Es joven. Es mujer. Todo vale contra Leire Pajín

No lo hubieran hecho con Bernat Soria. Ni con Elena Salgado. Tampoco hubiera pasado con Celia Villalobos. Con Leire Pajín se han traspasado demasiadas fronteras por su doble condición de ser mujer y ser joven. Los que las traspasan, se hacen un flaco favor a ellos mismos.

Leire Pajín es joven y mujer. Algo difícil de digerir en un mundo machista. De pasillos enmoquetados y consejos de administración en salas de juntas de madera barnizada. La ministra es un desafío a los valores que ellos encarnan. Desde el primer día la voz opositora que bebe de esa España rancia ha sonado a jauría. Y al hacerlo la encumbran.

Mi deber como ciudadano es juzgar la valía de Leire Pajín. Me corresponde a mi, como a cualquier ciudadano, juzgar su valía y la del gobierno del que forma en las urnas. Y le corresponde al presidente del Gobierno, que es quién decidió apostar por ella y ante quién debe rendir cuentas. Pero nunca nos corresponde hacerlo en la playa.

Por ello, me parecen irrelevantes las fotos de la ministra en Menorca. Su peso no entra en mi juicio hacia su gestión –sí lo hace, por ejemplo, el usufructo de una residencia para funcionarios-, y que esas fotos sean centro del debate político son la muestra de lo enfermo que está nuestro sistema.

El Mundo publica hoy un artículo en el que simula a la ministra con algunos kilos menos. No es la primera vez que los medios juegan a usar el Photoshop para mejorar la imagen de la ministra. Tampoco lo hicieron con otros ministros o políticos, en masculino.

El artículo del suplemento “La otra crónica” es la muestra de cómo se puede traspasar la última frontera. De cómo se puede poner en duda la acción política de un ministerio por el peso de su titular. De cómo se puede tutear con ánimo de sorna a una ministra. De cómo el peso de una ministra da pie al análisis casi comercial de dietas en el mercado.

El artículo pone en duda la capacidad de la ministra de Sanidad en la lucha contra la obesidad por su peso. Y lo hacen porque la ministra es Leire Pajín. No se le aplican las mismas reglas. Es joven. Es mujer. Hay que cambiarlo. Tú puedes ser la siguiente.

Las pulseras del poder

En 2004 la fundación de lucha contra el cáncer del ciclista Lance Armstrong lanzó la pulsera amarilla Livestrong, un pequeño brazalete de silicona que tuvo un enorme impacto en todo el mundo. Celebridades de varios campos no dudaron en lucir la pulsera que apoyaba la causa del ciclista, un apoyo que también llegó de los candidatos a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004, como John Edwards o John Kerry. Lucir un determinado brazalete también es una forma de enviar un mensaje a los votantes. Las pulseras del poder dicen mucho –a veces de forma involuntaria- de quien las lleva.

La polémica sobre la Power Balance de la ministra de Sanidad, Leire Pajín, motiva este artículo sobre estos complementos que a veces pasan completamente desapercibidos, pero que en otras ocasiones puede llevar mensajes implícitos. El caso de Pajín mostró cómo las redes pueden llegar a ejercer presión y convertir una anécdota en tema de portada. Tanto, que incluso el Twitter del PSOE hizo referencia a la ausencia de la pulsera holográfica en su toma de posesión. La historia de la Power Balance de la ministra es muy sencilla. Pese a saber que se trataba de un producto que ha sido denunciado por fraude y que el propio Ministerio ha alertado de su inutilidad, la ministra la llevaba por ser un regalo personal de alguien allegado. Algo que muchos usuarios hacen: saben que no sirve para nada pero no deja de ser un regalo. Pero sin duda, que la ministra de Sanidad la llevara ejerciendo el cargo tendría un mensaje incoherente con lo recomendado por su propio departamento, por lo que la Power Balance dejó de tener su poder… político.

Pese a la polémica, Pajín no ha sido la única política española en usar este tipo de pulseras. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y el lehendakari López también las han lucido en público. Aunque en su caso, dejaron de hacerlo en cuanto se conoció que los beneficios para la salud no eran tales.

