Cameos políticos impensables: Super Mario primer ministro y una reina enrollada

Los Juegos de Barcelona marcaron un antes y un después para el olimpismo. No solo cambiaron el modelo de Juegos que Samaranch lideró durante la década de los 80 hacia el profesionalismo del deporte, la entrada de las grandes empresas y la ampliación del foco hacia algo más que deporte; también cambiaron el lenguaje y la comunicación de la mayor cita deportiva del mundo. Cuando Barcelona dijo “Hola” al mundo en su ceremonia de inauguración, cambió la historia de la comunicación de los Juegos. Y esa semilla no para de germinar.

El cameo del primer ministro japonés, Shinzō Abe, en la ceremonia de clausura de Rio 2016 es una muestra más de cómo en las ceremonias olímpicas siempre se puede llegar más lejos. Durante la presentación al mundo de Tokyo 2020, la próxima ciudad olímpica presentó un vídeo cargado de referentes de marca-país en el que los videojuegos, el desarrollo tecnológico y la tradición asiática se fundieron con el deporte. Y en ese mix de repente apareció el primer ministro. Mejor que lo veas:

Pero la aparición estelar del primer ministro no es el único que nos han dado los Juegos. En Londres 2012 la llegada de la reina Isabel II al estadio olímpico fue de lo menos ortodoxa. Si en Barcelona 92 el comité organizador tuvo que idear una carambola protocolaria para evitar los pitidos al rey Juan Carlos I usando el himno catalán en la entrada de los reyes al estadio, la prima del monarca español se prestó a un sorprendente cameo 100% británico con otro icono del país, James Bond:

Estos son muy buenos ejemplos de cameos de líderes políticos. Una aparición breve representándose a sí mismo. Pero lo que es más importante, en un contexto totalmente alejado de los atributos que se esperan de él. Eso genera sorpresa, simpatía y proximidad. Y al generar esos estados, se incrementa el impacto. En estos dos casos, apuntalar o ampliar la popularidad.

De hecho, es especialmente significativo el acercamiento de la casa real británica a este tipo de acciones. En la promoción de los Invictus Games, la competición deportiva creada por el príncipe Harry para veteranos militares con discapacidad, la reina Isabel II, el príncipe Harry, Barack y Michelle Obama y el primer ministro canadiense Justin Trudeau grabaron vídeos retándose entre ellos. El príncipe cuenta cómo lo consiguió.

Pero ojo, si crees que este artículo va a acabar diciendo que tenemos mucho que aprender de los anglosajones y que cameos similares no se darían en España, estás muy equivocado. Quizás la Casa de Su Majestad el Rey, que ha hecho un buen trabajo con los tweets de ánimo a los deportistas españoles en los Juegos de Río no se haya atrevido en estas lides. Pero sí hay ejemplos de políticos españoles haciendo cameos en series de televisión.

Es más, si tras ver a Obama haciendo su “boom” te has dicho que “esto Rajoy no lo hace ni de coña”, vuelves a estar equivocado. En el año 2000 Mariano Rajoy se interpretó a él mismo en un capítulo de “Jacinto Durante Representante”, una serie de Televisión Española, cuando era ministro de Educación y Cultura en el gobierno de José María Aznar. Aquí la prueba:

Y no es el único caso. En la décima temporada de la popular serie “Cuéntame cómo pasó”, Santiago Carrillo fue entrevistado por Toni Alcántara. El Carrillo de 2008 interpretó al Carrillo de 1976. Carrillo también salió en “7 vidas”. Esta serie contó con cameos de Alfonso Guerra, Javier Arenas y Carod Rovira. Y su primer protagonista, Toni Cantó, acabó siendo diputado por dos partidos distintos (UPyD y Ciudadanos…). Pero eso es otro tema.

La lista de políticos que han pasado por el “Polònia” de TV3 es casi imposible de reproducir aunque en ese contexto su visita es más que esperada y el papel de sorpresa se ve amortiguado.

A veces es necesario salir del contexto habitual. De lo que se espera de uno. Para sorprender y conectar. Y mejor hacerlo cuando nadie lo espere y no reservarlo solo a la campaña electoral. Que el cameo no se convierte en un punto más de la agenda del día.

