La huella de Nixon en el discurso de dimisión de Francisco Camps

Más de 900 días separan las primeras informaciones sobre los trajes de Camps y su dimisión. Casi 37 años separan la dimisión de Richard Nixon de la de Francisco Camps. Dos figuras marcadas por la corrupción, la lucha por mantenerse en el cargo y la creación de un universo de enemigos paralelo. Y no es lo único que les une.

El 8 de agosto de 1974 Richard Nixon se dirigió a la nación desde el Despacho Oval para anunciar su dimisión. En aquel discurso, el presidente usó tres recursos discursivos, como señala Jeffrey Feldman, para articular su intervención y enmarcar su mensaje: el cambio de dirección en el marco, jactarse de lo conseguido y la asociación con terceros. Esas técnicas también se vieron en el discurso que dirigió Camps en su renuncia.

El cambio de dirección en el marco

Nixon justificó su renuncia por un tema de dedicación.

“America needs a full-time president and a full-time Congress”.

La lógica de evitar un proceso para permitir el funcionamiento de las instituciones. Para Camps, ese cambio en la dirección está en el servicio al Partido Popular, a Rajoy y a España. Tal y como expresa en esta frase del discurso:

“ofrezco este sacrificio personal para que Mariano Rajoy sea el próximo presidente del gobierno, para que el Partido Popular gobierne España y para que España sea esa gran nación que los españoles queremos.”

El tema del sacrificio es una constante en el discurso de Camps. Lo hace de forma expresa en tres ocasiones: un sacrificio personal, de partido y por España. El sacrificio de Nixon se expresa de forma velada en esa lógica del funcionamiento de las instituciones.

 

Jactarse de lo conseguido

Nixon presentaba, a las puertas del estallido del caso Watergate, una buena hoja de servicios. Reelegido para el cargo, había puesto fin a la Guerra de Vietnam y tenía índices de popularidad parecidos a los de Kennedy. Esos logros fueron puestos de manifiesto en su discurso. Esa técnica busca poner encima de la mesa lo logrado por lo desgastado.

Camps también usó esa técnica:

“Paco Camps es un gran presidente, es el mejor presidente para nuestra tierra”
“Ser los mejores, los primeros, el mejor ejemplo de gobierno y de proyecto colectivo”
“Somos los mejores, eso es lo que quiero decirle a todos los valencianos. Somos los mejores, este es el mejor territorio, esta es la más grande comunidad de España y la mejor región de Europa y por eso han ocurrido las cosas que han ocurrido.”

 

Asociación con terceros

Nixon invoca a Theodore Roosevelt en su discurso. Camps no lo hace. No cita a terceros que sean referencia para él. Pero sí que asocia lo ocurrido con terceros. Es lo que él llama “el sistema”. Ese enemigo a su figura y al Partido Popular que encarna el PSOE. Ejemplos de ello los encontramos en frases como:

“Hemos luchado contra un sistema, un sistema duro y brutal.”
“Un sistema que ha traído paro, desconcierto, tensión y crispación a todo nuestro país.”

 

Y algunas diferencias…

Nixon y Camps son plenamente conscientes de la importancia de ese discurso. Saben que fijará el marco con el que muchos interpreten sus dimisiones. Nixon, más centrado en el legado, es plenamente consciente del fin de su carrera política. Camps, por el contrario, dedica gran parte del discurso a defender su honorabilidad. ¿Con ese gesto Camps señala que está dispuesto a volver?

No es la única diferencia entre los dos. Nixon habla más de la nación que del partido. Camps, habla sobretodo del partido y centra su dimisión en un sacrificio por el partido. Un sacrificio por Rajoy.

 

El discurso infográfico de dimisión

España, mejor o proyecto. Son las palabras más repetidas por Camps. Comunidad Valenciana, Partido Popular… forman parte también de ese ranking. Detalles como ese, así como los titulares o los momentos en que Camps fuerza su voz; se contienen en la infografía del discurso de dimisión que mostramos a continuación.

