Cameos políticos impensables: Super Mario primer ministro y una reina enrollada

Los Juegos de Barcelona marcaron un antes y un después para el olimpismo. No solo cambiaron el modelo de Juegos que Samaranch lideró durante la década de los 80 hacia el profesionalismo del deporte, la entrada de las grandes empresas y la ampliación del foco hacia algo más que deporte; también cambiaron el lenguaje y la comunicación de la mayor cita deportiva del mundo. Cuando Barcelona dijo “Hola” al mundo en su ceremonia de inauguración, cambió la historia de la comunicación de los Juegos. Y esa semilla no para de germinar.

El cameo del primer ministro japonés, Shinzō Abe, en la ceremonia de clausura de Rio 2016 es una muestra más de cómo en las ceremonias olímpicas siempre se puede llegar más lejos. Durante la presentación al mundo de Tokyo 2020, la próxima ciudad olímpica presentó un vídeo cargado de referentes de marca-país en el que los videojuegos, el desarrollo tecnológico y la tradición asiática se fundieron con el deporte. Y en ese mix de repente apareció el primer ministro. Mejor que lo veas:

Pero la aparición estelar del primer ministro no es el único que nos han dado los Juegos. En Londres 2012 la llegada de la reina Isabel II al estadio olímpico fue de lo menos ortodoxa. Si en Barcelona 92 el comité organizador tuvo que idear una carambola protocolaria para evitar los pitidos al rey Juan Carlos I usando el himno catalán en la entrada de los reyes al estadio, la prima del monarca español se prestó a un sorprendente cameo 100% británico con otro icono del país, James Bond:

Estos son muy buenos ejemplos de cameos de líderes políticos. Una aparición breve representándose a sí mismo. Pero lo que es más importante, en un contexto totalmente alejado de los atributos que se esperan de él. Eso genera sorpresa, simpatía y proximidad. Y al generar esos estados, se incrementa el impacto. En estos dos casos, apuntalar o ampliar la popularidad.

De hecho, es especialmente significativo el acercamiento de la casa real británica a este tipo de acciones. En la promoción de los Invictus Games, la competición deportiva creada por el príncipe Harry para veteranos militares con discapacidad, la reina Isabel II, el príncipe Harry, Barack y Michelle Obama y el primer ministro canadiense Justin Trudeau grabaron vídeos retándose entre ellos. El príncipe cuenta cómo lo consiguió.

Pero ojo, si crees que este artículo va a acabar diciendo que tenemos mucho que aprender de los anglosajones y que cameos similares no se darían en España, estás muy equivocado. Quizás la Casa de Su Majestad el Rey, que ha hecho un buen trabajo con los tweets de ánimo a los deportistas españoles en los Juegos de Río no se haya atrevido en estas lides. Pero sí hay ejemplos de políticos españoles haciendo cameos en series de televisión.

Es más, si tras ver a Obama haciendo su “boom” te has dicho que “esto Rajoy no lo hace ni de coña”, vuelves a estar equivocado. En el año 2000 Mariano Rajoy se interpretó a él mismo en un capítulo de “Jacinto Durante Representante”, una serie de Televisión Española, cuando era ministro de Educación y Cultura en el gobierno de José María Aznar. Aquí la prueba:

Y no es el único caso. En la décima temporada de la popular serie “Cuéntame cómo pasó”, Santiago Carrillo fue entrevistado por Toni Alcántara. El Carrillo de 2008 interpretó al Carrillo de 1976. Carrillo también salió en “7 vidas”. Esta serie contó con cameos de Alfonso Guerra, Javier Arenas y Carod Rovira. Y su primer protagonista, Toni Cantó, acabó siendo diputado por dos partidos distintos (UPyD y Ciudadanos…). Pero eso es otro tema.

La lista de políticos que han pasado por el “Polònia” de TV3 es casi imposible de reproducir aunque en ese contexto su visita es más que esperada y el papel de sorpresa se ve amortiguado.

A veces es necesario salir del contexto habitual. De lo que se espera de uno. Para sorprender y conectar. Y mejor hacerlo cuando nadie lo espere y no reservarlo solo a la campaña electoral. Que el cameo no se convierte en un punto más de la agenda del día.