Pd: te dejo un bonus track. El cameo de Donald Trump en “Solo en Casa 2”. Sí, cuando Kevin McAllister se perdió en Nueva York, Trump ya estaba ahí.

Los escenarios del poder: sala de audiencias del Palacio de la Zarzuela

La historia ha querido que el Palacio de la Zarzuela, un pabellón de caza construido por Felipe IV, acabe siendo uno de los escenarios del poder de la España contemporánea. En 1962, tras su boda, Juan Carlos y Sofía se trasladan al palacio que había sufrido grandes daños durante la Guerra Civil. Situado cerca de El Pardo, la residencia del dictador Franco, el palacio ha sido testigo de la restauración monárquica y de los cambios recientes en el país.

En 1975, una vez coronado Rey de España, Juan Carlos I y Sofía mantienen su residencia en la Zarzuela. Y con una nueva monarquía, el palacio crece y debe dar usos oficiales a una residencia. No solo crecen los edificios administrativos a lo largo de los años, también los servicios y los pabellones, como el construido para el actual rey y entonces príncipe, Felipe de Borbón.

El Palacio tiene tres plantas y en su segunda planta se encuentran dos escenarios clave en la política española: la sala de audiencias y el despacho del Rey, situadas ambas a pocos metros. Nos centramos en este artículo en la primera estancia.

La sala de audiencias ha sido el escenario de importantes momentos de la historia reciente española. Desde la renuncia de Juan de Borbón a sus derechos dinásticos a la imposición del fajín de Capitán General a Felipe VI durante su acto de proclamación, pasando por todos los actos de jura o promesa del cargo de presidentes del Gobierno, ministros y magistrados del Tribunal Constitucional desde el reinado de Juan Carlos I. También es escenario de las audiencias públicas a los Reyes de España, tal y como hemos visto en las recientes rondas de consultas de Felipe VI para proponer un candidato a someterse a la investidura.

Esta sala rectangular tiene las paredes forradas con madera clara rematadas con una serie de columnas jónicas. La alfombra que cubre el suelo, de la Fundación de Gremios, mide 10 metros de alto por 7 de ancho. En las paredes encontramos varias pinturas y tapices. Según consultas a Patrimonio Nacional, en la sala encontramos ocho pinturas y un tapiz.

El elemento principal de la sala es un tapiz flamenco, de oro, plata, lana y seda, de finales del siglo XVI, “Alejandro distribuye riquezas entre sus amigos” atribuido a Jakob Geubels II y a Jan Raes. El tapiz muestra a Alejandro antes de iniciar la guerra contra los persas, haciendo sacrificios a Júpiter Olimpo, cerca de la ciudad de Dio, en Macedonia.

Los dos cuadros más reconocibles, flanqueando el tapiz y testigos mudos de la historia de España, son del pintor madrileño del siglo XVIII Luis Paret y Alcázar. Son dos paisajes guipuzcoanos, uno de la Concha de San Sebastián y otro de Pasajes. Paret llegó a estar desterrado de la Corte por orden de Carlos III. Ahora, sus cuadros están en la Corte misma. El resto de obras son del pintor de la Corte de Felipe V Michel-Ange Houasse y el italiano Corrado Giaquinto, pintor de la Corte de Carlos III.

En la sala encontramos también cuatro cómodas, dos de manufactura inglesa del siglo XIX, que y dos de estilo francés del XVIII, así como dos consolas de madera, pan de oro y mármol del siglo XVIII que flanquean el tapiz y sobre las que suelen estar expuestos otros elementos de decoración como bronces y candelabros.

Son precisamente esos elementos decorativos los que van cambiando. Felipe VI, por ejemplo, ha puesto en la sala la réplicas de la Copa Davis que Rafa Nadal regaló a Juan Carlos I en 2012 y una estatuilla de los Goya entregado en diciembre de 2014 por la Academia del Cine a los nuevos Reyes.

