President, y ahora ¿qué?

Como una profecía. Como si estuviera ya escrito en un guión que se ha ido cumpliendo. No hace ni dos años, Artur Mas comió con bloggers en Barcelona a las puertas de las elecciones que le llevaron a la Generalitat. Lo que se comentó en esa comida, se ha cumplido a rajatabla. Como si en realidad, lo único que hubiera hecho Mas desde su llegada a la presidencia hubiese sido crear el marco.

No hay duda: Mas ha sido un maestro para crear el marco en el que se ha desarrollado y se desarrollará el debate político de los próximos meses en Catalunya y en España. La crónica de la muerte anunciada de un pacto fiscal que era imposible ha dejado a punto de nieve al país. Tiene la excusa que necesitaba para abrir los armarios de, al menos, Convergència. Porque en el fondo, de eso se trataba, de construir el marco que le permitiera exhibir sin complejos su apuesta por la independencia.

Ahí viene lo interesante, volviendo la vista atrás, a esa comida de noviembre de 2010. En realidad, Mas ha fracasado en lo que prometió. Ni ha conseguido sanear la Generalitat, ni ha conseguido estimular el crecimiento económico de Catalunya. Ni ha conseguido el pacto fiscal. Y creo que sabía perfectamente que fracasaría.

Pero parece que no lo ha hecho. Y ahí volvemos a la importancia del marco. A como la dialéctica de enfrentamiento por un proyecto que no iba a pasar le fortalece y puede ponerle en bandeja una mayoría absoluta -si decide adelantar las elecciones- porque el marco es el suyo.

No lo tiene fácil. Porque desconocemos si tras haber puesto hasta la última pieza de atrezzo, Mas seguirá representando la obra que los espectadores esperan -que CiU, o almenos CDC, den el paso definitivo hacia la independencia- o, por el contrario, cambiará el texto de la obra y volverá al tradicional tacticismo de CiU.

Pero Mas, amante de lo marinero, sabe que la corriente de fondo no es la de 2010. Aunque parezca mentira, el marco consigue superar a la cruel realidad de los indicadores macroeconómicos. Si bien esos mismos datos le auparon en 2010, ahora la corriente es otra. La que pide independencia. La que pide un nuevo estado en Europa. Nos quedamos expectantes, todos, con la misma pregunta en los labios: y ahora, ¿qué?

 

Fotografía de La Vanguardia

… ¿Independencia?

Crece el independentismo en Catalunya. El Tribunal Constitucional puso punto y final a la agonía de su limbo con la sentencia que en junio supuso el motor de la movilización del 10 de julio. Catalunya, nación que quiere decidir. Catalunya, país de abstención y de pasiones. Dicotomía entre la España que cierra la constitución y la Catalunya que, para cada vez más gente, quiere ser independiente…

Y esa es la pregunta: …¿Independencia? Pregunta que planteamos a todos los partidos políticos con representación parlamentaria en el hemiciclo catalán y al partido de Laporta. No todos respondieron. ¿Independencia? ¿Es esa la meta? ¿Sí? ¿No? Ernest Benach, Quim Nadal, Lluís Recoder, Santi Rodríguez, Joan Herrera, Albert Batalla y Felip Puig nos dan su respuesta.

Federación, nación, autogobierno. Catalunya un solo pueblo, crisol de culturas, ciudadanía, proyecto nacional. Desde la centralidad un itinerario federal. Joaquim Nadal, Consejero de Política Territorial y Obras Públicas. PSC.

Claro que sí! Llegaremos por convicción, sentimiento o sentido práctico. La independencia es sinónimo de mejor calidad de vida y de futuro. Ernest Benach, Presidente del Parlament de Catalunya. ERC.

Votaría sí a la autodeterminación, pero el referendum debe hacerse cuando se gane bien. Entretanto, trabajar sin descanso. Albert Batalla, diputado en el Parlament de Catalunya de CiU, Alcalde de la Seu d’Urgell y cabeza de lista de CiU por Lleida.

Federalismo del derecho a decidir. Recuperar el Estatuto, reformar la Constitución, si no lo aceptan, consultar la gente incluyendo la vía federal. Joan Herrera cabeza de lista de ICV por la provincia de Barcelona y diputado en el Congreso de los Diputados.

Tenemos que decidir si en los próximos años apostamos por la independencia o por la decadencia. Este es el deber que nos proponemos como generación. Felip Puig, diputado en el Parlament de Catalunya de CiU y secretario general adjunto de Convergència Democràtica de Catalunya.

No. Estatuto, Constitución y un buen Gobierno son las herramientas que harán progresar Catalunya. Santi Rodríguez, diputado en el Parlamento de Catalunya por el PP.

