Lo que dice Sinde cuando calla (anatomía de un instante)

“Me gusta cuando callas, porque estás como ausente”. Cuando Neruda escribió estos versos no se refería a la ministra de Cultura ni al poder de la comunicación no verbal. El pasado domingo, cuando Álex de la Iglesia dirigía su último discurso como presidente de la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España en la gala de los Goya, la ministra de Cultura hizo todo menos estar ausente cuando callaba. Al contrario, sus gestos, sus miradas y sus manos dijeron mucho.

De hecho, ver el discurso de Álex de la Iglesia sin sonido es una experiencia única que pone de manifiesto el poder de la comunicación no verbal. Ese poder que la escuela de comunicación de Palo Alto no dudó en calificar como el 80% de la importancia en un mensaje.

Así, si observamos con detenimiento el lenguaje corporal de los protagonistas en un discurso tan esperado, encontramos interesantes apreciaciones que comunican tanto o más que el mensaje oficial. Porque no lo olvidemos, el contexto es el que marca la tensión del momento. De hecho, recapitulemos algo para aquellos que no han seguido con demasiada profundidad la crisis abierta entre la ministra y el presidente de la Academia.

Cuando el Congreso de los Diputados rechazó las enmiendas a la Ley de Economía Sostenible conocidas como “Ley Sinde” por la mayoría de la población, Álex de la Iglesia había iniciado ya un contacto a través de su Twitter con los internautas sobre la situación del cine, las descargas, los derechos de autor… Incluso llegó a convocar una reunión en la Academia con líderes de opinión de la Red para conocer sus puntos de vista. La experiencia generó que cambiara de opinión: era necesario incluir más puntos de vista en la toma de decisiones.

Eso chocó con la ministra. Tanto, que tras la aprobación en el Senado de la “Ley Sinde”, el presidente anunció su dimisión tras la gala de los Goya. Protocolariamente, el presidente y la ministra se sentarían juntos toda la gala, así que el momento y el discurso tenían un especial interés.

Así, llegamos al momento álgido. No de la gala, sino de la polémica. La megafonía anuncia al presidente de la Academia. Entra en escena y se sitúa tras el atril. Empieza el discurso y con ello, el espectáculo de lo que dicen los protagonistas sin decir nada.

Ángeles González-Sinde

La ministra sabe que va a ser vista. Que las miradas se van a posar sobre ella. Por ello, justo cuando Álex de la Iglesia empieza su discurso mira rápidamente su vestido y su escote. Todo está en su sitio. Acto seguido, levanta el mentón y junta las yemas de los dedos. Durante todo el discurso las manos serán la clave que nos dará mucha información: en realidad está tensa y aunque su semblante no cambie mucho durante el discurso, sus manos serán el modo de descargar esa tensión.

Yemas juntas, dedos entre cruzados, siempre haciendo la punta de una lanza, hacia arriba, cerca del mentón. Acentúa su imagen altiva, de superioridad. Fija la mirada.

A medida que avanza el discurso, sube la mirada en varias ocasiones, al infinito, para volver a fijarla en De la Iglesia. Aunque nos hemos propuesto ver el discurso sin sonido, queremos saber porqué esboza una media sonrisa y mira a su izquierda, como buscando la complicidad de alguien. El presidente acaba de decir que “Internet es el presente”.

La ministra mantendrá una media sonrisa perenne en todo el discurso y finalmente, aplaudirá. No de forma fervorosa, pero aplaudirá.

Alex de la Iglesia

De la Iglesia no usa teleprompter. Lee el discurso. Por ello, su lenguaje no verbal está muy condicionado por esa situación. Pese a ello, empieza su discurso con las dos manos sobre el atril, con fuerza. Cabizbajo, ceño fruncido, concentrado en lo que hace. Le pone tensión y escenifica ese enfado. Aunque parece que coja carrerilla para soltar una buena retahíla de argumentos.

A partir de ese momento, empieza un movimiento ascendente y rítmico al contornear la cara. Lo hará cada vez que suba la mirada del papel y la fije en el público. Si ponemos la voz al vídeo veremos que lo hace en los mensajes clave.

Solo sonríe en un par de ocasiones: cuando se refiere a su sucesor y cuando afirma que ha creado una crisis. Le falta empatía con el público, pero su semblante comunica seriedad, credibilidad y le da tensión al momento.

Leire Pajín

La ministra de Sanidad fue pillada por las cámaras al finalizar el discurso en un gesto que ha generado mucho ruido. Un gesto de alivio, de “por fin termina este rollo”. Su cara muestra aburrimiento. Si analizamos bien el vídeo observamos como minutos previos a ese gesto, la ministra hurga en su bolso, distraída.

