Cabreo nacional

Los españoles están muy enfadados. Tan enfadados que no aprueban a ninguno de los dos líderes que pueden hacer algo con la crisis: el presidente Zapatero y el líder de la oposición Mariano Rajoy. Los españoles están tan enfadados, que están dispuestos a que uno de los dos pague por los platos rotos… y al parecer piensan que debe hacerlo el presidente.

Así lo han mostrado las encuestas de Metroscopia para El País y Noxa para La Vanguardia, realizadas tras el anuncio de subida de impuestos y en pleno otoño caliente para el presidente. Según estás encuestas, el 61% de los españoles no aprueba la gestión de Zapatero y el PP aventajaría al PSOE en casi 4 puntos si ayer se hubieran celebrado elecciones. Pese a lo favorable para los conservadores, el 69% también suspende a Rajoy.

Llegados a este punto, los españoles quizás estén muy enfadados por la situación del país. Tanto por la crisis como por el nubarrón que tiene el PP justo encima y que responde al nombre de Gürtel. Benjamin Franklin afirmaba que “siempre hay razones para estar enfadados, pero ésas rara vez son buenas”. Por lo que sea, el enfado se acrecienta. Aunque quizás, en el fondo, los españoles estén muy enfadados porque no encuentran ningún líder que pueda salvarles.

El enfado es una emoción muy particular. Apuntan varios expertos que es un estado de ánimo muy persistente, difícil de controlar. En nuestro interior se produce una especie de monólogo interior que hace que el enojo se haga cada vez mayor. A todos nos ha pasado, empezar cabreados por algo, darle vueltas y hacer la pelota cada vez más grande…

A diferencia de emociones como el miedo, el enfado aparece cuando nos sentimos amenazados de forma simbólica. Como podría ser la subida de impuestos, por ejemplo. A partir de ahí, nuestro cerebro experimenta unas auténticas explosiones de actividad que acaban generando acciones. Como no votar al partido del gobierno.

La política del enfado es más importante de lo que parece. Muestra más corrientes de fondo de lo que nos podría parecer a simple vista. ¿Os suena eso de la venganza se sirve en plato frío? Pues eso, la venganza es una de las múltiples expresiones del enfado y lo que nos muestran las encuestas en que se está tramando algo.

La singularidad de esta política del enfado es que no la dirigen los partidos. Ni los que gobiernan ni la oposición. Ocurre. Son percepciones del electorado –alimentadas, claro está, por medios y partidos- pero que cuecen en el subconsciente del elector. Hasta que ocurre algo muy grave –como el 11M- o llega el día de las elecciones. Entonces la corriente se hace realidad en un vuelco electoral o en un castigo contundente. Aunque parece que aún queda un largo trecho para ello.

El enfado de los españoles crece y crece. Y parece que va para largo.

Impuestos: la Guerra de Irak de Zapatero

El gobierno socialista de Rodríguez Zapatero acaba de vivir su particular Guerra de Irak. La subida de impuestos anunciada, pero sobretodo el modo en que ha sido anunciada es, seguramente, uno de esos momentos clave que inciden en la percepción de mucho votantes y van moldeando la propia opinión ante una opción política.

Para entendernos, no votamos sólo por un conjunto de medidas o datos. Las hojas de servicio no sirven de nada si no van acompañadas del convencimiento en lo realizado y, sobretodo, por un vínculo emocional con el votante. De poco servirá haber retirado las tropas de Irak, haber igualado los derechos de las personas homosexuales con los heterosexuales, poner en marcha el cuarto pilar del Estado del bienestar o incluso haber asegurado cobertura a muchos ciudadanos en un momento muy duro; si la percepción mayoritaria de la ciudadanía es que somos objeto de un gran engaño.

¿Es la subida de impuestos un fraude masivo? No soy economista y sí, la política fiscal es de los pocos instrumentos que le quedan al Gobierno en un contexto como el que nos ha tocado vivir. Es lógico que se barajen todas las posibilidades y se opte incluso por medidas impopulares, pero… ¿han calibrado bien el movimiento?

Una de las herencias del aznarismo ha sido un cambio muy profundo en la mentalidad de la ciudadanía. Si durante los años de gobierno de Felipe González un 40% de los ciudadanos estaba dispuesto a aceptar una subida de impuestos si el contexto lo solicitaba, tras el paso del castellano-leonés, el porcentaje bajó al 20%. Y los que creían que se podían bajar los impuestos sin tocar el Estado del bienestar, el 65%. En 2008, el porcentaje era del 59%. Es más, la encuesta del CIS sobre fiscalidad de 2008 también mostraba que tocar los impuestos puede no ser una buena idea. La misma encuesta mostraba que el 78% de los españoles creen que los impuestos no son justos.