Tras la sentencia del Constitucional se ha creado un abismo con España, las opciones están abiertas, mi prioridad nuestra libertad. Lluís Recoder, Alcalde de Sant Cugat, CiU.

Independencia de Catalunya, porque tenemos derecho y la mayoría la quiere; por las mismas razones que los españoles para ser independientes y no integrarse en Francia bajo regimen de autonomía como el que nos imponen a los catalanes. Se llama democracia. Alfons López Tena, dirigente de Solidaritat Catalana.

¿Quién da respuestas a Catalunya?

Políticos y ciudadanos. Instituciones, asociaciones, Gobierno, oposición. Partidos y sindicatos. Catalanes que se sienten únicamente catalanes. Catalanes que se sienten españoles y que hoy apoyarán a la selección. Empresarios y trabajadores. Senyeres y esteladas. Presidentes y ex-presidentes. Cantantes, artistas, abogados, filósofos. Independentistas y federalistas –si es que queda alguno- y los que sólo quieren algo más de autonomía. Del Barça, del Madrid y del Espanyol. De los que leen el Marca y de los que leen el Sport. De los que hablan catalán en casa y los que hablan castellano. Inmigrantes de antes y de ahora. Más de un millón de catalanes que colapsaron Barcelona para mostrar su disconformidad por la sentencia del Tribunal Constitucional.

Un cuerpo tan plural como la sociedad catalana. Esa es la manifestación que viví yo. Histórica y con un marcado tono independentista. De hecho, eso es lo que la hace histórica. Pero tras ella, me asaltan algunas preguntas para las que no tengo respuesta.

Y ahora, ¿qué? Un sábado de julio, en época de playa, sol y rebajas, miles (56.000 para El País, 1.100.000 para la Guardia Urbana y 1.500.000 para los organizadores) de catalanes se han echado a las calles. Han protestado por la sentencia, han pedido la independencia o han pedido la integridad del Estatut. Bien. Pero ahora, ¿cuál es el siguiente paso?

¿Está Catalunya más cerca de la independencia? A juzgar por lo vivido en la manifestación, sí. Si echamos mano de encuestas, estudios demoscópicos, las banderas españolas en balcones o las celebraciones por la Selección, no. Catalunya es un país muy complejo y, como hemos visto muy plural. Aunque esto no nos responde la pregunta…

¿Las urnas responderán a la manifestación de ayer? Tengo la sensación que tras la sentencia y la manifestación, la campaña electoral ya está más que en marcha. El episodio de la pancarta y las discusiones dialécticas van en esa dirección. También las declaraciones de los líderes durante la jornada de protesta. Pero, ¿qué reflejo tendrá todo esto en votos?

¿Fue una manifestación independentista? Formalmente no. Por la pluralidad de la gente que asistió, seguramente no. Por la visibilidad de las banderas, los gritos y los comentarios en los corrillos, sí. ¿El independentismo ha perdido sus complejos o es que los últimos años han sido decisivos para que cada vez más gente con perfil más distinto –como el vídeo que abre este post- se sumen al independentismo?

¿Es un antes y un después? ¿Realmente es un punto de inflexión? ¿Cómo puede canalizarse lo dicho y lo vivido a nivel político? ¿Una nueva reforma de l’Estatut? ¿Una reforma de la Constitución? ¿Un nuevo pacto político? ¿Una declaración de independencia unilateral?

¿Es un éxito o un fracaso? No sólo por el baile de cifras, también por las consecuencias que puedan o no derivarse.

Escolta, Espanya? Vivo en Madrid y estas dos semanas desde la comunicación del fallo a la manifestación se han vivido con absoluta indiferencia. De hecho, muchos informativos dejan a la mayor manifestación independentista de la historia de España en un lugar más que secundario. ¿Va a escuchar alguien lo que ocurrió ayer en Barcelona?

¿Adiós, España?

¿Dónde estás España, dónde que no te veo?
¿No oyes mi voz atronadora?
¿No comprendes esta lengua que entre peligros te habla?
¿A tus hijos no sabes ya entender?
¡Adiós, España!

Citando a Joan Maragall empieza el reportaje que ha emitido TV3 on que ofrece las visions de otras naciones sin Estado, como Catalunya, en su camino hacia la independencia.

Os dejo aquí el reportaje:

Catalunya: ¿más cerca de la independencia?