Elena Salgado

De los pocos planos que nos acercan a la vicepresidenta, vemos como juega nerviosamente con sus gafas. ¿Nerviosismo por lo incómodo del momento o juego por aburrimiento?

Actores

Encontramos diferencias entre ellos. Bardem, que es enfocado dos veces, muestra un semblante serio e interesado. Terele Pávez muestra conformidad con lo expresado por Álex de la Iglesia cuando la vemos aplaudir con fervor y mientras asiente con la cabeza. En cambio, el más interesante es el gesto de Icíar Bollaín, la persona que substituirá a De la Iglesia. Aguanta el tipo, desafiante. Tiene una media sonrisa que es difícil de interpretar… aunque no parece estar del bando del orador.

Pongamos el volumen y escuchemos el discurso de Álex de la Iglesia. Dijo mucho. Pero tanto o más dijeron los ministros y los actores con algo que no podían controlar: lo que sentían y expresaban con su rostro.

El discurso del Rey (The King’s Speech)

Esta es la historia de un hombre que no nació para ser rey pero que estaba predestinado para serlo. Bautizado con el nombre de Albert, Bertie para la familia, algo presagiaba que sería él el que llegaría al trono. Quizás su abuela materna lo intuyó, cuando escribió que esperaba que su último nombre, George, acabara substituyendo el que consideraba era menos favorecedor.

El camino al trono no era el más esperado. A la muerte de su padre, su hermano mayor ascendió al trono. Pero su relación con una norteamericana divorciada en dos ocasiones le empujó a abdicar. Así, Albert, Duque de York, llegó a ser George VI a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Un rey tartamudo en la era de la radio.

“The King’s Speech” es la película que muestra los esfuerzos de George VI por minimizar los efectos de su tartamudez en una época en que los jefes del Estado, los líderes nacionales, deben pasar del papel a la voz. Es una muestra viviente de la importancia de la comunicación y del poder de las palabras.

Con la llegada de un nuevo medio de comunicación, la familia real británica debe dar el paso. Debe entrar en las casas de sus súbditos. Pero además, en el contexto de una guerra mundial en ciernes, su monarca debe ser la voz de un pueblo. La película nos muestra esa lucha titánica por controlar los problemas en la voz de un pueblo y liderar la respuesta alemana desde el poder de las palabras.

Más allá de la portentosa actuación de Colin Firth, una ambientación excelente, buen ritmo y un buen guión, “The King’s Speech” hará las delicias de muchos lectores de este blog por las referencias al valor de la palabra, a la necesidad de comunicar algo más que mensaje en un discurso y al poder del lenguaje no verbal. Por ello, este film es imprescindible y deberíamos añadirlo a la lista de las 20 mejores películas políticas.

El Gobierno tiene mucha cara

Parole, parole, parole… en el debate parlamentario de esta mañana, en el que gracias a la abstención de CiU evita que el decreto del Gobierno se tramite como Proyecto de Ley –complicando la adopción del tijeretazo-, se han usado muchas palabras. Muchas. Frases, titulares. De reproche de unos y de otros. Pero ¿los votantes nos quedamos con eso?

Pasemos de las palabras a los números. Según la escuela de comunicación de Palo Alto (California), el 80% de un mensaje depende de nuestro cuerpo y nuestra voz. ¿El 20% restante? Las palabras. Sí, parole, parole, parole. Es más, algunos especialistas creen que la contribución de esas palabras al mensaje es incluso inferior: un 7%. Aunque también hay quien cree que la influencia de nuestra pose es del 55%. Pero en ambos casos, número arriba o número abajo, es más importante el cómo que el qué. O quizás, que el cómo acaba siendo el qué.

El País nos ofrece una imagen que es, en sí misma, un caso práctico de lo visto. La fotografía de la bancada del Gobierno es más importante que el qué (el sí a las medidas por un voto) porque escenifica la situación política del país de una manera fidedigna. Supera al discurso. Supera a lo defendido en la tribuna de oradores.

Si el lenguaje no verbal tiene la capacidad de evocar reacciones emocionales, deberíamos preguntarnos qué evoca esta foto. Sin duda, un ejercicio interesante. Porque observamos cansancio, agotamiento, se ven superados… en definitiva, genera emociones de inseguridad. Si el que toma las decisiones se muestra así, ¿cómo deben estar las personas que peor lo pasan en esta crisis? Ese tipo de juicios son los que genera la fotografía.