John McCain y el presidente Obama apoyaron sus mensajes sobre la situación en Irak y sus propuestas respecto a la guerra en dos pulseras. El senador de Arizona llevaba la pulsera que la madre del soldado Matthew Stanley le dio en Wolfeboro, New Hampshire, durante un mitin. La madre del soldado le pidió que llevara el Hero bracelet con el nombre del fallecido soldado, que cayó en las afueras de Bagdad. McCain contaba que al hacerlo, le pidió que hiciera lo posible para asegurar que la muerte de su hijo no fue en vano.

La historia de Obama, en cambio, tenía en la necesidad de evitar otra muerte más la justificación de la entrega de la pulsera. En el caso del presidente, la madre del sargento Ryan David Jopek le pidió que llevará la pulsera con su nombre y que evitara que otra madre pasara por lo que había sufrido ella. Aunque hubo cierta polémica sobre el uso del nombre del soldado en campaña, Obama habló de ello durante uno de los debates presidenciales. En todo caso, los dos candidatos usaban una imagen muy visual y muy emocional –el compromiso con una víctima- para construir su mensaje sobre Irak. Un complemento en la muñeca para explicar un modelo de acción política y militar en la zona más caliente del planeta.

Las pulseras también tienen el poder de ser un elemento de campaña. Hace unos meses veíamos en este post las formas alternativas de la oposición al gobierno de Zapatero con productos de merchandising político distintos a los habituales. Desde la reproducción de un feto para protestar contra la nueva ley del aborto como las pulseras que proclamaban que el portador no había votado a Zapatero. Aunque este no era el único ejemplo de pulseras usadas por la oposición. Sin ir más lejos, en 2007 las Nuevas Generaciones del PP repartieron pulseras para protestar por la dictadura cubana, con un mensaje claro “Cuba Libre, ya”.

Las pulseras del poder son pulseras con mensaje, una forma muy real de llevar el mensaje en el propio vestuario y compartirlo con votantes, simpatizantes y compañeros de aventura política.

Políticos con iPad

Para bien o para mal, el iPad se ha convertido en un habitual en muchas conversaciones. Ya sea para romper el hielo antes de una reunión o con el café en una comida familiar: defensores y detractores del aparato de Apple salen por doquier. ¿Es para tanto? ¿Vale la pena hacerse con uno? ¿No hace lo mismo que un ordenador?

Seguro que estas preguntas han estado encima de la mesa de muchos políticos. ¿Comprar uno? Y por qué no, habrán pensado. ¿O dará una imagen elitista y pija del político que lo exhiba? Aunque también puede entenderse como un signo de modernidad, a la altura de los tiempos, integrando en el trabajo diario una nueva herramienta de gestión. Políticos como Esperanza Aguirre, David Cameron, Leire Pajín o el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, ya lo han probado. Y les gusta… vaya si les gusta.

David Martos recogió un testimonio único en la última visita de Esperanza Aguirre a los estudios de la Cadena SER. En un vídeo pudimos ver cómo se maneja la presidenta de la Comunidad de Madrid con la tableta de Apple, que ha hecho del iPad una herramienta más de trabajo que incluso ha sacado a relucir en algunas ruedas de prensa.

Pero el uso de los políticos no se queda ahí. Jens Stoltenberg dirigió Noruega desde su tablet durante el cierre del espacio aéreo europeo la primavera pasada por culpa de la erupción del volcán islandés.

Leire Pajín ha visto en el aparato de la factoría Jobs el soporte perfecto para no llevar encima centenares de papeles. Así, leyó su discurso en la toma de posesión como nueva ministra de Sanidad desde su iPad. No sabemos si usó alguna aplicación especial, pero el Twitter del PSOE lo comentó para sus seguidores.

Un gran fan de los productos de Apple es el primer ministro británico, David Cameron. Desde que ha llegado al 10 de Downing Street usa su Macbook Pro, su iMac e incluso ha instalado un reproductor sin cables para su colección de música que almacena en este último ordenador. No debemos olvidar que este fan de los gadgets fue uno de los primeros políticos en abrirse su espacio de videoblog y entender la potencia de las redes para llegar a los votantes.

¿Y Zapatero? ¿Montilla o Mas tienen un iPad en su cartera? Estos dos últimos han entendido el valor de las aplicaciones en dispositivos móviles como los iPad, pero también los iPhone. Así, y como ya vimos en otros posts, tanto el PSC como CiU cuentan con sus aplicaciones de campaña disponibles para cualquier usuario de forma gratuita.

