Cambio, esperanza y los conceptos clásicos de la campaña en positivo

“Empieza el cambio”. Así inicia el Partido Popular la campaña electoral para asaltar la Moncloa el próximo 20 de noviembre. El eslogan de precampaña, copiado del usado por Convergència i Unió en las pasadas elecciones catalanas, busca un clásico en las campañas electorales: construir y proyectar elementos positivos. Mover el marco y fijarlo en una idea esencial: algo va a cambiar. No son los primeros. Ni serán los últimos.

Clausewitz, el estratega militar prusiano que es uno de los autores más citados y estudiados desde el mundo castrense a Wall Street, defendía que en la guerra es más difícil construir que destruir. Defender que atacar. El mejor ataque es, para el prusiano, la propia defensa. Por ello, aunque la política del miedo sea quizás más fácil de enarbolar –una cosa bien distinta es valorar su efectividad según los casos- la política en positivo precisa de más elementos para su éxito: el entorno, el mensaje y el candidato.

Antes de plantear una campaña electoral en tono positivo es necesario atender al contexto político, social y económico en el que se va a desarrollar la campaña. En momentos de crisis, con una corriente de pesimismo, se deben calibrar muy bien los pasos a dar para no ser percibido como un proyecto frívolo o alejado de la realidad. Las encuestas nos aportan información sobre el sentir de la sociedad: ¿son optimistas sobre su futuro? ¿Creen que el país necesita un cambio? ¿Creen que alguien puede solucionar sus problemas? La campaña del PP o antes la de CiU muestran esa reflexión.

Atendiendo a este contexto, el mensaje debe ser lo suficientemente alentador como para sintonizar con él. En general, la política en positivo suele construirse alrededor de conceptos como el cambio, el progreso, la prosperidad o la esperanza. Las apelaciones al futuro también tienen un espacio muy considerable.

De hecho, 7 de los 24 eslóganes usados por los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de ambos partidos han apelado a estos valores desde 1952 (como muestra Luntz en “Words that work: It ‘s not what you say, it’ s what people hear”). Del “A Leader, for a Change” de Jimmy Carter al “America needs a Change” de Mondale. Sin olvidar el famoso “Hope for the change we need” de Barack Obama. Obama supo dar significado a la palabra “Change” y la conjugó con un aliado inseparable “Hope”. Estos conceptos parecen ser talismanes, catalizadores de la voluntad existente, por ello es tan necesario saber leer bien el sentir general de la ciudadanía.

En España, ha sido tradicionalmente el PSOE quién ha hecho uso de este tipo de conceptos, incluso al plantear campañas de reelección. Si en 1982 González llegó a la presidencia con un escueto, pero lleno de significado “Por el cambio”, en 1989 llegó a defender “El cambio del cambio”. “La España en positivo” de 1996 o “Por el buen camino” de 1986 son otros ejemplos del uso de eslóganes en positivo que marcan esa concepción del modo de hacer campañas de los socialistas españoles.

La personalidad del candidato y las percepciones que genere son también esenciales para entender una política en positivo. Hay líderes que, bien por su experiencia personal y política o por su propia personalidad, tienden a evocar emociones negativas. Rajoy, con sus datos de baja valoración es ejemplo de ello. En cambio, algunos parecen dotados para desplegar al máximo esa política en positivo. No es extraño que a la vista de esto, los presidentes norteamericanos más recordados y admirados del siglo XX sean líderes que supieron inspirar a su generación y a las venideras con una mezcla casi perfecta de firmeza y esperanza. Teddy Roosevelt, Franklin Delano Roosevelt, John Fritzgerald Kennedy, Ronald Reagan o Bill Clinton supieron dar con un mensaje de cambio y esperanza en momentos difíciles, emocionando al electorado y con discursos positivos.

La idea de futuro, progreso y prosperidad es encarnada por estos líderes es el revulsivo de su mensaje. Franklin D. Roosevelt consiguió superar la peor crisis financiera del siglo XX con su New Deal cargado de esperanza –tal y cómo hemos visto, acuñó la famosa frase de “a lo único que debemos temer es al miedo”-. JFK puso una nueva frontera hacia el futuro. Reagan y Clinton supieron dar un empuje a la rica sociedad civil para renacer tras años de crisis en el liderazgo americano a nivel político y económico. Pero todos ellos supieron tender un puente al futuro. La política en positivo piensa en el futuro, no en el pasado, y supera los miedos y reticencias del presente. Felipe González fue uno de estos líderes, encarnando el cambio durante su presidencia y con constantes apelaciones al futuro. Así, durante la campaña de 1982 no dudó en cerrarla de este modo:

“Si hay un pasado que fue de ellos, el futuro es nuestro, de nuestra libertad consciente. El futuro es de la mayoría que quiere el cambio. Adelante. Conquistaremos el futuro en paz. Conquistaremos en libertad. Dejemos a nuestros hijos una España mejor, con el esfuerzo solidario de todos. Adelante y a ganar. España y el futuro es nuestro”.

En Génova saben que tienen el camino allanado para ese asalto a la presidencia del Gobierno. Precisamente por ello, el back to the basics es una apuesta segura. Poco arriesgada. No innova en los conceptos ni mucho menos en el eslogan, pero esa apuesta segura muestra el deseo de no querer hacer de la campaña un elemento de riesgo. La niña de Rajoy costó disgustos en su momento. El cambio empieza por no caer en errores pasados.

