Brasil lleva el debate electoral a la Red

No es país para debates. Por mucho que se empeñen algunos, España no es un país dado a los debates. Nuestra historia democrática nos muestra los cuatro debates en las elecciones generales como una anécdota más que una norma. Así, no es de extrañar que en algo que sí se han puesto de acuerdo los dos grandes partidos es, precisamente, en no regular este punto. Seguiremos a merced de la voluntad de los candidatos. Mejor, de las necesidades de la estrategia de cada partido.

Así, mientras España sigue sin dotarse de un consejo que los organice, de un acuerdo mayoritario para promoverlos; observamos con atención –y por qué no, cierta envidia- de experiencias en otros países que hacen del debate electoral una oportunidad de oro para conocer cómo razonan, cómo reaccionan, qué piensan y qué proponen los líderes políticos.

Y en ese nuevo mapa de los debates electorales, Internet es ya una parte destacada del nuevo escenario. Si los debates son básicos en una democracia, que éstos recurran a la Red para hacerlos más abiertos es una excelente noticia. Lo vimos en Estados Unidos durante la campaña presidencial, pero la última experiencia en Brasil es, sencillamente, impresionante.

Si durante la campaña en Estados Unidos YouTube facilitó a muchos ciudadanos poner preguntas sobre la mesa, el reciente debate en la Red entre los candidatos a suceder a Lula da Silva llegó a registrar más de un millón de conexiones, sin tener en cuenta el ruido generado en otros espacios. Y la cosa tiene su miga, porque el mercado potencial de seguidores en Brasil alcanza los 66 millones de usuarios.

El debate se retransmitió en directo por la Red –algo parecido a lo que el viceprimer ministro británico hizo esta semana- durante una hora y media, y pudo seguirse en la página de Folha –el medio organizador-, Twitter y Facebook. Tuvo seis bloques diferenciados. Al final del acto, varios usuarios pudieron poner sus preguntas en el centro del debate. Y los comentarios de periodistas enriquecieron el análisis.

La experiencia no es simple y tiene un punto interesante. No ya por lo novedoso que resulta que, algo tan importante como un debate electoral en unas elecciones trascendentales, se dé en un medio que no es el tradicional; sino también por la posibilidad que ese debate se haga más rico, más plural y más prolongado en el tiempo gracias a la propia conversación.

Cada vez son más este tipo de experiencias, la capacidad de agolpar nuevas audiencias en la Red y hacer que esas mismas personas puedan participar, no ya con las preguntas a los candidatos, sino en los debates paralelos que aumentan el impacto deseado. Pero sobretodo, aumentan la participación ciudadana en los asuntos públicos.

¿Llegaremos a debates similares en las próximas contiendas electorales en casa?

Tú puedes curarte, maricón

Duran i Lleida es un hombre exquisito. Inteligente, educado, cortés y responsable. Cultiva su imagen y conoce a la perfección qué comunica cuando no dice nada. Sabe que es el hijo que todas las madres pensionistas querrían tener. Viste bien. De hecho, es uno de los políticos que mejor viste. Algo que gusta mucho al elector: esperamos ver en nuestros políticos pulcritud. Tanto en el vestido como en las formas. Y el líder de Unió las cuida. Aunque parece que en algunos temas, el portavoz de CiU en el Congreso las pierde. Como si no hubiese entendido nada.

Las pierde en Twitter cada vez que participa. Cuando di una clase en el máster del ICPS-UAB clasifiqué a Duran i Lleida como esos políticos que aún no han entendido nada. Sólo así puede entenderse como el político mejor valorado de España considera que la Red es un espacio secundario, sin importancia. Sólo así puede entenderse su manera de usar Twitter –sin menciones, sin palabras, enlaces, en batería…-. Sólo así puede entenderse que se atreva con su ataque homófobo en un post y no ante un micrófono.

Porque por mucho que Duran i Lleida sea un hombre exquisito, guarde las formas y sea admirado y respetado, lo de su post no deja de ser sorprendente. No se entiende como un animal político, forjado en mil batallas, baje a la arena de la Red para quitarse la careta. Alguien que conoce de sobras el valor de abstenerse en una votación clave, de ofrecer apoyo al Gobierno o de mantenerse en la ambigüedad cuando se requiere no comete errores de principiante así como así.

