YouTube: cinco años de videopolítica

Han pasado sólo cinco años. Sólo cinco. Ese es el tiempo desde el lanzamiento de YouTube hasta el día de hoy en que difícilmente podemos entender Internet sin el mayor archivo de vídeos de la historia. Sin este espacio global de vídeos que ha hecho del nuestro un mundo más pequeño. En YouTube lo han expresado de esta forma con el vídeo conmemorativo:

YouTube ha hecho más pequeño el mundo de la política. Ha aproximado a políticos y ciudadanos, para bien y para mal. En cinco años hemos visto como este espacio podía servir para introducir temas en la agenda política, como en las preguntas que llegaron a los candidatos a las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos.

Dirigentes de hoy que ayer abrieron las puertas de su casa para darse a conocer, como David Cameron, que desde hace sólo unos años, ha establecido contacto con los británicos a través de sus vídeos.

Mas y Rajoy no han dudado en subirse al carro a esa tendencia.

Las cámaras digitales y la posibilidad de acceso a todos nos han convertido en autores en potencia, aunque los creadores sean sólo una parte muy pequeña de todos los usuarios en YouTube. Así, nos llegaron las imágenes de un Aznar enfadado cuando es sorprendido en un avión.

YouTube ha sido el aliado de la viralidad y del fin del control de muchos equipos de comunicación de gafes, como “el coñazo del desfile” de Rajoy o las supuestas copas de más de Sarkozy tras una reunión con una delegación rusa en una cumbre. O el president Montilla firmando un libro de honor con una chuleta. Incluso ha servido para dar a conocer la tarea de los diputados que vienen en pack en una lista y valorar su idoneidad para el cargo, como el caso de la diputada aragonesa más famosa en la Red.

El vídeo del “Yes, we can!” de Obama batió todos los récords y pulverizó el poder de los circuitos comerciales convencionales en televisión. Y la campaña americana fue, en esencia, una campaña de vídeos.

La burla a Mayor Oreja a través de una serie en YouTube fue un éxito, aunque no consiguió batirle en las elecciones europeas del pasado año. Y el efecto del “Confidencial.cat” de CiU en las elecciones de 2006 se amplificó en la Red cuando esto casi iba en pañales.

Gracias a YouTube, los vídeos de los mítines llegan a cualquier usuario. Si el mitin muere, YouTube le da bocanadas de aire.

Cinco años que, en definitiva, han servido para dar más visibilidad a la política, hacerla más próxima y, por qué no, más transparente.

Este partido lo gana la abstención

Y el ganador del debate fue la abstención. Cómo lo será el próximo 7 de junio si las cosas no cambian asombrosamente de un día para otro. Cuando en un debate sobre las elecciones europeas se habla más de España que de otra cosa, es síntoma de que algo pasa.

Lo que pasa tiene una explicación sencilla: la estrategia de los partidos políticos es hacer pasar estas elecciones por una reválida en clave de política interna, cuando en Europa nos jugamos mucho. ¿Qué nos jugamos? Todo lo que no se ha visto en el debate.

¿Tiene sentido en la Europa de las lenguas creer que en España a alguien se le prohíbe hablar en castellano? ¿Tiene sentido hablar de las gestiones populares del 11M o del Yak-42 en un debate sobre Europa? Y Obama, ¿qué pinta en todo esto?

Europa es un cúmulo de conceptos complejos. Este tipo de debates aún lo hacen más incomprensible para la mayoría de ciudadanos. Alguien debería haber dicho que los Fondos de Cohesión no los negocia España de forma unilateral. Alguien debería haber dicho que de Europa puede depender que se apliquen políticas sociales de una u otra forma. Alguien debería haber explicado a los ciudadanos que Europa debe jugar un papel fundamental en la crisis económica, y no el poco margen que tienen los países hoy en día.

Es incomprensible pedir más España en el seno de un organismo supranacional: es un contrasentido. A López Aguilar le ha faltado valentía para poner freno a algunas apreciaciones del candidato popular, más que nada porque él tiene un registro de voto de lo que ha defendido en Europa. Y a Mayor Oreja le han sobrado los ataques personales a las aficiones del candidato socialista. Pero sobretodo, ha sobrado una estructura de debate encorsetada que no permite el debate y que tiene a moderadores que sólo controlan el tiempo. Algún día los partidos serán valientes para permitir un debate real.

Para muchos, este debate pasará a la historia por el diálogo sordo de dos personas que hablaban sobre España cuando debían hablar de Europa. De un diálogo que sonó a provinciano, cuando deberíamos haber discutido qué hacemos con este gran monstruo que debe ser un líder mundial.

Para muchos, este debate fue la confirmación que el 7 de junio es mejor ir a la playa. La confirmación que la política está lejos de la gente, y que ni el mejor entreno con entradillas para cada bloque puede mover un voto.

A mi no me han convencido… ¿y a ti?

Atención al minuto 4:56

El PP se apunta al vintage

La peor cifra sobre el paro llega en el momento en que está imagen ha vuelto a tener vigor. El primer gobierno Aznar, aquel que se vanaglorió de ser quien llevó a España a la senda del crecimiento económica, ha reclamado su protagonismo a las puertas de la campaña electoral de las elecciones europeas.

Formalmente, Aznar –en calidad de presidente de la FAES- organizó esta photo op para respaldar a quien fuera su ministro de Interior y actual candidato del PP a las elecciones europeas del próximo 7 de junio, Jaime Mayor Oreja. Para ello, se convocó a los ministros de su primer gobierno a un almuerzo con un posado.

El acto de apoyo, no obstante, esconde algunos elementos a tener en cuenta. Uno de ellos es volver a introducir en el imaginario colectivo esa historia ganadora de un gobierno que obtuvo buenos resultados económicos. Este acto reviste de vital importancia, ya que si tienen éxito podrán fijar la agenda en temas que más beneficien al PP: los económicos.

O lo que es lo mismo: el primer gobierno Aznar no es el gobierno de la guerra de Irak. Ni el del Prestige. Ni el del Yak-42, el de la huelga general o el del rodillo de la mayoría absoluta.

No obstante, la apuesta es arriesgada. Al menos para Rajoy, ya que vuelve a ponerse en evidencia que quien sigue tejiendo el relato en la sombra es el mismo Aznar. Y si no lo es, es lo que se entiende…

La idea es clara, pasar del PP en blanco y negro al color de la esperanza, cada vez más palpable, de un cambio; y para ello parece que los conservadores se apuntan al vintage: reclamar de nuevo a lo pasado de moda.