Veinte años retocando la realidad (política)

Una imagen vale más que mil palabras. Una imagen puede llegar a decir más que un discurso entero. Una imagen puede hundir una campaña… o puede llevar a alguien a la victoria en unas elecciones. Por ello, hace 20 años se creaba una de las mayores contribuciones al mundo de la comunicación política: un programa que permitía mejorar aquellas imágenes que no comunicaban lo que debían.

Photoshop vino para quedarse y la verdad, en 20 años ha dado mucho juego. De su mano llegaron políticos septuagenarios que podrían pasar por la cincuentena. Bajo su mando, desaparecieron manchas, objetos, y kilos de más. Se obró el milagro y los panes y los peces dejaron paso a la multiplicación de asistentes en un acto.

El programa de retoque fotográfico creado por Adobe, más allá de sus constantes actualizaciones y las enormes posibilidades, deja en manos de los expertos para convertir la realidad en una ilusión.

En estos 20 años hemos visto como Juan Carlos y Sofía reunían a todos sus nietos en un salón de la Zarzuela a golpe de clic. La felicitación de Navidad de los Reyes fue objeto de polémica, cuyo montaje no dudó en reconocer la Reina Sofía en las, también polémicas, entrevistas con Pilar Urbano.

A Sarkozy le desaparecieron los michelines y a su ministra de Justícia, los anillos. Aunque a Sarkozy no se le cayeron, los anillos, por intentar hacer photoshop con las fechas en una histórica foto con el Muro de Berlín en su Facebook. Aunque quizás quién hubiese necesitado aplicar el programa es el speechwriter de Obama, cuando salieron a la luz unas comprometedoras fotos de él jugando con una Hillary de cartón piedra.

Photoshop nos ha mostrado que si el desodorante falla, pasar el tampón de clonar puede borrar los estragos de los focos en un mitin. Angela Merkel y el president Montilla pueden dar buena cuenta de ello. Precisamente, la imagen de alguien sudoroso no genera las mejores percepciones en el electorado…

Aunque algunos acusan a Berlusconi de haber hecho de su agresión un montaje, lo cierto es que bajo la larga sombra de Il Cavaliere se esconden algunos intentos burdos de modificar la realidad. No ya la suya propia a base de operaciones de estética, sino del apoyo popular al polémico político italiano. El libro “Noi amiamo Silvio”, un conjunto de fotografías que mostraban el apoyo al premier, escondía un retoque en una instantánea en la piazza del Duomo de Milán: los asistentes se multiplicaban sin cesar.

El Mundo consiguió que Zapatero, Guerra, Pajín y Aído aparecieran todos juntos en primera página con el puño en alto, aunque esa imagen era imposible: la retocaron con la ayuda de los de Adobe.

Fraga retó a todos los que no le creían a ver el making-off de las fotos de una de sus campañas electorales. Según el ex presidente de la Xunta, no habían sido retocadas. Aunque las fotos parecían decir lo contrario. Pujol también aparecía con menos bolsas en los ojos en sus últimas campañas electorales. ¿Obra y gracia del programa?

Photoshop lleva 20 años retocando la realidad. Creando nuevas realidad. En Francia, algunos diputados quieren ponerle freno, por los efectos que genera en la idealización, por ejemplo, de cánones de belleza. Aunque su uso parezca cada vez más denostado, nadie se resiste a verse un poco más joven, esbelto o bello en una foto que será, por ejemplo, usada en una campaña electoral. ¿Fraude? ¿Engaño? Una imagen vale más que mil palabras. Juzguen ustedes.

El PSOE del puño en alto

Rodiezmo siempre nos deja alguna imagen que comentar. Si el año pasado fue la excesiva gesticulación de Zapatero, que mostraba su enfado y su hastío, como si la situación le sobrepasara, este año ha sido la foto del puño en alto.

No por méritos propios de la plana mayor de los socialistas, sino por el uso del photoshop de El Mundo. Como suele decir Toni Aira, con una portada se puede hacer mucha política y sólo hay que ver la intención del rotativo con esta foto en portada: el PSOE sube los impuestos y se aferra a sus símbolos.

