Las claves del nuevo Gobierno de Zapatero

¿Por qué nueve cambios y no uno? ¿Qué ha llevado a Zapatero a abordar una remodelación en profundidad de su Gobierno? ¿Dónde ha quedado su intención, expresada de forma pública, de acometer sólo un cambio? Esas son las cuestiones que planean tras la toma de posesión de Alfredo Pérez-Rubalcaba, Manuel Chaves, Valeriano Gómez, Leire Pajín, Rosa Aguilar, Ramón Jáuregui y Trinidad Jiménez en sus nuevas funciones ministeriales.

Estos cambios deben leerse en una marcada lógica de lucha política: Zapatero no tira la toalla. La debacle electoral de 2012, que parece omnipresente, encuesta tras encuesta; y la profunda crisis económica –y política- que vive España exigen medidas drásticas. Y la remodelación responde a ello.

No pueden esperarse resultados distintas con las mismas herramientas, procedimientos… con la misma gente. Y aunque el equipo económico del presidente no sufre modificación alguna, la parte más política –si cabe- se ve modificada de forma profunda. Pero hay más lecturas y explicaciones a esta crisis de gobierno.

La geometría variable en el Ejecutivo

El presidente Zapatero ha hecho de la geometría variable, su forma de sacar adelante la presente legislatura. Fue investido en segunda vuelta con los votos de su partido, sin pactos estables de legislatura. Un modo de hacer política que ha exigido negociación continua y que, con el pacto alcanzado con los nacionalistas vascos y canarios, ha llegado a su fin.

En el Ejecutivo, en cambio, se impone un modelo de geometría variable en su formación. Zapatero acontenta a varias familias socialistas con la elección de sus ministros, desde los felipistas a los zapateristas; pasando por el guiño al mundo sindical y el intento de cerrar el flanco verde con la designación de Aguilar. La formación del nuevo Gobierno responde a ese intento de abortar cualquier revuelta interna en el tramo final de la legislatura. No han faltado amagos en las últimas semanas.

Todopoderoso Rubalcaba

Ha sido uno de los ministros mejor valorados desde su nombramiento. Así lo han mostrados las encuestas. También lo era De la Vega. Por ello, un peso pesado como la primera vicepresidenta de la historia de España, sólo podía ser substituida por otra pieza clave, de calado.

Rubalcaba es el ministro que acumula más poder en democracia y debemos entender ese movimiento como una señal claro de fortalecimiento del núcleo del presidente. Lo que queda de legislatura va a ser una carrera de obstáculos y el presidente necesita al mejor corredor. Rubalcaba lo es. Estabilidad, peso, entidad, dinamismo y acción; es lo que debe ayudar a construir Rubalcaba en este tramo final.

Un movimiento en clave de comunicación

“Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis explicado bien”, así se expresaba Felipe González en el mitin de cierre de campaña del PSC el 6 de marzo de 2008. Lo hizo ante Zapatero y ante Chacón. Y expresaba algo que se sentía ya durante la campaña por la reelección: con la salida de Barroso del equipo de comunicación, el Gobierno se había visto en dificultades para hacer llegar su mensaje.

La vicepresidenta De la Vega ha sido una excelente portavoz del Gobierno a lo largo de los últimos seis años. Mucho le debe Zapatero y su presidencia a su labor. Pero el problema ha persistido hasta hoy día. Incluso se ha agravado.

La crisis dio más protagonismo a lo económico, con lo que De la Vega ha ido perdiendo capacidad de acción a lo largo de los últimos meses. De hecho, en más de una ocasión las tensiones con otros ministros han llevado a la voz más creíble del Gobierno a verse cuestionada. Por ello, un relevo en la voz del Ejecutivo se planteaba necesaria en esa lógica de preparación del asalto de 2012.

Rubalcaba, que ya fue portavoz de un gobierno con Felipe González, es uno de los comunicadores políticos más eficientes. Que la voz del Gobierno esté en su tejado es una buena noticia para Zapatero.

La reforma deseada

Zapatero pudo sacarse ayer la espina que tenía clavada desde la anterior crisis de Gobierno, en abril de 2009. En esa ocasión, la pésima coordinación y el papel de la prensa le aguaron su momento estelar con Obama y evitaron aprovechar todo el impulso y la corriente positiva que una crisis de Gobierno puede tener. En aquella ocasión, todo sonó a precipitado. En esta, hasta la oposición ha comentado las virtudes.