Esta sala ha sido un escenario casi perenne en la actualidad informativa de las últimas semanas con las dos rondas con los líderes políticos para que el Rey propusiera un candidato a la investidura y, tanto si hay investidura como si vamos a nuevas elecciones, será pronto escenario de la toma de posesión del próximo presidente -o quien sabe, presidenta- del Gobierno y de sus ministros. Para esa ocasión, se instalará la mesa con, seguro, un ejemplar de la constitución editado por las Cortes en 1980. Y si el presidente electo lo solicita, un ejemplar de la Biblia y un crucifijo dorado. Bajo el reinado de Felipe VI, por primera vez, las personas que tomen el juramento o promesa podrán elegir la presencia o no de elementos religiosos.

El discurso del rey el 23F

A pocos días de la conmemoración del 30º aniversario del intento fallido de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, recuperamos la alocución que el rey Juan Carlos I dirigió por televisión la madrugada del 24 de febrero, horas después del asalto al Congreso de los Diputados.

Seguramente, sea el discurso más importante de la democracia española por los efectos que tuvo la comparecencia del rey en unos momentos convulsos, desconcertantes y duros.

Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

«Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente.

Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor.»

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum.

Fuente: Discurso contra el intento del golpe de Estado (23F)

Nombre propio #10: Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias

El 8 de mayo el rey Juan Carlos I entraba en quirófano para someterse a una operación quirúrgica en la que le fue extirpado un nódulo en el que no se encontraron células malignas. Días antes, Zarzuela presentaba las nuevas fotografías oficiales de los príncipes de Asturias, con y sin uniforme. Casualidades o no, la figura del heredero a la Corona se ha visto expuesta con mayor profundidad a los medios.

Así, Felipe de Borbón y Grecia es uno de estos nombre propios del 2010. El año en que se percibió una intensificación de la figura del heredero. La baja del rey supuso un relevo en sus funciones de representación de la Corona en numerosos actos oficiales y compartió con la reina el protagonismo en el Mundial de Sudáfrica.

Las cadenas de televisión no estuvieron ajenas a esa realidad. Así, Telecinco se atrevía en octubre con un telefilm en dos episodios sobre el romance de los príncipes de Asturias que causó un auténtico revuelo de críticas en medios y redes sociales. Uno de los fenómenos de la Red en este 2010.

El príncipe de Asturias solo puede ir aumentando, de forma paulatina, su protagonismo en la vida pública española hasta que el jefe del Estado fallezca o decida, si llega el caso, abdicar. Serán años de una mayor implicación en los asuntos del Estado y una mayor presencia y actividad con la opinión pública. Es ley de vida. Y ese posicionamiento ha tenido en 2010 un capítulo muy importante.

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Los daños colaterales del desfile

Abucheos, broncas y ausencias. Esas parecen ser las tres tradiciones del desfile militar que se celebra cada 12 de octubre en el Paseo de la Castellana de Madrid. Tres tradiciones políticas que son los daños colaterales de la principal celebración del día nacional: lo que ocurre en las aceras del paseo, allí donde no llega el asfalto ni el paso de los ejércitos, tiene sus efectos políticos.

¡Zapatero dimisión!

Un año más, y ya van seis, el presidente Zapatero ha sido abucheado en el desfile militar del 12 de Octubre. Es ya una tradición más, como la de ver a la cabra o carnero de la Legión desfilando, la llegada de la bandera desde el cielo o ver las nubes madrileñas teñidas de rojo y gualda. Una tradición que se ha impuesto. O como el presidente afirma, “forma parte del guión”.

No le falta razón al presidente: los abucheos son algo por lo que los políticos, de todos los colores políticos, pasan tarde o temprano. A lo largo de la vida política son muchas las situaciones en las que un dirigente se ve rodeado por una tosca banda sonora de desaprobación. Y además, acaba copando los titulares de la prensa.
Una sonora bronca a un dirigente, y más si este es jefe de Estado o de Gobierno, lleva implícita otro sonoro impacto en los medios. Le ha pasado a todo hijo de vecino, bueno, a todo presidente, ministro, consejero, concejal… Y todos se han visto en la tesitura de dar respuesta a esa pitada. Esa segunda oleada es más imprevisible, la primera arrecia; la segunda puede no hacerlo.