Pd: te dejo un bonus track. El cameo de Donald Trump en “Solo en Casa 2”. Sí, cuando Kevin McAllister se perdió en Nueva York, Trump ya estaba ahí.

El discurso de victoria de Mariano Rajoy el 26J

La noche electoral de las elecciones generales del 26J acabó, como manda la tradición, con el discurso del ganador. Mariano Rajoy se dirigió a los militantes y simpatizantes del Partido Popular en la calle Génova de Madrid y a los españoles con este discurso que Verne ha transcrito:

 

Buenas noches, buenas noches, bueno, buenas noches a todos, bueno, buenas noches.

Oye, queridas amigas y queridos amigos, os voy a decir una cosa. Este es el discurso más difícil de mi vida y algunos he echado. Solamente quiero deciros dos cosas: la primera, dirigida a mi partido, al PP, y luego quiero decirle algunas cosas a muchos españoles que evidentemente toman las decisiones que quieren. Como es natural. Con perfecto derecho.

Hemos ganado algunas, hemos perdido otras, pero yo tengo que decir que me siento enormemente orgulloso de este partido que en los momentos más difíciles… No ha sido esta, como sabéis, una etapa fácil, dicho de otra forma muy difícil.

Amigas y amigos, bueno, queridas amigas y amigos: yo llevo militando en este partido toda mi vida. Empecé a los 23 años, cuando empezaba la democracia en España, pegando carteles. Como tantas y tantas personas del PP, hemos dado muchas batallas democráticas y muchas batallas electorales. Hemos ganado algunas, hemos perdido otras, pero yo tengo que decir que me siento enormemente orgulloso de este partido que en los momentos más difíciles… No ha sido esta, como sabéis, una etapa fácil, dicho de otra forma muy difícil.

Pero este partido ha tenido coraje, ganas, determinación. Siempre había alguien con una bandera del Partido Popular, que es la misma de España, defendiendo aquello en lo que creen.

Queridas amigas y amigos: habéis ganado las elecciones porque habéis tenido fe en la victoria y porque la habéis perseguido.

Bueno, bueno yo tengo que darles las gracias a todos. Y, desde luego, a todos lo que me acompañan aquí. Solo voy a citar a mi mujer, pero, pero muchas gracias, oye, muchas gracias a todos.

Este partido en los momentos de dificultad ha estado ahí y es una opción. La sociedad española le ha dado un apoyo mayoritario. Hemos trabajado, hemos creído en lo que hicimos, ha sido duro, ha sido difícil, ha sido complicado, pero hemos dado la batalla por España y sin ponernos a las órdenes de nadie. Solo en defensa de los intereses generales de los españoles.

Pues sí, nosotros, este partido, este partido, somos españoles y a mucha honra y con mucho orgullo. Y somos un partido que defiende los intereses generales de los españoles por encima de cualquier otra consideración. Y este partido se merece un respeto.

España tiene a su disposición un instrumento muy importante que jamás le va a fallar a España y a los españoles voten lo que voten. Ese instrumento es el Partido Popular. Un instrumento útil para España.

Amigos y amigas, yo les doy las gracias a todos los dirigentes, a todos los militantes, interventores y apoderados. Gente que lo único que hacía era defender sus ideas. A lo mejor desde un sitio donde creía que lo hacía no era demasiado útil, pues no. Cualquier cosa que haga cualquier militante de cualquier partido político que crea en sus ideas, que las defienda y que no tenga más interés que el que las cosas vayan bien merece un respeto y desde luego merece el agradecimiento de todos. Eso es el Partido Popular.

Amigos y amigos, bueno, amigas y amigos, gracias, gracias a todos. Porque, en una situación difícil, España tiene a su disposición un instrumento muy importante que jamás le va a fallar a España y a los españoles voten lo que voten. Ese instrumento es el Partido Popular. Un instrumento útil para España.

Me dicen aquí que recuerde que hemos ganado las elecciones. Bien, oye, hemos ganado, es verdad. Pero ahora, bueno, amigas y amigos, hemos ganado las elecciones, reclamamos el derecho a gobernar precisamente porque hemos ganado las elecciones porque ahora de lo que se trata es de ganar a los que no nos han votado. A disposición de todos estamos nosotros.

Bueno, amigos y amigas, bueno, amigos y amigas, a partir de mañana tenemos que empezar a hablar con todo el mundo y lo haremos. ¡Viva España! Y vamos a hablar con el único horizonte de defender a España y al 100 % de los españoles. Es para lo que estamos aquí.