Dejo para otro día el análisis de la subida de impuestos y las mentiras de Zapatero (tanto el misterio de los clicks de la web del PP como las contradicciones del Gobierno), pero no puedo dejar de colgar esta foto. Si la estrategia socialista pasa por seducir a la izquierda, han encontrado en Pedro J. a un aliado. Aunque me pregunto si es lícito manipular una foto para conseguir tal efecto. Aunque claro, también manipulan con el photoshop las portadas de Men’s Health o Interviú, ¿no?

En todo caso, la foto entra en el debate político. Rajoy se ha expresado en estos términos en el encuentro con los lectores del diario que publicó la foto:

“Me parece antiguo y me parece triste que personas que apenas superan los 30 años estén con el puño en alto. ¿Qué pasaría si apareciese alguno con la mano extendida? Le diré que jamás he tenido un pariente franquista, aunque si lo hubiera tenido lo hubiera querido igual. Hay que mirar al futuro y dejarse de levantar el puño”.

Para Aguirre, el saludo de ideologías totalitarias.

¿Qué oponaís? ¿Tienen razón Aguirre y Rajoy? ¿Debería abandonar el PSOE el puño en alto? ¿Por qué los presidentes socialistas ya no lo levantan?

Sabíamos que la comunicación no verbal era importante, pero no imaginábamos que el curso político lo movería un sólo gesto…

¡Por las barbas del Rey!

Parece que es noticia que Su Majestad el Rey se haya dejado barba. Aunque tiene pinta de ser la típica barba que se deja uno durante las vacaciones, y que junto al bronceado, son las más vivas señales exteriores de haber pasado unos días de descanso al volver a la ciudad. De hecho, hoy en muchas oficinas del país aparecerá un compañero luciendo una estupenda barba que será su recompensa post-vacacional.

Más allá de la noticia, para algunos frívola y para otros una gran noticia (en nada os cuento el por qué), vamos a dar un paso más: no es fácil decidirse. ¿Me dejo la barba? ¿Qué tipo? Preguntas de obligada respuesta porque nuestro aspecto, ya sabéis, dice mucho más de nosotros de lo que creemos.

Si atendemos a lo que nos cuenta la escuela de comunicación de Palo Alto, las palabras son sólo el 20% de un mensaje, el resto es nuestro cuerpo, nuestro rostro, nuestra postura, la entonación, la voz, los gestos… O sea, que la decisión de optar por una barba (sea cual sea, siempre bien cuidada) es, en gran medida, trascendental.

Algunos de nosotros nos la dejamos para aparentar más años –más experiencia-, otros para tapar alguna cicatriz facial –la Casa de Su Majestad ha negado que ese sea el motivo- y otros, porque quieren formar parte de algún grupo social o por exigencias culturales –hippies, algunas ramas del judaísmo, etc.-. Pero no olvidemos que en ciertos momentos históricos y en algunas culturas, la barba era una muestra de virilidad, poder, fuerza; justamente la imagen que los monarcas siempre han querido transmitir a sus súbditos.

Como es natural, dejarse crecer el vello facial tiene implicaciones, y más si eres el Jefe del Estado. No porque le influya en su cargo, sino por el eco social de cualquier cambio en una institución que debe transmitir siempre estabilidad –aunque sea a costa del look personal-, aunque no es la primera vez que Juan Carlos I la luce. También lo hizo el príncipe, la lució en el pasado y en esta ocasión, ha seguido a su padre en la elección de una de final de verano.

El tipo de implicaciones que conlleva optar por ella son varias. Por ejemplo, hará casi un año que me dejo barba, de estas llamas de “dos días” de forma regular. En Barcelona, es más habitual este tipo de look que, por ejemplo en Madrid. Incluso en el mundo de los negocios y la política. Al llegar a Madrid tuve mis dudas, pero quizás el hecho que el Rey opte por ella nos dé algún tipo de tregua… he aquí la buena noticia.

