Invictus

A finales de mes se estrenará en España una de las películas del año: Invictus. Dirigida por Clint Eastwood y con un cartel de lujo. Morgan Freeman –sólo él podía hacerlo- da vida a Nelson Mandela en una película inspirada en el célebre libro de John Carlin “El factor humano”.

Mejor no os cuento el argumento, para eso tenéis el libro o el trailer, prefiero centrarme en un elemento que está tratado con genialidad en el trailer: inspirar esperanza. No es fácil hacerlo y por la historia, por el personaje –y porque, en el fondo, estamos hablando de cine- en nada nos sentimos dentro de lo que nos cuenta. Quizás la producción de oxitocina cuando nos cuentan una historia de estas características tenga mucho que ver…

Espero poder comentar algo más sobre esta película cuando la estrenen (si alguien tiene entradas para la première, le acompañaré encantado), pero todo apunta a que será una gran lección de liderazgo. Pero no de ese estricto, tradicional, masculino. No. Será una lección de liderazgo emocional, en donde las personas y sus sentimientos son el centro. Aunque se hable de rugby. Será una historia de como un liderazgo basado en la empatía, la esperanza y las emociones son la clave de los imposibles. Como la propia historia reciente de Suráfrica, la victoria del candidato alternativo como Obama o el Barça de las seis copas y el liderazgo emocional de Pep Guardiola.

Que vayan preparando las palomitas…

El escaño de Pajín

Ya sea por experiencia propia o por la de algún allegado, todos sabemos lo que es ser el marginado o marginada de la clase. Alguna vez no nos escogieron para el equipo de futbol del recreo o esa compañera tan molona de clase se deshizo en esfuerzos para evitar hacer el proyecto de ciencias contigo. Todos sabemos lo que es, todos sabemos lo que se siente.

Hago esta pequeña introducción para comprender el modo en que muchos ciudadanos podrán interpretar la amenaza del PSOE de vetar al PP en algunos cargos si no se resuelve de forma rápida y favorable el nombramiento de Leire Pajín como senadora por la Comunitat Valenciana.

Desde mayo el PP, que tiene mayoría en las Corts Valencianes y que de esos votos depende que Pajín pueda ser senadora autonómica, está vetando este nombramiento con retrasos por cuestión de forma. Hasta el momento, incluso los seguidores más fervorosos del partido de Rajoy podrían entender que se está cometiendo una injusticia, que se está usando el juego sucio en política.

¿Qué ocurrirá ahora? Si el PP hace caso omiso de este aviso y el PSOE pone en marcha su órdago, el discurso podría mutar de gran forma y el ciudadano de a pie pasaría de considerar a Pajín la niña que no sabe chutar un balón a calificarla como la abusona que deja a los otros en el banquillo.

Es muy cierto que el PP está tensando la cuerda al máximo en un asunto, el reparto de los cargos institucionales, que en 30 años no ha producido grandes problemas. Pero también es cierto que emocionalmente nos sentimos más próximos de los débiles que de los abusones. Hasta ahora el débil era el PSOE, pero con este cambio de estrategia pasa a ser el fuerte.

El fuerte, que además, está en el Gobierno del país, que acaba de pedir a la fiscalía que siga con lo de Camps… el fuerte que será percibido más amenazador por los valencianos que el hecho que pidan a Pajín que demuestre su compromiso con la Comunitat en una comparecencia en las Corts. Como si no hubiera diputados y senadores por la Comunitat que pasen olímpicamente de ella…

En política no prevalece la razón. Porque la razón muestra claramente la obstrucción que está realizando el PP. En política la emoción manda, y el mensaje emocional que acaba de enviar el PSOE no es el más adecuado. Tienen la oportunidad de oro de hacer de su discurso el más emocional de todos, tienen los regalos a Camps, a Barberà y a miembros del Consell, tienen la manipulación de Canal 9, tienen lo de Pajín, lo de la America’s Cup, Fabra… ¿con estos elementos el PSPV y el PSOE no podrían construir un auténtico mensaje emocional que desmorone el monopolio de lo que es valenciano que tiene el PP?

Y ya como apunte final: me encantaría ver hoy a algunos medios valorando eso de demostrar el “compromiso con Valencia” que pide el PP si en vez de la Comunitat lo pidiese el Parlament de Catalunya…

El liderazgo emocional de Pep Guardiola


Muchos eran los escépticos que hace poco menos de un año no le auguraban a Pep Guardiola una tarea fácil en el F.C. Barcelona. El ex jugador, una figura mítica para el barcelonismo, tenía el difícil objetivo de devolver la ilusión a una desencantada afición y cosechar triunfos deportivos para el que presume ser más que un club.

No entiendo de futbol, pero se dice y se comenta -incluso entre las filas de los eternos rivales- que el desempeño de este equipo en el campo es algo extraordinario: la calidad de sus jugadores ha sabido encontrar el justo equilibrio para que las estrellas brillen con un juego de equipo sublime.

¿Cómo se llega a esta unanimidad en el criterio y a un triplete sin precedentes? En ello, el liderazgo de Pep Guardiola ha tenido mucho que ver. Un vestidor, al igual que una empresa, un gobierno o un país están ávidos de liderazgo. De alguien que sepa marcar las metas y sepa aprovechar el talento y la personalidad de los individuos que forman las unidades mencionadas para el bien del colectivo.

Guardiola ha echado mano de su propio relato personal (el joven de Santpedor que subió poco a poco de categoría en el equipo de sus amores hasta formar parte del famoso Dream Team y salir de él por la puerta grande) para asentar las bases del vestidor. El valor del esfuerzo que encarna para poner freno al frenesí de la anterior etapa. El trabajo, el respeto y la humildad contra el despilfarro, la fiesta y el bajo rendimiento.

Pero sin duda, Pep ha sabido crear lo que siempre ha sido y debe ser un equipo de fútbol: una unidad. Guardiola ha luchado para que el valor del colectivo sepa maximizar las virtudes de los mejores y hacer a todos partícipes de las mismas metas. Guardiola, como Obama, ha sabido entender que las cosas se consiguen sumando.

Su liderazgo ha traspasado el vestidor, como no puede ser de otro modo en una sociedad organizada, en cierta manera, alrededor del futbol. Su trato exquisito con los medios vapuleó toda oposición inicial y su discurso esperanzador a la par que comedido convenció a los culés. Y llegaron los resultados…

El estilo de Pep es una prueba más de esta emocionalidad cada vez más importante para forjar grandes líderes. Relatos personales potentes, proximidad, humildad, creencia en las personas, la fuerza del colectivo… Pep nos ha dado una lección, y tres títulos a los culés. No es baladí que algunos vean en Guardiola la traslación de Obama al once contra once. Quizás exagerado, pero que por mi no quede: Yes, we Pep!