Este perfecto caso de estudio nos sirve para repasar los elementos que juegan un papel esencial en este proceso comunicativo: postura, expresión facial, gestos y mirada:

  • Postura: los ministros aparecen hundidos en sus escaños, muestra de la inseguridad y el miedo que les produce la situación. Esas posturas comunican ese temor. Justo lo contrario de lo que se quiere comunicar a los mercados y al conjunto de la ciudadanía. Sólo el presidente está erguido, aunque su semblante es un poema. Mantener una postura de acuerdo al mensaje que un líder comunica es esencial para asegurar una correcta interpretación del mismo. El mensaje del Gobierno colisiona con lo que se desprende de sus posturas.
  • Expresión facial: lo acabamos de comentar, la cara de Zapatero es un poema. Semblante serio, de circunstancias… potentes transmisores de información. Defender las medidas para fortalecer la economía con un gesto fruncido o apagado transmite lo contrario de lo que se pretende construir. Según señala Sebastià Serrano “el escenario más atractivo de los diferentes paisajes corporales dibujados por las emociones es el paisaje facial, de las caras”. El del Gobierno tiene poco atractivo.
  • Gestos: Salgado y Chaves se tocan el mentón, representación de la preocupación. Moratinos se sostiene la frente con la mano… gestos que en la mayoría de ocasiones son producidos por el cuerpo de forma inconsciente y, de ese modo, exterioriza las emociones. Difíciles de controlar, ahí radica el poder de la imagen y la autenticidad del momento.
  • Mirada: Moratinos la esconde. Zapatero y Caamaño tienen su mirada perdida en un horizonte complicado. Chaves parece mirar con miedo, como si no quisiera ver lo que está pasando. Los ojos pueden proporcionar las señales más reveladoras y exactas de toda la comunicación humana porque son un punto focal del cuerpo y las pupilas trabajan de forma independiente. Zapatero estuvo a punto de pedirnos en 2004 que le miráramos a los ojos “Mírame a los ojos y dime que eres de derechas”, en un prototipo de cartel electoral. Hoy era él el que no quería mirar a los ojos a los españoles.

Este Gobierno tiene mucha cara. Tanta, que la información que desprende es más reveladora que sus medidas o sus discursos. O, al menos, eso es lo que perciben la mayoría de ciudadanos. Por algo, antes del desbarajuste, el 75% de los ciudadanos no confiaba en su presidente. Veremos que dice el próximo barómetro del CIS…

¿Y la corbata de Obama?

Publicado hoy en La Vanguardia.

¿Y la corbata de Obama?

Estos días muchos se han preguntado si el cambio propuesto por Obama ha sido real o no. Si ha existido o si su promesa ha caído en saco roto. Todo dependerá de las expectativas con las que uno se plantó la noche de la victoria electoral y con su máxima expresión en la demostración de apoyo que el presidente vio en las calles de una gélida capital del país hace algo más de un año. El presidente recién electo lanzó un mensaje para navegantes en su discurso de victoria:“El camino será largo. No llegaremos en un año, quizás ni en un mandato”. Ese camino se ha materializado en éxitos y en fracasos, en esperanzas y en desilusiones… pero también en pequeños detalles como una corbata.

La corbata sea, quizás, uno de los símbolos más potentes para representar un político. Pidan a un niño que les dibujo a uno, no faltará ese atuendo. Durante la revolución francesa, cobró el significado político que no había tenido hasta el momento: los revolucionarios la llevaban negra, sus enemigos, blanca. Un símbolo de status que hoy se cuela en las campañas electorales, rojos contra azules. Naranjas y verdes. Corbata contra los que no la llevan. Por ello, Obama lanzó un mensaje más profundo de lo que parece cuando el pasado 28 de diciembre compareció para dar los detalles del ataque terrorista frustrado a un vuelo comercial en Detroit que había tenido lugar el día de Navidad: compareció sin corbata en uno de los momento más delicados e importantes de su presidencia.

Tras los ataques del 11 de septiembre, el terrorismo es un tema prioritario en Estados Unidos. Los efectos de los peores atentados nunca vividos en suelo americano se han alargado a nuestros días, no sólo en el incremento de la seguridad y la vigilancia, sino a nivel político. George W. Bush y el Partido Republicano entendió muy bien lo que supusieron los ataques para la mentalidad americana y comprendieron qué redes se activaban en el cerebro de los ciudadanos cada vez que se hablaba sobre ello.

La lucha contra el terrorismo no tardó en llamarse guerra contra el terror. El miedo no cesó de ser un arma política. Incluso se llegó a aumentar el nivel de alarma por terrorismo el día que los americanos debían ratificar a Bush en el cargo en 2004. “Cuando vayan a las urnas, recuerden que estamos en guerra”, afirmó Bush el mismo día de las elecciones legislativas de 2006. Según señala Drew Westen, más de 250 experimentos han demostrado que cuando nos recuerdan que somos inmortales, nuestro cerebro vira a la derecha. Por ello, ni los ataques del 11S fueron algo anecdótico ni la lucha contra el terrorismo merecía un status menor que una guerra contra el terror que exigía todo tipo de sacrificios. Y ante ello, no hay oposición política que pueda mostrar su desacuerdo sin parecer un irresponsable.