Somos una gran nación, de las mejores del mundo, por supuesto de Europa y vamos a estar ahí a la altura de las circunstancias.

Amigas y amigos, han sido los cuatro años que hemos vivido complicados y difíciles, pero España ahora ya asoma la cabeza. Estamos caminando en la buena dirección, vamos a seguir haciéndolo. Hemos ganado las elecciones y estamos como siempre a disposición del pueblo español. Como siempre.

Por suerte, en España han ganado los demócratas, la libertad y los derechos de la gente. Claro que sí. Amigas y amigos, gracias, gracias de corazón, por vuestro empuje, aguante y generosidad. Yo solo quiero decir una cosa: el equipo directivo de este partido va a estar a la altura de las circunstancias y hará todo lo que pueda para que a España y los españoles les vaya mejor. Somos una gran nación, de las mejores del mundo, por supuesto de Europa y vamos a estar ahí a la altura de las circunstancias.

Muchas gracias.

Gangrena comunicativa

Gangrena. Putrefacción. Del griego γάγγραινα. La muerte de células de la piel que lleva a la pérdida del tejido. Ese es el proceso que vive el aparato de comunicación del gobierno de Mariano Rajoy. En las últimas horas, más carne ha muerto por su falta de visión.

Cada vez que Mariano Rajoy ha huído, ha evitado responder o se ha escondido, su credibilidad se ha minado. En un tiempo récord, Rajoy parece haber evitado el síndrome de La Moncloa para iniciar un proceso cavernático -que no tiene nada que ver con la caverna mediática, que sigue lanzando capotes incomprensibles ante el momento más duro de la reciente historia española- hacia lo absurdo. Como si de un personaje de Los Otros se tratara. No quiere salir a la luz del sol. Se siente seguro a resguardo. Roza lo ridículo al huir de la prensa.

Esa gangrena amenaza a la propia democracia. Un presidente que se niega a responder a la prensa es un presidente sin autoridad moral. Es un presidente cobarde. Jorge Cachinero lo expresa a la perfección: “los cobardes son gente peligrosa”. Rajoy, acaba de dar su primera rueda de prensa en solitario en seis meses. Lo ha hecho obligado por una presión sin precedentes. El presidente, en el momento más grave para la economía española de los últimos 30 años quería esconderse. Quería evitar dar explicaciones a los medios y a los españoles. Esa actitud condena a la democracia.

Ha comparecido. Lo ha hecho tarde y mal. Sumando más carne muerta a esa putrefacción general. Algo huele a podrido en Moncloa. Un hedor insoportable. El mismo que no pone orden a las contradicciones de sus ministros. El mismo hedor que se siente cuando un ministro, Soria, es capaz de negar el rescate dos horas antes de que De Guindos lo anuncie. El mismo hedor que llega cuando no se baraja la opción de dejar a De Guindos los detalles de la reunión del Eurogrupo, que para algo era él el que estaba ahí, y programar claramente un mensaje de fuerza y optimismo por parte del presidente del Gobierno. El patrón de la nave.

En 25 minutos. Tono agresivo. Incluso soberbio. Con una auténtica metáfora visual: una iluminación que languidecía al avanzar la comparecencia. Una metáfora de lo que ha sido, una oportunidad para crear auténtica confianza. Y digo auténtica porque el relato que está barajando el Gobierno tiene sus retos. El rescate –que no se llama así– es un triunfo. Algo muy bueno que no tendrá efectos para nadie. Que no afectará al déficit. Que los bancos devolverán religiosamente. No tardarán en justificar recortes en base a “lo que pasó ayer”.

Ha anunciado que va a ir al futbol -el partido de la selección española- porque tiene que ir. Es donde debe estar. Aunque se pierda a Nadal. Muchos creen que donde debía estar era dando explicaciones ayer. El día del rescate o llámalo x. Porque el presidente no ha querido entrar en debates nominalistas. La palabra lo es todo. Aunque Rajoy olvida que “it’s not what you say, it’s what people hear”.