En todo caso, las especulaciones sobre su decisión son muchas y variadas, algo habitual en lo que tiene que ver con la Casa Real. Pero quizás no hay nada más que el deseo de un hombre de perpetuar en su rostro, por unos días más, la sensación de unas vacaciones en familia y cerca del mar. Porque en el fondo, no deja de ser ni grave ni nimio que el Rey luzca una barba. Otras personalidades del Estado, desde presidentes de partidos políticos, a diputados, senadores, alcaldes y cargos autonómicos la lucen. Desde Rajoy a Benach, pasando por Nacho Uriarte.

Pero, por las barbas del Rey, ¿qué opináis vosotros?

¡Quiero tener los abdominales de Aznar!

Si nos preguntaran a cualquiera de nosotros “¿Cree usted que política y deporte deben estar separados?”, todos responderíamos al unísono: sí, por favor. No tendríamos ninguna duda en su necesaria separación, como creemos en la separación de poderes o en que entre Iglesia y Estado debe correr el aire. Pero en todos estos casos, el espacio que los separa es un estrecho campo lleno de minas…

Pero hoy no voy a reflexionar sobre ello, entraríamos en un terreno pantanoso de selecciones nacionales vs. selecciones autonómicas, abucheos al himno, presidentes de clubes de fútbol que tienen en mente dar el salto a la política o, como no, las luces y sombras de los maletines repletos de millones que se intercambian para favorecer una recalificación de terrenos, blanquear unos capitales, etc.

Todos conocemos las virtudes del deporte, hacer ejercicio es sano tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente. Quizás por ello, la mayoría de mandatarios hacen deporte de forma regular. Seguramente, para soportar mejor el nivel de estrés al que están sometidos, pero sobretodo porque el mensaje que envían es el de ser personas que se cuidan.

Transmitir esa imagen es esencial: si yo me cuido, puedo cuidar bien del país. Los gabinetes de comunicación no tienen reparos en ofrecernos alguna imagen de los diferentes líderes haciendo algo de ejercicio, rodeados de guardaespaldas a su ritmo.

Aznar, con sus 2.000 abdominales diarias (a un ritmo de una cada dos segundos, ahí queda eso), es conocido como “el macho”. El ex presidente ya puso de moda otros deportes, el pádel le debe casi todo a él en su implantación en nuestro país. De él también guardamos otras imágenes para el recuerdo (y no hablo de sus baños en Oropesa), como las carreras con adolescentes en Moncloa. Ahora nos deleita con esta imagen que poco tiene que ver con aquella de un castellano en aguas mediterráneas y que se acerca peligrosamente a Terminator.

Otros líderes han sido más discretos. Obama practica deporte regularmente, con una tabla de ejercicios a su medida desde las primarias. Su foto de torso desnudo dio la vuelta al mundo y pudieron comprobarse los avances de su rutina. Quién también tiene una rutina es Sarkozy, que según dice, favorece la actividad sexual. El presidente francés sufrió un síncope tras practicar deporte hace unos días. De Sarkozy también nos quedaron unas fotos para el recuerdo en que sus michelines y el photoshop fueron el centro de la polémica.

Volviendo a España, Zapatero suele practicar jogging, además de ser un aficionado al baloncesto e hincha del Barça. Varios ministros y ministras también tienen en el deporte su válvula de escape, quizás a Salgado la inspiración para la negociación de la financiación le llegó en una de sus clases semanales de yoga… En Moncloa tuvieron la oportunidad de conseguir esta foto del presidente, si no recuerdo mal, en la costa onubense y de hacerla aparecer en un dominical. Pese a ello, los neocons de este país siguen teniendo mejores abdominales que los socialdemócratas.

Decía Esperanza Aguirre que “El deporte favorece algo importante para los políticos como es aprender a ganar y a perder”. Quizás por ello los símiles entre política y deporte están a la orden del día, en primer lugar porque se complementan bastante y en segundo lugar porque es una vía fácil para que la mayoría de los ciudadanos nos entiendan.

