Los peligros de la única historia

“Una única historia crea estereotipos. Y el problema de los estereotipos no es que sean falsos, es que son incompletos.” ¡Qué razón tiene Chimamanda Adichie! Estamos rodeados de únicas historias. Son fáciles, cómodas. En un mundo complejo, la complejidad es costosa. Pero la reducción nos lleva a visiones incompletas. Y peligrosas.

Chimamanda Adichie es una escritora africana de éxito. Una mujer nigeriana que ha vivido en su piel como una única historia sobre África determina la visión que tiene la gente de ella sin apenas conocerla. “Mi compañera de habitación en la universidad norteamericana sentía pena por mi antes de conocerme”. ¿Cuántos ámbitos de nuestra vida están regidos por únicas historias que determinan la interpretación de lo que nos rodea? Demasiados.

La comunicación tiene mucho de eso. Intentar contar únicas historias, que sean fáciles de consumir y de digerir. De pasar realidades complejas, llenas de matices, de grises, por un colador chino para dejar una única historia sin impurezas. Agradable al paladar, pero sin explosión de sabores.

Adichie da en el clavo. No solo la única historia nos pone en guardia. No solo esa única historia nos predispone a entender, abrazar, denostar u odiar un concepto, un país, una idea, una persona; el orden de la historia también nos marca el camino.

Así, juntando el orden y la historia, podemos comprender la debilidad de muchos argumentos. Podemos entender porque hay sacrificios que se hacen sin chistar y otros que encienden la indignación popular. Porque aceptamos, sin más, nuevo lenguaje como “copago”. O porque los discursos xenófobos sobre la inmigración, como el que representa el Partido Popular con Albiol a la cabeza, son aceptados con un espeso silencio.

No hay nunca una única historia. Y tenerlas todas, como dice Adichie, sería el paraíso.

En el fondo, la fortaleza de Rajoy

Fortaleza. Robustez. Seguridad. En tiempos de crisis, buscamos esto. En todo lo que hacemos y en todo lo que pensamos. Un cambio laboral: ¿es seguro? Un nuevo coche: ¿es robusto? Una nueva relación: ¿será fuerte? La incertidumbre de la crisis nos lleva a elegir aquellas opciones que nos aportan seguridad. Que nos hacen sentir seguros. No es extraño que Rajoy inicie curso político a los pies de un castillo.

En más de una ocasión hemos discutido la importancia de cuidar los fondos desde los que realizamos un acto. Como el fondo puede ser un espacio de distracción, contradicción o, por el contrario, un elemento que refuerce el mensaje. La elección del castillo de Soutomaior (Galicia) para el inicio de curso del PP es uno de esos ejemplos en que el entorno comunica tanto o más que el propio mensaje.

Rajoy tiene el reto de parecer robusto y seguro en dos ámbitos distintos: en el programático y en el de campaña. Carlos E. Cué y Luis R. Aizpolea lo analizaban ayer en El País: la victoria popular está ya tan digerida que el resultado solo puede empeorar. Para ello, vender seguridad es una prioridad. Rajoy ha salido fortalecido, gracias a la reforma constitucional, en el primer ámbito. En el segundo, la campaña dirá.

Por ello, la estampa de Soutomaior envuelve el mensaje y lo refuerza. A modo heráldico, el castillo gallego viene a representar la fortaleza, la grandeza y la virtud. Conceptos ambiciosos que el Partido Popular aspira a asociar a su oferta política.

La situación no es parecida en las filas socialistas. Ni fuertes, ni robustos, ni seguros. La marca PSOE cotiza a la baja y va camino de ser la marca blanca –Rubalcaba- la que compita por neutralizar el previsible descalabro electoral. Rubalcaba no busca ser fuerte –ya lo es-, quiere ser claro. Tan claro como los dos fondos elegidos por su campaña para enmarcar sus apariciones. Azules, otrora blancos, con su eslogan de precampaña omnipresente.

Pero el PSOE tiene otro fondo menos controlado. No es el de los actos ni el de las intervenciones. Es el fondo del partido. De la militancia. Un complicado fondo tejido por las reacciones a la reforma constitucional, los anuncios de ministros y diputados que no irán en las listas o la propia estampa de Rodiezmo. Empieza una larga y atípica campaña. Y empieza cargada –o cargándose- símbolos. Esto no ha hecho más que empezar.

Guía para seguir la noche electoral

Quédense con esta hora: las ocho de la tarde. En ese momento, toda la maquinaria de la noche electoral empieza a trabajar como un engranaje perfecto. En este post marcamos algunas de las claves imprescindibles para seguirla.