Lo tenía todo a su favor. Una herencia nefasta. La peor crisis financiera de la historia. Una mayoría absolutísima. Incluso si hablamos del rescate. Pero ha dilapidado todo ese capital. Se ha cargado toda su credibilidad. Lo que empezó como un goteo de errores comunicativos al iniciar su mandato se ha convertido en gangrena comunicativa. Y, tras ver la primera rueda de prensa en seis meses, obligado, no parece que vaya a cambiar.

#UnfollowRajoy

He decidido dejar de seguir a Mariano Rajoy en Twitter. No suelo anunciar los unfollows pero este me parece de especial significado. ¿Tiene sentido seguir a un presidente que va a tardar 40 días en comparecer en la sede de la soberanía nacional? ¿Tiene sentido seguir a alguien en un espacio natural de conversación cuando se niega a dar explicaciones? No creo que lo tenga.

Hace poco escribí sobre lo que le espera a Rajoy. Le espera la ingente tarea de recuperar la confianza. No solo en la economía: en la política. Especialmente en la política. Y tiene ante él un contexto único. Un escenario al que nunca un presidente español se ha enfrentado. Un escenario en el que los ciudadanos y ciudadanas reclaman más participación. Y más transparencia. Y más información. Y más proximidad.

Rajoy se esconde. Rajoy no responde. El presidente muestra un desdén inusitado hacia las personas que le han elegido para ese cargo. ¿Tiene sentido mantener el seguimiento a alguien que no tiene ningún interés en explicar, en conversar, en crear confianza? Por ello, desde hoy, #UnfollowRajoy

Lo que le espera a Rajoy

No soy muy amante de las etiquetas, la verdad. El 1.0 contra el 2.0. O esa fiebre por añadir lo segundo a cualquier cosa. Como si ya con la etiqueta fuera mejor. Creo que lo hemos sufrido. Las llamadas campañas políticas 2.0 no nos han dejado, en la mayor parte de los casos, unos mejores políticos. ¿Y los que vienen?

En horas, nos fijaremos en detalles importantes. ¿Qué futuro tendrá el Twitter de campaña de Mariano Rajoy? ¿Y el Facebook? ¿Y la transición de los canales oficiales de la Administración? Son, todas ellas, preguntas interesantes. Muestras de los nuevos tiempos. Pero lo importante es el fondo. Lo que queda tras el guión clásico y perfecto de la investidura que acabamos de ver.

“La pregunta que debemos responder es qué papel vamos a tener los ciudadanos

Hace unas semanas pasé unas horas muy interesantes con varios alumnos de máster del IE. Me acerqué a reflexionar con ellos en una clase de su curso sobre las diferencias de la web 1.0 y la web 2.0 en la política. Otra vez las etiquetas. Fue un ejercicio estupendo. Porque en el fondo, por mucho que nos fijemos en las aplicaciones, en lo que se puede –y no se puede hacer con la web o con los canales- lo que importa es el motivo. El objetivo. El por qué.

Esa es la clave. Más allá de si Rajoy mantendrá su Twitter o su Facebook, la pregunta que debemos responder es qué papel vamos a tener los ciudadanos. Lo comentaba Francisco Polo en El País cuando hablaba de los “tecnoelectores”. Y no se cansa de repetirlo Antoni Gutiérrez-Rubí en obras tan importantes como “La política vigilada”. Lo revolucionario, a lo que no quiero poner etiquetas, es esa voluntad de no quedarnos de brazos cruzados de elección en elección.

La Política sigue replegada en su lenguaje, en sus corrillos.”

“Lo llaman política 2.0 y no lo es”, titulaba hace unos meses en este artículo. Y ahí vamos a tener mucho que ver en los próximos años. Me encanta citar el concepto de conversación del célebre Cluetrain Manifesto. Me gusta porque aún no hemos llegado a esa conversación. Estamos en ello. Dependemos mucho de la voluntad de algunos notables casos. Pero la Política sigue replegada en su lenguaje, en sus corrillos.

Lo que le espera a Rajoy es algo más que recortes en las cuentas. Le espera una valoración más que diezmada de lo que es la política por parte de los ciudadanos. Le espera desconfianza en la democracia. No es tarea fácil.

No soy amante de las etiquetas. Por ello, no me atrevo a pedir una legislatura en clave 2.0. Pero sí me atrevo a pedirle al nuevo presidente y los nuevos diputados y senadores que aprovechen una nueva oportunidad –otra más… u otra menos, según se mire- para entender la política como algo que trasciende a los pasillos enmoquetados. Sería revolucionario. De verdad.

