La campaña catalana en 72 fotos

Han luchado por ellas durante 15 días. Imágenes que transmitieran el mensaje. Fotos que supieran comunicar la capacidad de uno u otro candidato para liderar el país. Estampas que debían mostrar el apoyo, la capacidad, el poder… La ilusión, la unión. La fuerza de sus ofertas políticas.

Estas son 72 imágenes de la campaña electoral de las elecciones al Parlament de Catalunya. Aunque si me tuviera que quedar con una, sería la que se muestra sobre estas líneas. Mas y su mujer son la imagen de esta campaña. La foto de estas elecciones. Te invito a conocer las fotos restantes.

Palabras que funcionan: Dragon Khan

Los que me conocen saben que alto, lo que se dice alto, no soy. De hecho, cuando en 1995 se inauguró el parque temático Port Aventura, no pude subir a su atracción estrella, el Dragon Khan. Quizás por ello, cuando conseguí superar la barrera del metro y cuarenta centímetros, disfruté de sus ocho vueltas de campana como nadie. Poco podía imaginar que, la primera vez que sobreviví a la montaña rusa, el nombre de esa atracción tendría algo que ver con la comunicación política.

A veces, poner la vista atrás, te vas dando cuenta que en realidad lo tuyo es vocacional. Que conservas en la memoria una imagen muy preciada de la comunicación política en Catalunya. Y conversando con un amigo, esa imagen explota en algún resorte de la memoria: la inauguración de la atracción por parte de Jordi Pujol. El president no dudó en subir y sufrir los loopings el 1 de mayo de 1995. Lo hizo junto a su esposa y el ministro de comercio y TV3 conserva en sus archivos el momento.

Esas imágenes son una gran lección, tanto de las cualidades que debe proyectar un buen líder como de las dificultades de gestionar una situación así. Creo que puedo imaginar las discusiones en el gabinete del president sobre la idoneidad de subirle a la montaña rusa. Y la cuestión no era para menos: ¿y si el president de mareaba? ¿Y si alguien vomitaba y deslucía la inauguración? ¿Y si una mala experiencia arruinaba la atracción? El momento fue un éxito y Pujol mostró algo tan propio en su carácter: cercanía y valentía. De hecho, no todos los políticos se han atrevido con ella

Tras 15 años, esa montaña rusa es un referente: 30 millones de visitantes, de los cuales muchos catalanes, han sentido la adrenalina desde sus vagones. Es un referente del ocio. Una experiencia vivida por muchos y comprensible para muchos. Por ello, cuando el primer gobierno tripartito mostró su inestabilidad, la comparación con la atracción fue un éxito de comunicación.

Un éxito porque era capaz de describir la realidad política con una experiencia palpable. No era necesario entrar en valoraciones, matices o detalles sobre si lo que se decía  del gobierno o la política era cierto: la comparación ya llevaba una potente connotación. Era un Dragon Khan. Una palabra, o mejor, una combinación de palabras, que funciona.

Foto de tico24.

“Ciutadans de Catalunya: ja sóc aquí!”

Hace ya 32 años que la ciudad de Barcelona se paralizó para recibir al presidente de la Generalitat. Josep Tarradellas volvía de un largo exilio en el que había encarnado –y sufrido- la presidencia de la Generalitat durante los oscuros años del franquismo. Su vuelta era la imagen más fidedigna de la recuperación de la institución de gobierno de los catalanes.

Ese domingo 23 de octubre, a bordo de un DC-9 de Iberia, el presidente restituido llegaba a Barcelona dónde le esperaba todo un pueblo. El acto fue protocolario a la vez que popular, la antesala a su toma de posesión el día siguiente. De ese acto todos recordamos las imágenes vistas mil veces de su discurso desde el balcón de la Generalitat. Ese en el que pronunció unas palabras que quedaran para siempre en el imaginario colectivo catalán:

“Ciutadans de Catalunya: ja sóc aquí!”.

Improvisó un discurso que tuvo mucho significado para la sociedad catalana del otoño de 1977:

“Ciutadans de Catalunya: ja sóc aquí! Ja sóc aquí! Perquè jo també vull l’Estatut! Ja sóc aquí! Per compartir les vostres penes, els vostres sacrificis i les vostres joies per Catalunya. Ja sóc aquí! Per treballar amb vosaltres per una Catalunya pròspera, democràtica i plena de llibertat. Ja sóc aquí!”

“Ciudadanos de Catalunya: ¡ya estoy aquí! ¡Ya estoy aquí! ¡Porque yo también quiero el Estatut! ¡Ya estoy aquí! Para compartir vuestras penas, vuestros sacrificios y vuestras alegrías por Catalunya. ¡Ya estoy aquí! Para trabajar con vosotros por una Catalunya próspera, democrática y llena de libertad. ¡Ya estoy aquí!”

Con el tiempo, hemos ido recuperando la memoria histórica, de momentos cruciales como este. Una lucha que conoce muy bien el president Maragall. Esta semana ha presentado el proyecto de investigación biomédica BarcelonaBeta que investigará sobre las causas de enfermedades como la que él sufre, el alzhéimer. Decía en una reciente entrevista que “no hay mal que cien años dure, podemos olvidar dónde hemos dejado las llaves, pero no olvidamos las poesías, las canciones, los refranes…” Y en ese orden de cosas, añado, no debemos olvidar a las personas que han contribuido a vertebrar el país. De Tarradellas a Maragall, pasando por Pujol. Sin olvidar a Macià, a Companys y a tantos otros.

El president Pujol tampoco se da por vencido. Sus memorias pretenden que no olvidemos lo que costó recobrar el autogobierno y defenderlo. Y también este mes, el gobierno de la Generalitat ha pedido una vez más que se anule el juicio al president Companys –el único presidente democrático asesinado por el fascismo- y junto al gobierno español, han entregado a la familia un documento de reparación.

En una comida esta semana comentábamos la necesidad de no olvidar lo que muchos hicieron por nuestra sociedad. De reclamar un poco de ese deseo de países como los Estados Unidos para recordar la tarea, los valores y los ideales de los que ocuparon los mayores cargos de responsabilidad de un país. Los monumentos, las calles y los monolitos son ejemplo de ello, pero también el recuerdo vivo de sus palabras. Y ahí tenemos un problema. Buscar en Internet discursos de Macià o Tarradellas es casi tan difícil como de Suárez, Calvo Sotelo, González o el propio Aznar. Mientras, Washington, Jefferson o Lincoln no sólo están a un clic de distancia, sino que son ampliamente citados en la retórica política habitual.

Recordando la vuelta de Tarradellas, intento recordar cosas que no he vivido, pero que no me gustaría olvidar…