De hecho, algunos estudios ya muestran como el iPad es un formato especialmente bueno para el sector de las aplicaciones. Es más, en el iPad se compran más apps de pago que en el iPhone, lo que está llevando a un desarrollo creciente de nuevas aplicaciones para varias necesidades. También políticas.

Sin ir más lejos, el Partido Demócrata entiende que el sector más joven debe ser clave en las midterm que se celebraran el próximo 2 de noviembre. Bajo la etiqueta de Gen44 –Obama es el 44º presidente de los Estados Unidos- se está intentando movilizar ese voto a través de aplicaciones para iPad y iPhone. ¿Cómo? Promoviendo el registro para el voto a través de estos soportes y aportando información y mensajes.

Y Obama ¿usa el iPad? Parece que el universo geek del presidente termina en la Blackberry por la que tanto luchó al llegar al Despacho Oval. Hace unos meses, en el commencement speech en la universidad de Hampton se mostró algo crítico con estos dispositivos y confesó no saber usarlos:

“You’re coming of age in a 24/7 media environment that bombards us with all kinds of content and exposes us to all kinds of arguments, some of which don’t always rank that high on the truth meter. And with iPods and iPads; and Xboxes and PlayStations – none of which I know how to work – (laughter) – information becomes a distraction, a diversion, a form of entertainment, rather than a tool of empowerment, rather than the means of emancipation. So all of this is not only putting pressure on you; it’s putting new pressure on our country and on our democracy.

Class of 2010, this is a period of breathtaking change, like few others in our history. We can’t stop these changes, but we can channel them, we can shape them, we can adapt to them.”

Aunque por no saber usarlos, demostró cierta pericia cuando un asistente al mitin de Seattle le pidió que le firmara el iPad. Lo hizo con la aplicación Ideas de Adobe y le marcó al presidente dónde debía estampar su foto con el dedo.

Ya sea por imagen, por su usabilidad o sencillamente por el placer de deslizar la yema de los dedos por esos aparatos, lo cierto es que cada vez son más los políticos que se suben al carro del iPad… quizás lo hagan pensado que aquí iPad, y después gloria.

Las claves del nuevo Gobierno de Zapatero

¿Por qué nueve cambios y no uno? ¿Qué ha llevado a Zapatero a abordar una remodelación en profundidad de su Gobierno? ¿Dónde ha quedado su intención, expresada de forma pública, de acometer sólo un cambio? Esas son las cuestiones que planean tras la toma de posesión de Alfredo Pérez-Rubalcaba, Manuel Chaves, Valeriano Gómez, Leire Pajín, Rosa Aguilar, Ramón Jáuregui y Trinidad Jiménez en sus nuevas funciones ministeriales.

Estos cambios deben leerse en una marcada lógica de lucha política: Zapatero no tira la toalla. La debacle electoral de 2012, que parece omnipresente, encuesta tras encuesta; y la profunda crisis económica –y política- que vive España exigen medidas drásticas. Y la remodelación responde a ello.

No pueden esperarse resultados distintas con las mismas herramientas, procedimientos… con la misma gente. Y aunque el equipo económico del presidente no sufre modificación alguna, la parte más política –si cabe- se ve modificada de forma profunda. Pero hay más lecturas y explicaciones a esta crisis de gobierno.

La geometría variable en el Ejecutivo

El presidente Zapatero ha hecho de la geometría variable, su forma de sacar adelante la presente legislatura. Fue investido en segunda vuelta con los votos de su partido, sin pactos estables de legislatura. Un modo de hacer política que ha exigido negociación continua y que, con el pacto alcanzado con los nacionalistas vascos y canarios, ha llegado a su fin.

En el Ejecutivo, en cambio, se impone un modelo de geometría variable en su formación. Zapatero acontenta a varias familias socialistas con la elección de sus ministros, desde los felipistas a los zapateristas; pasando por el guiño al mundo sindical y el intento de cerrar el flanco verde con la designación de Aguilar. La formación del nuevo Gobierno responde a ese intento de abortar cualquier revuelta interna en el tramo final de la legislatura. No han faltado amagos en las últimas semanas.