El presidente mintió al referirse que sólo haría un cambio. Por ello, sorprendió a todos con la profunda remodelación. Las filtraciones aparecieron sólo pocas horas antes del anuncio oficial, dominando así la agenda política y dejando en un segundo plano el apoyo de los nacionalistas a sus presupuestos.

En clave sucesoria

La reforma del Gobierno tiene una clara clave sucesoria, ya sea en la óptica de que Zapatero sea su propio sucesor o la de contar con Rubalcaba para ello. Aunque tampoco debe menospreciarse el papel de Carme Chacón en todo el entuerto: alejada del núcleo que puede sufrir más desgaste, la ministra de Defensa sigue estando en su sitio y puede estar esperando su turno. Tanto si es el propio Zapatero, Rubalcaba, Chacón o cualquier otro candidato, se encontrarán con un Gobierno más completo que el anterior. Si saben aprovechar el impulso, claro.

La catarsis del PSOE en Vistalegre

No he podido estar hoy en Vistalegre, aunque debía ir. Pero si hay algo que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance es la capacidad de seguir actos que hace sólo unos años llegaban por los cortes de 30 segundos en televisión o asistiendo a ellos personalmente.

El 2 de mayo de 1879 se fundaba en la céntrica taberna madrileña Casa Labra el partido político más antiguo de España, el PSOE. El partido que, según ha expresado hoy el presidente Zapatero es “el más antiguo de todos, pero el más joven de todos”. Con la celebración de este aniversario de fondo, el partido ha dado el pistoletazo de salida a la precampaña de las elecciones del próximo 7 de junio.

Vistalegre, el templo que en los últimos años ha servido para “celebrar victorias y preparar victorias” según expresó Zapatero, ha agolpado a más de 20.000 almas entregadas, especialmente con el nuevo héroe del socialismo español, el lehendakari Patxi López.

Cartel de las grandes ocasiones, con el presidente Zapatero, el Lehendakari López, el vicepresidente Chaves y el candidato Juan Fernando López Aguilar, amén de Leire Pajín y Tomás Gómez.

El acto de Vistalegre ha sido la gran catarsis colectiva que el PSOE necesita para encarar una campaña que se plantea difícil. Difícil, por la posibilidad de estar ante un cambio de ciclo electoral si el PSOE pierde estas elecciones. Y difícil porque se prevé una elevada abstención.

Europa ha sido protagonista durante la primera parte del mitin, no así durante la segunda, en que Chaves ha dirigido una dura arenga contra el Partido Popular y los casos de corrupción que están asediando al principal partido de la oposición. El vicepresidente afirmo que “a la política no se viene a lucir trajes de lujo”.

Patxi López, por su parte, realizó un emocionante relato del cambio en Euskadi y homenajeó a los socialistas asesinados por ETA. Zapatero concluyó el acto agradeciendo a Patxi su liderazgo en el País Vasco y recogió el envite del juramento de Gernika al repasar con un “en pie” repetido varias veces la historia y los valores del PSOE, aterrizando su discurso a la situación política actual.

El acto ha dejado, a su vez, algunos detalles interesantes. La imagen del palacio absolutamente lleno es un mensaje en toda regla de la capacidad movilizadora del PSOE. Escenografía cuidada y moderna, como viene siendo habitual en el partido. Hemos visto un excelente discurso ordenado del candidato López Aguilar, que ha sido cerrado abruptamente por la entrada en escena de Chaves. Chaves ha sacado a relucir por analogía las dotes oratorias de López Aguilar.

Magdalena Álvarez, candidata a las elecciones europeas, ha estado estratégicamente situada tras los oradores. Y las casualidades de armario han querido que Patxi López y Alfredo Pérez Rubalcaba lucieran camisas similares. Y todo ello regado por el himno socialista, el aria de la Rosa y confeti rojo y blanco, para una fiesta socialista en un día gris en Madrid.

Zapatero cambia el ritmo y echa el resto

Pasaban veinte minutos de la una del mediodía cuando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero se situaba tras el atril instalado en la sala de prensa del palacio de La Moncloa. Traje oscuro, camisa blanca y corbata oscura a rallas. Semblante torcido, aunque hizo el esfuerzo de esbozar sonrisas para rebajar la tensión del momento.