 

Foto de Uly Martin en El País.

Mariano Rajoy no es presidente electo

¿Podemos llamar a Mariano Rajoy presidente electo de España Por mucho que las fórmulas norteamericanas nos parezcan más o menos atractivas, lo cierto es que, por el momento, Mariano Rajoy será uno de los 350 miembros del Congreso de los Diputados cuando tome posesión de su escaño.

Futuro presidente, presidente electo… pequeñas diferencias, casi imperceptibles en su significado para el ciudadano de a pie pero que, como toda palabra, no puede despegarse de sus importantes matices. Mariano Rajoy, como cualquiera de los presidentes de comunidades autónomas solo son elegidos presidentes por sus respectivas cámaras. La sesión de investidura les convierte el presidentes y lo son oficialmente desde el momento en que el BOE y los diarios oficiales de cada comunidad publican su nombramiento.

Eso es así porque, a diferencia de regimenes presidenciales como el de Estados Unidos, la ciudadanía no elige directamente a su presidente. Aunque en ese mismo país los ciudadanos eligen a un colegio electoral que nombrará al presidente, es una elección de un candidato u otro. Así, Barack Obama fue designado presidente electo desde la noche del 4 de noviembre hasta que juró el cargo en la escalinata del Capitolio en Washington D.C.

El término president-elect se usa de este modo, aunque no siempre ha sido así. Se solía designar al presidente de ese modo cuando el colegio electoral lo había elegido formalmente y hasta su toma de posesión, pero la práctica se impuso. En sistemas parlamentarios como el británico, por ejemplo, tampoco existe la denominación de primer ministro electo. Resulta forzado, ya que es el jefe del Estado quien lo designa. Así, Prime Minister-designate, Prime Minister-in-waiting o incoming Prime Minister son términos usados similares al lacónico “futuro presidente”.

Hasta su investidura, seguiremos escuchando ese efectivo apelativo.  Es, precisamente, la naturaleza de nuestro sistema político la que nos lleva a tener cuidado con las etiquetas. Los trámites parlamentarios están para las duras y para las maduras.

 

Adaptación del post “Artur Mas no es presidente electo” publicado en 2010.

Si quieres mi voto, enseña los gráficos

Volveremos a ver momentos como este en el debate de esta noche. Volverán los datos, los recortes de periódico y los gráficos volverán a ser los floretes en este particular duelo. Los gráficos en un debate son de un gran valor: los datos, las ideas y las abstracciones, de golpe, se pueden tocar. Pero… ¿de dónde vienen esos datos?

El uso de gráficos en un debate tiene un porqué. También lo tiene el modo de presentarlos. Es fácil que un debate como el que viviremos esta noche se pierda en la inmensidad de cifras que no alcanzamos a comprender o imaginar. Por ello, la necesidad de representarlas y tocarlas exige su uso. Pero no solo eso: su uso debe ser compatible con la velocidad de la televisión y con los planos de televisión. Alguien desde casa debe identificar de un vistazo que lo que el candidato defiende, se comprueba en los gráficos.

Las opciones de fraude o de no representar fielmente la realidad están al alcance de los equipos de campaña. Un gráfico extremadamente generoso en la escala, la generalización de los datos o el amparo del poco tiempo en que un documento está en pantalla puede inducirnos a creer a pies juntillas lo que un candidato muestra. Especialmente porque creemos que esos gráficos son una prueba veraz. Pero… ¿y si no lo es? Por ello, el reto que creó Jesús Encinar en Actuable cobra una importancia especial.

Encinar pidió a los candidatos que se comprometieran a publicar en internet los gráficos que usaran en el debate. Puedes leer más sobre ello en este post de Actuable. Y ambos candidatos respondieron afirmativamente -y con mucha rapidez- a la propuesta del fundador de idealista.com. En sus canales de Twitter afirmaron que publicarían los gráficos que hoy usarán en el debate (Rajoy y Rubalcaba).