Todopoderoso Rubalcaba

Ha sido uno de los ministros mejor valorados desde su nombramiento. Así lo han mostrados las encuestas. También lo era De la Vega. Por ello, un peso pesado como la primera vicepresidenta de la historia de España, sólo podía ser substituida por otra pieza clave, de calado.

Rubalcaba es el ministro que acumula más poder en democracia y debemos entender ese movimiento como una señal claro de fortalecimiento del núcleo del presidente. Lo que queda de legislatura va a ser una carrera de obstáculos y el presidente necesita al mejor corredor. Rubalcaba lo es. Estabilidad, peso, entidad, dinamismo y acción; es lo que debe ayudar a construir Rubalcaba en este tramo final.

Un movimiento en clave de comunicación

“Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis explicado bien”, así se expresaba Felipe González en el mitin de cierre de campaña del PSC el 6 de marzo de 2008. Lo hizo ante Zapatero y ante Chacón. Y expresaba algo que se sentía ya durante la campaña por la reelección: con la salida de Barroso del equipo de comunicación, el Gobierno se había visto en dificultades para hacer llegar su mensaje.

La vicepresidenta De la Vega ha sido una excelente portavoz del Gobierno a lo largo de los últimos seis años. Mucho le debe Zapatero y su presidencia a su labor. Pero el problema ha persistido hasta hoy día. Incluso se ha agravado.

La crisis dio más protagonismo a lo económico, con lo que De la Vega ha ido perdiendo capacidad de acción a lo largo de los últimos meses. De hecho, en más de una ocasión las tensiones con otros ministros han llevado a la voz más creíble del Gobierno a verse cuestionada. Por ello, un relevo en la voz del Ejecutivo se planteaba necesaria en esa lógica de preparación del asalto de 2012.

Rubalcaba, que ya fue portavoz de un gobierno con Felipe González, es uno de los comunicadores políticos más eficientes. Que la voz del Gobierno esté en su tejado es una buena noticia para Zapatero.

La reforma deseada

Zapatero pudo sacarse ayer la espina que tenía clavada desde la anterior crisis de Gobierno, en abril de 2009. En esa ocasión, la pésima coordinación y el papel de la prensa le aguaron su momento estelar con Obama y evitaron aprovechar todo el impulso y la corriente positiva que una crisis de Gobierno puede tener. En aquella ocasión, todo sonó a precipitado. En esta, hasta la oposición ha comentado las virtudes.

El presidente mintió al referirse que sólo haría un cambio. Por ello, sorprendió a todos con la profunda remodelación. Las filtraciones aparecieron sólo pocas horas antes del anuncio oficial, dominando así la agenda política y dejando en un segundo plano el apoyo de los nacionalistas a sus presupuestos.

En clave sucesoria

La reforma del Gobierno tiene una clara clave sucesoria, ya sea en la óptica de que Zapatero sea su propio sucesor o la de contar con Rubalcaba para ello. Aunque tampoco debe menospreciarse el papel de Carme Chacón en todo el entuerto: alejada del núcleo que puede sufrir más desgaste, la ministra de Defensa sigue estando en su sitio y puede estar esperando su turno. Tanto si es el propio Zapatero, Rubalcaba, Chacón o cualquier otro candidato, se encontrarán con un Gobierno más completo que el anterior. Si saben aprovechar el impulso, claro.

Mujeres y hombres y viceversa

El peinado de Leire Pajín es un tema de Estado. O lo parece si tomamos el pulso, de forma completamente alejada de la estadística y sin un cálculo mínimamente serio, a las conversaciones que surgen en los más variopintos lugares. Ese es el tema de discusión: su aspecto físico. ¿Su gestión? Parece que eso no tiene cabida… Y eso, ¿por qué se da? ¿Es más relevante el aspecto de la senadora que el de otros políticos hombres? ¿Hay un trato machista en ello?

Antoni Gutiérrez-Rubí lo trató en uno de sus libros, “Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado” y puso sobre la mesa una cuestión que no se escurre en la comunicación política: existe un trato diferenciado a hombres y mujeres en política. No sólo por la diferente manera de ejercer el poder, también por las diferencias que se dan: permanecen menos tiempo en la política que los hombres, ejercen el poder de una manera más emocional-… otro estilo.