Pero cuidado; si tu alcalde, presidente o candidato no es muy dado al mundo del deporte, tampoco hay que forzar una photo-op que se nos pueda volver en contra: no hay nada peor que verlo completamente ahogado o embutido en un chándal en el que no se siente cómodo. Como tampoco podemos abusar de las metáforas deportivas si se ha pasado la vida entre libros y esa es precisamente su fortaleza. O ni una cosa ni la otra.

En todo caso, hacer deporte es bueno, y comunicarlo también. Podríamos dejarlo en la intimidad, pero tener una imagen corriendo vale su peso en oro. Quizás no sea necesario llegar a los abdominales de Aznar pero, puestos a pedir, ¿quién no quisiera tener sus abdominales?

El papel comunicativo de la desalinizadora del Prat

Hace poco más de un año le dábamos vueltas a la comunicación del Gobierno de la Generalitat tras el episodio de sequía vivido durante esos meses. La desalinizadora del Prat estaba en camino y se barajaban opciones que finalmente, gracias a la intermediación de la Moreneta, quedaron en el cajón.

El lunes se inauguró la planta del Prat y Catalunya cuenta con una nueva infraestructura llamada a jugar un papel importante en el abastecimiento de un elemento tan esencial como el agua. Pero además, esta planta estaba llamada a jugar su rol en la escenografía política catalana.

Hace unos meses veíamos como el tripartito catalán celebraba el ecuador de la legislatura con una visita conjunta de los líderes de los tres partidos que lo forman, el president Montilla, el vicepresidente Carod y el conseller de Interior Joan Saura; a la planta. En aquel momento, Pau Canaleta acertó en su análisis de que la imagen de los tres líderes bajo sendos cascos no era el mejor modo de presentar a un gobierno que ha mostrado un bajo perfil comunicativo.

Sin embargo, la foto de la inauguración del lunes es la que se puede ver sobre estas líneas. El president Montilla, la ministra Espinosa y el conseller Baltasar beben agua obtenida por los procesos de la planta. Una foto que me recuerda a esta…

¡Gibraltar español!

Hubo un tiempo en el que quise ser diplomático. Supongo que me pasó como a muchos estudiantes de derecho y ciencias políticas. Y como a muchos de ellos, se me pasó el deseo y me concentré en el mundo de la comunicación, pero siempre le he dado a este episodio vital una importancia notoria.

Recuerdo especialmente una optativa de 3º de Ciencias Políticas, Política Exterior Española, en qué nos organizamos en varios grupos que debían negociar el contencioso de Gibraltar. A mi grupo le tocó representar al ministro Moratinos, otros fueron representantes del Reino Unido (Jack Straw, por aquel entonces), representantes gibraltareños, Unión Europea…

De esa simulación me fascinó una de las cosas por las que me dedico a la comunicación: la necesidad de dar con el mensaje adecuado en el momento adecuado para no entorpecer la negociación.

La simulación fue bien y con grandes éxitos para mi grupo. Por mucho que mi amiga Laura, que representaba al ministro británico, lo niegue. Conseguimos la cosoberanía del Peñón bajo un régimen de autonomía de Gibraltar, el uso conjunto de la base militar bajo mando de la OTAN, resolvimos el contencioso del aeropuerto, las líneas telefónicas… cosas que no se podrían conseguir en la vida real. Pero es que a diferencia de la vida real, el profesor nos exigía un acuerdo.

La visita de Moratinos a Gibraltar ha sido histórica. Y la Red también se ha hecho eco de ella: en las últimas horas la opinión sobre la visita se ha movido, sobre todo, en Twitter. Los medios, por su parte, han dado más su opinión que información. Para muestra, la portada de El Mundo.

Sobre la foto en portada, que podéis ver en este post, me sorprende la elección del diario de Pedro Jota: el ministro de exteriores británico aparece cortado y sorprende el poco cuidado de los responsables –desconozco si gibraltareños o británicos- en la elección del fondo de la foto. Más allá de los políticos, los turistas comparten protagonismo en la mencionada imagen.

