CiU: por iPad, Mas e iPhone

Llegar los primeros es importante. Llegar enteros, más. Y la verdad, parece que en CiU van a llegar los primeros y bien enteros a las elecciones del próximo otoño. Al menos, a nivel online. El camino hacia el Palau de la Generalitat puede ser aún algo –algo, sólo algo- tortuoso aunque si atendemos a las encuestas, el camino puede ser en este caso, bastante llano. Pero eso no es motivo para bajar la guardia. Y menos en el mundo de las Redes.

Aunque sigan sin gustarme sus anuncios en la radio –y en Spotify- y no me gustara el aire naif del pistoletazo de salida de su campaña, a nivel online están haciendo los deberes y cumplen con nota. Cativistes es ya una herramienta engrasada y los activistas de CiU se conocen y se organizan bajo el paraguas del partido. Ya han demostrado su eficacia en momentos puntuales y a medida que avance la campaña, seguramente se verá aún más.

Pero sus esfuerzos no se quedan ahí, que no es poco, sino que avanzan hacia nuevas herramientas y espacios. CiU ha sido el primer partido político español en contar con una aplicación en iPhone e iPad que permite al usuario seguir la actualidad de la formación, leer las noticias, tener acceso a fotos y vídeos y, si eres de Cativistes, poder actuar desde tu móvil. Un avance significativo que acerca la campaña y da instrumentos para el seguimiento. En las primeras semanas, más de 200 personas se la descargaron.

Apostar por estos soportes es estratégico. Cada vez navegamos más por dispositivos móviles y tener acceso al elector desde ahí es un elemento a tener en cuenta, más cuando sabemos que quién lo descarga es un votante convencido y motivado que puede arrastrar más votos. Es esa capacidad de acción la que resulta especialmente atractiva.

Otro de los elementos que permiten interacción y sentirse parte del proceso es la iniciativa presentada por la formación para preguntar a Artur Mas. “Artur Mas respon” se basa en Google Moderator y busca que los usuarios hagan llegar su duda al candidato de CiU. La iniciativa tuvo más de 6.000 “me gusta” en Facebook y se materializó con la respuesta de Mas a las tres preguntas más votadas en la última DOC Sessions –un formato muy novedoso del que hablaremos en otro post-.

Poder formular las dudas desde tu ordenador o tu teléfono a quién pretende gobernar Catalunya es otra manera de buscar esa participación con el ciudadano. Es evidente que se acercaran a ello los votantes ya convenidos, y que el propio sistema de votos evitará una pregunta incómoda, pero no deja de tener valor la capacidad de traspasar el umbral tradicional con sólo un clic.

Al final, la duda será saber hasta qué punto todos estos esfuerzos serán más o menos decisivos para el resultado de CiU. Pero lo que nadie podrá negar es el esfuerzo por plantear novedades con esfuerzo y tomándolo en serio. Estaremos muy atentos a su desarrollo.

La promesa de un iPhone 3 G S

Es curioso observar como Movistar está llevando a cabo una estrategia comercial muy parecida a la de muchos políticos en campaña: prometer algo que desea el electorado aunque no sepas muy bien cuándo y cómo podrás cumplir con ello. Y las claves comunes entre esta compañía y los vicios de la política son muy claras, el relato, la promesa y la espera. El resultado, pues ya se verá…

Como si de una campaña electoral se tratara, Movistar ha sabido trabajar un relato que la ha llevado a ser la compañía de telefonía móvil más novedosa, gracias a su acuerdo de distribución con Apple para el iPhone. Si durante 2008 vivimos una campaña de expectativa de casi 6 meses, copando miles de artículos en prensa y en la Red, este año ha sido el turno al nuevo modelo de este aparato tan adorable de los de Cupertino, el iPhone 3 G S. Innovación, modernidad, exclusividad, lujo… son los valores de ese relato que han enamorado a tantos.

Tras el relato vino la promesa: ven a Movistar o canjea tus puntos para conseguir el mejor teléfono del momento. Un teléfono que no es sólo para llamar y recibir llamadas, también es un modo de trabajar y divertirte allá donde estés. Y a ello se pusieron los comerciales de la compañía, a conseguir nuevos clientes o a canjear los puntos de los ya clientes en nuevos terminales que les aseguraran un consumo mensual fijo en datos, por ejemplo. Hasta aquí la promesa está bien: si te pasas a esto, tendrás esto. Pero, ¿qué ocurre cuando la promesa entra en dificultades?

Lo que ocurre es la llegada de un largo proceso de espera que pone en riesgo la reputación de la compañía. Movistar no tiene los iPhone que promete, su distribución falla y han conseguido crear una masa de clientes descontentos por la peregrinación tienda por tienda, viendo la cara de superioridad de los dependientes de esos puntos que piensan “mira, otro pringado que busca un iPhone”. La espera por un objeto tan deseado hace que los niveles de dopamina se disparen en nuestro cerebro en búsqueda de una recompensa que no llega. Cada visita a una tienda Movistar es una explosión del neurotransmisor que se torna en decepción al saber que, en la mayoría de las tiendas, no han visto un iPhone 3 G S desde que se pusieron a la venta.

Y aquí es donde entra el centro de la cuestión: se genera un auténtico movimiento entre clientes por un bien escaso. Las leyes de oferta y demanda funcionarán a la perfección, existirá deseo… pero también se abren las puertas de forma muy significativa a la decepción con la marca. Yo lo tengo muy claro, cuando me vuelvan a llamar para valorar sus servicios no van a aprobar…

Movistar ha seguido a pies juntillas lo que muchos ciudadanos sienten cuando su candidato se instala en el poder, la promesa fallida. La comunicación, ya sea de una reforma sanitaria o de un terminal táctil con música y conexión a Internet, es una gestión de expectativas y debemos tener mucho cuidado en no defraudar. En el fondo, tanto Movistar como cualquier partido político saben que son, hasta cierto punto, insubstituibles. Si quieres un iPhone, sólo lo puedes tener con ellos. Si eres liberal, no podrás votar a muchas otras opciones. Pero aunque compartan esta cualidad, cuando la relación es con un cliente y no con un votante, deberían tomarse más en serio qué prometen y cómo lo hacen.

Por el momento, seguiremos con explosiones continuas de dopamina, saboreando luego la decepción en el paladar, para volver a tontear con el neurotransmisor en la siguiente tienda azul. Eso sí, con la llamada semanal de un par o tres de euros para prorrogar un vale de canje que tardará semanas (sino meses) en hacerse efectivo.