Un estilo distinto de hacer política que se cobra el ataque de adversarios también de un modo distinto. Mientras que a los hombres se les cuestiona su liderazgo, su dureza o su inteligencia; con las mujeres la trivialidad de lo físico toma el protagonismo. Nunca vimos fotografías en El País de los zapatos de dos ministros hombres. Si lo vimos de los tacones de dos ministras de Zapatero.

Pero no es un problema español. Ni mucho menos. De la Europa civilizada nos llegan los ecos del machismo que se resiste a dar el paso a una nueva generación de políticas. El siglo XXI será un siglo en femenino y reaccionan con miedo. Sólo así puede entenderse el reportaje que publicó hace unos días el periódico alemán Frankfürter Allgemeine Zeitung en que el estilismo de las ministras del gobierno español era la noticia. Expresiones como “las muñequitas de ZP”, “de la Vogue” -en referencia a la vicepresidenta De la Vega- o “fashionistas socialistas”, se ponía el acento en los elementos físicos y no en la gestión, la valía o la madera para el puesto. El mismo artículo también tenía espacio para las féminas del PP, con comentarios sobre la propia Sáenz de Santamaría.

Y cómo tras la primera piedra llega la segunda, la vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía ha centrado el debate sobre las repercusiones a su declaraciones en una cuestión que no se nos había escapado. ¿La réplica francesa a los ataques de Reding eran sólo por la supuesta ingerencia de la comisión o al presidente francés le molestó que fuera una mujer quién le señalaba? O tal y cómo ha dicho la propia comisaria, cuando una mujer da un golpe en la mesa es una histérica. Cuando lo hace un hombre, un tipo duro.

Ese machismo imperante tiene un papel relevante en la comunicación política. Cuando una mujer llega a esa primera fila, debe decidir que etiqueta se cuelga. Con qué atributos se queda. Es interesante la evolución de Esperanza Aguirre, la ministra de Aznar que llegó a las casas de millones de españoles como una modosita inculta que tenía un idilio televisivo con Pablo Carbonell. Años más tarde dejaría atrás los clichés de rubia tonta por unos esencialmente masculinos: dureza, frialdad y ambición. A lo Margaret Thatcher.

Esa elección puede condicionar la propia estrategia política y, por ende, de comunicación. La prueba, Hillary Clinton. La campaña para el asalto a la presidencia comienza tras el mandato de su marido con su elección como senadora de Nueva York. Durante años no esconde su ambición de ser candidata a la presidencia y ese momento llega en las elecciones de 2008. ¿Y la cuestión femenina, dónde queda? Clinton jugó una carta desde el principio: el género no importa. “Lo que me importa es reconquistar la Casa Blanca para los demócratas”, decía al inicio de la carrera presidencial. Cuando llegó el huracán Obama y las primarias se hacían cada vez más cuesta arriba, se escoró hacia la cuestión del género. En aquel momento, que Estados Unidos contara con una mujer presidente era , según ella, el auténtico cambio.

Y esa elección es crucial, porque las mujeres candidatas, las mujeres políticas o las mujeres presidente no lo van a tener fácil. Ségolène Royal también intentó no hacer de su género el punto central de su campaña. Buscó ser una igual. Sin embargo, la famosa escena del debate presidencial fue aprovechada por Sarkozy -el mismo que se indignó con Reding- para poner esa cuestión sobre el tapete. Si en el momento de más tensión de ese debate Sarkozy hubiese tenido a un hombre, seguramente no hubiese esgrimido el argumento de “cálmese. Un presidente debe saber calmarse”. Al contrario, la testosterona hubiese aflorado en toda su inmensidad.

Si el siglo XXI es el siglo en femenino, la comunicación política deberá acompañar ese proceso. Y eso se notará no sólo en el tono de las campañas: también lo hará en el tratamiento de los propios mensajes y en un enfoque más próximo y emocional al elector. Si el poder se ejerce de forma distinta, también lo hace su manera de persuadir. Otra cosa será que el machismo imperante lo permita. Mujeres y hombres y viceversa.

En español, ¡coño!

