Los 5 trucos para improvisar un discurso

Los políticos suelen estar muy acostumbrados a hablar en público y dirigirnos algún discurso. Es, sin duda, su herramienta de trabajo. Pero no todos nos enfrentamos a dirigir unas palabras de forma habitual. Y a veces, cuando es necesario hacerlo, uno no sabe como atajarlo.

Cuando sabemos con antelación que deberemos dirigirnos a un auditorio, la cosa es un poco más fácil: tendremos tiempo para escribir el discurso, ensayarlo, etc. Incluso hacerlo ante alguien para poder observar su reacción al mismo. Siempre es difícil enfrentarse a un público –por pequeño que sea-, pero un discurso escrito nos da mucha seguridad. Pero, ¿qué ocurre cuando estás en una fiesta y alguien pide que dediques unas palabras?

Cada año me ocurre lo mismo en mi fiesta de cumpleaños. Tras la cena y los regalos mis amigos me piden que les diga algo, que improvise un discurso. En una situación así, el pánico puede llegar a paralizarte. Por ello, nunca está de más tener en cuenta algunos consejos. Los cinco trucos para improvisar un discurso:

1. El discurso no debe durar más de cinco minutos, así que concéntrate en lo que realmente quieres decir (agradecer un regalo u homenaje, la presencia de tus invitados, etc.). Sé breve y no intentes dar demasiadas vueltas al tema. Así que tómate unos segundos para pensar con claridad y decidir el tema de tu discurso.
2. El primer minuto es esencial. El objetivo es captar la atención pero, por sobre de ello, mostrar que vale la pena que te escuchen. Debes evitar titubear y si es posible, conseguir enganchar a tu audiencia. Piensa que, en la mayoría de los casos, ya te conocen y están de tu parte. Así que olvida los formalismos y siembra la suficiente duda para que te escuchen.
3. Gana intensidad. Tras el primer minuto, debes empezar a escalar tu discurso. La anécdota la llevarás a la tesis de tu discurso y deberás hacer uso de una excelente herramienta en este tipo de discurso: la emoción.
4. El lenguaje no verbal, un aliado. Aunque estarás muy concentrado en lo que digas –no tienes nada escrito o preparado-, intenta hacer lo posible para que tu discurso verbal y no verbal vayan a la par. Cuida tu posición (sobretodo para que tu voz pueda brillar) y no fijes tu mirada sólo en una persona. Ni sobreactúes ni te pases de soso.
5. Lo mejor para el final. Seguramente sea lo que más recordará tu audiencia, así que compórtate como un buen vino: debes dejar un buen sabor de boca. La emotividad, un argumento contundente o un elegante final son perfectos en estas ocasiones. Siempre será más efectivo el final de discurso preparado, pero juegas con una ventaja esencial: sentir como nace un discurso en tu cerebro y apelar a las emociones suele crear grandes discursos para el recuerdo.

No sé si fui exitoso en mi discurso del sábado. Tras varios años dando fiestas de estas características uno ya se espera ese momento y puede pensar en algo. Pero aunque lo pensara con anterioridad, siempre se pierden cosas que un texto recoge. Si te ocurre, toma aire, detente y piensa. Poco a poco, fluirán las palabras.

Foto de Tim Morgan

¿Relevo en el PP y el PSOE?

En el fondo, el PP sigue manteniendo la ventaja política en el actual contexto. Tanto PP como PSOE han cometido dos de los grandes pecados que se pueden cometer en política: dejar que la ciudadanía crea que se improvisa en el ejercicio del poder y mostrar una gran división interna y falta de liderazgo. Por suerte para los conservadores, lo segundo tiene cura. Lo primero, no tanto.

Para el ciudadano medio, el gobierno debe ser una fuente de estabilidad, un lugar donde depositar la confianza, especialmente en los momentos más duros e inestables, como el actual. Debe ser el garante, alguien en quién creer y a quién presuponer sensatez en sus decisiones. En definitiva, creer que hay alguien que sabe como funciona todo esto, que tiene respuestas y que pone en marcha su acción de gobierno para conseguir resultados.

Cuando esta concepción falla, para muchos se hace impensable mantener al ejecutivo. Así, no es buena noticia para los socialistas el dato que publicaba ayer El País: el 76% de los encuestados cree que el presidente del Gobierno improvisa sobre la marcha. Y esta es una debilidad grave. Las percepciones del electorado se verán muy mediatizadas por esta concepción que parece estar generalizada. ¿Cómo se puede conseguir algún beneficio de la acción de Gobierno si la gente cree que no se sigue ningún objetivo particular?