Lo de Duran suena a mucho a eso de “yo no soy racista, pero”. “Yo no soy homófobo, pero creo que si alguien se quiere curar, debe poder curarse”. Alguien que defiende, aunque sea por la puerta de atrás, que la homosexualidad sea una enfermedad muestra su auténtica postura sobre el tema. Ni moderada ni medida.

Y ahí precisamente radica el problema. Los líderes políticos deben liderar. Son modelos de conducta, y cuando alguien tan exquisito como Duran i Lleida asume que lo que hacían los psiquiatras de Barcelona es normal, pide que alguien pueda curarse de la homosexualidad o defiende que no es necesario profundizar en la igualdad de derechos, su efecto no es positivo. En estos momentos de la historia en que la lucha por la igualdad ha conseguido tanto, opiniones como estas están fuera de onda. Como sus tweets. Porque no ha entendido nada.

La responsabilidad política se mide en los momentos en que una abstención salva a un país. Pero también cuando una opinión no arma de argumentos falaces al odio. Duran ni se retracta ni corrige. Sigue creyendo en eso, que los maricas se curan como quien se cura un resfriado. Lo dicho. No ha entendido nada.

YouTube: cinco años de videopolítica

Han pasado sólo cinco años. Sólo cinco. Ese es el tiempo desde el lanzamiento de YouTube hasta el día de hoy en que difícilmente podemos entender Internet sin el mayor archivo de vídeos de la historia. Sin este espacio global de vídeos que ha hecho del nuestro un mundo más pequeño. En YouTube lo han expresado de esta forma con el vídeo conmemorativo:

YouTube ha hecho más pequeño el mundo de la política. Ha aproximado a políticos y ciudadanos, para bien y para mal. En cinco años hemos visto como este espacio podía servir para introducir temas en la agenda política, como en las preguntas que llegaron a los candidatos a las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos.

Dirigentes de hoy que ayer abrieron las puertas de su casa para darse a conocer, como David Cameron, que desde hace sólo unos años, ha establecido contacto con los británicos a través de sus vídeos.

Mas y Rajoy no han dudado en subirse al carro a esa tendencia.

Las cámaras digitales y la posibilidad de acceso a todos nos han convertido en autores en potencia, aunque los creadores sean sólo una parte muy pequeña de todos los usuarios en YouTube. Así, nos llegaron las imágenes de un Aznar enfadado cuando es sorprendido en un avión.

YouTube ha sido el aliado de la viralidad y del fin del control de muchos equipos de comunicación de gafes, como “el coñazo del desfile” de Rajoy o las supuestas copas de más de Sarkozy tras una reunión con una delegación rusa en una cumbre. O el president Montilla firmando un libro de honor con una chuleta. Incluso ha servido para dar a conocer la tarea de los diputados que vienen en pack en una lista y valorar su idoneidad para el cargo, como el caso de la diputada aragonesa más famosa en la Red.

El vídeo del “Yes, we can!” de Obama batió todos los récords y pulverizó el poder de los circuitos comerciales convencionales en televisión. Y la campaña americana fue, en esencia, una campaña de vídeos.

La burla a Mayor Oreja a través de una serie en YouTube fue un éxito, aunque no consiguió batirle en las elecciones europeas del pasado año. Y el efecto del “Confidencial.cat” de CiU en las elecciones de 2006 se amplificó en la Red cuando esto casi iba en pañales.

Gracias a YouTube, los vídeos de los mítines llegan a cualquier usuario. Si el mitin muere, YouTube le da bocanadas de aire.

Cinco años que, en definitiva, han servido para dar más visibilidad a la política, hacerla más próxima y, por qué no, más transparente.

#Política2.0

El pasado 8 de abril, el president del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, presentó en Madrid su libro #Política2.0. Como sabéis, tuve el honor de intervenir durante el acto que se celebró en el Centre Cultural Blanquerna en pleno centro de la capital.

A continuación, os dejo con un vídeo del Centre con fragmentos de las intervenciones del president y la mía. Bajo el vídeo, la transcripción de la intervención.

Esto de Internet de vender galletas.

¿Por qué digo esto? Porque me parece que el ejemplo de una niña Scout de Carolina del Norte, en Estados Unidos es perfecto para entender de qué va esto de Internet.

Imaginad ver a una niña de 8 años. Con su piel bien blanca, rubia y con unos grandes ojos brillantes mirando a la cámara doméstica.

Con unos ojos como platos, tan brillantes como sus insignias.