El presidente del Gobierno cuenta con dos aspectos a su favor para encarar lo que pueda venir ahora en los medios y la opinión pública tras lo sucedido ayer en la Plaza de Lima. El primero, el descontento del Rey y el Príncipe por lo ocurrido. Lo ocurrido tiene trascendencia política, pero la oposición ser va a ver limitada en su capacidad de explotar el caso por ese disgusto personal del Jefe del Estado.

El segundo, la tradición. Las pitadas en el 12 de Octubre son ya habituales. La opinión pública está ya algo anestesiada ante un hecho predecible y habitual. Precisamente la sorpresa es algo necesario en la guerra de guerrillas en la que puede convertirse un acto de oposición y protesta. Lo de ayer era todo menos una sorpresa.

La bronca en la final de la Copa del Rey de 2009, las caceroladas en España por su participación en la guerra de Irak, las protestas en Oviedo contra Aznar… fueron actos que no sólo se colaron en los medios por el hecho de la protesta, sino que tuvieron más efecto por la sorpresa que generaron. Las del 12 de Octubre son de todo menos novedosas.

Aunque el efecto pueda ser limitado, nadie duda del enorme espacio que han conseguido hoy… como en otros años. Son una forma de expresión más y como tal, tiene su peso político.

Conversaciones poco privadas

La espera a la llegada de los Reyes, los corrillos que se forman a su partida o los que acaban creándose en la recepción del Palacio Real son espacios perfectos para generar hechos relevantes para la opinión pública en forma de confesiones, conversaciones pilladas al vuelo o retos poco difíciles para ávidos lectores de labios. Este año los protagonistas han sido el presidente Zapatero y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.

El dirigente popular recriminó al jefe del ejecutivo la situación “asfixiante” en financiación local. Adjetivo que ya usó hace unos años Esperanza Aguirre en el desfile, cuando recriminó a Pasqual Maragall, por aquel entonces president de la Generalitat, el “intervencionismo” del Estatut que el Parlament de Catalunya había aprobado días antes, el 30 de septiembre de 2005.

La jornada de ayer también dejó uno de esos momentos de micrófono abierto, cuando la ministra Chacón comentó con los Duques de Palma que el tiempo había respetado la celebración del desfile. Sin más trascendencia. Sí la tendrá la de Gallardón… ¿O es casual que el día en qué más cámaras se fijan en estos detalles sea Gallardón y no Rajoy o Aguirre los que pongan el presidente en entredicho?

Banderas y ausencias

Si las banderas de estados invitados al desfile ya fueron noticia en 2003, cuando un Zapatero líder de la oposición no se levantó al paso del estandarte norteamericano por su rechazo a la guerra de Irak, ayer lo volvieron a ser. Como lo fueron también en 2006, cuando con Zapatero como presidente, la bandera de Estados Unidos volvió a desfilar por la Castellana.

Ayer el protagonista fue el abanderado de Venezuela, cuya indisposición supuso no contar con la bandera de este país entre el resto de estandartes de repúblicas latinoamericanas que celebran este año el bicentenario de su independencia, como México o Colombia. La ausencia de Venezuela, tras la tensión de estas últimas semanas a propósito de la cobertura a terroristas de ETA en el país bolivariano, es un plantón en toda regla de Chávez.

Aunque en cada desfile hay otro tipo de ausencias –y por ende, presencias- que hacen correr ríos de tinta. El president de la Generalitat era un ausente a este tipo de desfiles hasta la llegada a la presidencia de Pasqual Maragall. José Montilla, ahora en el cargo y ex ministro del Gobierno, ha seguido asistiendo -con algunas ausencias durante el mandato- y ayer no fue una excepción. Esta presencia ha disgustado a sus socios de gobierno y ha marcado aún más el perfil españolista que está adoptando el PSC en esta pre campaña, en contraposición a CiU.

El lehendakari vasco también es un habitual ausente. Lo era con el PNV en el gobierno y también lo es con el PSE. Patxi López no asistió en 2009 ni lo hizo ayer… aunque eso no tengo el mismo peso en los medios nacionales que las ausencias de Ibarretxe. Faltaron también los presidentes de Murcia, Andalucía, Baleares, La Rioja y Canarias. Una ausencia y una presencia dicen, políticamente, tanto con un solo gesto…

Tal y como un general suele despedir al Rey, todo transcurrió “sin novedad, Señor”.