Como al final no me decanté por mi frustrada carrera de miembro del cuerpo diplomático, no puedo analizar el fondo, el por qué, las causas, las consecuencias, etc. de esta visita. Lo único que sé es que, si hay debate electoral en 2012, no me extrañaría que esta foto se blandiera.

Más:

El País

ABC

Libertad Digital

Guerra Eterna

Unidad

Rita Barberá ha sido la artífice de una fotografía y una puesta en escena que ha conseguido captar hoy la atención de todos los medios: una atípica comparecencia en miércoles de Mariano Rajoy rodeado de la plana mayor del partido como respuesta a las dos tramas de delitos presuntamente cometidos por miembros del partido conservador.

Poco podía imaginar, cuando he pasado por la puerta de Génova 13 esta mañana, que el PP conseguiría marcar la agenda mediática del día. Es justo reconocer que la imagen acompaña a las acusaciones más o menos encubiertas de Rajoy sobre la jornada de caza del ministro Bermejo y el juez instructor de una de las dos tramas, Baltasar Garzón. También es justo reconocer que Rajoy refuerza el ritmo que Esperanza Aguirre había marcado: ante los ataques, contraataque.

Como imagen y como momentum comunicativo, es impecable. Ahora bien, no estoy convencido de los efectos a largo plazo de esta acción. Si las investigaciones judiciales son certeras y los encausados acaban con una condena sobre sus hombros, la defensa a ultranza de la honorabilidad que la plana mayor del PP está haciendo podría verse tocada. Y lo que es más importante pondrá de manifiesto que una puesta en escena impresionante no esconde lo que dicen unas investigaciones en curso: más de 30 personas acusadas de delitos graves, más un caso de supuestos espionajes que atenta contra las libertades fundamentales.

La acción del PP hay que entenderla como una salida hacia para reflotar un barco que amenaza con hundirse justo cuando hay dos elecciones en ciernes: por mucho que se puedan hacer elucubraciones sobre el momento en que la causa se hace pública, los supuestos delitos no dejan de ser delitos graves. El culpable no podrá ser nunca un juez instructor: lo será quien ha cometido delitos.

Esta es una variable que me falta, no obstante, de la impecable acción comunicativa de la plana mayor del partido. Los ciudadanos tienen criterio y saben ver cuando un partido es amenazado injustamente y cuando no. En un contexto de crisis, la corrupción se vuelve más criticable que nunca. Y la sensibilidad social es más acuciante que nunca.

Fijar el mensaje

A río Revuelto, ganancia de pescadores. O lo que es mismo como conseguir desviar la atención de la opinión pública sobre los temas que debilitan a tu adversario protagonizando absurdas polémicas. Así se podría definir la última semana del PP si atendemos a los dos hitos comunicativas que han protagonizado en sólo 7 días: la fotografía y entrevista de la portavoz popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría en El Mundo  y el escándalo de la red de espionaje ilegal que, presuntamente, la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha.

El gobierno está contra las cuerdas (o poco le queda para resistir con el chaparrón que cae): cada día aparecen nuevos datos que señalan lo que todos sabemos respecto a la delicada -por usar un lenguaje soft- situación de la economía. Es una lluvia constante de malas noticias, con previsiones de crecimiento contestadas por la propia Comisión Europea, con una amenaza de sanción a España por su endeudamiento excesivo y con la intención de S & P de rebajar la valoración del país en su escala. Los inputs negativos al debate son de suficiente entidad como para entender que, por sí sola, la crisis podría hacer caer el gobierno.

Esta premisa aún toma más fuerza si atendemos al mal funcionamiento de la comunicación del gobierno: cada portavoz dice una cosa diferente. El optimismo del presidente Zapatero choca con Solbes, que afirma no tener más instrumentos para acabar con la crisis. Mientras, Leire Pajín le da otro ángulo al asunto, Miguel Sebastián se atreve a parafrasear a Kennedy y pedir a los españoles consumir productos del país. Rocambolesco todo ello: cuando más unión necesita en el mensaje, más se disgrega.