 

Muy recomendable el post de Xavier Peytibí “Empieza el cambio, el eslogan”

Ich bin ein Berliner

El 26 de junio de 1963 el mundo estaba dividido en dos polos. Dos potencias antagónicas que se encontraban en uno de los momentos más álgidos de su larga Guerra Fría. El presidente norteamericano John Fritzgerald Kennedy viajó a Berlín para defender al sector occidental y dirigió uno de sus discursos más famosos.

Con motivo del 20 aniversario de la caída del Muro, publiqué en La Vanguardia este artículo que se refería en estos términos al discurso de JFK: “Un precioso canto a la libertad que inició una constante en la línea política y discursiva norteamericana: cualquier persona que se sienta libre, es un berlinés. La capital alemana como expresión de la libertad y sus sacrificios.

En esa misma alocución ante el ayuntamiento de la parte occidental berlinesa, el presidente tomó el pulso a la retórica bipolar sobre qué sistema merecía tener el apelativo de ser el mejor. Para él, la democracia no era perfecta pero, tal y como señaló con enérgica voz, “nunca hemos debido construir un muro para mantener a la gente dentro”.

Kennedy invitó al mundo a ir a Berlín para conocer las diferencias entre los dos mundos, “let them come to Berlin”. Para observar el espacio de libertad ante el de la tiranía, “Dejad que vengan a Berlín”. Todos los hombres son ciudadanos de Berlín, dijo. Él mismo era un berlinés. Años más tarde, Reagan llegó a una conclusión similar: cada hombre es un berlinés. Cada ser humano puede sentirse separado del resto de los hombres ante una Puerta de Brandenburgo cerrada y vallada.”

48 años después, recordamos hoy este histórico discurso. Y recuerda, si este verano viajas a Berlín, cuando llegues a la Puerta de Brandenburgo cierra los ojos e intenta recordar las palabras de JFK.

Two thousand years ago the proudest boast was “civis Romanus sum.” Today, in the world of freedom, the proudest boast is “Ich bin ein Berliner.”

I am proud to come to this city as the guest of your distinguished Mayor, who has symbolized throughout the world the fighting spirit of West Berlin. And I am proud to visit the Federal Republic with your distinguished Chancellor who for so many years has committed Germany to democracy and freedom and progress, and to come here in the company of my fellow American, General Clay, who has been in this city during its great moments of crisis and will come again if ever needed.

Two thousand years ago the proudest boast was “civis Romanus sum.” Today, in the world of freedom, the proudest boast is “Ich bin ein Berliner.”

I appreciate my interpreter translating my German!

There are many people in the world who really don’t understand, or say they don’t, what is the great issue between the free world and the Communist world. Let them come to Berlin. There are some who say that communism is the wave of the future. Let them come to Berlin. And there are some who say in Europe and elsewhere we can work with the Communists. Let them come to Berlin. And there are even a few who say that it is true that communism is an evil system, but it permits us to make economic progress. Lass’ sic nach Berlin kommen. Let them come to Berlin.

Freedom has many difficulties and democracy is not perfect, but we have never had to put a wall up to keep our people in, to prevent them from leaving us. I want to say, on behalf of my countrymen, who live many miles away on the other side of the Atlantic, who are far distant from you, that they take the greatest pride that they have been able to share with you, even from a distance, the story of the last 18 years. I know of no town, no city, that has been besieged for 18 years that still lives with the vitality and the force, and the hope and the determination of the city of West Berlin. While the wall is the most obvious and vivid demonstration of the failures of. the Communist system, for all the world to see, we take no satisfaction in it, for it is, as your Mayor has said, an offense not only against history but an offense against humanity, separating families, dividing husbands and wives and brothers and sisters, and dividing a people who wish to be joined together.

Freedom is indivisible, and when one man is enslaved, all are not free.

What is true of this city is true of Germany—real, lasting peace in Europe can never be assured as long as one German out of four is denied the elementary right of free men, and that is to make a free choice. In 18 years of peace and good faith, this generation of Germans has earned the right to be free, including the right to unite their families and their nation in lasting peace, with good will to all people. You live in a defended island of freedom, but your life is part of the main. So let me ask you, as I close, to lift your eyes beyond the dangers of today, to the hopes of tomorrow, beyond the freedom merely of this city of Berlin, or your country of Germany, to the advance of freedom everywhere, beyond the wall to the day of peace with justice, beyond yourselves and ourselves to all mankind.

Freedom is indivisible, and when one man is enslaved, all are not free. When all are free, then we can look forward to that day when this city will be joined as one and this country and this great Continent of Europe in a peaceful and hopeful globe. When that day finally comes, as it will, the people of West Berlin can take sober satisfaction in the fact that they were in the front lines for almost two decades.

All free men, wherever they may live, are citizens of Berlin, and, therefore, as a free man, I take pride in the words “Ich bin ein Berliner!”

El discurso inaugural de John F. Kennedy

El 20 de enero de 1961, el presidente electo de los Estados Unidos John F. Kennedy, acudió al Congreso para prestar juramento. Con las notas del “Hail to the Chief” de fondo, JFK se disponía a dirigirse a una nación ilusionada y un mundo expectante por la llegada a la presidencia de un joven presidente en uno de los momentos más calientes de la Guerra Fría.

Kennedy bordó un discurso memorable del que esta semana se ha conmemorado su 50º aniversario. Frases que quedarán para la historia y que hoy custodian el mausoleo donde reposa el cuerpo del 35º presidente de los Estados Unidos.