Y con su sonrisa carente de dientes,  nos pide ayuda porque quiere vender más galletas que nadie. Quiere vender 12.000 cajas.

El video se sube a Internet y un año después de esta acción de una niña de 8 años, se venden 700 millones de dólares en galletas de las Girl Scout. ¡Por Internet!

Una niña entendió de qué iba esto de Internet: de poner en contacto a la gente.

Internet, no va de saber demasiado. No se trata de ser un gran gurú.

Lo que importa es entender de qué va esto.

Internet tiene mucho de sentido aventurero. De prueba, de riesgo. De sensación de que todo está por hacer, que todo es posible.

Un espíritu de Scout que el presidente Benach comparte con esta niña. No olvidemos que fue creador de una agrupación de escuchas a finales del 70.

Seguramente esto ha marcado el carácter del presidente y, por qué no, también de este libro. Porque #Política2.0 relata las ganas de conseguir que la política entienda de qué carajos va esto de Internet. Y lo ha conseguido.

#Política2.0 es un buen libro para entender muchas cosas que pasan a nuestro alrededor. Para entender, en esencia, de qué va esto de Internet.

Y en concreto, una reflexión sobre lo que pasa cuando Internet y política se encuentran por el camino.

El president no duda en definir este cambio como una auténtica revolución. La estamos viviendo.

Hemos cambiado la manera de hacer muchas cosas de nuestra vida diaria. Y dentro de este proceso, también debe empujar la política a un cambio.

No es para menos. La política vive unos momento delicados. Algo no funciona cuando quien debe decidir el futuro de nuestra sociedad se percibe como un problema. Así lo muestra el CIS en barómetros recientes.

Otros datos tampoco son optimistas:

7 de cada 10 catalanes creen que lo que hacen los políticos, lo hacen en beneficio propio.

Casi 8 de cada 10 catalanes piensan que los políticos no tienen en cuenta lo que piensa la gente.

Pero cuando descubrimos lo que realmente hacen y dicen los políticos, todo esto debería cambiar.

Por ello, la #Política2.0 que Benach relata en las páginas de su libro son necesarias para entender lo que podemos hacer para acabar con esta situación.

El libro es también un toque de alerta: la solución a estos problemas no vendrá desde la manera tradicional de hacer las cosas.

La política está en medio de una revolución que no acaba de entender, pero que comenzará a ver la luz gracias a reflexiones como la del president.

Aceptemos esto: esta revolución no pasa en las calles. No hay barricadas. Pero sus efectos se notan día a día. Y eso es apasionante.

Especialmente por los ciudadanos, que estamos descubriendo cómo podemos hacer llegar nuestra opinión a aquellos que nos representan.

Casi 6 de cada 10 catalanes creen que no pueden influir en lo que hacen los políticos. Con Internet lo podemos cambiar.

Tenemos en las redes, en Twitter, en Facebook, en los bloques, en los foros, y en todo lo que vendrá una oportunidad para dignificar nuestra democracia.

Y esto os lo digo convencido, con los ojos brillantes como la niña Scout. Y, de hecho, así nos lo dice el president a lo largo del libro.

Este es un libro valiente, porque apostar por este cambio no siempre es bien recibido. No siempre se entiende. El miedo es el gran enemigo de esta revolución.

Hay políticos que tienen miedo al poder de las redes.

Quizá es el mismo miedo que tenía mi padre, un botiguer como tantos hay en nuestro país, cuando se negaba a abrir su tienda en Internet. Hoy ya se ha hecho con una blackberry para no perder de vista ningún pedido.

#Política2.0 debe servir para hacer ver a aquellos que todavía tienen miedo y pesar sobre el uso de Internet en la política, que los beneficios para la sociedad.

Especialmente en un momento como el que vivimos.

En #Política2.0 encontramos muchas pistas sobre cuáles son los beneficios de esta nueva manera de entender y vivir la política.

La política 2.0 acerca a los ciudadanos y a los políticos. Nos pone en contacto.

Hacemos de la conversación el principal valor. Nos aportamos valor. Por ejemplo, el president Benach no ha dudado en dar voz a muchas de las personas con las que conversa en su libro.

Y lo hace con el lenguaje típico de la red. Con las formas propias de la red: el enlace.

Porque esta es la idea que debemos retener de la política 2.0: el contacto.

Nos ponemos en contacto, nos acercamos. Y gracias a ello, los ciudadanos y los políticos conseguimos más información.