Las encuestas

A las ocho de la tarde, los principales medios de comunicación darán a conocer el resultado de las encuestas a pie de urna que se han venido realizando a lo largo de la jornada. Estas encuestas son importantes porque fijan el marco de la jornada, ya que las comparecencias de los líderes de los partidos se ven influenciadas por el resultado que muestran.

Las entrevistas

Entre la publicación de las encuestas y los primeros discursos de los líderes, el despliegue de los medios de comunicación suele darnos la oportunidad de ver a cargos de los diferentes partidos contestando a preguntas sobre la jornada. El modo en que responden, los mensajes que eligen, etc. son buena muestra de los datos internos que puedan tener y anticipa lo que vendrá.

Los discursos

Cuando el resultado esté avanzado, los líderes de los partidos políticos saldrán a valorar la jornada electoral. Ese discurso es clave para entender el análisis de los resultados que harán los medios y opinadores a partir de ese momento. En unas elecciones con tantos puntos de interés repartidos, los discursos que se hagan a nivel nacional desde los dos grandes partidos tendrán una especial razón: la lectura en clave nacional de las elecciones locales y autonómicas. A estas horas, el PSOE aún no tiene claro quién será el responsable de hacer esa lectura.

La participación

Es otra de las claves de la noche. Especialmente tras los datos obtenidos a lo largo de la jornada y el clima electoral que el movimiento 15M ha conseguido generar. Y con el dato, las múltiples interpretaciones: ¿dónde aumenta más la participación? ¿A qué partidos ayuda? ¿A qué partidos penaliza?

La incógnita UPyD

Las primeras elecciones autonómicas y municipales con UPyD pueden saldarse con unos buenos resultados para la formación de Rosa Díez. Deberemos estar atentos a la materialización de ello.

Los puntos de interés

8.116 alcaldías en juego. La presidencia de 13 comunidades autónomas pendientes de los resultados de esta noche. Y entre todos ellos, algunas plazas que cobran especial relevancia. ¿Qué puntos de interés tiene esta jornada electoral?

  • Esperanza Aguirre, pese a la Gürtel, a punto de revalidar su mayoría absoluta.
  • Alberto Ruiz-Gallardón opta a barrer electoralmente en Madrid.
  • CiU a punto de hacer historia y conseguir la alcaldía de Barcelona. Los dos grandes centros de poder catalanes volverían a tener el mismo color.
  • El PP opta a desalojar del poder, por primera vez en la historia, al PSOE en Extremadura y Castilla-La Mancha.
  • ¿Conseguirá Álvarez-Cascos la presidencia de Asturias?
  • ¿Empieza en Sevilla la victoria popular en las elecciones autonómicas de 2012?
  • ¿Qué apoyo tendrá Bildu?

El seguimiento online

Twitter será un canal clave para conocer tanto los resultados globales como para ir conociendo los resultados de varias mesas. Cada vez son más los presidentes y vocales de mesa, apoderados e interventores que narran las jornadas electorales. Iremos conociendo resultados, así como anécdotas e incidentes en directo.

Veremos también si el abandono de los canales online abiertos por los líderes empieza desde esta noche. ¿Darán su valoración de resultados también desde Twitter y otros canales online?

Un fotógrafo para Zapatero

Urgentemente. La presidencia del Gobierno necesita los servicios de un fotógrafo que vaya más allá de las típicas fotografías que encontramos en el sitio web de La Moncloa. Lo necesita, porque del mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, quedará en el recuerdo su foto de la cumbre de Bucarest. Aquella en la que estaba absolutamente solo mientras sus colegas charlaban al fondo. Lo necesita porque una imagen vale más que mil palabras y una foto puede ser el legado de una presidencia.

De hecho, tras preguntar a casi cien personas qué foto les viene a la mente cuando piensan en Zapatero, el 45% piensa en la foto de Bucarest. El 55% restante se fragmenta, siendo esa la fotografía recordada por más gente en una pregunta abierta. De hecho, las personas que piensan en la foto de sus hijas, o la de Mr. Bean, representan un 10% en ambos casos.

Para el 35%, la foto que asocian con Aznar es la de las Azores, seguido por un 24% que lo hace con la foto del presidente con los pies en la mesa en presencia de George Bush. En el caso de Rajoy, la respuesta más repetida, con más de un 40% de respuestas es que no tienen una imagen clara, seguida de su foto con un puro o la del helicóptero, ambas con un 14% de respuestas. Rajoy también lo necesita.

Esta pequeña investigación nos permite observar la importancia de facilitar las imágenes de nuestros líderes a los medios y al público en general. Las fotografías resultantes de Zapatero, Aznar o Rajoy no son las que desearían sus equipos. Son las que consiguieron colocar los medios. Dejamos en manos de terceros la difusión y los resultados no siempre son los esperados.

¿Fotos? ¿Para qué?