“Ask not what your country can do for you — ask what you can do for your country”

Vice President Johnson, Mr. Speaker, Mr. Chief Justice, President Eisenhower, Vice President Nixon, President Truman, reverend clergy, fellow citizens, we observe today not a victory of party, but a celebration of freedom — symbolizing an end, as well as a beginning — signifying renewal, as well as change. For I have sworn before you and Almighty God the same solemn oath our forebears prescribed nearly a century and three quarters ago.

The world is very different now. For man holds in his mortal hands the power to abolish all forms of human poverty and all forms of human life. And yet the same revolutionary beliefs for which our forebears fought are still at issue around the globe — the belief that the rights of man come not from the generosity of the state, but from the hand of God.

We dare not forget today that we are the heirs of that first revolution. Let the word go forth from this time and place, to friend and foe alike, that the torch has been passed to a new generation of Americans, born in this century, tempered by war, disciplined by a hard and bitter peace, proud of our ancient heritage and unwilling to witness or permit the slow undoing of those human rights to which this Nation has always been committed, and to which we are committed today at home and around the world.

Let every nation know, whether it wishes us well or ill, that we shall pay any price, bear any burden, meet any hardship, support any friend, oppose any foe, to assure the survival and the success of liberty.

This much we pledge and more.

To those old allies whose cultural and spiritual origins we share, we pledge the loyalty of faithful friends. United, there is little we cannot do in a host of cooperative ventures. Divided, there is little we can do — for we dare not meet a powerful challenge at odds and split asunder.

To those new States whom we welcome to the ranks of the free, we pledge our word that one form of colonial control shall not have passed away merely to be replaced by a far more iron tyranny. We shall not always expect to find them supporting our view. But we shall always hope to find them strongly supporting their own freedom — and to remember that, in the past, those who foolishly sought power by riding the back of the tiger ended up inside.

To those peoples in the huts and villages across the globe struggling to break the bonds of mass misery, we pledge our best efforts to help them help themselves, for whatever period is required, not because the Communists may be doing it, not because we seek their votes, but because it is right. If a free society cannot help the many who are poor, it cannot save the few who are rich.

To our sister republics south of our border, we offer a special pledge — to convert our good words into good deeds in a new alliance for progress — to assist free men and free governments in casting off the chains of poverty. But this peaceful revolution of hope cannot become the prey of hostile powers. Let all our neighbors know that we shall join with them to oppose aggression or subversion anywhere in the Americas. And let every other power know that this Hemisphere intends to remain the master of its own house.

To that world assembly of sovereign states, the United Nations, our last best hope in an age where the instruments of war have far outpaced the instruments of peace, we renew our pledge of support — to prevent it from becoming merely a forum for invective — to strengthen its shield of the new and the weak and to enlarge the area in which its writ may run.

Finally, to those nations who would make themselves our adversary, we offer not a pledge but a request — that both sides begin anew the quest for peace, before the dark powers of destruction unleashed by science engulf all humanity in planned or accidental self-destruction.

We dare not tempt them with weakness. For only when our arms are sufficient beyond doubt can we be certain beyond doubt that they will never be employed.

But neither can two great and powerful groups of nations take comfort from our present course — both sides overburdened by the cost of modern weapons, both rightly alarmed by the steady spread of the deadly atom, yet both racing to alter that uncertain balance of terror that stays the hand of mankind’s final war.

So let us begin anew, remembering on both sides that civility is not a sign of weakness, and sincerity is always subject to proof. Let us never negotiate out of fear. But let us never fear to negotiate.

Let both sides explore what problems unite us instead of belaboring those problems which divide us.

Let both sides, for the first time, formulate serious and precise proposals for the inspection and control of arms and bring the absolute power to destroy other nations under the absolute control of all nations.

Let both sides seek to invoke the wonders of science instead of its terrors. Together let us explore the stars, conquer the deserts, eradicate disease, tap the ocean depths, and encourage the arts and commerce.

Let both sides unite to heed in all corners of the earth the command of Isaiah — to “undo the heavy burdens…and let the oppressed go free.”

And if a beachhead of cooperation may push back the jungle of suspicion, let both sides join in creating a new endeavor, not a new balance of power, but a new world of law, where the strong are just and the weak secure and the peace preserved.

All this will not be finished in the first 100 days. Nor will it be finished in the first 1,000 days, nor in the life of this administration, nor even perhaps in our lifetime on this planet. But let us begin.

In your hands, my fellow citizens, more than mine, will rest the final success or failure of our course. Since this country was founded, each generation of Americans has been summoned to give testimony to its national loyalty. The graves of young Americans who answered the call to service surround the globe.

Now the trumpet summons us again — not as a call to bear arms, though arms we need — not as a call to battle, though embattled we are — but a call to bear the burden of a long twilight struggle, year in and year out, “rejoicing in hope, patient in tribulation” — a struggle against the common enemies of man: tyranny, poverty, disease, and war itself.

Can we forge against these enemies a grand and global alliance, North and South, East and West, that can assure a more fruitful life for all mankind? Will you join in that historic effort?

In the long history of the world, only a few generations have been granted the role of defending freedom in its hour of maximum danger. I do not shrink from this responsibility — I welcome it. I do not believe that any of us would exchange places with any other people or any other generation. The energy, the faith, the devotion which we bring to this endeavor will light our country and all who serve it — and the glow from that fire can truly light the world.