Pero no. El gobierno no cae ni siente, de momento, el aliento del segundo clasificado en su nuca más allá de las periódicas encuestas que anuncian una posible victoria del PP pero que también señalan la debilidad de la ex vicepresidente de Aznar. Para evitar que el aliento les ponga nerviosos, el propio PP sabe jugar sus cartas … erróneamente.

Empezamos con la famosa foto de Soraya Sáenz de Santamaría (SSS). Algunos afirman que es el retorno de SSS a la primera línea de la política, tras ver como no podía hacerse un hueco informativo. Pero esta premisa se olvida de un aspecto: aunque la resurrección en política es una máxima, no se puede hacer de cualquier manera. Sobre todo si esta acción se interpreta como desesperada e inadecuada. Desesperada porque manifiesta muy poco análisis del contexto y de las consecuencias e inadecuada porque atenta de lleno contra el mensaje del PP. Para entendernos, la foto hace el mismo favor a la estrategia y al mensaje de los populares que si apareciera el tendero de confianza de Rajoy manifestando que cada día de la semana el cabeza de cartel popular se come dos latas de caviar iraní para cenar. Qué contradicción se generaría con el mensaje de austeridad, ¿no creen?

¿Por qué la foto de SSS es una contradicción? Porque la imagen sofisticada y pseudo erótica que transmite se aleja de la que ella misma ha querido generar siempre: la de la mujer JASP (Joven, aunque sobradamente preparada) que trabaja sin descanso por los españoles. ¿Significa que ya no lo es? No, pero resulta frívola. Más cuando desde las bancadas populares se hace todo lo posible para afirmar que se trabaja sin descanso mientras el gobierno no lo hace. ¿Significa que SSS no tiene un lado erótico, que no tiene intimidad para hacerse fotos así? En absoluto, puede hacer y posar cuando quiera. Pero debe entender que cuando aparecen en la portada del segundo diario más leído de España, tienen un efecto directo en muchos ciudadanos que se preguntan muchas cosas.

Hay, también, una cuestión de discriminación de género en todo este asunto y que sólo el tiempo sabrá valorar. Por una mujer política se espera, tradicionalmente, que responda a un patrón masculino de autoridad. Antoni Gutiérrez-Rubí nos mostraba en “Políticas” que no ha sido así en muchas de ellas, líderes que han sabido imprimir su propia estela de liderazgo. Quizás SSS cree que esta es la vía, pero sin duda no tiene nada que ver con otras mujeres que han sido el centro de la crítica de los sectores más conservadores como Carme Chacón.

En definitiva, estas interferencias en el mensaje se pueden ahorrar. Sobre todo si se ponen en el mismo campo que tanto criticó el PP en pleno. ¿Recuerdan unas fotos de las ministras socialistas del primer gobierno de Zapatero para la revista Vogue?

El espionaje en la Comunidad de Madrid es otro tema. Nos muestra como una filtración sobre un tema tan delicado como éste se pone en primera página sí o sí. Es un caso de corrupción política grave y aunque el liderazgo de Aguirre no está en peligro, supondrá algún que otro problema a la Presidenta. Más que nada porque las personas que han sido objeto de las investigaciones de ex-policías y ex-guardias civiles son cargos de otras facciones populares contrarias a la de Esperanza Aguirre.

Este issue tendrá dos efectos: uno interno, en las relaciones de poder entre las facciones y otro externo, cuando se depuren responsabilidades a medida que las investigaciones vayan adelante. Siempre y cuando los jueces y las huelgas lo permitan.

En todo caso SSS y la red de espionaje de Esperanza hacen un favor de los grandes al gobierno de Zapatero. Las maniobras de distracción las lleva el PP de casa, como si invitas a alguien a cenar y no sólo trae el vino, sino toda la comida. Si el gobierno usara esta ventaja competitiva ya sería de escándalo, pero son conscientes de que para enriquecer el debate hay que poner una nota disonante de vez en cuando.