Llegamos a saber qué hacen nuestros representantes y por qué lo hacen. El Parlamento, el Congreso de los Diputados, el Senado o nuestro ayuntamiento no nos quedan tan lejos como antes.

Y nuestros representantes saben de nuestras preocupaciones.
De nuestras opiniones.
Pueden hacer pedagogía de aquellos temas, grandes y pequeños, que a veces se escapan de los medios.

Pero es sobre todo la transparencia que este contacto y esta mayor información consiguen la que tenemos que alimentar.

La transparencia es necesaria en un sistema democrático y las herramientas que Internet nos pone al alcance deben cubrir una de las carencias más claras de nuestro sistema.

Nuestros políticos, en definitiva, rinden cuentas de una manera más directa ante los ciudadanos.

Porque son precisamente estos tres puntos los que nos permitirán conseguir de la nuestra, una sociedad más virtuosa y más pendiente de lo que realmente importa.

Creemos que los catalanes no nos interesa la política, pero en realidad, a la mitad de la población sí que nos interesa. La política 2.0 ha de conseguir que la virtud cívica de los ciudadanos, de todos nosotros, se ponga en valor.

El presidente cita a Bruce Springsteen cuando introduce esta nueva manera de hacer y entender la política. Le viene a la mente la canción Livin’ in the future. Y sí, presidente, estamos viviendo en un futuro que muchos creían que no llegaría pero que ya es una realidad.

Un Rising, para seguir citando al Boss, de la gente que queremos estar más cerca de nuestros representantes y de aquellos representantes que no perdieron de vista su voluntad de servicio.

Este libro marca como pocos un camino que debemos seguir. Y lo hace con un carácter propio porque este libro no viene de la Academia, ni del mundo de la comunicación. Ni del derecho o de la filosofía: es un libro escrito desde la política.

Y escribir estas ideas desde la política tiene riesgos evidentes. Cualquier lector podría preguntar: ¿y qué has hecho tú? ¿Cómo has cambiado eso? La respuesta es evidente, hoy tenemos un Parlamento más abierto que nunca a la ciudadanía.

No soy un scout. Pero puedo imaginar la sensación de que debería tener al presidente a medida que iba haciendo camino en hacer de nuestro, un Parlamento abierto y participativo.

Siempre he tenido curiosidad por saber cómo era aquel primer parlamento, aquellas Corts Catalanes medievales que eran un modelo para las Cortes de Europa. Incluidas las inglesas y las francesas.

Hoy, no necesito viajar con mi imaginación para saber que el Parlament de Catalunya es un modelo.

Hace pocos días en el Parlament se conmemoraba el 30 aniversario de su restauración. Y por primera vez en nuestra historia, los ciudadanos pudimos participar a través de la web del Parlament.

Hoy, gracias a Internet, a las redes, nos podemos sentir la política más nuestra que nunca.

Hoy, el riesgo y la aventura nos han llevado hasta aquí. A presentar un libro que contiene reflexiones necesarias pero, sobre todo una historia de éxito detrás poniendola en práctica.

Gracias, President Benach, por haber liderado este cambio. Un agradecimiento que debe hacerse extensivo a todos los diputados y diputadas que no han tenido miedo y han seguido el mismo carácter emprendedor de su presidente. De hecho, permítanme la licencia deportiva: estos diputados son un poco como Messi, el primer jugador 2.0, que comparte, que aporta. De hecho, muchos contrarios marchan contentos por haber sido marcados por Leo. Como los diputados, que aunque difieran, es de agradecer que puedan debatir y compartir.

Pero no nos detengamos. Garanticemos el acceso de todos a las nuevas tecnologías. Hagamospedagogía ante aquellos que sólo denuncian su mal uso. Luchemos por una red para todos. Luchemos contra el miedo y hagamos vencer la libertad.

Continuemos el camino. Este libro es un faro de este camino. Tengamos el espíritu emprendedor, aventurero y ambicioso para recorrerlo.

Libros para ganar elecciones en la Red

En unos meses, Catalunya celebrará sus elecciones. Antes, veremos comicios para la presidencia del Barça y, aunque parezca que están a años luz, en poco más de un año volveremos a elegir alcaldes y la mayoría de presidentes de comunidad autónoma. Y con la que está cayendo en la Red –y no, no me refiero a lo de la LES y la institucionalización de la censura en la Red por parte del Gobierno-, es lógico pensar que Internet jugará un papel central. O debería. El calado del papel, dependerá de cómo se aplique.