El nacionalismo catalán siempre ha mirado con una cierta envidia a Quebec. En primer lugar, porque Canadá ha sabido expresar mejor su plurinacionalidad que España y, en segundo lugar, porque ha sido un estado capaz de organizar sin traumas varios referéndum preguntando directamente sobre la secesión o no de este territorio francófono. Claro está que el hecho de reconocer la plurinacionalidad, y que ese término no levante ni ampollas ni miedos, es una ventaja comparativa de los canadienses frente a España.

El independentismo crece en Catalunya y, de hecho, es una consecuencia lógica y natural. Por demografía, nuevas generaciones nacidas y crecidas ya en democracia y en una sociedad donde el catalán o la cultura catalana no son clandestinas, donde no existen ni miedos ni reparos a plantear una alternativa. Así lo muestra el CEO -el CIS catalán- en sus barómetros: desde 2005, un 6% más de la población aboga por la independencia. Así, el 19% de los catalanes y catalanas es partidario de dotar a Catalunya de un estado propio.

Pero no es sólo ese recambio demográfico. Mucho hay de percepciones, de gestos y de acciones que alimentan ese sentimiento de no querer formar parte de España. Algo que no se entiende más allá de las fronteras catalanas. Del mismo modo que no se entiende que en Arenys de Munt se organizara ayer una consulta sobre la independencia, tampoco se entiende desde aquí el acoso de las instituciones del Estado o que su abogado sea un ex candidato de Falange. Quizás sea la anécdota, pero este tipo de percepciones acrecientan la leyenda negra de que las acciones del estado las sigue moviendo una profunda concepción franquista de lo que es España.

Lo cierto es que los puntos de entendimiento son difíciles. Mientras unos no pueden comprender como se queman banderas españolas o fotos de los reyes en Catalunya, los otros no pueden entender declaraciones como las del Rey o que a día de hoy el Senado aún no sea una auténtica cámara de representación territorial, que en el Congreso no se permita el uso de las lenguas cooficiales o que se tardarán casi 20 años en incluirlas en DNIs y sellos. O que aún no lo sean en Europa. No obstante, el punto interesante de la cuestión es que cada vez hay más catalanes que ya no quieren eso: simplemente quieren la independencia.

Que el Tribunal Constitucional pueda declarar nulos algunos artículos del Estatut, empezando por usar el término nación sobre Catalunya –aunque alguien deberá explicarme algún día por qué si en la Constitución se habla de nacionalidades, en plural, sólo hay una nación, en singular-, es una perfecta explicación de por qué durante esta primera década del siglo XXI los esfuerzos de España para llegar a un nuevo pacto político con Catalunya llegan tarde. Y si la crisis institucional por la sentencia llega, además de tarde, mal.

En realidad, el problema es de una profunda incomunicación por las dos partes. Como si, desde hace mucho tiempo, ya hubiesen perdido el mutuo interés. Sólo así puede entenderse el abandono que el estado dio a Catalunya –y especialmente a Barcelona- en temas como las infraestructuras. Por ejemplo, también debe entenderse el crecimiento del independentismo al ver el pasotismo en temas como el de Cercanías. Ni muchos catalanes quieren saber de España, ni muchos españoles de Catalunya. Y si no, vean Alto y Claro en Telemadrid, los carteles de muchos salmantinos en las manifestaciones por los papeles de Salamanca o la mítica respuesta de quiénes firmaban contra el Estatuto: “no, firmamos contra Catalunya”.

Cuando el hastío llega a las dos partes, no hay modo posible de comunicar lo que a veces realmente es. No hay modo de mostrar que los catalanes no son ni agarrados ni insolidarios. No hay modo de explicar qué son las balanzas fiscales ni por qué se necesitaba una nueva financiación. No hay modo de explicar por qué los catalanes amamos nuestra lengua –sin amenazar al castellano, que goza de una excelente salud en Catalunya-. Y tampoco hay modo de desbaratar los clichés del otro bando.

Ante este entuerto necesitamos líderes, más que nunca. El independentismo catalán necesita líderes que den sensatez a su proyecto y que no sea una amalgama de preconcepciones, lemas usados y vacíos de contenido. Si los catalanes quieren un estado propio, que sea un estado decente y responsable. También los que no lo quieran necesitaran líderes que entiendan el valor del diálogo, la comprensión y el esfuerzo por tender puentes. Líderes que no coloquen una manifestación de Falange el mismo día de una consulta o un ex candidato de esta formación a defender lo inalterable del estado. Líderes que entiendan que es la suma y no la resta.

Sólo así pueden entenderse todos los votos afirmativos de la consulta de ayer en Arenys. Sólo así pueden entenderse todas las consultas que vendrán a partir de ahora. ¿Sólo así puede entenderse? ¿Qué opináis?