Quizás la marca Loctite debería pensar en una nueva campaña de marketing para este 2009. Loctite: lo fijamos todo. Incluso el mensaje del gobierno. Y el mensaje del PP.

Escenarios presidenciales

Dicen que la política tiene mucho que ver con el teatro. Algunos lo dicen porque les parece que la clase política tienen más de actores que de gobernantes. Otros, porque creen que todo ello no deja de ser la representación de un rol. Y otros, los más críticos, porque piensan que esto de la política no es más que una ficción. Cada cual con sus ideas …

Pero tomo la idea del teatro para hablar del escenario. Y no en el estricto significado político que evoca aquella situación que se puede dar. Me refiero al escenario de los latinos, el scaenarium, el lugar donde se desarrolla la acción dramática. Donde se colocan las decoraciones, ya sabéis. Por cierto, que deriva del latín pero en nuestra lengua lo tomamos del italiano.

Pongamos por caso dos personas que ocupan un cargo muy importante. De hecho, son las personas que ostentan los cargos de responsabilidad más elevados de sus respectivos países. Ambos son de partidos políticos que tienen sus raíces en el progresismo, por mucho que sean de países y tradiciones políticas muy diferentes. Pongamos que los dos han roto la misma barrera: ser el primer presidente que rompe la hegemonía existente en las características que habían tenido sus predecesores. Y pongamos también, por supuesto, que los momentum de sus presidencias no son exactamente iguales: uno lleva ya dos años en el cargo y el otro aún no lo ha jurado.

Ahora retomemos el escenario como el lugar donde pasan cosas y representamos algo. Ambos presidentes están representando su propio relato, su propia historia. Utilizan el escenario para proyectar la imagen que quieren que se tenga de su presidencia, la verdad, lo hacen de manera muy diferente. Vean estas dos fotos:


Son del mismo día. Obama, presentaba su equipo económico. Montilla, hacía balance de los dos primeros años de su gobierno. Sé que la comparación puede ser odiosa, que hay mil cosas que los separan, pero no deja de ser curiosa la concepción tan distinta que tienen del uso del escenario el uno y el otro.

Analicémoslo. Obama aparece en cada comparecencia desde que es presidente-electo en un cuidado entorno azul (color presidencial por excelencia, el color de su estandarte personal y, además, el color que identifica al Partido Demócrata) que, como dicen los entendidos, da muy bien en televisión. Banderas americanas llenan el fondo y en primer término encontramos un atril que evoca al usado por el Presidente, con el logotipo de la oficina del presidente-electo Obama. Obama aparece siempre de pie. Es la manera que tiene su cuerpo de comunicarnos que es el presidente. Aunque sea electo. Comparecer de pie permite que pueda comunicarse mejor verbalmente, además de dominar la situación-cosa que no siempre se puede hacer sentado.

Montilla, apareció en la esperada conferencia sentado, en un ambiente excesivamente oscuro y con una simple proyección donde se leía el título de la conferencia “Enfortir Catalunya“. La prensa podía tomar imágenes desde muy cerca, cosa siempre molesta y que acaba saliendo en algún modo de televisión. En la pantalla, nos da una sensación angosta, lugar pequeño -todo lo contrario del caso Obama-y los colores oscuros no captan la atención del espectador.

Realmente, ambos escenarios hablan por sí solos. Hablan mucho de la persona que se dispone a hablar.

Abro paréntesis: mire aquí el vídeo que ha preparado CiU para contraatacar el discurso del Presidente. Miradlo. Y ahora tiro algunas preguntas al aire que espero que alguien pueda responder. ¿Quien aguantará los 3 minutos de vídeo con este “ritmo trepidante”? ¿Dónde está la alternativa en la última parte del vídeo? ¿Dónde está la parte propositiva? Si en CiU quieren hacer anuncios negativos, que aprendan de vídeos como éste. Cierro paréntesis.