Elegir las fotos que llegarán al público es de suma importancia. Incluir el cuidado por este aspecto en la comunicación de un candidato o un líder es importante porque nos aseguramos que controlaremos lo que comunique esa foto. De hecho, tal y como comenta Xavier Peytibí, si lo hacemos, las fotografías serán “escogidas por el propio gabinete del político. Por supuesto el político siempre sale perfecto”. O lo que es lo mismo, podemos dar coherencia al mensaje con la imagen elegida.

La Moncloa, como tantos centros de poder, tiene fotógrafos entre su personal. Reflejan la actividad del presidente a nivel institucional e inmortalizan los momentos de ciudadanos y ciudadanas con el presidente. Fotografías que después llenan despachos y salas de estar. Pero La Moncloa, como tantos gobiernos autonómicos o centros de poder de otros países, olvida el poder de la fotografía en vistas al gran público.

Zapatero no puede estar constantemente ante una cámara de televisión. De hecho, hay gestiones de un presidente que no pueden ser grabadas por una cámara. Pero sí inmortalizadas por una foto. La Casa Blanca lo sabe bien. Cuando Obama llama por teléfono a cualquier líder extranjero durante una crisis o gestiona un desastre, tenemos la foto de Souza que muestra el modo de trabajar del presidente. ¿Tenemos alguna foto de Zapatero gestionando la crisis de los controladores?

Belleza, poder y vida cotidiana. Los frutos del full-access

Los casos paradigmáticos del uso de la fotografía para reforzar el mensaje y contribuir a la imagen de liderazgo de los líderes políticos, los encontramos en Estados Unidos y Reino Unido. Peter Souza y Andrew Parsons son, respectivamente, los fotógrafos que cubren el día a día de Barack Obama y David Cameron. Consiguen, mediante el acceso total a sus mandatarios, reflejar la importancia de las tareas que lleva a cabo un líder en esa posición.

Souza y Parsons consiguen reflejar con gran belleza y con un talento por captar los detalles, lo que supone el trabajo de un líder. Consiguen que miles de personas entren en la intimidad del poder, al mismo tiempo que reflejan la dignidad del cargo. Tarea nada fácil.

Internet es, en esto, un gran aliado. Tanto la Casa Blanca como el 10 de Downing Street suben a sus perfiles en Flickr esas fotos, permitiendo que sean esas y no otras las que puedan elegir, propagar y consumir los usuarios. Hacen de Internet una poderosa herramienta para ganar la batalla de la imagen en un mundo saturado de información.

Los detalles cuentan. Las imágenes cuentan. Las fotografías hablan sin necesidad de palabras. Entender eso es de vital importancia para los que velan por el mensaje, por los atributos y por lo que comunicamos cuando no decimos nada. ¿Seguirá la imagen del presidente en manos de terceros?

Los políticos psicópatas

Artículo publicado en la edición en español de la revista Campaigns & Elections:

Son incapaces de ponerse en la piel de otros. No pueden llegar a sentir lo mismo que otras personas. Incapaces de ponerse, por un momento, en la piel del otro. Sin remordimientos, manipuladores, astutos. Capaces de engañar a otros en búsqueda de su propio interés. Vanidosos, megalómanos… Podría ser una definición de algunos de nuestros líderes. Pero no lo es. Así son los psicópatas, y algunos políticos, del modo en que actúan, parecen hacerlo como ellos.

Los tiempos de crisis que nos han tocado vivir son el escenario perfecto para mostrar la incapacidad de muchos líderes para ponerse en la piel de los que más sufren. Recortes, situaciones duras, decisiones inaplazables. Este ha sido y es el terreno de juego para muchos de los líderes que gobiernan países a lo largo y ancho del planeta. ¿Habían olvidado que gobernar era tomar decisiones que no siempre son las más agradecidas?

Líderes nacidos bajo el influjo de los años de vacas gordas. Políticos herederos de una era en expansión. Trabajo y resultados en medio de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas. Es en ese momento en el que un líder debe serlo también en el mensaje.

¿Y todos han estado a la altura? Hemos visto como se han exigido esfuerzos y sacrificios, incluso apelando, sin pudor alguno, al célebre “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” de Winston Churchill. Ni recurrir a los que nos precedieron ha servido para salvar el obstáculo. Les han olvidado en el mensaje, han obviado lo más importante: las personas esperan de sus políticos algo más que frases para la historia.

“¿Puede pedir apoyos alguien que no comprende lo que suponen sus palabras para la mujer que no encuentra trabajo, el joven que dejó los estudios en la cresta de la ola y ahora no tiene futuro o para el funcionario al que le recortan sueldo y beneficios?”