Los demócratas estuvieron fuera de juego durante casi todo el mandato de Bush. Dejaron que el miedo ganase, desde las emociones más primarias, el voto de los estadounidenses. La oposición dejó los términos del debate en manos del presidente y no pudo sobreponerse a sus ataques. Eran demasiado débiles para defender al país. Demasiado inconcretos para atajar un mal nacional. Hasta que los estrategas demócratas cambiaron los términos del mismo debate. La guerra contra el terror no era lo mismo que la guerra de Irak. Se podía estar en contra de esa guerra sin mermar el apoyo a mantener el país seguro de ataques terroristas. Por ello, esas elecciones legislativas de 2006 fueron el principio del fin de la hegemonía republicana.

A partir de ese momento, en las filas demócratas empezó a tomar consciencia la importancia de manejar las emociones para ganar elecciones y gobernar. Obama lo ha hecho desde el primer día que entró en campaña y no lo ha olvidado durante su mandato. Quizás por ello, el pasado 28 de diciembre dejó la corbata que un ayudante tenía preparada. Si el miedo mueve al electorado a posiciones más conservadoras, es necesario usar un marco menos determinista que el aupado por Bush. Por ello, lanzó un mensaje al aparecer sin el atributo máximo de la política y la solemnidad.

Obama se dirigió a la nación con unas formas muy distintas que las de su predecesor. Sin corbata, pero también sin mencionar la guerra contra el terrorismo o la guerra contra el terror. Lo hizo para contar lo que sabía y tranquilizar a sus conciudadanos. Todo está seguro, estamos trabajando. Ese fue el mensaje. Siéntanse seguros, porque yo lo estoy. Tanto, que el nivel de solemnidad de mi discurso es menor, quería comunicar el presidente.

Porque las acciones han sido igual de contundentes. Obama se refería en su discurso de aceptación de la nominación demócrata a la tensión entre los derechos individuales y la seguridad, apostando por los primeros. Sus decisiones últimas han ido a por lo segundo. Pese a no querer darle a este tema la centralidad de su antecesor.

Sólo el tiempo, el azar, la suerte y el trabajo y coordinación de las fuerzas de seguridad podrán decir si el miedo tiene su base o no. Si es posible gestionar esta emoción con gestos como los del presidente o si por el contrario, una sociedad asustada lo está igual pese a los discursos y las formas de su presidente. En todo caso, parece que Obama se lo pensó dos veces cuando tuvo la corbata en la mano. Y, quién sabe, quizás recordó las enseñanzas de Westen y de la pujante escuela sobre la neuropolítica. ¿A dónde tiene que llegar el cambio? ¿Sólo en las acciones y resultados políticos o también en la mente de los ciudadanos?

Presidente por su cara bonita

Aunque en nuestra familia aún nos extrañamos, mi hermana es tremendamente presumida y puede tardar horas en peinarse, maquillarse, vestirse… Digo que nos extrañamos porque durante toda su infancia fue una defensora a ultranza del cabello bien corto, la ropa deportiva y el fútbol. Hoy, los tacones y los vestidos copan su armario. Quizás no haya leído ningún estudio, pero conoce a la perfección la importancia de causar una buena primera impresión.

Mi hermana trata diariamente con muchas personas. Sabe que su sonrisa o el modo de mirar a un nuevo cliente son tan claves como el producto que tiene entre manos. Aunque no haya leído nada que lo corrobore, lo sabe. Y no va desencaminada: la escuela de Palo Alto cifró en su mítico 80% la contribución de aspectos no verbales en la formación de un mensaje. Y en ese 80%, la cara tiene mucho que ver.

La cara es el espejo del alma. Sólo con ver la expresión de alguien podemos intuir que algo le pasa (indisposición o algún estado emocional como la ira, la rabia o la sorpresa). La información que nos aporta es valiosa y tiene un papel más relevante del que creemos en la toma de decisiones.

¿Influye el rostro de los candidatos a nivel político? ¿Podemos llegar a predecir la victoria de un candidato por su cara? Varias teorías apuntan a ello. Según Mark van Vugt, los electores tienden a buscar en el rostro de una persona mayor su candidato en las elecciones en periodos de estabilidad. En cambio, los candidatos con un rostro joven, sus rasgos y sus características faciales, tienden a aglutinar más apoyos en épocas de cambio. Quizás esa sea una de las explicaciones para el resultado de las elecciones presidenciales norteamericanas de 2008. Pero también sería la base para explicar el ascenso meteórico del entonces líder de la oposición en España, Rodríguez Zapatero. O de Cameron en el Reino Unido hoy.