Los americanos son expertos en tener en cuenta este tipo de elementos y los efectos que tienen en la comunicación de los líderes. El presidente Reagan es recordado por haber hecho un uso excelente de los escenarios, saber dar imágenes que en televisión daban una imagen de conjunto muy positiva. Obama, como los Bush o Clinton, ha seguido practicando con el ejemplo. De hecho, una de las primeras cosas que Obama y Axelrod hicieron juntos fue contratar un escenógrafo. La diferencia con nuestro presidente, más que evidente.

No es una cuestión menor: el marco donde hacemos las cosas dice mucho de las cosas. El marco desde donde hablamos, habla por nosotros. No prestarle toda la atención (es injusto decir que no se han hecho las cosas bien a la Generalitat, pero sí que se podrían hacer mejor) a este tipo de detalles forma parte de esta lluvia fina que nos ayuda a proyectar una imagen que ayude a dar solidez a nuestro liderazgo. Y de eso, Obama, sabe.

Política, cuestión de imagen

Sé que los ojos de la gente que comparte el vagón de FGC queme lleva a casa se han fijado en la portada de la revista que tengo en las manos. Y es para fijarse. Un sonriente Rajoy en mangas de camisa sostiene un cuchillo en una mano y un bocadillo en la otra. La imagen es, como mínimo, curiosa.

Leo el Magazine del diario El Mundo del pasado fin de semana. En una entrevista que, a juzgar por las fotografías y el tono, sería más digna de Hola; acaba siendo en realidad un tesoro político, con un Rajoy de lengua suelta, algún que otro dardo envenenado y mensajes políticos en toda regla. Lectura más que recomendable.

Me resulta curioso especialmente un punto que copio a continuación:
Dice, sin complejos: «Yo creo que lo de la imagen es irrelevante a efectos del voto de la gente. Absolutamente irrelevante». Le contradigo: «Si es lo primero que se suele comentar, yo estaba con los compañeros de redacción…». «Sí, sí, ya sé lo que se dice en El Mundo y otras muchas redacciones. Insisto: lo que yo me ponga o como me peine es irrelevante desde el punto de vista de los votos».”

Y es que al leerlo me ha venido a la cabeza una conversación de este mediodía mientras comía, alrededor de la imagen, los asesores, los consultores… Y precisamente hablábamos de Rajoy y de su “imponente” puesta en escena en los debates electorales de la pasada campaña electoral.

Mi interlocutor comentaba que el trabajo de los asesores convierte al candidato en un robot y que esto es una manera de manipularlo , de no dejar ver la autenticidad de quien pide el voto.

Bien, ni poco ni demasiado. Pero por lo que comenta Rajoy quizás  podemos entender el porqué de las reacciones de mucha gente tras los debates. Y aun cuándo no podamos explicar por esto su derrota, sí que me atreveré a decir algo al respecto.

El electorado no es tonto. Ni imbécil. Hace falta respetarlo, y una manera de hacerlo es aparecer siempre de forma correcta. Con una imagen correcta. Por imagen entendemos no sólo la ropa, sino el “porte”, la “pose”, la manera de hablar, de mirar, de actuar… Si una persona parece que, ejerciendo su cargo, está pasando una de los ratos más aburridos de su vida, que se marche, porque nos falta al respeto.

A veces, cosas como estas pasan, aunque el político en cuestión lo esté pasando genial. Nuestro cuerpo es un misterio y a veces por mucho que lo intentamos, no exteriorizamos bien lo qué sentimos. Y esto afecta a nuestra imagen.

Y en política, dónde las percepciones son tan importantes, esto cuenta.

Rajoy no perdió por ir con un traje pequeño. Pero quizás si hubiera escuchado a algún asesor, este le hubiera dicho que su ojo aumentado por el zoom lo hacía parecer monstruoso y que esto hacía que muchos no lo percibieran como un hombre sensato, preparado. Quizás alguien le hubiera dicho que la agresividad y la babilla le daban un aire histiónico. Y esto al otro lado de la pantalla se percibe.

Y si Richard Nixon hubiera hecho uso del maquillaje y camisas para televisión, a lo mejor el curso de la historia hubiera sido diferente.