Un trastorno… de comunicación

Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill o incluso Kennedy han sido referentes para presidentes, primeros ministros y, por ende, sus escritores de discursos. El problema es cuando las llamadas al esfuerzo y al sacrificio, los anuncios de drásticas decisiones y la explicación de la política se han hecho de espaldas a los ciudadanos.

Así, muchos líderes políticos han caído en un trastorno… de comunicación. Como si sufrieran una psicopatía que les llevara a actuar como las personas que sufren un grave trastorno de la personalidad. Como si se volvieran antisociales, incapaces de sentir lo que siente un ciudadano de a pie. ¿Puede pedir apoyos alguien que no comprende lo que suponen sus palabras para la mujer que no encuentra trabajo, el joven que dejó los estudios en la cresta de la ola y ahora no tiene futuro o para el funcionario al que le recortan sueldo y beneficios?

En España, las encuestas y sondeos no han dejado de mostrar un desencanto creciente de la ciudadanía hacia la política. La confianza de la ciudadanía hacia los líderes políticos, tanto en el Gobierno como en la oposición, es escasa. Son varias las causas que nos han llevado hasta esa situación, desde el resultado de las políticas públicas emprendidas hasta la percepción de la gestión realizada por parte de la ciudadanía. En la base, sin embargo, está la que quizás es la piedra angular de toda relación: la constatación de que algo falla en el proceso de explicar las cosas.

Los sofistas nos dirían, seguramente, que la existencia de los políticos psicópatas no es posible. Si la verdad tiene su fundamento en la experiencia, ni el mejor de los discursos podría hacer cambiar esa verdad. Pero la realidad es que no hablamos solo de un trastorno de comunicación puntual. No es una piedra en el camino. El político psicópata lo es porque ha perdido ya la noción de a quién se debe: a los ciudadanos a los que representa.

El lema original de los Estados Unidos rezaba “E Pluribus Unum”, de muchos, uno. Refiriéndose a la formación del país, no ha dejado de ser un lema usado en infinidad de contextos y alocuciones presidenciales. Permítanme que me aventure a apuntar que ese trastorno de comunicación –y político a la vez- precisa de comprender que un líder es uno de muchos… que debe sentir y pensar como muchos y menos como uno. Entender el liderazgo político como un camino en una sola dirección hacia un destino, aleja a los políticos de la auténtica base de la comunicación y de la política: la empatía.

Empatía en la base de la comunicación

Según Drew Westen, el psicólogo norteamericano que ha reflexionado sobre la importancia de las emociones y el cerebro en la toma de decisiones políticas, la mayor parte del peso en las decisiones que tomamos, la tienen precisamente las emociones. De hecho, la capacidad de empatía hacia un líder, un partido o el caso particular que reine en la agenda política del momento, puede ser más determinante para justificar nuestra posición que elementos más racionales.

En el interior de lo que sufre. Del sufrimiento. El origen griego de la palabra nos pone en la pista de la base de lo que más necesita la comunicación política en estos difíciles momentos. Necesitamos más que nunca comprender los sentimientos de quiénes interpretarán nuestro mensaje. Ponernos en los zapatos de los que caminan, aunque nos queden pequeños.

La política contemporánea, tan acostumbrada al valor de la demoscopia centrada en la intención de voto, pierde el foco del valor de las personas. De las emociones que son las que, en muchas ocasiones, acaban afectando al apoyo a un líder. Emociones que se manifiestan en esa necesidad de entender que la empatía debe estar en la base del discurso, del mensaje y de la propia política.

Algo que pasa desapercibido en los tediosos cuestionarios telefónicos. “¿Cómo se siente…?” Nunca aparecerá en el mismo nivel de los índices de popularidad. Pero nos dice tanto la respuesta a esa pregunta. Quizás porque en esto las neuronas espejo sean más potentes que una proyección. Al fin y al cabo precisamos ponernos en la piel del otro antes de dirigirnos a él.

No es que los políticos se vuelvan, de golpe, unos psicópatas en el mensaje. Berlusconi no incurrió en un error de forma fortuito cuando, tras los terribles temblores en L’Aquila, afirmó que los ciudadanos que habían perdido sus casas y estaban siendo atendidos en tiendas de campaña, debían tomarse la experiencia como si fuera “Un día en el camping”. Una expresión que dio la vuelta al mundo y puede pasar por fortuita. Pero cuando no hemos considerado nunca lo que provoca en los corazones de los ciudadanos nuestro mensaje, no podemos esperar comprender lo que sienten en situaciones extremas. Los políticos que nunca tuvieron a los ciudadanos en el centro de su acción, no pueden comprenderlos.

¿Líderes empáticos?

Beethoven recomendaba no romper el silencio si no era para mejorarlo. Muchas veces lo rompemos para anunciar medias, políticas o acciones que pueden mejorar, no el silencio, sino la vida de los ciudadanos. Pese a ello, al romper el silencio con un discurso anclado en el yo, nos enfrentamos no ya a un riesgo, sino a la constatación de esa brecha entre quién habla y quién siente.

