A los atletas de Sochi 2014

Querido atleta:

No puedo imaginar las sensaciones que debes estar sintiendo en este momento. Estás a punto de llegar a Sochi para participar en unos Juegos Olímpicos. Te deseo mucha suerte. Pero no veré como tu esfuerzo te lleva a lo más alto del podio. No puedo fingir que no está pasando nada.

En unas horas desfilarás en el estadio olímpico. En el pebetero, el fuego de Olimpia encenderá los Juegos. Los valores del olimpismo, que también han guiado mi vida desde que era muy joven, contagiarán de alegría e ilusión al mundo. Y querrás llegar más lejos, más alto y más fuerte.

Mientras estés compitiendo en los Juegos, cuando quizás el presidente Putin te corone con tu medalla, muchos hombres y mujeres en Rusia estarán perseguidos, denunciados, detenidos y asesinados por el simple hecho de querer a alguien del mismo sexo.

Sé que me dirás que no hay que mezclar deporte y política, que los Juegos son los Juegos. Y que lo que ocurre en Rusia, bueno… que es lo que hay. Pero puedes hacer algo. Puedes mostrar tu repulsa a un país que instaura el odio de estado. Que alienta la homofobia. Que ampara las agresiones y los asesinatos.

Me gustaría poder ponerte los nombres de los hombres y mujeres que ven como su propia familia les denuncia. De los que son apaleados por la calle. De los que son asesinados. De los que son detenidos… por amor.

Personas que quieren irse más lejos, que quieren volar alto para dejar lo que están viviendo y que ya no pueden ser más fuertes para aguantar las vejaciones que su propio estado les impone. Piensa en todos ellos cuando recojas la medalla. Cuando Putin te dé la mano, piensa que fue esa misma mano la que ha condenado a muerte (porque uno no solo muere al perder la vida) a miles de personas que lo único que quieren es amar.

Let the games begin.

 

El fin de la homofobia

Max es un bebé precioso. No pude evitar emocionarme al ver esa cosita tan pequeña. Tan frágil y tan fuerte. Tan lleno de vida… aunque duerma como un tronco. No pude evitar emocionarme al tenerlo en brazos. Él es nuestro futuro. Una nueva oportunidad para creer que las cosas no solo pueden ser mejores, sino que serán mejores.

Max tiene la suerte de tener una familia que le quiere. Un hogar en el que será amado y protegido. Conociendo a su madre, sé que será una persona consciente del mundo en el que vive y que sabrá guiarle para desarrollar al máximo sus talentos. En el terreno que sea. Conociendo a su madre, sé que será una persona con un corazón enorme. Conociendo a sus madres, sé que será feliz.

En un día como hoy, quería empezar hablando de Max, Irene y Hannah. De hecho, podría intentar mencionar -y moriría en el intento- a las más de seis millones de personas que han apoyado peticiones para luchar contra la discriminación LGTB en Change.org. Podría también mencionar a los millones de héroes anónimos que cada día luchan contra la discriminación en todas sus formas. Y, como no, podría mencionar a los millones de personas de buen corazón que no piensan nunca en a quién amas sino solo en el hecho de amar.

Este ha sido un año especial. Hace un año, sin proponermelo, salí del armario con este post. Tras ello, empecé a trabajar en Change.org. A lo largo de este último año he conocido historias impresionantes. He luchado para que los medios de comunicación se hicieran eco de muchas de ellas. Para que sepan que miles de personas en todo el mundo, en lugares en los que sufren una discriminación brutal por el hecho de amar, se sienten fuertes, empoderadas, para luchar contra ello y conseguir que miles de personas se unan a sus peticiones.

En Ecuador, las clínicas que torturaban a lesbianas han sido cerradas. En Australia, en el estado de Queensland, se puso fin a la legislación que permitía justificar un asesinato en legítima defensa bajo el llamado “pánico gay”. En España, Antonio consiguió acabar con la discriminación a los hijos de padres homosexuales al registrar a sus hijos en los consulados de España, la inspección educativa actuó ante un colegio privado que se negó a inscribir a un hijo de padres homosexuales y el cantante homófobo Sizzla, que pedía matar a las personas que amaban a otras de su mismo sexo, no actuó en España. Y estas solo son algunas muestras.