Ha llovido mucho desde la primera visita oficial del ya coronado Juan Carlos I a Barcelona en 1976. A propósito de la muerte de Juan Antonio Samaranch pudimos recordar al joven monarca dirigiendo unas palabras en catalán desde el Palau de la Generalitat, por aquel entonces, sede de la Diputación de Barcelona que presidía el traspasado presidente del CIO. Fue una sorpresa y un gesto cargado de significado político en los meses posteriores a la muerte del dictador.

Un gesto. Como tantos otros hemos visto a lo largo de los últimos treinta años en todo lo relacionado con las lenguas que se hablan en España. Un gesto que al cabo de pocos meses se plasmó en el reconocimiento constitucional de la diversidad lingüística, la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego. Que supuso el desarrollo de una convivencia lingüística que se ha vivido y se vive en las calles. Pero que no siempre ha sido reflejada del mismo modo en la política española.

Este ha sido y es, sin duda, un tema espinoso. Países como Canadá –con versiones de su himno en francés e inglés- o Suiza –con presencia de todas sus lenguas en sellos, monedas y billetes- han sabido reconocer su pluralidad lingüística a nivel oficial, legal, constitucional… pero también en el haber de la simbología. En los gestos cotidianos que han ayudado a no temer a lo que hablan los otros. En 2001, tras 150 años de historia postal española, sólo 46 de los 3.731 sellos emitidos lo fueron en alguna de las lenguas hoy oficiales. Hasta que el primer gobierno de Zapatero promovió el uso de las lenguas oficiales en espacios como los sellos o el registro civil.

Zapatero empezó también con un gesto su relación con Catalunya tras ser investido presidente. Un gesto menos frívolo que el de Aznar al afirmar que hablaba catalán en la intimidad. Al igual que Juan Carlos I, se dirigió en catalán durante la inauguración del Fòrum de les Cultures, en la primavera de 2004. Aunque el gesto que, como hemos visto, se tradujo en ciertos avances hacia el reconocimiento de la pluralidad lingüística, no fue todo lo profundo que se hubiese podido esperar: las lenguas oficiales no fueron reconocidas en el Congreso de los Diputados, en una crispada legislatura que dio lugar a una batalla incesante del presidente de la cámara, Manuel Marín, contra su uso.

El gesto tampoco se plasmó en avances significativos en Europa: pedir la oficialidad de las lenguas es responsabilidad de cada Estado. Así, países como Irlanda han llevado a la oficialidad de lenguas como el gaélico a la Unión. Y ahí el gesto del ejecutivo español se quedó a medias.

Los gestos, gestos son. Pero tras ello y su carga en lo simbólico, en lo emocional, se debe trabajar en algún modo. Por eso, el revuelo mediático causado por la intervención de Leire Pajín en el Senado nos devuelve a una realidad que no podemos obviar. Con un hemiciclo enfurecido por el uso de las lenguas oficiales por parte de la senadora, Pajín relató su vinculación personal y familiar con el euskera, su conocimiento del valenciano, que le permite entenderse con catalanes y baleares, y el respeto y admiración por el gallego. Un gesto que se inscribe en el reconocimiento de las lenguas, con treinta años de retraso, en la eterna candidata a ser la cámara de representación territorial.

Pajín sorprendió, y ese fue su triunfo comunicativo. Pero sobretodo, según relatan las crónicas parlamentarias, nos puso frente a una realidad que no por ignorarla, va a desaparecer: a muchos aún les sigue molestando el reconocimiento a la pluralidad. Comportamientos que subyacen en el imaginario colectivo de muchos, que impregna las actitudes hacia lo nuevo, lo plural y lo distinto. Tintes herederos de una España vieja y aislada durante siglos en lo social, en lo político y en lo cultural. Quizás la misma sustancia que impregna la incapacidad de varios presidentes a expresarse en inglés o en francés.

Cuando la política se lleva en los genes

Manuel Bustos y Paco Bustos son hermanos. A su vez, son alcalde y concejal en Sabadell. Josep Lluís Carod Rovira es el vicepresidente de la Generalitat y su hermano Apel·les es el delegado de la Generalitat en Francia. Pasqual Maragall fue presidente de la Generalitat mientras su hermano Ernest, hoy conseller de educación, era el secretario del gobierno. Lech y Jaroslaw Kaczyński fueron al mismo tiempo presidente y primer ministro de Polonia. Hermanos gemelos. ¿Sólo es nepotismo o venimos marcados genéticamente para tener los mismos valores políticos que nuestros hermanos?