“Los líderes políticos, por su exposición en los medios y por la importancia de la política en la gestión de los temas públicos, son incitadores sociales.”

Por ello, es más importante que nunca preguntarnos si estas épocas difíciles precisan de líderes empáticos. Líderes que comprendan lo que sienten la mayoría de los ciudadanos. Sentir, emocionarse… sin prejuicio de las capacidades para gobernar, dirigir y crear.

Los líderes políticos, por su exposición en los medios y por la importancia de la política en la gestión de los temas públicos, son incitadores sociales. Modelos a seguir para muchos ciudadanos, quizás no para imitar sus vidas, pero sí para seguir lo que dicen, lo que piensan. Esta condición de incitar emociones en muchos ciudadanos nos describe también la importancia de contar con alguien que pueda encender esa chispa en grandes sectores de la sociedad.

El candidato o candidata debe tener, además de esa capacidad de gestionar emociones, la empatía suficiente para comprender, no sólo a los miembros de su equipo –un presidente de gobierno que comprenda a sus ministros siempre pondrá más de su parte para la coordinación de la acción política que uno que no lo haga- sino para con los ciudadanos. Sólo con una gran capacidad de empatía puede aparecer cercana una persona que vivirá recluida durante años en un cubículo de trabajo y seguridad y que hará campaña movido de un lado a otro con una apretada agenda.

La empatía debe ser la base del nuevo carisma del liderazgo emocional. Un carisma basado no en la dureza, la resolución o la fortaleza de quién aspira a gobernar un país, sino en aquella persona que comprende a los ciudadanos de ese país. El carisma de personas próximas y sinceras, que no tienen miedo a conversar con la gente –en persona o a través de la Red-, que no tienen miedo a preguntar la opinión y que dejan en sus manos también la creatividad de sus apoyos.

Para el líder emocional la mentira no existe, ya que la verdad es su salvaguarda política. Sólo puede establecerse una relación de confianza con el electorado si se acepta esta premisa, con todos los efectos que tienen en varios aspectos comunicativos, como en la comunicación ante una crisis y en la propia asunción de responsabilidades.

Precisamos, en definitiva, una concepción emocional y empática de la política. Necesarios para recobrar la confianza en la política y la participación de la ciudadanía en los asuntos que le incumben. Necesitamos entender que nuestros líderes sienten tanto como nosotros. Y nuestros políticos deben entender qué sentimos para dirigirse mejor, de forma más eficiente, a la ciudadanía.

Estos liderazgos deberán ser la norma en el siglo XXI. Sólo así podrá superarse la desafección creciente que pone en riesgo al propio sistema democrático. Sólo así podrá devolverse a la política su auténtico significado de gestión de los temas públicos, en beneficio de todos y para asegurar la convivencia.

La comunicación política emocional está llamada a suplir las limitaciones de la concepción clásica de las campañas. Alimentar los vínculos emocionales que la propia política crea es la base para la fidelización pero también la base para entablar una relación más responsable. A suplir la relación poco sostenible con políticos psicópatas que ni sienten ni dejan sentir.

Ser un político psicópata sale caro a largo plazo. No tener a la ciudadanía en el centro de la acción y del mensaje acaba saliendo muy caro. No ponerse en la piel del otro acaba siendo una temeridad. Lo saben bien todos aquellos líderes que acabaron viendo como lo que antes fue apoyo, se tornó el más rotundo de los rechazos. Los que no saben sentir, los que no quieren sentir… los que no quieren sentir lo que otros sienten; lo pagan en las urnas.

Los políticos psicópatas

Zapatero perderá el debate sobre los 110 km/h

Viernes. Rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Alfredo Pérez-Rubalcaba anuncia la decisión del Gobierno de reducir la velocidad máxima permitida en autopistas y autovías a 110 km/h. Siempre me preguntaré porqué los viernes. Y siempre creeré que lanzar tantas bombas informativas en un día busca que no se hable de todas. Pero de esta se ha hablado y se hablará.

No soy un experto en la materia. Seguramente tengan razón tanto ellos como el Gobierno y la reducción suponga un ahorro para la balanza comercial del país. Pero soy conductor. Formo parte de esa clase media que hace perder o ganar elecciones. Las percepciones de cómo se ha planteado el debate y de cómo seguirá en los próximos meses, con una poderosa trinchera digital terrestre, nos lleva a un escenario virtual de derrota para Zapatero… y Rubalcaba. El presidente y el vicepresidente que querían una España más lenta. ¿Por qué Zapatero perderá este debate?