And so, my fellow Americans: ask not what your country can do for you — ask what you can do for your country.

My fellow citizens of the world: ask not what America will do for you, but what together we can do for the freedom of man.

Finally, whether you are citizens of America or citizens of the world, ask of us here the same high standards of strength and sacrifice which we ask of you. With a good conscience our only sure reward, with history the final judge of our deeds, let us go forth to lead the land we love, asking His blessing and His help, but knowing that here on earth God’s work must truly be our own.

Jackie Kennedy está de moda

Una conocida marca de coches francesa ha removido en el baúl de los recuerdos y ha echado mano de figuras del pasado para su publicidad. Una de ellas es la mítica Marilyn Monroe. Parece que está de moda volver la vista atrás –dice la canción que es bueno a veces- y los 60 vuelven a estar en el punto de mira. De hecho, la misma campaña reclama la figura de Lennon justo cuando el Vaticano ha perdonado oficialmente al cuarteto de Liverpool.

En todo caso, si hay una figura que encarna ese espíritu de los sesenta como pocos es el de John Fitzgerald Kennedy. De hecho, la estirpe Kennedy en general. Ha sido una de las consecuencias lógicas de la elección de Obama como presidente de Estados Unidos, ya que no han sido pocos los que a lo largo de los últimos tres años han comparado en infinidad de ocasiones a los Kennedy con los Obama.

Así, casi por la puerta de atrás, los Kennedy vuelven a estar en boca de todos. Aunque esta vez el protagonismo es para la viuda más famosa de la historia americana: Jackie Kennedy. Hace unos días se estrenaba en España la serie relacionada con la figura de la Primera Dama realizada por HBO. “Grey Gardens” muestra la vida de las parientes pobres de Jackie, Edith Ewing Bouvier Beale y su hija Edith Bouvier Beale, que pasaron de tenerlo todo a las penurias económicas y sociales. También en Alicante encontramos una mención a Jackie, con la obra de teatro que hoy alberga el Aula CAM titulada “Todas quieren ser Jackie Kennedy”, que relata el efecto de la primera dama en la sociedad española de los 60.

La última novedad, no obstante, viene del cine. Rachel Weisz dará vida a la viuda de Kennedy en una película que mostrará los días posteriores al asesinato de JFK. Todo ello cuando se conoce que las siete entrevistas que concedió Jackie tras la muerte del presidente, serán publicadas por la editorial Hyperion, un libro que contará con todo el morbo y el halo de misterio típico en los Kennedy como su mejor herramienta de promoción.

Mientras se construyen los nuevos mitos del siglo XXI, los del siglo pasado siguen atrayendo y vendiendo. Ya sea coches o entradas de cine, palomitas y refrescos.

Los mejores discursos de Kennedy: la huella de Sorensen

Ted Sorensen pasará a la historia como el speechwriter de uno de los presidentes más carismáticos de la historia de Estados Unidos, John F. Kennedy. Kennedy, que entendió como pocos el valor de la comunicación, llegó a afirmar que Sorensen era su “banco de sangre intelectual”.

Hace unas semanas, el presidente Obama -a quién asesoró en su discurso inaugural- le distinguió con la Medalla Nacional de Humanidades por su contribución para el avance de la política americana.

Estos son algunos de los mejores discursos de Kennedy que tienen la huella de Sorensen. Aunque no todos hayan sido escritos por él.

Discurso Inaugural: “No te preguntes lo que puede hacer tu país por ti. Pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”

La crisis de los misiles de Cuba

“Ich bin ein Berliner!”

“Elegimos ir a la Luna”

Canciones de campaña

En Estados Unidos existe una ya larga tradición de dotar a sus campañas electorales con canciones de campaña. Temas, algunos populares y otros menos conocidos, que vienen a apoyar el mensaje y la imagen del propio candidato. Si en España existiera esa tradición, quizás Zapatero escogería el hit eurovisivo de Remedios Amaya y cantaría aquello de “ay quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva”. Rajoy podría atrevirse con el Aserejé de las Ketchup: una canción festiva y alegre –ya se ven en Moncloa- pero inteligible, como sus promesas de mejora sin saber bien qué hará.

Para algunos esto puede ser una tontería. Un amago de genialidad más de asesores políticos que no tiene ningún fundamento, pero la realidad es que, vistos los efectos que la música tiene en las personas, parece no ser una tontería el hecho de atender a ella. Es el íntimo juego de la música y la comunicación política, entender que algo tan básico en la vida como la música puede y debe ser un elemento más de campaña.

Pitágoras enseñaba a sus alumnos algo genial y casi mágico: cambiar los comportamientos de las personas, sus respuestas –incluso acelerar procesos de curación- a través de la música. Hace unos meses reflexionaba sobre el papel de la música en los anuncios electorales, como un determinado ritmo puede crear o sostener estados emocionales en la dirección del mensaje político y de los objetivos de comunicación. Reflexión que hicieron muchas campañas electorales.

En todo caso, la elección de temas de campaña no está exento de polémica. Dos candidatos –y presidentes- republicanos recibieron quejas de los artistas a quienes tomaron prestadas las canciones. Ronald Reagan, tras su famoso “California here we come” usado en la campaña que le llevó a la Casa Blanca, no dudó en hacerse con el hit de 1984 para su reelección. El “Born in the USA” de Bruce Springsteen fue el himno del antiguo actor. Por su parte, George W. Bush se opuso a Al Gore con el tema de un fan del vicepresidente más ecologista: “I won’t back down” de Tom Peety. Ambos artistas, reconocidos demócratas.