Lo que apunta Van Vugt tiene mucho que ver con las atribuciones del propio liderazgo que muestran las características personales (y por tanto, las faciales) de los candidatos. En la misma línea va un interesante estudio de la Universidad de Princeton. Según éste, existe una fuerte correlación entre estos elementos y los resultados electorales. Los investigadores de esta prestigiosa universidad llevaron a cabo un estudio con los ganadores y perdedores a las elecciones a la Cámara de Representantes y Senado de los Estados Unidos durante las elecciones de 2000, 2002 y 2004. Se mostraron sólo fotografías, por pareja de ganador y perdedor, de circunscripciones desconocidas para los sujetos del estudio. Se les pedía que puntuaran a cada candidato según la competencia, credibilidad, honestidad, etc. que les profería cada imagen. Sólo visualizando una foto –no conocían el nombre, partido o resultado de cada uno de ellos- los resultados mostraron que podían predecir en un 70% de los casos los resultados reales de las diferentes contiendas. La cara es, sin duda, el gran aparador de los signos visuales.

No es sólo una cuestión de belleza –algo realmente subjetivo-, sino de lo que transmite el rostro de un político. De los atributos que es capaz de generar. O lo que es lo mismo, no vale con hacer un casting para buscar al político más guapo. Pero tengamos en cuenta que, a nivel general, no sólo valen los argumentos en un cara a cara. Nunca mejor dicho.

Enlaces interesantes

The New Yorker publica un interesante artículo interactivo sobre las fotos que hizo Platon en la última Asamblea General de Naciones Unidas. Estas fotos del poder, además de alucinantes, se acompañan de comentarios del fotógrafo. Los rostros del poder en un clic.

Los 5 trucos para improvisar un discurso

Los políticos suelen estar muy acostumbrados a hablar en público y dirigirnos algún discurso. Es, sin duda, su herramienta de trabajo. Pero no todos nos enfrentamos a dirigir unas palabras de forma habitual. Y a veces, cuando es necesario hacerlo, uno no sabe como atajarlo.

Cuando sabemos con antelación que deberemos dirigirnos a un auditorio, la cosa es un poco más fácil: tendremos tiempo para escribir el discurso, ensayarlo, etc. Incluso hacerlo ante alguien para poder observar su reacción al mismo. Siempre es difícil enfrentarse a un público –por pequeño que sea-, pero un discurso escrito nos da mucha seguridad. Pero, ¿qué ocurre cuando estás en una fiesta y alguien pide que dediques unas palabras?

Cada año me ocurre lo mismo en mi fiesta de cumpleaños. Tras la cena y los regalos mis amigos me piden que les diga algo, que improvise un discurso. En una situación así, el pánico puede llegar a paralizarte. Por ello, nunca está de más tener en cuenta algunos consejos. Los cinco trucos para improvisar un discurso:

1. El discurso no debe durar más de cinco minutos, así que concéntrate en lo que realmente quieres decir (agradecer un regalo u homenaje, la presencia de tus invitados, etc.). Sé breve y no intentes dar demasiadas vueltas al tema. Así que tómate unos segundos para pensar con claridad y decidir el tema de tu discurso.
2. El primer minuto es esencial. El objetivo es captar la atención pero, por sobre de ello, mostrar que vale la pena que te escuchen. Debes evitar titubear y si es posible, conseguir enganchar a tu audiencia. Piensa que, en la mayoría de los casos, ya te conocen y están de tu parte. Así que olvida los formalismos y siembra la suficiente duda para que te escuchen.
3. Gana intensidad. Tras el primer minuto, debes empezar a escalar tu discurso. La anécdota la llevarás a la tesis de tu discurso y deberás hacer uso de una excelente herramienta en este tipo de discurso: la emoción.
4. El lenguaje no verbal, un aliado. Aunque estarás muy concentrado en lo que digas –no tienes nada escrito o preparado-, intenta hacer lo posible para que tu discurso verbal y no verbal vayan a la par. Cuida tu posición (sobretodo para que tu voz pueda brillar) y no fijes tu mirada sólo en una persona. Ni sobreactúes ni te pases de soso.
5. Lo mejor para el final. Seguramente sea lo que más recordará tu audiencia, así que compórtate como un buen vino: debes dejar un buen sabor de boca. La emotividad, un argumento contundente o un elegante final son perfectos en estas ocasiones. Siempre será más efectivo el final de discurso preparado, pero juegas con una ventaja esencial: sentir como nace un discurso en tu cerebro y apelar a las emociones suele crear grandes discursos para el recuerdo.

No sé si fui exitoso en mi discurso del sábado. Tras varios años dando fiestas de estas características uno ya se espera ese momento y puede pensar en algo. Pero aunque lo pensara con anterioridad, siempre se pierden cosas que un texto recoge. Si te ocurre, toma aire, detente y piensa. Poco a poco, fluirán las palabras.

Foto de Tim Morgan

¿Cómo detectar si un político miente?