1. Razón contra emoción

Me gusta conducir. Mucho. Puedo hacerlo poco y, como a muchos, me gusta la velocidad. Sentir esa comunión con la máquina a través de las manos y los pies. No sé si por ir algo más despacio, ese solo gesto, mejorará la economía del país. Lo único que sé, es que iré más lento. Y puedo comprender lo que leo y me cuentan expertos. Pero sigo sintiendo un punto de tensión interna entre el deseo de correr más y la necesidad de correr menos por un gran tema. Es una tensión entre razón y emoción y la segunda tiene muchos números de ganar, como en la mayoría de los casos.

2. Un debate muy básico

Es un debate básico. No básico de necesario, sino en el sentido de ser un debate casi pueril. Catalunya es el ejemplo de ello: cuando CiU propuso terminar con la limitación de velocidad en el entorno de Barcelona, muchos lo celebraron y los apoyaron. Las consecuencias de ello y la ejecución de esa promesa electoral ha llevado a varios quebraderos de cabeza al gobierno de Mas. La experiencia catalana nos muestra como, en muchos casos, el debate se sitúa en extremos en los que los partidarios de la reducción tienden a perder.

3. ¿Recaudatorio?

El argumento de ver en la medida un afán recaudatorio ya corre como la pólvora. Y no se podrá parar. Siguiendo la terminología que suelo aplicar en una categoría de este blog, es una palabra que funciona. Este caso no es la excepción. Si esta medida supone un aumento de multas por exceso de velocidad, la culpa no será de la medida. Será de los ciudadanos que, conscientes de la disminución de la velocidad máxima, sigan pisando el acelerador. Una medida no es recaudatoria si el ciudadano cumple con la norma. Y ahí entra la responsabilidad individual de cada uno. Pero es una palabra que funciona porque pone nombre y apellidos a la imagen del Estado papá malo, limitador y perseguidor. Contra eso, poco podrá hacer Zapatero.

4. El Gobierno de la prohibición

No han faltado los argumentos de la oposición y los opinadores sobre la naturaleza prohibicionista del Gobierno. No se cumplen ni dos meses de la entrada en vigor de la prohibición de fumar en espacios públicos cerrados y llega la medida de la reducción de velocidad. Reducción es la palabra del Gobierno. Prohibición la de la oposición. Y ahí la etiqueta pesa. A nadie le gusta que le prohíban cosas. Lo hemos vivido desde nuestra infancia. Así, el ejecutivo de Zapatero se gana día a día una imagen ancorada en la capacidad de prohibir ante otras opciones más liberales. Les pasará factura.

5. Un beneficio intangible

Quizás esta sea la clave más relevante: el beneficio de la medida es intangible. Por mucho que los ciudadanos la apliquen, no verán el resultado. No lo notarán. Ante esa situación, se abona el campo para que todas las percepciones anteriores se conviertan en una oposición a la medida del Gobierno. No poder tocar, notar, observar los efectos de los esfuerzos que nos piden tiene sus consecuencias. Y si el desencadenante de la medida es algo que pasa muy lejos, en un país del que el gran público sabe muy poco, el desconcierto y la incomprensión están servidos.

El mensaje está en el fondo

Hazlo. Comunícalo. Escenifícalo. Escríbelo. Compártelo. Esa debería ser la secuencia de la comunicación. Pensar en un proceso global. No vale solo con hacerlo. Ni con decirlo pero no escenificarlo. Debemos hacer lo posible por no dejar que el mensaje se pierda. Estas reflexiones vienen al hilo de la inauguración del AVE Madrid-Valencia y al atril usado para los discursos del rey y del presidente del Gobierno.

En la estación de Valencia se dispuso un atril con una escueta leyenda bajo el escudo de España: “ALTA VELOCIDAD. MADRID-VALENCIA”. A las espaldas de los oradores, una cristalera con vistas a los andenes y la misma leyenda en relieve, casi ininteligible por el translúcido de los cristales. El equipo de comunicación entendió la necesidad de dotar al hecho de un escenario. De escribirlo para que quedara en la mente de los ciudadanos… pero erraron en la forma.

Una tipografía demasiado pequeña, un fondo en el atril poco atractivo y los cristales dejaron sin efecto ese esfuerzo por subrayar lo que se estaba realizando en ese acto. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es más clave de lo que pensamos.

Es bueno recalcar lo que se dice y el cómo se dice. El mensaje escrito queda. Por ello, escribir en un panel la idea central de tu discurso es una buena idea. En eso, el equipo de George W. Bush demostró una gran pericia. El ejemplo paradigmático es el anuncio del fin de la guerra de Irak, en un portaviones, con el sello presidencial en el atril y un cartel a su espalda con un claro “Mission acomplished”. Misión cumplida.