En Catalunya ya se están dando pasos muy decisivos, especialmente en CiU que como ya reseñamos en otros artículos, cuenta con su propia red social. Para el resto de partidos, tanto catalanes como los candidatos de cualquier pueblo o ciudad de la geografía española, quizás sea buena idea echar un vistazo a algunos de estos libros.

El president del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, que ha sido el claro ejemplo de liderazgo para introducir nuevas rutinas en sede parlamentaria, ha escrito “#Política 2.0” contando la experiencia y dando interesantes claves sobre lo qué debe ser la política 2.0 y por qué Internet puede salvar la distancia cada vez mayor entre políticos y ciudadanos. Es un excelente manuscrito que va camino de convertirse en libro de cabecera para los que quieran cambiar. De momento está en catalán y puede comprarse en formato electrónico, además del papel.

Del otro lado del charco nos llega un interesante relato en primera persona de la campaña electoral más exitosa hasta el momento en Internet. Sí, hablamos de Obama. Y sí, hablamos de la traducción al castellano del “Yes, we did” de la canadiense Rahaf Harfoush. Rahaf, que estuvo el año pasado en España para deleitarnos con su experiencia, la presenta por escrito en un libro en que encontraremos varias claves que debemos atender. Eso sí, con la distancia necesaria: nuestro sistema no tiene nada que ver con el americano. El libro lo edita Gestión 2000, del Grupo Planeta.

El mitin ha muerto. Larga vida al mitin

El pasado mes de noviembre el PSOE se gastó 200.000 euros en un mitin que debía servir de impulso para presentar las “nuevas energías” del partido y era la antesala a la aprobación del decreto sobre la Ley de Economía Sostenible. Un acto criticado, no solo por su coste, sino por el alarde de frivolidad que supuso para el partido en el gobierno en tiempos durísimos. No es de extrañar que esa acción de marketing político poco sirviera para remontar el vuelo en las encuestas. Todo un Waterloo.

¿Estuvieron bien invertidos esos 200.000 euros? ¿Están bien invertidos todos y cada uno de los céntimos que se gastan los partidos en espectaculares mítines electorales? ¿El mitin electoral ha muerto, larga vida al mitin?

La relación de la comunicación política con los mítines es casi mística. Inevitable, con una fuerte correlación. Parece que queda en nuestro subconsciente colectivo la necesidad de entender que un político sólo está en campaña cuando se mezcla entre miles de personas en un espectáculo como ese. Los partidos lo saben y por eso, año tras año, elección tras elección, nadie se atreve a mover una coma del guión establecido. Como si fuera un pecado plantear cambios.

Existen ciertos espacios que guardan una relación casi mística con los partidos. Pabellones, palacios de deportes, plazas de toros… que son algo parecido a santuarios para muchos partidos políticos. Esos escenarios tienen la virtud de agolpar a los propios, de constituirse en retos (llenar el Sant Jordi de nuevo, se decía en las pasadas elecciones generales por parte del PSC). Aznar llenó Sevilla, una demostración de fuerza en el feudo de González. Y las batallas numéricas para ver quién llena más la plaza de toros de Valencia es un clásico en campaña.

Pero, ¿sirven los mítines para algo más? Para muchos políticos y no menos asesores, son un recurso que no puede obviarse y al que destinar cuantos recursos sean necesarios. Un minuto en televisión con una horda de simpatizantes bandera en mano no tiene precio. Poco importa que sea imposible trasladar la energía –para los propios, los convencidos, los que ya te van a votar- que se vive en ellos al otro lado de la pantalla. Para otros, menos políticos que asesores, el formato empieza a chirriar. Sobretodo cuando otras fuentes de información aparecen con fuerza y ese impacto en televisión ya no tiene el mismo valor que antes.

Nuevas fórmulas

Anxo Quintana, en las pasadas elecciones gallegas, exploró un nuevo formato de mitin: actos con poca gente, con el candidato de pie hablándoles sin atril. Montilla nos regaló imágenes similares en su campaña electoral, con spots que reproducían este formato.

En Estados Unidos, muchos de estos actos de campaña son pequeños discursos –en cierto modo, efecto de la rapidez con la que un candidato debe moverse por el país-, aunque no podemos olvidar que son los precursores de los mayores mítines de la historia: se llaman convenciones y duran cuatro días.