Aunque otro tipo de polémicas no viene tanto por la filiación política del artista sino por su nacionalidad. Si Bill y Hillary Clinton hacían de actores emulando a Los Soprano para presentar el tema de la campaña de ésta, la recepción del tema fue menos halagüeña que el propio vídeo. Hillay hechó mano de una mujer, la titanizada Céline Dion, que le prestó el tema “You and I”. Muchos americanos se preguntaron el por qué de la elección de una canadiense… y otros tantos, el sentido político de la canción.

Mejor sintonia tuvieron los Fletwood Mac con Bill Clinton. Incluso hoy el ex gobernador de Arkansas es reconocido por el “Don’t stop thinking about tomorrow”. Aún puede escucharse esa canción como presentación del presidente en actos como las Convenciones demócratas. La asociación, pues, entre tema y candidato puede llegar a ser muy íntima.

Otros candidatos han puesto toda la carne en el asador y han aprovechado todas las aristas emocionales y de comunicación de la música. Barack Obama apeló a la América que debe renacer tras el 11S con el hit de U2 “The city of blinding lights”, que le acompañó en momentos mágicos de su campaña, como en su salida al atril durante su discurso de aceptación en la Convención. El timbre y la potencia de Aretha Franklin contribuyó con su “Think”, que sonó en numerosos mítines, como al finalizar el célebre discurso de New Hampshire. Sinnerman de Nina Simone, Gimme Shelter de los Rolling Stones o la conocida versión musical del propio discurso de New Hampshire son otras piezas de la banda sonora de la campaña del presidente.

Pero no olvidemos los clásicos. JFK apeló a las grandes esperanzas de los americanos con el “High hopes” de Frank Sinatra. Y otro clásico entre los clásicos, Neil Diamond, prestó su “Coming to America” a Dukakis… aunque perdió. Bruce Springsteen puso su grano de arena en otra campaña que no llegó a buen puerto. Kerry tuvo “No Surrender” entre sus canciones de campaña y la presencia del artista en numerosos conciertos de apoyo al cambio que no llegó.

Seguramente Pitágoras echaba mano de otro tipo de recursos, pero en una sociedad plagada de información y de impactos como la actual, los artistas ayudan a comunicar proyectos. Más allá de las canciones que pudiesen elegir hoy Rajoy o Zapatero -aunque no se rodearían de John Cobra-, aquí también sabemos de qué va eso de la música. Quizás con menos tradición, pero no olvidemos que Tequila pedía que “no, no, que el tiempo no te cambie”. Algo que los socialistas entendieron era el mensaje de la juventud a Zapatero. Rajoy nos pedía el voto con el ballenato y… ¿a quién no se le ha pegado el himno del PP?

Enlaces de interés:
Escucha algunas de las canciones de este post en esta lista de Spotify.

Homer Simpson será presidente de Estados Unidos

president-simpsonEn Estados Unidos la política se lleva en el ADN. Gusta, se vive desde la infancia. Si a ello le sumamos ese gusto por el espectáculo, llegamos al propio espectáculo de la democracia, el showbusiness de la política. Las campañas a lo grande, los grandes anuncios electorales, el dominio de la imagen, una política para todos los sentidos. Y casi, para todos los públicos.

Quizás por ello, el mundo del entretenimiento no es ajeno a la política. Desde una gran cantidad de títulos cinematográficos dedicados a los inquilinos de la Casa Blanca a la mítica serie ambientada en la zona de trabajo, el Ala Oeste de la Casa Blanca. Presidentes más o menos convincentes ante las cámaras, pero también de amarillo y en animación.

La familia más famosa de América, The Simpsons, cumple 20 años. Y como buena familia americana, también lleva la política en su ADN, aunque Homer sea el típico ciudadano alejado de ella. Esta serie de éxito, que cuenta con un humor inteligente y unos guiones muy trabajados, llega en buena forma a su aniversario y echando la vista atrás podemos darnos cuenta hasta que punto la política ha sido una parte central del show.

Tras miles de episodios, 12 presidentes han “actuado” para los Simpson. Desde el padre fundador, George Washington, a George W. Bush. Pero además, escenas, frases y discursos célebres de la política norteamericana se han colado casi sin avisar en muchas escenas de la familia amarilla: el bebé Maggie imitó a la niña del famoso spot de L.B. Johnson, Daisy. Y Bart jugó con el spot “Rats” de George W. Bush. O Homer proncundiado la palabra “nuclear” como Eisenhower.

Estas son las 10 mejores escenas presidenciales en The Simpsons:

George Washington
En el marco del bicentenario de la ciudad de Springfield (con fuertes connotaciones al propio aniversario de la nación celebrado años antes), Lisa descubre el terrible secreto de su fundador. En la recreación del mismo, el primer presidente americano forcejea con el hombre que da nombre a la ciudad. Y descubrimos porque a su retrato oficial le falta un pedazo.

George H.W. Bush
El primer presidente Bush se muda a Springfield tras dejar la presidencia. La razón es simple, es la ciudad de América con menos interés por la política. La pareja presidencial se instala delante de la casa de los Simpson e inicia una tensa relación vecinal con Homer. Con guiños a “Daniel el Travieso”, Bart juega también un gran papel.