Discurso Infográfico de la dimisión de Francisco Camps

Francisco Camps y la esquizofrenia popular

Creo que el marketing y la comunicación política tienen límites. Deben tenerlos. Si no, los profesionales de la comunicación corremos el riesgo de ser cómplices del engaño y la burla a la sociedad. El acto de firma del manifiesto del PP para comprometerse a una gestión austera, reformista y limpia de prácticas corruptas, es eso. Más si quien lo forma es un candidato y presidente de una comunidad autónoma imputado por un delito continuado de cohecho.

La coherencia es la base, no ya de la comunicación política, sino de una carrera política. Un líder debe ser siempre coherente. Ayer Camps no lo fue. Firmó un manifiesto en el que se comprometió a ser transparente. ¿Es transparente un presidente con continuadas ausencias en las sesiones de control en las Corts Valencianes, con un control y censura férreos de la televisión pública Canal 9 y líder que se niega sistemáticamente a responder las preguntas de los periodistas?

Camps se comprometió con un nuevo marco que permita los enjuiciamientos rápidos. Pese a ello, no duda en usar las triquiñuelas legales de sus abogados o beneficiarse de un juez amigo que demoró su proceso.

El president de la Generalitat Valenciana y el resto de líderes autonómicos del PP se comprometieron a luchar contra todas estas prácticas corruptas. Pese a ello, se negaron a recoger las 75.000 firmas de Avaaz y Actuable que pedían que las listas electorales de todos los partidos políticos estuvieran libres de políticos corruptos e imputados por casos de corrupción. El president Camps se comprometió a algo que no ha hecho: renunciar a su candidatura.

Pese a ello, los juegos de comunicación y de estrategia apuntalan una práctica dañina para nuestra sociedad. Líderes como el que tiene todos los números de ser el próximo timonel de España, Mariano Rajoy, o la que puede ser presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, no han escatimado palabras sobre la “dignidad” de Francisco Camps. El mismo que firma lo que debería condenarle al ostracismo político. Sufren una auténtica esquizofrenia popular.

Votos que absuelven

Pese a ello, Francisco Camps ganará las elecciones del próximo 22 de mayo si atendemos a las encuestas. Algunas apuntan que podría llegar a los 60 diputados, pasando de los 54 actuales -4 por encima de la mayoría absoluta-. De esta manera, Camps obtendría casi una mayoría cualificada. ¿Absuelven los votos la imputación de cohecho por haber recibido trajes por valor de 14.000 euros de la trama de corrupción Gürtel?

En el plano legal, es evidente que no. Pero en el plano político, Camps no está sintiendo la presión ni la indignación ciudadana que debería notarse en las calles. Algunos dirán que “solo” son 14.000 euros. Cuando un político acepta regalos así de una trama que, además, regaló coches deportivos a familiares de destacados líderes populares, relojes de lujo, etc. es para ponerse a temblar. Parece que los ciudadanos de la Comunitat Valenciana, en su derecho democrático, no opinan lo mismo.

Muchos preferirían que Camps no fuera el candidato, pero lo votarán igual. Como comentábamos en julio de 2009, si eres partidario de Camps (o del PP) tu cerebro te ordenará que le votes. Per llogar-hi cadires.Y la foto, pornográfica.

El PP no quiere que veas estas fotos

La exposición “Fragments d’un any – 2009”, organizada por la Unió de Periodistes Valencians en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM) ha sido retirada. Según indican desde la Unió, se han sentido censurados por la Diputació de València, gobernada por el Partido Popular. La exposición muestra varias instantáneas políticas del 2009, entre ellas, algunas relacionadas con la trama Gürtel

Pero estas son las fotografías retiradas. Aunque muchas ya las habrás visto, el PP no quiere que las veas:

Nombre propio #4: Francisco Camps y la corrupción

La corrupción se ha personificado este año en seis letras que evocan a una salchicha alemana: Gürtel. Pero no debemos olvidar a Faisán, a Félix Millet, al caso Pretoria, al Palma Arena, a las imputaciones de la presidenta del Parlamento balear, los dudosos pagos del palacete del ex-ministro Matas… Pero ha sido la trama que ha salpicado al PP, y especialmente a Francisco Camps, la que más opiniones ha desatado en las Redes y en los medios.