La respuesta a esta pregunta es compleja, con un hermano podemos compartir muchas cosas pero no estamos predestinados a compartir también la visión política del mundo. Eso sí, el hecho de compartir el mismo entorno familiar, escolar y social son determinantes en el proceso de socialización política. Así lo muestran numerosa literatura y así se constata en la experiencia: más o menos se comparten ciertos valores políticos en el seno de nuestras famílias. Desde la familia de Leire Pajín a la de los Oreja. Pasando por auténticas dinastias políticas como los Kennedy, los Bush o los Clinton.

No obstante, ¿qué ocurre con los gemelos? En el primer parágrafo citábamos el caso de los hermanos Kaczyński, que con férreo control y con su visión conservadora de la vida y la política, se hicieron famosos más allá de sus fronteras. Según han revelado recientes estudios de genética, se ha demostrado que hay actitudes políticas que se heredan genéticamente y que en el caso de los gemelos, el 32% de estas actitudes se pueden atribuir a la herencia. El dato puede ser sorprendente ya que parte de la visión tradicional de la ciencia política se refería al contexto en qué uno crece y se forma, no tanto al propio funcionamiento de nuestro cerebro ante según qué cosas.

En el fondo de esta concepción está la de entender que nuestras emociones juegan un papel más destacado en política de lo que creemos. Así, los niveles genéticos de oxitocina o dopamina, que son muy importantes para entender nuestras decisiones y reacciones, serían determinantes para entender porque los Kaczyński no sólo comparten partido, sino que también comparten ambiciones.

Si bien los valores comparten, pues, una explicación algo más profunda de lo esperado, ¿el nepotismo también seguiría el mismo patrón? ¿Son nuestros genes los que nos llevan a elegir a un hermano antes que a otra persona para un cargo? A falta de estudios sobre ello, seguramente algún tipo de influencia habrá. Quizás no en la genética, sino en la gestión de ciertos componentes de la inteligencia emocional, aspectos clave como la empatía o la confianza de alguien próximo para un cargo de especial importancia. Leyendo la biografía de Pasqual Maragall podemos entender su relación con Ernest, por ejemplo.

No obstante, no se tomen esto como dogma. Seguramente Leire Pajín hubiese deseado no compartir genes con su madre esta semana tras lo ocurrido en Benidorm. Y los primos Trinidad Jiménez y Alberto Ruiz-Gallardón comparten poco más que el hecho de haber sido rivales en unas elecciones por la alcaldía de Madrid. Los genes son importantes, aunque no estamos ante una ciencia exacta…

El escaño de Pajín

Ya sea por experiencia propia o por la de algún allegado, todos sabemos lo que es ser el marginado o marginada de la clase. Alguna vez no nos escogieron para el equipo de futbol del recreo o esa compañera tan molona de clase se deshizo en esfuerzos para evitar hacer el proyecto de ciencias contigo. Todos sabemos lo que es, todos sabemos lo que se siente.

Hago esta pequeña introducción para comprender el modo en que muchos ciudadanos podrán interpretar la amenaza del PSOE de vetar al PP en algunos cargos si no se resuelve de forma rápida y favorable el nombramiento de Leire Pajín como senadora por la Comunitat Valenciana.

Desde mayo el PP, que tiene mayoría en las Corts Valencianes y que de esos votos depende que Pajín pueda ser senadora autonómica, está vetando este nombramiento con retrasos por cuestión de forma. Hasta el momento, incluso los seguidores más fervorosos del partido de Rajoy podrían entender que se está cometiendo una injusticia, que se está usando el juego sucio en política.

¿Qué ocurrirá ahora? Si el PP hace caso omiso de este aviso y el PSOE pone en marcha su órdago, el discurso podría mutar de gran forma y el ciudadano de a pie pasaría de considerar a Pajín la niña que no sabe chutar un balón a calificarla como la abusona que deja a los otros en el banquillo.

Es muy cierto que el PP está tensando la cuerda al máximo en un asunto, el reparto de los cargos institucionales, que en 30 años no ha producido grandes problemas. Pero también es cierto que emocionalmente nos sentimos más próximos de los débiles que de los abusones. Hasta ahora el débil era el PSOE, pero con este cambio de estrategia pasa a ser el fuerte.