La estrategia electoral no lo recomendaba ni lo recomienda. Pese a ello, los socialistas se han aventurado a tocar los tributos. Lícito e incluso coherente… si no fuera por dos aspectos clave:

  • Zapatero ha defendido a capa y a espada durante los últimos cinco años que no subiría los impuestos. La última vez, en junio de este año.
  • En vez de promover una subida de impuestos a las rentas más altas (la jubilación del consejero delegado del BBVA nos muestra que hay gente y empresas que parecen ajenas a la crisis), la subida del IVA afecta directamente a las clases medias y trabajadoras, con un impuesto indirecto que no es proporcional. Lo más alejado a la doctrina socialdemócrata.

Estos dos aspectos nos muestran varias de las claves que deberemos añadir al hecho que a nadie le gusta que le toquen los impuestos. Aspectos que la medida comunica, como improvisación, búsqueda de la inmediatez sin pensar las consecuencias, sensación de engaño, fraude masivo. Muchos ciudadanos se sienten directamente atacados y los votantes más ideológicos se ven en la difícil tesitura de defender a un gobierno que se ha tragado sus principios.

Si a eso le sumamos la incapacidad del gobierno para explicar el porqué de la medida, el cóctel está servido. Es un momento clave, es su particular guerra de Irak. La subida de impuestos va a ser lo que embarranque el coche socialista en el rally hacia las elecciones de 2012. Porque aunque se pudiera mejorar la comunicación, el problema está en el fondo en las ideas. Aunque, para que no queden dudas, trataremos las opciones que podría haber barajado Moncloa al anunciar la subida de tributos. Pero eso, será en otra ocasión.

Flickr y las hijas de Zapatero: una lección para Moncloa

La crisis abierta por la difusión y publicación de la fotografía de las hijas del presidente Zapatero pone de manifiesto, entre otras cosas, la colisión de dos modos de entender la comunicación. No tanto por el hecho que Zapatero haya optado por proteger a sus hijas del foco de los medios y no lo hagan otros mandatarios, sino por el medio en que se ha dado este caso.

A diferencia de muchos comentarios que se han sucedido en los últimos días, este post no cubre los denigrantes insultos y vejaciones contra unas menores que se han propagado sin cesar. Tampoco es un comentario hipócrita sobre si una persona es mejor si va vestida de rosa y con lacitos. No va a ser una discusión sobre protocolo ni un alarde de patriotismo sobre la representación del Estado. Ni mucho menos un zafio comentario sobre si quién paga el viaje de la primera familia –bueno, la segunda, que primero viene la Familia Real-. El foco es el modo de entender la comunicación.

A excepción de la cuenta de Twitter @desdelamoncloa y alguna del Plan E, la presencia de Moncloa en la Red presenta grandes deficiencias. En comparación con el 10 de Downing Street, el Kremlin, la Casa Blanca o incluso el Vaticano, la comunicación del ejecutivo suspende en Internet.

Desconozco si tras la fotografía alguien del Gabinete del presidente, de la embajada o del Ministerio de Exteriores se preguntó si esa foto acabaría publicada en algún lugar, pero dentro de las opciones seguro que no estaba que apareciera en un lugar como Flickr. ¿Cómo contemplar un escenario así, si la Moncloa no está presente?

Me parece más interesante esta reflexión que no si el atuendo de dos adolescentes era el adecuado. Dar información, escuchar al ciudadano y participar de la conversación no es un lujo. Tampoco es una frivolidad ni, mucho menos, algo pasajero. Porque si esta es la concepción real de Moncloa, han sido tocados en la línea de flotación desde lo que desdeñan.

Creo que Moncloa debería plantearse muy seriamente hacia dónde quiere enfocar su presencia en la Red. ¿Es de recibo que no dispongan de un canal en YouTube para colgar los vídeos del presidente, las ruedas de prensa del Consejo de Ministros o el discurso de Zapatero en Naciones Unidas? ¿Por qué no están disponibles las fotografías de los actos de la presidencia para cualquier usuario que quiera usarlas en sus blogs?

Las crisis de las fotos ha dejado bien claro que en el contexto actual la decisión ya no es una opción: ya no vale con pensar si estamos o no estamos, es una necesidad. Para conocer las amenazas debe conocerse primero el terreno y el Flickr del Departamento de Estado ha dado una lección a más de uno.

¿Zapatero ganó el debate?

Como decíamos esta semana, el Debate del estado de la Nación tiene importancia porque de sus valoraciones se resiente el liderazgo político y la capacidad de impulso. Se resiente positiva y negativamente: puede salvar una carrera a la presidencia o puede hundirla.