Todos los casos de corrupción son un ataque al corazón de la democracia. Algo irreparable que se paga con el descontento y el descrédito de los ciudadanos. Pero también pone de manifiesto las extrañas reacciones del cerebro humano: el apoyo a quienes tienen una enorme tela de juicio en su gestión. Así, tanto por ello como por la necesidad política, Rajoy no pudo separarse de Camps cuando la tormenta caía a cuenta de los trajes. Y sobretodo por la debilidad del presidente popular, Rajoy tuvo que presenciar atónito el espectáculo del secretario general del PPCV, Ricardo Costa, cuando dimitió pero no dimitió. Reacciones que los ciudadanos no entienden. Como el hecho que el exalcalde de Santa Coloma de Gramenet consiga que los vecinos paguen en pocas horas su fianza (de medio millón de euros). O que los señores Millet y Montull no hayan pasado ni un día en la cárcel pese haber confesado su crimen. Y seguramente no lo hagan. Mientras, esperan el juicio jugando a tenis. Y en Valencia, los ciudadanos esperan saber algo del futuro de Camps y Gürtel mientras todo sigue igual…

Esta es hoy una de las grandes preocupaciones de la sociedad en su conjunto y uno de los grandes motivos por los que los ciudadanos están cada vez más descontentos con la política. Cada vez nos cuesta más indignarnos y sorprendernos porque nos estamos instalando en una extraña situación en la que parece que todo está podrido.

Esa es la gran asignatura pendiente de la política. Superarlo, evitarlo y luchar contra ello.

Te interesará:

¿Quién manda en el PP?
Y en Catalunya –presuntamente- también había chorizos
Turismo político: la Valencia de Gürtel

¿Quién manda en el PP?

Ricardo Costa ha puesto en evidencia a Mariano Rajoy cómo pocas personas han hecho en los últimos años. Ayer el castellonense fue el director de una extraña puesta en escena que mantiene ha mantenido en vilo a gran parte del país.

Costa jugó muy bien sus papeles y demostró eso que la venganza es un plato que se sirve frío. Su retiro por el Camino de Santiago le ha permitido ser el contador de una gran historia que tendrá efectos graves en el Partido Popular.

Por lo pronto, muchos ciudadanos, especialmente los que serán decisivos para ganar las elecciones, se preguntaron “¿Quién manda en el PP?”, porque la cantidad de mensajes contradictorios que estan recibiendo les ha llevado sin duda alguna a esa reflexión. Y Costa fue el máximo instigador de esos mensajes, con un Francisco Camps que no sabe muy bien qué hacer.

A nivel comunicativo, el órdago de Costa rozó la perfección. Hizo valer como pocas veces se han visto la máxima de Clausewitz: la mejor defensa, es la defensa misma. Y urdió la trama que todos más o menos conocemos.

Pero me parecen especialmente interesantes algunos elementos del relato que nos presentó el ya ex-secretario general del PPCV:

El tempo

Ricardo Costa manejó a su antojo el tiempo informativo de los medios y la opinión online. El comunicado que leyó antes de la reunión que debía certificar su defunción política aumentó la temperatura política. Uno de esos giros inesperados cuando todo el mundo daba por sentado que su marcha era ya un mero trámite. Pero no, alimentó la tensión y revalorizó su propia persona en vistas a la reunión. Él no se marchaba, sino que le echaban. Y no estaba dispuesto a hacerlo sin llevarse a alguien por delante.

Tras la reunión, mantuvo el tempo. No sólo hizo una gran maniobra de distracción para evitar que la prensa acosara al president Camps, sino que tras la reunión compareció para informar que él no se marchaba. Y si lo hacía, era con varias condiciones.