Es algo necesario. Sano. Vital. Los ciudadanos y ciudadanas debemos poder comprobar los datos. Conocer la fuente. Buscar los datos originales. Comparar. Nuestra democracia, que no está en sus mejores momentos, precisa de acciones como esta. Y ahí, el poder de la red es clave. Nos permite llegar a más información y contrastar -por mucho que algunos políticos sigan pensando que eso no pasa- y nos permite hacer llegar nuestras inquietudes a nuestros representantes. El caso de este victorioso reto, es una prueba.

¡Mujer tenías que ser!

Para de Cospedal, Rajoy “estuvo muy correcto”, porque según su opinión, de haber sido más agresivo, al ser él un hombre, hubiera quedado como cuando “un chico le pega a una chica en el colegio”. Rajoy “se esforzó para no ser agresivo”, concluyó.

Parece que, a veces, los políticos se olvidan de su papel pedagógico. De cómo lo que dicen y lo que hacen crean un modelo que es importante para muchos ciudadanos. Que un político se mueva, en la medida de lo posible –sobretodo por medidas de seguridad- en transporte público, use servicios públicos como la sanidad o la educación o incluso que utilice un cierto lenguaje, tienen efectos en millones de personas.

Cuando Zapatero formó un gobierno formado por más mujeres que hombres tenía en mente precisamente eso; la necesidad de dar ejemplo, mostrar que un órgano tan importante para el país como el ejecutivo, el poder podía ser en femenino. Porque como muy bien relata Antoni Gutiérrez-Rubí en una obra que debería ser de cabecera, Políticas, el poder en femenino tiene unas cualidades muy distintas.

En ese sentido, que María Dolores de Cospedal haya descubierto la estrategia de comunicación del PP no sirve a esta causa. Para muestra la cita que abre este post: según la secretaria general del partido, Rajoy no fue más agresivo en el debate sobre el proyecto de presupuestos para evitar dar una imagen de abusón, de hombre contra una mujer que, según se entiende por lo que dice de Cospedal, no estarían en plano de igualdad.

Lo sorpresivo es que sea la propia de Cospedal la que explique esta estrategia de comunicación. Una mujer. Que ocupa un lugar de mucha responsabilidad en uno de los partidos más importantes del país. El mensaje no puede ser más demoledor. Tanto por la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres como para el propio PP. Las declaraciones de la secretaria general van contra la línea de flotación del discurso de igualdad del PP, pero sobretodo, es perverso para el propio Rajoy. ¿Acaso significa que Rajoy no se atreve con una mujer?

El debate público exige que sea de la mayor calidad en argumentos. No en el sexo de los políticos. Si el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno es malo, el debate debe centrarse en ello y los ataques deben ser fundados en ello. No pueden establecerse a tenor de si quién los presenta es un hombre o una mujer.

Las mujeres no lo tienen fácil para romper con el techo de cristal y seguramente lo ocurrido en el Congreso de los Diputados se repite diariamente en los pocos consejos de administración presididos por mujeres. Es un flaco favor a la igualdad, pero sobretodo, es un flaco favor al partido que acoge a políticas de la talla de Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Alicia Sánchez-Camacho o la propia de Cospedal.

Pero más allá de los valores, ¿es una buena estrategia de comunicación lo realizado por Rajoy? ¿Debe un hombre variar el tono para no parecer agresivo ante una mujer? ¿Un líder de la oposición debe cambiar su tono para oponerse al mismo gobierno, aunque sea con un miembro –que no miembra- del sexo opuesto? Espero vuestras respuestas…

Cabreo nacional

Los españoles están muy enfadados. Tan enfadados que no aprueban a ninguno de los dos líderes que pueden hacer algo con la crisis: el presidente Zapatero y el líder de la oposición Mariano Rajoy. Los españoles están tan enfadados, que están dispuestos a que uno de los dos pague por los platos rotos… y al parecer piensan que debe hacerlo el presidente.

Así lo han mostrado las encuestas de Metroscopia para El País y Noxa para La Vanguardia, realizadas tras el anuncio de subida de impuestos y en pleno otoño caliente para el presidente. Según estás encuestas, el 61% de los españoles no aprueba la gestión de Zapatero y el PP aventajaría al PSOE en casi 4 puntos si ayer se hubieran celebrado elecciones. Pese a lo favorable para los conservadores, el 69% también suspende a Rajoy.