Max, en un futuro, vivirá en una sociedad libre de estas discriminaciones. Pero para ello, aún queda mucho por hacer. Países en los que aún te pueden despedir de tu trabajo por querer a alguien de tu mismo sexo, como Estados Unidos. Ciudades que imponen leyes atroces contra el colectivo LGTB, como San Petesbrugo, en Rusia. Pequeños pueblos en los que un adolescente no tiene otra opción que joder su vida por el entorno en el que crece. En nuestro propio país. Mucho por hacer.

Todo eso, Max no lo verá. Porque cada día, esos millones de personas a las que no puedo citar aquí, dan un paso decisivo. Porque millones de personas los dieron antes que nosotros. Millones de personas que fueron asesinadas, torturadas, oprimidas… y se negaron a mirar hacia otro lado. Max, bienvenido a un mundo que ya es mejor porque estás aquí.

Te dejo la infografía que hemos preparado en Change.org:

Lo que ya no te dirá Rajoy: nadie tiene derecho a acosarte por ser gay

“No estás solo. No has hecho nada malo. No has hecho nada para merecer ser acosado. Hay todo un mundo ahí fuera, lleno de posibilidades para ti”. Es parte del mensaje que el presidente Obama grabó en 2010 en un vídeo de la campaña “It Gets Better” contra la homofobia. Ayer, el presidente Rajoy y su Consejo de Ministros acordaron quitar la mención a la homofobia o las desigualdades de Educación por la Ciudadanía. Si no se menciona, el problema desaparece.

Una semana antes de suprimir la homofobia del temario, el mismo Consejo de Ministros aprobó una declaración para este Día Internacional: “el Gobierno de España está absolutamente comprometido en la defensa de la igualdad, como derecho fundamental y como valor democrático capital” y declaraba que la homofobia y la transfobia son “dos formas de discriminación que no deben tener cabida en ningún ámbito de la sociedad”. No habían pasado ni 24 horas de la conmemoración del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia cuando tomaron la decisión de dejar de hablar del tema. De dejar de comprometrse como habían prometido.

Quizás ese sea el modo de solucionar las cosas. Dejar de hablar de ellas. Pero la realidad es que miles de personas en nuestro país necesitan saber que no son diferentes. Ni raros. Ni malos. Ni peores. Que son, sencillamente, iguales. Que les amparan todas las leyes y todos los derechos. Que los que acosan, insultan o vejan son los que deberían ser castigados. No ellos o ellas.

El Gobierno anunció cambios en Educación por la Ciudadanía por su contenido “adoctrinador”. Aunque vistos los resultados no me queda claro si en realidad lo que querían era cambiarla para introducir ese adoctrinamiento. La homosexualidad dejó de ser una enfermedad hace 22 años. La Declaración de los Derechos Humanos ensalzan la igualdad. También lo hace la Constitución. Los Derechos Fundamentales que nos igualan. Porque somos iguales. Decir y querer hacer lo contrario sí es adoctrinamiento. Adoctrinamiento hacia el estigma y la violencia. Pero, como dijo Harvey Milk, “todos los hombres son creados iguales. No importa cuanto lo intenten: nunca podrán borrar estas palabras.”

Muy orgullosos

A Matthew Shepard le mataron con 20 años. Por ser gay. Fue en 1998, en un pequeño pueblo de Wyoming. Un asesinato brutal: dos jóvenes de Laramie le golpearon hasta dejarlo inconciente. Dejaron su cuerpo moribundo abandonado en un prado desértico. Lo mataron por ser gay. Tuve la suerte de vivir una experiencia teatral maravillosa un domingo de invierno en el Teatro Español. El texto de Moisés Kaufman recogía la historia. La de Matthew y la de sus vecinos. La de aquellos que veían en su muerte el terrible crimen por odio y de los que lo justificaban. Una obra que te vapulea el corazón, te seca de lágrimas y te estruja el cerebro.

¿Orgullosos? Sí. Claro que sí. Por mucho que en no pocos comedores se escuche estos días eso de “Ya están otra vez los maricones subidos en las carrozas”. Por mucho que algunos, con la boca chica o a viva voz se pregunten como se puede estar orgulloso de ser un desviado. Aunque se obstinen en reclamar el orgullo de la “gente normal”.