Por ello, el equipo encargado de la inauguración no puede decir lo mismo que Bush. Se desaprovechó el atril y el panel de fondo para hacer llegar el mensaje. No vale una descripción, se necesita un mensaje. “Conectando España”, “España, a alta velocidad para el futuro”, “El progreso llega a alta velocidad”… mensajes de ejemplo que tienen calado. Un buen mensaje, con un mayor tamaño y con un fondo adecuado permiten recordar esa estampa, entender qué se está diciendo ahí y llegar a la mente del ciudadano por todos los flancos posibles: por lo que efectivamente dice el presidente en el acto y por el fondo que, de manera sigilosa, te cuenta lo que pasa.

Hace años de este acto sobre el sistema sanitario, durante la presidencia de Bush. Sin ese fondo, hoy no sabríamos de qué se hablo y qué se hizo. Pero no solo encontramos buenos ejemplos del uso del fondo y del escenario para encuadrar un mensaje. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, es uno de los líderes politicos españoles que no duda en recurrir a estos elementos con asiduidad. Un análisis de las fotos de su galería nos da una visión de conjunto de su capacidad para personalizar el atril según el acto o encontrar elementos escénicos para reforzar su imagen. Lo hizo en la recepción a Alberto Contador, el acto de retiro de barracones en un colegio público, la recepción al Atlético de Madrid tras su victoria en la Europa League o en la presentación de los abonos de transporte. Aunque quizás sea la foto que aparece bajo estas líneas, en un acto sobre seguridad, el que une mensaje y fondo como pocos.

El gobierno de la Generalitat de Catalunya, tanto bajo la presidencia de Maragall como de Montilla, ha recurrido con asiduidad a entender el valor del fondo. Sin ir más lejos, la propia firma del Pacto del Tinell que suponía la formación del gobierno de izquierdas, contó con un fondo propio. El mensaje, sin duda, está en el fondo.

Las frases de una campaña

Las palabras se las lleva el viento… hasta que quedan escritas. Os propongo recordar algunas de las frases más memorables de la campaña electoral de las elecciones catalanas que ya llegó a su fin:

  • “Montilla, te vamos a hacer papilla” Carmen de Mairena
  • “Menos paro y más Artur” Josep-Antoni Duran i Lleida
  • “¿La receta de las patatas bravas es tuya?” José Montilla
  • “Defendemos el tripartito porque, si no, está Artur Mas” Joan Herrera
  • “En CiU son por fuera estatutarios, por dentro soberanistas y con corazón independentista” José Montilla
  • “Las promesas de Zapatero se cuentan por engaños” Joan Puigcercós
  • “Montilla y Mas deberían tomar sopas, que agudizan la creatividad” Carme Ruscalleda
  • “José Luis, Artur Mas no es de fiar” José Montilla
  • “Montilla no ha sabido nunca qué es Cataluña porque nunca ha salido de Cornellà” Joan Laporta
  • “Para algunos, la inmersión es un grano que quieren reventar, pero es nuestro ADN y no dejaremos que lo toquen” Artur Mas
  • “¡Gilipollas! ¿De qué reís con la que está cayendo?” Antoni Llena
  • “CiU llena el Sant Jordi, pero sus amigos vaciaron el otro Palau” Carme Chacón
  • “A Andalusia no paga ni Déu” Joan Puigcercós
  • “El PSOE es el primo de Zumosol del PSC, ‘tot i que’ el zumo está caducado” Artur Mas

¿Qué otras frases recordaréis de la campaña?

Una chapuza con nombres y apellidos

Olga saca el tema. Estamos celebrando el cumpleaños de dos amigas y comenta con cierta estupefacción que el gobierno quiera cambiar el orden de los apellidos. No le parece mal que se termine con la prioridad del apellido del padre, pero no le gusta que sea por orden alfabético. Cristina responde que no acaba de entender porqué surge ahora. Tampoco ve la necesidad de terminar con una tradición aunque coincide con Olga en el fin de la medida. Entré en el debate y les cuento los supuestos en los que se aplicaría… y se abre la caja de Pandora.

Les cuento que la medida es solo una propuesta. Y que se limita a los casos en que, al registrar a los hijos, exista una disconformidad entre los dos progenitores. Solo en ese caso, el apellido se fijará por orden alfabético. “Ah, pues eso no lo contaron así en el informativo”, exclamó una de ellas. El gobierno, como en otras ocasiones, había lanzado un globo sonda al que los medios y los opinadores habían dado ya la vuelta.

La conversación se extinguió y llegaron las homenajeadas. El tema volvió a salir y la respuesta fue idéntica: el gobierno iba a cambiar el orden en todos los casos. No en los de tensión, en todos. Y salieron los argumentos de la tradición, la extinción de los apellidos con letras zeta, ye o uve… El gobierno no controlaba el mensaje.