John Fritzgerald Kennedy
El abuelo Simpson descubre durante la Segunda Guerra Mundial que JFK es, en realidad, un nazi. ¿Por qué? En un bote de guerra recita las famosas palabras “ich bin ein berliner” y Abe Simpson ordena la carga contra él.

Richard Nixon
Durante un capítulo de Halloween, Homer vende su alma al diablo por una rosquilla. La familia exige un juicio justo, formado por un terrorífico jurado de asesinos y seres diabólicos. Incluido Richard Nixon.

Thomas Jefferson
Airado por ser un segundo plato en los memorials de Washington, el presidente Jefferson se niega a dar consejo a Lisa cuando sufre una falta de fe en la democracia al descubrir un caso de soborno a un congresista.

Abraham Lincoln
Aunque aparece alguna escena, la más famosa es un gran homenaje. Cuando Lisa llega a presidenta de los Estados Unidos en un salto al futuro, Homer y Marge se instalan en la Casa Blanca. Homer se pasará todo el capítulo buscando el oro de Lincoln que acabará siendo un verso.

Jimmy Carter
Los Simpson ayudan al expresidente en su fundación construyendo casas para los más desfavorecidos.

Gerald Ford
En el mismo capítulo de la tensión vecinal con Bush, Ford acaba instalándose en la misma casa y congenia rápidamente con Homer: futbol y cervezas son la clave.

Ronald Reagan
El actor tuvo su momento en los Simpsons al ser invitado a la fiesta de cumpleaños del pérfido republicano local: el señor Burns.

Bill Clinton
Quizás uno de los presidentes que más veces ha visitado a los Simpson. Homer contestó la llamada que hizo a los vencedores de la Superbowl, intentó seducir a Marge en varias ocasiones y visitó a la pequeña Lisa.

Y queda reseñar la aparición de dos presidentes más (Franklin D. Roosevelt y Andrew Jackson) y la mención expresa a Obama: Homer intentó votar por él pero lo hizo por McCain.

Así que quizás por ello, los productores de los Simpsons no dejan de hacer gestiones para conseguir que Obama sea el primer presidente que presta su voz para un capítulo. A ver si lo consiguen. Y que lo podamos ver durante muchos años más con esta excéntrica familia. Y si no es posible, quién sabe, quizás Homer llegue a Presidente…

Elegir la luna como una nueva frontera

El modulo lunar Eagle se separó del Columbia e inició su aproximación al suelo lunar. A medida que se acercaban, los astronautas observaron con pavor que su velocidad era mayor de la esperada: pasaron 4 segundos antes de lo previsto por las marcas de alunizaje.

Entonces, los controles empezaron a sonar y el señal de alarma se encendió en el modulo y en Houston. Pasaron a controlarlo directamente, cambiando de programa de navegación. Armstrong puso el sistema semi-automático de navegación.

El combustible de aterrizaje casi se agota. En Houston, las uñas brillaban por su ausencia. Un largo alunizaje que terminó con la voz de Aldrin. “Houston, Tranquility Base here. The Eagle has landed”.

Poco faltaba para el primer paseo lunar. Para la famosa frase de Armstrong “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la Humanidad”. Pero ese viaje lunar, que hoy podemos seguir en un Twitter conmemorativo, empezó mucho antes.

Fue el resultado del sueño de generaciones y generaciones de conquistar el espacio. De poner los pies en la luna y alcanzar las estrellas. Pero sobretodo, fue el resultado de las condiciones que los líderes deben tener: una buena visión de futuro. Y el presidente Kennedy la tuvo.

Debemos pedir a nuestros líderes que nos hagan soñar con las estrellas. Con conquistar lo desconocido. Necesitamos líderes que tengan una visión que no se agote en los 4 años de su mandato. Y Kennedy supo mirar más allá de su abrupto fin de servicio a su país.

Así, JFK – quien, por cierto, es el protagonista de la última campaña publicitaria de los relojes Omega, en conmemoración de esta efeméride- puso en la luna una nueva frontera. Hizo de esa vieja idea de alcanzarla una prioridad, a sabiendas que serían necesarios varios años para el primer paseo lunar de Armstrong. Así, un 12 de septiembre de 1962, 7 años antes del día que hoy festejamos, en Houston, Texas, el presidente explicó en un brillante discurso por qué elegir la luna.

Y JFK la eligió no porque fuera fácil llegar a ella, sino por su dificultad. Porque en superar las dificultades estriba el éxito, no sólo el político, sino el de una sociedad entera. Porque en la superación de los retos, está la unidad y la base del futuro y del desarrollo.

We choose to go to the moon. We choose to go to the moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard, because that goal will serve to organize and measure the best of our energies and skills, because that challenge is one that we are willing to accept, one we are unwilling to postpone, and one which we intend to win, and the others, too.

Celebramos hoy esa visión. Celebramos hoy el resultado de ese discurso como la muestra que tras la oratoria deben existir ideas, valores y propuestas. Celebramos hoy uno de los momentos más importantes de la historia de la Humanidad, pero aprovecho para reflexionar sobre la necesidad de tener líderes que busquen nuevas fronteras.

Fronteras que no nos deben llevar forzosamente a la luna, que no se plantean en el espacio. Fronteras que pueden (y deben) tener en la tierra su lugar. Fronteras como el fin del hambre, la conquista de derechos. La libertad de la que no todos gozan. Las fronteras cotidianas que no siempre estamos dispuestos a fijar.