En todo caso, no dejan de ser una adaptación del modelo a formatos más comprimidos, igualmente superficiales para el resto del electorado y a merced de una pequeña dosis en los grandes medios de masas.

¿Es Internet el nuevo mitin?

A juzgar por lo que se vive en espacios como Twitter o las redes de blogs de algunos partidos, el espíritu del mitin se ha trasladado a Internet. Conversaciones entre convencidos, con exaltación –natural- de los valores propios. Espacios en que el foco está más en la autorealización o la afirmación propia, que en el propio objetivo de la comunicación en campaña: convencer, sumar.

Los usuarios dedican demasiado tiempo a reafirmarse en sus posiciones. El interés por el debate es residual. La oportunidad de desmontar los argumentos del otro se pierde entre tanto ruido.

Pongamos el caso de aquel votante indeciso que sigue a varios usuarios de una determinada facción. Este usuario recibirá el mismo impacto multiplicado por el efecto de RTs, entradas parecidas en los blogs… y en muchas ocasiones no podrá rascar más allá del eslogan. Como en un mitin. ¿Es la conversación el nuevo mitin?

Una CiU naífe se presenta en sociedad

Durante la presentación de su libro “Democràcia a sang freda”, David Madí dio unos sugerentes titulares a la prensa. Recuerdo especialmente uno en que afirmaba que el no había “matado a Kennedy”. Aquella mente fría, calculadora y agresiva, que al dar ese titular quería desempolvarse de esa imagen negativa tras el famoso DVD de CiU en las últimas elecciones al Parlament; quería rebelarse.

Y su turno llegó ayer. En el cine. CiU convocó a sus principales figuras –a excepción del candidato de la coalición, Artur Mas-, periodistas y bloggers al acto de presentación de su nueva imagen en Cinesa Diagonal. David Madí y Joana Ortega (la responsable de comunicación de Unió y diputada en el Parlament) presentaron la imagen más soft para estas elecciones.

Cualquiera diría que David Madí, la cabeza pensante del DVD que dibujó el caos en el país hace algo más de tres años, lideraría la presentación del look más blando y amable de CiU. Pero así fue. La coalición ha entendido que lo único que debe hacer para ganar las elecciones es no meterse en líos y para ello se dispone a ser la opción amable. Aunque corren el riesgo de vaciarse de contenido si se quedan en lo naíf. En lo superficial.

En todo caso, manteniendo la tipografía, han optado por la pureza del blanco y el poder de una sonrisa para evolucionar su logotipo a un símbolo. Una CiU que sonríe a todos para acoger a todos. Incluso al diseñador del logotipo de Obama, pues el círculo con la bandera catalana recuerda sospechosamente a las barras de la bandera americana que el presidente incluía en su símbolo.

Sería necesario reflexionar sobre un punto esencial. La política de las emociones no se consigue sólo con el uso de un símblo. No se consigue con sonrisas tipográficas o corazones con la bandera catalana como ya vimos en las últimas elecciones. La política de las emociones es alguna cosa más compleja y por mucho que se repita, esta no es una opción emocional. De momento.

Para CiU, esta precampaña de la precampaña se asemeja a empezar el colegio, el curso. Porque “Començar il·lusiona”, y con ello quiere enviar un mensaje optimista a la sociedad, aunque el contenido brille por su ausencia. Pero toman posiciones muy sólidas como lo que pretenden ser: un nuevo estilo de catch-all party que no se cierra a pactos con nadie. Aunque el mensaje pueda parecerse a este:

Durante la jornada de ayer también se presentó la gran arma de la coalición en la Red. CiU se adelanta a todos en Catalunya y es el primer partido político catalán con una Red Social propia. Cativistes.cat es el punto de referencia para todos aquellos nacionalistas que quieren hacer algo por su país desde la Red. La plataforma, elaborada por Cink, supondrá un antes y un después en la política catalana y quizás por ello, en CiU no han dudado en darle a su presentación aires épicos a lo Braveheart.

La campaña está ya en marcha y CiU se apropia de los mejores puestos. Los próximos meses serán los clave, tanto para CiU como para ver si su versión amable, soft y con un cierto aire naíf triunfan. Si ayudan a vertebrar esa alternativa política o si por el contrario, la falta de mensaje puede alimentar el efecto Carlos Sainz.