Llegados a este punto, los españoles quizás estén muy enfadados por la situación del país. Tanto por la crisis como por el nubarrón que tiene el PP justo encima y que responde al nombre de Gürtel. Benjamin Franklin afirmaba que “siempre hay razones para estar enfadados, pero ésas rara vez son buenas”. Por lo que sea, el enfado se acrecienta. Aunque quizás, en el fondo, los españoles estén muy enfadados porque no encuentran ningún líder que pueda salvarles.

El enfado es una emoción muy particular. Apuntan varios expertos que es un estado de ánimo muy persistente, difícil de controlar. En nuestro interior se produce una especie de monólogo interior que hace que el enojo se haga cada vez mayor. A todos nos ha pasado, empezar cabreados por algo, darle vueltas y hacer la pelota cada vez más grande…

A diferencia de emociones como el miedo, el enfado aparece cuando nos sentimos amenazados de forma simbólica. Como podría ser la subida de impuestos, por ejemplo. A partir de ahí, nuestro cerebro experimenta unas auténticas explosiones de actividad que acaban generando acciones. Como no votar al partido del gobierno.

La política del enfado es más importante de lo que parece. Muestra más corrientes de fondo de lo que nos podría parecer a simple vista. ¿Os suena eso de la venganza se sirve en plato frío? Pues eso, la venganza es una de las múltiples expresiones del enfado y lo que nos muestran las encuestas en que se está tramando algo.

La singularidad de esta política del enfado es que no la dirigen los partidos. Ni los que gobiernan ni la oposición. Ocurre. Son percepciones del electorado –alimentadas, claro está, por medios y partidos- pero que cuecen en el subconsciente del elector. Hasta que ocurre algo muy grave –como el 11M- o llega el día de las elecciones. Entonces la corriente se hace realidad en un vuelco electoral o en un castigo contundente. Aunque parece que aún queda un largo trecho para ello.

El enfado de los españoles crece y crece. Y parece que va para largo.

¿Zapatero ganó el debate?

Como decíamos esta semana, el Debate del estado de la Nación tiene importancia porque de sus valoraciones se resiente el liderazgo político y la capacidad de impulso. Se resiente positiva y negativamente: puede salvar una carrera a la presidencia o puede hundirla.

Tras el debate, decenas de encuestas se pusieron en marcha en varios medios digitales, pero también se puso en marcha el ente demoscópico por excelencia en nuestro país, el CIS. Según lo que se desprende de los resultados, Zapatero ganó el debate, aunque con la menor diferencia en sus cuatro debates de estas características con Rajoy.

Pero, ¿realmente Zapatero ganó el debate? Si neutralizamos la ventaja que da en estos debates el hecho de ser presidente y tener más exposición a la opinión pública que la oposición, nos queda un dato esencial en esta encuesta: los ciudadanos creen que Zapatero sabe comunicar, pero que Rajoy conoce los problemas reales de los ciudadanos.

En un contexto normal esto podría ser nimio, pero no en un contexto de grave crisis com la actual. Ese dato nos muestra que cada vez son más las personas que pueden ver en el PP una alternativa plausible. Son las semillas que pueden alimentar una victoria electoral del PP el próximo 7 de junio y las que podrían crecer si la situación económica empeora y el Gobierno sólo ofrece acciones reactivas.

Porque no debemos olvidar una cosa, Zapatero ganó porque Rajoy perdió los papeles. Rajoy confundió dureza con menosprecio. Presión al presidente con insulto. Un candidato a presidente debe, no sólo atacar, sino ofrecer una alternativa. Vimos al Rajoy menos presidencial de los últimos tiempos y ese fue el gran error del líder la oposición.

No creo que las propuestas del presidente le salven: vienen tarde. La mayoría de españoles ya entienden en su subconsciente que la situación política y económica es grave, que la han negado y que sus propuestas vienen tarde. Si Rajoy hubiese “leído” mejor esa realidad (en vez de afirmar que los socialistas que representan a más de 10 millones de españoles no saben leer) seguramente hubiese dado una estocada mortal al Gobierno de Zapatero.

Pero no pasó. Por eso, más gente cree que el debate no lo ganó nadie que creer que lo ganó Rajoy. Lo importante, en ambos equipos, debe ser pasar de la euforia tras el debate y centrar las prioridades para superar la crisis, aunque seguramente ahora está todo concentrado en la campaña de las elecciones europeas. Vienen tiempos, sin duda, emocionantes.