Esa visión que, más que nunca en tiempos de crisis, los líderes deben fijar. Y comunicar. Esa visión de la que tan huérfanos nos sentimos, sobretodo en un día como este.

Turismo político: Berlín

Berlín seguramente sea el destino turístico en que la historia y la política juguetean más con el visitante. En la capital alemana todo huele a historia. En cada paso resuenan los vestigios de un pasado con luces y sombras. En cada esquina se respira el inevitable peso de lo vivido y la enorme responsabilidad de seguir marcando la pauta política para, al menos, sus vecinos del continente.

Si estás pensando en visitar Berlín este verano, espero que en este post puedas tomar ideas para diseñar tu ruta, aunque ya te aviso de una cosa: vayas donde vayas, estarás en algún lugar histórico. Y seguramente, en cuanto pongas los pies en la capital federal, sentirás lo que se ha acuñado como Ostalgie, la nostalgia de la RDA, algo que en una ciudad tantos años dividida es imposible evitar.

Vayamos por partes: para recomendar los mejores sitios que visitar, seguro que habrás leído mil guías de viajes, así que no esperes algo pormenorizado en este post. Eso sí, voy a darte algunas claves que harán más placentera tu visita.

En primer lugar, te recomiendo un juego que hicimos con mi hermana cuando estuvimos en la ciudad: intentar adivinar en qué parte de Berlín estamos. Para ello, te servirá fijarte en los famosos semáforos de Berlín Oriental. El Ampelmännchen, o hombrecillo del semáforo, es el símbolo de las luces de tráfico de la antigua RDA. Con la caída del Muro, se intentó homogeneizar los semáforos en toda Alemania, pero la oposición de los alemanes del Este fue tan fuerte que se mantuvo. De hecho, algunos distritos de Berlín Occidental lo han tomado prestado… ahí radica la dificultad del juego.

La segunda clave es recorrer el antiguo Muro. Será una constante en tu visita, así que no te costará encontrarlo. Pero presta especial atención al pasar por Postdamer Platz: un lugar que durante la Guerra Fría no existía. También es especialmente emotivo pasar por la Puerta de Brandenburgo e imaginar el lugar exacto en que el Muro se erigía imponente. Para seguir con este recorrido, tienes el museo del Checkpoint Charlie, con una completa historia de la separación y los intentos de cruzarlo, así como la galeria de arte al aire libre que tiene en el Muro su soporte; precisamente en el lugar en que se ha conservado un mayor tramo de la barrera.

La visita al Berlín político no es tal sin una vista atrás a los oscuros años del nazismo. Para ello, te propongo que empieces la visita en el Bundestag; el mismo que sufrió el incendio que llevó a Hitler al poder. De allí, tras observar las vistas de la capital y ver la Cancillería, puedes visitar los solares donde estuvo la Gestapo o caminar hasta la Puerta de Brandenburgo, el corazón del Berlín más histórico. Cerca de la puerta está el impresionante monumento erigido en memoria de las víctimas del holocausto. De allí, puedes coger un tren hasta el campo de concentración de Sachsenhausen. Al pasar por el tren, fíjate en la gran cantidad de casitas que tienen la bandera alemana en el jardín, al más puro estilo americano.

Otra parte esencial de tu viaje debería ser la Ostalgie. Y en Berlín no te vas a quedar corto. En primer lugar, es interesante ver las grandes diferencias entre los dos Berlines, pero dentro de la parte oriental, entre la más cercana a Alexanderplatz y los distritos más alejados: veréis como más al este el paisaje es más gris y más pobre. En el distrito oriental no os podéis perder la zona de Alexanderplatz, la torre de la televisión y la zona del ayuntamiento Rojo y el monumento a Karl Marx y Engels. De allí, podéis optar por pasear por Karl Mark Alee y observar los edificios de un marcado realismo socialista hasta acercaros al parque de Treptower. Ahí se esconde el impresionante y vasto monumento soviético a la victoria en la Segunda Guerra Mundial y cementerio de combatientes. No pierdas oportunidad de compararlo con el erigido en la zona occidental. Para seguir con la visita al Este alemán, podéis visitar tanto el Kulturbrauerei y su barrio, el museo de la Stasi o el búnker nuclear de Honecker a unas horas de Berlín.

Y por lo demás, disfruta de una maravillosa ciudad. No te pierdas su gastronomía y sus cervezas, el paseo por sus parques y, si ya eres mitómano al máximo, el lugar desde donde Barack Obama dio su discurso a Europa hace poco menos de un año.

¡Ah! Otro pequeño consejo: llévate impresos o en tu iPod los discursos de Kennedy y Reagan ante la Puerta de Brandenburgo. Escuchálos allí mismo y siente como se te encoge el alma…

Fotos de todo lo hablado: en mi Flickr!

Inauguration Day

En què consisteix la presa de possessió de Barack Obama? Què podrem veure la setmana que ve? Més detalls a l’article publicat avui a La Vanguardia.

En menos de una semana, la Casa Blanca albergará a un nuevo presidente y a su familia. Será la confirmación, una vez más, de la continuidad, el cumplimiento de la tradición. Pero sobretodo, del correcto funcionamiento de un sistema político que ha hecho de la alternancia democrática su principal fortaleza. Todo está preparado en Washington para la toma de posesión de Barack Obama. Veamos los puntos clave para entender la ceremonia que tendrá lugar el próximo martes.