El fuerte, que además, está en el Gobierno del país, que acaba de pedir a la fiscalía que siga con lo de Camps… el fuerte que será percibido más amenazador por los valencianos que el hecho que pidan a Pajín que demuestre su compromiso con la Comunitat en una comparecencia en las Corts. Como si no hubiera diputados y senadores por la Comunitat que pasen olímpicamente de ella…

En política no prevalece la razón. Porque la razón muestra claramente la obstrucción que está realizando el PP. En política la emoción manda, y el mensaje emocional que acaba de enviar el PSOE no es el más adecuado. Tienen la oportunidad de oro de hacer de su discurso el más emocional de todos, tienen los regalos a Camps, a Barberà y a miembros del Consell, tienen la manipulación de Canal 9, tienen lo de Pajín, lo de la America’s Cup, Fabra… ¿con estos elementos el PSPV y el PSOE no podrían construir un auténtico mensaje emocional que desmorone el monopolio de lo que es valenciano que tiene el PP?

Y ya como apunte final: me encantaría ver hoy a algunos medios valorando eso de demostrar el “compromiso con Valencia” que pide el PP si en vez de la Comunitat lo pidiese el Parlament de Catalunya…

La catarsis del PSOE en Vistalegre

No he podido estar hoy en Vistalegre, aunque debía ir. Pero si hay algo que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance es la capacidad de seguir actos que hace sólo unos años llegaban por los cortes de 30 segundos en televisión o asistiendo a ellos personalmente.

El 2 de mayo de 1879 se fundaba en la céntrica taberna madrileña Casa Labra el partido político más antiguo de España, el PSOE. El partido que, según ha expresado hoy el presidente Zapatero es “el más antiguo de todos, pero el más joven de todos”. Con la celebración de este aniversario de fondo, el partido ha dado el pistoletazo de salida a la precampaña de las elecciones del próximo 7 de junio.

Vistalegre, el templo que en los últimos años ha servido para “celebrar victorias y preparar victorias” según expresó Zapatero, ha agolpado a más de 20.000 almas entregadas, especialmente con el nuevo héroe del socialismo español, el lehendakari Patxi López.

Cartel de las grandes ocasiones, con el presidente Zapatero, el Lehendakari López, el vicepresidente Chaves y el candidato Juan Fernando López Aguilar, amén de Leire Pajín y Tomás Gómez.

El acto de Vistalegre ha sido la gran catarsis colectiva que el PSOE necesita para encarar una campaña que se plantea difícil. Difícil, por la posibilidad de estar ante un cambio de ciclo electoral si el PSOE pierde estas elecciones. Y difícil porque se prevé una elevada abstención.

Europa ha sido protagonista durante la primera parte del mitin, no así durante la segunda, en que Chaves ha dirigido una dura arenga contra el Partido Popular y los casos de corrupción que están asediando al principal partido de la oposición. El vicepresidente afirmo que “a la política no se viene a lucir trajes de lujo”.

Patxi López, por su parte, realizó un emocionante relato del cambio en Euskadi y homenajeó a los socialistas asesinados por ETA. Zapatero concluyó el acto agradeciendo a Patxi su liderazgo en el País Vasco y recogió el envite del juramento de Gernika al repasar con un “en pie” repetido varias veces la historia y los valores del PSOE, aterrizando su discurso a la situación política actual.

El acto ha dejado, a su vez, algunos detalles interesantes. La imagen del palacio absolutamente lleno es un mensaje en toda regla de la capacidad movilizadora del PSOE. Escenografía cuidada y moderna, como viene siendo habitual en el partido. Hemos visto un excelente discurso ordenado del candidato López Aguilar, que ha sido cerrado abruptamente por la entrada en escena de Chaves. Chaves ha sacado a relucir por analogía las dotes oratorias de López Aguilar.

Magdalena Álvarez, candidata a las elecciones europeas, ha estado estratégicamente situada tras los oradores. Y las casualidades de armario han querido que Patxi López y Alfredo Pérez Rubalcaba lucieran camisas similares. Y todo ello regado por el himno socialista, el aria de la Rosa y confeti rojo y blanco, para una fiesta socialista en un día gris en Madrid.