La Reina, nueva DirCom de Zarzuela

La realeza se ha dado cita este fin de semana en Estocolmo para asistir a la boda de la última princesa heredera del mundo que aún estaba soltera. Las casas reales han enviado a sus representantes y han disfrutado de los fastos dedicados a la heredera del trono sueco. Y no, ni el menú ni las mesas del convite fueron obra y gracia de Ikea. La Casa de Su Majestad envió, además de a los Príncipes de Asturias y las Infantas a la nueva DirCom de Zarzuela: la Reina.

El Rey no asistió. Generalmente no asiste a los enlaces de príncipes herederos –tal y como hace su prima, la Reina de Inglaterra- pero en este caso concreto, aún pesa la operación a la que fue sometido. Tras su paso por el quirófano y un postoperatorio en Barcelona, el Jefe del Estado volvió hace ya varias semanas al Palacio de la Zarzuela y ya se ha ido incorporando, poco a poco, a su trabajo.

Pese a ese incorporación, el Rey aún está alejado de ciertos actos públicos, como la boda de la heredera sueca. De hecho, varios miembros de la Familia Real han representado al monarca durante este tiempo. Por ejemplo, la Infanta Elena ha asistido en su nombre a la Feria de San Isidro y el Príncipe Felipe fue el anfitrión de la reciente cumbre celebrada en Madrid.

Aunque si una figura destacó en su momento fue el de la Reina. De hecho, meses después de la bomba informativa que supuso su intervención, una cosa queda clara: la Reina Sofía es la auténtica DirCom de la Casa Real.

El papel que jugó en las horas posteriores a la operación del Rey fue determinante para dar credibilidad a lo que decían los médicos. No es que los doctores que tuvieron la vida del Rey en sus manos no sepan hacer bien su trabajo, es que en este país tan dado a las conspiraciones, las opciones rocambolescas y las remotas posibilidades ante lo más probable, la comunicación aséptica de los profesionales no calma al corrillo ni evita el chascarrillo.

Por ello, cuando la Reina rompió el protocolo para acercarse a la prensa y dar tranquilidad sobre el estado de su marido, los que parecían preocupados por la salud del monarca o por una supuesta manipulación a gran escala, respiraron tranquilos. Si la Reina era capaz de hacer aquello, seguro que lo hacía por algo.

Así, los tiempos de los medios y el runrún cambió a partir de ese momento. Tras ello, ayudó mucho que los hijos del Rey fueran llegando escalonadamente al Clínic y no en poco tiempo o de forma precipitada. Cierto es que dos de sus hijos llegaban de vuelos internacionales, pero su tranquilidad sólo reforzaba esa idea que, en el fondo, la intervención no revestía de mayor trascendencia.

Cuando el Rey abandonó el hospital y durante sus breves declaraciones a la prensa, no dudó en sacar pecho por la sanidad pública del país. Algo que los sectores que más admiran al monarca han visto con buenos ojos y han comentado de forma abundante. Otra cosa es la sensación que ha dejado en otros, que son muchos y que lo pasan mal en estos momentos, al ver en las declaraciones del Rey un punto de frivolidad. Podría ser considerado, quizás para algunos como un error.

Pero los humanos, erramos. Tanto, como que aunque la Reina sea la auténtica DirCom de la Casa Real, sus declaraciones no siempre ha ayudado a la institución que representa. Lo que le dijo a la periodista Pilar Urbano a cuenta del matrimonio entre personas del mismo sexo o los problemillas con el Photoshop han sido quebraderos de cabeza para los responsables de comunicación de Zarzuela. Pero ese sábado, la Reina lo bordó. Como dice el Rey, su esposa es una profesional. En algo que se nos escapa al conjunto de los ciudadanos que no sabemos de los entresijos de Palacio, pero ese sábado demostró tener una gran inteligencia emocional para calmar a 44 millones de súbditos.