Y no era para menos. Al menos tres fuentes distintas habían filtrado a la prensa lo que él venía a explicar: una remodelación profunda de su Gobierno.  Filtraciones que empañaron el que estaba llamado a ser uno de los momentos cumbres del año (su foto con Barack Obama ilustrando una nueva etapa en las relaciones bilaterales) y que ponía al descubierto su golpe de efecto para noquear al PP en plena semana vacacional. De hecho, el presidente quería hacer uso de la técnica ya utilizada para la legalización del PCE, en una Semana Santa del ya lejano 1977.

Como dijo hoy el presidente, los periodistas hicieron su trabajo y descubrieron lo que se cocía en Moncloa. Lo que no dijo es que se ha perdido más que ganado con esta escenificación de una profunda crisis.

1. El curso de los acontecimientos ha evitado recoger la estela de éxito de la participación de España en las cumbres del G-20, OTAN y Alianza de Civilizaciones. La crisis de gobierno ha comido espacio y tiempos a la principal noticia de los últimos meses.

2. Se ha escenificado una crisis y no una oportunidad de mejora. Mantener incógnitas sobre el futuro del país durante 48 horas ha mostrado la cara más oscura de un gobierno con limitaciones para llevar la delantera en el impulso político.

3. Se ha perdido la oportunidad de sorprender, aminorar los efectos de la crisis y convertir la reforma de un gobierno en algo positivo. Los tintes dramáticos de estas horas hubieran sido perfectamente evitables.

Nos encontramos ante una mala gestión de la comunicación. Es un hecho innegable. Una crisis que ha quitado más que dado al balance de activos del gobierno y que muestra la debilidad para controlar lo que dicen sus propios integrantes. O lo que es lo mismo, que pone al fuego amigo en una posición más mortal que el enemigo.

No es mi intención analizar la valía o no de los nuevos ministros y ministras (para ello os recomiendo algunos de los enlaces de este post) pero quiero dejar para la reflexión algunos puntos importantes de los cambios en el Gobierno.

1. Tengo la sensación que el Gobierno ha perdido una oportunidad de oro para mitigar los efectos de la crisis en sus apoyos. No sé si optar por un ministro o ministra de Economía independiente, nuevo, etc. hubiese sido mejor. Me explico: Salgado ha formado parte de todos los ejecutivos de Zapatero y en absoluto puede decirse que sea impulso o un cambio radical. Me pregunto que hubiera pasado si una nueva figura hubiese emergido, y qué hubiese hecho la oposición con los necesarios 100 días de gracia que coincidirían con una vital campaña electoral. Si alguien se aventura a comentarlo, bienvenido será.

2. Catalunya, pese a haber dado 25 decisivos diputados que hicieron a Zapatero Presidente, tiene un poder diluido en este ejecutivo. Chacón sigue en Defensa y Corbacho será el ministro de los 5 millones de parados, mientras Galicia sigue con sus 3 ministros (con una vicepresidenta) y un peso pesado como Chaves va a encargarse de algo llamado Cooperación Territorial, que no dejará de ser Administraciones Públicas.

3. Además, Catalunya no puede recibir con mucha ilusión el cambio: si con la nueva vicepresidenta no se alcanzaron acuerdos sobre competencias que están recogidas en el Estatut (y con quién se deberá atajar ahora la financiación), no hay hechos demasiado objetivos para creer que sí se alcanzaran con Chaves (con un marcado perfil político en la materia). Todo parece indicar que no habrá financiación este año, con lo que el papel de ERC en el tripartito empieza a chirriar. ¿Estará Zapatero desando la ruptura del tripartito y unas elecciones anticipadas que traigan a CiU a la Generalitat y un aliado para aprobar presupuestos en otoño?

4. ¿Y el PSOE? ¿Está echando el resto en una situación desesperada? Las tres figuras claves del Partido están en el Gobierno, con lo que ello supone. Busca reforzarlo, pero el riesgo de una derrota electoral de aquí a 2012 adelanta una futura crisis en el partido que tendrá a sus pesos pesados en responsabilidades gubernamentales.

Zapatero echa el resto para escenificar un cambio de ritmo. Parece ser que este último año ha tenido un gobierno con el paso cambiado y quiere coger carrerilla en vistas a la presidencia europea de 2010. Y para hacer frente a la famosa crisis, claro está. Deberemos esperar, al menos, a esos 100 días para el beneficio de la duda y a unas decisivas elecciones europeas el 7 de junio.

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