Si en alguna ocasión tu pareja te suelta un “Cariño, te juro que entre nosotros no ha pasado nada”, quizás sea el momento de pedirle a nuestros sentidos que presten más atención de la habitual a escudriñar toda la información no verbal que podamos para detectar si debemos empezar a desconfiar de la palabra dada. Quizás en eso, las relaciones de pareja y la política se parezcan más de lo que podamos creer.

En ambos casos se establece una relación de un enorme vínculo emocional que puede llevarnos a cambios muy importantes en nuestra percepción. Como ya comentábamos en este post, cuando una persona es simpatizante de un partido político, tiende a buscar el modo de justificar cualquier cosa, incluida la mentira. Algo muy parecido al síndrome de Estocolmo que podemos sentir cuando imaginamos que nos han sido infieles pero no queremos creerlo.

Estamos, como decía Sebastià Serrano, sin lugar a dudas, en uno de los grandes momentos de la comunicación: el arte de la mentira, el engaño, el disimulo… para algunos la política es el arte de estas malas prácticas. Quizás porque es tan antiguo como el ser humano, mentir sea pecado en varias religiones y la honestidad una virtud en tantas otras culturas. Y quizás por ello también, tal y como señala Eduard Punset, estamos más preparados para descubrir a un mentiroso que para encontrar la verdad.

De hecho, esa virtud que, según Punset, tenemos los humanos, no es una especie de radar o sexto sentido, sino la capacidad de detectar cambios en los estados emotivos en el discurso verbal de la persona que miente. Algo así como lo que hacen los detectores de mentiras tan explotados en televisión: observar los cambios fisiológicos que nuestras emociones generan.

Aunque la distancia física con nuestros políticos suela ser insalvable y solo la televisión o internet nos abran una ventana a estos líderes, muchas veces sus reacciones nos dan una información muy valiosa. Aunque por si alguna vez –especialmente en campaña electoral- algún político te da la mano y conversa contigo, te sugiero que prestes atención a estos cambios fisiológicos:

  • Cuando una persona miente, su tono de voz cambia. Algunos expertos señalan que la subimos una octava, más o menos.
  • El ritmo de respiración se acelera.
  • En algunas ocasiones, el color de la cara puede cambiar. Es muestra de embarazo por la posibilidad de ser descubierto, así como reacción al mayor ritmo de respiración.
  • La mirada suele delatarnos, ya que se suele dar un cambio en ella, en el movimiento de los ojos.
  • Disminuyen los gestos, ya que nuestro cerebro está más ocupado en dar consistencia al mensaje verbal y dedica menos atención a nuestra gesticulación.

Además de estas señales de alerta, la cara suele ser un reflejo muy claro de lo que estamos haciendo. Quizás por miedo, vergüenza o culpa, nuestro rostro suele cambiar y estas emociones pueden generar una contradicción aparente entre lo que decimos y lo que creemos.

Hablando del poder de esos gestos, para muchos el que hizo Richard Nixon durante las entrevistas con el periodista británico Frost en 1977 fue tan revelador como un proceso de impeachment. En el minuto 1:27 del siguiente vídeo se muestra el poder de un gesto:

Quizás, la próxima vez que escuchemos a un político afirmar que “yo sólo dije la verdad” debamos atender a estas pistas. O a las hemerotecas, que nunca fallan –quizás por ello, el régimen del Gran Hermano de Orwell tenía tanto interés en corregir las noticias para que nunca se mostraran los errores. Y así finalmente, no saber qué era cierto y que no. Por si las moscas, estos consejos.

¿Quién manda en el PP?

Ricardo Costa ha puesto en evidencia a Mariano Rajoy cómo pocas personas han hecho en los últimos años. Ayer el castellonense fue el director de una extraña puesta en escena que mantiene ha mantenido en vilo a gran parte del país.

Costa jugó muy bien sus papeles y demostró eso que la venganza es un plato que se sirve frío. Su retiro por el Camino de Santiago le ha permitido ser el contador de una gran historia que tendrá efectos graves en el Partido Popular.

Por lo pronto, muchos ciudadanos, especialmente los que serán decisivos para ganar las elecciones, se preguntaron “¿Quién manda en el PP?”, porque la cantidad de mensajes contradictorios que estan recibiendo les ha llevado sin duda alguna a esa reflexión. Y Costa fue el máximo instigador de esos mensajes, con un Francisco Camps que no sabe muy bien qué hacer.

A nivel comunicativo, el órdago de Costa rozó la perfección. Hizo valer como pocas veces se han visto la máxima de Clausewitz: la mejor defensa, es la defensa misma. Y urdió la trama que todos más o menos conocemos.