En español, ¡coño!

Ha llovido mucho desde la primera visita oficial del ya coronado Juan Carlos I a Barcelona en 1976. A propósito de la muerte de Juan Antonio Samaranch pudimos recordar al joven monarca dirigiendo unas palabras en catalán desde el Palau de la Generalitat, por aquel entonces, sede de la Diputación de Barcelona que presidía el traspasado presidente del CIO. Fue una sorpresa y un gesto cargado de significado político en los meses posteriores a la muerte del dictador.

Un gesto. Como tantos otros hemos visto a lo largo de los últimos treinta años en todo lo relacionado con las lenguas que se hablan en España. Un gesto que al cabo de pocos meses se plasmó en el reconocimiento constitucional de la diversidad lingüística, la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego. Que supuso el desarrollo de una convivencia lingüística que se ha vivido y se vive en las calles. Pero que no siempre ha sido reflejada del mismo modo en la política española.

Este ha sido y es, sin duda, un tema espinoso. Países como Canadá –con versiones de su himno en francés e inglés- o Suiza –con presencia de todas sus lenguas en sellos, monedas y billetes- han sabido reconocer su pluralidad lingüística a nivel oficial, legal, constitucional… pero también en el haber de la simbología. En los gestos cotidianos que han ayudado a no temer a lo que hablan los otros. En 2001, tras 150 años de historia postal española, sólo 46 de los 3.731 sellos emitidos lo fueron en alguna de las lenguas hoy oficiales. Hasta que el primer gobierno de Zapatero promovió el uso de las lenguas oficiales en espacios como los sellos o el registro civil.

Zapatero empezó también con un gesto su relación con Catalunya tras ser investido presidente. Un gesto menos frívolo que el de Aznar al afirmar que hablaba catalán en la intimidad. Al igual que Juan Carlos I, se dirigió en catalán durante la inauguración del Fòrum de les Cultures, en la primavera de 2004. Aunque el gesto que, como hemos visto, se tradujo en ciertos avances hacia el reconocimiento de la pluralidad lingüística, no fue todo lo profundo que se hubiese podido esperar: las lenguas oficiales no fueron reconocidas en el Congreso de los Diputados, en una crispada legislatura que dio lugar a una batalla incesante del presidente de la cámara, Manuel Marín, contra su uso.

El gesto tampoco se plasmó en avances significativos en Europa: pedir la oficialidad de las lenguas es responsabilidad de cada Estado. Así, países como Irlanda han llevado a la oficialidad de lenguas como el gaélico a la Unión. Y ahí el gesto del ejecutivo español se quedó a medias.

Los gestos, gestos son. Pero tras ello y su carga en lo simbólico, en lo emocional, se debe trabajar en algún modo. Por eso, el revuelo mediático causado por la intervención de Leire Pajín en el Senado nos devuelve a una realidad que no podemos obviar. Con un hemiciclo enfurecido por el uso de las lenguas oficiales por parte de la senadora, Pajín relató su vinculación personal y familiar con el euskera, su conocimiento del valenciano, que le permite entenderse con catalanes y baleares, y el respeto y admiración por el gallego. Un gesto que se inscribe en el reconocimiento de las lenguas, con treinta años de retraso, en la eterna candidata a ser la cámara de representación territorial.

Pajín sorprendió, y ese fue su triunfo comunicativo. Pero sobretodo, según relatan las crónicas parlamentarias, nos puso frente a una realidad que no por ignorarla, va a desaparecer: a muchos aún les sigue molestando el reconocimiento a la pluralidad. Comportamientos que subyacen en el imaginario colectivo de muchos, que impregna las actitudes hacia lo nuevo, lo plural y lo distinto. Tintes herederos de una España vieja y aislada durante siglos en lo social, en lo político y en lo cultural. Quizás la misma sustancia que impregna la incapacidad de varios presidentes a expresarse en inglés o en francés.

Los discursos institucionales no son siempre aburridos

Las fiestas navideñas, además de los regalos, la familia y los turrones, tienen en su conjunto de tradiciones los discursos que dirigen los líderes políticos e institucionales a los ciudadanos. Una tradición más que, aunque parezca extraño, a veces incluso provoca ríos de opinión.