La pelota en el tejado de Camps y Rajoy. Camps no ha hecho los deberes y Génova tiene que confirmar que Costa ya no es secretario general de los populares valencianos

El lenguaje no verbal

Costa comunicó perfectamente lo que quería hacer sin necesidad de decir nada. Su entrada a la sede del PP era toda una declaración de intenciones. Paso firme, sonrisa de oreja a oreja. Aparece sin corbata, relajado. Algo hace presagiar que no va a ser una presa fácil.

Su pose, ya con corbata, mientras lee el comunicado es otro libro abierto. De frente, con firmeza, en la primera línea de fuego. Y tras ello, las fotos que trascienden del cónclave popular, con francas sonrisas, rostro relajado y otra vez sin corbata. Una contradicción enorme entre la historia oficial y lo que comunicaba su persona.

El mensaje

El mensaje de Costa ha sido muy claro. No se va, le echan. Y no sólo eso, sino que amenaza de facto con tirar de la manta. La comisión de investigación que ha propuesto va por ese camino, y el vericueto relatado tras la reunión sobre tal comisión y su suspensión sólo si ésta se forma, es una forma única de enviar un mensaje claro: él tiene la sartén por el mango.

Pero también es un mensaje de la propia situación del PP, en que Camps anuncia su destitución a Génova, pero Costa niega que esto haya ocurrido. Un mensaje en toda regla de qué la nave popular no sabe quien la gobierna. Aunque el PPCV se esfuerce en mostrar en la home de su web un mensaje como “El PPCV sale más unido y reforzado tras la celebración del CER”, con una foto de Camps y Costa sonrientes.

Tras analizar estos elementos, el lío Gürtel se enreda más de lo que se podía esperar. No sólo se evita una acción contundente que dé aire a Rajoy y Camps, sino que la acción tiene los efectos contrarios: sembrar más dudas. ¿Por qué Camps sigue apoyando a Costa mientras anuncia a Rajoy que todo terminó?

El efecto más inmediato es la demostración pública de la fortaleza de Costa. Ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha demostrado una sangre fría que asusta. Si alguien es capaz de escenificar así su muerte política ¿de qué no será capaz?

La factura pendiente de Rajoy

Hace algún tiempo, cuando la construcción aún vivía su momento álgido y los anuncios en radio los protagonizaban empresas auxiliares de este sector, una conocida marca ofrecía las bondades de sus sistema de aislamiento de tejas. Bajo teja para evitar filtraciones, para aguantar el chaparrón… ¿habrá instalado ese sistema el PP en su sede central en Génova?

La tormenta no ha estallado, hace ya demasiado tiempo que llueve sobre mojado aunque en el PP no se haya movido nadie. Lo que sí ha cambiado es la táctica –que no estrategia, pues sigue siendo la misma: evitar que la tormenta se lleve al patrón por la borda-, desapareció de sopetón la manía persecutoria que este verano enarboló María Dolores de Cospedal –sin aportar ni una sola prueba, ni una sola dimisión- pero no desapareció el oscurantismo para con los ciudadanos.

Si por algo se caracterizó el PP al llegar al Gobierno en 1996 fue de acabar con la corrupción socialista que tanto había escandalizado al país a mediados de los 90. Prometieron regeneración y se apropiaron, no sólo del centro ideológico, sino de la concepción de ser un partido limpio y honrado. Hoy, las portadas de todos los periódicos, los titulares de todos los noticiarios y los comentarios en todas las tertulias muestran que la sombra de duda es ya una acusación vox populi a que algo huele a podrido en el PP.

Pese a todo, la estrategia de comunicación del PP está siendo exitosa: tras más de 9 meses de trama nadie se ha movido de la silla. Los cambios en el discurso están tan pensados que la sociedad aún no se ha plantado. Y eso es lo grave.

