policiales, kubotanes y otras historias aparecidas en los medios en los últimos dos años.

Es precisamente ese ruido el que ha cambiado las becas y los créditos ECTS por porras, cascos y distintivos policiales. El movimiento contrario a Bolonia ha sido doblemente vencido: primero por la fuerza de las porras y en segundo lugar por el entierro de su historia bajo una más grande.

La solución sólo puede ser la vuelta al diálogo, sin ruido. El diálogo entre las fuerzas políticas catalanas para evitar que casos como estos lastren la necesaria confianza y respeto hacia las fuerzas policiales. El diálogo, también, entre los miembros del gobierno catalán para evitar que parezca que el Departamento de Interior es un ente satelitar del ejecutivo. Un diálogo que, si me permiten la licencia, no puede demorarse si este gobierno quiere llegar al final de su mandato.