¿Qué hacer?

El ecuador de la legislatura parece aún lejano, pese a que el agotamiento se percibe. No sabemos si es un agotamiento real o no, pero la percepción (que es lo que cuenta en comunicación) es que el gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero llega muy tocado a la celebración del primer aniversario de su victoria electoral.

Veamos por qué.

El pecado original
El propio resultado fue una señal de alarma que no se supo interpretar. Su victoria estuvo marcada por la confianza depositada en su proyecto en dos zonas muy concretas del territorio: Euskadi y Catalunya. Una falsa euforia por los resultados marcó las negociaciones post-electorales, y por primera vez en la historia de la democracia, el presidente fue elegido por mayoría simple en la segunda vuelta.

He aquí los dos grandes escollos de este primer año tras la victoria: la dependencia de lo que ocurre en los territorios y la soledad parlamentaria de un gobierno en minoría.

Un falso optimismo
Zapatero ha sido afortunado durante los primeros 6 meses tras su victoria. Mientras las señales de alarma por la crisis económica se sentían en todo el mundo, el clima social y económico español no las percibía. Y además, el adalid de ese mensaje, la oposición popular, se sumía en un caos interno de batallas por el liderazgo.

Una reacción tardía
Los últimos 6 meses han sido menos dichosos. La crisis económica ha golpeado seriamente al país y los indicadores macroeconómicos se mezclan con los relatos personales de tantos españoles que sufren en sus carnes lo que el Gobierno atribuyó sólo a los desajustes del sistema internacional y de la corrupción en Estados Unidos.

La reacción del Gobierno, con la aprobación del Plan E ha llegado tarde y no ha sido lo suficientemente clara para muchos, tal y como se vio en el programa de TVE “Tengo una pregunta para usted”. Ha faltado un discurso convincente contra la crisis, no se ha articulado un mensaje que sume apoyos y esta debilidad la acabará pagando Zapatero.

Este discurso integrador o de frente común ante un gran problema tampoco se ha visto en las Cortes. Hoy el Gobierno está más solo que nunca y el desenlace en Euskadi prevé una mayor debilidad para sacar adelante las grandes reformas necesarias. Como la de la Justicia, que tras los momentos vividos con Fernández Bermejo, han llevado los aires de cambio al cajón bajo llave.

El problema de la lenta reacción del Gobierno es que los logros del Gobierno han pasado a un segundo plano. Hoy Francisco Polo cita el espaldarazo de Obama a la Alianza de Civilizaciones promovida por Zapatero, pero las cifras del paro son, a día de hoy, el gran foco de atención.

¿Qué hacer?
Son muchas las alarmas encendidas en los últimos meses: el suspenso de Zapatero en la valoración del CIS, la aparición en medios de un líder cada vez más crispado –como marca su lenguaje no verbal- y más alejado de los ciudadanos de a pie, la victoria del PP en Galicia, las muestras públicas de miembros de su gabinete sobre su deseo de ser ex ministros… ¿Qué hacer para contener esta deriva?

Volvemos a las percepciones. No pueden estar en un momento peor: la crisis de confianza en la economía afecta a la ya mermada confianza en la política y en el Gobierno. Pese a que Zapatero se resiste a adelantar la reforma del Ejecutivo prevista para 2010 tras la presidencia española de la UE, debe enviar un mensaje de fortaleza que hoy no puede hacer. Y debe pasar por reforzar el ejecutivo.

Con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, la presión de los populares se antoja elevada. Si mantiene esta debilidad y el PSOE pierde las europeas, las campanas a muerto podrían empezar a sonar.
Fortaleza, claridad en el mensaje y la vuelta a un forzoso talante deben ser las claves que mantengan en vida a un gobierno que a día de hoy no ofrece garantías de agotar la legislatura. Y la clave volverá a estar en los territorios, donde los partidos bisagra tradicionales han dejado de tener interés en arrimarse a quien les puede quemar.

Fijar el mensaje

A río Revuelto, ganancia de pescadores. O lo que es mismo como conseguir desviar la atención de la opinión pública sobre los temas que debilitan a tu adversario protagonizando absurdas polémicas. Así se podría definir la última semana del PP si atendemos a los dos hitos comunicativas que han protagonizado en sólo 7 días: la fotografía y entrevista de la portavoz popular en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría en El Mundo  y el escándalo de la red de espionaje ilegal que, presuntamente, la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha.

El gobierno está contra las cuerdas (o poco le queda para resistir con el chaparrón que cae): cada día aparecen nuevos datos que señalan lo que todos sabemos respecto a la delicada -por usar un lenguaje soft- situación de la economía. Es una lluvia constante de malas noticias, con previsiones de crecimiento contestadas por la propia Comisión Europea, con una amenaza de sanción a España por su endeudamiento excesivo y con la intención de S & P de rebajar la valoración del país en su escala. Los inputs negativos al debate son de suficiente entidad como para entender que, por sí sola, la crisis podría hacer caer el gobierno.