Jaque a Sinde

Foto de Jesús Encinar

Hace poco más de un mes, paseando por Valencia, vi como un adolescente se volvía loco, dando vueltas al buzón verde de carteros con un sobre en la mano. Buscaba una ranura donde tirar su carta, pero no la encontraba. No había enviado en su vida una carta postal. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace unos días, el gobierno presentaba su anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (LES). De repente, miles de ciudadanos empiezan a mostrar su descontento en la Red por una de las disposiciones que plantea un recorte de derechos preocupante. En pocas horas, un manifiesto congrega miles de voluntades (más de 78.000) a una velocidad pasmosa. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace unas horas, un rumor se hace cierto en la Red. Varios líderes de opinión muy significativos que desempeñan su actividad en Internet son invitados a una reunión con la Ministra de Cultura para debatir sobre esa cuestión. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Hace aún menos horas, mientras corres en el gimnasio, ves que algunos informativos abren su edición con la noticia de esa reunión y observas como unos cuantos bloggers son el centro de la actualidad informativa. Ahí te das cuenta de que algo ha cambiado.

Entonces, reflexionas sobre lo ocurrido y observas como existen contradicciones entre el Gobierno y su partido. Entre el presidente del Gobierno y su ministra. Lees rumores sobre una marcha atrás del Gobierno en ese punto y piensas que, en realidad, nada ha cambiado. Que para el Gobierno y el ministerio nada ha cambiado porque se sigue percibiendo a Internet como algo residual. Si no, no entiendo como permiten tal error político.

Sólo sin entender nada puede el Ministerio acceder a reunirse con personas que generan auténticos corrientes de opinión. Personas que, además, no han tenido ningún tapujo para contar qué ocurría en esa sala y transmitirlo en directo. No porque sean mejores o peores que otros, sino porque entienden que la comunicación con Internet es distinta. Sólo sin entender nada puede dejarse en manos de estos bloggers la creación de un issue en la agenda política. Sólo sin entender de qué va esto de Internet puede el Gobierno aventurarse a hacer mayor la bola de nieve que sus propuestas en la LES han generado.

Siguen sin entender nada cuando se da pie a rumores de marcha atrás en un proyecto tras la confusa reunión mantenida. Y sobretodo, parece que no han calibrado el efecto que ha tenido en los medios tradicionales la reunión en el Ministerio: vamos camino de las 24 horas con las imágenes de la reunión en informativos, prensa y comentarios en las radios. Porque no se trata de internautas contra el resto, como ha querido el Gobierno, sino de ciudadanos que se niegan a ver sus derechos cercenados. Como todos nos levantaríamos si se impusiera hoy la censura en radio, televisión o prensa. Ciudadanos, no internautas.

Porque en el fondo, todo esto va de asegurar que el chico de Valencia tiene sus derechos garantizados, envíe una carta postal o en Internet. Siguen sin darse cuenta que la Red no es un espacio alternativo para gente rara: es un espacio natural de comunicación. Su neutralidad debe ser defendida. Los derechos deben ser garantizados. Porque no puede haber diferencia entre el mail y el correo. Porque va siendo hora de que se den cuenta que todo esto ha cambiado y lo ha hecho de verdad.

Foto de la reunión en el Ministerio del Flickr de Jesús Encinar.

¿Qué hacen los ministros?

Un ministro es, en esencia, un relaciones públicas. Una figura que debe mantener un equilibrio en varias esferas, cosa que no es siempre fácil. Pero básicamente, un responsable ministerial tiene tres funciones:

1. Ser el relaciones públicas del ministerio, dar credibilidad y plausabilidad a lo que hacen los funcionarios.
2. Es el hombre en el parlamento, el que sabe lo que se dice y lo que se va a hacer en la cámara.
3. El encargado de luchar por el presupuesto de su ministerio en el consejo de ministros.

No lo digo yo, es una de las lecciones de Sir Humphrey, el eficaz secretario permanente del ministerio de Administraciones Públicas del Gobierno de Su Majestad en la popular serie de televisión de los ochenta “Yes, Minister!”. Una fina comedia –la favorita de la Dama de Hierro-, exponente del puro humor británico que hace gala de una ironía deliciosa, donde se narra el día a día del ministro y sus asesores que, de hecho, son funcionarios.