Matthew Shepard no es una excepción. Es uno de muchos. Una de las miles de personas que han sufrido la intolerancia más absurda por querer diferente. Hay miles, millones de Matthew Shepard. Los hay en institutos de Chamberí, en bufetes de abogados en Barcelona, en cooperativas de Extremadura. Los hay en el piso con el que compartes pared.

Hay Shepards cada vez que alguien debe luchar lo que no está escrito por ser quién es. Hay Shepards cada vez que alguien no es libre para amar a quien quiere amar. Los hay cada vez que alguien debe esconderse. Matthew Shepard que morirán en vida. Y otros tantos que vivirán matando la homofobia que les rodea.

Hay motivos. Miles de motivos para salir a las calles. Millones de motivos para estar orgullosos. Cada vez que a alguien le impiden hacer lo que hacen tantas parejas. Cada vez que alguien hace gala de la homofobia con bravuconería. O cuando alguien receta remedios para curar a los desviados. Cada vez que alguien cuestiona la felicidad. Cada caso es un motivo. Y cada motivo, un orgullo.

Han cambiado muchas cosas desde Stonewall. Y deben seguir cambiando. Orgullosos de vivir en una sociedad cada vez más tolerante. Pero no todo está hecho. Aún hay quién cree que no debemos tener los mismos derechos, que los ciudadanos no deben ser iguales. La meta es una sociedad más libre, más justa y más igualitaria. Lo conseguiremos.

Tú puedes curarte, maricón

Duran i Lleida es un hombre exquisito. Inteligente, educado, cortés y responsable. Cultiva su imagen y conoce a la perfección qué comunica cuando no dice nada. Sabe que es el hijo que todas las madres pensionistas querrían tener. Viste bien. De hecho, es uno de los políticos que mejor viste. Algo que gusta mucho al elector: esperamos ver en nuestros políticos pulcritud. Tanto en el vestido como en las formas. Y el líder de Unió las cuida. Aunque parece que en algunos temas, el portavoz de CiU en el Congreso las pierde. Como si no hubiese entendido nada.

Las pierde en Twitter cada vez que participa. Cuando di una clase en el máster del ICPS-UAB clasifiqué a Duran i Lleida como esos políticos que aún no han entendido nada. Sólo así puede entenderse como el político mejor valorado de España considera que la Red es un espacio secundario, sin importancia. Sólo así puede entenderse su manera de usar Twitter –sin menciones, sin palabras, enlaces, en batería…-. Sólo así puede entenderse que se atreva con su ataque homófobo en un post y no ante un micrófono.

Porque por mucho que Duran i Lleida sea un hombre exquisito, guarde las formas y sea admirado y respetado, lo de su post no deja de ser sorprendente. No se entiende como un animal político, forjado en mil batallas, baje a la arena de la Red para quitarse la careta. Alguien que conoce de sobras el valor de abstenerse en una votación clave, de ofrecer apoyo al Gobierno o de mantenerse en la ambigüedad cuando se requiere no comete errores de principiante así como así.

Lo de Duran suena a mucho a eso de “yo no soy racista, pero”. “Yo no soy homófobo, pero creo que si alguien se quiere curar, debe poder curarse”. Alguien que defiende, aunque sea por la puerta de atrás, que la homosexualidad sea una enfermedad muestra su auténtica postura sobre el tema. Ni moderada ni medida.

Y ahí precisamente radica el problema. Los líderes políticos deben liderar. Son modelos de conducta, y cuando alguien tan exquisito como Duran i Lleida asume que lo que hacían los psiquiatras de Barcelona es normal, pide que alguien pueda curarse de la homosexualidad o defiende que no es necesario profundizar en la igualdad de derechos, su efecto no es positivo. En estos momentos de la historia en que la lucha por la igualdad ha conseguido tanto, opiniones como estas están fuera de onda. Como sus tweets. Porque no ha entendido nada.

La responsabilidad política se mide en los momentos en que una abstención salva a un país. Pero también cuando una opinión no arma de argumentos falaces al odio. Duran ni se retracta ni corrige. Sigue creyendo en eso, que los maricas se curan como quien se cura un resfriado. Lo dicho. No ha entendido nada.