Volví a casa tarde. Pero con mucha curiosidad por ver si realmente era yo quién estaba equivocado y el gobierno había optado finalmente por una reforma total… pero no era así. Mis amigas no son precisamente ese tipo de personas que no siguen la actualidad. Licenciadas universitarias, jóvenes, trabajadoras… y habían recibido el mensaje en términos completamente contrarios a los fijados por el gobierno. Un gran error de comunicación.

Sigo sin entender el gusto del gobierno de Zapatero por los globos sonda. Especialmente en un contexto mediático como el actual, con una auténtica trinchera digital terrestre (TDT) con voces cavernícolas en la televisión, en la radio y en la prensa. Opinadores que desprecian todo lo que les huela a cambio social –¿no es, a caso, un cambio sin paliativos el fin de la primacía por género, aunque sea solo en caso de tensión?-. Y opinadores que creen que sólo debería existir un ministerio –el de economía- y que el gobierno debería dejar de hacer todo lo que no esté relacionado con la crisis. Ante ese panorama, un globo sonda es la crónica de una muerte (comunicativa) anunciada.

Al final, las percepciones ganan. Y aunque la medida entre en vigor y finalmente se observe como no terminaremos todos con Abad como apellido, la mayoría de la población seguirá creyendo que así será. Creyendo que la reforma es innecesaria –cuando lo es, ¿qué pasa con los hijos de parejas homosexuales?- y que el gobierno no se ocupa de lo que realmente importa.

Cuando votemos en 2012 pensaremos en todas estas conversaciones de amigos. En todas estas ocasiones en qué lo hecho o lo propuesto murió de raíz por culpa de una estrategia de comunicación inadecuada. Plantear el debate en sus términos, liderar el mensaje y convencer es la otra batalla que debe librarse más allá de las puertas del parlamento. Conversaciones que, como las gotas de agua en una estalactita, van formando una afilada aguja que puede abrir una fuga de votos en cualquier momento. Olga y Cristina pueden estar tranquilas. No les preocupa el tema. En Moncloa deberían estar inquietos. No por esto. Por tanto…

Foto de Moultriecreek

El Estado de los catalanes

“¿Dónde estás España, dónde que no te veo?”, se preguntaba Joan Maragall, el poeta, en un lejano 1898. Esta semana, el sucesor en la presidencia de la Generalitat de Catalunya del nieto del poeta, visitó Madrid para dirigirse a una nutrida audiencia de periodistas, opinadores y empresarios de la capital. Con la “austeridad en el uso de la palabra que le caracteriza” como dijo Felipe González en su presentación.

El Fórum Europa fue testigo del discurso que será el dominante en la campaña electoral en ciernes: economía y nación. Crisis y la relación de Catalunya y España. Montilla descubrió las cartas con las que juega desde hace meses y mostró en la otra orilla qué plantea él.

“Los catalanes ya tenemos un Estado”. No se salió del guión. El PSC parece dispuesto a ocupar ese espacio de gente que sintiéndose catalana y española, en proporciones iguales o distintas, no ve en la soberanía la solución a los males del país. Un Estado que, en palabras del presidente, debe seguir reconociendo su pluralidad, algo que ya en 1898 constataba difícil el poeta Maragall al hablar en catalán a una España que no estaba acostumbrada a que lo hicieran en esa lengua.

Montilla tejió su discurso en base a ese concepto, a la necesidad de acoger en su propuesta a esa mayoría de ciudadanos que no son “ni separadores ni separatistas”. Apostó por el diálogo entre las orillas, a reconstruir puentes y construir nuevos en una senda común.

Pero para mi, fue esa frase del estado de los catalanes la que es la base del discurso y del mensaje de los socialistas catalanes en estas elecciones. Una rotunda afirmación acompañada de dos mensajes secundarios: el federalismo del Estado por el que abogan y la crítica a quienes estaban -o están. O no, o no se sabe- en ese grupo, los nacionalistas de CiU. Respecto a ellos, comentó que están en misa y repicando en lo que se refiere a la cuestión nacional.

Y de ahí, a la economía. El president hizo algunas propuestas y sacó pecho de algunos datos. Aunque los más gordos son una pesada losa que no debe ser reivindicada en exceso. Eso será tarea de la oposición. También habló del concierto “que no tiene cabida en la Constitución y en el Estatut” y quiso dar seguridad a quiénes decidan invertir en los bonos de la Generalitat.

¿Será finalmente la cuestión nacional o no será? ¿Será la principal de estas elecciones? Si atendemos a la proporción del discurso de Montilla en Madrid, lo será. Si observamos la polémicas entre partidos, lo será. Ahora bien, ¿será lo que quieran oír los catalanes?