El reto que tiene ante sí Moncloa es muy grande. No se trata únicamente de recuperar la iniciativa política, sino romper con una imagen que le lastra de forma profunda. No es sólo esperar a que vengan tiempos mejores, es prepararse para borrar la imagen de improvisación: la recuperación sólo puede ser objeto de un concienzudo plan y de las mejores prácticas, no fruto de la improvisación. Ese es el difícil hueso de roer del presidente y mucho tendrá que hacer para cambiar la dinámica.

Rajoy también tiene ante sí esa necesidad clara, la de cambiar el ciclo en el que se ve envuelto el PP desde su derrota electoral. La larga serie de parches que han venido aplicando en Génova se han desbaratado tras los escándalos de Gürtel. Rajoy está más contestado que nunca, dentro y fuera del partido y los ciudadanos, en la misma encuesta, muestran una gran desconfianza hacia él, incluso entre sus votantes. Y ese es su gran pecado, no poder desplegar todas las armas opositoras en un momento clave para construir una imagen de cambio y alternancia.

Pero el PP lo tiene más fácil. Si consigue superar de una vez por todas la crisis interna puede recuperar la iniciativa política. Llegan tarde, lo han hecho mal y eso ha cuajado en el ánimo de muchos, pero no lo tienen todo perdido. Tienen márgen de maniobra, desde el líder a los apoyos a éste. La justícia es lenta y la amnesia de muchos ciudadanos implacable.

Aunque la resurección en política puede darse siempre en varias direcciones, a día de hoy es más fácil poner la locomotora popular otra vez en marcha que decidir la ruta que debe tomar la socialista. Es más fácil cambiar el maquinista en uno que en el otro, aunque, quién sabe, quizás en unos meses veamos una lucha de maquinistas, así, en femenino. Si Rajoy no despega y sólo un tercio de los votantes socialistas creen que Zapatero puede volver a ganar; ¿veremos un duelo femenino en la cumbre? Todos imaginamos nombres, pero a partir de aquí, lo dejo a vuestra imaginación…

Palabras que funcionan: improvisación

Acusar a tu adversario político de improvisar, y que la gente tenga la misma percepción que tu, es uno de los mejores escenarios que puedas desear. La improvisación es a la política lo que las nubes son a un día de playa.

Improvisar en política supone poner de relieve la falta de estrategia, de reflexión en las decisiones que se toman y, por tanto, de todos los datos que deben recopilarse antes de tomar una decisión. O sea, fallar en el principal cometido de un gobierno, gestionar los problemas y aportar soluciones.

Por ello, cuando la oposición usa de forma intensiva esa idea, si la realidad acompaña, los resultados pueden ser muy claros. Porque a veces las políticas pueden salir mejor o peor, pero si los ciudadanos creen que se ha hecho lo que se ha podido no caerán en la idea que los resultados negativos son por culpa del trabajo, si no del contexto.

El poder de la palabra es su capacidad de evocarnos experiencias propias. ¿Quién no se ha presentado a un examen sin casi haber estudiado y ha confiado en su capacidad de improvisar ante un folio en blanco? ¿Y esa presentación en una clase, tu jefe o ante un cliente a la espera de que algún recurso funcione? Y sí, todos sabemos qué resultados suele tener una improvisación.

Por ello, no es extraño que el PSOE lo tenga tan crudo ante la gestión de la crisis económica. Para muchos ciudadanos, esta está siendo la legislatura de la improvisación, desde el anuncio de la retirada de Kosovo al propio Plan E. No digo que sea cierto, pero esa es la concepción para muchos. Y el último caballo de Troya para los socialistas ha sido la ayuda de los 420€ a parados, una acción que no puede recibir las críticas frontales de la oposición (en este contexto, es difícil defender que no se ayude a quien lo necesita), pero que está siendo percibida como un gran parche.

Cuando no se pueden rentabilizar las acciones de una decisión política, el problema es grande. Y si esta victoria de tus adversarios se hace a través de una palabra que funciona, el efecto puede ser demoledor.

Con esta palabra, inauguro una nueva categoría de este blog, con las palabras que funcionan, inspirado en el libro de Frank Lutz “Words that Work. It’s not what you say it’s what people hear”. Próximamente, más palabras que funcionan.