Tras el debate, decenas de encuestas se pusieron en marcha en varios medios digitales, pero también se puso en marcha el ente demoscópico por excelencia en nuestro país, el CIS. Según lo que se desprende de los resultados, Zapatero ganó el debate, aunque con la menor diferencia en sus cuatro debates de estas características con Rajoy.

Pero, ¿realmente Zapatero ganó el debate? Si neutralizamos la ventaja que da en estos debates el hecho de ser presidente y tener más exposición a la opinión pública que la oposición, nos queda un dato esencial en esta encuesta: los ciudadanos creen que Zapatero sabe comunicar, pero que Rajoy conoce los problemas reales de los ciudadanos.

En un contexto normal esto podría ser nimio, pero no en un contexto de grave crisis com la actual. Ese dato nos muestra que cada vez son más las personas que pueden ver en el PP una alternativa plausible. Son las semillas que pueden alimentar una victoria electoral del PP el próximo 7 de junio y las que podrían crecer si la situación económica empeora y el Gobierno sólo ofrece acciones reactivas.

Porque no debemos olvidar una cosa, Zapatero ganó porque Rajoy perdió los papeles. Rajoy confundió dureza con menosprecio. Presión al presidente con insulto. Un candidato a presidente debe, no sólo atacar, sino ofrecer una alternativa. Vimos al Rajoy menos presidencial de los últimos tiempos y ese fue el gran error del líder la oposición.

No creo que las propuestas del presidente le salven: vienen tarde. La mayoría de españoles ya entienden en su subconsciente que la situación política y económica es grave, que la han negado y que sus propuestas vienen tarde. Si Rajoy hubiese “leído” mejor esa realidad (en vez de afirmar que los socialistas que representan a más de 10 millones de españoles no saben leer) seguramente hubiese dado una estocada mortal al Gobierno de Zapatero.

Pero no pasó. Por eso, más gente cree que el debate no lo ganó nadie que creer que lo ganó Rajoy. Lo importante, en ambos equipos, debe ser pasar de la euforia tras el debate y centrar las prioridades para superar la crisis, aunque seguramente ahora está todo concentrado en la campaña de las elecciones europeas. Vienen tiempos, sin duda, emocionantes.

¿De qué ha hablado ZP?

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Lo que nunca te atreviste a preguntar

Hoy empieza en el Congreso de los Diputados el Debate sobre el estado de la Nación, que tendrá lugar durante dos días. El debate es uno de los momentos cumbre a nivel político y comunicativo del año, por eso toda la atención de los medios y, también de las redes, se concentra en lo que ocurra en la Carrera de San Jerónimo.

Damos respuesta en este post a cinco preguntas que todos y todas nos hemos hecho en algún momento sobre el debate parlamentario más mediático del año:

  1. ¿Por qué se celebra? Desde que el presidente González lo instaurara en 1983, se ha venido celebrando anualmente. Es el debate en qué el presidente del Gobierno da cuenta de lo realizado durante el año y es un momento crucial para tomarle el pulso a la actualidad. En otros países, como Estados Unidos, hay una obligación constitucional del ejecutivo a rendir cuentas una vez al año ante el legislativo, aunque en nuestro marco constitucional sólo se contempla el control ordinario del Gobierno por parte de las Cortes.
  2. ¿Por qué es interesante? Durante dos jornadas se puede ver un cara a cara del presidente con la oposición. Evidentemente, el momento álgido estará protagonizado por Zapatero y Rajoy. Luego, sus señorías abandonarán en masa el hemiciclo y proseguirá el debate con el resto de grupos parlamentarios.
  3. ¿Por qué es importante? La exposición del debate y la atención de ciudadanos y ciudadanas que normalmente no siguen la actualidad política, es una oportunidad para comunicar ideas clave que sustenten el apoyo a una formación política.
  4. ¿Hay vencedores? Tras el debate, los medios y el CIS llevan a cabo encuestas de valoración. De la mezcla entre las encuestas y la reacción de los partidos, los ciudadanos pueden entender que uno u otro han sido vencedores. ¿Sirve para algo esta valoración? A priori no, y menos en el segundo año de la legislatura (aunque el primer debate de este periodo), pero sí que influye en la valoración general de los líderes y, por tanto, en su capacidad para realizar unas cosas u otras.
  5. ¿Por qué debo seguirlo? Solemos afirmar que la política está lejos de los ciudadanos y que desconocemos qué se hace desde el Gobierno o desde el Parlamento. Esta es una buena oportunidad para ver las diferentes posiciones en temas tan importantes como la crisis.

Estas son las cinco preguntas del Debate sobre el estado de la nación que nunca te atreviste a preguntar. Pero si tienes más, no te cortes…