Este tipo de discursos son un arma de doble filo: son una oportunidad única para enviar mensajes a la ciudadanía, pero aparecen en un momento poco dado a la recepción de los mismos y en que la tradición y lo previsible son enemigos muy duros para conseguir captar la atención. Por ello, introducir novedades o generar expectativa es algo necesario para conseguir esa preciada atención.

El Rey lo tiene, quizás, más fácil que otros personajes públicos. Casi la totalidad de las cadenas de televisión ofrecen a sus espectadores la alocución del Jefe del Estado: es imposible escapar de ella… pero lucha con una dura contraprogramación familiar de una cena que empieza. En todo caso, este año el discurso se planteaba de manera distinta, tanto a nivel político como de escenario.

El retraso en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut catalán, las consultas independentistas en Catalunya, la crisis económica, etc. modelaron el discurso del monarca. Unidad, unidad y unidad fue el mensaje de fondo. Y hablando de fondo, Moncloa encargó a una de las empresas de la esfera Mediapro que introdujera cambios en el escenario habitual desde el que Su Majestad dirigía el discurso. Así, vimos un espacio más moderno, más neutro y menos palaciego. Eso sí, con una curiosa fotografía de un joven Príncipe Felipe vistiendo de uniforme. ¿Qué nos quería decir Zarzuela con ese detalle? ¿Posicionamiento del heredero?

Aunque en Euskadi el teaser al discurso no vino ni de palacio ni de Moncloa: la televisión pública vasca dió por primera vez en la historia el discurso del monarca; con lo que la cadena batió récords de audiencia esa noche.

Montilla rompió la maldición con un discurso sorpresivo. Decidió empezar la campaña electoral de las próximas elecciones catalanas durante el discurso institucional de fin de año. Debo reconocerlo, hice el movimiento sistemático que he hecho ante otros discursos institucionales del President: cambiar de canal. Pero mientras me secaba las manos tras la cena, el discurso captó mi atención. Sin duda, estamos ante uno de los discursos mejor estructurados y con más mensaje del Molt Honorable. Electoralista, sin duda, pero un buen discurso. Aunque se discuta la lengua original del mismo o la elección de las palabras.

El efecto del president fue incluso superior al mero hecho de captar la atención: durante días se ha venido hablando del discurso y consiguió marcar la agenda con su alocución. Los de la Plaça Sant Jaume sabían lo que hacían y todos han ido a remolque del president. Y lo más importante, ha lanzado un mensaje clave: Montilla, morirá matando. Si muere.

El que ha muerto, radiofónicamente, ha sido el locutor de una radio británica Tim Binns, que calificó de aburrido el discurso de la Reina Isabel II y cortó la emisión para poner una canción de Wham!. “De Reina a otra reina”, como dijo Binns, fue el detonante para las protestas de los oientes de la cadena de Birmingham que han supuesto su cese fulminante. “En dos palabras, bo-ring”, fue el veredicto de Binns. Que de hecho, es el veredicto de muchos ciudadanos ante los maqueteados discursos institucionales. Siempre nos quedará el juego de descifrar el significado de las fotos o ver como dan el pistoletazo de salida a las elecciones, así, sin avisar.

El día que Chávez compró unos libros

Siempre me he preguntado cómo debe sentirse una persona muy conocida y con grandes responsabilidades, entiéndase un jefe de estado o un jefe de gobierno, al querer hacer actividades normales; las que haría cualquier persona de a pie. Ir al cine, pasear por un parque o ir a comprar el periódico los domingos. No debe ser fácil.

El cine y la televisión en muchas ocasiones se ha adueñado de esos momentos. Recuerdo la mítica película de Aaron Sorkin “The American President”, dónde el presidente desea regalar flores a su novia pero es una tarea muy complicada: no tiene tarjetas de crédito, no puede comprar por teléfono un ramo de rosas… termina comprando un jamón y, en un momento del film, se acerca a una floristería. Eso sí, su jefe de seguridad no sabe como contener la indignación por el hecho.