El misticismo republicano: el martes veremos una toma de posesión que poco tiene que ver con nuestras investiduras parlamentarias. De hecho, se trata de una celebración más próxima a una entronación republicana que a la investidura de un jefe de gobierno a la que estamos acostumbrados. El hecho diferencial, su condición de jefe de Estado y comandante en jefe; conlleva una celebración casi mística de la continuidad de los pilares del Estado.

El lugar: la investidura se produce en el Congreso americano, en las escaleras del Capitolio. Exactamente, en la escalinata occidental del edificio. Aunque el Presidente no es elegido por el Congreso, sino por un colegio electoral, es una tradición que él acuda al poder legislativo para tomar posesión de su cargo. La escalinata ha ido cambiando a lo largo de los años, por ejemplo, Kennedy tomó posesión en la escalinata oriental. La segunda investidura de Reagan, por ejemplo, se hizo en el salón ovalado interior, conocido como Rotunda, por culpa del frío extremo. Se contempla la venda de entradas y la instalación de millares de localidades para invitados y asistentes. En el caso de Obama, se agotaron las entradas en un minuto.

  • El protocolo: la ceremonia, como muchas cosas relacionadas con la presidencia americana, tiene poco espacio para la innovación y el cambio. Los expresidentes serán invitados a asistir y el presidente saliente compartirá camino con el electo. El saliente entrará antes que el entrante (valga la redundancia) y se sentará a la derecha de sus pantallas. Antes de empezar el acto, entrará Barack Obama y bajará las escaleras hasta situarse a la izquierda de la imagen que nos ofrecerá la televisión o Internet. Con él estará su esposa e hijas. Otro actor imprescindible es el presidente del Tribunal Supremo, que tomará juramento al nuevo presidente. Joe Biden habrá tomado posesión de su cargo antes.
  • El acto: la toma de posesión tiene dos momentos culminantes, el primero es el juramento (oath of the office) y el segundo, el discurso inaugural. Entre tanto, se sucederán otros actos como un sermón, que será oficiado por Rick Warren; y actuaciones musicales.
  • El juramento: La primera familia entrará en escena. Michelle Obama sostendrá la Biblia sobre la que Lincoln juró su cargo, con la presencia de sus hijas. El uso de la Biblia no es obligatorio, pero se cree que sólo un presidente no hizo uso de ella. Obama, siguiendo una antigua fórmula, jurará el cumplimiento fiel de las obligaciones del cargo de presidente de los Estados Unidos, y con la mayor de las habilidades, proteger, preservar y defender la constitución del país. Cuando Obama repita las palabras del presidente del Supremo, sonará el himno que acompaña al presidente; el “Hail to the Chief” y se sucederán 21 salvas en su honor. Durante toda la ceremonia, estos himnos sólo serán interpretados por la banda de marines, el conjunto musical que acompaña siempre al presidente.
  • El discurso: tras la toma de posesión, Barack Obama se dirigirá a la nación y al mundo con uno de los discursos más esperados de los últimos años. Un discurso inaugural suele contener los grandes trazos que plantee la dirección de la política de la nueva administración. La duración no está prefijada. Se trata de uno de los momentos más importantes durante el mandato, ya que como todo en la vida, una buena impresión iniciar ayuda a gestionar las percepciones a partir del primer momento de la recién estrenada presidencia. Se recuerdan grandes discursos inaugurales. Quizás el más famoso es el de Kennedy, cuando pidió a los ciudadanos que no se preguntarán que puede hacer el país por ellos, sino que pueden hacer ellos por el país. Roosevelt afirmó que sólo se podía temer al miedo mismo y Clinton abogó por una nueva coalición cívica para superar los problemas. Tras una campaña plagada de discursos excelentes, las expectativas ante este primer discurso presidencial de Obama son altas. No sabremos si pondrá la luna como nueva frontera, tal y como hizo Kennedy, pero seguramente pondrá en marcha con su retórica el espíritu del país.
  • El almuerzo: tras el discurso, el Congreso ofrece un pequeño almuerzo al nuevo presidente.
  • El desfile: en cuanto termine el almuerzo, el presidente bajará desde la colina del Capitolio a la Casa Blanca. Carter hizo el trayecto a pie, pero por medidas de seguridad ahora sólo se hace una parte del mismo. En cuanto llegué a la Casa Blanca, pasará revista a las tropas desde el pórtico norte de la mansión.
  • Los bailes: durante el día, se celebran varios bailes en honor del presidente, a los que asistirá y bailará alguna pieza. Es tradición que varias entidades los organicen, como la George Washington University o la celebración del baile inaugural latino dónde Alejandro Sanz será un artista invitado.

Este es el esqueleto de una celebración que ha cambiado a lo largo de los tiempos, pero que ha mantenido elementos esenciales durante los últimos 230 años. Es un momento cumbre en la tradición de un estado joven y brilla por el simbolismo que es capaz de destilar, y si no, fíjense en las banderas que cubrirán el Capitolio, podrán ver los diferentes estandartes que ha tenido el país a lo largo de su historia.

Si tienen oportunidad, no se pierdan la investidura de Barack Obama. No sólo estarán presenciando un momento histórico, también estarán viendo en todo su esplendor una engrasada máquina simbólica, protocolaria y, por qué negarlo,  una excelente máquina del espectáculo que les sorprenderá. Por alguna razón las amplias celebraciones se alargan 10 días…