  • Primero fue el mensaje de que los trajes de Camps no eran importantes y que la justicia lo exculparía. Así fue.
  • Luego vino lo de la conspiración que no ha sido, pero para muchos ciudadanos siempre quedara la idea que todo esto es capricho de algún juez…
  • Vino la reunión secreta de Camps y Rajoy. Para “hablar de Madrid 2016”. Sin informar a Cospedal o al partido.
  • Y ahora la percepción que los Gürtel parecen los Dalton, yerno de un presidente incluído.

La estrategia de salvar los muebles etapa por etapa parece que funciona, pero también es el motivo por el que las encuestas no muestran una victoria por goleada en intención de voto. Esta manera de entender la gestión de una crisis es la que explica el apabullante suspenso de Rajoy en los sondeos.

La pregunta es, ¿hasta cuándo podrá aguantar Rajoy sin exigir, al menos, una dimisión? ¿Hasta cuándo podrá permanecer inmóvil el PP cuando las investigaciones apuntan a que la red de financiación ilegal es más profunda de lo que parece y más extendida por la geografía española? Rajoy aún puede reaccionar. Aún puede apuntalar su liderazgo con un golpe contundente encima de la mesa. Pero, ¿está dispuesto a hacerlo? ¿Puede hacerlo? ¿Tiene alguna factura pendiente con los Gürtel?

El gesto contundente de Camps

Aunque no lo tengamos presente, el tacto tiene un papel importante en política. No somos conscientes, ya que no solemos tener la ocasión de charlar directamente con nuestros representantes, cara a cara, pudiendo estrecharle la mano o observar si el discurso de preocupación por la crisis lo acompaña con algún gesto de recogimiento y comprensión. Pese a ello, el lenguaje político está repleto de expresiones que nos evocan a este vital sentido.

Coincidimos en la necesidad de tener tacto en la dirección de la política exterior y la diplomacia. Mano izquierda en la lucha contra el crimen. Tender la mano al adversario político para los temas de Estado. Abrazar una medida que ayude a las familias a mejorar su bienestar… También el tacto se evoca al pedir, con tacto, medidas sobre algo concreto. Por ejemplo, un gesto contundente a Camps.

Aunque la causa contra el president de la Generalitat valenciana se archivó hace unos meses, el cerco a su entorno y al Partido Popular de esa comunidad no ha terminado. Con un gesto de fuerza, la dirección nacional del partido fijó el rumbo hacia la negación de todo lo ocurrido y la afirmación, casi desesperada, de una trama organizada por el Gobierno para perseguir a su partido en los tribunales. Ya sea por ello, o porque los cuerpos y fuerzas de seguridad y la Justicia hacen su trabajo, los nuevos informes aparecidos apuntan directamente al exculpado Ricardo Costa y al mismo Camps. Y los nubarrones de un Filesa en el PPCV amenazan lluvia. No lo digo yo, lo dice El Mundo, ni más ni menos.

Ante un aumento de la tensión en las últimas horas y con el debate sobre el estado de la región en marcha, desde Génova se ha pedido un gesto contundente. Una muestra inequívoca de que lo que se dice es falso, incluso la búsqueda de un nuevo modo de explicar las cosas pero… ¿cómo pueden explicarse mejor las cosas si las filtraciones son tan crudas? ¿Puede explicarse mejor un presunto caso de financiación ilegal?

El tacto es un sentido que nos da una cantidad de información muy rica y que podemos procesar de modo eficiente. La presión de las manos al tocarnos, una caricia… información en tiempo real del estado de ánimo de una persona. El gesto que pide Rajoy, ¿qué información nos debe dar?

Descendemos de unos primates que dedicaban el 15% de su tiempo a tocarse. Gracias a ello no podemos entender un mundo sin tacto. Quizás haya llegado el momento de que ese gesto contundente sea real y claro para los valencianos y valencianas, pero también para la política en general. Un gesto que promueva la producción de endorfinas, que nos encienda las áreas sensibles de la piel y que nos haga creer otra vez en la política. De un modo contundente debe encontrarse una salida a una cuestión que puede lastrar a Rajoy… aunque con una subida de impuestos, dirimir lo que ocurre con Orange Market seguramente pase a un segundo plano.