También en Sorkin vemos las visitas del presidente Bartlet a una librería, eso sí, en una visita agendada y segura. Nada que ver con la visita que ayer Chávez hizo a una tienda de la Casa del Libro en la Gran Vía de Madrid. En unos minutos, según indican las crónicas, seguidores y detractores del líder venezolano se han agolpado a las puertas del negocio, creando un espectáculo que es justo lo contrario a lo que un líder suele hacer en estas circunstancias: intentar pasar desapercibido. Tras su salida, junto al presidente de Repsol Antonio Brufau, se ha subido a un coche que ha conducido él personalmente.

Seguro que cuando el Rey, sí, el mismo que le mandó callar hace unos meses, hacía sus incursiones por Madrid, con su moto y su casco y la leyenda urbana que le acompañaba; no causaba tanto revuelo. Pero ya sabemos que cuando Chávez hace algo, lo hace a lo grande. Ya sean latas de comida humanitaria o cerrar televisiones por doquier.

¡Por las barbas del Rey!

Parece que es noticia que Su Majestad el Rey se haya dejado barba. Aunque tiene pinta de ser la típica barba que se deja uno durante las vacaciones, y que junto al bronceado, son las más vivas señales exteriores de haber pasado unos días de descanso al volver a la ciudad. De hecho, hoy en muchas oficinas del país aparecerá un compañero luciendo una estupenda barba que será su recompensa post-vacacional.

Más allá de la noticia, para algunos frívola y para otros una gran noticia (en nada os cuento el por qué), vamos a dar un paso más: no es fácil decidirse. ¿Me dejo la barba? ¿Qué tipo? Preguntas de obligada respuesta porque nuestro aspecto, ya sabéis, dice mucho más de nosotros de lo que creemos.

Si atendemos a lo que nos cuenta la escuela de comunicación de Palo Alto, las palabras son sólo el 20% de un mensaje, el resto es nuestro cuerpo, nuestro rostro, nuestra postura, la entonación, la voz, los gestos… O sea, que la decisión de optar por una barba (sea cual sea, siempre bien cuidada) es, en gran medida, trascendental.

Algunos de nosotros nos la dejamos para aparentar más años –más experiencia-, otros para tapar alguna cicatriz facial –la Casa de Su Majestad ha negado que ese sea el motivo- y otros, porque quieren formar parte de algún grupo social o por exigencias culturales –hippies, algunas ramas del judaísmo, etc.-. Pero no olvidemos que en ciertos momentos históricos y en algunas culturas, la barba era una muestra de virilidad, poder, fuerza; justamente la imagen que los monarcas siempre han querido transmitir a sus súbditos.

Como es natural, dejarse crecer el vello facial tiene implicaciones, y más si eres el Jefe del Estado. No porque le influya en su cargo, sino por el eco social de cualquier cambio en una institución que debe transmitir siempre estabilidad –aunque sea a costa del look personal-, aunque no es la primera vez que Juan Carlos I la luce. También lo hizo el príncipe, la lució en el pasado y en esta ocasión, ha seguido a su padre en la elección de una de final de verano.

El tipo de implicaciones que conlleva optar por ella son varias. Por ejemplo, hará casi un año que me dejo barba, de estas llamas de “dos días” de forma regular. En Barcelona, es más habitual este tipo de look que, por ejemplo en Madrid. Incluso en el mundo de los negocios y la política. Al llegar a Madrid tuve mis dudas, pero quizás el hecho que el Rey opte por ella nos dé algún tipo de tregua… he aquí la buena noticia.

En todo caso, las especulaciones sobre su decisión son muchas y variadas, algo habitual en lo que tiene que ver con la Casa Real. Pero quizás no hay nada más que el deseo de un hombre de perpetuar en su rostro, por unos días más, la sensación de unas vacaciones en familia y cerca del mar. Porque en el fondo, no deja de ser ni grave ni nimio que el Rey luzca una barba. Otras personalidades del Estado, desde presidentes de partidos políticos, a diputados, senadores, alcaldes y cargos autonómicos la lucen. Desde Rajoy a Benach, pasando por Nacho Uriarte.

Pero, por las barbas del Rey, ¿qué opináis vosotros?