Esta premisa aún toma más fuerza si atendemos al mal funcionamiento de la comunicación del gobierno: cada portavoz dice una cosa diferente. El optimismo del presidente Zapatero choca con Solbes, que afirma no tener más instrumentos para acabar con la crisis. Mientras, Leire Pajín le da otro ángulo al asunto, Miguel Sebastián se atreve a parafrasear a Kennedy y pedir a los españoles consumir productos del país. Rocambolesco todo ello: cuando más unión necesita en el mensaje, más se disgrega.

Pero no. El gobierno no cae ni siente, de momento, el aliento del segundo clasificado en su nuca más allá de las periódicas encuestas que anuncian una posible victoria del PP pero que también señalan la debilidad de la ex vicepresidente de Aznar. Para evitar que el aliento les ponga nerviosos, el propio PP sabe jugar sus cartas … erróneamente.

Empezamos con la famosa foto de Soraya Sáenz de Santamaría (SSS). Algunos afirman que es el retorno de SSS a la primera línea de la política, tras ver como no podía hacerse un hueco informativo. Pero esta premisa se olvida de un aspecto: aunque la resurrección en política es una máxima, no se puede hacer de cualquier manera. Sobre todo si esta acción se interpreta como desesperada e inadecuada. Desesperada porque manifiesta muy poco análisis del contexto y de las consecuencias e inadecuada porque atenta de lleno contra el mensaje del PP. Para entendernos, la foto hace el mismo favor a la estrategia y al mensaje de los populares que si apareciera el tendero de confianza de Rajoy manifestando que cada día de la semana el cabeza de cartel popular se come dos latas de caviar iraní para cenar. Qué contradicción se generaría con el mensaje de austeridad, ¿no creen?

¿Por qué la foto de SSS es una contradicción? Porque la imagen sofisticada y pseudo erótica que transmite se aleja de la que ella misma ha querido generar siempre: la de la mujer JASP (Joven, aunque sobradamente preparada) que trabaja sin descanso por los españoles. ¿Significa que ya no lo es? No, pero resulta frívola. Más cuando desde las bancadas populares se hace todo lo posible para afirmar que se trabaja sin descanso mientras el gobierno no lo hace. ¿Significa que SSS no tiene un lado erótico, que no tiene intimidad para hacerse fotos así? En absoluto, puede hacer y posar cuando quiera. Pero debe entender que cuando aparecen en la portada del segundo diario más leído de España, tienen un efecto directo en muchos ciudadanos que se preguntan muchas cosas.

Hay, también, una cuestión de discriminación de género en todo este asunto y que sólo el tiempo sabrá valorar. Por una mujer política se espera, tradicionalmente, que responda a un patrón masculino de autoridad. Antoni Gutiérrez-Rubí nos mostraba en “Políticas” que no ha sido así en muchas de ellas, líderes que han sabido imprimir su propia estela de liderazgo. Quizás SSS cree que esta es la vía, pero sin duda no tiene nada que ver con otras mujeres que han sido el centro de la crítica de los sectores más conservadores como Carme Chacón.

En definitiva, estas interferencias en el mensaje se pueden ahorrar. Sobre todo si se ponen en el mismo campo que tanto criticó el PP en pleno. ¿Recuerdan unas fotos de las ministras socialistas del primer gobierno de Zapatero para la revista Vogue?

El espionaje en la Comunidad de Madrid es otro tema. Nos muestra como una filtración sobre un tema tan delicado como éste se pone en primera página sí o sí. Es un caso de corrupción política grave y aunque el liderazgo de Aguirre no está en peligro, supondrá algún que otro problema a la Presidenta. Más que nada porque las personas que han sido objeto de las investigaciones de ex-policías y ex-guardias civiles son cargos de otras facciones populares contrarias a la de Esperanza Aguirre.

Este issue tendrá dos efectos: uno interno, en las relaciones de poder entre las facciones y otro externo, cuando se depuren responsabilidades a medida que las investigaciones vayan adelante. Siempre y cuando los jueces y las huelgas lo permitan.

En todo caso SSS y la red de espionaje de Esperanza hacen un favor de los grandes al gobierno de Zapatero. Las maniobras de distracción las lleva el PP de casa, como si invitas a alguien a cenar y no sólo trae el vino, sino toda la comida. Si el gobierno usara esta ventaja competitiva ya sería de escándalo, pero son conscientes de que para enriquecer el debate hay que poner una nota disonante de vez en cuando.

Quizás la marca Loctite debería pensar en una nueva campaña de marketing para este 2009. Loctite: lo fijamos todo. Incluso el mensaje del gobierno. Y el mensaje del PP.