Pero me parecen especialmente interesantes algunos elementos del relato que nos presentó el ya ex-secretario general del PPCV:

El tempo

Ricardo Costa manejó a su antojo el tiempo informativo de los medios y la opinión online. El comunicado que leyó antes de la reunión que debía certificar su defunción política aumentó la temperatura política. Uno de esos giros inesperados cuando todo el mundo daba por sentado que su marcha era ya un mero trámite. Pero no, alimentó la tensión y revalorizó su propia persona en vistas a la reunión. Él no se marchaba, sino que le echaban. Y no estaba dispuesto a hacerlo sin llevarse a alguien por delante.

Tras la reunión, mantuvo el tempo. No sólo hizo una gran maniobra de distracción para evitar que la prensa acosara al president Camps, sino que tras la reunión compareció para informar que él no se marchaba. Y si lo hacía, era con varias condiciones.

La pelota en el tejado de Camps y Rajoy. Camps no ha hecho los deberes y Génova tiene que confirmar que Costa ya no es secretario general de los populares valencianos

El lenguaje no verbal

Costa comunicó perfectamente lo que quería hacer sin necesidad de decir nada. Su entrada a la sede del PP era toda una declaración de intenciones. Paso firme, sonrisa de oreja a oreja. Aparece sin corbata, relajado. Algo hace presagiar que no va a ser una presa fácil.

Su pose, ya con corbata, mientras lee el comunicado es otro libro abierto. De frente, con firmeza, en la primera línea de fuego. Y tras ello, las fotos que trascienden del cónclave popular, con francas sonrisas, rostro relajado y otra vez sin corbata. Una contradicción enorme entre la historia oficial y lo que comunicaba su persona.

El mensaje

El mensaje de Costa ha sido muy claro. No se va, le echan. Y no sólo eso, sino que amenaza de facto con tirar de la manta. La comisión de investigación que ha propuesto va por ese camino, y el vericueto relatado tras la reunión sobre tal comisión y su suspensión sólo si ésta se forma, es una forma única de enviar un mensaje claro: él tiene la sartén por el mango.

Pero también es un mensaje de la propia situación del PP, en que Camps anuncia su destitución a Génova, pero Costa niega que esto haya ocurrido. Un mensaje en toda regla de qué la nave popular no sabe quien la gobierna. Aunque el PPCV se esfuerce en mostrar en la home de su web un mensaje como “El PPCV sale más unido y reforzado tras la celebración del CER”, con una foto de Camps y Costa sonrientes.

Tras analizar estos elementos, el lío Gürtel se enreda más de lo que se podía esperar. No sólo se evita una acción contundente que dé aire a Rajoy y Camps, sino que la acción tiene los efectos contrarios: sembrar más dudas. ¿Por qué Camps sigue apoyando a Costa mientras anuncia a Rajoy que todo terminó?

El efecto más inmediato es la demostración pública de la fortaleza de Costa. Ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha demostrado una sangre fría que asusta. Si alguien es capaz de escenificar así su muerte política ¿de qué no será capaz?

El teleprompter de Esperanza Aguirre

“El teleprompter ha hecho que la televisión gane en precisión, pero que pierda en emoción”

Con estas palabras resumía uno de los grandes cambios en el mundo de la televisión el veterano periodista Joaquín Arozamena. La verdad es que aunque durante mi infancia el espejo mágico se usara muy poco, sólo tengo consciencia de haber visto siempre un informativo con el/la periodista mirándome directamente a mí. Y quizás porque todos estamos ya muy acostumbrados a las rutinas del medio rey, conviene alertar a nuestros líderes políticos de la necesidad de aparecer en ellos como se merece el lugar.

En España no es habitual el uso de teleprompters en actos o discursos y, mucho menos, en sede parlamentaria. Ayer se desató la polémica en Twitter entre varios parlamentarios madrileños y algunos usuarios sobre el uso de esta herramienta de la presidenta madrileña Esperanza Aguirre en su discurso del estado de la región. Pero pese a las críticas, creo que Aguirre ha sido bien aconsejada.

Es evidente que la audiencia de su discurso (un martes a mediodía) está a años luz de un discurso del estado de la Unión en el país del Tío Sam, pero no por ello está menos justificado el uso del prompter para aparecer siempre mirando a cámara y no mirando a los papeles. Algo a lo que el espectador ya no está acostumbrado.

Orlando Jorge Mera reflexionaba hace un año en su blog sobre los recursos que los políticos tienen para dirigirse a una audiencia, ya sea grande o pequeña. Citaba el caso del presidente Reagan, que usaba unas tarjetas con todos los datos de una intervención y le servían para memorizar su discurso. Las llamadas “cue cards” dejaron paso al teleprompter y a su versión más extendida en Estados Unidos, el llamado “presidential glass”.