Aunque esta imagen sea simplificada y llevada al extremo, la serie da en el clavo: la necesidad de responder a varias audiencias desde un cargo político. Desde la gestión de los equipos a rendir cuentas directamente con los ciudadanos. Varias audiencias que, siempre, buscan el propio interés. Sir Humphrey muestra en la definición de lo que es un ministro aquello que más desea: tener libertad para poder fijar él mismo los temas del día a día y su ejecución. Pero eso no es lo mismo que espera un ciudadano. Ni mucho menos lo que quiere un periodista.

E Internet, ¿qué papel puede jugar en conciliar esas necesidades? Un papel muy importante. Desde la contribución que puede hacerse a la comunicación interna en ministerios y departamentos con herramientas útiles como wikis, blogs internos o la aplicación de cualquier instrumento que ataque las debilidades. Pero también es evidente que puede hacerse más visible la acción que se realice. Blogs, Twitter o Facebook pueden mostrarlo. Actualmente, tres ministros del Gobierno –Bibiana Aído, Moratinos y José Blanco– tienen y actualizan con cierta regularidad sus blogs.

Pero incluso tomando la descripción del secretario permanente, podríamos entender que desde una óptica ciudadana Internet permitiría a los ciudadanos considerar al ministro su propio relaciones públicas. La persona que encarna sus intereses porque el mismo ministro los conoce –gracias a la participación-, ser el hombre o la mujer en el parlamento –porque cuenta lo que pasa, lo que se hace o lo que se va a hacer- y, ya que es el encargado de luchar por el presupuesto; explicar a qué se va a destinar. También con su participación.

Quizás sólo de este modo podríamos empezar a ver como más gente conoce a ministros y ministras que parecen invisibles y ser testigos de una mayor puntuación en los ránking que las mismas encuestas muestran.

Flickr y las hijas de Zapatero: una lección para Moncloa

La crisis abierta por la difusión y publicación de la fotografía de las hijas del presidente Zapatero pone de manifiesto, entre otras cosas, la colisión de dos modos de entender la comunicación. No tanto por el hecho que Zapatero haya optado por proteger a sus hijas del foco de los medios y no lo hagan otros mandatarios, sino por el medio en que se ha dado este caso.

A diferencia de muchos comentarios que se han sucedido en los últimos días, este post no cubre los denigrantes insultos y vejaciones contra unas menores que se han propagado sin cesar. Tampoco es un comentario hipócrita sobre si una persona es mejor si va vestida de rosa y con lacitos. No va a ser una discusión sobre protocolo ni un alarde de patriotismo sobre la representación del Estado. Ni mucho menos un zafio comentario sobre si quién paga el viaje de la primera familia –bueno, la segunda, que primero viene la Familia Real-. El foco es el modo de entender la comunicación.

A excepción de la cuenta de Twitter @desdelamoncloa y alguna del Plan E, la presencia de Moncloa en la Red presenta grandes deficiencias. En comparación con el 10 de Downing Street, el Kremlin, la Casa Blanca o incluso el Vaticano, la comunicación del ejecutivo suspende en Internet.

Desconozco si tras la fotografía alguien del Gabinete del presidente, de la embajada o del Ministerio de Exteriores se preguntó si esa foto acabaría publicada en algún lugar, pero dentro de las opciones seguro que no estaba que apareciera en un lugar como Flickr. ¿Cómo contemplar un escenario así, si la Moncloa no está presente?

Me parece más interesante esta reflexión que no si el atuendo de dos adolescentes era el adecuado. Dar información, escuchar al ciudadano y participar de la conversación no es un lujo. Tampoco es una frivolidad ni, mucho menos, algo pasajero. Porque si esta es la concepción real de Moncloa, han sido tocados en la línea de flotación desde lo que desdeñan.

Creo que Moncloa debería plantearse muy seriamente hacia dónde quiere enfocar su presencia en la Red. ¿Es de recibo que no dispongan de un canal en YouTube para colgar los vídeos del presidente, las ruedas de prensa del Consejo de Ministros o el discurso de Zapatero en Naciones Unidas? ¿Por qué no están disponibles las fotografías de los actos de la presidencia para cualquier usuario que quiera usarlas en sus blogs?

Las crisis de las fotos ha dejado bien claro que en el contexto actual la decisión ya no es una opción: ya no vale con pensar si estamos o no estamos, es una necesidad. Para conocer las amenazas debe conocerse primero el terreno y el Flickr del Departamento de Estado ha dado una lección a más de uno.