Creo en las ventajas de esta máquina para ser más efectivos en un discurso y así lo aconsejaría a cualquier político:
1. Permite aparecer más natural en la cámara, sin forzar gestos o movimientos bruscos al levantar la mirada.
2. Entregaremos el mensaje verbal que queríamos enviar, sin fisuras, errores o lapsus.
3. Podremos concentrarnos en mejorar otros aspectos de la comunicación no verbal, como el tono, la voz, el gesto, la sonrisa…

Aunque para atreverse con el teleprompter hay que ensayar antes. Aparecer natural no es fácil y hacer una buena interpretación de un discurso requiere esfuerzo y dedicación. Para ser un Obama, debemos trabajar.

Por cierto, a Obama también se le criticó mucho una cierta adicción al aparato durante su campaña presidencial. Sus adversarios le atacaban señalando que más allá del prometer, no había nada. No sólo se equivocaban, sino que con sus críticas ponían de relieve sus habilidades comunicativas con y sin el espejo.

En realidad creo que el debate de ayer en Twitter es fruto de un gran desconocimiento de las virtudes del teleprompter en política. ¿Es mejor o peor política Aguirre por usarlo? ¿Es mejor o peor político Zapatero por no usarlo? Los dos pueden ser buenos o malos, lo importante es el discurso y las ideas que haya en él. Y si además de ser buenos discursos los puedes interpretar de un modo mejor, todos nos veremos beneficiados por una comunicación más efectiva. Que no se use en España no significa que sea malo, al contrario, me gustaría ver en la política y fuera de ella más uso de una herramienta como esta.

Sobre su precio –entiendo que mucha gente pueda preguntarse si Aguirre lo compró, lo alquiló o lo cogió prestado- haciendo unas consultas en la Red podemos ver webs en que por 3.000 dólares podemos tener uno de los que usa Obama. O alquilar uno por unos 110€ durante un día. Y para los más atrevidos, montarte tu propio prompter con un portátil e Internet para una presentación en la universidad, en el trabajo o, porque no, en política con esta sencilla aplicación.

Debemos perderle el miedo al teleprompter, sin duda, aunque no olvidemos que lo importante es la base, la sustancia. El discurso de Aguirre no fue mejor por esto, pero seguramente se vio mejor gracias a esto.

Obama regala gestos por su cumpleaños

El cumpleaños de Obama nos dio una imagen que quiero compartir con vosotros. Me ha parecido todo un gesto del presidente (gesto, que nos evoca a la comunicación no verbal) con una pionera del periodismo como Helen Thomas.

El azar quiso que el presidente Obama y la periodista más veterana de la Casa Blanca nacieran el mismo día. Evidentemente, no del mismo año, Helen Thomas cumplió ayer 89 años y Obama se quedó en los 48. El presidente entró por sorpresa en la sala de prensa (no es la primera vez que lo hace) con pastel en mano y vela encendida y rindió homenaje a uno de los mitos del periodismo americano.

Las imágenes destilan ternura y nos dan un gesto curioso: el día del cumpleaños del presidente más mediático de los últimos tiempos, éste decide ceder el protagonismo a una anciana periodista. Como el nieto que toda abuela quisiera tener y que refuerza aún más todos los inputs emocionales que nos dio su historia personal con la abuela que murió días antes de su victoria.

Pero el gesto de ayer es más trascendente de lo que parece. Fue el reconocimiento casi trivial, aparentemente improvisado (aunque de improvisación, poca) de la Casa Blanca a una de las personas que más han trabajado en ella.

Esta periodista fue la primera mujer en ser corresponsal en la Casa Blanca y también fue la primera en ingresar en numerosas asociaciones, la única mujer periodista que viajó con Nixon en el histórico encuentro en China, etc.

Thomas es un referente para el periodismo y la política norteamericanos. Ha visto pasar a 10 presidentes por la Casa Blanca y ha sido un referente para tantos profesionales. Además, ha llegado a las pantallas de medio mundo porque siempre aparecía en la primera fila de la sala de prensa más famosa del mundo.

Bueno, no siempre. En la presidencia de George W. Bush, descrito por ella como “el peor presidente de la historia de Estados Unidos”, fue relegada a la última fila y, al dejar de trabajar para una agencia, perdió el “derecho” de preguntar siempre en primer lugar. Siempre terminaba las ruedas de prensa con su famoso “gracias, señor presidente”, hasta que dejó de hacerlo con Bush.

Thomas vuelve a estar en la primera fila y ayer fue la protagonista de la photo-op del día. No hubieron ni Marilyn (quizás hoy sería Scarlett Johanson volviendo a cantar para Obama) con “Happy Birthday Mr. President” ni pasteles gigantes para el presidente, aunque Domino’s, sí, la pizzeria de los mocos, regaló pasteles gratis por la onomástica presidencial. Hubo una sencilla tarta en un plato, un sentido abrazo y una franca sonrisa.